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Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

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Expresión facial de la negación: ¿tenemos una cara de “no”? Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “The not face: a grammaticalization of facial expressions of emotion” de Benitez-Quiroz C. F., Wilbur R. B. y Martinez A. M. (2016), en el cual se indaga en la posible existencia de una expresión facial propia de la negación y su función gramatical en el lenguaje.

La comunicación humana implica lenguaje verbal y no verbal, siendo en el segundo dónde se sitúan las expresiones faciales. Curiosamente, algunas de estas expresiones faciales tienen una función gramatical. Por ejemplo, no es lo mismo decir no lo sé con cara neutra o sonriendo que decirlo con la típica expresión facial de un no lo sé (difícil de describir, pero simúlalo y lo entenderás). Si la respuesta verbal y la expresión facial van a la par, lo interpretamos como una respuesta adecuada o correcta.

Lo que muestran las expresiones faciales son emociones. Y sabemos que hay emociones con valencia positiva y otras con valencia negativa. En términos generales, cuando algo no nos gusta, no nos conviene o no estamos de acuerdo con ese algo, mostramos ira, asco o desprecio. Es decir, las emociones básicas de valencia negativa.

Conceptualmente, esas emociones sirven para expresar un juicio de valor negativo, un juicio moral negativo. Por ejemplo, cuando se violan derechos, normas o algo no encaja con nuestras creencias. Y, por tanto, con la expresión facial de esas emociones comunicamos negación y desacuerdo.

Según el Sistema de Codificación de las Acciones Faciales (FACS) de Ekman, cada emoción se compone de unidades de acción (AUs). Estas AUs son acciones de músculos de la cara, tal como la contracción. Por ejemplo, vemos en la siguiente imagen, de izquierda a derecha, las AUs de ira, asco, desprecio y de la expresión facial compuesta de ira y asco (algo así como cuando estamos disgustados con algo).

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Los autores del estudio plantean la hipótesis de que también tenemos una expresión facial que exprese el juicio moral negativo. Asimismo, defienden que dicha expresión es la que sirve de marcador gramatical de la negación. Por tanto, ¿existe la cara de no?

Para que podamos decir que existe una cara de no, hace falta verificar que se da en varias culturas o idiomas. Si ocurre, se puede plantear la posibilidad de un origen biológico de tal expresión facial. Por eso, los autores analizan en un primer experimento las expresiones faciales de hablantes nativos de inglés, español, chino mandarín y lengua de signos. Se pide a los participantes que emitan facialmente una negación y sin mover la cabeza.

Si quieres, antes de seguir leyendo, grábate unos segundos intentando expresar una negación o desacuerdo solo con la cara y sin mover la cabeza.

En un segundo experimento, los participantes leen una frase, la memorizan y luego la repiten, mientras se graban sus caras. Las frases son muy diversas: afirmaciones, negaciones, interrogaciones afirmativas y negativas. Por ejemplo: Brad cocina pescado a la parrilla; Brad no cocina pescado a la parrilla; ¿Puede John comerse el último trozo de tarta?; ¿Por qué no ha encendido Mary ya la parrilla?.

En la lengua de signos existen marcadores no manuales que tienen una función gramatical. Se utilizan en conjunto con marcadores manuales o sin ellos. En el caso de la negación, el movimiento de la cabeza a los lados es el marcador no manual. ¿Habrá expresiones faciales típicas de la negación también en las personas que utilizan el lenguaje de signos? Para responder a esta pregunta, en el tercer experimento, participantes que utilizan el lenguaje de signos expresan las mismas frases utilizadas en experimento anterior.

En un cuarto experimento se atienden las frecuencias de producción de la expresión facial de negación. La frecuencia de producción de las silabas (incluso en lengua de signos) oscila universalmente entre 3 y 8 Hz. Las células del córtex auditivo humano también oscilan con esta frecuencia. Se cree que es para facilitar la segmentación de las señales de lenguaje y poder distinguirlas de otras señales no lingüísticas. Si la cara de no tiene un uso gramatical y el cerebro la interpreta como un marcador gramatical, entonces su ritmo debería ser similar al observado en el discurso verbal y en la lengua de signos.

Si antes te has grabado poniendo cara de negación, es hora de analizarlo. ¿Se parece con alguna de estas imágenes?

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Los resultados del primer experimento muestran que la cara de no existe. Sería una expresión facial compuesta por AUs que forman parte de la expresión de ira (AU4 y AU7), asco (AU17 y AU 24) y desprecio (AU14). Es decir, de las tres emociones básicas con valencia negativa. El 70% de las veces se da: bajada de la punta/esquina interna de la ceja (AU4), subida de la barbilla (AU17) y una de las AUs de presión entre el labio inferior y superior o ambas (AU14 y 24). Esta presencia a un 70% es comparable con la consistencia observada en el uso de AUs de las expresiones faciales universales de las emociones básicas (>70%). Por otro lado, AU7 solo aparece el 30% de las veces. Es un movimiento de apretar los párpados y se da normalmente en la expresión de la ira.

Los resultados del segundo experimento mostraron la presencia de cara de no 41 veces (2,83%). De todas ellas, 12 se corresponden a las frases negativas. Todas estas se dieron tanto en inglés, como en español y chino mandarín. De las 41, 17 emergieron cuando se indicaba al experimentador que la frase a memorizar fue olvidada. Diez se dieron a posteriori de una reproducción incorrecta de dichas frases. Los dos restantes se dieron en la emisión de afirmaciones. Cabe destacar que la mayoría de las caras de no se dieron en los nativos de inglés americano. Esto es congruente con evidencias que indican un énfasis expresivo mayor en la cultura americana comparada con otras culturas.

El experimento 3, orientado a la lengua de signos, también mostró la presencia de la cara de no en aproximadamente un 15% de las frases de negación.  De todas las veces que aparece, la cara de no se da mayoritariamente en conjunto con el movimiento de la cabeza que indica negación (94,1%). También aparece muchas veces en conjunto con el marcador manual de la negación (62,7%). Por último, la cara de no también se registra como único marcador, pero bastante menos (3,4%).

En cuanto a la frecuencia de producción, se observó que la cara de no encaja una frecuencia theta. La media a lo largo de los tres idiomas hablados fue de 5,68 Hz. Más específicamente, en inglés la frecuencia media fue de 4,33 Hz, en español 5,32 Hz y en chino mandarín 7,49 Hz. En el caso de lengua de signos, la media de la frecuencia de producción de las caras de no fue de 5,48 Hz y, por tanto, con oscilaciones theta.

¿Conclusiones? Las expresiones faciales, además del importantísimo papel en el lenguaje no verbal, también puede tener funciones gramaticales. Podrían ser los precursores de los lenguajes hablados, pero poco se conoce en estos términos. Según este estudio, tenemos una cara de no y esta expresión facial podría darse a lo largo de diversas culturas en conjunto al discurso verbal y como marcador gramatical. Así que no solo vale con decir sí, tu cara puede decir no y tu interlocutor puede que lo note incluso sin saberlo.

 

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Las posturas corporales del poder y estereotipos de género. Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Implicit reactions to women in high power body postures: less wonderful but still weaker” de Bailey A., Lambert R. y LaFrance M. (2020), en el cual se analiza el impacto de los estereotipos de género en la percepción de poder y de las posturas corporales asociadas al poder.

A pesar de que la participación femenina haya aumentado en muchas áreas laborales, sigue habiendo deficiencias en cuanto a la ocupación de puesto de poder. El techo de cristal existe y una razón de su existencia puede deberse a que las personas no perciben a las mujeres como poseedoras de atributos relativos al poder.

El poder se define como el tener control sobre resultados y sobre recursos de valor. Es un concepto cuyos componentes se solapan a lo largo de otros conceptos: liderazgo, alto estatus y dominancia. Y los tres reflejan verticalidad.

De todos los comportamientos que denotan poder, los comportamientos no verbales conforman una ruta plausible a través de la cual las personas pueden transmitir poder sin generar reacciones negativas en otros. Una de las señales no verbales de poder es la postura corporal.

¿Tiene la postura corporal efectos diferentes según el género? Vamos a averiguarlo. El género es un elemento importante que impacta en la formación de impresiones. Es decir, la percepción e impresión que uno se hace de otra persona en los primeros 100 ms de contacto.

Los estereotipos de género incluyen tanto evaluaciones como expectativas relativas al poder. Y si impactan en la formación de impresiones, por más poderosa que se muestre una persona, su género puede ser como una sombra que tapa cualquier otra señal que indica poder y otras características.

Teniendo siempre en la mente el impacto de los estereotipos de género y los roles asociados, se destacan algunas diferencias en cuanto al poder que provienen de investigaciones previas. Las mujeres suelen caer mejor a otras personas, pero los hombres suelen ser percibidos como más poderosos.

A la mujer se le asocia constantemente rasgos como calidez, bondad, cercanía y otras con una valencia afectiva similar. En cambio, a los hombres se les asocian rasgos como la agencialidad y otros de carácter más instrumental. Esto es importante porque los rasgos más instrumentales también están ligados al éxito y a roles de alto poder.

En términos generales, hay múltiples asociaciones similares entre conceptos, roles de género, atributos, etc., que generan dificultades para que las personas sean capaces de asociar rápidamente (como en las primeras impresiones) mujer y poder.

¿Y qué importancia tiene el comportamiento no verbal en todo esto? Investigaciones previas indican que los comportamientos no verbales tienen la capacidad de hacer que se superen los estereotipos de género. Las mujeres y hombres que muestran señales no verbales de poder consiguen reflejar rasgos de poder de manera similar.

Además, se ha visto que las mujeres que expresan alto poder a través de lo verbal suelen ser vistas como menos poderosas que los hombres que han dicho exactamente lo mismo. En cambio, cuando la expresión del poder se concentra en el lenguaje no verbal, se evitan esas reacciones negativas y discriminadas según el género.

El efecto de las posturas corporales en la percepción de poder según el género no queda claro en las investigaciones previas. Por eso, los autores analizan tales efectos a lo largo de tres estudios. Se analizan posturas corporales expansivas o abiertas versus cerradas o contraídas.

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En el estudio 1 se analizaron reacciones afectivas ante imágenes de mujeres y hombres con ambas posturas corporales antes mencionadas. En la imagen observamos las posturas expuestas a los participantes.

Las reacciones afectivas son automáticas. Por otro lado, los estereotipos aun de ser superados a nivel explicito, pueden permanecer a nivel implícito y seguirán impactando en la percepción, impresiones, emociones y expectativas, así como en las conductas posteriores. Por ello, las medidas utilizadas en los tres estudios son implícitas/indirectas.

Dadas estas condiciones, en el primer estudio se utiliza una tarea de priming. Los participantes ven durante corto tiempo una imagen de las anteriores, seguida de 150 ms de pantalla en blanco, 125 ms de un carácter chino y pantalla en gris hasta pulsar una tecla de respuesta.

Ante esta situación, los participantes debían pulsar i si evaluaban el carácter chino como agradable o e si lo evaluaban como desagradable.  Las respuestas, aunque se evalúen los caracteres chinos, reflejan actitudes afectivas ante las imágenes primadas (posturas y género).

En los estudios 2 y 3, se utiliza una tarea de interferencia cognitiva tipo Stroop. Aparecen imágenes como las anteriores una tras otra. Los participantes deben clasificarlas rápidamente como alto versus bajo poder o como sumisión versus dominancia. El tiempo de respuesta mostrará si hay diferencias en función del género en la percepción del poder.

Las posturas corporales abiertas y expansivas suelen expresar poder. No obstante, los resultados de esta investigación indican que expresan poder en mayor o menor medida según el género y ello impacta en las medidas implícitas. Es decir, los participantes no son conscientes de ello y podría haber resultados distintos si se utilizaran medidas directas.

Para entenderlo más fácilmente, supongamos que tenemos que elegir una persona para un puesto directivo. Si nos preguntan si queremos excluir del cribado a las mujeres, muchos de nosotros tendríamos muy claro la discriminación que eso supone.

En cambio, ser conscientes de ello no asegura que en el cribado no estemos descartando a las mujeres. Los estereotipos de género y, en este caso, asociar al hombre con el poder, puede hacer, por ejemplo, que dediquemos menos tiempo a la lectura de CVs de las mujeres y que, en consecuencias, consideremos que no hay una mujer apta para ese puesto en la muestra que analizamos.

De hecho, cuando en este estudio se piden razonamientos explícitos y controlados sobre el poder, el género no muestra ningún efecto. Es decir, no se encontraron diferencias en la percepción de poder según género y posturas corporales.

Los autores han observado que las mujeres con posturas corporales cerradas fueron evaluadas como más agradables que los hombres en la misma postura. En cambio, entre mujeres y hombres con posturas abiertas no se observaron diferencias en dicha evaluación afectiva.

Por lo tanto, las mujeres con posturas abiertas no son percibidas como tan agradables que las mujeres con posturas cerradas. Por lo menos no aparecen diferencias inter-género cuando se trata de posturas abiertas, pero sí las hay con posturas cerradas.

El género parece provocar interferencias en las percepciones implícitas del poder. Por un lado, los participantes tardaron más tiempo en clasificar a las mujeres con posturas abiertas como poderosas. Por otro lado, también tardaron más en clasificar a los hombres con posturas cerradas como poco poderosos. No obstante, cabe destacar que no hay diferencias en las respuestas de los participantes según su género.

Por tanto, parece que a las mujeres con posturas relacionadas con el poder, aunque en última instancia sean percibidas como poderosas, cuesta más situarlas en esa categoría, lo que se puede entender como una percepción de poderosas, pero menos que los hombres. Del mismo modo, cuesta considerar que un hombre con una postura cerrada es igual de poco poderoso que una mujer con la misma postura. Es decir, sumiso, pero no tanto como una mujer.

Lo más importante es, no solo el impacto de los estereotipos en nuestras percepciones, sino también esa permanencia de su influencia a nivel implícito, a pesar de superar un pensamiento consciente basado en estereotipos de género. Sí, nos queda mucho trabajo por hacer.

Por último, el comportamiento no verbal, y en este caso las posturas corporales, no solo nos informan de conceptos tan complejos como el poder, sino que nos puede ayudar a ser conscientes de las limitaciones que tenemos en la formación de impresiones.

Curiosamente, solemos considerar el lenguaje no verbal en términos de información que otros nos trasmiten y especialmente sobre ellos mismos. En cambio, este estudio es un perfecto ejemplo de cómo el lenguaje no verbal de otros y la interpretación que hacemos de él habla también de nosotros mismos.

 

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Querido desconocido, si te sonrio ¿creerás que soy buena persona? Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, hoy presentamos el artículo “Are attitudes Contagious Exposure to biased nonverbal signals can create novel social attitudes” de Skinner A. L. y Perry S. (2019), en el que se examina la posibilidad de que las señales del comportamiento no verbal de unos individuos cambien, produzcan o “contagien” actitudes sesgadas en otros individuos.

Imagínate que subes en el metro y, cuando entras por la puerta, observas que en el lado izquierdo está lleno de personas y en lado derecho solo una. Las personas que acaban de subir contigo miran a ambos lados y también se sientan en el lado izquierdo del vagón. ¿Dónde crees que te vas a sentar tú? Si piensas que depende de las características de la persona que está a la derecha, puede que te equivoques. ¿Y de qué dependerá?

En los estudios relacionados con las actitudes que generamos hacia otros cuando se nos informa verbalmente sobre aspectos o acciones de estos, se observó que solemos generar actitudes congruentes con el tipo de información que recibimos. Si es negativa, la actitud tenderá a ser negativa, si es positiva, probablemente pasará lo mismo con la actitud. Por lo tanto, la información verbal que se recibe sobre otros impacta sobre las actitudes que se generan hacia ellos. La cuestión es que, en la mayoría de las situaciones sociales, las señales que recibimos sobre los demás no son tan explícitas, sino son más bien señales no verbales.

A modo general, asociar estímulos agradables o desagradables (imágenes, olores, hechos, etc.) con otros estímulos (personas, objetos, acciones, etc.) da lugar a un proceso llamado condicionamiento evaluativo. Por ejemplo, si nos dicen que el vecino de enfrente ayuda a otro vecino mayor con la compra, es probable que la actitud que generemos hacia esa persona sea positiva, sin tener más conocimientos sobre ella. Esa actitud positiva se puede reflejar en multitud de cosas (p. ej. intención de comunicarnos con la persona) y la información positiva que hemos recibido influirá en las interacciones posteriores que tengamos con esa persona, será un condicionante de la evaluación que hacemos de ella. Por lo tanto, sea positiva o negativa, no deja de ser una actitud sesgada.

Lo desconocido se encuentra en la influencia que pueda tener ver, por ejemplo, a un compañero de trabajo que sonríe siempre al que trae el correo, que expresa gestos de agradecimiento o le da la mano para saludarle con mucha ternura. ¿Influirán esas señales no verbales que observamos en nuestra actitud hacia el que nos trae el correo? En esta dirección va el estudio que presentamos. Exploran la posibilidad de que exposición a señales no verbales puede sesgar, cambiar o producir actitudes sociales, implícitas o explicitas, hacia individuos desconocidos.

Se llevan a cabo 3 experimentos. En el primero, los sujetos deben ver videos sin sonido (5-20 seg/10 min) en el cual hay dos personas. Una de ellas expresa señales no verbales positivas hacia otra persona objetivo: sonrisa cálida, acercamiento y afirmación con la cabeza. También observan a otras dos personas, donde la persona que expresa es la misma de antes, pero parece enfadada, frustrada, desaprueba con la cabeza al objetivo y se aleja de él, es decir, un comportamiento no verbal negativo. Se hacen dos versiones de este experimento: sujetos que participan en una versión online versus sujetos que participan de manera presencial, en el laboratorio.

En ambas versiones los resultados son similares y el hallazgo más destacable es que los participantes generan actitudes explícitas congruentes con el tipo de señales no verbales hacia los objetivos. Cuando el objetivo había recibido señales no verbales positivas (p. ej. sonrisa), se valoraba mejor a dicho objetivo. Los participantes estaban más dispuestos a compartir cosas con ellos (distancia social) o a ayudarles (comportamiento prosocial). Cuando el objetivo había recibido señales no verbales negativas, ocurrió aquello que es congruente: se desea más distancia social del objetivo, se le valora de manera más negativa y se le ayudaría menos.

A diferencia del experimento 1, donde las señales no verbales fueron más relativas y más ambiguas, en el experimento 2, las señales no verbales son mucho más marcadas (y menos ambivalentes) y esto se consigue a través de la inclusión en el video de varias personas a la vez y a través de unas respuestas mucho más neutrales por parte de los objetivos. Si varias personas desaprueban a otras, las señales no verbales tienen más fuerza.

Se editan los videos para asegurar que los que reciban señales no verbales negativas o positivas sean solo de un tipo, sin ninguna ambivalencia, y también para que el tiempo que ocupen los objetivos en el video sea mucho más corto que el tiempo de visualización de los que expresan las señales (controlando la neutralidad de los objetivos).

Con este segundo experimento consiguen confirmar los resultados anteriores. Por lo tanto, encuentran una influencia del tipo de señales no verbales que han recibido los objetivos en la evaluación que se hace de ellos, siendo esta evaluación congruente con el tipo de señales: positivos o negativos.

En los dos experimentos previos, los objetivos siempre fueron hombres. Por esta razón, en el tercer experimento los objetivos son mujeres. Se hacen las mismas mediciones, excepto una nueva añadida: se les pregunta a los sujetos si creen que sus actitudes hacia los objetivos se vieron influenciadas por algo y si es que sí, de donde creen que viene esa influencia.

Una vez más, encuentran los mismos resultados y, además, es destacable que ocurre lo mismo en términos de actitud explícita también con mujeres. Por lo tanto, este último estudio muestra la generalización de la influencia de las señales no verbales con independencia al género. En cuanto a la nueva medida, 30% de los participantes consideraron que lo que influyó en sus actitudes es la manera en la que los objetivos fueron tratados. En cambio, 60% de los sujetos consideraron que sus actitudes se produjeron por cómo se comportó el objetivo. Recordad que, en realidad, los objetivos daban una respuesta neutra, lo que implica que los participantes atribuyeron las señales no verbales que recibieron los objetivos a su comportamiento (que no han visto).

Aunque no lo hemos mencionado en cada experimento, también se midieron efectos implícitos en las actitudes con un Test de Asociación Implícita. Es decir, se comprobó si se produjeron actitudes sesgadas de manera más profunda, desde donde la expresión de una actitud se convierte en automática, se generaliza o genera estereotipos. No se ha observado de manera significativa ninguna producción de actitudes sesgadas (por el tipo de señales no verbales) a nivel implícito.

El estudio se aleja un poco de la diversidad real de situaciones en las que el comportamiento no verbal puede sesgar una actitud, dado que tiene lugar en un contexto libre de sesgos culturales (p. ej. raciales, todo son blancos). Además, los autores consideran que, si en exposiciones tan cortas a señales no verbales pudieron encontrar influencias en las actitudes, casi no quedan dudas de que, en las largas exposiciones de la vida real, las actitudes cambian, se producen unas nuevas o se ven influenciadas de alguna forma.

Aunque aparentemente aporta evidencias débiles, este estudio presenta datos nuevos sobre la relación entre comportamiento no verbal y actitudes, porque las evidencias existentes se centran en esta relación, pero a nivel intra-grupal – en círculos sociales donde todos se conocen o comparten características clave de dicho grupo social (raza, nacionalidad, etc.).

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Reconocimiento de la emoción, locus de control y dificultades emocionales y conductuales en niño. Club de Lenguaje No Verbal

niño rechazados - Reconocimiento de la emoción, locus de control y dificultades emocionales y conductuales en niño. Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “The Association of children’s locus control orientation and emotion recognition abilities at 8 years of age and teacher’s rating of their personal and social difficulties at 10 years” de Nowicki, Bliwise y Joinson. En este artículo nos hablan de la relación entre los problemas de reconocimiento de las emociones en la expresión facial, la orientación del locus de control y los problemas conductuales y emocionales en niños.

En el presente estudio se hipotetizaba que los niños de ocho años que son menos exactos en el reconocimiento emocional de rostros y voces, cuyo locus de control sea externo y que sean de sexo masculino, tendrán más posibilidades de que sus maestros los señalen como que tienen mayores dificultades emocionales y conductuales a la edad de diez años.

La muestra se obtuvo del Estudio Longitudinal de Avon para Padres e Hijos (ALSPAC) que era un estudio prospectivo de cohorte de nacimiento basado en la población y diseñado para investigar la interacción del medio ambiente y el genotipo en la salud y el desarrollo de los niños. Se mantiene el contacto activo con unos 10.000 niños de la región de Avon (suroeste de Inglaterra) que nacieron entre 1991 y 1992.

La información sobre el reconocimiento de la expresión fácil se recogió basándose en el Análisis de Diagnóstico de Precisión No Verbal 2 (DANVAC 2), en el cual había pruebas de rostros y de voces de niños. La de rostros constaba de 24 fotografía de caras de niños, cada rostro mostraba una de las siguientes emociones: miedo, felicidad, tristeza e ira. Las imágenes eran a color de niños y niñas en edad escolar, cada una de ellas se mostraba durante dos segundos. Después el niño tenía que identificar la emoción que se mostraba. Las imágenes incluyen tres estímulos de alta intensidad y tres de baja intensidad para cada emoción. La prueba de voces eran 24 grabaciones donde los niños decían la frase: “Voy a salir de la habitación, pero volveré más tarde”. Las emociones representadas eran la felicidad, la tristeza, la ira y el miedo, mostraba tres estímulos de alta intensidad y tres de baja intensidad para cada emoción.

Para medir el locus de control se utilizó la versión inglesa de la Escala de Control Interno – Externo de Nowicki y Stickland (CNSIE). Una persona que obtenga la calificación de “interno” tiene más resultados donde los eventos están bajo su control que una persona “externa”.

Se utilizó el WICS – II para evaluar la función cognitiva, que era la versión más actualizada de la Escala de Inteligencia para niños e Wecksler. Se usó una versión corta ya que se utilizaban solo los elementos aleatorios, excepto en la prueba de codificación que se usó entera.

Los profesores completaron el Cuestionario de Fortalezas y Debilidades (SDQ) que es una prueba muy utilizada en salud mental de niños y adolescentes. Mide cuatro constructos de salud mental: dificultad de atención/ hiperactividad, problemas de conducta, síntomas emocionales y comportamiento prosocial. Cada uno de ellos se mide a través de cinco ítems calificados con una escala de Likert de tres puntos. Cada constructo se valora del 1 al 10 siendo la puntuación más alta la que indica graves problemas de salud y un comportamiento prosocial más bajo.

La literatura previa sugiere que las habilidades de procesamiento no verbal son importantes para el bienestar de los niños y niñas, pero existen diferencias de género para estas habilidades, así como para los problemas emocionales y de comportamiento que se experimentan. Los resultados de este estudio son consistentes con la literatura previa, ya que se encuentra diferencias en el número total de emociones y de comportamientos. Los maestros informaron de un número mayor de problemas en los chicos que en las chicas y de un locus de control externo mayor en niñas que en niños. Además, los chicos tenían más errores en el reconocimiento de caras felices, voces tristes, caras enfadadas y voces con miedo, mientras que las niñas tuvieron más errores en el reconocimiento de las voces felices.

El coeficiente intelectual verbal, el género, la cantidad de errores de reconocimiento de la emoción en los rostros tristes, enfadados y con miedo y el locus de control surgieron de los análisis como predictores estadísticamente significativos de las dificultades emocionales y los problemas conductuales.

Para evaluar si los errores en la identificación de emociones en caras y voces reflejaban un sesgo específico o se distribuían de forma más aleatoria, los análisis se repitieron con un enfoque en un patrón específico de errores. Estos análisis revelaron efectos principales estadísticamente significativos para clasificar incorrectamente las expresiones como felices, tristes o temerosas a los ocho años en relación a un mayor número de calificaciones por parte de los profesores de tener problemas emocionales y conductuales a los diez años. También fueron factores predictivos de estos problemas el CI verbal, el género y el locus de control externo.

Por tanto, como se había hipotetizado los niños que fueron menos precisos en la identificación de emociones tuvieron más dificultades según las evaluaciones de sus profesores. Esto es así porque para un buen funcionamiento los niños necesitan saber como se sienten sus compañeros y las expresiones faciales son una buena fuente de información. Aquellos niños que tengan dificultades en el procesamiento de las caras tendrán mayores dificultades a la hora de hacer amigos que es un objetivo importante en esa etapa de la vida. Los niños tuvieron más errores en el reconocimiento de la ira que las niñas, aunque no mostraban un sesgo de atribución errónea hacía esa emoción. Los errores con las caras enfadadas se asociarán con dificultades emocionales y de comportamiento social, ya que no identificar bien esa emoción aumenta las posibilidades de dificultades sociales. El reconocimiento de la voz se presentó como menos importante ya que los niños dependen más de lo que ven que de lo que escuchan.

En relación al locus de control mostraron más problemas aquellos que tenían uno externo. La existencia de una fala de conexión entre el comportamiento y los resultados interfieren con que los niños aprendan de sus malos comportamientos. Además, hace menos probable que persistan en alcanzar una meta o en que acepten la responsabilidad de sus acciones o en la recopilación de información, ya que ven los resultados como productos de la suerte o del destino. El poseer un locus externo está asociado a resultados negativos de personalidad, sociales y emocionales.

Como se había hipotetizado los maestros señalaron que presentarían más dificultades los niños que las niñas. Estos resultados hay que tomarlos con cautela porque la mayor parte de los maestros son mujeres. Las maestras pueden ser más propensas a ver el comportamiento típico de los niños como un mal comportamiento en niños varones. Además, también puede ser que los malos comportamientos más visibles en el aula sean los de los niños ya que las niñas suelen enfocar esos problemas a su interior y no hacerlos tan visibles.

En conclusión, los niños varones de ocho años que eran peores en el reconocimiento de las emociones y tenían un locus de control externo eran calificados como poseedores de mayores dificultades emocionales y conductuales por sus profesores a los diez años. No se encontraron interacciones entre los tres factores predictivos y los resultados. Los efectos fueron aditivos y no condicionales.

Las intervenciones para mejorar las habilidades de reconocimiento de emociones y para guiar el aprendizaje apropiado de los niños en la orientación del control pueden ayudar a reducir el número de dificultades en el colegio. Los ejercicios enfocados en grupos pequeños en la lectura de expresiones faciales durante seis semanas mejoraron la capacidad de los niños para identificar la emoción en las caras de adultos y niños. Se requiere una investigación más profunda en este aspecto al igual que en comprobar si se puede realizar una intervención para volver más interno el locus de control.

Contacto y contexto: manifestación de la comunión o de la dominancia. Club de Lenguaje No Verbal

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Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Keeping in touch with context: non-verbal Behavior as a manifestation of communality and dominance” de Sejerdej, Simão, Waldzus y Brito. En este artículo hablan de como un el contacto háptico puede tener un significado de comunión con la otra persona o de dominancia dependiendo de una serie de características.

El tocar es un comportamiento fundamental y complejo en la vida social diaria, ya que posee multiples formas y significados. Varía en duración y puede producirse con múltiples partes del cuerpo, pueden ser contactos simultáneos o con un orden.

El contacto háptico transmite proximidad e intimidad y ayuda a establecer y mantener relaciones cercanas. Investigaciones neuroendocrinológicas muestran que los contactos liberan oxitocinas y endorfinas, que están biológicamente relacionadas con las conexiones sociales. También facilita la liberación de dopamina, que hace aumentar la sensación de placer. Otros descubrimientos sugieren que el contacto realza el comportamiento prosocial, que influye en el comportamiento e incrementa la obediencia.

Por otro lado, algunas formas de contacto pueden transmitir, de manera intencionada o no, mensajes relacionados con la jerarquía, que pueden influir tanto en los observadores como en los propios actores. Hay evidencias que muestran que los diferentes tipos de contacto influyen en el poder y en el estatus. Muchas investigaciones muestran que la iniciación en los contactos hápticos frecuentes produce una diferencia en el poder en las relaciones entre dos personas, estableciéndose este efecto para aquellos que inician el contacto.

En el presente estudio se investiga las condiciones para que se perciba intimidad y poder que los contactos hápticos provocan en los observadores combinando cuatro características: iniciación, reciprocidad, grado de formalidad del contacto y el contexto en el que se produce. La idea de base es que el significado de la relación no es sólo producto del contacto, sino que es el resultado de la combinación de las características del contacto.

El contacto es parte del sistema de relaciones con la comunidad, porque la conexión entre los cuerpos crea la experiencia de unión y de comunión. Por otro lado, cuando una persona inicia el contacto otra lo recibe y esto puede ser un signo de asimetría, característico de las relaciones jerárquicas, y, puede crear la impresión de dominancia. Por tanto, se puede crear la sensación de dominancia o de comunión a través del contacto. Para descubrir cómo surgía cada una de ellas se realizaron dos estudios donde se mostraba un vídeo donde un actor tocaba a otro de manera informal o formal y donde ese contacto podía ser o no recíproco. Posteriormente se medía la percepción de la relación existente entre las dos personas que habían participado en el vídeo.

En el primer estudio se hipotetizó que la persona que iniciaba el contacto expresa una intención de comunión en la relación a través del contacto háptico, especialmente cuando se realizaba en un contexto informal y expresa dominancia si no había relación. También se incrementará la percepción de dominancia en el recibidor y si el contacto es recíproco y se incrementará la comunión si se realiza un gesto de aceptación especialmente en un contexto informal.

El estudio se realizó con 172 participantes (119 mujeres y 53 hombres) de entre 17 y 69 años usando una lista de emails de una universidad portuguesa. El experimento consistía en unas breves instrucciones y el visionado de un vídeo con una interacción entre dos hombres para después contestar unas preguntas sobre el mismo. Se usaron diferentes videos, uno donde el contacto era formal y otro donde era informal. También había uno donde había reciprocidad y otro donde no. Además, de un último donde no se producía contacto ninguno. La formalidad se basa en la intimidad que implicaba el contacto. Se llevó a cabo un pretest donde se determinó que, quitando el choque de manos, el contacto que implicaba menos intimidad era el toque en el hombro y que que más era el toque en la rodilla.

Los videos fueron grabados por dos actores profesionales que hablaban entre ellos, ambos a la misma distancia de la cámara, detrás de ellos había una mesa y una pared en blanco. Los actores mantenían una conversación, pero estaba silenciada y no era entendible. En lo relativo al contacto, uno de los actores tocaba al otro en mitad de la conversación durante un segundo. En el contexto informal pone la palma de la mano en la rodilla del otro. En el formal la pone en el hombre. En la situación de reciprocidad, el segundo actor tocaba al primero de la misma manera unos segundos después. Cada participante veía solamente un vídeo al azar y tenía que verlo hasta el final para poder contestar el cuestionario.

El contacto especialmente el informal hace que se perciba con una intención de comunión. La iniciación del contacto incrementa esa percepción, sin importa el tipo de contacto. La reciprocidad afecta al recibidor, pero no al iniciador, ya que le primero es percibido como más tendente a la comunión en el caso informal, que si no es recíproco.

Ningún tipo de contacto, ni de reciprocidad hace que se perciba la dominancia ni en el iniciador ni en el recibidor. Los últimos indicios piden precaución. ¿Por qué no se perciben cambios en la dominancia? Cuando los observadores no tienen ninguna pista sobre la interacción observada, pueden dudar en hacer inferencias relacionadas en términos de asimetría. Si el gesto que se realiza no es muy agresivo lo interpreta como de comunión por defecto. Es posible que para sacar otros significados sea necesario mayor información del contexto. También, puede deberse a que los participantes fuesen estudiantes y por tanto en su entorno sean más habituales los contextos de comunión que los jerarquizados y hayan interpretado así la relación presentada en los vídeos. Por tanto, hay que enfatizar la importancia del contexto. En entorno más jerarquizado, como podría ser una organización, hubiera cambiado la percepción de la dominancia en la interacción a estudiar.

En el segundo experimento se estudió el contacto háptico en un entorno más formal. Investigaciones anteriores señalaban que, en contextos jerarquizados, las personas con menos estatus iniciaban más los contactos formales y las de estatus superiores iniciaban tanto contactos formales como informales. Se propuso que la reciprocidad del contacto tendría más significado para los observadores cuando el tipo de contacto casara con el contexto de la interacción. Por ello se esperaba que en un contexto jerarquizado la reciprocidad de un contacto formal neutralizará la asimetría entre los sujetos; mientras que en un contexto menos jerarquizado la reciprocidad de un contacto más informal reduce más la asimetría que si fuera un contacto formal.

El estudio contó con 190 participantes (127 mujeres y 63 hombres) y se realizó online a través una lista de emails de una universidad portuguesa. El procedimiento fue similar al del estudio uno salvo que en este se les pedía que describiesen lo que era para ellos una persona con autoridad antes de visualizar los mismos vídeos que en el estudio precedente.

En este estudio se concluyó que quien iniciaba el contacto se veía como más dado a la comunión, independientemente de si el contacto era formal o no. Se incrementó la percepción del recibidor si había reciprocidad, aunque no se encontraron diferencias en el tipo de contacto. La reciprocidad del contacto en contextos no jerarquizados reduce la diferencia entre la comunión percibida en el iniciador y en el recibidor cuando el contexto es informal, pero no cuando es formal. En contexto jerarquizados pasa lo mismo con los contactos formales.

En cuanto a la dominancia, se probó que el dominio era mayor cuando no había contacto recíproco. El contacto no recíproco incrementa la percepción de dominio en el iniciador del mismo y baja la percepción en el recibidor del contacto. La reciprocidad anula ese efecto. Por otro lado, la eliminación de la asimetría de dominancia se debe a la disminución de la dominancia en el iniciador mediante la reciprocidad del contacto informal en contexto no jerarquizados y del contacto forma en contextos jerarquizados.

Para concluir los estudios se centraron en descubrir la relación entre la iniciación, la reciprocidad, el grado de formalidad del contacto háptico y el contexto de la interacción. Los resultados muestran que la inferencia que sale por defecto cuando se observa un contacto es la de comunión. Pero no queda claro si depende de la formalidad de contacto. Otra inferencia adicional sería la presencia o ausencia de asimetría en la dominancia siempre que se observe todo el contacto y se ponga en un contexto. A pesar de que estadísticamente no presentó una relación significativa los efectos condicionales indican que la reciprocidad de un contacto formal es más significativa en un contexto jerarquizado, ya que iguala a ambos interlocutores y lo mismo ocurre en un contexto no jerarquizado con el contacto informal.

El iniciador siempre es percibido como con una intención de comunión que el recibidor, aunque hay que tener en cuenta los límites que presenta una investigación de laboratorio. Cuando el contexto es neutro, el iniciador es percibido como poseedor de una intención de comunión. Sin embargo, en el contacto cercano, la diferencia entre el contacto formal e informal desaparece. En una situación amistosa cualquier tipo de reciprocidad aumenta la percepción de comunión en la persona que lo realiza.

La iniciación del contacto expresa dominancia especialmente en un contexto jerárquico. Sin embargo, en estudios precedentes y en el estudio dos incluso en el contexto no jerárquico el iniciador era percibido como más dominante que el recibidor. Esto puede ser así por la asimetría de poder que presentan algunos contextos, por tanto, el que inicia el contacto aumenta su dominancia. El recibidor puede contrarrestar la asimetría con un contacto recíproco, que será visto como una toma de iniciativa por parte del observador.

Como conclusión, se puede decir que, si bien el contacto es, en general, una forma de comportamiento relacional, solo se pude decodificar su significado correcto atendiendo a la combinación de las siguientes características, iniciación, reciprocidad, tipo de contacto y contexto situacional.

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