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Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Posturas (página 1 de 5)

Las posturas corporales del poder y estereotipos de género. Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Implicit reactions to women in high power body postures: less wonderful but still weaker” de Bailey A., Lambert R. y LaFrance M. (2020), en el cual se analiza el impacto de los estereotipos de género en la percepción de poder y de las posturas corporales asociadas al poder.

A pesar de que la participación femenina haya aumentado en muchas áreas laborales, sigue habiendo deficiencias en cuanto a la ocupación de puesto de poder. El techo de cristal existe y una razón de su existencia puede deberse a que las personas no perciben a las mujeres como poseedoras de atributos relativos al poder.

El poder se define como el tener control sobre resultados y sobre recursos de valor. Es un concepto cuyos componentes se solapan a lo largo de otros conceptos: liderazgo, alto estatus y dominancia. Y los tres reflejan verticalidad.

De todos los comportamientos que denotan poder, los comportamientos no verbales conforman una ruta plausible a través de la cual las personas pueden transmitir poder sin generar reacciones negativas en otros. Una de las señales no verbales de poder es la postura corporal.

¿Tiene la postura corporal efectos diferentes según el género? Vamos a averiguarlo. El género es un elemento importante que impacta en la formación de impresiones. Es decir, la percepción e impresión que uno se hace de otra persona en los primeros 100 ms de contacto.

Los estereotipos de género incluyen tanto evaluaciones como expectativas relativas al poder. Y si impactan en la formación de impresiones, por más poderosa que se muestre una persona, su género puede ser como una sombra que tapa cualquier otra señal que indica poder y otras características.

Teniendo siempre en la mente el impacto de los estereotipos de género y los roles asociados, se destacan algunas diferencias en cuanto al poder que provienen de investigaciones previas. Las mujeres suelen caer mejor a otras personas, pero los hombres suelen ser percibidos como más poderosos.

A la mujer se le asocia constantemente rasgos como calidez, bondad, cercanía y otras con una valencia afectiva similar. En cambio, a los hombres se les asocian rasgos como la agencialidad y otros de carácter más instrumental. Esto es importante porque los rasgos más instrumentales también están ligados al éxito y a roles de alto poder.

En términos generales, hay múltiples asociaciones similares entre conceptos, roles de género, atributos, etc., que generan dificultades para que las personas sean capaces de asociar rápidamente (como en las primeras impresiones) mujer y poder.

¿Y qué importancia tiene el comportamiento no verbal en todo esto? Investigaciones previas indican que los comportamientos no verbales tienen la capacidad de hacer que se superen los estereotipos de género. Las mujeres y hombres que muestran señales no verbales de poder consiguen reflejar rasgos de poder de manera similar.

Además, se ha visto que las mujeres que expresan alto poder a través de lo verbal suelen ser vistas como menos poderosas que los hombres que han dicho exactamente lo mismo. En cambio, cuando la expresión del poder se concentra en el lenguaje no verbal, se evitan esas reacciones negativas y discriminadas según el género.

El efecto de las posturas corporales en la percepción de poder según el género no queda claro en las investigaciones previas. Por eso, los autores analizan tales efectos a lo largo de tres estudios. Se analizan posturas corporales expansivas o abiertas versus cerradas o contraídas.

En el estudio 1 se analizaron reacciones afectivas ante imágenes de mujeres y hombres con ambas posturas corporales antes mencionadas. En la imagen observamos las posturas expuestas a los participantes.

Las reacciones afectivas son automáticas. Por otro lado, los estereotipos aun de ser superados a nivel explicito, pueden permanecer a nivel implícito y seguirán impactando en la percepción, impresiones, emociones y expectativas, así como en las conductas posteriores. Por ello, las medidas utilizadas en los tres estudios son implícitas/indirectas.

Dadas estas condiciones, en el primer estudio se utiliza una tarea de priming. Los participantes ven durante corto tiempo una imagen de las anteriores, seguida de 150 ms de pantalla en blanco, 125 ms de un carácter chino y pantalla en gris hasta pulsar una tecla de respuesta.

Ante esta situación, los participantes debían pulsar i si evaluaban el carácter chino como agradable o e si lo evaluaban como desagradable.  Las respuestas, aunque se evalúen los caracteres chinos, reflejan actitudes afectivas ante las imágenes primadas (posturas y género).

En los estudios 2 y 3, se utiliza una tarea de interferencia cognitiva tipo Stroop. Aparecen imágenes como las anteriores una tras otra. Los participantes deben clasificarlas rápidamente como alto versus bajo poder o como sumisión versus dominancia. El tiempo de respuesta mostrará si hay diferencias en función del género en la percepción del poder.

Las posturas corporales abiertas y expansivas suelen expresar poder. No obstante, los resultados de esta investigación indican que expresan poder en mayor o menor medida según el género y ello impacta en las medidas implícitas. Es decir, los participantes no son conscientes de ello y podría haber resultados distintos si se utilizaran medidas directas.

Para entenderlo más fácilmente, supongamos que tenemos que elegir una persona para un puesto directivo. Si nos preguntan si queremos excluir del cribado a las mujeres, muchos de nosotros tendríamos muy claro la discriminación que eso supone.

En cambio, ser conscientes de ello no asegura que en el cribado no estemos descartando a las mujeres. Los estereotipos de género y, en este caso, asociar al hombre con el poder, puede hacer, por ejemplo, que dediquemos menos tiempo a la lectura de CVs de las mujeres y que, en consecuencias, consideremos que no hay una mujer apta para ese puesto en la muestra que analizamos.

De hecho, cuando en este estudio se piden razonamientos explícitos y controlados sobre el poder, el género no muestra ningún efecto. Es decir, no se encontraron diferencias en la percepción de poder según género y posturas corporales.

Los autores han observado que las mujeres con posturas corporales cerradas fueron evaluadas como más agradables que los hombres en la misma postura. En cambio, entre mujeres y hombres con posturas abiertas no se observaron diferencias en dicha evaluación afectiva.

Por lo tanto, las mujeres con posturas abiertas no son percibidas como tan agradables que las mujeres con posturas cerradas. Por lo menos no aparecen diferencias inter-género cuando se trata de posturas abiertas, pero sí las hay con posturas cerradas.

El género parece provocar interferencias en las percepciones implícitas del poder. Por un lado, los participantes tardaron más tiempo en clasificar a las mujeres con posturas abiertas como poderosas. Por otro lado, también tardaron más en clasificar a los hombres con posturas cerradas como poco poderosos. No obstante, cabe destacar que no hay diferencias en las respuestas de los participantes según su género.

Por tanto, parece que a las mujeres con posturas relacionadas con el poder, aunque en última instancia sean percibidas como poderosas, cuesta más situarlas en esa categoría, lo que se puede entender como una percepción de poderosas, pero menos que los hombres. Del mismo modo, cuesta considerar que un hombre con una postura cerrada es igual de poco poderoso que una mujer con la misma postura. Es decir, sumiso, pero no tanto como una mujer.

Lo más importante es, no solo el impacto de los estereotipos en nuestras percepciones, sino también esa permanencia de su influencia a nivel implícito, a pesar de superar un pensamiento consciente basado en estereotipos de género. Sí, nos queda mucho trabajo por hacer.

Por último, el comportamiento no verbal, y en este caso las posturas corporales, no solo nos informan de conceptos tan complejos como el poder, sino que nos puede ayudar a ser conscientes de las limitaciones que tenemos en la formación de impresiones.

Curiosamente, solemos considerar el lenguaje no verbal en términos de información que otros nos trasmiten y especialmente sobre ellos mismos. En cambio, este estudio es un perfecto ejemplo de cómo el lenguaje no verbal de otros y la interpretación que hacemos de él habla también de nosotros mismos.

 

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Cosificación y deshumanización a través de vestimenta y posturas “sexualmente sugestivas”. Club de Lenguaje No Verbal

Amigos el Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Why is sexualization dehumanizing? The effects of posture and revealing clothing on dehumanization” de Bernard P. y Wollast R. (2019), en el cual se examina el rol de la postura corporal y del uso de una vestimenta reducida en la cosificación de las personas.

Las personas están expuestas todos los días a imágenes sexualizadas tanto de hombres como mujeres. La sexualización en los medios de comunicación se manifiesta especialmente a través de la vestimenta y de las posturas que adoptan los diferentes modelos. Un análisis de las portadas de la revista americana Rolling Stone mostró que, en 4 décadas, la intensidad y frecuencia de imágenes sexualizadas se ha incrementado gradualmente.

También se ha observado que la sexualización de las mujeres es más intensa. Ello genera efectos negativos sobre el bienestar de las mujeres en general. Aumenta la insatisfacción con el propio cuerpo, la ansiedad relacionada con el peso y la apariencia, la auto-cosificación, etc.

Para ver el efecto de la sexualización en este sentido, se ha estudiado cómo esta impacta en la percepción. La Teoría de la Cosificación (Fredrickson y Roberts, 1997) defiende que los medios de comunicación son el vehículo principal para la cosificación de la mujer en las culturas occidentales. Algunos hallazgos muestran que la percepción visual de cuerpos sexualizados es muy diferente de los no sexualizados. Específicamente, el cuerpo sexualizado se percibe muy similarmente a cómo se perciben los objetos.

La percepción de objetos es relativamente fragmentaria. Nos centramos a nivel más local y más tarde creamos una imagen completa del objeto. Parece que lo mismo ocurre con los cuerpos sexualizados. Cognitivamente, percibimos partes del cuerpo, no vemos una imagen global. En cambio, cuando observamos cuerpos no sexualizados, obtenemos una percepción global del cuerpo y de la persona.

La percepción sobre la mayoría de las personas que vemos por la calle es global. No nos centramos en partes específicas de su cuerpo. Por ejemplo, podemos percibir que alguien tiene sobrepeso, pero no nos centramos en qué parte de su cuerpo lo sugiere más específicamente.

En cambio, si vemos una mujer con un amplio escote y pechos prominentes es probable que nos centremos en eso. No es difícil imaginarse que si tenemos que describirla diríamos (o pensáramos) la de los pechos grandes. Cambiamos la imagen global por un rasgo físico particular y obtenemos una percepción fragmentada. Igual podría pasar si vemos a un hombre sin camiseta, aunque ocurre menos.

La percepción de cuerpos sexualizadas como objetos tiene efecto tanto a nivel neural como a nivel comportamental. Si percibimos a las personas como objetos les atribuimos menos rasgos típicamente humanos.

Muchas investigaciones han mostrado que las personas perciben a las mujeres sexualizadas como poseedoras de menos características mentales. Se les atribuyen menos características típicamente humanas y menos agencialidad. Esta sutil deshumanización predice la forma en la que las personas evalúan la responsabilidad de un agresor sexual vs. la de la víctima.  Y no hace falta buscar demasiado para encontrar múltiples ejemplos de ello.

¿Esta cosificación solo depende de la cantidad o el tipo de ropa que lleva una persona? Seguramente no. Por eso, los autores de este estudio incluyen en el análisis las posturas que sugieren contenido de naturaleza sexual. Serían posturas sugestivas, provocadoras o insinuantes de significados sexuales y están relacionadas con un lenguaje corporal abierto.

Esa apertura corporal modula la formación de impresiones. Y cuanta más apertura postural se percibe, más percepciones cosificadoras y sexualizadas. Además, la combinación de una postura insinuante y poca ropa genera aún más efectos en esta dirección.

Las características típicamente humanas son varias. En este estudio se evalúa la presencia de tres de ellas en las percepciones de los participantes. Una es la calidez, un rasgo que no atribuimos a los objetos e incluye ser amable, bueno y amigable. Otra es la competencia, que incluye ser inteligente y/o capaz de hacer cosas, de decidir y con intencionalidad. Por último, la moralidad, ser confiable, honesto y ser capaz de utilizar valores morales en el comportamiento.

Toda la información del estudio se recogió a través de un cuestionario online y participaron 218 personas (136 mujeres). Los participantes visualizaron una de las cuatro imágenes que observáis en la foto.

Estos evaluaron hasta qué punto consideran que la mujer de la imagen muestra una postura insinuante y está representada de manera sexualizada. El objetivo era verificar si los participantes atribuyen significado sexual a la postura y a la representación de la mujer en estas imágenes.

Los resultados mostraron que, efectivamente, es así. Tanto la postura corporal de la derecha como la vestimenta reducida generaron un significado sexual. Por ejemplo, consideraron que la mujer en lencería intima está representada de manera más sexualizada que la mujer vestida de negro.

Para verificar si una apariencia relacionada con significados sexuales puede provocar cosificación, los sujetos evaluaron calidez, competencia y moralidad de la mujer observada. La mujer en lencería íntima y con una postura insinuante ha sido considerada como muy poco competente comparado con las demás condiciones. Por lo tanto, ya se observa un efecto deshumanizante por considerar que una postura es sexualmente sugestiva. No obstante, ocurre de manera significativa si se añade el efecto de utilizar ropa que revela el cuerpo de la mujer.

En cuanto a la calidez, los resultados son algo curiosos y no concluyentes. La imagen que menos calidez haya expresado para los participantes fue la de la mujer vestido de negro y con una postura insinuante. En cuanto a la moralidad, la postura tiene mucho impacto. Cuando la postura se percibe como provocadora, se atribuye menos moralidad.

Las ideas más claras que este estudio permite extraer son varias. Una es que la cosificación de la mujer se debe a que su imagen aparece frecuentemente de manera hiper-sexualizada. Esta hiper-sexualización se refleja a través de vestimentas y posturas que activan connotaciones sexuales.

El porqué de la asociación entre cierto tipo de ropa y ciertas posturas con lo sexual es un tema aparte no analizada en este estudio. Pueden ser sesgos perceptivos, naturaleza de los procesos cognitivos o aprendizajes socio-culturales, entre otras, por los que asociamos semi-desnudez y ciertas posturas con sexualidad. Sea por lo que sea, si tal asociación lleva a la cosificación, los medios de comunicación deberían dejar de representar a la mujer como un ser hiper-sexualizado tan frecuentemente.

Debido a ciertas limitaciones del estudio, no se ha podido analizar el efecto del género en estas percepciones. Además, solo se han utilizado modelos femeninos. Y hace falta estudiarlo también con modelos masculinos.

¿Estos resultados responsabilizan a las mujeres por llevar poca ropa o adoptar postura que se perciben como insinuantes? Un rotundo no. Estudios así promueven que seamos más conscientes y responsables sobres nuestras percepciones. Que una mujer se ponga minifalda no significa que quiera insinuar temas sexuales. El problema es que otros lo perciben como tal.

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Los efectos de la ropa y la postura en la percepción sobre las personas. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el resumen del estudio “You are What You Wear: Unless You Moved – Effects of Attire and Posture on Person Perception” de Küster, Krumhuber y Hess; en él nos hablan de cómo afectan la interacción entre los estereotipos ocupacionales reflejados en la vestimenta y la postura en la percepción que nos formamos de las personas.

Las personas utilizamos claves para formar nuestra opinión sobre otras personas que acabamos de conocer. Entre otras utilizamos las señales faciales y más concretamente las expresiones faciales. Pero también, se utilizan como los gestos y señales corporales, incluyendo también la postura que adoptamos. Otros factores serían la vestimenta, el peinado, el aseo personal o los adornos.

La ropa que usamos puede aportar información sobre nuestros gustos o también puede ir asociada a una profesión, ya que los uniformes son los medios más fáciles para asociar a una persona con una determinada profesión, lo que provoca estereotipos ocupacionales. Éstos están generalmente asociados al éxito, los roles de género y la autoestima. Algunos estudios se enfocaron en la relación entre una profesión estereotipada de género y una profesión atípica, aunque al tratarse de estudios antiguos estaban muy centrados en los roles de género imperantes en la época y la metodología que usaron era a través de viñetas.

La presente investigación consta de tres estudios donde se estudiaron la relación entre la vestimenta presentada, en este caso uniformes, con las percepciones de empatía y dominancia. Además, se estudió como la variación de la postura, entre abierta o cerrada, podía modificar las percepciones sobre los puntos anteriores. Para los tres estudios se utilizaron avatares, ya que es más fácil de controlar que ninguna otra variable interfiera en la investigación y en estudios anteriores se descubrió que las personas reaccionan igual ante los avatares que ante otros seres humanos.

El estudio 1 tenía como objetivo evaluar el nivel de empatía que otorgaban a un avatar en función de la vestimenta que presentaba. En este caso era un uniforme de enfermera, uno militar y una vestimenta causal para la condición de control. Se utilizaron 164 personas de muestra (116 mujeres y 48 hombres) con una media de edad de 25 años. Se crearon cinco identidades femeninas caucásicas, con diferencias en el tono de la piel y el color de los ojos y el pelo. Se utilizaron texturas fotorrealistas con luz indirecta. Las imágenes presentaban un tamaño de 400×497 pixeles y eran de la cara, cuello y pecho. Todas las identidades eran presentadas bajo las tres vestimentas distintas.

A cada participante se le asigno una de las 15 combinaciones posibles. Se les dio el siguiente texto: “Esta es Erin. Ella intenta hacerlo bien en su trabajo y lo toma en serio. En su tiempo libre hace deporte. Los fines de semana a Erin le gusta salir con sus amigos”. Los nombres y la descripción fueron idénticos para todos los participantes sin importar la foto que les fuera asignada. Los participantes tenían que evaluar seis ítems diferentes relacionados con la empatía, a través de la pregunta “¿Cuánto es capaz esta persona de X?” Siendo X reemplazada en cada caso por: “tomando la perspectiva de otra persona”, “entendiendo los sentimientos de los demás”, “mostrando compasión”, “brindando consuelo”, “compartiendo sus sentimientos” y “sintiéndose conmovido por los sentimientos de otra persona”.  Las respuestas eran dadas en una escala del 1 al 9, siendo el 1 para nada y el 9 mucho.

Los resultaron mostraron que había un efecto significativo para el atuendo, se veía más empática a la enfermera que a la militar o que a la vestimenta casual. La diferencia entre el uniforme militar y la vestimenta casual no llegó a ser significativa.

El estudio 2 añadía la postura y la calidez y dominio a lo investigado en el anterior. Para ello, se contó con 312 participantes (213 mujeres y 99 hombres) con una edad media de 22 años. En este caso se crearon cuatro identidades caucásicas, en las mismas condiciones que en el estudio anterior. Aquí se presentaban con uniforme militar o de enfermera y con una postura abierta o cerrada, obteniendo así 16 avatares diferentes. Los participantes veían un avatar y completaban la escala de empatía utilizada en el estudio 1. Además, se añadió una escala de cuatro ítems sobre calidad y de otros cuatro sobre dominancia, basados en las Escalas de Adjetivos Interpersonales Revisadas. Las preguntas eran: “Comparado con una persona promedio, ¿Cómo X es esta persona?”. La X era sustituida, en relación a la calidez, por: “de buen corazón”, “tierno”, “de corazón frío” y “antipático”.  Para el dominio, era: “asertivo”, “dominante”, “tímido”, y “flojo”. Las respuestas iban del 0 al 8, siendo el 0 no son capaces y el 8 muy capaces. Se presentaban en primer lugar las escalas para calidez y dominio intercalando las preguntas y por último se pasaba la escala de empatía.

Los resultados mostraron que cuando tenía una postura abierta y el uniforme de enfermera se calificaba como más cálido que cuando la postura era cerrada. La postura abierta y el uniforme militar le otorgaban menor dominio que con la postura cerrada. Se comprobó que la enfermera seguía siendo calificada como más cálida y empática, pero que si se añadía la postura cerrada estos efectos desparecían, por tanto, se puede decir que los estereotipos ocupacionales pueden ser anulados por un comportamiento negativo no verbal.

En el estudio 3 se añadió la variable del sexo al experimento.  Se utilizaron 163 participantes (96 mujeres, 63 hombres y 4 de otro sexo) con una edad media de 28 años.  En este caso se generaron cuatro identidades, dos masculinas y dos femeninas. Cada personaje fue presentado con las tres vestimentas diferentes (enfermera, militar y casual) y las dos posturas (abierta y cerrada).  Para que la apariencia facial no afectara a las percepciones de dominio y calidez se les difuminó el rostro con un filtro. Se utilizó el mismo procedimiento que en los estudios anteriores.

Los resultados para las identidades masculinas fueron más significativos para el dominio con su relación con el uniforme y la postura. Las posturas abiertas tuvieron más alta la empatía y más bajo el dominio. Los avatares con uniforme de enfermero fueron puntuados más altos en empatía que los otros dos. Por el contrario, el dominio fue percibido como mayor con el uniforme militar. El uniforme de enfermero fue asociado a mayor competencia que el de militar, y éste a su vez fue mayor que la vestimenta casual.

Una postura cerrada condujo a un mayor dominio percibido, lo que a su vez llevó a una mayor competencia percibida. Los hombres con uniforme de enfermero se percibían como más empáticos y esto se asociaba a una mayor competencia percibida.

Los resultados para las identidades femeninas los avatares con una postura abierta fueron calificados como menos competentes y dominantes, pero más empáticos. La vestimenta casual se asociaba con menos competencia que los dos uniformes. Con la postura abierta el uniforme militar se asoció con índices de dominancia más altos que el de enfermera o la ropa casual. Con la postura cerrada ambos uniformes fueron asociados a mayor dominancia que la vestimenta casual. Para las mujeres las percepciones de dominancia y empatía se veían afectadas por la postura.

En resumen, para las mujeres los participantes eran más influenciados por su lenguaje no verbal que los estereotipos ocupacionales. Sin embargo, para los hombres fue al revés, los participantes confiaron más en los estereotipos de ocupacionales.

Comportamiento No Verbal en fotografías naturales versus posadas. Club de Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión presentamos un resumen del artículo “Status, gender, and nonverbal behavior in candid and posed photographs: A study of conversations between university employees” de Judith Hall, Lavonia Smith, Frank Thayer y Jeannette Gordon, en donde explican a través de una investigación las diferencias más significativas en el comportamiento no verbal mostrado en fotos posadas frente al mostrado en fotos naturales, así como la posible diferenciación en estos comportamientos entre hombres y mujeres. 

La observación cotidiana sugiere que las personas que difieren en el estado social se comportan de manera diferente el uno del otro. Existe la idea de que los comportamientos no verbales sutiles son una forma de mostrar y mantener las diferencias de estado. La mayoría de los estudios que han examinado el estado y el comportamiento no verbal han utilizado estudiantes universitarios que interactuaron en roles determinados experimentalmente. En un paradigma, por ejemplo, a los participantes se les asignan sus roles, que pueden ser gerente-empleado, profesor-alumno, o entrevistador –entrevistado, pero muy pocos estudios se han llevado a cabo entre personas en puestos establecidos de forma natural. Aunque los experimentos que usan los roles tienen valor porque mantienen los factores extraños constantes mientras manipulan el estado, tales estudios generan preocupación sobre el impacto de las manipulaciones de estado y la naturaleza de las interacciones sociales que siguen al estar, en cierto modo, haciendo un papel.

En este estudio, los empleados de la universidad tuvieron una conversación con alguien de su departamento o unidad mientras se les tomaban fotografías. Llamamos a estas fotografías “francas” porque, aunque los participantes sabían que estaban siendo fotografiados, las fotografías se tomaron a intervalos no anunciados a medida que avanzaba la conversación. Para cada par de empleados, el asistente de investigación también obtuvo una fotografía “posada” al terminar la conversación después de 4 minutos y pidiéndoles a los participantes que miraran a la cámara para obtener una imagen final. Luego se relacionó el estado relativo autoinformado, el tipo de fotografía (sincera vs. posada) y el sexo con ocho comportamientos no verbales: inclinación hacia arriba, postura erecta, inclinación hacia adelante, sonrisa, cejas levantadas, brazos cruzados, auto tocamiento, y descansando los codos en la pierna o en los muebles.

Al tratar de relacionar el estado con una conducta sincera no verbal, lo ideal sería utilizar una observación discreta para obtener muestras de un comportamiento completamente auténtico. Sin embargo, esto no fue posible por razones éticas y, además, la observación no controlada crea ambigüedades interpretativas (debido a la confusión con las tareas y los entornos). La discusión de la relación de estado con el comportamiento no verbal se ha relacionado estrechamente con la discusión de las diferencias de género en el comportamiento no verbal. Los hombres y las mujeres difieren en el número de comportamientos no verbales, y las magnitudes de estas diferencias rivalizan o superan las de otras diferencias psicológicas de género, así como otros correlatos de las mismas conductas no verbales. La literatura indica que las mujeres sonríen y miran más, se inclinan más (se sientan de una manera menos relajada), se acercan a los demás más y se tocan más, entre otras diferencias. Henley propuso que las diferencias de género en el status subyacen a las diferencias de género no verbales, es decir, los individuos de alto status o dominantes se comportan como los hombres, mientras que las personas de bajo status o sumisas se comportan como lo hacen las mujeres, si bien relativamente pocos estudios han medido tanto el estado como el sexo en el mismo estudio y pocos estudios han podido probar esta hipótesis directamente. En este estudio los autores evalúan los resultados en busca de evidencia de que las diferencias de status podrían subyacer a las diferencias de género no verbales.

El estudio parte de la hipótesis de que las fotografías posadas provocarían una diferencia de género más extrema que las fotografías espontáneas. De esos comportamientos que se examinan, uno de los que más veces se ha examinado en investigaciones bajo diferentes circunstancias es la sonrisa. En los metanálisis se encontró que cuando la observación era más notoria (por ejemplo, la presencia de la cámara era más obvia), la tendencia de los hombres a sonreír menos que las mujeres se volvió más pronunciada . Los estudios de fotografías posadas (es decir, cámaras muy destacadas) han sido previamente virtualmente unánimes en mostrar que las mujeres sonríen más que los hombres bajo tales circunstancias. Pero, ¿qué sucede ante fotografías espontáneas? ¿aparece la misma diferencia?

Para comprobarlo, contaron con 96 profesores y personal de Northeastern University en Boston, MA. La mitad (18 mujeres, 30 hombres) de estos individuos fueron seleccionados al azar de la guía telefónica de la facultad / personal universitario por asistentes de investigación; la mitad restante (28 mujeres, 20 hombres) fueron otros profesores universitarios y personal que fueron reclutados por el primer grupo para servir como socios de interacción. Según la inspección visual de las fotografías, la muestra era blanca, con la excepción de cuatro hombres afroamericanos, dos mujeres afroamericanas y una mujer asiática. En lo sucesivo, los reclutados por los asistentes de investigación se llamarán empleados, y aquellos que a su vez fueron reclutados por los empleados serán llamados socios. En total, había 13 díadas parejas socias-socias, 5 dúo parejas socias-socias, 15 díadas parejas socias-socias, y 15 díadas parejas socias-socias. Las restricciones impuestas durante el reclutamiento fueron que los empleados no podían ser estudiantes, no podían ser conocidos por el asistente de investigación y no podían ser del Departamento de Psicología. Los empleados tenían una edad promedio de 47 años (SD = 10.62, rango = 29-69). Los socios tenían una edad media de 38 años (SD = 13.14, rango = 19-68).

60 estudiantes masculinos y femeninos de pregrado que recibieron crédito parcial en su curso de Introducción a la Psicología hicieron juicios de comportamiento no verbal de las fotografías. No se recopilaron datos sobre la etnia, pero la población de la cual se reclutaron los calificadores es predominantemente blanca y de clase media.

Cuatro asistentes de investigación (1 hombre, 3 mujeres) reclutaron a los empleados por teléfono. A los empleados se les preguntó si estarían interesados ​​en participar en un estudio conducido por un profesor en el Departamento de Psicología. Una vez aceptado, se les dijo a los empleados que serían fotografiados durante una conversación para estudiar la interacción social en una situación de “vida real”. Si los empleados estaban dispuestos a participar, se les pidió que contrataran a alguien de su departamento o unidad que no fuera un amigo personal cercano para que participara con ellos. Una vez que los empleados estaban seguros de que tenían un socio interesado en participar, el asistente de investigación programó una cita en la oficina del empleado. Al empleado y a la pareja se les pidió que sostuvieran una conversación de 4 minutos sobre “trabajo y vida en Northeastern”; muchas díadas hablaron sobre temas específicos relacionados con el trabajo. Se les informó que durante esta conversación el asistente de investigación tomaría fotografías en intervalos no anunciados. Cuando el asistente de investigación había tomado cuatro fotografías a intervalos de 40 segundos (en lo sucesivo denominadas fotografías “espontáneas”), pidió a los participantes que miraran la cámara para una fotografía final (fotografía “posada”). El asistente de investigación se abstuvo explícitamente de pedirles a los participantes que sonrieran o que dijeran “queso”. En todo momento, se permitió a los asistentes de investigación interactuar de forma natural con los participantes.

Después de que se tomó la última fotografía, se pidió a todos los participantes que completaran un cuestionario en el que calificaron, en una escala de 9 puntos, su estado relativo a la otra persona: “¿Cómo describiría su relación jerárquica (en términos de rango, autoridad, o cadena de mando) a su socio en su oficina, departamento o unidad? ” (mucho más bajo que mi compañero / mucho más alto que mi compañero). Los participantes también se les pidió que escriban su título de trabajo. Ejemplos de puestos de trabajo de alto status fueron vicepresidente y profesor; ejemplos de puestos de trabajo de bajo status fueron secretario y asistente de programación. Finalmente, los participantes calificaron el grado en que conocían a la otra persona y su comodidad, disfrute y tensión durante la conversación (en escalas de 9 puntos).

Resultaron 235 fotografías que fueron plasmadas de forma aleatoria en álbumes de fotografías. Las mitades izquierda y derecha de cada fotografía se cubrieron alternativamente con papel opaco, de modo que un evaluador determinado solo podía ver un miembro de la díada. En total, cada participante fue calificado por 5 calificadores por cada elemento de calificación no verbal. Cada evaluador puntuó solo uno de los siguientes para las 235 fotografías (solo la persona de la izquierda o de la derecha): posición de la cabeza hacia abajo / posición de la cabeza hacia arriba; cejas arqueadas / cejas levantadas; postura desplomada / postura rígida; inclinarse hacia atrás / inclinarse hacia adelante; no sonríe / sonríe intensamente (todo en escalas de 9 puntos); o una lista de verificación que enumera (1) los brazos cruzados, (2) tocarse a sí mismo (no incluye las manos apoyadas en el regazo, los brazos cruzados o las manos juntas) y (3) los codos apoyados sobre la mesa, el brazo de la silla o la rodilla. Los evaluadores en la condición de la lista de verificación podían verificar todos los que se aplicaron para cada fotografía. En la puntuación, los elementos de la lista de verificación se convirtieron en variables (presente / ausente).

El análisis se realizó del siguiente modo: En primer lugar, para cada fotografía, las clasificaciones realizadas por los cinco observadores se promediaron para cada comportamiento no verbal. A continuación, para cada participante por cada elemento de comportamiento, se promediaron las calificaciones de las cuatro fotografías tomadas durante la conversación (fotografías espontáneas). Estos se analizaron por separado de la fotografía final, que es la fotografía posada.

Los empleados y socios valoraron su propio estado relativo. Debido a que estuvieron muy de acuerdo con su estado relativo, se creó un conjunto de calificaciones de empleados y socios al promediarlos después de revertir la calificación del socio, de modo que para ambos participantes las calificaciones en el extremo superior de la escala indicaron que el empleado tenía mayor estado que el socio, mientras que las calificaciones en el extremo inferior indicaron que el empleado tenía un estado más bajo que el socio. Esta calificación de status compuesto se usó para identificar quién tenía el status más alto y quién era el miembro del status más bajo de cada díada.

Las relaciones de status, las fotografías naturales / posadas y el género a la conducta no verbal se examinaron en análisis de varianza univariante de modelo mixto de cuatro vías (ANOVA) que tenían dos factores entre pares y dos dentro de las parejas; en estos ANOVA las variables dependientes fueron las conductas no verbales, los factores entre las dos parejas fueron el género de la persona de menor status y el género de la persona de mayor status, y los factores dentro de las parejas fueron el comportamiento de la persona de menor status versus mayor y tipo de fotografía (natural / posada). Las diferencias de género se examinaron adicionalmente utilizando correlaciones entre el género (0: masculino, 1: femenino) y las conductas no verbales.

Los resultados fueron los siguientes:

En cuanto a la inclinación de la cabeza hacia arriba, los miembros de menor status inclinaron la cabeza hacia arriba más que los miembros de mayor status. Hubo también un efecto altamente significativo de fotografías naturales / posadas: Los participantes inclinaron la cabeza más en las fotografías posadas que en las naturales. No hubo otros efectos significativos.

En cuanto a la sonrisa, el status no se relacionó significativamente con la sonrisa. Sin embargo, los participantes sonreían mucho más en las fotografías posadas que en las naturales. Además, para las fotografías naturales, la sonrisa (para los dos participantes combinados) no estaba relacionada con el sexo de la persona de menor status, pero para las fotografías posadas sonriendo (para ambos participantes combinados) fue sustancialmente mayor cuando la persona de menor status era mujer que cuando la persona de menor status era hombre. Lo más llamativo es la cantidad de sonrisas en los casos en las que ambos participantes eran mujeres, en relación con las otras condiciones.

Ni el status ni las fotografías naturales / posadas se relacionaban significativamente con el auto-contacto, aunque cuando la persona de menor status era hombre, la persona de mayor status se tocaba más que la persona de menor status, pero cuando la persona de menor status era mujer no había diferencia. Aparte, en fotografías naturales, los participantes se tocaron un poco más cuando la persona de menor status era mujer que hombre, pero esta diferencia de género se revirtió para las fotografías posadas: los participantes se tocaron más cuando el status inferior era hombre en vez de mujer.

En cuanto a los codos en reposo, la persona de mayor status apoyó los codos en una pierna o en los muebles más que la persona de menor status. Además, cuando la persona de menor status era hombre, la persona de mayor status descansaba más sus codos que la persona de menor status, pero no había mucha diferencia cuando la persona de menor status era mujer.

Sobre las posturas e inclinaciones, ni el estado ni las fotografías naturales / posadas se relacionaron significativamente con estos comportamientos. Tampoco hubo otros efectos significativos en los ANOVA para estos comportamientos.

Sobre las diferencias de género en el comportamiento no verbal de la investigación, hubo algunas diferencias de género significativas. Aunque no fue consistente entre los participantes y las fotografías naturales / posadas, hubo evidencia de que las mujeres se sentaron con una postura más erguida, se inclinaron más hacia adelante, sonrieron más y arquearon las cejas más que los hombres. De todas las diferencias entre las diferencias de género naturales y posadas, la más notable fue la sonrisa: no hubo diferencias sonrientes para las fotografías sinceras, pero en las fotografías posadas las mujeres de menor status sonrieron notablemente más que los hombres de menor status.

En resumen, este estudio encontró evidencia de que varios comportamientos no verbales variaron con el status, las fotografías sinceras versus las posadas, y el sexo. Sin embargo, la evidencia de interacciones entre estos factores sugiere que puede haber una utilidad limitada para generalizar sobre cualquiera de estas variables individualmente en relación con el comportamiento no verbal. Los efectos de status no siempre fueron constantes a través del género, y las diferencias de género no siempre fueron constantes en las fotografías naturales / posadas. Es particularmente interesante que las diferencias de género en la sonrisa parecían ser especialmente sensibles a las demandas situacionales (fotografías naturales frente a las posadas).

La importancia de la inmediatez en el comportamiento no verbal para crear vínculos de confianza. Club del Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del estudio “Creating Immediacy Using Verbal and Nonverbal Methods” de Debra Dalonges y Jacquelyn Fried, documento en donde se explica la importancia de la inmediatez y de las relaciones positivas a través del comportamiento no verbal para establecer vínculos de confianza entre pacientes y médicos o alumnos y profesores.

La inmediatez se define como el grado de cercanía física o psicológica percibida entre dos personas. Las personas se sienten atraídas por las personas y cosas que les gustan, evalúan positivamente y prefieren, y evitan o se alejan de las cosas que les disgustan, evalúan negativamente o no prefieren.

La inmediatez abarca técnicas de comunicación verbal y no verbal que se pueden aplicar en múltiples entornos. Reducir el estrés y establecer una relación con los clientes requiere integrar la delicadeza de un educador y la compasión de un médico de calidad. Los educadores usan técnicas de inmediatez para educar a sus alumnos; estos mismos métodos se pueden aplicar en un entorno clínico. Al igual que los académicos, los higienistas dentales confían en las habilidades de comunicación verbal y no verbal finamente perfeccionadas para impartir información sobre educación sanitaria para motivar y educar a los pacientes sobre la salud oral y sistémica. Los higienistas dentales, como médicos expertos y conocedores, deben utilizar habilidades de comunicación que generen confianza en los pacientes y que transmitan sus habilidades y conocimientos. Los rasgos deseados asociados con la inmediatez verbal incluyen la autorrevelación, el humor, el tono, la referencia a los rasgos positivos y el discurso de otro con respecto a las similitudes. Las principales señales no verbales asociadas con la inmediatez incluyen la escucha empática, la migración facial (que muestra la expresión), la sonrisa, la orientación de la mirada, la apariencia física y el tacto.

Mediante estrategias de comunicación no verbales y verbales, un higienista dental puede mejorar las interacciones y alentar a los clientes a expresar sus inquietudes. Las señales no verbales pueden ser mucho más importantes que lo que se dice. Estas señales pueden influir en los resultados de los intercambios académicos y clínicos.

De acuerdo con los resultados de la comunicación educativa, los pacientes que ven a los médicos como profesionales cercanos son menos temerosos y generalmente están más satisfechos con la atención médica que reciben. El atractivo interpersonal, el grado en que otros responden positivamente entre sí, se puede mejorar utilizando comportamientos de inmediatez. Los médicos que deseen emplear los comportamientos de la inmediatez deben explorar las técnicas verbales y no verbales y las formas de asegurar su congruencia. Actos simples como mantener el contacto visual cuando se comunican, tocar suavemente el brazo de un paciente para reforzarlo y hablar con un tono suave y no amenazante son algunas de las maneras de lograr la inmediatez. La aplicación consciente y el aprendizaje diligente de estrategias de comunicación tanto verbales como no verbales pueden ayudar a mejorar los resultados de la educación sanitaria.

Una parte de toda comunicación son los comportamientos no verbales. Estas conductas incluyen el estudio de los movimientos corporales al comunicarse, los gestos y expresiones faciales, la proxémica (la naturaleza, grado y efecto de la separación espacial que los individuos mantienen naturalmente), la sensibilidad de la piel, el uso de artefactos, características físicas, movimiento ocular, comportamiento conmovedor y factores ambientales. Las expresiones faciales y los gestos incluyen el contacto corporal, la apariencia física y la dirección de la mirada. Los comportamientos no verbales incluyen las variables paralingüísticas del tono emocional, el tiempo y el acento. Los docentes consideran que los profesores que transmiten mensajes de cuidado verbal en combinación con señales de cuidado no verbal son más creíbles. Algunos investigadores creen que los comportamientos no verbales son más efectivos para comunicar la inmediatez que los comportamientos verbales. Las señales no verbales a menudo son innatas y, a veces, pueden contradecir un mensaje verbal. Quien tiene un conocimiento experto de las conductas no verbales puede transmitir efectivamente un mensaje no verbal controlado.

Al aplicar los principios de inmediatez, se pueden combinar comportamientos de comunicación tanto verbales como no verbales. Ya sea que se discuta el estado de salud de una persona o se educa a los estudiantes, los mensajes se transmiten a través de dos tipos de comunicación: explícita e implícita. Los mensajes explícitos llevan el contenido; la comunicación implícita transmite emociones y sentimientos. Los mensajes explícitos son fundamentalmente verbales, mientras que las comunicaciones implícitas son principalmente no verbales. Del 7% de la comunicación verbal, se descubrió que el 38% pasa por el tono de voz y el 55% por el lenguaje corporal general. Al formar relaciones de inmediatez con los pacientes, los médicos deben considerar todos los actos de comunicación verbal y no verbal.

La inmediatez muestra calidez y mejora las interacciones y las relaciones. Las interacciones con los pacientes son experiencias humanas que crean un vínculo relacional. La comunicación efectiva es un vehículo a través del cual se optimiza la participación de los pacientes. Un estudio correlacional de enfermeras y pacientes reveló que la fortaleza de su vínculo facilitó resultados positivos de la atención y una mayor satisfacción del paciente. Fomentar y fortalecer los vínculos de los higienistas dentales con sus pacientes podría producir resultados similares.

Relatando el principio educativo de la inmediatez, Vélez y Cano estudiaron la asociación entre la motivación del estudiante y la inmediatez del maestro. Su encuesta encontró que para aumentar la motivación del estudiante a través de señales verbales y no verbales se debían de exhibir gestos positivos y alentadores. Las expectativas de éxito se potencian mediante una combinación de comunicación verbal y no verbal constante, positiva y de apoyo.

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