, ¿Revelamos aspectos ocultos de nuestra personalidad cuando caminamos? Club de Lenguaje No Verbal., Club del Lenguaje no Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo Are we revealing hidden aspects of our Personality when we walk?” de Blaskovits y Bennell. En este artículo se habla sobre cómo algunos individuos pueden mostrar vulnerabilidad al andar y de cómo los observadores catalogan a esta persona como más sumisos respecto a los demás y su relación con una posible victimización.

Los rasgos de personalidad los deducimos de los comportamientos, que también sirven para evaluar el estado y la interacción del individuo. A partir de la comunicación no verbal se pueden hacer inferencias del estado de ánimo, la actitud, el rol interpersonal, la personalidad o la gravedad de una patología. Además, la comunicación no verbal inspira la acción en el observador (por ejemplo, acercarse o evitar a una persona).

La investigación indica que las señales de vulnerabilidad son muy importantes a la hora de la selección de una víctima en los delitos interpersonales (asalto, agresión sexual), ya que al ser personas vulnerables aumentan las posibilidades de que el agresor se fije en ellas. Dentro de estos comportamientos parece que destaca el modo de andar, que es un componente clave de la comunicación entre individuos y que los delincuentes lo tienen muy en cuenta.

Para profundizar más en estos conceptos se realizan dos experimentos. El propósito del primero de ellos era comprobar si la asociación entre historial de victimización y la “marcha de la víctima” podían explicarse por la personalidad. El patrón de la “marcha de la víctima” era zancada larga o corta, movimiento cambiante arriba y abajo, marcha gestual (el movimiento solo activa una parte del cuerpo), movimiento unilateral de piernas o brazos (movimiento anti-sincrónico) y movimientos de pies levantados. Se utilizó la visualización cinemática de puntos de luz ya que esta tecnología servía para los propósitos que se buscaba y a la vez evitaba que se tuvieran en cuenta otros factores como puede ser la apariencia o el atractivo. La hipótesis de partida era que las personas que habían sido previamente víctimas mostraran características vulnerables al andar. Además, se consideró que aquellos que presentarán características vulnerables en la marcha tendían una personalidad más sumisa y que los que hubieran sido víctimas de algún delito reportarían tener rasgos sumisos de personalidad.

Para comprobarlo se utilizó a 28 estudiantes, 18 eran mujeres y 10 hombres con edades comprendidas entre los 18 y los 32 años. El 71% eran caucásicos, el 12’9% asiáticos, el 6’5% africanos y 3’2% aborígenes canadienses. El 57’1% de la muestra había sido víctima de un delito violento o sexual. El 42’9% no tenía victimización previa y fue establecido como grupo control. Se le grabó en el laboratorio de captura de movimiento de la Universidad de Carleton. Además del vídeo cada participante completó una encuesta demográfica, el Cuestionario de Historia de Victimización y el IAS-R de personalidad. Dos evaluadores codificaron los movimientos de los sujetos con los vídeos de puntos de luz. No conocían el historial de victimización de la muestra. El código de movimiento se adoptó de Ritchie (2014). El acuerdo entre los jueces fue alto para todas las categorías.

El 53’5% de los participantes tuvieron una puntuación de vulnerabilidad total baja y el 46’4% alta. No hubo diferencias significativas entre hombres y mujeres. Se encontró que el patrón de marcha y el historial de victimización se correlacionaban significativamente. Es decir, las personas que habían sido victimizadas eran significativamente más propensas a exhibir características vulnerables en su modo de andar. A través del test de personalidad se comprobó que aquellas personas con más características vulnerables en su marcha informaban de tener rasgos de personalidad más dominantes. No se encontró ninguna correlación entre el historial de victimización y la personalidad. Aquellas personas que habían sido víctimas de un delito violento o sexual recibieron puntuaciones más altas en la vulnerabilidad de la marcha. Parece que los individuos con un historial de victimización tienen personalidades más dominantes que aquellos que no han sufrido victimización.

En resumen, en este primer experimento se encontró que las personas con un historial de victimización tenían más posibilidades de mostrar señales de marcha vulnerable y que los que presentan características más vulnerables tenían rasgos de una personalidad más dominantes. Sin embargo, no se puede asociar la dominación y el historial de victimización con la vulnerabilidad al andar. Estos dos la predecían, pero de manera individual.

En el segundo experimento se utilizaron los vídeos grabados de los puntos de luz para investigar hasta que punto la marcha es un indicador confiable de vulnerabilidad de la víctima. La hipótesis era que los observadores se pondrían de acuerdo sobre que personas tendría más posibilidades de convertirse en víctima. Para llevarlo a cabo se contó con una muestra de 129 canadienses mayores de 18 años. El 55’3% eran mujeres y el 44’7% hombres, con una edad media de 46 años. El 90’6% eran caucásicos, el 5’5% asiático, el 0’8% africanos, el 0’8% aborígenes. Se les pidió que contestaran un cuestionario online de dos partes, la primera era un cuestionario demográfico y la segunda el Cuestionario de Ranking de Vulnerabilidad de la Víctima que consistía en 28 ítems puntuados del 1 al 10 sobre la vulnerabilidad que mostraba al andar la persona. Había preguntas relativas a la independencia, la explotabilidad o la capacidad del objetivo. También había preguntas relativas a la dominación y a la sumisión percibida. Cada participante visualizaba 14 vídeos de diez segundos de duración y después de cada uno tenían que completar el cuestionario correspondiente.

Los resultados mostraron que si bien los observadores pueden no estar de acuerdo sobre qué caminantes son más vulnerables a la victimización violenta. Los observadores también acordaron una posible tendencia hacía que individuos eran objetivos más fáciles en general y cuales más vulnerables a la victimización sexual. En relación a la personalidad estaba de acuerdo en cuanto a la autoconfianza, pero no en lo relativo a la asertividad, timidez o la agresividad. Los observadores fueron preciso en un 64% para recibir la victimización violenta y en 54% para los sexuales.

Los observadores coincidieron entre sí en cuanto a que caminantes eran más vulnerables a la experiencia de victimización sexual, así como a los que parecían ser “objetivos más fáciles”. Sin embargo, no estuvieron de acuerdo en qué caminantes eran más vulnerables a experimentar una victimización violenta. No queda claro porque ocurre esto, quizás sea porque se manejan gestos diferentes para adivinar la idoneidad para ser víctima de un delito violento que para uno sexual. También puede deberse al tamaño de la muestra y quizás con una mayor sí que se podrán conseguir. Además, alguna de las personas de los vídeos habían sido víctima tanto de delito violento como sexual. Los observadores también estuvieran de acuerdo en que caminante estaban más seguros de sí mismos, pero no en los que eran más asertivos y sumisos. También hay que tener en cuenta que, aunque se intentó que el andar fuera lo más natural posible, puede ser que las personas lo modificaran al sentirse observados por las cámaras.

En conclusión, los individuos que exhibían pasos largos o cortos, un movimiento lateral o diagonal, con cambios hacía arriba y hacía abajo, una marcha gestual, movimientos unilaterales de manos y pies y movimientos con el pie levantado tienden a ser percibidos como lo más vulnerables a experimentar una futura victimización. Las personas que habían sido víctimas en el pasado tenían más posibilidades de exhibir entre características al andar. La sumisión como rasgo de personalidad no se relacionó con la marcha ni con la victimización previa y no puede explicar a relación entre el historial de victimización y que presente señales vulnerables al andar. Sorprendentemente se observaron una asociación significativa entre el dominio y la vulnerabilidad en la marcha. Además, se concluyó que los observadores no pudieron detectar ningún rasgo de personalidad de los caminantes.