Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Percepción (página 1 de 15)

Señales no verbales de vulnerabilidad en relación a la Tétrada Oscura. Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Evil intentions: examining the relationship between the Dark Tetrad and victim selection basd don nonverbal gait cues” de Ritchie M. B., Blais J. y Forth A. E., en el cual se explora la relación entre rasgos pertenecientes a la Tétrada Oscura (psicopatía, maquiavelismo, narcicismo y sadismo) y la detección de señales no verbales que indican vulnerabilidad.

Algunos estudios han establecido que ciertas señales no verbales, como la forma de caminar, pueden ser indicadores precisos de la vulnerabilidad de ser la víctima de un delito. Basándose en estas señales, los sujetos con un alto nivel de rasgos psicopáticos son capaces de identificar la vulnerabilidad de una persona. Esa información influiría en la decisión del delincuente de atacar o no, según si la posible víctima le parece más o menos vulnerable. No obstante, cabe destacar que guiarse por las señales no verbales no implica dar atención a unas señales específicas y de manera voluntaria. La detección de la vulnerabilidad en base al comportamiento no verbal es un proceso más bien intuitivo, los sujetos simplemente saben que una persona es vulnerable.

La psicopatía no es el único trastorno de personalidad asociado a un mayor número de  víctimas y a más manipulación y engaño. Por lo tanto, es posible que haya sujetos con otros trastornos de personalidad (o con rasgos relacionados) capaces de detectar a las víctimas más vulnerables en base a señales no verbales. Por esta razón, el estudio extiende la relación entre psicopatía y detección de señales no verbales indicadoras de vulnerabilidad a los rasgos asociados a la Tétrada Oscura.

Las señales del comportamiento no verbal que más indican vulnerabilidad a ser víctima es el movimiento del cuerpo, y específicamente, la forma de caminar. En un estudio con delincuentes encarcelados por atacar a extraños se observó que estos, al mirar varios videos de personas caminando, son capaces de determinar los targets más fáciles y a aquellas personas que es mejor evitar atacarlas. Las diferencias en la forma de caminar entre los targets fáciles y difíciles se daban en: la longitud de zancada (corta, larga o media), el cambio de peso en el caminar (de arriba hacia abajo o lateral), coordinación entre brazos y piernas y colocación de los pies.

También hay diferencias de género en los agresores:  los hombres con rasgos psicopáticos son mejores que las mujeres en detectar mujeres vulnerables a través de señales no verbales. Esta capacidad se ha observado en muestras de estudiantes, delincuentes y de oficiales de policía.

Hasta hace poco, la combinación de rasgos de psicopatía, maquiavelismo y narcicismo se ha considerado como un posible constructo unitario llamado la Tríada Oscura. En cambio, en la Tétrada Oscura se añaden rasgos de un sadismo del a día a día, que hace referencia a la obtención de placer a través de provocar daño a otros y un deseo recurrente de hacerlo. Todos los componentes de la Tétrada Oscura muestran relaciones con comportamientos antisociales, bullying, trolling online y con la obtención de placer a través de las desgracias de los demás.

En el estudio participan 99 estudiantes a las cuales se les aplican varios cuestionarios relativos a los rasgos de la Tétrada Oscura. Los participantes observan 8 videos en los cuales varias mujeres caminan de espaldas a la cámara, para evitar la influencia de las expresiones faciales. De las 8 mujeres grabadas, 4 de ellas fueron víctimas de algún delito en el pasado y 4 no. Para cada grabación, se pide a los sujetos que indiquen si creen que las mujeres del video fueron víctimas de algún delito o no. Además, deben dar una justificación para cada evaluación de la vulnerabilidad, es decir, deben decir en qué se basan para considerar que una mujer fue víctima o no en el pasado (p. ej. en la edad, ropa, género, movimiento al caminar, intuición, etc.).

Al igual que en otros estudios, se encuentra una alta precisión en la detección de la vulnerabilidad en aquellos sujetos con altas puntuaciones en psicopatía. También se observan los mismos resultados en los sujetos con puntuaciones altas en maquiavelismo y en el sadismo del día a día. En cambio, no se encuentra una relación significativa entre tener rasgos de narcisismo y detectar la vulnerabilidad en base a las señales no verbales.

En la psicopatía se consideran dos factores. El Factor 1 se asocia a una predominancia de comportamientos de manipulación y de insensibilidad afectiva. El Factor 2 indica un estilo de vida errático y más comportamientos antisociales. De estos dos factores, se observó que el segundo es el mejor predictor para la precisión en la detección de la vulnerabilidad, por encima de todos los demás rasgos de la Tétrada Oscura.

Cabe destacar que los rasgos de la Tétrada Oscura se solapan (excepto los del narcisismo), por lo que un sujeto con rasgos psicopáticos puede detectar igual de bien la vulnerabilidad que un sujeto con rasgos de psicopatía, maquiavelismo y sadismo.

No se encuentran relaciones entre tener rasgos de la Tétrada Oscura y utilizar las señales no verbales relativas a la forma de caminar para discriminar la, vulnerabilidad. Lo que indican estos resultados es, tal como mencionábamos antes, que los sujetos no analizan la forma de caminar de forma consciente. Los participantes se daban cuenta a través de la intuición de quienes eran víctimas y quienes no.

Aunque los sujetos no sean conscientes de que se fijan en la forma de caminar, sí que valoran de manera correcta a las mujeres de los videos en función de las diferencias en ese aspecto. También parece ser que la forma de caminar destaca por encima de la apariencia física y la vestimenta, un resultado obtenido en este y en otros estudios previos.

La falta de asociación entre rasgos de narcisismo y la precisión en detectar la vulnerabilidad a través de la forma de caminar se puede deber a que en el narcisismo predomina el egocentrismo y la sensación de grandiosidad. Estos rasgos pueden desviar la atención hacia uno mismo e impedir una detección precisa de la vulnerabilidad en otros. En cambio, en los demás componentes de la Tétrada Oscura predominan otros rasgos que pueden facilitar esa detección: la insensibilidad afectiva, la impulsividad, la manipulación, etc.

Cabe destacar que la vulnerabilidad a ser la víctima de un delito no implica culpar a las víctimas. La importancia de este tipo de análisis reside en la detección de factores que podrían ser utilizados en entrenamientos de defensa ante delincuentes potenciales. De hecho, existen estudios que han demostrado que el entrenamiento para cambiar la forma de caminar reduce la percepción de vulnerabilidad de terceros.

 

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¿Somos conscientes de nuestro comportamiento no verbal? Club de Lenguaje No verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Nonverbal self-accuracy: individual differences in knowing one’s own social interaction behavior” de Murphy N. A., Schimd Mast M. y Hall. J. A. (2016), en el cual se analiza si las personas son conscientes del comportamiento no verbal que expresan en las interacciones sociales.

Analizar si los individuos son capaces de recordar el comportamiento o la apariencia de otros con los que han interaccionado ha sido el objetivo de muchos estudios. En cambio, la capacidad de recordar el propio comportamiento no verbal (CNV) no ha tenido tanta suerte. En los pocos estudios que se ha explorado se ha visto que, por lo general, las personas recuerdan con precisión los gestos que expresaron en una interacción social. Algunos gestos se recuerdan más (p. ej. sonreir) y otros menos (p. ej. tocar al otro).

Esta habilidad de traer a la memoria gestos pasados recibe el nombre de nonverbal self-accuracy (NVSA, detección precisa del CNV propio). A nivel interpersonal, se han observado diferencias individuales en la precisión de detectar los estados y rasgos de otros. Por lo que este constructo tendría la misma función, pero a nivel intrapersonal. Algunos autores que han estudiado esta detección precisa del CNV propio, han constatado que es un constructo medible. Con el objetivo de probar esta hipótesis y de replicar los resultados previos, este estudio explora la existencia de NVSA, las diferencias individuales y la utilidad de considerar esta habilidad en teorías basadas en la autoconsciencia o teorías del self (p. ej. autopercepción, meta-percepción, etc.).

En el estudio participaron 84 pares de sujetos, asignados aleatoriamente a los roles de compañero de interacción o target. Solo una persona de cada par, el target, es objeto de análisis. Los sujetos conversaron durante 5 minutos sobre un tema. Se grabó cada interacción para que 6 expertos analicen posteriormente el CNV expresado y compararlo con lo que cada target informa.

Después de la interacción los sujetos valoran (en una escala Likert de 1 a 9) si han expresado los siguientes comportamientos no verbales: sonreír, inclinar la cabeza (p. ej. afirmar), mirar a los ojos, tocarse la cara/el cuerpo y gestos con las manos. Además, se aplican 7 escalas de autoconsciencia y monitorización de uno mismo, expresión emocional, rasgos de neuroticismo y ansiedad para observar si el constructo NVSA se relaciona con otros constructos.

Los resultados mostraron que los sujetos recuerdan el comportamiento no verbal que han expresado de forma precisa y por encima del azar. No obstante, los sujetos no recuerdan con la misma precisión el gesto de inclinar la cabeza. Las puntuaciones de NVSA se relacionan significativamente con una mayor autoconsciencia pública, indicando que la precisión de recordar el CNV propio aumenta cuando los sujetos informan haber prestado más atención a su apariencia y a sus maneras. Además, ser mejor en recordar los gestos no verbales que uno expresa parece estar muy relacionado con detectar mejor las emociones y, especialmente, la ira.

Se detecta también una mayor relación entre puntuar alto en NVSA y mayores niveles de neuroticismo y negatividad en el estilo de expresión, por lo que es probable que los sujetos con un alto nivel de NVSA sean más sensibles a las señales de desaprobación.

Para medir el constructo NVSA de momento requiere algo más que un cuestionario o un test. Aun así, estos resultados permiten crear un esbozo del conjunto de rasgos de personalidad que una persona con alta precisión en recordar su CNV tendría. Una persona con puntuaciones altas en NVSA sería algo ansiosa, consciente de sus maneras, con pocas intenciones o ganas de expresar emociones positivas y sensible a la detección de la ira de otros sujetos.

En contra de los esperado, no se han encontrado relaciones de NVSA con autoconsciencia, ni con una monitorización del self. Por esta razón, se plantea que NVSA no es tanto un constructo basado en la autoconsciencia, ni una habilidad interpersonal. Dada su relación con variables sociales negativas (p. ej. alto neuroticismo) parece que NVSA refleja un enfoque exagerado hacia uno mismo, acompañado de miedo a la evaluación social.

Esta última conclusión tiene sentido especialmente si tenemos en cuenta que el comportamiento no verbal supone una expresión bastante automática y con poco procesamiento racional de por medio. Cuando hay mayor autoconsciencia y autocontrol sobre el CNV es, por ejemplo, cuando se intenta mentir, una situación en la cual la evaluación de otros también se hace importante. En ese caso, el CNV se puede ver modificado de manera autocontrolada y consciente, siendo necesario estar centrado en uno mismo con el fin de intentar controlar la expresión no verbal.

Esta analogía indica que ser capaz de recordar un comportamiento no verbal podría ser una habilidad interpersonal pero en términos más bien negativos. Es posible que por eso se encuentren relaciones entre NVSA y la detección de emociones negativas, como la ira. También se plantea un posible carácter contextual de la habilidad de recordar el CNV expresado en una interacción. Se recordarán más algunos comportamientos no verbales y se recordarán más en algunos contextos. Y si tenemos en cuenta el mentir como contexto especifico u otros ejemplos, como las situaciones de interacción con superiores, tendría sentido que en dichos contextos un sujeto se centre más en sí mismo y en las señales no verbales que expresa.

Por último, en el estudio se destaca la duración corta de las interacciones. Se desconoce si la precisión de recordar el propio CNV se mantendría por encima del azar en interacciones más largas, típicas de la vida real. Otras limitaciones residen en el tipo de muestra utilizado (estudiantes) y en el uso de escalas de medición (medición del CNV distinta entre sujetos y observadores).

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Querido desconocido, si te sonrio ¿creerás que soy buena persona? Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, hoy presentamos el artículo “Are attitudes Contagious Exposure to biased nonverbal signals can create novel social attitudes” de Skinner A. L. y Perry S. (2019), en el que se examina la posibilidad de que las señales del comportamiento no verbal de unos individuos cambien, produzcan o “contagien” actitudes sesgadas en otros individuos.

Imagínate que subes en el metro y, cuando entras por la puerta, observas que en el lado izquierdo está lleno de personas y en lado derecho solo una. Las personas que acaban de subir contigo miran a ambos lados y también se sientan en el lado izquierdo del vagón. ¿Dónde crees que te vas a sentar tú? Si piensas que depende de las características de la persona que está a la derecha, puede que te equivoques. ¿Y de qué dependerá?

En los estudios relacionados con las actitudes que generamos hacia otros cuando se nos informa verbalmente sobre aspectos o acciones de estos, se observó que solemos generar actitudes congruentes con el tipo de información que recibimos. Si es negativa, la actitud tenderá a ser negativa, si es positiva, probablemente pasará lo mismo con la actitud. Por lo tanto, la información verbal que se recibe sobre otros impacta sobre las actitudes que se generan hacia ellos. La cuestión es que, en la mayoría de las situaciones sociales, las señales que recibimos sobre los demás no son tan explícitas, sino son más bien señales no verbales.

A modo general, asociar estímulos agradables o desagradables (imágenes, olores, hechos, etc.) con otros estímulos (personas, objetos, acciones, etc.) da lugar a un proceso llamado condicionamiento evaluativo. Por ejemplo, si nos dicen que el vecino de enfrente ayuda a otro vecino mayor con la compra, es probable que la actitud que generemos hacia esa persona sea positiva, sin tener más conocimientos sobre ella. Esa actitud positiva se puede reflejar en multitud de cosas (p. ej. intención de comunicarnos con la persona) y la información positiva que hemos recibido influirá en las interacciones posteriores que tengamos con esa persona, será un condicionante de la evaluación que hacemos de ella. Por lo tanto, sea positiva o negativa, no deja de ser una actitud sesgada.

Lo desconocido se encuentra en la influencia que pueda tener ver, por ejemplo, a un compañero de trabajo que sonríe siempre al que trae el correo, que expresa gestos de agradecimiento o le da la mano para saludarle con mucha ternura. ¿Influirán esas señales no verbales que observamos en nuestra actitud hacia el que nos trae el correo? En esta dirección va el estudio que presentamos. Exploran la posibilidad de que exposición a señales no verbales puede sesgar, cambiar o producir actitudes sociales, implícitas o explicitas, hacia individuos desconocidos.

Se llevan a cabo 3 experimentos. En el primero, los sujetos deben ver videos sin sonido (5-20 seg/10 min) en el cual hay dos personas. Una de ellas expresa señales no verbales positivas hacia otra persona objetivo: sonrisa cálida, acercamiento y afirmación con la cabeza. También observan a otras dos personas, donde la persona que expresa es la misma de antes, pero parece enfadada, frustrada, desaprueba con la cabeza al objetivo y se aleja de él, es decir, un comportamiento no verbal negativo. Se hacen dos versiones de este experimento: sujetos que participan en una versión online versus sujetos que participan de manera presencial, en el laboratorio.

En ambas versiones los resultados son similares y el hallazgo más destacable es que los participantes generan actitudes explícitas congruentes con el tipo de señales no verbales hacia los objetivos. Cuando el objetivo había recibido señales no verbales positivas (p. ej. sonrisa), se valoraba mejor a dicho objetivo. Los participantes estaban más dispuestos a compartir cosas con ellos (distancia social) o a ayudarles (comportamiento prosocial). Cuando el objetivo había recibido señales no verbales negativas, ocurrió aquello que es congruente: se desea más distancia social del objetivo, se le valora de manera más negativa y se le ayudaría menos.

A diferencia del experimento 1, donde las señales no verbales fueron más relativas y más ambiguas, en el experimento 2, las señales no verbales son mucho más marcadas (y menos ambivalentes) y esto se consigue a través de la inclusión en el video de varias personas a la vez y a través de unas respuestas mucho más neutrales por parte de los objetivos. Si varias personas desaprueban a otras, las señales no verbales tienen más fuerza. Se editan los videos para asegurar que los que reciban señales no verbales negativas o positivas sean solo de un tipo, sin ninguna ambivalencia, y también para que el tiempo que ocupen los objetivos en el video sea mucho más corto que el tiempo de visualización de los que expresan las señales (controlando la neutralidad de los objetivos).

Con este segundo experimento consiguen confirmar los resultados anteriores. Por lo tanto, encuentran una influencia del tipo de señales no verbales que han recibido los objetivos en la evaluación que se hace de ellos, siendo esta evaluación congruente con el tipo de señales: positivos o negativos.

En los dos experimentos previos, los objetivos siempre fueron hombres. Por esta razón, en el tercer experimento los objetivos son mujeres. Se hacen las mismas mediciones, excepto una nueva añadida: se les pregunta a los sujetos si creen que sus actitudes hacia los objetivos se vieron influenciadas por algo y si es que sí, de donde creen que viene esa influencia.

Una vez más, encuentran los mismos resultados y, además, es destacable que ocurre lo mismo en términos de actitud explícita también con mujeres. Por lo tanto, este último estudio muestra la generalización de la influencia de las señales no verbales con independencia al género. En cuanto a la nueva medida, 30% de los participantes consideraron que lo que influyó en sus actitudes es la manera en la que los objetivos fueron tratados. En cambio, 60% de los sujetos consideraron que sus actitudes se produjeron por cómo se comportó el objetivo. Recordad que, en realidad, los objetivos daban una respuesta neutra, lo que implica que los participantes atribuyeron las señales no verbales que recibieron los objetivos a su comportamiento (que no han visto).

Aunque no lo hemos mencionado en cada experimento, también se midieron efectos implícitos en las actitudes con un Test de Asociación Implícita. Es decir, se comprobó si se produjeron actitudes sesgadas de manera más profunda, desde donde la expresión de una actitud se convierte en automática, se generaliza o genera estereotipos. No se ha observado de manera significativa ninguna producción de actitudes sesgadas (por el tipo de señales no verbales) a nivel implícito.

El estudio se aleja un poco de la diversidad real de situaciones en las que el comportamiento no verbal puede sesgar una actitud, dado que tiene lugar en un contexto libre de sesgos culturales (p. ej. raciales, todo son blancos). Además, los autores consideran que, si en exposiciones tan cortas a señales no verbales pudieron encontrar influencias en las actitudes, casi no quedan dudas de que, en las largas exposiciones de la vida real, las actitudes cambian, se producen unas nuevas o se ven influenciadas de alguna forma. Aunque aparentemente aporta evidencias débiles, este estudio presenta datos nuevos sobre la relación entre comportamiento no verbal y actitudes, porque las evidencias existentes se centran en esta relación, pero a nivel intra-grupal – en círculos sociales donde todos se conocen o comparten características clave de dicho grupo social (raza, nacionalidad, etc.).

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Formación de impresiones de estudiantes con gafas o audífonos. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Impression Formation of male and Female Millenial Students Wearing Eye Glasses or Hearing Aids” de Kinley, Strübel y Amlani. En este artículo nos hablan de las impresiones que nos generan los hombres y mujeres que utilizan audífonos y gafas.

Las impresiones las formamos muy rápidamente, en milisegundos. Con una breve exposición a una cara somos capaces de hacer inferencias sobre inteligencia, emociones, personalidad, competencia, confianza, simpatía, atractivo… En este estudio se pretende descubrir cuales son las impresiones que se obtienen al observar a hombres y mujeres que utilizan gafas o audífonos.

Basándose en la literatura preexistente concretamente desde la teoría de la personalidad implícita se formulan dos hipótesis, que son: el uso de gafas hará que las personas tengan una impresión más negativa sobre la persona que los utiliza y lo mismo ocurrirá con el uso de audífonos. También se preguntaron si el género del observador afectaría al juicio que realiza de la persona que lleva gafas o audífonos. También se cuestionaron que si el observador lleva gafas tiene una impresión más positiva de una persona con gafas que sin ellas.

Para realizar el estudio se utilizaron dos fotos, una de un modelo femenino y otra de un modelo masculino, y luego se pasaba una lista con adjetivos sobre su impresión basándose en el cuestionario de Kaigler – Evans y Damhorst. En este caso se redujo el número de adjetivos a 25. Cada adjetivo tenía que puntuarse del 1 (en desacuerdo) al 5 (de acuerdo). Se seleccionaron dos estilos de gafas: uno era de color claro y no era el punto de atención de la cara, mientras que el otro era oscuro y llamaba más la atención. También se utilizaron dos estilos de audífonos: uno era muy pequeño y quedaba casi completamente insertado en el oído y el otro era de color carne, más grande y más visible para el observador.  Además, se utilizaron imágenes control en el estudio donde los modelos no llevaban ni gafas ni audífonos. Se utilizaron dos posturas una de frente y otro de lado. No había fondo en las fotografías y la pose de los modelos era informal.

En total participaron en el estudio 569 participantes de los cuales un 72% eran mujeres, un 27% eran hombres y un 0.4% transgénero. Un 43% eran caucásicos, un 23% hispanos, un 16% negros y un 8% asiáticos. Las edades iban entre 17 a los 56, siendo la edad media de 21. El 60% indicó que llevaba gafas y el 0,5% que usaba audífonos.

En relación a la hipótesis de las gafas, concretamente para el modelo masculino cuando usaba las gafas oscuras fue juzgado como más confiable y más negativamente para el resto de aspectos que cuando iba sin gafas. En el caso de las gafas claras se consideró menos confiable y menos jovial que sin gafas. Por tanto, se puede decir que dentro del modelo masculino la hipótesis se confirma para estar a la moda, ser provocativo y atractivo. Para el modelo femenino se consideró que usando gafas era más de confianza y más jovial que sin ellas. Por tanto, la hipótesis 1 se cumple para ir a la moda, ser provocativo y atractivo.

Las impresiones que generó el modelo control a cuando usaban gafas eran diferentes. El tipo de gafas que llevaba también creaban diferentes impresiones. Con gafas el chico parecía más confiable pero menos a la moda, menos provocativo y menos atractivo y la chica con gafas parecía más confiable y más jovial pero menos a la moda, menos provocativa y menos atractiva que sin ellas.

En relación a los audífonos, para el modelo masculino tanto el que llevaba el más discreto como el más aparatoso fue juzgado como más confiable que el que no llevaba ninguno, pero fue juzgado como menos jovial, menos atractivo, menos provocativo y menos a la moda que él que no llevaba ningún audífono. Por tanto, la hipótesis se confirma para casi todos los valores. Para la modelo femenina, puntúo más alto en estar a la moda y provocativa sin llevar audífonos que llevándolos. También puntúo más alto en atractivo el control que cuando llevaba el audífono que se notaba más. Sin embargo, puntúo más alto en jovialidad y confiabilidad cuando llevaba audífonos. También puntúo como más atractiva cuando usaba el audífono que pasaba más desapercibido que cuando no llevaba ninguno. En general se juzgó a la modelo femenina más negativamente cuando llevaba audífonos para los valores de estar a la moda, ser provocativa y ser atractiva.

Las impresiones que generó el modelo control a cuando usaban audífonos eran diferentes. El tipo de audífonos que llevaba también creaban diferentes impresiones. Con audífonos el chico parecía más confiable pero menos a la moda, menos jovial, menos provocativo y menos atractivo y la chica con audífonos parecía más confiable y más jovial pero menos a la moda, menos provocativa y menos atractiva que sin ellos.

En relación a las diferencias respecto al sexo del observador en el caso del modelo masculino con gafas oscuras se encontró que las observadoras mujeres lo puntuaban como más confiable, mientras que los observadores masculinos le puntuaban como más provocativo. Para el modelo con gafas claras no hay diferencias entre sexos de los observadores. En el caso de la modelo femenina con gafas oscuras la puntuaron como más a la moda y más atractiva los hombres, mientras que las mujeres la puntuaron como más provocativa. En el caso de la modelo femenina con gafas claras los hombres la puntuaron como más atractiva y más provocativa.

Siguiendo con las diferencias según el sexo del observador en el caso de los audífonos, los observadores masculinos puntuaron como más provocativo al modelo masculino que llevaba audífonos. Los hombres, también señalaron como más atractiva a la modelo con el audífono que se notaba más, así como más a la moda y más atractiva a la modelo que llevaba el audífono más pequeño que aquella que no llevaba. Coincide con lo que opinaban las observadoras femeninas.

De la muestra, 172 de las 569 personas que contestaron declararon que llevaban gafas. No se detectó ninguna diferencia entre los observadores que llevaban gafas y aquellos que no las llevaban.

Se puede concluir que las impresiones que nos formamos de la gente que tiene alguna enfermedad o discapacidad son diferentes de aquellas personas sanas. Llevar gafas y el tipo de gafas que se lleva, así como llevar audífonos supone que las personas se formen impresiones diferentes sobre nosotros. Los resultados obtenidos coinciden con la literatura preexistente, así como con los estereotipos sociales, donde llevar gafas te hace parecer más inteligente y más confiable pero no más atractivo. En los últimos años el llevar gafas se ha puesto más de moda y las personas creen que quien las lleva son más inteligentes y más competentes en su trabajo, lo que hace que algunas personas las lleven incluso sin prescripción médica. Sin embargo, los audífonos, especialmente los que se notan más, siguen estando relacionados con la discapacidad, aunque parece que los jóvenes aceptan mejor esta condición que las generaciones más mayores.

Modelo integrador de formación de las impresiones (I). Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Making Sense of Other People’s Encounters: Towards an Integrative Model of Relational Impression Formation” de Quadflieg y Westmoreland. En este artículo nos proponen el Modelo Integrativo de Formación de Impresión Relacional (IMRIF) que nos habla de como nos formamos las impresiones sobre los demás en nuestros encuentros diarios.

Cuando miramos a un extraño por la calle recogemos una gran cantidad de información basada en la dirección de la mirada, la forma y postura de su cuerpo, la forma y dirección de su movimiento y su vestimenta. Con toda ella nos formamos impresiones sociales rápidas sobre sus intenciones, estado emocional e incluso personalidad. Estas impresiones no siempre son precisas al 100%. Esto puede tener grandes repercusiones en múltiples campos, desde dar una oportunidad a una posible pareja pasando por encontrar pareja o incluso la sentencia que recibiéremos en un juicio. Cuando se evalúa a un grupo de extraños no solo se sacan lo anteriormente, sino que también se realizan impresiones del tipo y la calidad de las relaciones que existen entre ellos.

Las teorías tradicionales sobre la formación de impresiones, ya desde mediados del siglo pasado describen que las impresiones sociales precisas surgen cuando se observan las características visuales de otros cuando son indicadores veraces de objetivos, estados o rasgos. Por ejemplo, el nivel de dominio social se puede inferir en relación al estilo de sus gestos.

Se descubrió que la formación de impresiones está caracterizada por tres propiedades psicológicas que son la precisión de la impresión, el consenso en la impresión y la funcionalidad de la impresión. Para que la primera de ella se produzca la persona observada tiene que mostrar una señal visual informativa durante un episodio de percepción del observador, que éste lo perciba y después lo interprete adecuadamente. El consenso depende del razonamiento iterativo de los perceptores durante la consulta.  La funcionalidad está relacionada con que las personas puedan formar impresiones precisas de los demás y su capacidad para interactuar adecuadamente con ellos. Pero los diferentes tipos de impresiones no parecen que formen una construcción psicológica uniforme.

A pesar de la importancia que puede tener este tema no se había propuesto hasta la fecha un modelo de estudio del mismo. Los autores nos proponen el Modelo Integrativo de Formación de Impresión Relacional (IMRIF), donde abordan la experiencia de los individuos que presencian encuentros de toras personas desde la perspectiva de una tercera persona.

Este modelo es oportuno por dos razones principales, la mayoría de las teorías existentes hasta la fecha se basan en la captura de impresiones de los individuos y no en la de los encuentros. La segunda razón es que a pesar de tener una gran amplitud conceptual todas las teorías anteriores, no poseen una profundidad explicativa.

Las impresiones basadas en encuentros se basan en las apariencias y las conductas abiertas y los perceptores sacan conclusiones de gran alcance sobre las relaciones u obligaciones sociales de otras personas sin conocerlas directamente. Hay varias categorías, la primera de ellas es prototípica para el dominio e implica impresiones de los atributos sociales que típicamente surgen en el nivel de la díada, se refiere, al tipo de relación que hay entre dos personas y cuál es el propósito de esa reunión.

La segunda categoría son las similitudes y diferencias que constituyen la díada, por ejemplo, las relaciones de poder de otras personas o las relaciones morales de los demás. Estas impresiones se basan en la consideración simultánea de una combinación particular de individuos.

La tercera categoría se refiere a características sociales que residen en individuos. Estas pueden ser motivadas por encuentros sociales con otras personas, pero no dependen de ellos. Por ejemplo, el nivel de neuroticismo puede juzgarse al verle interactuar con otros o simplemente a través de su vestimenta o su expresión facial. En este caso por tanto no importa tanto con quién interactúe ya que no será una variable tan importante como en las dos anteriores categorías.

Las evidencias iniciales sobre las propiedades psicológicas (precisión, consenso y finalidad) indican que estas pueden variar sustancialmente. Las impresiones sobre los tipos de relaciones de otras personas tienden a ser más precisas que las impresiones sobre la calidad de las mismas. En la gran mayoría de casos los observadores estaban de acuerdo en la relación existente entre dos personas, pero diferían en el grado que tenía esa relación.  También se ha investigado cada vez más el sesgo sistemático que presentan, cuando dos personas tienen una apariencia física similar tienden a ser juzgados más favorables los encuentros que entre dos personas diferentes. Por ejemplo, las parejas que tenía un nivel de atractivo similar eran juzgadas como más felices, más equilibradas y con una relación de pareja más profunda que aquellas que tenía un nivel de atractivo diferente. Lo mismo ocurrió cuando se daba un empujoncito ambiguo, las personas que eran más parecidos fue juzgado como un empujón juguetón mientras que en aquellas que eran diferentes se juzgo como más agresivo. Esto nos lleva a la conclusión de que los estereotipos y perjuicios influyen también en las impresiones sobre las relaciones entre dos personas. Esto tiene importantes consecuencias en la vida, ya que parejas interraciales serán juzgadas como menos aptas para recibir una hipoteca o para adoptar a un niño.

Estos sesgos se presentan comunes a aquellas personas con orígenes culturales similares, por tanto, se propone que las presiones evolutivas pueden haber dado forma a la tendencia humana a formar impresiones basadas en el encuentro.

También las impresiones basadas en el encuentro impiden que los perceptores penetren en territorios que otras personas necesitan para comunicarse y conectarse. Al igual que también motivan un enfoque social selectivo y el comportamiento de evitación, por ejemplo, un estudio reveló que un blanco estadounidense estará más predispuesto a acercarse a un negro sonriente cuando éste venga acompañado por un amigo blanco que cuando este solo.

Las impresiones basadas en el encuentro proporcionan una oportunidad para el aprendizaje social, los niños pequeños imitan las acciones que ven cuando te encuentras con otra persona y lo extrapolan a su vida.

Debido a la importancia de las impresiones basadas en el encuentro se propuso el nuevo Modelo Integrativo de Formación de Impresión Relacional (IMRIF) del que hablaremos la semana que viene.

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