, Conocimiento social de la mentira y credibilidad., Club del Lenguaje no VerbalAmparo Caballero, Flor Sánchez y Alberto Becerra de la Universidad Autónoma de Madrid, con el afán de conocer los procesos que facilitan la detección de la mentira, han realizado un estudio en el que buscan comprobar la incidencia del conocimiento social de mentira a la hora de juzgar algo como mentira o verdad.

Primero cuestionan la jerarquía de la información no verbal como el principal indicador conductual que delata a una persona que miente. Resultados de la investigación empírica han revelado que los juicios son más acertados cuando el emisor no es observado directamente, sino cuando los jueces escuchan y leen los mensajes, dando relevancia tanto al contenido verbal del mensaje como a la información que lo acompaña, dígase entonación, pausas, etc. Esto ha abierto el debate sobre el orden de relevancia entre el lenguaje verbal y lenguaje no verbal a la hora de detectar mentiras. Por otro lado señalan que conductas primordialmente de carácter no verbal como las alteraciones en el habla, lentitud al hablar, cambios en el tono de voz, entre otras, están asociadas de manera objetiva a la expresión de la mentira y por tanto son reconocidas como indicadores reales de mentira. Estos indicadores permitirían en teoría una detección precisa de la mentira, sin embargo los trabajos empíricos han mostrado que lo hacen con una precisión baja, que se aproxima a lo esperado por azar. Para ellos, la baja precisión en la detección se debe a errores en los juicios dando verdaderos como falsos y viceversa. La posible explicación a la aparición de estos errores es que los que desean detectar las mentiras, se dejan influenciar más por una serie de conductas que ellos subjetivamente consideran asociadas a la mentira, por ejemplo ocultar la mirada al interlocutor, tocarse alguna parte del cuerpo, juguetear con objetos o cambiar de posición, en lugar de tomar como referencia los indicadores reales de mentira. Así, estas conductas que para su juicio representan un indicador de mentira, en realidad no lo son y terminan convirtiéndose en indicadores subjetivos de mentira. ¿Y de dónde vienen estos indicadores subjetivos de mentira? Un razonamiento de esta investigación nos dice que si la gente se equivoca al formular juicios porque se dejan llevar por indicadores no verbales que ellos “creen” asociados a la mentira, es probable que existan algún tipo de “creencias” que forman parte de un conocimiento más general sobre la mentira. A lo que ellos llaman conocimiento social de mentira.

El estudio se llevó a cabo de la siguiente forma: se reclutaron 147 jueces estudiantes de psicología (116 mujeres y 31 varones). Cada juez fue expuesto a un conjunto de clips auditivos, sobre los cuales debían decidir si los mensajes que oían eran verdaderos o falsos. El estudio reveló que cuando la gente tiene que decidir sobre la credibilidad de personas desconocidas y sus mensajes incluyan información que pueda ser relacionada con el conocimiento social sobre la mentira, este conocimiento tiene clara influencia sobre los juicios. Otra conclusión es que las personas tienen organizado su conocimiento sobre la mentira en torno a dos criterios que se solapan: la situación social en que aparece la mentira, es decir, con quien, donde y cuando se produce la mentira; (ej: mentir en casa cuando se llega tarde) y el objetivo que cumple la mentira (ej: evitar una reprimenda de los padres). Así, por ejemplo, cuando alguien dice que ante la pregunta de un niño pequeño sobre si existen los reyes magos, emitir la respuesta de que sí existen, coincidiría con la respuesta típica en esas situaciones, lo que lleva a evaluar el mensaje como verdadero, que no está mintiendo. El estudio concluye con la hipótesis final de que el conocimiento social sobre la mentira influye más que cualquier otro tipo de información, ya sea verbal o no verbal, cuando se hacen juicios sobre la credibilidad de personas desconocidas.