Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Prosodia emocional (página 1 de 4)

La voz es un reflejo de nuestras emociones. Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “The primacy of categories in the recognition of 12 emotions in speech prosody across two cultures” de Cowen A. S., Laukka P., Elfenbein H. A., Liu R. y Keltner D. (2019), en el cual se analiza el reconocimiento emocional a través de la voz y el significado compartido entre dos culturas.

El reconocimiento de las emociones es fundamental para las interacciones sociales. Los adultos, a través de cara y voz, muestran brevemente emociones que guían a sus descendientes a través del entorno. Estas muestras breves también son importantes para negociar del status, generar confianza o discernir entre afectos y compromisos. Podríamos enumerar decenas de funciones de las emociones. Y no hay dudas sobre la utilidad de ser capaces de reconocerlas en nosotras mismas y en otras personas.

Por tanto, la expresión y el reconocimiento emocional ocupan un lugar central en la vida social. El reconocimiento humano de las expresiones faciales y vocales emocionales se procesa en regiones específicas del cerebro. Este proceso se preserva de manera similar a lo largo de múltiples culturas. Además, tiene a su homologo evolutivo en múltiples especies de primates y otros mamíferos.

Alrededor de los dos años, una persona ya es capaz de identificar 5 emociones positivas a partir de vocalizaciones emocionales. Las personas llegan a poder expresar unas 15 emociones diferentes a través de la voz. La clave de la expresión vocal emocional parece ser la prosodia.

La prosodia es un componente de gran importancia del comportamiento no verbal. Es un patrón no léxico de melodía, ritmo y timbre que se da en el discurso. Añade a las palabras sensaciones emocionales y actitudes hacia aquello de lo que se habla. Diversos estudios han sugerido que a través de la prosodia se pueden expresar hasta 12 categorías emocionales. Además, también puede añadir al mensaje vocal características afectivas más amplias, tales como la valencia o el arousal.

Por ejemplo, cuando alguien nos saluda con un simple hola, somos capaces de detectar cierta valencia emocional (positiva vs negativa). Aun sin ver la cara del emisor, no nos suena igual un hola corto y rápido que un holaaa.

El estudio pretende responder a diferentes cuestiones en cuanto a la relación entre prosodia y reconocimiento emocional. Una es cómo las variaciones en prosodia sirven de representaciones emocionales. Otra es cuántas emociones diferentes se reconocen a través de la prosodia en la vida diaria. Asimismo, ¿reconocemos emociones discretas, continuas o categorías más amplias de afecto (p. ej. valencia o arousal).

En el estudio participan 2.435 sujetos indios y americanos. Cada uno de ellos analiza al menos 30 muestras de discurso. Para el estudio se utilizan 2.519 muestras de discurso seleccionados del corpus VENEC. Las muestras vocales fueron creadas por 100 actores de 5 culturas angloparlantes. Hay dos frases diferentes, cada una con una expresión emocional distinta: Te voy a decir una cosa y Eso es exactamente lo que pasó.

Una parte de la muestra asignó una de 30 categorías emocionales a cada audio (p. ej. desprecio, miedo o adoración). La otra parte de la muestra de participantes no asignó emociones, sino características afectivas (p. ej. dominancia, certeza, seguridad). Así, para el análisis se obtuvieron más un de un millón de evaluaciones voz-emoción.

El uso de participantes de dos culturas distintas, así como de muestras vocales creadas por actores de diferentes países angloparlantes permite analizar las representaciones emocionales a través de la prosodia a nivel inter-cultural.

Los participantes determinaron que la capacidad de detectar emociones a partir de la prosodia se extiende a 22 emociones diferentes. Cinco de ellas fueron detectadas por más de la mitad de los sujetos: diversión, ira, miedo, deseo y tristeza. Asimismo, otras cinco fueron detectadas por un tercio de los sujetos: adoración, confusión, distrés, dolor y alivio.

Dadas las diferencias culturales, sería lógico que la categorización psicológica de las emociones se construya similarmente entre culturas en base a afectos centrales. Por eso, se esperaba que el reconocimiento emocional compartido culturalmente se observe mejor en escala de afectos, tales como arousal. Por ejemplo, personas de EE. UU. y de India coincidirían más que un audio expresa alta activación y no miedo. No obstante, la detección de categorías emocionales se mostró a ser lo compartido entre culturas y no los afectos.

Así, tanto las emociones básicas (p. ej. ira o miedo), como las categorías más complejas (p. ej. amor romántico) se vieron compartidas entre culturas. Ni siquiera la valencia emocional es tan compartida por encima de las categorías emocionales. Un resultado un tanto curioso, siendo considerada la valencia cómo la base de construcción de nuestro mundo emocional.

Por tanto, parece que los afectos se construyen en base a las categorías emocionales y no al revés. Esto se confirma entre los sujetos americanos e indios también de otra manera. Se observó que el reconocimiento de emociones de la muestra india predecía qué emociones va a reconocer la muestra americana. Y no ocurrió lo mismo con predicciones emoción-afecto, ni con predicciones afecto-afecto.

Las categorías emocionales comparten aspectos semánticos entre sí. Por ejemplo, el temor y el miedo podrían ser similares y distintas a la vez. Comparten significado y, por eso, podrían incluirse (o no) en el mismo patrón de reconocimiento o dimensión emocional. Esto ocurre con todas las emociones.

Detectar 22 emociones a través de la prosodia en realidad se puede resumir en menor número de dimensiones. Dicho de otro modo, las variaciones en prosodia para expresar emociones se basan en esas dimensiones. Estas últimas son en realidad las que se comparten entre culturas. Las que marcan las diferencias culturales en el reconocimiento emocional son algo así como matices de significado.

En el estudio se ha observado un reconocimiento emocional compartido a lo largo de 12 dimensiones de la prosodia emocional. Así, el dolor comparte la misma dimensión con la tristeza. El amor romántico la comparte con el deseo. Las 12 dimensiones detectadas son: adoración, diversión, ira, admiración, confusión, distrés, miedo, desprecio, deseo, interés, tristeza y decepción.

Las categorías emocionales podrían ser discretas o continuas. Hay teorías que postulan que los límites de una emoción son claras. Al contrario de estas ideas, en el estudio se ha observado que la prosodia emocional se distribuye a lo largo de gradientes emocionales. Los limites son más bien difuminados. Por ejemplo, hay gradientes desde la tristeza al distrés o desde el interés hasta la confusión.

Este hallazgo conlleva implicaciones para el estudio de las emociones. Los correlatos fisiológicos y neurales u otros indicadores pueden indicar patrones continuos de expresión y activación y no emociones discretas. Asimismo, cuando dos personas no coinciden en el significado de la prosodia emocional, puede deberse a estos gradientes y no a la falta de un significado compartido.

Los hallazgos del estudio se integran en el concepto de espacio semántico del reconocimiento de las emociones. Este espacio semántico está cargado de significado emocional. Como se ha observado en el estudio, en la prosodia hay un espacio semántico compartido entre culturas. Por lo menos, entre las culturas americana e india.

El espacio semántico tiene tres propiedades y son las estudiadas aquí. Primero, su conceptualización, qué categorías emocionales o escalas de afecto contribuyen al reconocimiento emocional a través de la prosodia. Segundo, su dimensionalidad, cuántas emociones diferentes se detectan en la prosodia. Y, tercero, la distribución de estados, cuál es la naturaleza de los límites entre categorías emocionales.

De manera general, los hallazgos de este estudio encajan en dos interpretaciones generales posibles. Una es que somos capaces de detectar de manera innata las variedades de la prosodia emocional. Otra es que esta capacidad sea adquirida. En ambos casos hay una primacía de las categorías emocionales y sus indicadores por encima de los afectos. En cualquier caso, no podemos hablar de universalidad, dado que el estudio se centra en muestras de EE. UU. e India.

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Percepción del sexo del hablante a través de vocalizaciones volitivas y espontáneas. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Speaker sex perception from spontaneous and volitional nonverbal vocalizations” de Lavan, Domone, Fisher, Kenigzstein, Kerttu y McGettigan. En este artículo se habla sobre cómo a través de dos experimentos analizaron si era posible adivinar el sexo de una persona simplemente escuchando vocalizaciones como la risa o el llanto.

Las personas somos capaces de distinguir el sexo de los hablantes rápidamente, con menos de dos ciclos glóticos. Lo que nos permite realizar esta diferenciación son las características anatómicas diversas que tienen los dos sexos en su laringe y en sus cuerdas vocales. Los hombres tienen las cuerdas vocales más largas y gruesas que las mujeres y unas vías vocales más largas. Estas diferencias hacen que las voces de los dos sexos sean diferentes. En el presente estudio lo que se busca es comprobar si las personas somos capaces de distinguir el sexo del hablante solo con una vocalización emocional y comprobar si afecta a la precisión la naturaleza, espontánea o volitiva, de la misma.

El primer experimento tuvo 44 participantes de los cuales 24 eran mujeres y 20 hombres con una edad media de 21 años. Para la realización del experimento se grabaron en una cámara anecoica risas, llantos y registros vocales de 5 oradores (tres hombres y dos mujeres con edades comprendidas entre los 23 y los 46 años). Para generar la risa les pusieron vídeos divertidos y para el llanto se les pedía que recordasen algún evento triste. También grabaron series vocálicas cortas. Se realizó un estudio piloto para clasificar la risa y el llanto espontáneo y el volitivo. Con los resultados del estudio piloto se escogieron 25 estímulos de cada tipo, cinco por orador.

Los participantes se sentaban frente al ordenador y se les presentaban 75 estímulos a través de unos auriculares. En la pantalla tenían una cruz que después de escuchar cada estímulo se convertía en un mensaje donde debían elegir si era un hombre o una mujer el que había producido el estímulo. Tenían la instrucción de contestar lo más rápido que pudieran, siendo el tiempo máximo para cada uno de 2,5 segundos.

El fin era evaluar si la vocalización emocional con un control volitivo reducido afectaba a la percepción del sexo del hablante. Como resultado se obtuvo que el rendimiento se vio afectado por las vocalizaciones masculinas espontáneas (llanto y risas) frente a las vocales. En el caso de las mujeres no fue tan aparente. El tiempo de reacción también fue superior en las vocalizaciones emocionales masculinas que en las vocales. Esto indica que es más complicado adivinar el sexo de una persona a través de las vocalizaciones espontáneas.

Las dificultades que se presentan con las vocalizaciones espontáneas se producen porque este tipo de vocalización hace que se sobrescriban o sean menos evidentes las propiedades acústicas que ayudan a codificar el sexo del hablante. Investigaciones previas habían demostrado que las medidas de la Frecuencia Fundamental (F0) y las de los formantes son muy relevantes para la identificación de sexo; pero en el caso de la risa y el llanto espontáneo están menos marcadas. Esto llega hasta el punto de que la F0 en la risa o el llanto espontáneo masculino puede llegar a sobrepasar los niveles asociados a las vocalizaciones durante el habla femeninas. Lo que hace que sea más probable decir que una risa o un llanto es femenino cuando en verdad corresponden a un hombre.

El rendimiento de las risas fue menor que el del llanto. Las risas fueron significativamente más altas en la excitación percibida que en los llantos. A pesar de las pequeñas diferencias presentadas la mayoría de vocalizaciones fueron clasificadas correctamente. Se obtuvo un 70% de precisión media, llegando al 100% en algunos casos. Por tanto, se puede concluir que es una medida robusta. Queda por determinar si los cambios en el rendimiento se deben a diferencias en el grado de control volitivo sobre la producción de voz, en el tipo de vocalización o en la percepción de la excitación.

En lo relativo al segundo experimento que realizaron, se utilizó una muestra de 43 participantes, siendo 39 mujeres y cuatro hombres con una edad media de 19 años. El material que se utilizó fueron las risas grabadas para el primer experimento más otras risas que tenían que hacer conscientemente sin provocar en los oradores ningún estado de ánimo concreto, con un total control volitivo. El procedimiento fue similar al primer experimento, cada participante fue expuesto a 75 estímulos, 25 por cada tipo (vocales, risas volitivas, risas espontáneas), en un orden aleatorio.

Los resultados confirmaron que la interacción entre el tipo de vocalización y el sexo de hablante fue significativa. La precisión fue bastante menor para la risa espontánea que para la volitiva y las vocalizaciones para los oradores masculinos. También se obtuvieron puntuaciones diferentes entre las vocalizaciones y las risas volitivas. En relación a los oradores femeninos la predicción con un nivel más alto fue para las risas volitivas, mientras que para las risas espontáneas y para las vocalizaciones se obtuvieron los mismos niveles. Además, se encontró que los tiempos de reacción fueron similares para las vocalizaciones como para las risas volitivas, mientras que para las risas espontáneas fueron un poco más largos para todos los oradores.

Se encontró, también, una relación entre la F0 y la precisión del reconocimiento del sexo del hablante. Los oyentes fueron más propensos a juzgar las vocalizaciones como producidas por una mujer cuando aumentaba la FO siendo más pronunciado en las vocalizaciones de los hombres.

En conclusión, para los oradores masculinos la precisión fue menor para las risas espontáneas que para las volitivas con diferentes grados dependiendo del tipo de vocalización. Estos resultados están en línea con otros estudios recientes. Además, se encontró una relación entre la F0 y la percepción del sexo, las vocalizaciones con una F0 más alta, aunque fueran producidas por hombres se percibían como realizadas por mujeres, en sentido contrario también ocurría aunque en menor medida.

Reconocimiento de las claves vocales de la emoción y la intención social en adultos y adolescentes. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Mid- Adolescent’s and Adults’ Recognition of Vocal Cues of Emotion and Social Intent: Differences by Expression and Speaker Age” de Morningstar, Ly, Feldman y Dirks. En este artículo hablan de la influencia de la edad tanto del hablante como del oyente en el reconocimiento de la emoción y las expresiones sociales a través de las claves vocales.

La voz es una fuente de múltiple información, más allá de lo que nos diga el propio mensaje. La voz, en sí misma, puede transmitir información tanto del estado emocional del hablante como de sus intenciones sociales. La capacidad para entender estas señales emocionales en la voz va mejorando con la edad, hasta que se lleva a la adolescencia donde los niveles son similares a los de los adultos. No se sabe si las diferentes percepciones también varían en función de otras características como la edad del hablante. Estudios recientes indican que la prosodia emocional de los jóvenes puede no ser equivalente a la de los adultos.

Este estudio investiga el reconocimiento de oyentes tanto adultos como adolescentes de las expresiones socioemocionales vocales presentadas por hablantes adultos y adolescentes. Se estudia si la etapa de desarrollo del interlocutor interactúa con las propiedades del estímulo, como la edad del hablante y el tipo de expresión que transmite para predecir la capacidad de reconocimiento de la emoción vocal del oyente. Existe evidencias que ratifican que la capacidad para reconocer las expresiones vocales de la emoción mejora durante la infancia hasta que a mediados de la adolescencia se alcanza los niveles que se presentan en la adultez. Pero trabajos recientes, han demostrado que la red social del cerebro sigue madurando durante la adolescencia lo que sugiere que se pueden presentar nuevos ajustes emocionales. Por ello, el reconocimiento de la emoción vocal puede que se mejore desde la adolescencia y que las propiedades del estímulo sean las que faciliten o dificulten ese reconocimiento.

La edad del hablante, como se ha dicho, puede estar vinculada a la precisión del reconocimiento emocional vocal de los oyentes. La evidencia sugiere que las características acústicas que subyacen a las experiencias emocionales difieran según la edad, siendo más difícil de decodificar la prosodia emocional de los jóvenes que de los adultos. Se comprobó que los actores juveniles presentaban expresiones socioemocionales menos distintas que los actores adultos. Los adultos se expresan en tono más bajo cuando están tristes que cuando están enfadados, en cambio, los jóvenes presentaban el mismo tono para ambos estados. Esto supone que las representaciones vocales de los jóvenes tienen menos variación entre sí que las de los adultos. Debido a la importancia que tiene el tono en el reconocimiento emocional es posible que las expresiones de los jóvenes sean menos reconocidas que las de los adultos. También, debido a que todavía no presentan una madurez plena todas las áreas cerebrales involucradas en el reconocimiento emocional de la voz, puede ser que los adolescentes tengan mayores dificultades que los adultos en reconocer los estados emocionales por la voz de otros adolescentes, al presentarse como un estímulo más complejo debido a su poca variación.

Investigaciones anteriores concluyeron que la ira y la tristeza se reconocen mejor que la felicidad o el asco, también que la voz puede transmitir información social importante en la prosodia actitudinal. En este estudio se examinó el reconocimiento de las emociones básicas por parte de los oyentes, así como las expresiones sociales que denotan hostilidad social (mezquindad) y afiliación (amabilidad).

Las hipótesis que se plantearon para el estudio fueron que la interpretación de los oyentes dependerá de la edad de los hablantes. La voz de los adultos será más fácil de interpretar y que todos los oyentes encontraran más difíciles de interpretar la voz de los adolescentes, ocurrirá especialmente esto con los oyentes adolescentes. También se plantea que los adolescentes mostrarán niveles similares a los adultos en el reconocimiento de ciertas emociones como, la ira, la felicidad o la tristeza; pero, los adultos serán superiores en otras más complejas como el asco o en expresiones sociales como la mezquindad o la amabilidad.

La muestra utilizada de oyentes fue 50 adolescentes (58% mujeres, 42% hombres) con edades entre los 13 y los 15 años y 86 adultos (59% mujeres y 41% hombres) con edades entre los 18 y los 30 años. En cuanto a los hablantes fueron todos actores profesionales 7 niños con una edad media de 12 años y 17 niñas con una edad media de 12 años, 15 mujeres con una edad media de 25 años y 15 hombres con una edad media de 33 años.

Los hablantes grababan cinco frases de contenido neutro en siete tonos emocionales diferentes: ira, felicidad, tristeza, miedo, asco, amabilidad y mezquindad. Los oyentes escuchaban las grabaciones todas las veces que querían y puntuaban lo reconocibles que eran las emociones y la autenticidad que presentaban en una escala del uno al cuatro.

Se concluyó que los oyentes adultos fueron más precisos que los adolescentes. También que las grabaciones de adultos se reconocían mejor que la de los jóvenes. Sin embargo, la interacción bidireccional entre el oyente y la edad del hablante no fue significativa. La tristeza y la ira se reconocieron mejor, seguidas por el miedo y la amabilidad. La felicidad y la amabilidad no fueron diferenciadas y lo mismo le ocurre a la ira con la mezquindad.

Hubo interacciones bidireccionales significativas entre la edad del oyente y el tipo de expresión y la edad del hablante y el tipo de expresión. Los adultos eran más precisos que los jóvenes al escuchar las grabaciones de miedo y de tristeza en adultos y de ira, miedo, amabilidad y tristeza en jóvenes. Adolescentes y adultos oyentes fueron equivalentes en los relatos adultos de ira, asco, amabilidad, felicidad y mezquindad y para los de jóvenes en asco, alegría y mezquindad. El miedo y la tristeza a menudo se confundían entre sí, especialmente en hablantes jóvenes. Al igual que la amabilidad y la alegría, esto era especialmente pronunciado en jóvenes.

Como se hipotetizó las expresiones vocales de los jóvenes eran más difíciles de identificar que la de los adultos en general, esto puede deberse al mayor desarrollo del tracto laríngeo. En cuanto la mejor codificación puede deberse a la mayor maduración de las habilidades sociales con la edad, pero también puede ser por la mayor experiencia profesional, debido a que todos ellos se dedicaban al mundo de la actuación. También se confirmó la hipótesis de que los adolescentes tendría mayores problemas de reconocimiento, especialmente con las voces de otros adolescentes, esto puede ser debido al incompleto desarrollo tanto de la capacidad de reconocimiento emocional como a la menor habilidad de comunicación de los codificadores. Los datos indican que el nivel de desarrollo del codificador es más importante para el reconocimiento emocional vocal que el del decoficador. Se esperaba una mayor precisión por parte de los adultos en expresiones complejas y poco reconocidas, los oyentes adultos superaron a los jóvenes en expresiones bien identificadas como la ira, la tristeza o el miedo. Esto puede significar que la mayor maduración y experiencia de los adultos con señales de emoción puede no ser suficiente para conferir una ventaja de procesamiento con expresiones que son difíciles de comunicar e identificar mediante el uso de señales acústicas.

Lenguaje no verbal de la infidelidad ajena. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Thin slices of infidelity: Determining whether observers can pick out cheaters from a video clip interaction and what tips them off”, de los autores Nathaniel M. Lambert, Seth Mulder y Frank Fincham, de la Universidad de Brigham, que estudian cómo los observadores externos pueden captar señales de infidelidad observando a una pareja interactuar unos minutos.

Nuestras primeras impresiones acerca de los demás son una mezcla de ideas preconcebidas y estereotipos junto con lo que la mayoría de la gente llama «instinto» o «sexto sentido», que no es más que nuestra capacidad para interpretar el lenguaje no verbal de otras personas. Si bien es cierto que esa capacidad, sin ningún tipo de entrenamiento, no nos sirve precisamente para detectar mentiras, ¿seríamos capaces de detectar las mentiras cuando la cosa no va con nosotros?

Este estudio plantea la hipótesis de que, al igual que pedimos a un jurado que pueda evaluar a un desconocido basándose en apenas unos minutos oyéndole hablar, todos somos capaces de interpretar, aunque sea de forma inconsciente, el lenguaje no verbal de los demás y captar ciertas señales sobre sus relaciones y sentimientos. Concretamente, creen que unos completos desconocidos pueden detectar la infidelidad después de ver a parejas de novios interactuando durante no más de 3 a 5 minutos.

Los investigadores realizaron dos experimentos diferentes. La primera incluyó a 51 estudiantes universitarios (16 hombres y 35 mujeres de 18 a 23 años) que participaron junto con sus parejas románticas. Los estudiantes completaron cuestionarios antes del experimento para evaluar su «infidelidad emocional y física», mientras que sus respectivas parejas no completaron cuestionario alguno. Luego las parejas fueron grabadas en vídeo completando una tarea de dibujo donde uno de los miembros de la pareja estaba con los ojos vendados y el otro daba instrucciones sobre qué dibujar. Más tarde, seis observadores objetivos y entrenados observaron las cintas de vídeo y respondieron a la siguientes preguntas:

  1. ¿Cómo de probable es que esta persona haya mostrado interés en otra persona distinta de su pareja?
  2.  ¿Cómo de probable es que esta persona coqueteara con alguien que no sea su pareja?
  3.  ¿Cómo de probable es que esta persona haya tenido relaciones sexuales con alguien que no sea su pareja?
  4.  ¿Cómo de comprometido está el participante en su relación?
  5.  ¿Cómo de fiable has percibido que es esa persona?

Se llevó a cabo un segundo experimento con 43 estudiantes (21 varones y 22 mujeres, con edades comprendidas entre 18 y 33 años) que participaron con sus respectivas parejas. Esta vez, ambos miembros de la pareja completaron los cuestionarios y los investigadores anotaron «puntuaciones promedio de infidelidad» para cada participante en base a sus respuestas a si habían sido infieles y cómo de lejos habían ido en esa infidelidad. Los participantes completaron la misma tarea de dibujo que los participantes en el primer experimento. Posteriormente, cinco observadores entrenados vieron los vídeos y calificaron a los participantes como en el primer experimento, basándose en las mismas preguntas.

En los resultados podemos comprobar que se podía detectar la infidelidad con observar la interacción de la pareja durante una sencilla tarea en apenas unos minutos. El porcentaje de acierto en ambos experimentos fue por encima del azar. Además, no se encontró diferencia entre ambos sexos en contra del mito de que la conducta infiel es más común en hombres.

En definitiva, los resultados son interesantes y debería ahondarse en qué tipo de pistas visuales llevaban a los observadores a discriminar la conducta de unos y otros. ¿Quizás nos es más fácil detectar las mentiras cuando no nos las dicen a nosotros?

Tu voz puede poner en peligro la entrevista de trabajo. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Vocal Fry May Undermine the Success of Young Women in the Labor Market”, de los autores Rindy C. Anderson, Casey A. Klofstad , William J. Mayew y Mohan Venkatachalam, de la Universidad de Duke y la Escuela de Negocios Fuqua, que analizan cómo influye el uso del «vocal fry» en la imagen trasmitida a los demás. 

El vocal fry (o «voz rasgada» en español) se refiere a un tipo de voz caracterizado por vibraciones irregulares e intermitentes de las cuerdas vocales. Se produce mediante un cierre de los pliegues vocales estando éstos relajados, permitiendo así que el aire «burbujee» al pasar entre ellos y produciendo un sonido de frecuencia muy baja. Podemos aquí ver un ejemplo de a qué sonido nos estamos refiriendo y cómo es una forma de hablar cada vez más popular entre las jóvenes.

Hay quien afirma que esta forma tan particular de hablar es una forma de hacer parecer el tono de voz propio más bajo, ya que es el tipo de voz que se percibe como más fuerte y dominante. Es decir, que se utilizaría como un método de mostrar seriedad, inteligencia y determinación. Sin embargo, otras corrientes consideran esta moda como algo desagradable, que muestra a la persona como inmadura y maleducada, ya que en cierto modo la voz suena como si la persona estuviera aburrida.

Ante la falta de cohesión entre los distintos puntos de vista se llevó a cabo esta investigación, que busca analizar cómo se percibe realmente a las jóvenes que hablan con voz rasgada de cara a su perfil profesional. Para ello, se utilizó la voz de siete mujeres jóvenes de entre 19 y 27 años y siete varones jóvenes de entre 20 y 30.  Fueron grabados diciendo la frase “gracias por considerarme para esta oportunidad”, tanto en su tono de voz normal como con la voz rasgada.

El experimento se llevó a cabo en línea a 800 oyentes (400 hombres y 400 mujeres). Para maximizar la validez externa, se dividió a la muestra en tres grupos de edad: 18-33 (n = 265, 133 mujeres y 132 hombres), 34-50: (n = 268, 134 mujeres y 134 hombres) y 51-65 (n = 267 133 mujeres y 134 hombres). Aleatoriamente se les asignaba analizar las voces de los hombres o de las mujeres (sólo uno de los dos tipos para evitar saturación). Se oían las dos voces de cada persona, presentadas en orden aleatorio, y se pedía posteriormente que juzgaran cuál de las dos percibían como más educada, competente, confiable, atractiva y a cuál de las dos contratarían. Una vez evaluado todo esto se pasaba al siguiente par de voces y así sucesivamente.

Los resultados muestran que las mujeres que hablan con voz rasgada o vocal fry son vistas como menos competentes, menos educadas, menos fiables, menos atractivas y son menos contratables laboralmente. Además, esas percepciones eran aún más fuertes cuando el interlocutor era otra mujer. A nivel general, la voz rasgada era percibida negativamente en ambos sexos, por ambos sexos y en cualquier franja de edad por parte del oyente.

Por lo tanto, de cara a una entrevista de trabajo o incluso en cualquier entrevista o conversación en la que uno quiera parecer competente o mostrarse educado debe evitarse el uso de la voz sesgada y hablar en nuestro tono de voz natural, sea el que sea. De lo contrario, no sólo empañaremos nuestra propia imagen, ofreciendo una peor versión de nosotros mismos, sino que además, ¿quién querría hablar con alguien que parece aburrido de escucharle?

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