Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Percepción (página 1 de 15)

Formación de impresiones de estudiantes con gafas o audífonos. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Impression Formation of male and Female Millenial Students Wearing Eye Glasses or Hearing Aids” de Kinley, Strübel y Amlani. En este artículo nos hablan de las impresiones que nos generan los hombres y mujeres que utilizan audífonos y gafas.

Las impresiones las formamos muy rápidamente, en milisegundos. Con una breve exposición a una cara somos capaces de hacer inferencias sobre inteligencia, emociones, personalidad, competencia, confianza, simpatía, atractivo… En este estudio se pretende descubrir cuales son las impresiones que se obtienen al observar a hombres y mujeres que utilizan gafas o audífonos.

Basándose en la literatura preexistente concretamente desde la teoría de la personalidad implícita se formulan dos hipótesis, que son: el uso de gafas hará que las personas tengan una impresión más negativa sobre la persona que los utiliza y lo mismo ocurrirá con el uso de audífonos. También se preguntaron si el género del observador afectaría al juicio que realiza de la persona que lleva gafas o audífonos. También se cuestionaron que si el observador lleva gafas tiene una impresión más positiva de una persona con gafas que sin ellas.

Para realizar el estudio se utilizaron dos fotos, una de un modelo femenino y otra de un modelo masculino, y luego se pasaba una lista con adjetivos sobre su impresión basándose en el cuestionario de Kaigler – Evans y Damhorst. En este caso se redujo el número de adjetivos a 25. Cada adjetivo tenía que puntuarse del 1 (en desacuerdo) al 5 (de acuerdo). Se seleccionaron dos estilos de gafas: uno era de color claro y no era el punto de atención de la cara, mientras que el otro era oscuro y llamaba más la atención. También se utilizaron dos estilos de audífonos: uno era muy pequeño y quedaba casi completamente insertado en el oído y el otro era de color carne, más grande y más visible para el observador.  Además, se utilizaron imágenes control en el estudio donde los modelos no llevaban ni gafas ni audífonos. Se utilizaron dos posturas una de frente y otro de lado. No había fondo en las fotografías y la pose de los modelos era informal.

En total participaron en el estudio 569 participantes de los cuales un 72% eran mujeres, un 27% eran hombres y un 0.4% transgénero. Un 43% eran caucásicos, un 23% hispanos, un 16% negros y un 8% asiáticos. Las edades iban entre 17 a los 56, siendo la edad media de 21. El 60% indicó que llevaba gafas y el 0,5% que usaba audífonos.

En relación a la hipótesis de las gafas, concretamente para el modelo masculino cuando usaba las gafas oscuras fue juzgado como más confiable y más negativamente para el resto de aspectos que cuando iba sin gafas. En el caso de las gafas claras se consideró menos confiable y menos jovial que sin gafas. Por tanto, se puede decir que dentro del modelo masculino la hipótesis se confirma para estar a la moda, ser provocativo y atractivo. Para el modelo femenino se consideró que usando gafas era más de confianza y más jovial que sin ellas. Por tanto, la hipótesis 1 se cumple para ir a la moda, ser provocativo y atractivo.

Las impresiones que generó el modelo control a cuando usaban gafas eran diferentes. El tipo de gafas que llevaba también creaban diferentes impresiones. Con gafas el chico parecía más confiable pero menos a la moda, menos provocativo y menos atractivo y la chica con gafas parecía más confiable y más jovial pero menos a la moda, menos provocativa y menos atractiva que sin ellas.

En relación a los audífonos, para el modelo masculino tanto el que llevaba el más discreto como el más aparatoso fue juzgado como más confiable que el que no llevaba ninguno, pero fue juzgado como menos jovial, menos atractivo, menos provocativo y menos a la moda que él que no llevaba ningún audífono. Por tanto, la hipótesis se confirma para casi todos los valores. Para la modelo femenina, puntúo más alto en estar a la moda y provocativa sin llevar audífonos que llevándolos. También puntúo más alto en atractivo el control que cuando llevaba el audífono que se notaba más. Sin embargo, puntúo más alto en jovialidad y confiabilidad cuando llevaba audífonos. También puntúo como más atractiva cuando usaba el audífono que pasaba más desapercibido que cuando no llevaba ninguno. En general se juzgó a la modelo femenina más negativamente cuando llevaba audífonos para los valores de estar a la moda, ser provocativa y ser atractiva.

Las impresiones que generó el modelo control a cuando usaban audífonos eran diferentes. El tipo de audífonos que llevaba también creaban diferentes impresiones. Con audífonos el chico parecía más confiable pero menos a la moda, menos jovial, menos provocativo y menos atractivo y la chica con audífonos parecía más confiable y más jovial pero menos a la moda, menos provocativa y menos atractiva que sin ellos.

En relación a las diferencias respecto al sexo del observador en el caso del modelo masculino con gafas oscuras se encontró que las observadoras mujeres lo puntuaban como más confiable, mientras que los observadores masculinos le puntuaban como más provocativo. Para el modelo con gafas claras no hay diferencias entre sexos de los observadores. En el caso de la modelo femenina con gafas oscuras la puntuaron como más a la moda y más atractiva los hombres, mientras que las mujeres la puntuaron como más provocativa. En el caso de la modelo femenina con gafas claras los hombres la puntuaron como más atractiva y más provocativa.

Siguiendo con las diferencias según el sexo del observador en el caso de los audífonos, los observadores masculinos puntuaron como más provocativo al modelo masculino que llevaba audífonos. Los hombres, también señalaron como más atractiva a la modelo con el audífono que se notaba más, así como más a la moda y más atractiva a la modelo que llevaba el audífono más pequeño que aquella que no llevaba. Coincide con lo que opinaban las observadoras femeninas.

De la muestra, 172 de las 569 personas que contestaron declararon que llevaban gafas. No se detectó ninguna diferencia entre los observadores que llevaban gafas y aquellos que no las llevaban.

Se puede concluir que las impresiones que nos formamos de la gente que tiene alguna enfermedad o discapacidad son diferentes de aquellas personas sanas. Llevar gafas y el tipo de gafas que se lleva, así como llevar audífonos supone que las personas se formen impresiones diferentes sobre nosotros. Los resultados obtenidos coinciden con la literatura preexistente, así como con los estereotipos sociales, donde llevar gafas te hace parecer más inteligente y más confiable pero no más atractivo. En los últimos años el llevar gafas se ha puesto más de moda y las personas creen que quien las lleva son más inteligentes y más competentes en su trabajo, lo que hace que algunas personas las lleven incluso sin prescripción médica. Sin embargo, los audífonos, especialmente los que se notan más, siguen estando relacionados con la discapacidad, aunque parece que los jóvenes aceptan mejor esta condición que las generaciones más mayores.

Modelo integrador de formación de las impresiones (I). Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Making Sense of Other People’s Encounters: Towards an Integrative Model of Relational Impression Formation” de Quadflieg y Westmoreland. En este artículo nos proponen el Modelo Integrativo de Formación de Impresión Relacional (IMRIF) que nos habla de como nos formamos las impresiones sobre los demás en nuestros encuentros diarios.

Cuando miramos a un extraño por la calle recogemos una gran cantidad de información basada en la dirección de la mirada, la forma y postura de su cuerpo, la forma y dirección de su movimiento y su vestimenta. Con toda ella nos formamos impresiones sociales rápidas sobre sus intenciones, estado emocional e incluso personalidad. Estas impresiones no siempre son precisas al 100%. Esto puede tener grandes repercusiones en múltiples campos, desde dar una oportunidad a una posible pareja pasando por encontrar pareja o incluso la sentencia que recibiéremos en un juicio. Cuando se evalúa a un grupo de extraños no solo se sacan lo anteriormente, sino que también se realizan impresiones del tipo y la calidad de las relaciones que existen entre ellos.

Las teorías tradicionales sobre la formación de impresiones, ya desde mediados del siglo pasado describen que las impresiones sociales precisas surgen cuando se observan las características visuales de otros cuando son indicadores veraces de objetivos, estados o rasgos. Por ejemplo, el nivel de dominio social se puede inferir en relación al estilo de sus gestos.

Se descubrió que la formación de impresiones está caracterizada por tres propiedades psicológicas que son la precisión de la impresión, el consenso en la impresión y la funcionalidad de la impresión. Para que la primera de ella se produzca la persona observada tiene que mostrar una señal visual informativa durante un episodio de percepción del observador, que éste lo perciba y después lo interprete adecuadamente. El consenso depende del razonamiento iterativo de los perceptores durante la consulta.  La funcionalidad está relacionada con que las personas puedan formar impresiones precisas de los demás y su capacidad para interactuar adecuadamente con ellos. Pero los diferentes tipos de impresiones no parecen que formen una construcción psicológica uniforme.

A pesar de la importancia que puede tener este tema no se había propuesto hasta la fecha un modelo de estudio del mismo. Los autores nos proponen el Modelo Integrativo de Formación de Impresión Relacional (IMRIF), donde abordan la experiencia de los individuos que presencian encuentros de toras personas desde la perspectiva de una tercera persona.

Este modelo es oportuno por dos razones principales, la mayoría de las teorías existentes hasta la fecha se basan en la captura de impresiones de los individuos y no en la de los encuentros. La segunda razón es que a pesar de tener una gran amplitud conceptual todas las teorías anteriores, no poseen una profundidad explicativa.

Las impresiones basadas en encuentros se basan en las apariencias y las conductas abiertas y los perceptores sacan conclusiones de gran alcance sobre las relaciones u obligaciones sociales de otras personas sin conocerlas directamente. Hay varias categorías, la primera de ellas es prototípica para el dominio e implica impresiones de los atributos sociales que típicamente surgen en el nivel de la díada, se refiere, al tipo de relación que hay entre dos personas y cuál es el propósito de esa reunión.

La segunda categoría son las similitudes y diferencias que constituyen la díada, por ejemplo, las relaciones de poder de otras personas o las relaciones morales de los demás. Estas impresiones se basan en la consideración simultánea de una combinación particular de individuos.

La tercera categoría se refiere a características sociales que residen en individuos. Estas pueden ser motivadas por encuentros sociales con otras personas, pero no dependen de ellos. Por ejemplo, el nivel de neuroticismo puede juzgarse al verle interactuar con otros o simplemente a través de su vestimenta o su expresión facial. En este caso por tanto no importa tanto con quién interactúe ya que no será una variable tan importante como en las dos anteriores categorías.

Las evidencias iniciales sobre las propiedades psicológicas (precisión, consenso y finalidad) indican que estas pueden variar sustancialmente. Las impresiones sobre los tipos de relaciones de otras personas tienden a ser más precisas que las impresiones sobre la calidad de las mismas. En la gran mayoría de casos los observadores estaban de acuerdo en la relación existente entre dos personas, pero diferían en el grado que tenía esa relación.  También se ha investigado cada vez más el sesgo sistemático que presentan, cuando dos personas tienen una apariencia física similar tienden a ser juzgados más favorables los encuentros que entre dos personas diferentes. Por ejemplo, las parejas que tenía un nivel de atractivo similar eran juzgadas como más felices, más equilibradas y con una relación de pareja más profunda que aquellas que tenía un nivel de atractivo diferente. Lo mismo ocurrió cuando se daba un empujoncito ambiguo, las personas que eran más parecidos fue juzgado como un empujón juguetón mientras que en aquellas que eran diferentes se juzgo como más agresivo. Esto nos lleva a la conclusión de que los estereotipos y perjuicios influyen también en las impresiones sobre las relaciones entre dos personas. Esto tiene importantes consecuencias en la vida, ya que parejas interraciales serán juzgadas como menos aptas para recibir una hipoteca o para adoptar a un niño.

Estos sesgos se presentan comunes a aquellas personas con orígenes culturales similares, por tanto, se propone que las presiones evolutivas pueden haber dado forma a la tendencia humana a formar impresiones basadas en el encuentro.

También las impresiones basadas en el encuentro impiden que los perceptores penetren en territorios que otras personas necesitan para comunicarse y conectarse. Al igual que también motivan un enfoque social selectivo y el comportamiento de evitación, por ejemplo, un estudio reveló que un blanco estadounidense estará más predispuesto a acercarse a un negro sonriente cuando éste venga acompañado por un amigo blanco que cuando este solo.

Las impresiones basadas en el encuentro proporcionan una oportunidad para el aprendizaje social, los niños pequeños imitan las acciones que ven cuando te encuentras con otra persona y lo extrapolan a su vida.

Debido a la importancia de las impresiones basadas en el encuentro se propuso el nuevo Modelo Integrativo de Formación de Impresión Relacional (IMRIF) del que hablaremos la semana que viene.

Los efectos de la ropa y la postura en la percepción sobre las personas. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el resumen del estudio “You are What You Wear: Unless You Moved – Effects of Attire and Posture on Person Perception” de Küster, Krumhuber y Hess; en él nos hablan de cómo afectan la interacción entre los estereotipos ocupacionales reflejados en la vestimenta y la postura en la percepción que nos formamos de las personas.

Las personas utilizamos claves para formar nuestra opinión sobre otras personas que acabamos de conocer. Entre otras utilizamos las señales faciales y más concretamente las expresiones faciales. Pero también, se utilizan como los gestos y señales corporales, incluyendo también la postura que adoptamos. Otros factores serían la vestimenta, el peinado, el aseo personal o los adornos.

La ropa que usamos puede aportar información sobre nuestros gustos o también puede ir asociada a una profesión, ya que los uniformes son los medios más fáciles para asociar a una persona con una determinada profesión, lo que provoca estereotipos ocupacionales. Éstos están generalmente asociados al éxito, los roles de género y la autoestima. Algunos estudios se enfocaron en la relación entre una profesión estereotipada de género y una profesión atípica, aunque al tratarse de estudios antiguos estaban muy centrados en los roles de género imperantes en la época y la metodología que usaron era a través de viñetas.

La presente investigación consta de tres estudios donde se estudiaron la relación entre la vestimenta presentada, en este caso uniformes, con las percepciones de empatía y dominancia. Además, se estudió como la variación de la postura, entre abierta o cerrada, podía modificar las percepciones sobre los puntos anteriores. Para los tres estudios se utilizaron avatares, ya que es más fácil de controlar que ninguna otra variable interfiera en la investigación y en estudios anteriores se descubrió que las personas reaccionan igual ante los avatares que ante otros seres humanos.

El estudio 1 tenía como objetivo evaluar el nivel de empatía que otorgaban a un avatar en función de la vestimenta que presentaba. En este caso era un uniforme de enfermera, uno militar y una vestimenta causal para la condición de control. Se utilizaron 164 personas de muestra (116 mujeres y 48 hombres) con una media de edad de 25 años. Se crearon cinco identidades femeninas caucásicas, con diferencias en el tono de la piel y el color de los ojos y el pelo. Se utilizaron texturas fotorrealistas con luz indirecta. Las imágenes presentaban un tamaño de 400×497 pixeles y eran de la cara, cuello y pecho. Todas las identidades eran presentadas bajo las tres vestimentas distintas.

A cada participante se le asigno una de las 15 combinaciones posibles. Se les dio el siguiente texto: “Esta es Erin. Ella intenta hacerlo bien en su trabajo y lo toma en serio. En su tiempo libre hace deporte. Los fines de semana a Erin le gusta salir con sus amigos”. Los nombres y la descripción fueron idénticos para todos los participantes sin importar la foto que les fuera asignada. Los participantes tenían que evaluar seis ítems diferentes relacionados con la empatía, a través de la pregunta “¿Cuánto es capaz esta persona de X?” Siendo X reemplazada en cada caso por: “tomando la perspectiva de otra persona”, “entendiendo los sentimientos de los demás”, “mostrando compasión”, “brindando consuelo”, “compartiendo sus sentimientos” y “sintiéndose conmovido por los sentimientos de otra persona”.  Las respuestas eran dadas en una escala del 1 al 9, siendo el 1 para nada y el 9 mucho.

Los resultaron mostraron que había un efecto significativo para el atuendo, se veía más empática a la enfermera que a la militar o que a la vestimenta casual. La diferencia entre el uniforme militar y la vestimenta casual no llegó a ser significativa.

El estudio 2 añadía la postura y la calidez y dominio a lo investigado en el anterior. Para ello, se contó con 312 participantes (213 mujeres y 99 hombres) con una edad media de 22 años. En este caso se crearon cuatro identidades caucásicas, en las mismas condiciones que en el estudio anterior. Aquí se presentaban con uniforme militar o de enfermera y con una postura abierta o cerrada, obteniendo así 16 avatares diferentes. Los participantes veían un avatar y completaban la escala de empatía utilizada en el estudio 1. Además, se añadió una escala de cuatro ítems sobre calidad y de otros cuatro sobre dominancia, basados en las Escalas de Adjetivos Interpersonales Revisadas. Las preguntas eran: “Comparado con una persona promedio, ¿Cómo X es esta persona?”. La X era sustituida, en relación a la calidez, por: “de buen corazón”, “tierno”, “de corazón frío” y “antipático”.  Para el dominio, era: “asertivo”, “dominante”, “tímido”, y “flojo”. Las respuestas iban del 0 al 8, siendo el 0 no son capaces y el 8 muy capaces. Se presentaban en primer lugar las escalas para calidez y dominio intercalando las preguntas y por último se pasaba la escala de empatía.

Los resultados mostraron que cuando tenía una postura abierta y el uniforme de enfermera se calificaba como más cálido que cuando la postura era cerrada. La postura abierta y el uniforme militar le otorgaban menor dominio que con la postura cerrada. Se comprobó que la enfermera seguía siendo calificada como más cálida y empática, pero que si se añadía la postura cerrada estos efectos desparecían, por tanto, se puede decir que los estereotipos ocupacionales pueden ser anulados por un comportamiento negativo no verbal.

En el estudio 3 se añadió la variable del sexo al experimento.  Se utilizaron 163 participantes (96 mujeres, 63 hombres y 4 de otro sexo) con una edad media de 28 años.  En este caso se generaron cuatro identidades, dos masculinas y dos femeninas. Cada personaje fue presentado con las tres vestimentas diferentes (enfermera, militar y casual) y las dos posturas (abierta y cerrada).  Para que la apariencia facial no afectara a las percepciones de dominio y calidez se les difuminó el rostro con un filtro. Se utilizó el mismo procedimiento que en los estudios anteriores.

Los resultados para las identidades masculinas fueron más significativos para el dominio con su relación con el uniforme y la postura. Las posturas abiertas tuvieron más alta la empatía y más bajo el dominio. Los avatares con uniforme de enfermero fueron puntuados más altos en empatía que los otros dos. Por el contrario, el dominio fue percibido como mayor con el uniforme militar. El uniforme de enfermero fue asociado a mayor competencia que el de militar, y éste a su vez fue mayor que la vestimenta casual.

Una postura cerrada condujo a un mayor dominio percibido, lo que a su vez llevó a una mayor competencia percibida. Los hombres con uniforme de enfermero se percibían como más empáticos y esto se asociaba a una mayor competencia percibida.

Los resultados para las identidades femeninas los avatares con una postura abierta fueron calificados como menos competentes y dominantes, pero más empáticos. La vestimenta casual se asociaba con menos competencia que los dos uniformes. Con la postura abierta el uniforme militar se asoció con índices de dominancia más altos que el de enfermera o la ropa casual. Con la postura cerrada ambos uniformes fueron asociados a mayor dominancia que la vestimenta casual. Para las mujeres las percepciones de dominancia y empatía se veían afectadas por la postura.

En resumen, para las mujeres los participantes eran más influenciados por su lenguaje no verbal que los estereotipos ocupacionales. Sin embargo, para los hombres fue al revés, los participantes confiaron más en los estereotipos de ocupacionales.

Cambios en la percepción del atractivo y la simetría del rostro con el movimiento facial. Club Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el resumen del estudio “Symmetry in Motion: Perception of Attractiveness Changes with Facial Movement” de Hughes y Aung; en él nos hablan de las diferencias de atractivo y simetría que muestran los rostros dependiendo de si se examina un estímulo en movimiento o estático.

A pesar de que la belleza es un concepto cultural que cambia de una cultura a otra, hay algunos puntos que coinciden en todas. Uno de ellos es la simetría facial. Esto se debe a que la simetría bilateral indica una genética subyacente buena y una buena adaptación al estrés medioambiental y de desarrollo. Clasificando de esta manera a los sujetos simétricos como deseables.

La asimetría fluctuante (FA) se refiere a la desviación producida al azar de la simetría perfecta de los rasgos bilaterales y es fluctuante porque no depende de los genes. Siendo uno de los indicadores que los humanos usan para elegir compañero. Índices bajos de FA van unidos a una mayor salud, una mayor resistencia a la enfermedad y mayores niveles de fertilidad. En hombres los niveles bajos están relacionados con un incremento de la masculinidad y el vigor y una menor tasa metabólica en reposo. En mujeres se ha visto relacionado con menor peso corporal en relación al índice de masa corporal (IMC). La presencia de niveles altos de FA está relacionada con la esquizofrenia y la depresión.

Niveles bajos de FA está relacionado con cualidades personales positivas como ser más sociables, animado, con más autoconfianza, estables, con menores niveles de ansiedad y mayor nivel de inteligencia. La simetría también guarda relación con los comportamientos sexuales. Niveles más bajos de FA están asociados a un mayor número de parejas sexuales a lo largo de la vida.

En lo referente al atractivo hay múltiples estudios que concluyen que las caras simétricas son más atractivas que las asimétricas. También se ha relacionado la simetría del cuerpo con una percepción mayor de atractivo tanto para hombres como para mujeres.

Las investigaciones previas donde se ha establecido la relación entre simetría y atractivo fueron hechas solo con imágenes. Esto es una limitación ya que en la vida real normalmente se ven las caras en movimiento, como cuando las personas hablan, lo cual hace que la simetría del rostro cambie.

Existen diferencias de percepción entre las imágenes fijas y en movimiento, por ejemplo, los vídeos son más favorables que las imágenes fijas. Otro estudio demostró que las caras femeninas que eran atractivas en movimiento no lo tenían porque ser en una imagen estática. La causa de esto, puede ser que la emoción se traslada mejor en la imagen en movimiento que en las fijas, esto es especialmente valorado en el caso de las mujeres. Aunque las conclusiones parecen no estar claras, ya que hay estudios que determinan que los niveles de atractivo eran iguales en ambos sexos para las imágenes fijas como para las estáticas.

En el presente estudio se analiza el atractivo en función de la simetría y del movimiento, por ejemplo, cuando una persona habla. Esto hace que las conclusiones tengan una mejor validez ecológica. La hipótesis de partida es que cuando al hablar el movimiento resalta la simetría facial las caras serán consideradas como más atractivas en movimiento que en una imagen estática.

Participaron un total de 224 participantes (120 mujeres y 104 hombres) todos procedentes de la Junta de Revisión Institucional. Los vídeos utilizados fueron grabados por alumnos de universidades, siendo un total de 46 individuos (24 mujeres y 22 hombres) que fueron grabados del cuello para arriba recitando número del 1 al 10 más o menos al ritmo de un número al segundo. Los vídeos fueron reproducidos sin sonido. Después se tomaron muchos fotogramas de cada vídeo, el primero uno en el que estuviera con una expresión neutra, con los ojos abiertos mirando hacía adelante y la boca cerrada, y después, se extrajeron otros donde estuvieran diciendo “1”, “3”, “5” y “8” porque son los que producen más movimiento.

Otros 48 participantes (25 mujeres y 23 hombres) valoraron el atractivo de las imágenes extraídas de los vídeos con expresión neutra del 1 al 10. Otro grupo de 50 participantes (28 mujeres y 22 hombres) valoraron el atractivo del 1 al 10 de los vídeos sin sonido.

Se utilizaron dos grupos más para valorar la simetría del rostro. Para ello se usa la siguiente definición “simetría es cuando imaginas una línea que baja por la línea media de la cara de las personas y ve los lados derechos e izquierdos de la cara como idénticos uno con relación al otro. La simetría perfecta sería como la imagen en el espejo del lado derecho e izquierdo de la cara”. El grupo que valoró las fotos estaba formado por 47 participantes (26 mujeres y 21 hombres) y el grupo que valoró el vídeo estaba formado por 33 participantes (17 mujeres y 16 hombres).

Se calcularon diferentes valoraciones medias del atractivo, por un lado, una total, y por otro, en base a las puntuaciones otorgado por el mismo sexo y otra por los de sexo opuesto. Luego se calculó la diferencia entre el atractivo medio de un sujeto en base a sus fotografías fijas y de su vídeo.

La diferencia entre las puntuaciones era cuanto puede variar el atractivo viendo una foto o un vídeo. Si era positivo la diferencia significaba que el vídeo era más atractivo y si era negativo significaba que las fotografías eran más atractivas. Los mismos cálculos se realizaron para la asimetría fluctuante (FA).

Se demostró que la percepción del atractivo está afectada por la simetría facial que puede cambiar mientras se habla. Si el movimiento del habla crea una mayor simetría la persona será considerada como más atractiva y, al contrario, si el movimiento producido durante el habla hace que el rostro parecía más asimétrico se volverá menos atractivo.

Estos resultados concuerdan con los de Sadr et al (2006) que examinaron la simetría en relación al movimiento corporal. Comprobaron que cuando el movimiento de andar hacía más asimétrico el cuerpo, las personas eran catalogadas como más atractivas. Concluyeron que la simetría producidas por el movimiento tenía más peso al decidir el atractivo de una persona que la propia simetría anatómica.

El estudio actual describe que las actuales medidas de simetría no predicen bien el atractivo. Las puntuaciones de atractivo que se dan si se utiliza un estímulo en movimiento predicen mejor las evaluaciones subjetivas de simetría, pero no así las objetivas. Si se utiliza los cambios que se producen en la medición de la simetría facial mientras habla una persona se pueden ver que hay diferencias entre el atractivo producido por un estímulo estático o por uno dinámico.

Rubenstein (2005) descubrió que cuando se utilizaba un estímulo estático generalmente se concentraban más en los elementos estructurales de la cara mientras que con uno dinámico la atención se dirigirá más a los elementos no estructurales como la expresión de la emoción, o en algunas características estructurales concretas como el movimiento de la adiposidad facial. En el estudio actual se propone que la medida son los cambios transitorios de la simetría facial.

Solo se ha comprobado que existen diferencias de atractivo entre los estímulos estáticos y los dinámicos cuando se tiene en consideración el género tanto del evaluador como del modelo. Las mujeres consideran más atractivo a los hombres en los vídeos mientras que los hombres consideran más atractivos a los otros hombres en las fotos. Las mujeres son más sensibles a los estímulos dinámicos que los hombres.

El movimiento del rostro puede hacer que parezca más simétrico y por tanto más atractivo. Futuros estudios deberán investigar sobre que movimientos exactos producen está mayor percepción de simetría.

 

Correspondencia entre las respuestas fisiológicas y no verbales: comportamiento no verbal que acompaña el desafío y la amenaza. Club Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del estudio “On the Correspondence Between Physiological and Nonverbal Responses: Nonverbal Behavior Accompanying Challenge and Threat”, de los autores Max Weisbuch, Mark D. Seery, Nalini Ambady y Jim Blascovich, quienes investigan la correspondencia entre las respuestas fisiológicas y las no verbales en las situaciones de desafíos y amenazas.

Se sabe que los marcadores fisiológicos son propensos a estar acompañados por un comportamiento no verbal psicológicamente significativo, y esto ha sido estudiado en el caso de las situaciones estresantes. Investigadores como Darwin y Cannon estuvieron de acuerdo en que las respuestas a las situaciones estresantes (por ejemplo, el terror) se caracterizan por patrones específicos fisiológicos y no verbales (temblor del cuerpo, piel pálida, pelo erizado…).

Aunque esta idea sugiere que la actividad fisiológica y no verbal constituyen una respuesta integrada a las demandas ambientales, hay pocas investigaciones que respalden esta teoría, y estas ausencias de investigaciones pueden deberse a la posibilidad de que las respuestas fisiológicas y no verbales ante situaciones ambientales sean independientes. Por ejemplo, las expresiones no verbales pueden funcionar como respuestas comunicativas que no dependen de la actividad autónoma subyacente. Además, la dificultad de medir respuestas fisiológicas complejas puede explicar la falta de evidencia fisiológica-no verbal.

La investigación realizada en el presente estudio examina el grado en que una situación estresante (desafío o amenaza) provoca la covarianza entre los patrones de actividad no verbal (comportamiento no verbal) y fisiológica (medición de marcadores cardiovasculares).

Los marcadores de desafío y amenaza son relevantes dentro de contextos que requieren respuestas cognitivas para cumplir un objetivo relevante. Ejemplos de tales situaciones de rendimiento motivado incluyen realizar un examen, dar un discurso y causar una buena impresión. Por lo tanto, las situaciones de rendimiento motivado incluyen muchas de esas situaciones que comprendemos como «estresantes». Los estados motivacionales de desafío y amenaza se producen del siguiente modo: El desafío se produce cuando se evalúa que los recursos de afrontamiento (por ejemplo, habilidades, disposiciones, soporte externo) cumplen o superan las demandas de la situación (por ejemplo, esfuerzo requerido, peligro, incertidumbre). La amenaza se produce cuando las demandas de la situación se evalúan como recursos superiores a la superación. Por lo tanto, el desafío y la amenaza pueden entenderse como niveles de «confianza» específica del contexto.  Más de 30 estudios diferentes demostraron que el desafío incluye más confianza en el afrontamiento de tareas y una mayor movilización de energía que la amenaza, factores que deberían mejorar el rendimiento.

En cuanto al comportamiento no verbal estudiado en la investigación, los autores son conscientes de que el comportamiento facial parece ser especialmente susceptible de control consciente, por lo que las respuestas faciales pueden reflejar más la deseabilidad social que la experiencia subjetiva o fisiológica (de hecho, las expresiones faciales positivas a veces pueden ser más probables entre las personas que experimentan un afecto negativo que entre las personas que experimentan un afecto neutral. En este caso, ante una amenaza, quienes experimentan dicha amenaza pueden esforzarse especialmente por crear una expresión facial segura y, por lo tanto, pueden parecer más seguros que los individuos desafiados). En contraste, la voz parece ser menos susceptible al control consciente y puede ser un indicador más verídico de la experiencia psicológica (Ekman y Friesen). Por lo tanto, los canales faciales y vocales pueden diferir con respecto a su relación con los procesos fisiológicos.

En el estudio realizado participaron de forma remunerada 90 mujeres estudiantes de psicología de la Universidad de California. De estas 90 mujeres, 30 fueron seleccionadas para el análisis no verbal sobre

Par la medición fisiológica se usaron dispositivos de medición fisiológica para registrar señales cardíacas, presión arterial y rendimiento cardíaco. Para la medición no verbal se usó un micrófono y cámara de vídeo detrás del cristal tintado situado directamente frente al participante.

Se registró el comportamiento de los participantes a través de las mediciones nombradas, y digitalmente se crearon 2 tipos de packs: Un primer pack de vídeos silenciados en donde se observaba el comportamiento no verbal del participante, enfocándose únicamente la cara, y un segundo pack en donde se eliminó el vídeo y los sonidos de alta frecuencia para que finalmente solo se pudiese percibir la prosodia.

Los participantes completaron el experimento individualmente. Al llegar al laboratorio, un experimentador saludó al participante y la acompañó a una sala de preparación. Se aplicaron los sensores necesarios para el registro fisiológico y se llevó al participante a una sala de control. Allí, se inició un período de descanso de 5 minutos cuando el experimentador abandonó la sala, durante el cual se evaluaron los niveles basales de las respuestas fisiológicas. Después del período de descanso, se informó al participante que un miembro del equipo de investigación entraría ahora en la sala para involucrar al participante en un ejercicio. Una experimentadora desconocida para el participante entró en la sala de grabación, se presentó y se sentó para comenzar una conversación. La conversación duró 3 minutos, durante los cuales se registraron las mediciones fisiológicas. El entrevistador le hizo al participante un conjunto de preguntas predeterminadas sobre sí misma. Las preguntas incluidas generaban sensaciones de desafío o de amenaza dependiendo del participante.

Tras realizar las grabaciones a las participantes, 18 estudiantes de pregrado fueron asignados aleatoriamente para juzgar los clips de video o clips de sonido resultantes, puntuándolos en escalas de 0 a 5 según la confianza y dominio visto u oído en los clips.  Los resultados fueron los siguientes: Autoconfianza facial (a = .81), autoconfianza vocal (a = .59), dominio facial (a = .74) y dominio vocal (a = .56) .

Estudiando las mediciones fisiológicas de las participantes se comprobó que en los casos de sensación de desafío se aumentan las pulsaciones, se dilatan las arterias (disminuye TPR, que es la resistencia vascular), y se produce un mayor flujo sanguíneo. Durante la sensación de amenaza, aumentan las pulsaciones pero disminuye el flujo sanguíneo y la dilatación de arterias es mucho menor.

Se comprobó por tanto que los participantes que exhibieron una amenaza consistente con experimentar una menor confianza, mostraron una confianza vocal menor y una confianza facial mayor. Para los participantes que exhibieron una amenaza, estos resultados son consistentes con el intento de enmascarar una falta subyacente de confianza (indicada por sus respuestas vocales) con un comportamiento no verbal facial relativamente controlable. Por el contrario, el patrón no verbal asociado con el desafío es consistente con la realidad que experimenta una mayor confianza, junto con la falta de preocupación por aparecer con confianza. Las reacciones fisiológicas de los participantes fueron diferentes entre los que sintieron desafío y los que sintieron amenaza. Por tanto, la diferencia entre la confianza vocal y facial que percibían los observadores indicaba un patrón cardiovascular que sólo podría ser observable a través de dispositivos de medición fisiológica.

En términos más generales, estos resultados demuestran que existe covarianza en las respuestas fisiológicas y no verbales, pero que esta covarianza puede observarse mejor con un patrón significativo de actividad fisiológica. Por el contrario, las expresiones faciales a menudo pueden ser engañosas, especialmente en comparación con las expresiones vocales, y pueden estar particularmente sujetas a preocupaciones motivacionales, como la gestión de impresiones. Estas consideraciones resaltan la importancia de utilizar patrones de reactividad fisiológica complejos y validados empíricamente al examinar la relación entre las respuestas fisiológicas y no verbales.

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