, Marcadores no verbales de la mentira en entrevistas colectivas de niños con sus amigos. Club de Lenguaje No Verbal., Club del Lenguaje no Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Nonverbal Markers of lying during children’s collective interviewing with friends” de Șen y Küntay. En este artículo se habla los indicadores de mentira en los niños cuando se les entrevistaba por parejas sobre una acción que acababa de ocurrir.

Al realizar una entrevista sobre una secuencia de eventos reales provocados, durante los cuales la transgresión de la norma era potencialmente probable, las mentiras son probablemente más representativas que las que se dan en un contexto menos controlado, ya que no solo se miente por comisión sino también por omisión.

El presente estudio utilizó a 90 parejas de niños del mismo sexo, 47 parejas eran hombres y 43 parejas eran mujeres. Eran alumnos de escuelas preescolares locales y algunos otros reclutados por redes sociales. La edad de los niños oscilaba entre los 48 y los 83 meses. La diferencia media de edad entre los componentes de las parejas era de 5,69 meses.

Para el estudio se utilizó una versión modificada del paradigma de la resistencia a la tentación de Kochansja y Aksan. El investigador 1 llevaba a los niños a una sala donde había tres mesas, en la mesa más alejada se colocaron los juguetes más llamativos. En la pared opuesta había otra mesa con materiales diversos, como un conejo de peluche, un cuaderno y ceras de colores, libros para colorear y rompecabezas. En la mesa del centro había dos sillas para que las usaran los niños. A través de un espejo unidireccional el investigador 2 grababa todas las interacciones.

Cuando entraban en la sala el investigador les sentaba en las sillas y les explicaba las normas de la sala. Les decía que iban a jugar, pero que no podían tocar ni la mesa del fondo ni los juguetes que están encima y alrededor de ella. Por el contrario, podían jugar y tocar todo lo que quisieran de la mesa opuesta. El investigador les hacía repetir las normas a los niños para comprobar que las habían entendido, volviéndoselas a decir si había alguna duda. Después se procedió a una sesión de evaluación individual sobre los correlatos sociocognitivos de la conducta de la mentira con cada niño. A continuación, se les volvía a llevar a la sala, donde les volvían a hacer repetir las normas. Entonces el investigador les decía que tenía que irse a preparar materiales para el siguiente juego a otra sala y les pidió a los niños que clasificaran unos cubiertos de plástico mientras no estaba. Después se iba de la sala y dejaba a los dos niños solos.

Se dividió el experimento en cuatro fases, en la primera de ellas, los niños estaban solos un minuto. En la segunda, después de ese tiempo, entraba otro investigador y se ponía a jugar con los juguetes prohibidos a la vista de los niños y no contestaba a ningún intento de comunicación por parte de los niños. En la fase tres, los niños estaban solos seis minutos. La última fase consistía en una entrevista simultanea a ambos niños. El investigador se sentó en una posición enfrentada a los niños de manera equidistante de ambos y mientras realizaba las preguntas, no mantenía contacto visual con ningún de ellos para que fueran ellos los que iniciasen la conversación como prefiriesen.

Las preguntas fueron las mismas y en el mismo orden para todas las parejas. ¿Qué hicisteis juntos cuando no estuve aquí? Cuando no estaba aquí, ¿tocasteis estos juguetes? ¿Estuvisteis alrededor de su mesa todo el tiempo? Parece que la disposición de los juguetes (prohibidos) ha cambiado, ¿no es así? Si los niños no contestaban se les repetía la pregunta. Al acabar la ronda de preguntas se les permitió jugar con los juguetes prohibidos unos minutos.

Se clasificó a los niños como sinceros o mentirosos según su estado de transgresión de la regla/ obediencia y relación con la verdad o mentira durante la entrevista. Los mentirosos fueron consistentes al responder durante la entrevista; es decir, los niños que mentían mantuvieron sus mentiras y no revelaron ninguna información sobre la violación de las reglas durante la entrevista.

Se excluyeron 28 niños de la clasificación, por no responder ninguna pregunta, por haber confesado o por ser un chivato. La muestra final fue de 152 niños en 79 parejas. Ciento veinticuatro niños fueron sinceros, no tocaron los juguetes y dijeron la verdad en la entrevista. Los mentirosos (28 niños) estaban divididos en dos grupos: el primero de ellos, eran niños que tocaron los juguetes prohibidos y ocultaron la situación mintiendo (18), el segundo grupo fueron los niños que no tocaron los juguetes pero que mintieron para ocultar que su amigo los había tocado.

La conducta no verbal que se analizó fue: la transición del habla, la tasa de expresión y la mirada al amigo, así como, la latencia en la respuesta a las preguntas, la presencia de superposición durante la respuesta, la dirección de la mirada o los gestos realizados mientras respondían. La transición del habla es el tiempo que tarda el niño en realizar cualquier expresión que proporciona una elaboración, corrección o acuerdo inmediatamente a continuación del turno del amigo. La media de las transiciones fue de 21. La tasa de expresión se calculó al dividir el número total de enunciados del niño durante la fase de la entrevista con la duración total de la entrevista. La media fue de 6,34.  La mirada al amigo se produce cuando el niño mira explícitamente a la cara o a los ojos del amigo. La media fue de 1,29. La latencia de respuesta era cuánto tiempo pasaba desde que acaba un turno hasta que comenzaba el siguiente. La media estuvo entre 0,63 a 1,93 segundos. La latencia fue mayor en los mentirosos que en los sinceros, estos tardaban de media dos veces más en comenzar la respuesta ya que necesitaban crear un evento que no había existido. Las superposiciones se producían cuando el niño interrumpía a su compañero mientras hablaba se dieron en el 81% de los casos, hubo una tendencia mayor a superponerse en los sinceros (85%) que en los mentirosos (64%), aunque no es una diferencia estadísticamente significativa. La dirección de la mirada se codificó entre mirar al amigo, al investigador o a lo lejos, siendo lo más común una combinación de ellas. Los niños que decían la verdad miraron poco a sus amigos, solo en un 2% de los casos. Aquellos niños que mentían los miraron en un 22% de las veces.  Por último, en un 62,3% de los casos los niños realizaron gestos frente a un 37,7% donde no realizaron ningún tipo de gestos. Los niños sinceros hicieron más gestos después de la pregunta objetivo que aquellos que mentían.

No hay asociación entre el sexo de los niños y la respuesta. Tampoco hubo diferencias entre los mentirosos y sinceros y la duración de la amistad. Cuando los niños mienten por omisión, es decir, no revelan la transgresión, hablaron sobre otros eventos reales de manera similar a como lo hicieron los niños sinceros, ya que mencionan otros eventos verdaderos al tiempo que omite la violación de la regla impuesta.

En resumen, es posible ocultar información crítica mientras se habla de otros eventos reales. En esta situación, el comportamiento no verbal de los niños que dicen la verdad y los que mienten será bastante similar durante toda la entrevista, solamente surgirán diferencias después de la pregunta objeto. Esto es especialmente destacable en lo relativo a la latencia de respuesta mayor en los mentirosos, en un mayor número de miradas al compañero y un menor número de gestos.