Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Percepción (Página 3 de 24)

La comunicación no verbal en las interacciones con robots. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “How Robots Influence Humans: A Survey of Nonverbal Communication in Social Human-Robot Interaction” de Saunderson, S. y Nejat, G. (2019), en el que se investiga la interacción entre robots y humanos y, en particular, cuál es el papel del comportamiento no verbal.

A medida que la presencia de robots incrementa en diversos ámbitos de nuestra vida, surge también la necesidad de que estos tengan cierta inteligencia social.

La razón radica en que, mediante esta, pueden interactuar de manera efectiva con humanos. El uso efectivo de la comunicación no verbal por parte de robots puede ser crucial, ya que permite la interacción intuitiva entre humanos y robots. El comportamiento y la comunicación no verbal son más instintivos e involuntarios que la comunicación verbal. Consecuentemente, son una representación más verdadera de los pensamientos y emociones humanas.

En este artículo, los autores investigaron las interrelaciones entre múltiples modos de comunicación no verbal, intentando tender un puente entre estos hallazgos. Asimismo, se enfocan en cómo tales comportamientos no verbales de robots influyen en los humanos como resultado. En concreto, se estudió cómo influyen en el marco cognitivo, reconocimiento y respuesta emocional, respuesta conductual y el desempeño de habilidad de las personas.

Bien, por un lado, la kinésica se define como la comunicación no verbal a través de movimientos corporales, posicionamiento, expresiones faciales y gestos.

En esta disciplina se halló que los movimientos de brazos, generalmente, son una forma efectiva de influenciar a la gente. Esto puede deberse a que realizan movimientos mayores y las personas prefieran comportamientos más dinámicos y animados de los robots. No obstante, algunas personas pueden percibir determinados gestos como dominantes. En cualquier caso, cabe añadir que, aunque los robots carezcan de emociones, los gestos pueden afectar emocionalmente a los individuos.

El uso de movimientos del cuerpo y cabeza de un robot puede influir en el marco cognitivo en distintas métricas sociales. Por ejemplo, el compromiso social, la intriga, el atractivo social… etc. Además, las manifestaciones emocionales a través de dichos movimientos tienden a ser reconocibles por los humanos, pudiendo llegar a afectar a sus propias emociones. La mirada del robot puede conducir a mejoras en el rendimiento del individuo en diferentes tareas. De hecho, se ha demostrado que contribuyen positivamente a la comprensión del robot, llevando a reducciones en el tiempo de finalización de tareas y errores.

Finalmente, las expresiones faciales del robot pueden influir en el marco cognitivo del individuo en una serie de conceptos como aceptación, simpatía, inteligencia percibida, amistad… Las emociones son igualmente reconocibles, pudiendo evocar respuestas conductuales tanto positivas como negativas, incluso en niños de diversa condición. Con respecto a las tareas, se ha demostrado que comunican rápidamente el fracaso y la necesidad de ayuda, lo que mejora el tiempo de finalización.

Por otro lado, encontramos la proxémica, la cual se corresponde con la percepción y el uso del espacio en relación a la comunicación. Es decir: el establecimiento consciente o inconsciente de distancias entre varios objetos, agentes y uno mismo.

Así, en esta disciplina los resultados revelaron que el distanciamiento social, por lo general, es similar entre humanos y robots y las interacciones entre humanos. Sin embargo, muchas personas se acercaron a los robots más que en un contexto típico entre humanos, dentro del “espacio íntimo”. La distancia no tenía influencia sobre la sensación de seguridad.

Asimismo, diferentes tareas y roles sociales parecen dictar las preferencias del individuo para el distanciamiento proxémico de un robot. Con respecto al tránsito social, los individuos pueden sentirse incómodos con los comportamientos de paso de robots que entran en su espacio íntimo. En contraste, se sintieron más cómodos con interacciones repetidas.

Por otra parte, la háptica abarca la relación entre el tacto y la comunicación. Si bien se requiere de más investigación, se determinó que, incluso de las acciones táctiles simples de un robot a un humano, ayudan a mejorar el encuadre cognitivo de los robots. Por ejemplo, con respecto a la diversión, la actitud positiva hacia los robots, la semejanza humana, la simpatía y la estimulación.

El campo de la cronémica se define como el estudio del uso que las personas hacen del tiempo durante o en la comunicación. Bien, los pocos estudios al respecto se centraron principalmente en gestos de vacilación del robot. Estos tienen el potencial de mejorar la seguridad, animación, simpatía y el antropomorfismo de los robots, y reducir la percepción de dominancia. En el desempeño de tareas, pueden aumentar el tiempo de finalización, pero también reducir en gran medida los errores de actividad.

Finalmente, al analizar la combinación de modos de comunicación no verbal (específicamente, las disciplinas descritas y analizadas antes), se encontró lo siguiente. En general, las demostraciones multimodales de comunicación no verbal tenían tasas de reconocimiento emocional más altas que la comunicación no verbal unimodal. Del mismo modo, influía positivamente en el marco cognitivo de las personas.

En referencia a las tareas, llevaban a la mejora en la reacción y compleción de tiempo en tareas de cooperación sencilla, generalmente. Finalmente, se encontraron algunas discrepancias con respecto a la influencia de un robot en el comportamiento humano. Mientras que al colaborar las personas mostraron mayores niveles de entretenimiento e interacciones naturales, las conversaciones eran más satisfactorias cuando el robot exhibía menos comportamientos verbales.

En conclusión, las respuestas de comportamiento humano a los robots parecen estar correlacionadas con nuestra percepción de los robots en métricas de naturalidad, semejanza de máquina y posiblemente otras. Por tanto, cuanto más humanos sean los robots, más influyen positivamente en la conducta humana.

Así, al tener una mejor comprensión de las razones de estas formas de influencia, podemos apuntar a diseñar robots con comportamientos no verbales que puedan influir positivamente en los humanos.

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El autismo y la percepción de dominancia. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Inferring Power and Dominance from Dyadic Nonverbal Interactions in Autism Spectrum Disorder” de Kuschefski, M.; Falter-Wagner, C. M.; Bente, G.; Vogeley, K. y Georgescu, A. L. (2019), en el que se estudia la relación entre autismo y dominancia. Es decir, cómo las personas con autismo detectan signos de dominancia y poder a través de la comunicación no verbal.

Las dificultades de comunicación, interacción y reciprocidad social son características definitorias del trastorno del espectro autista (TEA). Particularmente, el procesamiento de los signos no verbales parece verse afectado.

En la literatura no se han encontrado resultados consistentes con respecto a los factores que modulan la percepción de la información social en personas autistas. Así, la percepción del poder a partir de señales no verbales sigue principios universales transculturales, ya reconocidos por los niños.

Por tanto, identificamos el poder como un fenómeno social latente que no se basa en conductas ritualizadas. Sin embargo, se expresa como un comportamiento contingente interpersonal: no hay dominio sin sumisión complementaria y viceversa. En este contexto, se ha observado que individuos con autismo son capaces de identificar la dominancia tan correctamente como los individuos desarrollados típicamente.

Por tanto, la percepción del poder y dominio proporciona un banco de pruebas ideal para analizar cómo diferentes factores de una interacción modulan la percepción social en personas con TEA, en comparación con quienes se desarrollan típicamente. Esta percepción depende fundamentalmente de contingencias temporales y patrones de movimientos recíprocos entre dos sujetos. Más específicamente, de que las interacciones sean próximas físicamente, orientadas mutuamente y atendiendo al otro.

Sin embargo, estos factores o cuestiones no han sido estudiadas sistemáticamente en experimentos previos. Por ello, los autores del artículo condujeron su propia investigación. El objetivo era profundizar en la relevancia de estos factores a la hora de identificar signos de poder y dominancia. Asimismo, también se pretendía comprobar si existen diferencias entre las personas con TEA y las desarrolladas típicamente.

Para ello, contaron con 26 participantes de Alemania para cada grupo. La muestra incluyó solo pacientes con el diagnóstico de autismo de alto funcionamiento o síndrome de Asperger. Los participantes con TEA tenían entre 29 y 56 años. Los participantes con un desarrollo típico tenían edades de entre 27 y 59 años. Todos los participantes vieron animaciones silenciosas de 10 segundos mostrando dos maniquíes virtuales conversando.

El experimento se dividió en dos bloques de 80 ensayos cada uno, con una duración de 20 minutos, respectivamente, y un breve descanso entre ellos. Cada una de las animaciones se presentó en dos repeticiones, una en su posición original y otra con posiciones intercambiadas. Seguidamente, se preguntó a los participantes quién de los dos agentes o maniquíes era más bien dominante o más bien sumiso, así como por la intensidad de la dominación/sumisión.

Finalmente, se manipularon sistemáticamente dos factores principales de interés en dos niveles cada uno. En primer lugar, la contingencia de movimiento. Esto es, los movimientos contingentes y, posteriormente, intercambiar al agente original visto por otro de una díada (pareja) diferente. Y, en segundo lugar, el contexto espacial (los agentes estuvieron cara a cara y, después, en posición de espalda con espalda).

Los resultados revelaron una precisión y coherencia comparables de los juicios de poder para ambos grupos. Sorprendentemente, las condiciones no contingentes aumentaron la precisión pero disminuyeron la consistencia de las percepciones. El segundo factor, el contexto espacial, no tuvo un impacto significativo en la exactitud de la percepción del poder y la dominancia. No obstante, sí lo tuvo en los tiempos de reacción. Cuando los maniquíes estaban de espalda requerían tiempos de reacción más largos por parte de los participantes.

Las únicas diferencias de grupo apreciadas fueron reacciones de tiempo más largas para el grupo con TEA en comparación con el otro. Se detectó que el contexto espacial de “espalda con espalda” aumentaba los tiempos de reacción para díadas de contingencia más que para las no contingentes, y únicamente para el grupo con TEA. Esto es, los juicios u opiniones de las personas con autismo se formaban con menos rapidez que de las desarrolladas típicamente. En contraposición, estas tienden a tener menos precisión en comparación con el grupo con TEA.

Así las cosas, ambos factores (movimientos de contingencia y contexto espacial) importan para procesar los signos o juicios de poder y dominancia. Los primeros influyen en la exactitud y el segundo en la velocidad de reacción. Los movimientos de contingencia son los que principalmente afectan a la percepción de las interacciones de comunicación no verbal.

Del mismo modo, en el experimento se carecía de información verbal y facial que influyera en la percepción de la dominancia. Sin embargo, existen otros signos no verbales e información que denotan dicha dominancia o poder. Como ejemplos encontramos tener la cabeza alta o las extremidades abiertas. Estos gestos parecen ser de importancia transcultural para la percepción del poder en las díadas.

En conclusión, la interacción entre los movimientos de dos individuos y su orientación mutua entre sí (su posición) son requisitos esenciales para entender completamente las interacciones diádicas. Como resultado principal, encontramos que los individuos con TEA muestran una precisión y consistencia comparables en la percepción del poder en comparación con los individuos típicamente desarrollados. Contrariamente, presentaron tiempos de reacción más lentos, lo que podría indicar un estilo de procesamiento más explícito.

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Interacción parasocial y las revistas deportivas. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Gender, Parasocial Interaction, and Nonverbal Communication: Testing the Visual Effect of Sports Magazine Cover Models” de Wasike, B. (2018), en el cual se analiza el efecto de las modelos de portadas de revistas de deportes en la interacción parasocial y la comunicación no verbal.

Horton y Wohl introdujeron el concepto de interacción parasocial como “las observaciones sobre la intimidad en la distancia”.

Esto hace referencia a la relación simbólica que las personas desarrollan con los individuos o personajes que ven en la televisión, radio o películas. Dicha relación suele caracterizarse por ser unilateral, no dialéctica, controlada por el ejecutante y no susceptible de desarrollarse mutuamente. Las conceptualizaciones más nuevas del término incluyen un aspecto experiencial. Es decir, la intuición del usuario sobre las señales no verbales del ejecutante juega un papel en el proceso.

Las investigaciones han establecido que los medios deportivos, en general, y las revistas deportivas en particular, muestran desproporcionadamente a más hombres que mujeres atletas. Cuando muestran a las mujeres, la representación es mayoritariamente negativa, y rara vez aparecen en las portadas de las revistas deportivas.

Cuando las mujeres aparecen en estas portadas, lo más probable es que sean sexualizadas, cosificadas o trivializadas. Además, las mujeres tenían menos probabilidades que los hombres de estar vinculadas a un deporte específico y, en general, las portadas enfatizaban el género antes que los logros deportivos.

Así las cosas, las portadas de revistas suelen tener tres elementos principales: el logotipo (nombre de la revista), líneas de portada (teasers textuales / leyendas) y la imagen principal. Es el último elemento (normalmente, un modelo de portada) el que tiene más consecuencias por la influencia en la venta, etc. Y, como cualquier imagen, las portadas pueden afectar tanto positiva como negativamente al lector. Por ejemplo, un efecto negativo podría ser la promoción de dimensiones corporales insostenibles.

Sin embargo, la investigación reciente continúa encontrando un impacto en la interacción parasocial en lo que respecta al atractivo físico, el carácter moral e incluso la popularidad general del modelo o persona concreta. Se muestra, a su vez, que el género mitiga la interacción parasocial. Esto es, la diversidad de género en los medios puede influir en dicha interacción.

Algunos estudios indican que las mujeres desarrollan más interacción parasocial que los hombres. Estos tienen más probabilidades de experimentar interacciones parasociales si sienten una soledad crónica. Los patrones de interacción parasocial basados en el género también se pueden explicar por cómo ven hombres y mujeres las relaciones.

Otros estudios muestran que los personajes mediáticos masculinos y femeninos provocan diferentes interacciones parasociales entre los sujetos de prueba. Parte de la atracción hacia el mismo sexo puede explicarse por el apego a la preocupación o la idealización que se desarrolla hacia los personajes mediáticos favoritos, generalmente por algunas deficiencias e inseguridades autopercibidas.

Del mismo modo, la apariencia y los signos no verbales de las imágenes de las portadas son importantes, puesto que provocan diversos efectos en los lectores. La investigación contemporánea continúa encontrando diferencias de género en la comunicación no verbal.

Con el fin de ahondar en la relación entre estas cuestiones (género, comunicación no verbal e interacciones parasociales), el autor condujo su propio experimento. En él, se escogieron 10 portadas de revistas de Sports Illustrated y ESPN The Magazine. Los participantes fueron 146 estudiantes universitarios estadounidenses (60% mujeres), quienes -en adición- respondieron a un cuestionario. Los hombres indicaron significativamente más entusiasmo en los deportes. Sin embargo, las mujeres leían revistas con más frecuencia que los hombres.

A pesar de que los participantes vieron una portada a la vez y sin ningún orden en particular, el autor seleccionó las portadas en parejas (cada par con un modelo masculino y femenino). Los modelos de cada par se parecían lo más posible entre sí en cuanto al lenguaje corporal, expresiones faciales y el ángulo de la cámara. Además, solo se seleccionaron las portadas que presentaban un único modelo.

Los resultados revelaron lo siguiente. En general, las modelos femeninas de portada provocaron niveles de interacción más altos que los masculinos. En concreto, provocaban más atractivo principalmente, mientras que los hombres provocaban más amabilidad. La aparición de una mujer en la portada de una revista deportiva aumentó la interacción parasocial con los sujetos. De igual forma, las modelos femeninas producían más señales no verbales que los masculinos, generando mayores efectos.

Todas las combinaciones de interacción parasocial individual y parámetros no verbales se correlacionaron significativamente de manera positiva. Así, a pesar de ser menos frecuentes, las modelos femeninas tenían un efecto parasocial y no verbal más alto. Esto significa que las portadas con mujeres producían una mejor primera impresión visual. Por lo tanto, tenían un mayor potencial para atraer lectores y posibles compradores.

Por otro lado, entre los participantes no se apreciaron patrones de género. Los sujetos femeninos no indicaron significativamente más interacción parasocial que los sujetos masculinos. Asimismo, las similitudes más notables fueron la probabilidad de leer sobre un modelo específico y comprar una revista que lo presentara en la portada (existía congruencia).

Al igual que los resultados del efecto parasocial, no hubo diferencias significativas entre sujetos femeninos y masculinos con respecto a la decodificación no verbal. No obstante, sí se apreciaron levemente en cuanto a cómo se decodificaban las señales verbales según el género del modelo y sus preferencias. Las mujeres eran un poco más propensas a decodificar señales no verbales del mismo género; los hombres lo eran a decodificar señales de género mixto.

Así pues, muchos de estos resultados contradicen la literatura existente hasta el momento sobre la temática, por ejemplo, en lo referente a los patrones de género en la decodificación no verbal. Esto puede deberse a una falta de publicación de otros estudios cuyos resultados no revelan diferencias de género significativas.

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La atracción social: claves no verbales según el medio de comunicación. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Social attraction in video-mediated communicationThe role of nonverbal affiliative behavior” de CroesE. A. J.AntheunisML.Schouten, A. P. Krahmer, E. J. (2018), en el que se estudia cómo lapersonas expresan conductas afiliativas no verbales relevantes para la atracción social en la comunicación mediada por vídeos. 

Las plataformas de comunicación mediada por vídeo permiten a los usuarios comunicarse mediante una combinación de voz, vídeo y texto. Esto significa que se pueden transmitir muchas señales no verbales. A pesar de sus similitudes con la comunicación en persona, cara a cara, destacan dos diferencias fundamentales entre ambas formas. 

Por un lado, la comunicación por vídeo implica que las personas no están directamente en el entorno físico del otro. Por otro lado, tiene menor riqueza de información. La calidad y la velocidad de la señal de vídeo y audio pueden disminuir la transmisión de señales no verbales. Además, los comunicadores generalmente solo son visibles parcialmente, lo que significa que tienen un marco limitado para comunicarse. Consecuentemente, los comunicadores no pueden transmitir todas las señales que están disponibles en persona, como las señales posturales y las señales del contexto social. 

Por lo tanto, puede ser que las señales no verbales se utilicen y perciban de manera diferente. No obstante, la comunicación por vídeo puede tener sus beneficios. La falta de presencia física requiere menos habilidades sociales; así, las personas sienten una mayor sensación de control sobre la interacción y se sienten menos expuestos. 

Esto sugiere que, para algunas personas, la comunicación por vídeo puede ser un entorno más seguro, especialmente en las interacciones iniciales.  

Las señales no verbales tienen varios significados sociales en diferentes contextos y culturasPor tanto, al estudiar la conducta no verbal es importante no centrarse solo en el significado (positivo o negativo) social de las señales únicas, sino en señales múltiples y cómo estas pueden aparecer en las interacciones.  

De manera similar a la participación, se cree que la inmediatez mejora la comunicación directa y la cercanía entre los comunicadores y conduce a resultados positivos. Así las cosas, los autores se plantean tres cuestiones 

¿Cuánto difieren la comunicación por vídeo y en persona con respecto a la expresión de comportamientos afiliativos no verbales? ¿En qué medida los comportamientos afiliativos no verbales dan como resultado la mejora o el deterioro de la atracción social? ¿En qué medida este efecto es más pronunciado, en la comunicación por vídeo o en la comunicación en persona? 

Para darles respuesta, se condujo un experimento con 186 estudiantes de comunicación mayoritariamente, de entre 18 y 32 años. Los estudiantes fueron asignados al azar a una díada de sexo cruzado con un individuo desconocido. Aleatoriamente, se les asignó la forma de comunicación cara a cara o mediante vídeo.  

Se instruyó a los participantes que mantuvieran una conversación con libertad para conocerse y hablar sobre cualquier tema durante un mínimo de 12 minutos. En el caso de los vídeos, los participantes pudieron mirar la pantalla y hacer contacto visual al mismo tiempo sin poder verse a sí mismos. Todas las interacciones fueron grabadas.  

Los gestos y signos visuales analizados fueron asentimientos de cabeza, sonreír, inclinarse hacia adelante, evitar la mirada, tocarse la cara y coincidencia de la postura corporal. Los auditivos fueron la fluidez del discurso o habla, variación del tono de voz y la intensidad y tensión vocal. Después del experimento, los participantes respondieron un cuestionario para medir la atracción social. 

Así pues, los resultados fueron los siguientes. Por un lado, asentir con la cabeza, la fluidez del discurso, inclinarse hacia adelante, la coincidencia de posturas, la tensión vocal y evitar la mirada no eran signos significativos que difirieran entre la comunicación por vídeo y en persona.  

En contraposición, sonreír, las variaciones en el tono de voz, tocarse la cara y la intensidad vocal sí revelaron diferencias basadas en la forma de comunicación. En la comunicación por vídeo, los participantes sonreían de manera más animada y expresaban más intensidad vocal (hablaban más alto)Esto podría indicar que, mediante una mayor expresividad visual y vocal, se trata de compensar la falta de presencia física. Cuando los participantes se comunicaban en persona las variaciones en el tono de voz eran mayores y se tocaban más la cara. Sin embargo, no se pudo determinar el por qué de estas diferencias ni su significado exacto. 

Por otro lado, en lo que respecta a la medición de la atracción social, se observó lo siguiente. El análisis no reveló ningún efecto significativo de los movimientos de cabeza, la sonrisa, inclinarse hacia adelante, coincidencia postural, variación de tono, intensidad vocal, el tacto facial o la tensión vocal en la atracción social.  

Por el contrario, la fluidez del discurso y evitar la mirada sí influíanEn la comunicación en persona, solamente apartar la mirada impactaba en la atracción social, mejorándola. Por su parte, en la comunicación por vídeo solo una mayor fluidez del discurso conducía a una mayor calificación de atracción social por parte de su compañero de interacción. Ninguna de las otras señales influyó significativamente en la atracción social. 

Por lo que, resumidamente, los hallazgos sugieren que cuanto más rápido hablaban las personas y más tiempo desviaban la mirada, más atraídos estaban sus compañeros de interacción hacia ellos. Se cree que el habla más rápida muestra afinidad. Así, los comunicadores que hablan más rápido a menudo parecen más agradables y amigables en comparación con los comunicadores “menos” involucrados. 

Por otro lado, los estudios muestran que los compañeros de interacción generalmente se evalúan de manera más positiva, cuanto más largas y menos frecuentes son sus miradas. La frecuencia y duración de la mirada deben entenderse de forma conjunta para impactar en la atracción social, no separadamente.  

Todo esto sugiere que diferentes señales mejoran la atracción social en diferentes modos de comunicación. Puede ser que la mediación en sí, o la ausencia de presencia física, influya en cómo las personas se expresan en una interacción. También cabe la posibilidad de que, en interacciones inicialeslas señales no verbales tengan un efecto relativamente pequeño en la atracción social en comparación a la comunicación verbal. 

En el futuro, otras investigaciones podrían indagar en las diferencias de sexo en las distintas formas de comunicarse, estudiarse los atributos globales de interacción y no solo de manera individual, o qué significan la duración y frecuencia de distintas señales no verbales en vez de solo de la mirada. 

Del mismo modo, sería interesante para futuras investigaciones analizar si el uso de señales no verbales específicas, como la mirada, son empleadas con más frecuencia por lapersonas como un medio para expresar su atracción hacia su interlocutor en las interacciones iniciales. 

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Psicopatía y victimización. ¿Se puede percibir la vulnerabilidad a través de la comunicación no verbal? Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Psychopathy and Victim SelectionDoes Nonverbal Decoding or Empathy Impact Vulnerability Ratings?” de Roney, J. L. D.FalkenbachD. MAveson, O. (2018), en el que se analiza el papel de los rasgos psicopáticos a la hora de percibir la vulnerabilidad y victimización de otras personas (es decir, la relación entre psicopatía y victimización). 

Una de las clasificaciones de los rasgos psicopáticos en casos no forenses podría ser la siguiente. Por un lado, encontramos el factor 1, que engloba el dominio, la inmunidad al estrés y la valentía y, a menudo, se asocia con la salud emocional y psicológica. Por otro lado, el factor 2 evalúa los aspectos egocéntricos e impulsivos de la psicopatía y está asociado con la agresión, el afecto negativo y el comportamiento criminal. 

La decodificación no verbal es la capacidad de juzgar el estado cognitivo y emocional de alguien mediante señales no verbales. Entre estas encontramos las expresiones faciales y el lenguaje corporal; se trata de una habilidad que impacta las relaciones interpersonales. 

Así las cosas, la relación entre las habilidades de decodificación y rasgos de personalidad ha sido extensamente estudiada. Dada la relación positiva entre empatía y decodificación, parece que la psicopatía se corresponde con pobres habilidades de decodificación. Sin embargo, en investigaciones sobre psicópatas no forenses existen resultados variados.  

Estas discrepancias podrían explicarse por las asociaciones diferenciales de los factores psicopáticos. Así, aquellos vinculados al factor 1 parecen ser mejores en la decodificación mientras que la prevalencia del factor 2 se asocia con los déficits de decodificación, posiblemente dada la falta de empatía. 

Entonces ¿tiene esto algo que ver con la victimización de determinadas personas? ¿Por qué algunas son víctimas de delitos más de una o dos veces? 

La teoría del patrón delictivo sugiere que el delito se desencadena por una combinación de factores circunstanciales (ej. Proximidad a los delincuentes), elementos de la vida diaria experiencias pasadas con comportamientos delictivosSegún esta teoría, los delincuentes utilizan señales para identificar a las víctimas adecuadas, incluida la identificación de la vulnerabilidad a través del modo de andar. 

Los delincuentes psicopáticos tienden a victimizar a extraños y rara vez están motivados por la emoción, lo que sugiere que pueden apuntar específicamente a víctimas a quienes perciben como vulnerables. Las personas con rasgos psicopáticos del Factor 1 sobretodo demuestran una identificación superior de las víctimas, quizás como resultado de una evaluación más hábil de la señal de vulnerabilidad. 

En el estudio de los autores se evalúa el papel de las habilidades de decodificación emocional, la empatía y las clases de autodefensa en la relación entre la psicopatía y la capacidad para identificar víctimas.  

Contaron con 269 participantes (126 hombres, 143 mujeres) de entre 20 y 75 años que no habían sido victimizados antes. Así, se les mostraron videos de mujeres objetivo caminando, excluyendo a hombres por evitar posibles diferencias en los signos de vulnerabilidad. El aspecto físico de estas mujeres fue ocultado por trajes de nylon. 

Las víctimas y las no víctimas demostraron una combinación de movimientos corporales vulnerables y no vulnerables, mientras que las víctimas que estudiaban o sabían autodefensa (Krav Maga concretamente) demostraron consistentemente movimientos leves, pero insignificantes, más no vulnerables. Todas las víctimas (ambos tipos) experimentaron al menos un crimen violento, físico o sexual. 

Pues bien, los resultados mostraron que las víctimas que estudiaban autodefensa eran, en general, las más difíciles de identificar correctamente. A pesar de ser quienes habían experimentado una victimización más severa, estas eran evaluadas como “menos probables” de ser victimizadas. Por tanto, tomar clases de defensa personal está relacionado con una menor vulnerabilidad percibida. Esto puede ser una intervención significativa para las víctimas.  

Sin embargo, los individuos con altos rasgos psicopáticos (específicamente, rasgos de impulsividad egocéntrica) tenían más probabilidades que los individuos con bajos rasgos psicopáticos de identificar a las víctimas que practicaban Krav Maga como víctimas. En contraposición, los individuos con rasgos psicopáticos del factor 2, más relacionados con aspectos antisociales y agresivos, tienen más posibilidades de interpretar incorrectamente movimientos de baja vulnerabilidad como vulnerables.  

Del mismo modo, dichos individuos también encontraron dificultades en identificar correctamente a las víctimas que no sabían Krav Maga. En esencia, esto parece sugerir que tales personas tienden a malinterpretar las señales no verbales que pueden estar asociadas con la vulnerabilidad.  

De hecho, parece que las personas con altos rasgos psicopáticos y baja capacidad de decodificación no verbal pueden tener más probabilidades de ver a las mujeres como víctimas porque no pueden decodificar la información no verbal que sugiere baja vulnerabilidad. 

No se encontró que los niveles de empatía medien la relación entre psicopatía e identificación de víctimas y no víctimas. Contrariamente, las habilidades de decodificación no verbal de individuos con altos rasgos psicopáticos pueden no estar relacionadas con la empatía. Asimismo, estos resultados sugieren que identificar a las víctimas que saben defensa propia y a las que no pueden ser habilidades diferentes.  

En cualquier caos, podemos decir que sí es posible percibir la vulnerabilidad de las personas por medio del comportamiento y la comunicación no verbal. Investigaciones adicionales podrían examinar si los rasgos psicopáticos específicos están asociados con una mayor habilidad de decodificación no verbal. 

A su vezlas diferencias en la cultura, género, edad y raza de las víctimas podrían afectar los resultados. En base a relaciones diferenciales de estos factores no estudiados de la víctima en la decodificación de las señales de vulnerabilidad, estos aspectos deben considerarse como posibles factores contribuyentes en investigaciones futuras. 

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