, Rendimiento del candidato y respuesta observable en la audiencia. Club de Lenguaje No Verbal., Club del Lenguaje no Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Candidate Performance and Observable Audience Response: Laughter and Applause – Cheering during the first 2016 Clinton – Trump Presidential Debate” de Stewart, Eubanks, Dye, Gong, Bucy, Wicks y Eidelman. En este artículo se analizan las respuestas del público y su influencia sobre la simpatía que tienen a los candidatos.

En este artículo se estudia la Respuesta Observable de la Audiencia (OAR) y la influencia que esta tienen en la evaluación de los candidatos presidenciales durante un debate. Para realizar los estudios se utilizó los métodos de observación propios de la etología humana. El material de estudio es el primer debate de las elecciones generales entre Donald Trump y Hillary Clinton. Este debate tuvo lugar el 26 de septiembre de 2016. Fue moderado por Lester Holt de la NBC News y duró noventa minutos. Algunos de los temas a tratar fueron: el empleo, las relaciones raciales y la posibilidad de ciberataques.  Tuvo 84 millones de espectadores, siendo el debate más visto de la historia de EE.UU.

En el primer estudio se analizó las OAR del público presente en el plató de televisión. Se catalogaron en: risas, aplausos, abucheos y mixtas. También se estudió su duración y fuerza y cual era el candidato que las provocaba.

Primeramente, se analizó que Trump tuvo cinco minutos más par hablar (47 minutos) que Clinton (42 minutos). Trump tuvo 80 turnos de palabra y Clinton 43. Lester Holt, el moderador, utilizó 10 minutos y 91 turnos de habla. El tiempo total de habla fue de 98 minutos y 214 turnos de palabra, lo que hace ver que existió una alta tasa de superposición en las intervenciones durante el debate.

Se encontró 34 OAR durante el debate, que duraron un total de 102,72 segundos, con un promedio de duración de tres segundos cada uno. Se repartieron de la siguiente manera: 21 risas, nueve aplausos, dos abucheos y dos mixtas (aplauso y risa; aplauso y abucheo).

Estos resultados nos indican que en lo relativo al contagio social la risa fue más confiable debido a la ausencia relativa de control sobre ella. Pero lo que distingue el debate es la OAR relativas a la participación voluntaria (aplausos, abucheos y mezcla). El punto diferenciador de este debate estuvo en que no siguió las normas de educación habituales. Trump interrumpió en repetidas ocasiones y usó una retórica que provocaba risas lo cual haría que la audiencia se replanteará su comportamiento colectivo. Esto provocó que los ataques de Clinton a Trump hicieran que sus seguidores tuvieran una respuesta defensiva. También quedó patente la falta de control del moderador sobre la audiencia a través de las risas.

La habilidad para provocar OAR por parte de los candidatos fue similar, pero hay algunas diferencias. Ambos consiguieron cuatro aplausos cada uno de la audiencia. Además, Trump elicitó cinco más a través de sus ataques de risa. También provocó más abucheos.

El segundo estudio se centró en analizar cómo afecta no sólo las reacciones de los candidatos sino también del público presente durante el debate en la audiencia que lo veía a través de la televisión. Para ello se utilizó una muestra de 341 estudiantes universitarios, compuesto por un 64% de mujeres y un 36% de hombres con una edad media de 19 años. El 83% eran caucásicos, el 6% afroamericanos, el 3% asiáticos y un 1% nativos americanos. De ellos el 77% dijo ser votantes registrados. El 50,1% se identificó con el partido republicano, el 27,6% con el partido demócrata y un 22% se declaró independiente. Se les dividió en siete grupos. Cada grupo vería el debate a través de una cadena de televisión diferente (ABC, Fox News, MSNBC/NBC, CNN, NPR, CBS y C-SPAN) en grupos de entre 42 a 57 participantes.

Se utilizó observadores para identificar las risas, los aplausos, los abucheos y las demás reacciones entre la audiencia del debate. Se pudieron identificar 113 OAR única. En este estudio se centraron en analizar solamente aquellas OAR que encajaran con las que también había presentado el público del plató, para analizar las respuestas compartidas a los candidatos y el contagio social de las reacciones.

Claramente se encontró un patrón de acuerdo: se verificaron un total de 321 reacciones correlacionadas con las respuestas del candidato. Un 79,4% fueron risas, solo diez fueron distinguibles como aplausos (8) y abucheos (2).  En base a estos resultados se puede ver que la risa predomina, pero también hay que tener en cuenta que es la OAR más fácil de identificar. Fue habitual que los tres observadores que había en cada sala estuvieran de acuerdo respecto a la risa no siendo igual con el resto de OAR. La percepción por parte de los observadores pudo estar influenciada por factores como la posición en la que se encontraban.

A pesar de lo anteriormente comentado hay una clara evidencia de que la risa estuvo más presente. Se presentó una relación moderadamente fuerte entre el tipo de OAR del público y el de la audiencia. La risa es más automática y estereotipada que el resto de respuestas presentes. Hay que tener en cuenta que esta es más probable en audiencias jóvenes como las que se utilizaron para este estudio. Además, los jóvenes son más propensos a imitar al resto, especialmente si los consideran miembros de su grupo implícito.

Por último, se realizó un tercer estudio en el cual se investigó la influencia que tendría en las OAR si el candidato les gustaba o no a la audiencia. Para ello se obtuvo una muestra de 34 participantes de una comunidad del oeste de Texas. De ellos 14 eran republicanos, 11 independientes y nueve demócratas. El rango de edad fue de los 18 a los 73 años siendo un 54,3% de hombres y un 45,7% mujeres.

Para evaluar al candidato se utilizó la respuesta de los participantes momento a momento (MTM) a través de diales de respuesta. Al ver el debate, los participantes utilizarían su dial para indicar que estaba de acuerdo con “me gusta el candidato que esta hablando” con opciones de respuesta que iban del 0 al 100. Se tuvieron en cuenta las 21 OAR de risas y 9 de aplausos del Estudio 1.

Los resultados muestran que el aplauso del público provocó una respuesta MTM más positiva que la risa, aunque esta diferencia no fue estadísticamente significativa. Esto puede interpretarse como que la risa no está asociada con la evaluación del candidato, a pesar de que el contexto puede ser diferente cuando existe un fuerte sentimiento hacía uno de los candidatos. La respuesta de los independientes no difería significativamente de la de los republicanos o demócratas. Por el contrario, la de estos dos grupos entre ellos sí que fue mayor. Por ejemplo, cuando el público aplaudía a Clinton, los demócratas e independientes tenían más reacciones positivas, mientras que los republicanos tuvieron más negativas. En cambio, cuando los aplausos fueron para Trump no hubo esta diferencia. Las risas independientemente del candidato tampoco provocaron diferencias en las reacciones. Finalmente se concluyó que la afiliación política no tenía relevancia significativa.

En conclusión, se puede decir que existe una relación moderadamente sólida entre las OAR del público del debate y la de las personas que lo veían por televisión. Principalmente, se destacó en esta relación la risa, seguida del aplauso y, por último, las demás reacciones estudiadas. Parece que los aplausos provocados por Trump pudieron ser más importantes que los provocados por Clinton, ya que la simpatía que presentó Trump se vio afectada positivamente por los aplausos generados. También hay que destacar la influencia negativa que tuvo el poco control ejercido por el moderador del debate sobre la audiencia del mismo.