Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Nonverbal markers of lying during children’s collective interviewing with Friends” de Sen H. H. y Küntay A. C. (2018), en el cual se analiza y compara el comportamiento no verbal de niños/as que mienten con el de los que dicen la verdad. ¿Harán lo mismo que los adultos?

Detectar a aquellos que engañan es una labor que recibe mucha atención dada la importancia que tiene en contextos sociales y jurídicos. En el estudio de la detección de la mentira existen herramientas diversas, tanto para analizar el comportamiento verbal, como no verbal. Todas son necesarias, dado que niños/as y adultos/as, expresan multitud de comportamientos que pueden indicar engaño.

En el caso del comportamiento no verbal (CNV), hay señales que pueden delatar más que otras, pero no son tan fácilmente reconocibles como se desearía. Las señales no verbales relativas al engaño se apoyan principalmente en los movimientos de la cara y del cuerpo, además de elementos paralingüísticos del discurso. En el primer caso, las evidencias muestran que en el comportamiento del engaño se da una disminución de la expresión del lenguaje corporal y un mayor contacto visual. En el segundo caso, lo más indicativo de engaño ha mostrado ser un discurso más lento, con menos detalles y una mayor latencia de respuesta ante las preguntas de un entrevistador.

Una herramienta útil para analizar el CNV relacionado con el engaño es la entrevista grupal. En los últimos años, se ha mostrado mucho interés en el uso de esta herramienta con adultos. A modo general, en una entrevista grupal, se espera una mayor interacción entre los miembros del grupo (o pares) cuando dicen la verdad. La razón es que parten de recuerdos compartidos y, por eso, cuando cuentan una historia se completan, se corrigen, se miran más, etc. En cambio, contar mentiras implica que cada uno de los miembros de un grupo se basará en su capacidad individual de construir una historia en la misma línea con la de otros compañeros. No interaccionan tanto, se esfuerzan para crear una historia coherente, añaden menos información y se miran menos.

En el caso de los/as niños/as, la entrevista grupal no se ha utilizado para detectar señales no verbales relacionados con el engaño. Pero hay evidencias relativas a lo verbal, a como cuentan una historia compartida (co-narración). Se ha visto que en estas interacciones los/as niños/as utilizan la confirmación, la negación, modifican la información del otro espontáneamente y añaden información nueva.

Cuando se ha analizado el CNV relativo al engaño (de manera individual) en niños/as, este análisis venía precedido por la presentación de instrucciones explícitas o algún tipo de motivación a priori para que ocurra un comportamiento de engaño. Es decir, los/as niños/as tenían tiempo para preparárselo, no era puramente espontáneo. Posiblemente sea esa la razón por la cual se ha observado que, en edades tempranas, los que dicen la verdad no expresan un CNV muy diferente de los que mienten.

Dado que existen evidencias limitadas sobre señales no verbales de engaño a edades tempranas, uno de los objetivos de este estudio es cubrir estas carencias. Por tanto, utilizan la entrevista grupal en niños/as y se analiza el CNV espontáneo relativo al engaño. Otro objetivo es observar si el CNV es distinto cuando se miente por omisión o por acción (by commission). En el primer caso, lo que se cuenta no es falso, pero se omite información crítica. En el segundo caso, se expone una mentira intencional, un enunciado falso.

Los participantes del estudio son 45 pares de niños y niñas (pares del mismo sexo), con edades comprendidas entre 4 y 7 años. Se utiliza una versión modificada del paradigma Resistencia a la tentación, en la cual los/as niños/as tienen prohibido tocar unos juguetes, pero no otros. Un experimentador lleva a cada par de sujetos a una sala, donde hay tres mesas. Encima de una de ellas están los juguetes prohibidos, justo al lado de un espejo unidireccional, detrás del cual hay un investigador que graba. Encima de otra mesa, a la otra punta de la sala, hay juguetes con los que sí se puede jugar. En el medio de la sala, está la tercera mesa, donde los pares de sujetos se pueden sentar, hablar y jugar.

El experimentador lleva a los sujetos a la sala de juego y expone unas reglas. No se pueden tocar ni los juguetes que están encima de la mesa del espejo, ni la mesa. Sí pueden jugar con los juguetes que están encima de la mesa opuesta y tocar todo lo que quieran de ese lado. También se aplican pruebas de evaluación de correlatos sociocognitivos de la mentira (p. ej. teoría de la mente, funciones ejecutivas) para asegurar que los/as niños/as son capaces de mentir. Al final de la evaluación, cada par de sujetos vuelve a la sala de juego y el experimentador explica que se tiene que ir.

A partir de este punto, el estudio se desarrolla en cuatro fases. En la primera, los sujetos permanecen solos durante un minuto en la sala. En la segunda, una mujer desconocida entra y juega (otro minuto) con los juguetes prohibidos, sin interaccionar con los sujetos. Lo seis minutos siguientes (fase 3), los sujetos vuelven a quedarse solos. En la fase 4, el experimentador entra en la sala y les entrevista. Se les pone 4 preguntas: qué han hecho mientras han estado solos (1), si han tocado los juguetes (2, pregunta target), si se han movido de la mesa del centro (3) y si los juguetes prohibidos están cambiados de sitio (4).

En el análisis de variables demográficas (sexo, edad, etc.) se encontró una interacción con la edad: la mayoría de los que han mentido eran mayores que los que dijeron la verdad. Solo mintió una pequeña parte de los sujetos. Ante la pregunta 1, respondieron con una mentira por omisión, ocultando que han tocado los juguetes prohibido (p. ej. hemos hablado). Para mantener la coherencia, estos mismos se vieron forzados a responder con una mentira por acción ante la pregunta 2 (no hemos tocado los juguetes prohibidos).

El CNV observado al decir una mentira por omisión no mostró diferencias del CNV observado en quienes dijeron la verdad. En cambio, en las respuestas a la pregunta 2 emergen las diferencias en el CNV. En este caso, los sujetos que mintieron tardaron dos veces más en responder a la pregunta. Este hallazgo es coherente con lo que se ha observado en adultos.

En el estudio también se registró la tendencia o el acto de mirar al compañero cuando se contestaba a las preguntas. Lo que se observó es que los sujetos que mintieron tenían más tendencia de mirar hacia el compañero justo después de responder a la pregunta target, pero no en el resto de la entrevista. Esta tendencia en un momento específico tiene sentido, dado que ante esa pregunta se podía emitir una mentira como tal. No se puede saber cuál es el significado exacto de esa mirada, pero podría señalar un esfuerzo o petición de colaboración en la mentira.

En cuanto a la expresión de gestos en el discurso, se observó que los sujetos que mintieron gesticularon menos que los que dijeron la verdad. El control del lenguaje corporal puede ser un intento de crear credibilidad. Pero se destaca la dificultad de interpretar una mayor o menor expresión del lenguaje corporal, dado que, a veces, los sujetos que mienten gesticulan más para apoyar aquello que dicen y, así, parecer más creíbles.

La mayoría de los sujetos no incumplieron la regla. De los que lo hicieron, solo 2 tocaron los juguetes prohibidos en el primer minuto. Ocho sujetos incumplieron la regla cuando la mujer desconocida estaba presente. Y, por último, 33 de ellos tocaron los juguetes después de que la mujer desconocida se fuera. Esta variedad, aunque limitada por una muestra demasiado pequeña, muestra que los/as niños/as no incumplen las reglas necesariamente por tener un ejemplo, también lo hacen por su cuenta. Lo más destacable es que no hubo ningún ejemplo de la acción de mentir a lo largo del experimento, por lo que cuando se mintió fue por volición propia.

Una de las aportaciones más interesantes de este estudio es observar que, cuando se puede mentir por omisión, la detección de la mentira a través del comportamiento no verbal se complica. Las diferencias en CNV entre los que dicen la verdad y los que mienten no salieron a la luz cuando estaba presente la posibilidad de mentir por omisión. No es necesario fingir a lo largo de toda la entrevista, mientras se pueda omitir información y no mentir per se. Tener en cuenta las características de la entrevista y del contexto en el cual se examina la veracidad de unas declaraciones puede ser clave en la detección de la mentira.

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