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Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Personalidad (página 1 de 6)

El efecto de la duración de un apretón de manos. Club del Lenguaje No Verbal

Amigo del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Effects of handshake duration on other nonverbal behavior” de Nagy E., Farkas T., Guy F. y Stafylarakis A. (2019), en el cual se analiza el efecto de la duración de un apretón de manos en las interacciones sociales.

En los libros de etiqueta, el adecuado acto de darse la mano suele ser descrito detalladamente. En cambio, experimentos sobre este comportamiento no verbal (CNV) siguen siendo escasos en número. La mayoría de los CNV encierran un significado compartido y aceptado socialmente. Particularmente, darse la mano refleja confianza interpersonal.

Existen diferentes descripciones sobre las características que debería tener este CNV en pos de transmitir y provocar sensaciones positivas en los interlocutores, así como evitar las negativas. Se ha dicho, por ejemplo, que dar la mano fuertemente transmite una mezcla de dominancia y agresividad. No obstante, incluso si el comportamiento de alguien se percibe globalmente como negativo o poco amistoso, cuando ese alguien da la mano con su interlocutor es percibido más positivamente que en ausencia de este gesto.

Darse la mano tiene consecuencias duraderas. La calidad de esta acción se ha visto asociada a contrataciones después de una entrevista de trabajo. Pequeños toques al interlocutor y, hasta cierto punto, darse la mano, aumentan la disposición de tomar riesgos financieros. Un paciente que cierra la consulta con un apretón de manos refleja su satisfacción con la atención médica.

Algunas características del apretón de manos, como cuánto tiempo debería durar y las consecuencias de violar los patrones esperados, rara vez se han estudiado. En cualquier caso, el análisis de muchos CNV (y otros tipos de comportamientos) muestran una duración adecuada compartida: 2-3 segundos.

Vamos a describir algunos ejemplos. El análisis de 1542 movimientos corporales en 3 culturas distintas mostró que el 93% de estos duran 2-3 segundos. Gestos como despedirse con la mano o el apretón también suelen mostrar patrones rítmicos de 3 segundos de duración. El intervalo de 3 segundos se corresponde con lo que experimentamos como el ahora en la sucesión continua de momentos presentes de nuestra vida. Ya hace mucho, el padre de la psicología científica, Wilhelm Wundt, determinó que si el intervalo temporal entre dos grupos de estímulos es mayor de 5-6 segundos, las personas perciben dichos estímulos como separados.

En la misma línea, el cambio atencional de un estímulo a otro lleva 2-3 segundos. En la percepción visual, se necesitan unos 3 segundos para cambiar la perspectiva cuando se observan estímulos ambiguos. Las unidades de entonación en el discurso suelen durar unos 2 segundos. Frases de 2-3 segundos se pueden identificar como protoconversación con niños/as muy pequeños/as. Y, por último, las frases musicales suelen llevar 2-3 segundos para cantarlas.

Dada la importancia que parece tener esa duración en algunos comportamientos, los autores de este estudio analizan si y cómo reaccionan las personas cuando no se respeta esa duración óptima en el apretón de manos. El experimento tiene lugar en condiciones de entrevista y participan 34 personas. Cada uno de los participantes entran en una sala y se sientan delante de una entrevistadora (E1). La distancia entre sus caras es de aproximadamente 115 centímetros.

 Ocurre una conversación simple y, luego, cada participante completa cuestionarios relativos a ansiedad y empatía. Al finalizar, la E1 da paso una segunda experimentadora (E2), que es la que llevará a cabo la entrevista. La E2 lleva a cabo una entrevista semiestructurada y pregunta sobre aspectos relativos al empleo. Por ejemplo, elecciones sobre la carrera, experiencia laboral, planes de tiempo libre y objetivos a corto y largo plazo.

Existen 3 condiciones en cuanto a la interacción inicial con la E2. Cuando entra en la sala, antes de que empiece la entrevista, la E2 saluda sin dar la mano (grupo control, GC), da la mano con el participante durante 2-3 segundos (grupo del apretón normal, GAN) o da la mano con el participante durante 5-6 segundos (grupo del apretón prolongado, GAP).

A lo largo del experimento también se registran otros comportamientos no verbales de los participantes. Por ejemplo, mirar a los ojos del interlocutor o duración del discurso. Otros son presencia y duración de risa y sonrisas, gestos con las manos y pies y tocarse cara/cuerpo/pelo.

Se obtienen diferentes resultados destacables. Primero, violar la expectativa natural de un apretón de manos de aproximadamente 2 segundos impacta en el CNV de los participantes y provoca diferentes manifestaciones en sus estados de ánimo. Por ejemplo, los participantes del GAP se rieron menos en la entrevista que los del GC y GAN.

Una posible explicación es que se experimenta menos disfrute, cercanía y/o amabilidad cuando el apretón de menos tiene una duración antinaturalmente prolongada. La risa espontánea en situaciones sociales muestra una actitud de relajación. Y es probable que ese apretón de manos prolongado genere tensión.

Por otro lado, e inesperadamente, se registraron menos sonrisas en los participantes del GAN. Una explicación podría ser que la sonrisa es parte del saludo y contacto inicial. Una vez pasado ese momento, el enfoque cambia: más seriedad, escucha, atención al interlocutor, etc. Es decir, tiene mucha relevancia en la fase inicial de socialización, pero cuando esta finaliza, el contexto formal de entrevista da lugar a otros CNVs. En cualquier caso, es importante saber que las sonrisas en entrevistas de trabajo pueden marcar diferencias en la decisión de ser aceptado o rechazado para un puesto.

Segundo, el apretón de manos prolongado fue el único asociado a un aumento de movimientos de las manos. Más específicamente, lo que aumentó fue el tiempo que cada participante dedicó a tocarse una mano con la otra, como agarrándose su propia mano. La condición del GAP también fue en la que se observaron menores duraciones en gestos que implican tocarse el propio cuerpo.

Los gestos de frotarse las manos o agarrarlas entre ellas, así como tocarse el cuerpo son conductas que, en su conjunto, reflejan ansiedad y/o nervosismo (aun así, no olvidarse de interpretar teniendo en cuenta el contexto). Los gestos con las manos también son bastante difíciles de controlar y suelen revelar estados de ánimo. Cuando no se dan, suele interpretarse como muestra de auto-control o inhibición deliberada. Y en condiciones de detección de mentira, su análisis tiene bastante importancia.

Tercero, la duración del CNV relativo a tocarse la cara disminuyó a continuación del apretón de manos de duración normal. En situaciones formales, como las entrevistas de trabajo, se ha visto que nos tocamos menos la cara que en situaciones informales. Por eso, el hecho de que los participantes del GAN se tocaran menos la cara puede indicar que se sintieran como en una situación formal normal, sin tensión destacable.

En cuanto a características de personalidad relativas a ansiedad y empatía, no se encontraron relaciones significativas. Es decir, no se registran relaciones entre ser una persona más o menos ansiosas/empática y el CNV posterior al apretón de manos.

Como conclusión, se plantea que un apretón de manos prolongado (>3’’) impacta negativamente en el CNV posterior de los participantes. Ese impacto negativo se traduce en su conjunto en una mayor incomodidad o malestar emocional. No obstante, los autores son cautos y destacan que, con tan pocos datos, solo pueden especular. A primera vista, parece que la longitud del apretón de manos se traduce en más o menos señales de ansiedad del receptor de dicho apretón.

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Comunicación no verbal en pareja: ¿cómo expresar afecto hacia personas con apego evitativo? Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Effects of verbal and noverbal communication of affection on avoidantly attached partners’ emotions and message receptiveness” de Schrage K. M., Maxwell J. A., Impett e. A., Keltner D. y MacDonald G. (2020), en el cual se analizan los efectos del afecto expresado verbal y no verbalmente en personas con apego evitativo y en contexto de pareja.

Una de las cosas más importantes que nos permiten establecer relaciones afectivas con los demás es el apego. Esta capacidad de vinculación afectiva está presente desde que nacemos.

La teoría del apego (John Bowlby) describe las dinámicas de relación entre los seres humanos a largo plazo. Según diferentes tipos de relaciones niños/as-cuidador/a, las personas desarrollan vínculos basados en diferentes tipos de apego. Se plantea que el tipo de apego desarrollado en la infancia permanece en la vida adulta. Y donde mejor se refleja el apego adulto es en las relaciones de pareja.

Se habla de cuatro tipos de apego: seguro, inseguro-evitativo, inseguro-ambivalente (ansioso) y desorganizado. Cada tipo de apego implica diferentes formas de relacionarse, de reaccionar a conflictos, de expresar emociones, etc.

En este artículo se atiende a la comunicación afectiva de las personas con apego evitativo en el contexto de pareja. Las personas con apego evitativo (PEAs) suelen ser menos receptivas a la intimidad, muestran menos emociones positivas y más emociones negativas.

Importante destacar que se trata de patrones comportamentales bastante inconscientes cuyas bases implican desconfianza, miedo a ser traicionados y engañados. A menudo perciben a las personas cercanas como desconfiables o indiferentes.

Y aunque sean consciente de ellos y quieran cambiar, necesitan la ayuda de otras personas, incluidas sus parejas para hacerlo. Si una PEA tiene pareja y esta está dispuesta a ayudar a la modificación de ese esquema de apego, este estudio pretende dar unas pistas para ello.

Las PEAs a menudo hacen esfuerzos para evitar el desarrollo de la intimidad con otro. A su vez, esta es una de las razones por las cuales suelen experimentar menos resultados positivos del comportamiento afectivo de la pareja. Un te quiero en una no PEA sería correspondido y aumentaría la emocionalidad positiva y el afecto. En cambio, en una PEA no ocurriría lo mismo y podría no tener, aparentemente, ningun efecto positivo.

A nivel comportamental, las PEAs evitan la intimidad exhibiendo menos receptividad ante estimulo sociales positivos. La receptividad se conceptualiza aquí como demonstraciones comportamentales, verbales y no verbales, de aprobación, compromiso y calidez ante estímulos sociales.

Las PEAs ejercen altos niveles de control sobre sus emociones positivas, tal como esconderlas o disimularlas ante sus parejas. Aquellas con mayor grado de apego evitativo se muestran menos sensibles incluso cuando sus parejas hablan de eventos positivos.

En un estudio se pedía el recuerdo de momentos en los cuales la pareja había mostrado un comportamiento amable/bondadoso. Se ha visto que aquellos con mayor apego evitativo recordaban más experiencias negativas de pareja, como amenazas y desconfianza y menos positivas, como felicidad y amor.  En otro estudio se ha observado que, incluso en situaciones emocionalmente cargadas, tal como encuentros después de largos periodos de separación, las PEAs inhibían o disimulaban emociones positivas y mostraban mayor grado de conflicto.

Por lo tanto, la supresión de respuestas comportamentales de las PEAs puede ser problemática por dos razones principales. Primero, fallan en comprometerse con los gestos afectivos de sus parejas y en responder adecuadamente. Segundo, se impiden una experiencia plena donde se incluye experimentar los beneficios emocionales de esas expresiones afectivas. No es que no se esfuercen en alcanzar resultados positivos a nivel comportamental y afectivo en la pareja, sino que tienen mayores dificultades para ello.

Una de las preguntas que siempre quedan sin responder es cómo puede una persona expresar afectividad eficazmente si su pareja es una PEA. Las PEAs, en este contexto, tienen necesidades únicas. Necesitan obtener evidencias claras o más aumentadas de lo normal sobre la confiabilidad de la pareja.

Entre los comportamientos que expresan afectividad tenemos, por un lado, los verbales y, por otro lado, los no verbales. Los verbales serían los primeros en los que pensamos cuando se trata de claridad. Un te quiero, un me gustas son frases sin ambigüedad que, en principio, no dejan lugar a dudas. No obstante, el lenguaje verbal es un comportamiento controlado que también se utiliza para engañar, mentir y manipular para conseguir lo que queremos.

La expresión no verbal, en cambio, implica un alto grado de espontaneidad. Esa sería una gran ventaja porque genera mayor confianza, interpretándose la mayoría de las veces como genuino. Además, permite el envió de mensajes afectivos a través de múltiples canales. Afecto no verbal sería, entre otras, sonreír, inclinación hacia el otro, afirmaciones con la cabeza y/o voz y gestos animados.

Por otro lado, también tiene desventajas. El lenguaje no verbal es más ambiguo. Por ejemplo, una voz y unos gestos animados pueden expresar afecto o alegría. Además, son señales indirectas y no siempre son salientes. Si las PEAs típicamente ignoran las señales de cercanía e intimidad, lo no verbal podrían ser pasado por alto fácilmente.

¿Qué es lo mejor? Los autores del estudio intentan determinar si hay maneras específicas de comunicar afecto que pueden ayudar a las PEAs a cosechar las mismas recompensas que se derivan de la comunicación afectiva, al igual que las personas con apego seguro.

En el estudio participan 324 parejas tanto hetero como homosexuales. Cubren diferentes cuestionarios y escalas que recogen datos demográficos, estilo de apego (evitativo bajo/alto), satisfacción con la pareja y emociones. Las evaluaciones de las emociones se hacen antes y después de una tarea.

La tarea consiste en describir un momento en el que se han sentido muy queridos por sus parejas y como lo han expresado. Ambos miembros de la pareja han sido emisores de ese recuerdo y oyentes. Todas estas conversaciones se han grabado. Posteriormente, se han analizado comportamientos afectivos verbales y no verbales que el emisor del recuerdo muestra en esas conversaciones, así como la receptividad del oyente.

Se observan muchos detalles y matices, pero hay resultados más claros que otros. Hay dos grupos en cuanto al apego evitativo. Personas con altos niveles de apego evitativo (+PEAs) y con bajos niveles de apego evitativo (-PEAs).

El afecto no verbal se ha visto asociado con resultados positivos en general. No obstante, las +PEAs oyentes mostraron beneficios particulares cuando sus parejas mostraron mayor afecto no verbal. Asimismo, se vieron más afectadas negativamente cuando las parejas mostraron un bajo afecto no verbal. Todo ello, en comparación con los efectos del afecto no verbal en las –PEAs.

A altos niveles de afecto no verbal, las +PEAs informaron emociones positivas y receptividad tan altas como las –PEAs. En cambio, a bajos niveles de afecto no verbal, las +PEAs informaron mucho menos emociones positivas que las –PEAs. Por tanto, las personas con altos niveles de apego evitativo son muy sensibles a diferentes niveles de afecto no verbal.

En cuanto a emociones negativas, no se ha observado ningún efecto del o asociación con el afecto no verbal. En cambio, el afecto expresado verbalmente sí ha mostrado tales asociaciones. Lo que se ha observado es que el afecto expresado verbalmente no consigue disminuir o modificar las emociones negativas de las +PEAs.

Por tanto, en este caso, lo verbal no aumenta emociones positivas ni receptividad, ni consigue disminuir las negativas. El efecto del afecto verbal es similar independientemente de si se trata de +PEAs o –PEAs. El afecto no verbal aumenta las emociones positivas tanto cuando hay un alto apego evitativo como cuando no lo hay. No obstante, en +PEAs, su ausencia o poca expresión no permite un aumento de las emociones positivas.

Para entenderlo, un ejemplo. Imaginemos una curva con dos picos que representa un estado de desconfianza (pico alto) mezclado con cariño hacia otra persona (pico bajo). El impacto de la desconfianza es mucho mayor, de ahí que las PEAs eviten la intimidad y la expresión emocional positiva. Si la pareja muestra afecto no verbal, la desconfianza no disminuye, pero el cariño aumenta. Si la pareja no muestra afecto no verbal, los picos permanecen en el mismo estado. Y si la pareja muestra afecto verbal, tampoco hay cambio.

Por tanto, si el afecto no verbal falta, es un problema. Si está presente, es una manera eficaz de generar más receptividad y emocionalidad positiva y, así, paliar el impacto de la emocionalidad negativa.

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Poder, estatus y dominancia a través del comportamiento no verbal. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “The nonverbal expression of power, status and dominance” de Carney D. R. (2020), en el cual se exponen los comportamientos no verbales que reflejan poder, alto estatus y dominancia, así como aquellos relacionados con estos tres constructos.

El poder, el estatus y la dominancia son teoréticamente tres constructos diferentes, con manifestaciones distintitas en términos de estado psicológico y de los comportamientos derivados. No obstante, a menudo hay confusión sobre qué es cada uno de ellas. Incluso se solapan cuando se trata de comportamientos asociados.

Desde el punto de vista del comportamiento no verbal, hay diferencias marcadas entre Margaret Thatcher y Oprah Winfrey. La primera, una mujer con voz grave, fuerte y pausas controladas en el discurso, acentuando sus gestos y patrones verbales. Codos fuera, cuerpo y cara inmóviles y tranquilos, con los silencios como aliados de su poder e influencia.

Oprah, en cambio, se mueve con gusto y gesticula ampliamente. Sus expresiones faciales van cargadas de cada emoción del momento. Llora, se ríe e incluso muestra confusión o curiosidad. Se sienta y se levanta. Abraza a los demás. Pero, al igual que Margaret Thatcher, el terreno en el que se mueve le pertenece.

¿Ambos estilos no verbales, aunque diferentes, indican poder, estatus y dominancia (PES)? Sí y no. De entre todos los comportamientos no verbales (CNV) que se dan en diferentes personas y contextos, emerge una lista de CNVs que creemos que están asociados a PES. No obstante, los CNVs que realmente están asociados a PES conforman una lista muy corta.

El poder se define a menudo como el acceso a recursos y el control sobre resultados monetarios y sociales. El estatus es el respeto y admiración de otros y tiene impacto en la influencia y el apoyo social. La dominancia es una diferencia individual relativamente estable que describe la tendencia a buscar y ejercitar poder, estatus e influencia. El poder y el estatus tienden a co-ocurrir en el mismo individuo, pero no necesariamente.

El autor de este estudio revisa múltiples investigaciones, estableciendo CNVs que creemos ser asociadas a PES y otros que realmente han mostrado asociación.

A modo general, las personas piensan que las personas dominantes suelen expresar más ira y/o desprecio. Que suelen mostrar una mirada más penetrante o feroz y gestos más amplios. También se asocian a la dominancia menos pausas en el discurso y una voz más ruidosa. Cuando se trata del estatus, las diferencias entre bajo y alto estatus son menores, aunque significativas. Y los CNVs asociados son similares a los mencionados para dominancia.

Estos datos referidos a qué CNVs creemos estar asociados a PES provienen de estudios en los cuales se solicita a participantes tal información. La lista es muy larga, habiéndose encontrado unas 45 señales no verbales que las personas consideran como indicadores diferenciales entre niveles bajo y altos de PES. En cambio, la lista de CNVs realmente asociados a PES es muy corta e incluye 10 CNVs diferentes.

Algunos CNVs se encuentran como específicos de uno de los PES. Una risa más dominante y desinhibida aparece en personas de alto estatus. A mayor dominancia, mayor duración del discurso, las personas más dominantes hablan más tiempo. Una duración mayor de las miradas en los ojos del interlocutor refleja mayor poder.

Otros CNVs se encuentran asociados a dos de los PES. Así, tanto el estatus alto como la dominancia implican una ratio mayor de comportamientos dominantes. Esta ratio se conforma de tiempos de duración de una secuencia que consiste en mirar a los ojos tanto cuando se habla como cuando se escucha al interlocutor. A mayor poder y estatus, se da un mayor control de los gestos en brazos y manos. También se reflejan más gestos no verbales a lo largo del discurso.

A los niveles altos de los tres constructos incluidos en PES se encuentran asociados cuatro tipos de CNV. Se trata de posturas corporales más abiertas y menor distancia interpersonal, por ejemplo, sentarse cerca o hablar con el interlocutor desde más cerca de él. Los dos CNVs restantes son más interrupciones exitosas (del discurso del otro) y una voz más ruidosa/con mayor volumen.

Aunque excluidos de la lista anterior, hay otros constructos relacionados con PES. Estos son el estatus socioeconómico, el tamaño de la red social y la confianza. Estas variables se han estudiado menos y, por eso, no se puede considerar que los CNVs asociados tengan la misma validez predictiva que los anteriores.

El estatus socioeconómico (SE) se ha estudiado en términos de ingresos y nivel educativo. Mayor SE se ha visto asociado a señales no verbales que reflejan bajo compromiso con el interlocutor. Se trata de CNVs que indican una orientación hacia uno mismo. Se trata de más CNVs de autocuidado (p. ej. tocarse), juguetear con objetos cercanos, hacer garabatos, mirar menos a los ojos y menos afirmaciones con la cabeza.

Un mayor tamaño de la red social correlaciona con más miradas hacia la cámara, más gestos y un tono menos agudo. De estos, solo el mayor número de gestos aparecía también asociado a PES. De las señales no verbales de la confianza hemos hablado en un reciente artículo de este blog. La persuasión efectiva a través del CNV implica mayor volumen del habla y más variaciones vocales y estos CNVs tienen tal efecto persuasivo porque inspiran más confianza.

¿Son estos CNVs universales? Puede que sí. Algunos de los CNVs mencionados se han registrado incluso en primates no humanos. Por ejemplo, los de mayor estatus muestran, al igual que los humanos, posturas más abiertas o miradas a los ojos más sostenidas y frecuentes. Parte de las asociaciones encontradas entre CNVs y PES provienen de estudios de otras culturas, como la japonesa, y se han observado en diferentes países.

Por último, el orgullo o la arrogancia también son constructos relacionados con PES. Y las señales no verbales que indican orgullo se han registrado en múltiples culturas, considerándose como universales. Por hallazgos como estos, es pertinente preguntarse sobre la universalidad del comportamiento no verbal en cuando a PES.

Con los actuales avances tecnológicos, como FaceReader o PRAAT, hay cada vez más probabilidades de avance en este campo y de obtener mejores predicciones y asociaciones entre CNV y constructos psicológicos. Mayor precisión en detectar CNVs e interpretarlos tiene implicaciones cruciales en la detección de la mentira, la actividad criminal o la adherencia a los tratamientos, entre otras.

 

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Comportamiento no verbal en la comunicación virtual. Club de Lenguaje No Verbal

 Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “TTYL:-)… Nonverbal cues and perception personality and homophily in synchronous mediated communication” de Krishnan A. y Hunt D. S. (2019), en el cual se analizan posibles señales no verbales en la comunicación mediada por tecnología y si estas influyen en la percepción sobre la personalidad del otro y sobre la similitud con el otro.

La percepción humana es un aspecto integral de la comunicación humana. Por eso, también tiene alta relevancia en la comunicación mediada por tecnología (CMT). La facilidad que ofrece la interacción con otros a través de dispositivos móviles y la proliferación de las redes sociales han hecho que la CMT sea la norma.

La comunicación en el contexto de la CMT suele darse en ausencia de señales no verbales regulares. Estas son características de la comunicación cara a cara (CCC), como el tono de voz, el lenguaje corporal o la apariencia física. Las señales no verbales se usan para generar atribuciones sobre el otro. También regulan de manera importante la interaccionan social.

Cuando utilizamos mensajería instantánea (MI) ¿captamos algo que cumpla el mismo papel que las señales no verbales? Si la primera conversación con un desconocido ocurre a través de Whatsapp, ¿de dónde sacamos conclusiones sobre esa persona? ¿De lo que escribe, de su foto de perfil o de algo más que eso?

Algunos investigadores implicados en esta temática defienden que sí hay señales no verbales en la CMT. No son iguales que las de la CCC, pero cumplen la misma función. Algunos sustitutos no verbales en la CMT podrían ser la velocidad de respuesta, emoticonos, acrónimos o la alteración de estructura de las frases.

Las inferencias sobre personalidad y otras características son importantes porque las personas quieren reducir la incertidumbre sobre los otros con los que interaccionan. Las señales no verbales son especialmente útiles para la formación de impresiones porque se consideran menos controlables que el lenguaje verbal. No es que seamos desconfiados de lo que otros nos dicen, pero lo verbal siempre está regulado por ciertas normas sociales.

La formación de impresiones sobre los otros es un proceso interpersonal en el cual las personas emplean información disponible para hacer juicios generales sobre la personalidad de los demás. Inferimos rasgos u otras características y es muy importante en la interacción con desconocidos. Ya desde la primera interacción con alguien, creamos una impresión sobre el otro que persiste bastante tiempo y tarda unas cuantas interacciones en renovarse.

En la CMT, las cosas cambian. Las señales no verbales son distintas, pero es impresionante la cantidad de información sobre el otro que extraemos de cualquier elemento. Como decíamos, pueden ser los emoticonos que utilizan, la forma de escribir, etc., pero incluso los seudónimos pueden influir en nuestra percepción.

La similitud con otros también es clave en las interacciones sociales. Las relaciones y la comunicación entre personas dependen mayoritariamente del grado de similitud entre emisor y receptor. Pueden ser similitudes en cuanto a variables demográficas o personales, como creencias o actitudes. El principio de la similitud dicta que la formación de amistad y contacto regular es mayor entre personas similares que no similares.

Por tanto, de un grupo de personas elegiremos interaccionar más con aquellas que percibamos como más similares a nosotros. Esta percepción de similitud está determinada por nuestras observaciones de lo que los otros dicen, pero más aún de cómo lo dicen.

En base a todas estas ideas y preguntas a resolver, los autores llevan a cabo un estudio con 505 participantes. Estos leen transcripciones de una de tres posibles conversaciones entre compañeros de clase que conversan sobre un proyecto. Las conversaciones pueden ser solo texto (grupo control), positivas o negativas.

En la condición positiva se utilizan 10 emoticonos que denotan emociones positivas y ortografía de exageración (p. ej. wooooow!!). En la condición negativa se utilizan 10 emoticonos que denotan emociones negativas, tales como enfado o tristeza y acrónimos que detonan molestia o aburrimiento (p. ej. grrrrr!). Los emoticonos siempre se sitúan al final del texto, dado que es lo más común.

Después de la lectura de la trascripción que toca a cada uno, los participantes evalúan los rasgos de personalidad de los implicados en la conversación. Los rasgos evaluados son los conocidos Big Five: extraversión, neuroticismo, amabilidad, responsabilidad y apertura a la experiencia (y hacia otros). Los sujetos también evalúan la similitud que perciben entre ellos mismos y los sujetos de la conversación. Por último, se pregunta a los sujetos si tienen deseo de interaccionar con esas personas.

Los sujetos de la conversación positiva fueron percibidos como extrovertidos y más amables, en comparación a las demás condiciones. Aquellos más expresivos y más positivos se perciben igual también en una interacción cara a cara. Además, en otras investigaciones se ha observado que los extrovertidos suben más fotos a las redes y perteneces a más grupos de Facebook. El mayor uso de emoticonos positivos en chats de trabajo también provoca una percepción positiva sobre el emisor del mensaje.

Los sujetos de la conversación negativa fueron asociados más al rasgo de neuroticismo, que denota un estado de ánimo más tristón o mayor estrés. En las investigaciones previas el neuroticismo se encontró asociado a un incremento en el uso de la MI y de los emoticonos negativos.

El rasgo de responsabilidad también se ha percibido de forma diferente a lo largo de las condiciones. Los que más responsabilidad aparentaron fueron los sujetos de la condición control. Aunque este rasgo trate de la autodisciplina, organización o atención al detalle, también puede asociarse a una falta de emociones. Probablemente por eso los sujetos de la condición solo texto fueron vistos como más responsables. Además, parece que los sujetos más positivos son percibidos como los menos responsables.

Curiosamente, los sujetos que leyeron transcripciones solo con texto se percibieron más similares a los actores de la conversación que en las demás condiciones. Es probable que los sujetos no se identificaran con ser más positivo o negativo debido a una expresión emocional extrema en los textos de este estudio. Es decir, solo negativa o solo positiva a lo largo de toda la conversación.

La similitud con otros parece mediar solo entre el rasgo de apertura y el deseo de interacciones futuras. Por un lado, si otros nos perciben como abiertos es probable que quieran volver a interaccionar con nosotros. Por otro lado, si las personas que nos perciben como abiertas también se consideran así, más aún desearán volver a interaccionar con nosotros.

Asimismo, de las tres condiciones, los sujetos del grupo control provocaron más deseo de una interacción futura. En cambio, no se observaron diferencias entre sujetos positivos o negativos. Por lo tanto, la similitud que percibimos entre nosotros y otros es importante a la hora de decidir si queremos volver a hablar con ellos o conocerlos en persona.

Parece que en las señales no verbales que pueden emitirse a través de la CMT permiten inferir rasgos de personalidad de aquellos con los que interaccionamos. Además, la formación de impresiones sobre otros también ocurre en este tipo de interacciones. Así que, si la primera vez que interaccionamos con alguien ocurre en un contexto de CMT, recordemos que aquí también importa la primera impresión.

La similitud percibida entre nosotros y los otros es clave para construir relaciones, tanto en la CMT como en la CCC. Puede que algunos de nosotros pensemos que nos gusta interaccionar con gente diversa y diferente de nosotros. ¿Será así o encontramos similitudes con ellos también? Si nos categorizamos como diferentes (entiéndase como atributo), ya tendríamos algo similar.

 

Si quieres saber más sobre la inferencia de características de otras personas a partir del lenguaje no verbal, visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira o nuestro Experto Universitario en Comunicación no verbal y Personalidad, con becas especiales para los lectores del Club del Lenguaje no Verbal.

¿Revelamos aspectos ocultos de nuestra personalidad cuando caminamos? Club de Lenguaje No Verbal.

 

bn23456 - ¿Revelamos aspectos ocultos de nuestra personalidad cuando caminamos? Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo Are we revealing hidden aspects of our Personality when we walk?” de Blaskovits y Bennell. En este artículo se habla sobre cómo algunos individuos pueden mostrar vulnerabilidad al andar y de cómo los observadores catalogan a esta persona como más sumisos respecto a los demás y su relación con una posible victimización.

Los rasgos de personalidad los deducimos de los comportamientos, que también sirven para evaluar el estado y la interacción del individuo. A partir de la comunicación no verbal se pueden hacer inferencias del estado de ánimo, la actitud, el rol interpersonal, la personalidad o la gravedad de una patología. Además, la comunicación no verbal inspira la acción en el observador (por ejemplo, acercarse o evitar a una persona).

La investigación indica que las señales de vulnerabilidad son muy importantes a la hora de la selección de una víctima en los delitos interpersonales (asalto, agresión sexual), ya que al ser personas vulnerables aumentan las posibilidades de que el agresor se fije en ellas. Dentro de estos comportamientos parece que destaca el modo de andar, que es un componente clave de la comunicación entre individuos y que los delincuentes lo tienen muy en cuenta.

Para profundizar más en estos conceptos se realizan dos experimentos. El propósito del primero de ellos era comprobar si la asociación entre historial de victimización y la “marcha de la víctima” podían explicarse por la personalidad. El patrón de la “marcha de la víctima” era zancada larga o corta, movimiento cambiante arriba y abajo, marcha gestual (el movimiento solo activa una parte del cuerpo), movimiento unilateral de piernas o brazos (movimiento anti-sincrónico) y movimientos de pies levantados. Se utilizó la visualización cinemática de puntos de luz ya que esta tecnología servía para los propósitos que se buscaba y a la vez evitaba que se tuvieran en cuenta otros factores como puede ser la apariencia o el atractivo. La hipótesis de partida era que las personas que habían sido previamente víctimas mostraran características vulnerables al andar. Además, se consideró que aquellos que presentarán características vulnerables en la marcha tendían una personalidad más sumisa y que los que hubieran sido víctimas de algún delito reportarían tener rasgos sumisos de personalidad.

Para comprobarlo se utilizó a 28 estudiantes, 18 eran mujeres y 10 hombres con edades comprendidas entre los 18 y los 32 años. El 71% eran caucásicos, el 12’9% asiáticos, el 6’5% africanos y 3’2% aborígenes canadienses. El 57’1% de la muestra había sido víctima de un delito violento o sexual. El 42’9% no tenía victimización previa y fue establecido como grupo control. Se le grabó en el laboratorio de captura de movimiento de la Universidad de Carleton. Además del vídeo cada participante completó una encuesta demográfica, el Cuestionario de Historia de Victimización y el IAS-R de personalidad. Dos evaluadores codificaron los movimientos de los sujetos con los vídeos de puntos de luz. No conocían el historial de victimización de la muestra. El código de movimiento se adoptó de Ritchie (2014). El acuerdo entre los jueces fue alto para todas las categorías.

El 53’5% de los participantes tuvieron una puntuación de vulnerabilidad total baja y el 46’4% alta. No hubo diferencias significativas entre hombres y mujeres. Se encontró que el patrón de marcha y el historial de victimización se correlacionaban significativamente. Es decir, las personas que habían sido victimizadas eran significativamente más propensas a exhibir características vulnerables en su modo de andar. A través del test de personalidad se comprobó que aquellas personas con más características vulnerables en su marcha informaban de tener rasgos de personalidad más dominantes. No se encontró ninguna correlación entre el historial de victimización y la personalidad. Aquellas personas que habían sido víctimas de un delito violento o sexual recibieron puntuaciones más altas en la vulnerabilidad de la marcha. Parece que los individuos con un historial de victimización tienen personalidades más dominantes que aquellos que no han sufrido victimización.

En resumen, en este primer experimento se encontró que las personas con un historial de victimización tenían más posibilidades de mostrar señales de marcha vulnerable y que los que presentan características más vulnerables tenían rasgos de una personalidad más dominantes. Sin embargo, no se puede asociar la dominación y el historial de victimización con la vulnerabilidad al andar. Estos dos la predecían, pero de manera individual.

En el segundo experimento se utilizaron los vídeos grabados de los puntos de luz para investigar hasta que punto la marcha es un indicador confiable de vulnerabilidad de la víctima. La hipótesis era que los observadores se pondrían de acuerdo sobre que personas tendría más posibilidades de convertirse en víctima. Para llevarlo a cabo se contó con una muestra de 129 canadienses mayores de 18 años. El 55’3% eran mujeres y el 44’7% hombres, con una edad media de 46 años. El 90’6% eran caucásicos, el 5’5% asiático, el 0’8% africanos, el 0’8% aborígenes. Se les pidió que contestaran un cuestionario online de dos partes, la primera era un cuestionario demográfico y la segunda el Cuestionario de Ranking de Vulnerabilidad de la Víctima que consistía en 28 ítems puntuados del 1 al 10 sobre la vulnerabilidad que mostraba al andar la persona. Había preguntas relativas a la independencia, la explotabilidad o la capacidad del objetivo. También había preguntas relativas a la dominación y a la sumisión percibida. Cada participante visualizaba 14 vídeos de diez segundos de duración y después de cada uno tenían que completar el cuestionario correspondiente.

Los resultados mostraron que si bien los observadores pueden no estar de acuerdo sobre qué caminantes son más vulnerables a la victimización violenta. Los observadores también acordaron una posible tendencia hacía que individuos eran objetivos más fáciles en general y cuales más vulnerables a la victimización sexual. En relación a la personalidad estaba de acuerdo en cuanto a la autoconfianza, pero no en lo relativo a la asertividad, timidez o la agresividad. Los observadores fueron preciso en un 64% para recibir la victimización violenta y en 54% para los sexuales.

Los observadores coincidieron entre sí en cuanto a que caminantes eran más vulnerables a la experiencia de victimización sexual, así como a los que parecían ser “objetivos más fáciles”. Sin embargo, no estuvieron de acuerdo en qué caminantes eran más vulnerables a experimentar una victimización violenta. No queda claro porque ocurre esto, quizás sea porque se manejan gestos diferentes para adivinar la idoneidad para ser víctima de un delito violento que para uno sexual. También puede deberse al tamaño de la muestra y quizás con una mayor sí que se podrán conseguir. Además, alguna de las personas de los vídeos habían sido víctima tanto de delito violento como sexual. Los observadores también estuvieran de acuerdo en que caminante estaban más seguros de sí mismos, pero no en los que eran más asertivos y sumisos. También hay que tener en cuenta que, aunque se intentó que el andar fuera lo más natural posible, puede ser que las personas lo modificaran al sentirse observados por las cámaras.

En conclusión, los individuos que exhibían pasos largos o cortos, un movimiento lateral o diagonal, con cambios hacía arriba y hacía abajo, una marcha gestual, movimientos unilaterales de manos y pies y movimientos con el pie levantado tienden a ser percibidos como lo más vulnerables a experimentar una futura victimización. Las personas que habían sido víctimas en el pasado tenían más posibilidades de exhibir entre características al andar. La sumisión como rasgo de personalidad no se relacionó con la marcha ni con la victimización previa y no puede explicar a relación entre el historial de victimización y que presente señales vulnerables al andar. Sorprendentemente se observaron una asociación significativa entre el dominio y la vulnerabilidad en la marcha. Además, se concluyó que los observadores no pudieron detectar ningún rasgo de personalidad de los caminantes.

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