Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

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Las manifestaciones faciales no verbales y su relación con las diferencias individuales. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Personal Nonverbal Repertoires in facial displays and their relation to individual differences in social and emotional styles” de Ilgen, H.; Israelashvili, J. y Fischer, A. (2021), en el que se estudian las diferencias individuales en las manifestaciones faciales relativamente frecuentes.

Algunas personas levantan constantemente las cejas, otras sonríen continuamente. ¿Pero es esto pura coincidencia o podría reflejar el estilo social y emocional de un individuo en las interacciones?

Algunos trabajos ya han sugerido la posible existencia de diferencias individuales en los micromovimientos faciales. Sin embargo, hasta la fecha, las manifestaciones faciales se han considerado principalmente como estados momentáneos, descritos como lecturas de emociones, señales de intenciones sociales, estados de preparación para la acción o estados motivacionales más generales. Mientras que las reacciones faciales son claramente contingentes a la situación —es decir, respuestas a un evento— también pueden considerarse como disposiciones más estables. Los individuos pueden diferir sistemáticamente en la frecuencia con la que muestran reacciones faciales específicas, en situaciones específicas.

Siguiendo las discusiones en la investigación de la personalidad, la ocurrencia de un comportamiento no verbal en un individuo puede ser relativamente estable en el tiempo. Por lo tanto, mientras que, por ejemplo, todo el mundo puede sonreír más en una boda que en un funeral, algunas personas pueden sonreír más que otras en ambos contextos.

Para profundizar en esta cuestión, los autores investigaron diferentes tipos de medidas de los estilos sociales y emocionales. En primer lugar, midieron dos dimensiones en el dominio interpersonal: extraversión (frente a introversión) y dominio (frente a sumisión). Además, se incluyeron medidas de diferentes estilos en situaciones de conflicto. La finalidad de esto último era distinguir 5 estilos diferentes para afrontar situaciones conflictivas, basados en dos dimensiones: la preocupación por los demás y la preocupación por uno mismo.

Los estilos sociales y emocionales también pueden reflejarse en las diferencias individuales en la regulación de las emociones. Algunos autores distinguen dos tipos de reguladores emocionales: personas que reprimen sus emociones y personas que revaloran el evento emocional.

Esta investigación ha demostrado típicamente que los reevaluadores son más capaces de disminuir la intensidad de sus emociones negativas, en comparación con los supresores. Los supresores todavía experimentan una buena cantidad de emociones negativas, aunque intentan no mostrarlas. Por último, las personas también difieren en lo nerviosas que están por evitar el castigo frente a lo positivas que son para lograr sus objetivos. Así, se han propuesto dos dimensiones de la personalidad: ansiedad e impulsividad.

Hasta la fecha, solo unos pocos estudios han examinado las acciones faciales en relación con las diferencias individuales estables, como el temperamento o el estado de ánimo general. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que en estudios anteriores solo se midieron expresiones planteadas y no espontáneas, enfocándose exclusivamente en las características que los observadores infieren de estas expresiones.

Así, los autores utilizaron en su propio estudio un enfoque novedoso, examinando las acciones faciales espontáneas en relación con las diferencias individuales autoinformadas en los estilos sociales y emocionales. Los participantes fueron 110 hombres y mujeres holandeses, de 20 a 78 años de edad. Cada participante recibió instrucciones sobre el procedimiento, indicando que participarían en sesiones grabadas en vídeo y luego completarían 5 cuestionarios.

Las preguntas por ordenador comenzaron con hechos, pero se volvieron más personales e íntimas durante la sesión, marcando el participante su ritmo de respuesta. Posteriormente, las preguntas con un entrevistador también se centraron en experiencias emocionales específicas (miedo, ira, orgullo). El entrevistador marcó el ritmo de las preguntas y siguió con preguntas sobre las respuestas iniciales del participante.

Los autores encontraron apoyo para el concepto de repertorios personales no verbales: cada individuo mostró una o más acciones faciales con más frecuencia en dos contextos que la media de todas sus acciones faciales. Específicamente, se dentificaron cinco repertorios —sonreír, parpadeo parcial, caída de párpados, tensión y abrir los ojos—, parcialmente consistentes con investigaciones anteriores. Consecuentemente, se examinó la relación de estos con los estilos sociales y emocionales. Cabe señalar que las acciones faciales individuales pueden enviar una señal diferente cuando ocurren en diferentes combinaciones.

El primero, sonreír, el cual también incluía levantar la mejilla y apretar el párpado inferior, entrecerrando los ojos y sugiriendo una sonrisa auténtica e intensa, más que educada. Como era de esperar, sonreír se asoció con un estilo de interacción positivo y extravertido, destinado a afrontar los problemas y encontrar compromisos.

El segundo, el parpadeo parcial, se asoció negativamente con parpadear, levantar el párpado inferior y levantar las cejas internas. Esto sugiere pasividad, puesto que son señales de una mirada activa y alerta. La asociación negativa con la extraversión encaja con esta explicación, sugiriendo una asociación positiva con la supresión de las emociones y la introversión.

El tercero, la caída de párpados, reflejando una baja excitación. Se asoció positivamente con ceder, lo que implica un estilo de interacción sumiso y ansioso basado en el estrés. La pregunta es cómo se pueden distinguir el parpadeo parcial y la caída, ya que ambos representan una postura pasiva. Mientras que el parpadeo parcial parece estar asociado principalmente con no mostrar ningún sentimiento (es decir, una cara de póquer), el otro sugeriría ansiedad y ceder.

El cuarto repertorio, tensión, consistía en fruncir el ceño, tensar los párpados, los labios y levantar las cejas. Los resultados sugirieron que las personas con este repertorio no verbal personal pueden, por un lado, mostrar enfoque y concentración, al tiempo que reprimen sus sentimientos de ansiedad. Finalmente, el quinto repertorio, abrir los ojos, no se asoció con levantar las cejas internas y externas. De hecho, no se encontró relación con los factores autoinformados. Sin embargo, sí se encontró con la reevaluación y negativa con el compromiso.

Resumidamente, todos los participantes mostraron una o más acciones faciales con relativa frecuencia, encontrándose evidencia de estos cinco factores de acciones faciales, denominados repertorios personales no verbales. Tres de ellos están asociados con estilos sociales y emocionales específicos en las interacciones. A saber: la sonrisa se asocia con el compromiso y la extraversión; la caída de párpados con ceder y el parpadeo parcial se correlaciona negativamente con la extraversión.

Las correlaciones con los estilos sociales y emocionales muestran que existe al menos un apoyo inicial para la idea de que las diferencias individuales, en algunas acciones faciales relativamente frecuentes, están relacionadas con estilos específicos de cada persona en las interacciones sociales.

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Lágrimas: ¿reflejan el arrepentimiento o la sinceridad? Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “How Visible Tears Affect Observers’ Judgements and Behavioral Intentions: Sincerity, Remorse, and Punishment” de Picó, A.; Gračanin, A.; Gadea, M.; Boeren, A.; Aliño, M. y Vingerhoets, A. (2020), en el que analiza cómo afectan las lágrimas visibles a la percepción de honestidad, arrepentimiento y sinceridad en un individuo.

Tradicionalmente, las lágrimas se han asociado con la sinceridad como creencia popular. Pero ¿qué hay de cierto en esto?

Estudios anteriores demostraron que las lágrimas facilitan la percepción de tristeza e impotencia en los individuos que lloran. Por su parte, los observadores también expresaron más empatía hacia dichas personas, menor tendencia a evitarlas y mayor intención de acercarse y ofrecer apoyo emocional.

Ahora bien, el llanto tranquilo y silencioso en particular, en lugar del llanto fuerte, parece evocar apoyo social, adquiriendo mayor consuelo. Esto está en consonancia con la idea de que una función esencial de las lágrimas es estimular la vinculación y obtener ayuda de otros. Los rostros llorosos también se consideran menos agresivos que los rostros neutrales, enfadados o temerosos.

Por otro lado, estudios más recientes han demostrado que las personas que lloran son juzgadas como más indefensas, amigables y cálidas que las personas sin lágrimas. Los observadores también dijeron sentirse más conectados con las personas que lloraban. Así pues, las transgresiones parecen un contexto apropiado para estudiar los efectos de las lágrimas en las percepciones de sinceridad y remordimiento.

Con el fin de explorar esta cuestión, los autores llevaron a cabo dos estudios. En el primero, se pretendía comprobar si las lágrimas visibles afectan a la percepción de la sinceridad, naturaleza e intensidad emocional de quien llora en situaciones diarias. En el segundo estudio, se midieron las mismas variables en el contexto de un juicio, siendo el acusado quien lloraba. Fundamentalmente, se presentaron contextos y respuestas relacionados significativamente con las funciones propuestas de las lágrimas.

En el primer estudio se contó con 72 estudiantes universitarios españoles como participantes, siendo mujeres la mayoría. Los estímulos consistieron en un conjunto de fotografías que representan rostros con lágrimas visibles y las mismas imágenes con las lágrimas extraídas digitalmente. Esta extracción arrojó 2 conjuntos de 4 fotografías (dos mujeres y dos hombres) que eran idénticas excepto por la presencia de lágrimas.

Los individuos fotografiados no eran actores, sino que respondían emocionalmente a una representación artística. Por tanto, sus rostros eran totalmente naturales, al igual que la emoción que mostraron. Para darles un contexto, las fotografías se presentaron junto con 4 breves viñetas. Estas describían situaciones en las que el personaje principal había dicho algo de dudosa sinceridad o veracidad.

A cada historia le siguió una pregunta sobre si la persona representada está diciendo la verdad y en qué medida. Asimismo, los participantes calificaron las fotografías con respecto a 5 cuestiones. Estas eran si se expresaba alguna emoción; la intensidad de la emoción; la sinceridad percibida; el grado de empatía; y la simpatía que el participante sintió por la persona representada.

Los resultados de este estudio revelaron que ver a un individuo llorando parece cambiar la forma en que lo evaluamos en términos de reacciones emocionales y sinceridad. Por lo tanto, las lágrimas visibles facilitan la identificación de un estado emocional, aumentan la sinceridad percibida de la persona que llora y promueven la simpatía y empatía. La mayor simpatía provocada por las lágrimas puede haber mejorado aún más la sinceridad percibida de los objetivos que lloran. Este hallazgo está en consonancia con los resultados de estudios anteriores.

El segundo estudio se llevó a cabo en los Países Bajos, contando con 359 participantes, siendo casi todos de nacionalidad holandesa. Se utilizó el mismo conjunto de fotografías que en el primer estudio, nuevamente con y sin lágrimas. Las viñetas presentadas con las fotografías describían brevemente cuatro contextos judiciales o de transgresión distintos. Estos son: un accidente por alcoholemia; un asesinato; tráfico de drogas duras; y un asesinato considerado un “crimen pasional”.

Después de ver la imagen y la descripción correspondiente del crimen, los participantes primero respondieron cuántos años de pena merecía el individuo. Estos podían ser de 0 a 75 años. Posteriormente, se hicieron tres preguntas adicionales a los participantes sobre la persona condenada. Esto es: cuánto arrepentimiento mostraba la persona; cuán amable/bueno pensaban que es; y cómo de confiable creen que es.

Esta vez, los resultados mostraron que se evaluó a los criminales como más amables, más honestos y más arrepentidos cuando se observan lágrimas. Sin embargo, únicamente se apreció el efecto anticipado de las lágrimas en el castigo propuesto en el caso de conducir ebrio. Es decir, solo en tal caso se propusieron castigos menos severos, en relación también con la presencia o ausencia de lágrimas. Este hallazgo parece sugerir un mecanismo por el cual las lágrimas inhiben las tendencias agresivas en general, incluido el castigo formal. Una pregunta intrigante es por qué este efecto solo se observó en el caso de conducir bajo los efectos del alcohol y no en los otros escenarios delictivos.

Una posible explicación podría estar relacionada con la intención de cometer el delito que se percibe. Es posible que las lágrimas influyeran en todos los delitos y castigos propuestos por los participantes, pero que la propuesta de penas elevadas para los delitos más graves se debiera a otros motivos. Por ejemplo: la presunta necesidad de sacar al delincuente de la sociedad o de rehabilitarlo.

En consecuencia, mientras que en la literatura popular el llanto generalmente se asocia particularmente con la debilidad, los resultados expuestos muestran claramente que esto no tiene por qué ser así. De hecho, la gente tiende a atribuir rasgos y características bastante positivas a las personas que lloran.

Los estudios futuros sobre los efectos del llanto y las lágrimas podrían beneficiarse de la investigación de las reacciones conductuales en situaciones donde las lágrimas visibles son reales, genuinas.

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La percepción de personalidad y su precisión. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Accuracy in Judging Others’ Personalities: The Role of Emotion Recognition, Emotion Understanding, and Trait Emotional Intelligence” de Jaksic, C. y Schlegel, K. (2020), en el cual se estudia la relación entre el reconocimiento de emociones en otras personas y la habilidad de juzgar correctamente la personalidad de otros.

Como seres sociales, las personas forman rápidamente sus primeras impresiones sobre la personalidad de los demás, la pertenencia al grupo y otras características, incluso cuando solo se dispone de unas pocas señales.

Esta “inclinación irresistible” a descubrir a los demás se desarrolla desde la infancia. La formación de impresiones puede ocurrir incluso sin que seamos conscientes de ello y por exposiciones subliminales. Hacer inferencias rápidas sobre la personalidad de los demás parece tener raíces evolutivas, considerándose un proceso adaptativo, en el sentido de que nos ayuda en las decisiones cotidianas. Pero, para ser adaptativo, las primeras impresiones de la personalidad o las características sociales deben ser precisas.

Bien, el grado en que estos elementos pueden percibirse con precisión depende de dos cosas. Por un lado, de si se expresan en señales observables en los individuos objetivo (por ejemplo, comportamientos no verbales o características de la apariencia). Por otro lado, de si los perceptores detectan y usan señales válidas para hacer su juicio. Sin embargo, se sabe poco sobre el perceptor “bueno” o exacto de la personalidad.

Así pues, los autores llevaron a cabo un estudio propio al respecto de estas cuestiones. El objetivo principal era proporcionar más apoyo para la precisión del juicio de la personalidad, al demostrar que se correlaciona con la precisión de la percepción de la emoción. La percepción o reconocimiento de las emociones puede llevarse a cabo a partir de señales faciales, vocales y corporales no verbales.

Ambos son dos tipos de percepción interpersonal (personalidad y emoción), siendo parte de la construcción más amplia de la precisión interpersonal. Esto se refiere a la capacidad general para evaluar correctamente estados (por ejemplo, emociones, mentiras), rasgos (por ejemplo, personalidad) y atributos sociales (por ejemplo, orientación sexual) de otros a partir de su comportamiento verbal y no verbal.

También hay que tener en cuenta que, al evaluar la precisión de estos juicios, se puede calcular de diferentes maneras utilizando los mismos datos. Es decir, existen distintos tipos de precisión. El primero es la precisión del rasgo, refiriéndose a la capacidad de discriminar entre diferentes objetivos -personas- un rasgo dado (por ejemplo, evaluar si una persona es más o menos agradable que otra). Por tanto, se requieren comparaciones entre objetivos. El segundo tipo es la precisión del perfil. Esta es la capacidad de discriminar niveles relativos de diferentes rasgos dentro de un objetivo (por ejemplo, juzgar si una persona es más agradable que extrovertida). Consecuentemente, implica comparaciones dentro de un objetivo.

Cabe recalcar que los tres tipos de precisión (del rasgo, la precisión general del perfil y la precisión del perfil distintivo) no son medidas intercambiables. Y, en cualquier caso, los tres son necesarios para entender al completo y detectar correctamente la personalidad y el reconocimiento de emociones de otra persona.

Así, el objetivo de la investigación de los autores es revelar cómo se relacionan la exactitud del juicio de personalidad y el reconocimiento de emociones, argumentando que existe una correlación positiva. Para ello, la tarea sobre el juicio de personalidad contaba con 30 objetivos -personas-, presentados en fotografía o video, tanto silenciado como con audio.

A cada uno de estos objetivos se les juzgó en base a 8 rasgos de personalidad. Estos son: inteligencia, empatía, cooperación y los cinco grandes (apertura a experiencias, conciencia, extraversión, amabilidad y neuroticismo o inestabilidad emocional). Después de ver la foto o el video de un objetivo, los participantes tenían que calificar cada uno de los ocho adjetivos o rasgos.

En total, se contó con 121 participantes de una universidad suiza. Los participantes completaron el estudio en pequeños grupos en la misma habitación, sentados cada uno frente a un ordenador con los auriculares puestos. El estudio se realizó en francés.

Bien, los resultados fueron los siguientes. Dos indicadores de la precisión del juicio de la personalidad se correlacionaron significativamente con la precisión del reconocimiento de emociones. Estos son, primeramente, la precisión del rasgo, que refleja la capacidad de clasificar con precisión los objetivos en cada rasgo de la personalidad. El otro es la precisión del perfil distintivo. Este refleja la capacidad de juzgar cuánto se desvían los niveles de los rasgos de un objetivo de los de la persona media o corriente.

La precisión general del perfil es la capacidad de juzgar la personalidad de los objetivos sin separar el perfil de personalidad de una persona media. Esta precisión general mostró solo una pequeña correlación positiva, no significativa, con la precisión del reconocimiento de emociones. La comprensión de las emociones y la inteligencia emocional noestaban relacionados con la precisión al juzgar la personalidad.

Estos resultados coinciden con la suposición de que la precisión del reconocimiento de emociones, la del rasgo y la distintiva pueden compartir mecanismos / habilidades subyacentes. Una de estas sería una mayor capacidad para detectar e interpretar las señales relevantes no verbales (a menudo sutiles y breves).

También se puede especular que los resultados se basan más en hacer distinciones entre objetivos y otras personas (por ejemplo, comparando las señales de un objetivo individual con esquemas prototípicos). En contraposición, una alta precisión de perfil general se puede lograr simplemente atribuyendo un perfil típico a todos los objetivos, sin hacer distinciones individuales detalladas.

Consecuentemente, los resultados actuales se apoyan más en la idea de que la precisión interpersonal es una habilidad amplia, la cual abarca todos los dominios de la percepción de la persona. Así, sugiere que las personas que son precisas en la detección e interpretación de las emociones de los demás también son mejores para juzgar los rasgos más estables de los demás (la personalidad).

Este estudio evaluó también la relación de las emociones y la inteligencia emocional de rasgos con la precisión del juicio de la personalidad. Sin embargo, ambas no se asociaron significativamente con esta última. Por ello, ser bueno para evaluar cuán agradable, inteligente o neurótico es alguien no parece depender de un conocimiento sólido general sobre las emociones.

Sin embargo, otros estudios han proporcionado alguna evidencia de que los rasgos que indican una alta orientación interpersonal, como la preocupación empática, sí se relacionan con juicios de personalidad más precisos. Por tanto, en cualquier caso, se necesita de mucha más investigación al respecto.

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El efecto de la duración de un apretón de manos. Club del Lenguaje No Verbal

Amigo del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Effects of handshake duration on other nonverbal behavior” de Nagy E., Farkas T., Guy F. y Stafylarakis A. (2019), en el cual se analiza el efecto de la duración de un apretón de manos en las interacciones sociales.

En los libros de etiqueta, el adecuado acto de darse la mano suele ser descrito detalladamente. En cambio, experimentos sobre este comportamiento no verbal (CNV) siguen siendo escasos en número. La mayoría de los CNV encierran un significado compartido y aceptado socialmente. Particularmente, darse la mano refleja confianza interpersonal.

Existen diferentes descripciones sobre las características que debería tener este CNV en pos de transmitir y provocar sensaciones positivas en los interlocutores, así como evitar las negativas. Se ha dicho, por ejemplo, que dar la mano fuertemente transmite una mezcla de dominancia y agresividad. No obstante, incluso si el comportamiento de alguien se percibe globalmente como negativo o poco amistoso, cuando ese alguien da la mano con su interlocutor es percibido más positivamente que en ausencia de este gesto.

Darse la mano tiene consecuencias duraderas. La calidad de esta acción se ha visto asociada a contrataciones después de una entrevista de trabajo. Pequeños toques al interlocutor y, hasta cierto punto, darse la mano, aumentan la disposición de tomar riesgos financieros. Un paciente que cierra la consulta con un apretón de manos refleja su satisfacción con la atención médica.

Algunas características del apretón de manos, como cuánto tiempo debería durar y las consecuencias de violar los patrones esperados, rara vez se han estudiado. En cualquier caso, el análisis de muchos CNV (y otros tipos de comportamientos) muestran una duración adecuada compartida: 2-3 segundos.

Vamos a describir algunos ejemplos. El análisis de 1542 movimientos corporales en 3 culturas distintas mostró que el 93% de estos duran 2-3 segundos. Gestos como despedirse con la mano o el apretón también suelen mostrar patrones rítmicos de 3 segundos de duración. El intervalo de 3 segundos se corresponde con lo que experimentamos como el ahora en la sucesión continua de momentos presentes de nuestra vida. Ya hace mucho, el padre de la psicología científica, Wilhelm Wundt, determinó que si el intervalo temporal entre dos grupos de estímulos es mayor de 5-6 segundos, las personas perciben dichos estímulos como separados.

En la misma línea, el cambio atencional de un estímulo a otro lleva 2-3 segundos. En la percepción visual, se necesitan unos 3 segundos para cambiar la perspectiva cuando se observan estímulos ambiguos. Las unidades de entonación en el discurso suelen durar unos 2 segundos. Frases de 2-3 segundos se pueden identificar como protoconversación con niños/as muy pequeños/as. Y, por último, las frases musicales suelen llevar 2-3 segundos para cantarlas.

Dada la importancia que parece tener esa duración en algunos comportamientos, los autores de este estudio analizan si y cómo reaccionan las personas cuando no se respeta esa duración óptima en el apretón de manos. El experimento tiene lugar en condiciones de entrevista y participan 34 personas. Cada uno de los participantes entran en una sala y se sientan delante de una entrevistadora (E1). La distancia entre sus caras es de aproximadamente 115 centímetros.

 Ocurre una conversación simple y, luego, cada participante completa cuestionarios relativos a ansiedad y empatía. Al finalizar, la E1 da paso una segunda experimentadora (E2), que es la que llevará a cabo la entrevista. La E2 lleva a cabo una entrevista semiestructurada y pregunta sobre aspectos relativos al empleo. Por ejemplo, elecciones sobre la carrera, experiencia laboral, planes de tiempo libre y objetivos a corto y largo plazo.

Existen 3 condiciones en cuanto a la interacción inicial con la E2. Cuando entra en la sala, antes de que empiece la entrevista, la E2 saluda sin dar la mano (grupo control, GC), da la mano con el participante durante 2-3 segundos (grupo del apretón normal, GAN) o da la mano con el participante durante 5-6 segundos (grupo del apretón prolongado, GAP).

A lo largo del experimento también se registran otros comportamientos no verbales de los participantes. Por ejemplo, mirar a los ojos del interlocutor o duración del discurso. Otros son presencia y duración de risa y sonrisas, gestos con las manos y pies y tocarse cara/cuerpo/pelo.

Se obtienen diferentes resultados destacables. Primero, violar la expectativa natural de un apretón de manos de aproximadamente 2 segundos impacta en el CNV de los participantes y provoca diferentes manifestaciones en sus estados de ánimo. Por ejemplo, los participantes del GAP se rieron menos en la entrevista que los del GC y GAN.

Una posible explicación es que se experimenta menos disfrute, cercanía y/o amabilidad cuando el apretón de menos tiene una duración antinaturalmente prolongada. La risa espontánea en situaciones sociales muestra una actitud de relajación. Y es probable que ese apretón de manos prolongado genere tensión.

Por otro lado, e inesperadamente, se registraron menos sonrisas en los participantes del GAN. Una explicación podría ser que la sonrisa es parte del saludo y contacto inicial. Una vez pasado ese momento, el enfoque cambia: más seriedad, escucha, atención al interlocutor, etc. Es decir, tiene mucha relevancia en la fase inicial de socialización, pero cuando esta finaliza, el contexto formal de entrevista da lugar a otros CNVs. En cualquier caso, es importante saber que las sonrisas en entrevistas de trabajo pueden marcar diferencias en la decisión de ser aceptado o rechazado para un puesto.

Segundo, el apretón de manos prolongado fue el único asociado a un aumento de movimientos de las manos. Más específicamente, lo que aumentó fue el tiempo que cada participante dedicó a tocarse una mano con la otra, como agarrándose su propia mano. La condición del GAP también fue en la que se observaron menores duraciones en gestos que implican tocarse el propio cuerpo.

Los gestos de frotarse las manos o agarrarlas entre ellas, así como tocarse el cuerpo son conductas que, en su conjunto, reflejan ansiedad y/o nervosismo (aun así, no olvidarse de interpretar teniendo en cuenta el contexto). Los gestos con las manos también son bastante difíciles de controlar y suelen revelar estados de ánimo. Cuando no se dan, suele interpretarse como muestra de auto-control o inhibición deliberada. Y en condiciones de detección de mentira, su análisis tiene bastante importancia.

Tercero, la duración del CNV relativo a tocarse la cara disminuyó a continuación del apretón de manos de duración normal. En situaciones formales, como las entrevistas de trabajo, se ha visto que nos tocamos menos la cara que en situaciones informales. Por eso, el hecho de que los participantes del GAN se tocaran menos la cara puede indicar que se sintieran como en una situación formal normal, sin tensión destacable.

En cuanto a características de personalidad relativas a ansiedad y empatía, no se encontraron relaciones significativas. Es decir, no se registran relaciones entre ser una persona más o menos ansiosas/empática y el CNV posterior al apretón de manos.

Como conclusión, se plantea que un apretón de manos prolongado (>3’’) impacta negativamente en el CNV posterior de los participantes. Ese impacto negativo se traduce en su conjunto en una mayor incomodidad o malestar emocional. No obstante, los autores son cautos y destacan que, con tan pocos datos, solo pueden especular. A primera vista, parece que la longitud del apretón de manos se traduce en más o menos señales de ansiedad del receptor de dicho apretón.

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Comunicación no verbal en pareja: ¿cómo expresar afecto hacia personas con apego evitativo? Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Effects of verbal and noverbal communication of affection on avoidantly attached partners’ emotions and message receptiveness” de Schrage K. M., Maxwell J. A., Impett e. A., Keltner D. y MacDonald G. (2020), en el cual se analizan los efectos del afecto expresado verbal y no verbalmente en personas con apego evitativo y en contexto de pareja.

Una de las cosas más importantes que nos permiten establecer relaciones afectivas con los demás es el apego. Esta capacidad de vinculación afectiva está presente desde que nacemos.

La teoría del apego (John Bowlby) describe las dinámicas de relación entre los seres humanos a largo plazo. Según diferentes tipos de relaciones niños/as-cuidador/a, las personas desarrollan vínculos basados en diferentes tipos de apego. Se plantea que el tipo de apego desarrollado en la infancia permanece en la vida adulta. Y donde mejor se refleja el apego adulto es en las relaciones de pareja.

Se habla de cuatro tipos de apego: seguro, inseguro-evitativo, inseguro-ambivalente (ansioso) y desorganizado. Cada tipo de apego implica diferentes formas de relacionarse, de reaccionar a conflictos, de expresar emociones, etc.

En este artículo se atiende a la comunicación afectiva de las personas con apego evitativo en el contexto de pareja. Las personas con apego evitativo (PEAs) suelen ser menos receptivas a la intimidad, muestran menos emociones positivas y más emociones negativas.

Importante destacar que se trata de patrones comportamentales bastante inconscientes cuyas bases implican desconfianza, miedo a ser traicionados y engañados. A menudo perciben a las personas cercanas como desconfiables o indiferentes.

Y aunque sean consciente de ellos y quieran cambiar, necesitan la ayuda de otras personas, incluidas sus parejas para hacerlo. Si una PEA tiene pareja y esta está dispuesta a ayudar a la modificación de ese esquema de apego, este estudio pretende dar unas pistas para ello.

Las PEAs a menudo hacen esfuerzos para evitar el desarrollo de la intimidad con otro. A su vez, esta es una de las razones por las cuales suelen experimentar menos resultados positivos del comportamiento afectivo de la pareja. Un te quiero en una no PEA sería correspondido y aumentaría la emocionalidad positiva y el afecto. En cambio, en una PEA no ocurriría lo mismo y podría no tener, aparentemente, ningun efecto positivo.

A nivel comportamental, las PEAs evitan la intimidad exhibiendo menos receptividad ante estimulo sociales positivos. La receptividad se conceptualiza aquí como demonstraciones comportamentales, verbales y no verbales, de aprobación, compromiso y calidez ante estímulos sociales.

Las PEAs ejercen altos niveles de control sobre sus emociones positivas, tal como esconderlas o disimularlas ante sus parejas. Aquellas con mayor grado de apego evitativo se muestran menos sensibles incluso cuando sus parejas hablan de eventos positivos.

En un estudio se pedía el recuerdo de momentos en los cuales la pareja había mostrado un comportamiento amable/bondadoso. Se ha visto que aquellos con mayor apego evitativo recordaban más experiencias negativas de pareja, como amenazas y desconfianza y menos positivas, como felicidad y amor.  En otro estudio se ha observado que, incluso en situaciones emocionalmente cargadas, tal como encuentros después de largos periodos de separación, las PEAs inhibían o disimulaban emociones positivas y mostraban mayor grado de conflicto.

Por lo tanto, la supresión de respuestas comportamentales de las PEAs puede ser problemática por dos razones principales. Primero, fallan en comprometerse con los gestos afectivos de sus parejas y en responder adecuadamente. Segundo, se impiden una experiencia plena donde se incluye experimentar los beneficios emocionales de esas expresiones afectivas. No es que no se esfuercen en alcanzar resultados positivos a nivel comportamental y afectivo en la pareja, sino que tienen mayores dificultades para ello.

Una de las preguntas que siempre quedan sin responder es cómo puede una persona expresar afectividad eficazmente si su pareja es una PEA. Las PEAs, en este contexto, tienen necesidades únicas. Necesitan obtener evidencias claras o más aumentadas de lo normal sobre la confiabilidad de la pareja.

Entre los comportamientos que expresan afectividad tenemos, por un lado, los verbales y, por otro lado, los no verbales. Los verbales serían los primeros en los que pensamos cuando se trata de claridad. Un te quiero, un me gustas son frases sin ambigüedad que, en principio, no dejan lugar a dudas. No obstante, el lenguaje verbal es un comportamiento controlado que también se utiliza para engañar, mentir y manipular para conseguir lo que queremos.

La expresión no verbal, en cambio, implica un alto grado de espontaneidad. Esa sería una gran ventaja porque genera mayor confianza, interpretándose la mayoría de las veces como genuino. Además, permite el envió de mensajes afectivos a través de múltiples canales. Afecto no verbal sería, entre otras, sonreír, inclinación hacia el otro, afirmaciones con la cabeza y/o voz y gestos animados.

Por otro lado, también tiene desventajas. El lenguaje no verbal es más ambiguo. Por ejemplo, una voz y unos gestos animados pueden expresar afecto o alegría. Además, son señales indirectas y no siempre son salientes. Si las PEAs típicamente ignoran las señales de cercanía e intimidad, lo no verbal podrían ser pasado por alto fácilmente.

¿Qué es lo mejor? Los autores del estudio intentan determinar si hay maneras específicas de comunicar afecto que pueden ayudar a las PEAs a cosechar las mismas recompensas que se derivan de la comunicación afectiva, al igual que las personas con apego seguro.

En el estudio participan 324 parejas tanto hetero como homosexuales. Cubren diferentes cuestionarios y escalas que recogen datos demográficos, estilo de apego (evitativo bajo/alto), satisfacción con la pareja y emociones. Las evaluaciones de las emociones se hacen antes y después de una tarea.

La tarea consiste en describir un momento en el que se han sentido muy queridos por sus parejas y como lo han expresado. Ambos miembros de la pareja han sido emisores de ese recuerdo y oyentes. Todas estas conversaciones se han grabado. Posteriormente, se han analizado comportamientos afectivos verbales y no verbales que el emisor del recuerdo muestra en esas conversaciones, así como la receptividad del oyente.

Se observan muchos detalles y matices, pero hay resultados más claros que otros. Hay dos grupos en cuanto al apego evitativo. Personas con altos niveles de apego evitativo (+PEAs) y con bajos niveles de apego evitativo (-PEAs).

El afecto no verbal se ha visto asociado con resultados positivos en general. No obstante, las +PEAs oyentes mostraron beneficios particulares cuando sus parejas mostraron mayor afecto no verbal. Asimismo, se vieron más afectadas negativamente cuando las parejas mostraron un bajo afecto no verbal. Todo ello, en comparación con los efectos del afecto no verbal en las –PEAs.

A altos niveles de afecto no verbal, las +PEAs informaron emociones positivas y receptividad tan altas como las –PEAs. En cambio, a bajos niveles de afecto no verbal, las +PEAs informaron mucho menos emociones positivas que las –PEAs. Por tanto, las personas con altos niveles de apego evitativo son muy sensibles a diferentes niveles de afecto no verbal.

En cuanto a emociones negativas, no se ha observado ningún efecto del o asociación con el afecto no verbal. En cambio, el afecto expresado verbalmente sí ha mostrado tales asociaciones. Lo que se ha observado es que el afecto expresado verbalmente no consigue disminuir o modificar las emociones negativas de las +PEAs.

Por tanto, en este caso, lo verbal no aumenta emociones positivas ni receptividad, ni consigue disminuir las negativas. El efecto del afecto verbal es similar independientemente de si se trata de +PEAs o –PEAs. El afecto no verbal aumenta las emociones positivas tanto cuando hay un alto apego evitativo como cuando no lo hay. No obstante, en +PEAs, su ausencia o poca expresión no permite un aumento de las emociones positivas.

Para entenderlo, un ejemplo. Imaginemos una curva con dos picos que representa un estado de desconfianza (pico alto) mezclado con cariño hacia otra persona (pico bajo). El impacto de la desconfianza es mucho mayor, de ahí que las PEAs eviten la intimidad y la expresión emocional positiva. Si la pareja muestra afecto no verbal, la desconfianza no disminuye, pero el cariño aumenta. Si la pareja no muestra afecto no verbal, los picos permanecen en el mismo estado. Y si la pareja muestra afecto verbal, tampoco hay cambio.

Por tanto, si el afecto no verbal falta, es un problema. Si está presente, es una manera eficaz de generar más receptividad y emocionalidad positiva y, así, paliar el impacto de la emocionalidad negativa.

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