Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

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«Hemisferio izquierdo verbal y hemisferio derecho no verbal»: ¿realidad o fantasía? Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “One is all you need: intrahemispheric processing benefits nonverbal visual recognition” de Macbeth A. y Chiarello c. (2019), en el cual se analiza el procesamiento de información no verbal y el rendimiento en reconocimiento de tal información en función del hemisferio cerebral implicado en estos procesos.

Muchas habilidades cognitivas exhiben algún grado de lateralización cerebral. Muchos habremos escuchado que el hemisferio derecho es el creativo, el emocional e intuitivo, así como no verbal. Asimismo, el hemisferio izquierdo se presenta a menudo como el área cerebral encargado del lenguaje y del razonamiento.

Uno de los procesos que podrían ser lateralizados es la memoria, tanto a la hora de codificar información como de recuperarla. Es decir, si consideramos que el hemisferio izquierdo esté especializado en material verbal, sería lógico esperar que la codificación y recuperación (recuerdo libre o por reconocimiento) de dicho material ocurra mayoritariamente en ese hemisferio.

Las investigaciones previas se enfocaron en la codificación y recuperación por separado y, hasta el momento, no se han analizado estos procesos en conjunto. Por eso, no existe una interpretación clara de si ambos hemisferios pueden encargarse de ambas funciones de manera equivalente o hay algún tipo de lateralización para codificación y recuerdo.

El modelo HERA (Hemispheric Encoding/Retrieval Asymmetry) sugiere que el córtex prefrontal izquierdo está más activo durante la codificación de la memoria episódica. Asimismo, plantea que el córtex prefrontal derecho muestra mayor actividad en la recuperación de los recuerdos episódicos.

Otros estudios mostraron que la codificación es lateralizada en función del tipo de material a codificar. Es decir, cuando se trata de información abstracta, difícil de categorizar, el hemisferio derecho se implica activamente en la codificación. Lo mismo ocurre con información espacial. En cambio, cuando se trata de estímulos verbales o información más concreta (como la numérica), es el hemisferio izquierdo el que se dedica principalmente a la codificación.

Los autores de esta investigación lo que buscan es analizar si existe lateralización, no analizando los procesos de memoria por separado, sino en conjunto. En un primer experimento, 48 estudiantes diestros, sin conocimientos lectoescritores de chino, visualizan caracteres chinos. Estos son presentados o bien en el campo visual derecho, o bien en el izquierdo. Esta presentación en un campo visual u otro determina qué hemisferio procesará más la información.

Alguna vez habremos escuchado que las personas zurdas utilizan más el hemisferio derecho y al revés. Esto sería así porque las vías motoras que conecta miembros y cerebro están cruzadas.  Lo mismo ocurre con los ojos. Todos tenemos vías visuales cruzadas (que se cruzan en el quiasma óptico) que conecta estos con los hemisferios cerebrales. Así, si un estímulo se presenta en el campo visual derecho, el procesamiento de ese estímulo debería llevarse a cabo por áreas visuales del hemisferio izquierdo y al revés.

Después de ver una serie de caracteres chinos (codificación), los participantes debían establecer en la visualización de otra serie cuáles son caracteres nuevos y cuales ya se han visto (recuperación).  A primera vista, parece que los estímulos no verbales codificados en un hemisferio se reconocen más rápido cuando se recuperan a través de los procesos del mismo hemisferio cerebral.

Así, si un estímulo se presenta en el campo visual derecho, se codifica en el hemisferio izquierdo. Si el mismo estimulo se vuelve a presentar en el mismo campo visual, se recupera de la memoria más rápido que si se presenta por segunda vez en el campo visual opuesto.

No obstante, no hubo diferencias significativas entre el rendimiento de los dos hemisferios. Es decir, parece que los procesos de codificación y recuerdo no están tan lateralizados como se pensaba. Tanto el hemisferio derecho como izquierdo son capaces de manipular material no verbal tanto codificándolo como recuperándolo de la memoria. Por tanto, el cerebro parece que puede utilizar funciones de memoria en ambos hemisferios de manera equivalente.

En un segundo experimento, participan 64 estudiantes con las mismas características que los anteriores. Lo que se busca es observar si se encontrará una ventaja intrahemisférica para los estimulo no verbales cuando el número de caracteres retenidos en la memoria hasta que se vuelven a presentar para el recuerdo es menor.

El retraso se mide en número de caracteres chinos presentados entre uno codificado y su nueva presentación para el recuerdo. Esto es así, porque la capacidad de retención en términos de números de elementos retenidos en la memoria es limitada. Sería similar observar diferencias en función de diferentes tiempos entre codificación y recuerdo. No obstante, en este caso, no se controla el tiempo.

Se vuelven a utilizar caracteres chinos y hay diferentes condiciones: 1, 4, 8 y 16 caracteres chino entre codificación y recuerdo. Es decir, si vemos un carácter A,   evaluarémos si lo hemos visto antes después de visualizar 1/4/8/16 caracteres. Todo ello con 4 variaciones en cuanto al campo visual de presentación (p. ej. derecho-codificación/derecho-recuerdo).

Los resultados mostraron varias cosas. Primero, los caracteres codificados en un campo visual se recuerdan mejor (se acierta más) y más rápido cuando se presentan para la recuperación en el mismo campo visual. Estos datos son congruentes con el primer experimento.

Segundo, sí hay un efecto del retraso temporal y del número de caracteres retenidos en el rendimiento. A más caracteres retenidos entre codificación y recuerdo, peor rendimiento. Se observaron diferencias significativas cuando la distancia entre codificación y recuerdo varia de 1 a 4 caracteres y de 8 a 16, pero no de 4 a 8.

Este retraso en número de caracteres entre un proceso de memoria y otro también afecta al tiempo de reacción. No obstante, solo se observaron diferencias cuando se incrementa de 1 a 4 caracteres de retraso. Si los sujetos ven un carácter, seguido de otro y el tercero vuelve a ser el primero, tardan menos en el reconocimiento que si ven un carácter, seguido de 4, siendo el quinto el mismo que el primero.

En otros estudios se ha establecido que para estímulos verbales el hemisferio izquierdo codifica y recuerda mejor. En cambio, este estudio muestra que para los estímulos no verbales no hay tal lateralización. No obstante, si se observa que hay mejor rendimiento y mayor rapidez cuando la información se codifica y se recuerda a nivel intrahemisférico. Si tendríamos que estudiar imágenes presentadas en el campo visual derecho, vamos a reconocerlas mejor y más rápido si se vuelven a presentar en el mismo campo visual.

¿Qué implicaciones tiene esto para el lenguaje no verbal? Por ejemplo, parece que las señales no verbales que otros emiten no las codificamos necesariamente en el hemisferio derecho. Si observamos el comportamiento no verbal de una persona solo a través del campo visual derecho (hemisferio izquierdo), podemos captarlo, interpretarlo y recordarlo igual de bien que si dicha persona se situa en nuestro campo visual izquierdo.

 

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Entrevistas de trabajo: ansiedad social y efecto del feedback no verbal del entrevistador. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Social anxiety and employment interviews: does nonverbal differentially predict cortisol and performance?” de Budnick C. J., Anderson E. M., Santuzzi A. M., Grippo A. J. y Matuszewich L. (2018), en el cual se analiza el efecto diferencial del feedback no verbal en el rendimiento en entrevistas de trabajo de personas con y sin ansiedad social.

Millones de personas sufren de ansiedad social (AS) o de malestar persistente cuando experimentan/anticipan situaciones sociales que implican interacción y evaluación. Una de estas situaciones es la entrevista laboral. Todo el mundo puede sentir cierto nerviosismo o preocupación por su rendimiento en una entrevista laboral. No obstante, hay personas que se salen de los límites de normalidad.

En una entrevista, el entrevistador suele emitir mensajes no verbales para tranquilizar a los entrevistados más nerviosos. Es más común que sonrían, se muestren más cálidos y similar, que digan verbalmente algo tranquilizador. Es decir, emiten respuestas no verbales positivas.

Algunos estudios han mostrado que el feedback no verbal (FNV) positivo no tiene los mismos efectos en personas con AS que en otras personas. Las personas con AS suelen tener una preocupación por la evaluación ajena más marcada y, asimismo, una visión negativa de sí mismos. Si alguien se autoevalúa de manera negativa, es probable que un feedback en la dirección opuesta provoque aún más ansiedad. Otra opción es que simplemente no valga de nada.

¿Y por qué interesa el efecto del FNV en este caso? Una de las razones es que la ansiedad per se puede afectar negativamente al rendimiento en una entrevista y en general. Si el FNV del entrevistador aumenta la ansiedad de los entrevistados con AS, se espera que su rendimiento sea aun peor que sus posibilidades reales.

Las personas con AS esperan evaluaciones negativas por parte de aquellos con los que interaccionan. Además, interpretan la información social ambigua en la dirección negativa. Cuando interaccionan, pueden mostrar agitación psicomotora y/o afecto negativo.

Es probable que pasen por alto señales sociales sutiles pero importante. Y también suelen ser menos propensos a ofrecer información auto-reveladora, se abren menos. Todo ello explica porque las personas con altos niveles de AS suelen ser vistas como menos atractivas, agradables, asertivas y/o relajadas.

En una entrevista, las personas con AS reflejan su estrés interno en un aumento de la ansiedad comportamental o motora y una disminución de la asertividad. Asimismo, pueden fallar en revelar la información más relevante sobre sí mismas, clave para un buen rendimiento en la entrevista.

Los estudios que han analizado el efecto del FNV positivo en personas con AS, han utilizado medidas de conductancia de la piel. A través de ello, han observado que el FNV positivo provoca mayor activación fisiológica (típica en la ansiedad) en las personas con alta AS. Otro indicador utilizado ha sido el cortisol, hormona que se libera en el organismo en las situaciones estresantes.

Cuando el cortisol se libera en el organismo, varios procesos cognitivos pueden quedar afectados temporalmente. Uno de ellos sería la atención, en términos de ser capaz de focalizarse en la información relevante e inhibir la no relevante. Una persona con altos niveles de AS podría tener dificultades en inhibir los cambios atencionales hacia información irrelevante. Y un tipo de tal información serían las señales internas de ansiedad.  Además, se ha visto que, por la ansiedad per se, se da una mayor autoconsciencia y auto-focalización en las señales internas.

Los autores de este estudio utilizan, entre otras medidas de ansiedad, los niveles de cortisol en la saliva. Se toman medidas de cortisol pre y post entrevista. Se evalúan mediante test la ansiedad social, la atención auto-focalizada, los afectos y la ansiedad social en entrevistas. Asimismo, los entrevistadores evalúan las muestras de ansiedad en el comportamiento, la asertividad y el rendimiento de cada entrevistado.

Participan 130 sujetos graduados, tanto hombres como mujeres. Se establecen 3 grupos formados por participantes asignados aleatoriamente. Un primer grupo recibirá FNV negativo: postura corporal cerrada, tono de voz y expresiones de aburrimiento y desinterés. El segundo grupo implica un FNV ambiguo: postura semi-abierta, expresiones faciales neutras y tono normal de conversación. El tercer grupo recibirá FNV positivo, con posturas corporales abiertas, tono motivador y expresiones faciales positivas.

La Teoría de la Autoverificación defiende que las personas experimentan confort y bienestar cuando el feedback de aquellos con los que interaccionan coinciden con su autopercepción y/o autoconcepto. Los resultados de este estudio van en la misma dirección.

Los entrevistados con altos niveles de AS se sienten mejor cuando el FNV de los entrevistadores coinciden con sus visiones negativas sobre sí mismos. El cortisol de los participantes con alta AS se ha registrado como mayor después de la entrevista en el grupo FNV positivo. No obstante, parece que este nivel aumentado de cortisol no ha afectado al rendimiento.

El rendimiento sí se ha visto afectado de manera diferencial entre aquellos participantes con bajos niveles de AS. El FNV positivo y ambiguo ha mejorado de manera significativa el rendimiento en la entrevista comparado con el FNV negativo. De hecho, a modo general, el FNV de los entrevistadores parece tener un importante impacto en personas con baja ansiedad social. Es decir, beneficia a estas personas. En cambio, en las personas con alta AS no hay reducción de la ansiedad por el FNV positivo ni impacto alguno en su rendimiento.

El cortisol se ha visto aumentado en personas con alta AS y disminuido en persona con baja AS como resultado al FNV positivo. Tal como se esperaba parece que el FNV positivo entra en conflicto con la autopercepción negativa de los sujetos con alta AS.

Lo más destacable es que ni el FNV positivo ni el negativo empeoran o mejoran el rendimiento de las personas con alta AS. Por tanto, significa que el feedback no verbal no es una estrategia útil en ningún sentido para estas personas. Hay alta ansiedad social, alto cortisol y, probablemente, bajo rendimiento en ambas situaciones.

Al analizar si la auto-focalización medía entre la ansiedad social y el rendimiento, no se han observado resultados claros. No obstante, parece que ansiedad reflejada en el comportamental es la que medía entre ansiedad y rendimiento. Es decir, a medida que la ansiedad aumenta, los comportamientos que la reflejan también lo hacen. Y, a medida que se muestran más comportamientos de ansiedad, más empeora el rendimiento.

Por lo tanto, el tipo de feedback no verbal de los entrevistadores predice relativamente el nivel de cortisol en función de si las personas presentan baja o alta ansiedad social. Además, en una entrevista de trabajo, el problema no parece ser sentir ansiedad, sino que esta se refleje en el comportamiento (verbal y no verbal).

Los entrevistadores pueden evaluar de manera más negativa solo por esas muestras de ansiedad comportamental. Y puede ser porque, si no hay mejoras al ofrecer un feedback no verbal positivo, pueden considerar que ese comportamiento se dará en todas las situaciones sociales y laborales.

Como reflexión, por un lado, cabría pensar en las necesidades constantes del mercado laboral en que todo el mundo muestre una actitud positiva y segura de sí misma, a veces incluso por encima de las capacidades y habilidades de cada uno. A la vez, es una necesidad lógica, dado el gran componente social en todos los empleos. Algunos puestos dependen de las habilidades sociales.

Por otro lado, las personas con alta ansiedad social se autoevalúan de manera negativa, algo que, de ser constante, provoca alto malestar y se pierde calidad de vida. Esperemos que más investigaciones analicen esta temática y se detecten maneras más simples, tales como el feedback no verbal, que puedan mejorar los estados de alta ansiedad en las situaciones sociales.

Si quieres saber más sobre el comportamiento no verbal y la gran utilidad de conocerlo para nuestras profesiones y para la vida cotidiana, visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira o nuestro Experto Universitario en Comunicación no verbal y Personalidad, con becas especiales para los lectores del Club del Lenguaje no Verbal.

La voz de la persuasión. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “How the voice persuades” de Van Zant A. B. y Berger J. (2019), en el cual se analiza la persuasión no verbal a través de la modulación de las características de la voz.

La palabra persuasión rara vez nos suena a algo positivo. Si somos conscientes que alguien intenta persuadirnos probablemente nos resistiríamos a ello. Incluso si somos nosotros los que intentamos persuadir somos capaces de decir no, yo no intento convencer a nadie de nada. Pero la verdad es que la persuasión está en todas partes. Intentar conseguir cosas buenas o malas implica un mismo proceso subyacente: persuadir (e influir).

A veces los que intentan persuadir son un grupo de personas. Detrás de las políticas de salud que intentan persuadirnos para dejar de fumar o ponernos una vacuna hay muchas personas trabajando en ello. Los activistas que intentan persuadir a los políticos y la población son otro ejemplo.

Otras veces una sola persona es la que intenta persuadir a otra u otras. El/la dependiente/a del supermercado que nos ofrece algo en oferta. Una pareja que pide un masaje o el/la hijo/a que le apetece el doble de postre.

¿Qué nos persuade? Del discurso no dudamos. Las palabras tienen un poder de persuasión importante. Además, la mayoría de las investigaciones se han centrado en este aspecto: lo verbal. ¿Y el comportamiento no verbal? Somos capaces de adaptar nuestro lenguaje corporal y las expresiones faciales a cada situación. También sabemos modular nuestro paralenguaje o las propiedades acústicas de nuestra voz.

Los autores del estudio se preguntan cómo lo hacemos en el último caso. Además, la persuasión a través del paralenguaje ¿puede aumentar el efecto de la persuasión? Para responder a tales preguntas desarrollan varios experimentos.

Se exploran dos maneras posibles de aumentar la persuasión a través las características paralingüísticas. Por un lado, las modificaciones paralingüísticas podrían escapar de la detección. Puede ser mucho más difícil detectar intenciones de persuasión en la voz que en el discurso, especialmente si el que intenta persuadir lo encubre.

Por otro lado, las modificaciones paralingüísticas con el fin de persuadir podrían ser efectivas a pesar de ser detectadas. La explicación seria que a través de la voz uno puedo inspirar confianza más fácilmente que a través del discurso. La confianza en este caso se conceptualiza como el grado en el cual el receptor de un mensaje percibe que el emisor refleja una actitud de certeza o de convicción.

El comportamiento no verbal se interpreta a menudo como espontáneo a diferencia de lo verbal. Esto a su vez genera la impresión de que uno no finge y se puede confiar. Además, como ya vimos en otro artículo de este blog, la sobreconfianza no suele penalizarse cuando se expresa a través del lenguaje no verbal, pero sí cuando se expresa verbalmente.

El estudio que llevan a cabo los autores es muy amplio. Primero, se verifica la eficacia de las señales paralingüísticas para conseguir persuadir a los oyentes. Segundo, se verifican la confianza y la baja detección de la persuasión como explicaciones de una persuasión con éxito. Tercero, llevan a cabo un análisis confirmatorio, replicando los resultados. Y, por último, se extraen con un programa informático las características paralingüísticas de los discursos utilizados para persuadir.

Debido a la gran extensión del estudio, vamos a detallar los resultados más importantes y guardando en mente lo siguiente. Todos los estudios implican receptores y emisores de mensajes.

Además, hay tres tipos de discurso. Primero, emitir un mensaje e intentar persuadir a través de la voz. Segundo, similar al primero, pero añadiendo al discurso información explicita de la esa intención (en diferentes grados). Tercero, se emite un mensaje sin intención de persuadir (grupo control).

La persuasión paralingüística aumenta el efecto persuasivo del discurso mientras no se detecte la intención de persuasión. Cuando se explícita verbalmente esa intención, el efecto persuasivo de las señales paralingüísticas disminuye en algunos casos, pero se mantiene de manera importante. En cuanto a la confianza, las cosas fueron más claras. El emisor del mensaje fue valorado como confiable independientemente de si los receptores conocían o no la intención de persuadir.

Estos resultados fueron replicados por los mismos autores en tres experimentos. La persuasión a través de la voz fue eficaz tanto cuando los mensajes fueron más genéricos (vender algo) como cuando eran personalmente relevantes (información sobre una tarea que los receptores iban a hacer).

Se registraron evidencias claras sobre las explicaciones posibles de la eficacia de la persuasión a través del paralenguaje. Inspirar confianza es clave. Esta es el proceso subyacente a la persuasión a través de la voz. Si los receptores evalúan un emisor como digno de confianza, da igual si conocen su intención de persuadir.

Por otro lado, la persuasión a través de la voz no es más eficaz porque no sea detectable. Pensemos en las personas cercanas. Aunque sepamos que nos quieren convencer de algo, la mayoría de las veces accedemos a ello fácilmente.

¿Cómo se persuade a través de la voz? ¿Y la modulación de la voz realmente influye en el proceso de persuasión?

Cuando se pidió a los emisores persuadir a través de la voz, estos subieron el volumen con respecto al mensaje sin intención de persuadir. También utilizaron un tono más agudo. Se registró mayor rapidez de habla cuando se intentó persuadir y mayores variaciones de volumen.

Siendo estas las modificaciones paralingüísticas que aplicaron los emisores, ¿son realmente las que persuaden? Sí y no. Es decir, lo que consiguió la persuasión de los receptores de los mensajes fue el mayor volumen, así como la mayor cantidad de variaciones de esta característica. El aumento y la variabilidad del tono, así como la rapidez de habla no influyeron en el efecto de persuasión.

Tal como se esperaba, la eficacia de esas dos modificaciones se debe a que generan en los receptores una percepción de confianza sobre los emisores. Esto implica que el volumen y sus variaciones median entre el efecto persuasivo de la voz y las actitudes de los receptores. Y ocurre lo mismo con las percepciones de confianza.

Para no dejar vacíos en la comprensión de todo ello, los autores también plantean diferentes rutas a través de las cuales la confianza influye en la persuasión. Es decir, las personas son persuadidas a través de la voz porque algunas de sus características inspiran confianza. La pregunta es ¿por qué nos dejamos persuadir por quienes nos inspiran confianza?

Parece que el receptor percibe que el emisor es digno de confianza y de que hay que dejarse persuadir porque la confianza indica actitudes extremas, en este caso positivas. Es decir, si el emisor intenta vender algo debería mostrar actitudes positivas hacia ese algo. Cuando lo hace, el receptor interpreta que en realidad al emisor le gusta aún más ese producto y lo valora aún mejor.

 Por último, ¿por qué no se da una resistencia a la persuasión a pesar de conocer el intento de persuasión por parte del otro?  Parece que modular la voz en consonancia con el intento de persuasión genera una percepción de transparencia del receptor sobre el emisor. Percibimos que el que intenta persuadirnos es sincero y sus convicciones en aquello de lo que nos intenta convencer son genuinas y opuestas a metas como ganar dinero.

Como siempre, los hallazgos de este estudio deben ser interpretados con cautela. En el comportamiento no verbal influyen muchos factores internos y externos que, además, siguen sus propias variaciones e interacciones. Estudios como este nos dan pistas para entender este interesante mundo de lo no verbal, pero es una labor dinámica, de conjunto.

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Diferencias verbales y no verbales en personas de tercera edad con y sin depresión. Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Differences in verbal and nonverbal communication between depressed and non-depressed elderly patients” de Asan O., Kim S. C., Iglar P. y Yan A. (2018), en el cual se describen la diferencias verbales y no verbales entre personas de tercera edad con y sin depresión.

La comunicación médico-paciente es crucial en una atención y cuidados centrados en el paciente. La calidad de esta influye en la respuesta de los pacientes en términos de compromiso y adherencia al tratamiento. También impacta en el cumplimento de los consejos médicos, satisfacción, salud emocional, así como en la probabilidad de errores médicos.

Como en cualquier comunicación, e incluida la mediada por tecnología, hay una dimensión verbal y otra no verbal. Y, por ejemplo, la adherencia al tratamiento puede variar en función de ambas dimensiones.

Las personas en tercera edad suelen presentar una mejor adherencia al tratamiento que las personas jóvenes. Ya teniendo esta facilitación, hace falta asegurar la comprensión de los consejos y cuidados que ofrece el médico en el caso de las personas mayores. Y decimos comprensión no porque tengan dificultades para ello por ser mayores. Sino que se hace especialmente relevante cuando se trata de personas con funciones deterioradas como ocurre, por ejemplos, en los pacientes con depresión. No obstante, cabe destacar que también hay un deterioro de algunas funciones relacionado con la edad.

Para entender el estudio presentado, hace falta una mención a la Teoría de la Acomodación en la Comunicación (TAC) de Howard Giles. Esta explica, entre otras, el impacto de la comunicación en la calidad de las interacciones entre individuos. La percepción de un receptor sobre la comunicación de un emisor impacta en su comportamiento (p. ej., la del paciente sobre lo que comunica el médico).

Cada uno de los implicados en una comunicación deben acomodar su lenguaje verbal y no verbal para que el proceso ocurra con éxito. El éxito de ello puede suponer comprensión, satisfacción, información detallada, no mentir, etc. Los elementos de la TAC son la convergencia, la divergencia y la sobreacomodación.

Si alguien está dispuesto a conseguir la convergencia, modificará aspectos comunicativos haciéndolos complementarios o acordes al interlocutor. Por ejemplo, similitudes en la rapidez y tono del discurso, un estilo verbal similar o una mutua autorrevelación.

Si alguien se mantiene o busca la divergencia, mantendrá, aplicará acentuará estrategias de comunicación diferentes de las del interlocutor. Por ejemplo, cuando alguien se expresa de forma muy técnica y el otro no tiene los mismos conocimientos. En términos no verbales, que el médico hable muy despacio, con un/a paciente nervioso/a y preocupado.

La sobre-acomodación provoca una comunicación basada en prejuicios y estereotipos. Por ejemplo, gritar a todas las personas mayores, porque algunos tengan problemas de audición. Otro ejemplo es un habla infantilizadora, que afecta negativamente a la autoestima, autoconcepto y autoeficacia de las personas mayores.

Por lo general, la convergencia (acomodación) es lo deseable, aunque en algunos casos la divergencia (no acomodación) funciona mejor. Para conseguir cualquiera de las dos, CAT ofrece 5 estrategias socio-lingüísticas. Estas son estrategias de: aproximación, interpretabilidad, control interpersonal, gestión del discurso y expresión emocional.

Para conseguir la acomodación, todas ellas suponen en mayor o menor medida la adaptación de los elementos verbales y no verbales propios a las del interlocutor. Por tanto, son habilidades que resultan en la adecuación del discurso y lenguaje no verbal según el interlocutor.

La utilidad de estas estrategias se ha observado en muchos estudios. Por ejemplo, el uso de las últimas tres mencionadas dio lugar a interacciones médico-paciente satisfactorias. Asimismo, la infra- o sobre-acomodación dan lugar a la insatisfacción.

En cuanto la comunicación con pacientes de tercera edad, se ha observado que los médicos suelen utilizar tales estrategias. No obstante, es bastante más común la sobre-acomodación. Los médicos reducen la tasa de habla, aplican una entonación exagerada o hablan muy alto. Como es de esperar, esto provoca que los pacientes se sientan distantes de sus médicos y percibir las interacciones como degradantes.

En el caso de la comunicación verbal y no verbal de las personas mayores con depresión se ha investigado muy poco. Analizar las diferencias verbales y no verbales de pacientes mayores con y sin depresión puede arrojar luz sobre la existencia de patrones comunicativos. Si las hay, sería una muy buena razón para seguir investigando en otras subpoblaciones clínicas. Asimismo, ayudaría al desarrollo de tecnologías de comunicación para la salud más adecuadas, procurando una atención lo más personalizada posible.

La depresión en personas mayores es mucho más común de lo que pensamos. No obstante, solo una pequeña parte recibe un tratamiento.  En EE. UU. se estima que de 6 millones de personas mayores de 65 años que sufren de síntomas depresivos, un 10% recibe tratamiento. Muchas áreas de la vida de una persona quedar afectadas por la depresión, entre las cuales la comunicación. Tanto las enfermedades orgánicas como otras enfermedades mentales empeoran con la depresión. Las tasas de suicidio aumentan y en pacientes con edades entre 80 y 84 años se duplica. Con estos datos queda claro que investigaciones como esta son imprescindibles.

En el estudio, se analizan video-grabaciones de interacciones médico-paciente en sesiones de atención primaria geriátrica. Se analizan 22 pacientes sin depresión y 21 con depresión, todos ellos con edades de 65 años o más. Se registran diferentes elementos verbales y no verbales medidas en segundos de duración y se mencionan en los resultados.

Aunque la mayoría de los resultados intergrupales mostraron diferencias no significativas, sí se han registrado algunas importantes. En cuanto la comunicación verbal, se ha observado que los/as pacientes sin depresión dedican mucho más tiempo a conversar con el médico sobre las opciones de tratamiento. Estas diferencias, con mayor dedicación temporal en los/as pacientes sin depresión, también se han observado en cuanto a conversar sobre los síntomas que uno presenta. No obstante, no son significativas, muy probablemente por el pequeño tamaño de muestra.

Los/as pacientes mayores con depresión pasan más tiempo comunicando problemas emocionales, el aislamiento social u otras situaciones estresantes. La CAT puede explicar estas diferencias. Aquellos/as pacientes sin depresión pueden manejar habilidades como el control interpersonal o la gestión del discurso en busca de la convergencia con la comunicación del médico.

Por ejemplo, el control interpersonal es cómo uno modifica los patrones de comunicación según el rol que desempeña en una interacción o en base a la relación de simetría/asimetría (poder). Un paciente que utiliza esta estrategia puede reconocer y aceptar el nivel de pericia y conocimiento del médico. Se sentiría motivado a preguntar y escuchar más y a dar explicaciones amplias y claras sobre la sintomatología que presenta.

En cambio, se ha visto que los pacientes mayores con depresión tienden a ver a los médicos como una autoridad. Esto hace que se conformen más con las recomendaciones médicas y se sitúan en una posición de yo no sé nada y lo que usted diga. Hablar más de síntomas emocionales se ve lógico, dado que la depresión tiene un alto componente emocional. Impacta gravemente en el área social (aislamiento, soledad, etc.), siendo lo social una fuente clave en el bienestar emocional (recibir apoyo, sentir comprensión, etc,).

Ambos grupos de pacientes dedicaron tiempos similares en silencios, conversaciones sociales y sobre el final de la vida. No obstante, los pacientes con depresión expresaron menos preocupaciones verbales sobre el fin de la vida.

En cuanto a lo no verbal, los pacientes con depresión miraron menos a los ojos y a la cara del médico. Esto puede deberse a que las personas con depresión presentan dificultades cognitivas y un span atencional corto. Por eso, no prestarían tanta atención al profesional. También puede ser por falta de motivación y/o percepción de competencia, algo común en los enfermos de depresión. En cualquier caso, a modo general, los pacientes de tercera edad y con depresión se acomodaron menos a sus médicos.

También se observó que los médicos miraron menos a los ojos y apuntaron datos clínicos durante más tiempo en las sesiones con pacientes con depresión. Los autores consideran este dato como inconveniente para la relación médico-paciente y hay diversos estudios que lo confirman.

En conclusión, aunque no se hayan encontrado patrones de comunicación claros y diferenciales entre pacientes de tercera edad con y sin depresión, no significa que no los haya. El tamaño de muestra del estudio es una limitación clara. No obstante, aun con esta limitación, se observaron diferencias que deberían tenerse en cuenta. ¡Esperemos que se siga investigando!

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Cosificación y deshumanización a través de vestimenta y posturas “sexualmente sugestivas”. Club de Lenguaje No Verbal

Amigos el Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Why is sexualization dehumanizing? The effects of posture and revealing clothing on dehumanization” de Bernard P. y Wollast R. (2019), en el cual se examina el rol de la postura corporal y del uso de una vestimenta reducida en la cosificación de las personas.

Las personas están expuestas todos los días a imágenes sexualizadas tanto de hombres como mujeres. La sexualización en los medios de comunicación se manifiesta especialmente a través de la vestimenta y de las posturas que adoptan los diferentes modelos. Un análisis de las portadas de la revista americana Rolling Stone mostró que, en 4 décadas, la intensidad y frecuencia de imágenes sexualizadas se ha incrementado gradualmente.

También se ha observado que la sexualización de las mujeres es más intensa. Ello genera efectos negativos sobre el bienestar de las mujeres en general. Aumenta la insatisfacción con el propio cuerpo, la ansiedad relacionada con el peso y la apariencia, la auto-cosificación, etc.

Para ver el efecto de la sexualización en este sentido, se ha estudiado cómo esta impacta en la percepción. La Teoría de la Cosificación (Fredrickson y Roberts, 1997) defiende que los medios de comunicación son el vehículo principal para la cosificación de la mujer en las culturas occidentales. Algunos hallazgos muestran que la percepción visual de cuerpos sexualizados es muy diferente de los no sexualizados. Específicamente, el cuerpo sexualizado se percibe muy similarmente a cómo se perciben los objetos.

La percepción de objetos es relativamente fragmentaria. Nos centramos a nivel más local y más tarde creamos una imagen completa del objeto. Parece que lo mismo ocurre con los cuerpos sexualizados. Cognitivamente, percibimos partes del cuerpo, no vemos una imagen global. En cambio, cuando observamos cuerpos no sexualizados, obtenemos una percepción global del cuerpo y de la persona.

La percepción sobre la mayoría de las personas que vemos por la calle es global. No nos centramos en partes específicas de su cuerpo. Por ejemplo, podemos percibir que alguien tiene sobrepeso, pero no nos centramos en qué parte de su cuerpo lo sugiere más específicamente.

En cambio, si vemos una mujer con un amplio escote y pechos prominentes es probable que nos centremos en eso. No es difícil imaginarse que si tenemos que describirla diríamos (o pensáramos) la de los pechos grandes. Cambiamos la imagen global por un rasgo físico particular y obtenemos una percepción fragmentada. Igual podría pasar si vemos a un hombre sin camiseta, aunque ocurre menos.

La percepción de cuerpos sexualizadas como objetos tiene efecto tanto a nivel neural como a nivel comportamental. Si percibimos a las personas como objetos les atribuimos menos rasgos típicamente humanos.

Muchas investigaciones han mostrado que las personas perciben a las mujeres sexualizadas como poseedoras de menos características mentales. Se les atribuyen menos características típicamente humanas y menos agencialidad. Esta sutil deshumanización predice la forma en la que las personas evalúan la responsabilidad de un agresor sexual vs. la de la víctima.  Y no hace falta buscar demasiado para encontrar múltiples ejemplos de ello.

¿Esta cosificación solo depende de la cantidad o el tipo de ropa que lleva una persona? Seguramente no. Por eso, los autores de este estudio incluyen en el análisis las posturas que sugieren contenido de naturaleza sexual. Serían posturas sugestivas, provocadoras o insinuantes de significados sexuales y están relacionadas con un lenguaje corporal abierto.

Esa apertura corporal modula la formación de impresiones. Y cuanta más apertura postural se percibe, más percepciones cosificadoras y sexualizadas. Además, la combinación de una postura insinuante y poca ropa genera aún más efectos en esta dirección.

Las características típicamente humanas son varias. En este estudio se evalúa la presencia de tres de ellas en las percepciones de los participantes. Una es la calidez, un rasgo que no atribuimos a los objetos e incluye ser amable, bueno y amigable. Otra es la competencia, que incluye ser inteligente y/o capaz de hacer cosas, de decidir y con intencionalidad. Por último, la moralidad, ser confiable, honesto y ser capaz de utilizar valores morales en el comportamiento.

Toda la información del estudio se recogió a través de un cuestionario online y participaron 218 personas (136 mujeres). Los participantes visualizaron una de las cuatro imágenes que observáis en la foto.

Estos evaluaron hasta qué punto consideran que la mujer de la imagen muestra una postura insinuante y está representada de manera sexualizada. El objetivo era verificar si los participantes atribuyen significado sexual a la postura y a la representación de la mujer en estas imágenes.

Los resultados mostraron que, efectivamente, es así. Tanto la postura corporal de la derecha como la vestimenta reducida generaron un significado sexual. Por ejemplo, consideraron que la mujer en lencería intima está representada de manera más sexualizada que la mujer vestida de negro.

Para verificar si una apariencia relacionada con significados sexuales puede provocar cosificación, los sujetos evaluaron calidez, competencia y moralidad de la mujer observada. La mujer en lencería íntima y con una postura insinuante ha sido considerada como muy poco competente comparado con las demás condiciones. Por lo tanto, ya se observa un efecto deshumanizante por considerar que una postura es sexualmente sugestiva. No obstante, ocurre de manera significativa si se añade el efecto de utilizar ropa que revela el cuerpo de la mujer.

En cuanto a la calidez, los resultados son algo curiosos y no concluyentes. La imagen que menos calidez haya expresado para los participantes fue la de la mujer vestido de negro y con una postura insinuante. En cuanto a la moralidad, la postura tiene mucho impacto. Cuando la postura se percibe como provocadora, se atribuye menos moralidad.

Las ideas más claras que este estudio permite extraer son varias. Una es que la cosificación de la mujer se debe a que su imagen aparece frecuentemente de manera hiper-sexualizada. Esta hiper-sexualización se refleja a través de vestimentas y posturas que activan connotaciones sexuales.

El porqué de la asociación entre cierto tipo de ropa y ciertas posturas con lo sexual es un tema aparte no analizada en este estudio. Pueden ser sesgos perceptivos, naturaleza de los procesos cognitivos o aprendizajes socio-culturales, entre otras, por los que asociamos semi-desnudez y ciertas posturas con sexualidad. Sea por lo que sea, si tal asociación lleva a la cosificación, los medios de comunicación deberían dejar de representar a la mujer como un ser hiper-sexualizado tan frecuentemente.

Debido a ciertas limitaciones del estudio, no se ha podido analizar el efecto del género en estas percepciones. Además, solo se han utilizado modelos femeninos. Y hace falta estudiarlo también con modelos masculinos.

¿Estos resultados responsabilizan a las mujeres por llevar poca ropa o adoptar postura que se perciben como insinuantes? Un rotundo no. Estudios así promueven que seamos más conscientes y responsables sobres nuestras percepciones. Que una mujer se ponga minifalda no significa que quiera insinuar temas sexuales. El problema es que otros lo perciben como tal.

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