Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Microgestos (página 1 de 10)

El comportamiento facial durante las fases de excitación sexual. Club del Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión presentamos un resumen del artículo “Facial behavior while experiencing sexual excitement” de Fernández-Dols, Crivelli y Carrera, en el que estudian el comportamiento facial de 100 sujetos durante las cuatro fases de excitación sexual, analizando dicho comportamiento a través del sistema de codificación FACS (Facial Action Coding System, de Ekman y Friesen).

La excitación sexual involucra no sólo procesos motores y sensoriales, sino también procesos cognitivos y emocionales. Los componentes cognitivos y emocionales de la excitación sexual llevan a una pregunta interesante pero relativamente descuidada: ¿existe una expresión facial de excitación sexual? Por obvias razones éticas y convencionales, esta cuestión ha sido poco estudiada. La sexualidad es un tema potencialmente polémico que no deja indiferente a nadie, provocando reacciones positivas o negativas muy emocionales. Además, el comportamiento sexual espontáneo y cotidiano es una actividad esencialmente privada, por lo que realizer estudios (serios y profesionales) sobre ello resulta especialmente complicado.

Masters y Johnson en 1966 proporcionaron lo que probablemente sigue siendo el estudio observacional más exhaustivo de las expresiones faciales de excitación sexual. Observaron 10.000 «ciclos completos de respuestas sexuales» de 382 mujeres y 312 hombres, y sus hallazgos todavía se consideran una fuente precisa de información. Observaron una fase de intensa excitación sexual previa al orgasmo («fase de meseta») durante la cual se observaron «ceños fruncidos o muecas», «contracción de la musculatura que rodea la boca» y, más tarde en esta fase, apertura de la boca. La apertura de la boca fue más frecuente en el coito, mientras que las mandíbulas cerradas y las fosas nasales acampanadas fueron más frecuentes en la automanipulación.

Una característica curiosa del trabajo de Masters y Johnson es que sus términos de elección sugieren que las expresiones faciales durante la excitación sexual son similares a las expresiones faciales generalmente categorizadas como expresión de dolor. De hecho, Hughes y Nicholson en 2008 señalaron esta similitud y estudiaron el reconocimiento de expresiones de placer sexual y de expresiones de dolor. Los participantes fueron significativamente más hábiles en reconocer expresiones faciales de dolor que expresiones faciales de placer, pero las tasas de reconocimiento de placer sexual fueron todavía muy sustanciales (79.8% para el dolor y 75.3% para el placer). Aun así, ni Masters ni Johnson ni Hughes ni Nicholson hicieron un análisis detallado de las expresiones faciales que estudiaron con ninguno de los modernos sistemas de codificación objetiva. Este aspecto de su investigación nos deja con preguntas sobre su descripción de los movimientos musculares involucrados.

Los autores de este estudio que se resume realizaron un experimento. Para ello, utilizaron un sitio de Internet que muestra vídeos cortos (aprox. 30-360 segundos) de voluntarios que grabaron su propio comportamiento facial mientras realizaban un comportamiento sexual (generalmente masturbación) y luego alcanzaban un orgasmo. El sitio web (que en el momento de escribir este artículo cuenta con 4.399 vídeos) proporciona instrucciones detalladas a aquellos que quieren publicar sus clips, incluyendo instrucciones sobre la posición de la cámara y las luces y, lo más importante, una petición explícita para evitar la exageración o la simulación.

 Los clips incluyen el orgasmo del emisor, así como una parte sustancial de las fases de la meseta de excitación (es decir, el período anterior al orgasmo) y, ocasionalmente, registros cortos de la fase final (es decir, el período de relajación después del orgasmo).

Estos clips son una valiosa fuente de información (profesional) sobre la expresión facial durante el ciclo sexual. Proporcionan una oportunidad (1) para probar la exactitud de la descripción de Masters y Johnson y (2) para obtener una descripción más precisa de las expresiones faciales observadas mediante el uso de un sistema de codificación objetivo estándar.

Para el experimento realizado los autores seleccionaron 00 clips publicados en el sitio por 100 personas diferentes (74 mujeres y 26 hombres). En este experimento se usó la herramienta FACS (Facial Action Coding System) de Ekman y Friesen, que codifica los movimientos musculares basándose en cambios visibles en la superficie facial. Un codificador entrenado en FACS analizó todas las acciones musculares faciales de los remitentes (excluyendo los movimientos de la cabeza porque la mayoría de las cabezas de los remitentes estaban en una superficie horizontal).

La codificación se dividió en cuatro períodos de acuerdo con la división del ciclo sexual de Masters y Johnson:

(1) Emoción base: los 6 segundos al principio del clip en el que el remitente comienza a estar excitado sexualmente.

(2) Meseta: la primera mitad de la secuencia de 12 segundos inmediatamente antes del periodo de Resolución. Este período está marcado por cambios en los sonidos y la respiración que marcaron un orgasmo inminente.

(3) Orgasmo: la segunda mitad de la secuencia de 12 segundos. Este segundo período de seis segundos incluye signos de orgasmo y termina cuando el orgasmo probablemente terminó, como lo indica el hecho de que las caras de los emisores se relajaron y pasaron al cuarto período. La atribución del orgasmo a este período de Meseta se basa en la tensión muscular aparente y los sonidos producidos por el emisor, una estimación que encaja con la estimación de Masters y Johnson de la duración de un orgasmo.

(4) Resolución: el período desde el momento en que el emisor se relaja, mantiene los ojos abiertos y mueve la cabeza para mirar a su alrededor, enfocándose en otras actividades que no sean el sexo (por ejemplo, ajustar la cámara o interactuar con alguien). La duración de este período variaba de un clip a otro.

Los dos períodos más relevantes son las dos mitades de la secuencia de 12 segundos de intensa excitación sexual y orgasmo inmediatamente antes del corto período final de Resolución. Dividimos esta secuencia de 12 segundos en dos mitades para distinguir entre el comportamiento facial en la meseta y cualquier movimiento reflejo potencial durante el orgasmo.

Es necesario indicar que, debido al uso de FACS para analizar los resultados, los mismos son expresados con términos AU (terminología FACS usada para los diferentes movimientos musculares). Expresar los resultados en estas unidades de movimientos musculares, y aún más, explicarlas una a unaa, resultaría complejo y extenso para el presente artículo, por lo que se indicarán únicamente las conclusiones más características de los resultados del análisis. Sin embargo, es importante recordar que el sistema de codificación facial utilizado en el sistema FACS es uno de los sistemas más importantes para el estudio de la expresión facial, y de hecho, es explicado y estudiado en profundidad, desde un punto de vista teórico y práctico, en el Master de Comportamiento No Verbal y Detección de la mentira.

Retomando los resultados, se enumeraron todos los movimientos musculares que ocurrieron en los emisores en cada periodo. Los movimientos musculares encontrados con más frecuencia en los tres primeros períodos fueron los ojos cerrados (AU43), ceño fruncido/cejas bajas (AU4) y caída de la mandíbula (AU26). En el período de excitación inicial encontramos ojos cerrados (AU43), ceño fruncido/fruncimiento de la frente (AU4), caída de la mandíbula (AU26) y movimiento de la esquina del labio (AU12).

En comparación con el período de excitación inicial, los ojos cerrados (AU43), el ceño fruncido (AU4) y la mandíbula caída (AU26) aumentaron en el período de la meseta, durante el cual también hubo, como en el período de excitación inicial, ocurrencias de AU25 (parte de los labios) y AU12 (las esquinas de los labios). Además, en el período de la meseta también hubo ocurrencias de AU42 (ojos achinados), AU6 (elevación de la mejilla), AU10 (elevación del labio superior), AU27 (estiramiento de la boca), y AU29 y AU30 (empuje de la mandíbula hacia los lados). En comparación con el período de la Meseta, el período del orgasmo mostró una disminución significativa en el ceño fruncido, elevación de la mejilla y caída de la mandíbula.

Finalmente, el periodo de Resolución es el tiempo en el que la mayoría de los comportamientos faciales característicos de periodos anteriores se desvanecieron: los remitentes abrieron los ojos, los movimientos fruncidos desaparecieron y la sonrisa (AU12) aumentó significativamente en frecuencia.

Se encontró una diferencia significativa entre hombres y mujeres en la frecuencia de dos unidades de acción relevantes en dos períodos específicos: El AU43 (ojos cerrados) fue más frecuente en las mujeres que en los hombres durante el período de la meseta, mientras que el AU10 (aumento del labio superior) fue más frecuente en los hombres que en las mujeres durante el período de la meseta-orgasmo.

Algunas AU ocurrieron en combinación con otras, y el estudio muestra una extensa tabla en la que se recogen todas las combinaciones encontradas en al menos el 5% de los remitentes en cualquier periodo. El período de excitación de la línea de base incluyó algunas caras neutras y algunas combinaciones de ojos cerrados con labios separados (AU25 y AU43) o mandíbula caída (AU26 y AU43). Durante el periodo de meseta y orgasmo las caras neutrales desaparecieron, pero una de las mismas dos combinaciones (ojos cerrados y mandíbula caída) ocurrió con mayor frecuencia. Las fases de meseta y orgasmo también incluyeron otras combinaciones, principalmente AU4 (ceño fruncido/ceja inferior) con AU4 o AU6 (fruncir el ceño y levantar las mejillas) con los ojos cerrados y los labios separados o con los ojos cerrados y la mandíbula caída. Finalmente, en el período de la Resolución encontramos un aumento significativo de caras neutrales en comparación con las demás fases.

Si bien los resultados del experimento son expresados con gran detalle en el estudio, resulta importante tener en cuenta algunas posibles limitaciones. La primera, el tamaño de la muestra (100 sujetos) resulta pequeña, más aún teniendo en cuenta la importante cantidad de clips disponibles en la página web. Y la posible segunda limitación, relacionada con la primera, la encontramos en la propia naturaleza de estos vídeos. No se trata de participantes de un experimento que siguen una serie de instrucciones, sino de sujetos que voluntariamente se grabaron a sí mismos realizando una experiencia placentera para exhibirla posteriormente en la página web, por lo que es posible que algunos de estos sujetos, al buscar exhibirse a sí mismos disfrutando de una experiencia placentera, puedan haber exagerado o incluso planeado en algún momento sus expresiones faciales.

Aun con estas posibles consideraciones o limitaciones, este experimento muestra que existe diversa actividad facial durante los periodos de excitación sexual, siendo muchos de estos movimientos musculares comunes frecuentemente especialmente en la fase de la meseta y el orgasmo. En cuanto a la hipótesis sobre la similitud entre las expresiones de excitación sexual y las expresiones de dolor, los resultados del estudio confirman las las observaciones de Masters y Johnson y de Hughes y Nicholson sobre la similitud entre la expresión del dolor y la expresión de la excitación sexual. Los movimientos faciales individuales y combinados que se observan son similares a los que se describen como la expresión del dolor, ya que la expresión prototípica del dolor incluyendo cuatro movimientos faciales centrales: ceño fruncido/bajo, (AU4), estrechamiento de la órbita (que incluye levantamiento de mejillas, AU6, o párpados apretados, AU7), levantamiento del labio superior (AU10), y cierre del ojo (AU43). En otros estudios (por ejemplo, en este estudio de Craig, Hyde y Patrick), los investigadores han descrito otros movimientos faciales recurrentes (por ejemplo, tirón de la esquina del labio, caída de la mandíbula…) en el dolor. Todas estas unidades de acción fueron encontradas en las fases de excitación sexual.

Aun así, tanto en el dolor como en la excitación sexual, no todas las personas muestran el mismo patrón facial, pero todas muestran un rango limitado de movimientos. Aunque los resultados de este estudio confirmaron la similitud entre las expresiones de dolor y excitación sexual, Hughes y Nicholson informan que aunque pudiese parecer probable confundir la expresión de uno con la del otro en función de la codificación FACS, los observadores directos pueden distinguirlos con mayor precisión que por casualidad, ya que el contexto influye en el juicio diferencial entre una u otra expresión.

La importancia de la inmediatez en el comportamiento no verbal para crear vínculos de confianza. Club del Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del estudio “Creating Immediacy Using Verbal and Nonverbal Methods» de Debra Dalonges y Jacquelyn Fried, documento en donde se explica la importancia de la inmediatez y de las relaciones positivas a través del comportamiento no verbal para establecer vínculos de confianza entre pacientes y médicos o alumnos y profesores.

La inmediatez se define como el grado de cercanía física o psicológica percibida entre dos personas. Las personas se sienten atraídas por las personas y cosas que les gustan, evalúan positivamente y prefieren, y evitan o se alejan de las cosas que les disgustan, evalúan negativamente o no prefieren.

La inmediatez abarca técnicas de comunicación verbal y no verbal que se pueden aplicar en múltiples entornos. Reducir el estrés y establecer una relación con los clientes requiere integrar la delicadeza de un educador y la compasión de un médico de calidad. Los educadores usan técnicas de inmediatez para educar a sus alumnos; estos mismos métodos se pueden aplicar en un entorno clínico. Al igual que los académicos, los higienistas dentales confían en las habilidades de comunicación verbal y no verbal finamente perfeccionadas para impartir información sobre educación sanitaria para motivar y educar a los pacientes sobre la salud oral y sistémica. Los higienistas dentales, como médicos expertos y conocedores, deben utilizar habilidades de comunicación que generen confianza en los pacientes y que transmitan sus habilidades y conocimientos. Los rasgos deseados asociados con la inmediatez verbal incluyen la autorrevelación, el humor, el tono, la referencia a los rasgos positivos y el discurso de otro con respecto a las similitudes. Las principales señales no verbales asociadas con la inmediatez incluyen la escucha empática, la migración facial (que muestra la expresión), la sonrisa, la orientación de la mirada, la apariencia física y el tacto.

Mediante estrategias de comunicación no verbales y verbales, un higienista dental puede mejorar las interacciones y alentar a los clientes a expresar sus inquietudes. Las señales no verbales pueden ser mucho más importantes que lo que se dice. Estas señales pueden influir en los resultados de los intercambios académicos y clínicos.

De acuerdo con los resultados de la comunicación educativa, los pacientes que ven a los médicos como profesionales cercanos son menos temerosos y generalmente están más satisfechos con la atención médica que reciben. El atractivo interpersonal, el grado en que otros responden positivamente entre sí, se puede mejorar utilizando comportamientos de inmediatez. Los médicos que deseen emplear los comportamientos de la inmediatez deben explorar las técnicas verbales y no verbales y las formas de asegurar su congruencia. Actos simples como mantener el contacto visual cuando se comunican, tocar suavemente el brazo de un paciente para reforzarlo y hablar con un tono suave y no amenazante son algunas de las maneras de lograr la inmediatez. La aplicación consciente y el aprendizaje diligente de estrategias de comunicación tanto verbales como no verbales pueden ayudar a mejorar los resultados de la educación sanitaria.

Una parte de toda comunicación son los comportamientos no verbales. Estas conductas incluyen el estudio de los movimientos corporales al comunicarse, los gestos y expresiones faciales, la proxémica (la naturaleza, grado y efecto de la separación espacial que los individuos mantienen naturalmente), la sensibilidad de la piel, el uso de artefactos, características físicas, movimiento ocular, comportamiento conmovedor y factores ambientales. Las expresiones faciales y los gestos incluyen el contacto corporal, la apariencia física y la dirección de la mirada. Los comportamientos no verbales incluyen las variables paralingüísticas del tono emocional, el tiempo y el acento. Los docentes consideran que los profesores que transmiten mensajes de cuidado verbal en combinación con señales de cuidado no verbal son más creíbles. Algunos investigadores creen que los comportamientos no verbales son más efectivos para comunicar la inmediatez que los comportamientos verbales. Las señales no verbales a menudo son innatas y, a veces, pueden contradecir un mensaje verbal. Quien tiene un conocimiento experto de las conductas no verbales puede transmitir efectivamente un mensaje no verbal controlado.

Al aplicar los principios de inmediatez, se pueden combinar comportamientos de comunicación tanto verbales como no verbales. Ya sea que se discuta el estado de salud de una persona o se educa a los estudiantes, los mensajes se transmiten a través de dos tipos de comunicación: explícita e implícita. Los mensajes explícitos llevan el contenido; la comunicación implícita transmite emociones y sentimientos. Los mensajes explícitos son fundamentalmente verbales, mientras que las comunicaciones implícitas son principalmente no verbales. Del 7% de la comunicación verbal, se descubrió que el 38% pasa por el tono de voz y el 55% por el lenguaje corporal general. Al formar relaciones de inmediatez con los pacientes, los médicos deben considerar todos los actos de comunicación verbal y no verbal.

La inmediatez muestra calidez y mejora las interacciones y las relaciones. Las interacciones con los pacientes son experiencias humanas que crean un vínculo relacional. La comunicación efectiva es un vehículo a través del cual se optimiza la participación de los pacientes. Un estudio correlacional de enfermeras y pacientes reveló que la fortaleza de su vínculo facilitó resultados positivos de la atención y una mayor satisfacción del paciente. Fomentar y fortalecer los vínculos de los higienistas dentales con sus pacientes podría producir resultados similares.

Relatando el principio educativo de la inmediatez, Vélez y Cano estudiaron la asociación entre la motivación del estudiante y la inmediatez del maestro. Su encuesta encontró que para aumentar la motivación del estudiante a través de señales verbales y no verbales se debían de exhibir gestos positivos y alentadores. Las expectativas de éxito se potencian mediante una combinación de comunicación verbal y no verbal constante, positiva y de apoyo.

¿Puede una única señal no verbal cambiar nuestra percepción y comportamiento? (Parte III). Club del Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, con este artículo finalizamos los resultados de la investigación «When a Small Thing Means so Much: Nonverbal Cues as Turning Points in Relationships » de Tony Docan-Morgan , Valerie Manusov , y Jessica Harvey en donde se estudia qué tipo de comportamientos no verbales pueden llegar a influir y transformar comportamientos y percepciones en el otro o en uno mismo. 

Como explicamos en anteriores entradas, las señales no verbales en las relaciones pueden funcionar como puntos de inflexión, llegando a producir importantes cambios en la relación (sentimental, laboral, de amistad, o de cualquier tipo). Para estudiarlo, 301 estudiantes participaron rellenando una encuesta en donde informaban si recordaban alguna señal no verbal propia o de la otra persona que hubiese influido en la relación, y en caso positivo, hace cuanto se produjo, que cambios sucedieron, si fueron positivos o negativos, etc. Tras haber estudiado las respuestas de las principales hipótesis, queda conocer la conclusión de una de las principales cuestiones del estudio: ¿Qué tipos de cambios (y con qué intensidad) producen las señales no verbales en las diferentes relaciones?

Para conocer el resultado, se indicaron cuatro categorías principales de cambio según los resultados. El primero, los cambios en la percepción, siendo elegidos estos por 110 participantes, indica que la señal no verbal alteró la forma en que pensaban sobre la otra persona, sobre ellos mismos o sobre el propio comportamiento. Los cambios en la percepción de la conducta generalmente implica replantearse cómo interpretar la propia conducta o la de otra persona. Algunos de los ejemplos que mostraron los participantes se referían a momentos en los que la otra persona no les miraba a la cara cuando le decían algo importante (cambiaba la percepción de interés, y en algún caso de confianza), aunque también hubo ejemplos en donde la señal no verbal cambió la percepción de forma positiva, como el caso de un sujeto que pasando un mal momento recibió el abrazo de un compañero que tan solo conocía de vista.

En general, este conjunto de cambios refleja cambios generalmente inmediatos en la forma en que una persona entiende y, a veces evalúa otra o una relación. Reflejan una conciencia nueva por parte de los creadores de significado y muestran el potencial de señales no verbales para ayudar a cambiar la postura propia.

La segunda categoría reflejó cambios en el afecto, lo cual fue elegido por 72 participantes. Se trata de cambios en la forma en que se sienten acerca del otro (por ejemplo, más cálido, más lejano…), o hacia ellos mismos, la relación, o simplemente en general. De hecho, a veces era difícil decidir si el cambio principal estaba en el afecto o en una relación. Un caso de ejemplo podría ser el contacto visual positivo (con sonrisa) al cruzarse con una expareja con la que se piensa que puede existir rencor. Esto muestra la estrecha relación entre el afecto y la relación, donde el tipo de relación no cambió, pero los sentimientos dentro de ellos sí lo hicieron.

La tercera categoría se refería a los cambios en el comportamiento, cambio elegido por 19 participantes. En algunos casos, estos fueron comportamientos que sucedieron después de la interacción. En otros, se trata de cambios de interacciones muy específicos que han sucedido después del comportamiento. Esta última categoría difiere en algunos aspectos de los otros cambios, ya que era específica de la interacción. Un ejemplo de uno de los participantes, fue un momento en el cual el participante al no poder establecer contacto visual con la otra persona con la que hablaba, centró su mirada en un libro. Al no mirar a los ojos al otro participante, pensó que estaba enfadado, y si bien no llegó a decírselo, su comportamiento cambió hacia el participante.

El último gran grupo se refiere a cambios en la propia relación, cambio que fue elegido por 54 participantes. La mayoría de estos cambios fueron de relación de amistad a relación amorosa, o de relación de conocidos a relación de amistad, a través de determinadas señales no verbales, siendo las más frecuentes las visuales acompañadas de las de tacto (abrazos, besos…). Se entiende por tanto que en los participantes que marcaron que se produjo un cambio en la propia relación, el comportamiento alteró la forma en que definieron su relación entre sí (es decir, el cambio de un tipo de relación a otro).

Por último, el estudio pregunta si ciertos comportamientos parecían estar más presentes que otros cuando suceden los cambios. Los análisis para el tiempo, las señales vocales, los gestos de las manos y el comportamiento visual fueron todos significativos, pero en todos los casos, fue por la mayor probabilidad de que el comportamiento estuviera ausente en lugar de presente. En general, entonces, aunque el toque parece haber sido una característica de muchas de las interacciones que llevaron a cambios en relaciones, el único predictor significativo de un cambio específico fue el comportamiento ocular, que era una parte común de puntos de inflexión que llevaron a cambios en la percepción.

Se concluye por tanto, a raíz del estudio completo realizado y recogido en esta y otras entradas, que las señales no verbales son importantes en las relaciones, en parte debido a los cambios que pueden provocar. Las señales no verbales pueden funcionar como puntos de inflexión o desencadenantes que cambien algo para las personas en esas relaciones. En apoyo de este argumento, encontramos en el estudio que la mayoría de los participantes podían recordar un evento en el cual una señal no verbal cambió algo para ellos, y, en la mayoría de los casos, se informó que lo hizo rápido y en el momento, aunque algunos fueron a través del tiempo. Para estos encuestados, las señales más comunes que probablemente serían un desencadenante fueron el comportamiento visual, las expresiones faciales, el tacto y las señales vocales. De estos, los informes sugirieron que el tacto era parte de puntos de inflexión más positivos, y las señales vocales se asociaron con eventos que se juzgaron más negativos. Tales juicios parecían ser importantes, ya que la valencia del evento según lo percibido por el encuestado se asociaba con sus juicios de la relación, la otra persona y ellos mismos después del evento. También encontramos cuatro tipos principales de cambios (en la percepción, el afecto, el comportamiento y las relaciones), siendo los cambios en la percepción, o cómo las personas interpretan o ven algo o alguien, los más comunes.

Los puntos de inflexión con valores negativos se correlacionaron con ver a otra persona con atributos más negativos, como cambiar una relación de uno que era cercano a uno que no lo era, y alterar el estado de ánimo de las personas, entre otras cosas. Los puntos de inflexión con valores positivos fueron vinculados a una mayor cercanía relacional, una mejor consideración por los demás, facilidad en las conversaciones y la creación de amistades con desconocidos o relaciones románticas con amistades, por lo que es claro que estos pequeños comportamientos tuvieron un gran impacto en ellos.

¿Puede una única señal no verbal cambiar nuestra percepción y comportamiento? (Parte II). Club del Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, continuamos con los resultados de la investigación «When a Small Thing Means so Much: Nonverbal Cues as Turning Points in Relationships » de Tony Docan-Morgan , Valerie Manusov , y Jessica Harvey en donde se estudia qué tipo de comportamientos no verbales pueden llegar a influir y transformar comportamientos y percepciones en el otro o en uno mismo. 

Como explicamos en la anterior entrada, las señales no verbales en las relaciones pueden funcionar como puntos de inflexión, llegando a producir importantes cambios en la relación (sentimental, laboral, de amistad, o de cualquier tipo). Para estudiarlo, 255 estudiantes participaron rellenando una encuesta en donde informaban si recordaban alguna señal no verbal propia o de la otra persona que hubiese influido en la relación, y en caso positivo, hace cuanto se produjo, que cambios sucedieron, si fueron positivos o negativos, etc. Los resultados servirían para responder a las siguientes preguntas:

¿Qué conductas no verbales instigan puntos de inflexión en las relaciones? ¿Cómo evalúan los encuestados esos comportamientos? ¿Cuáles son las asociaciones entre la valencia percibida de un punto de inflexión no verbal y otras evaluaciones importantes? ¿ los comportamientos que desencadenan cambios en las relaciones pueden variar en función del tipo de relación que existe? ¿Qué cambios informan las personas debido a estas señales e interpretaciones? ¿Hay ciertas señales más probables de ocurrir con ciertos tipos de cambio?

En cuanto a la pregunta sobre qué conductas no verbales instigan puntos de inflexión en las relaciones, las categorías claves que se les dieron a los participantes como potencialmente involucradas en el evento fueron: comportamiento ocular, expresiones faciales, tacto, gestos con las manos, voz, espacio físico, uso del tiempo y «otros». Dado que las señales no verbales a menudo actúan en grupo, se permitió a los participantes marcar cualquier señal no verbal que fuera, en su memoria, parte del punto de inflexión. Por lo tanto, la aparición de cada señal en el conjunto de datos podría oscilar entre 0 (no fueron indicados por ninguno de los encuestados) y 255 (todos los encuestados indicaron que el indicio era parte del cambio). De los 255 participantes, 127 dijeron que el comportamiento ocular/visual  fue el factor desencadenante del cambio en su relación. Esta fue la señal no verbal elegida más comúnmente. Casi tan comunes fueron las expresiones faciales, que se informaron 123 veces, a menudo en combinación con el comportamiento visual. El tacto fue el siguiente comportamiento observado con más frecuencia, con 116 de los participantes, y 101 participantes eligieron el espacio personal. Las indicaciones vocales (70 personas), el tiempo (56 personas) y los gestos con las manos (34 personas) se notaron con menos frecuencia. La opción «otro» fue elegida por 28 participantes. De estos, dos mencionaron “lo que se dijo”, una categoría no aplicable al estudio. Muchos de los otros se incluyeron o se reafirmaron las categorías existentes (por ejemplo, «sentado a mi lado» es parte del espacio físico, y «la combinación de expresión facial y ojos» se capturó en los tipos de comportamientos de los que ya han elegido). Hubo 2 casos en los que se señaló “silencio / falta de comunicación” (aunque formaría parte de “vocal”), 2 casos de “alejamiento”, 1 caso de “beso” (aunque formaría parte de “tacto”), 4 casos de “movimiento”, 2 de “postura”, 1 de “lágrimas”, 1 de “interés sexual”, y 1 de “contestar el teléfono mientras interactúa con el otro”.

Se resume por tanto que las señales más frecuentes que desencadenan el cambio en las relaciones son el comportamiento ocular, las expresiones faciales, el tacto y el uso del espacio personal.

Respecto a la pregunta relativa a cómo evalúan los encuestados estos comportamientos, los participantes que indicaron que las expresiones faciales estaban involucradas en el evento fueron menos positivas que aquellos cuyos eventos no incluyeron expresiones faciales, sugiriendo así que las señales faciales tendían a ser parte de eventos que se pensaba que eran algo más negativos que otros puntos de inflexión, aunque eran bastante neutrales. La presencia del tacto recibió puntajes de valencia más altos que aquellos que no indicaron que el toque ocurrió. Aquellos encuestados que indicaron que las señales vocales eran parte del punto de inflexión fueron más negativos en sus juicios del evento que aquellos que no indicaron la presencia de señales vocales. En general, entonces, tres señales parecen estar asociadas consistentemente con los juicios del evento. El tacto se asoció con juicios más positivos, voz con evaluaciones más negativas y expresiones faciales con puntuaciones neutras (pero puntuaciones que fueron inferiores a las puntuaciones dadas a las interacciones que no incluyeron expresiones faciales). Los otros comportamientos pueden haber estado asociados con eventos que a veces se juzgaron positivamente y otros negativamente, o que no tuvieron una evaluación sólida.

La tercera pregunta de investigación exploró algunas de las formas en que la valencia de los puntos de inflexión no verbales puede estar asociada con otros juicios que hicieron los encuestados. En todos los casos, hubo una relación positiva muy fuerte entre la forma en que las personas evaluaron la señal y la percepción que tenían de la relación ellos mismos, lo que sugiere que la percepción que tiene de su relación puede influir en la evaluación general del evento. Aunque no se pueden hacer afirmaciones causales, hay una sugerencia de que la valencia de los eventos, o al menos cómo se perciben o interpretan, afecta en cómo la gente juzga su relación, la otra persona y a sí mismos, tanto en casos positivos como negativos.

En cuanto a la pregunta sobre si ciertos comportamientos eran más o menos propensos a desencadenar puntos de inflexión en diferentes tipos de relaciones, los participantes indicaron el tipo de relación que tenían con la otra persona antes y después de que ocurriera el evento. Para esta pregunta, se utilizó el tipo de relación tal como existía (al menos en los informes de los participantes) antes del evento, se comprobó con el tipo de relación posterior al evento, y se analizaron los resultados cruzándolos con los siete posibles comportamientos. En este caso, ningún resultado fue suficientemente significativo como para poder responder con seguridad a la pregunta, aunque hubo una tendencia para las expresiones faciales. La frecuencia de ocurrencia informada sugiere que esta indicación puede haber sido particularmente común en eventos que ocurrieron con un miembro de la familia (es decir, una diferencia notable, pero no estadísticamente significativa, en la frecuencia para aquellos miembros de la familia que indicaron que las expresiones faciales fueron parte del punto de inflexión). Los otros tipos de relación tuvieron aproximadamente la misma ocurrencia / no ocurrencia de expresiones faciales en sus puntos de inflexión. Los análisis exploratorios del tipo de relación después del evento (no aplicable para familias) encontraron una diferencia significativa entre los tipos de relación en la frecuencia de contacto con pares «románticos» que probablemente indicaron que esta señal fue parte del evento que, en muchos casos, desencadenó el cambio hacia el romance.

En cuanto a la última pregunta, sobre qué tipos de cambios provocaron las señales no verbales, la investigación realizó una extensa explicación que no debe de ser ignorada, y debido al gran valor informativo para todos los interesados en el comportamiento no verbal, será recogido, junto con las discusiones y conclusiones finales de la investigación, en la siguiente entrada del blog.

¿Puede una única señal no verbal cambiar nuestra percepción y comportamiento? (Parte I). Club del Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos la investigación «When a Small Thing Means so Much: Nonverbal Cues as Turning Points in Relationships » de Tony Docan-Morgan , Valerie Manusov , y Jessica Harvey; un extenso artículo que investiga qué tipo de comportamientos no verbales pueden llegar a influir y transformar comportamientos y percepciones en el otro o en uno mismo. Debido a la extensión del estudio y al especial interés de la teoría sobre las señales no verbales y la gran cantidad de resultados obtenidos, el artículo se dividirá en una explicación teórica (a continuación) y los resultados prácticos del estudio (en próximas entradas).

Las señales no verbales son importantes en las relaciones, y funcionan en esas relaciones en una variedad de formas. Por ejemplo, las relaciones a veces sufren cuando las personas envían mensajes conflictivos no verbales, expresan negatividad mediante claves no verbales o malinterpretan las conductas de los demás. La comunicación no verbal también es un medio potente para mostrar afecto, expresar emociones positivas y mantener relaciones satisfactorias. Las señales no verbales son un modo a través del cual las personas reflejan la naturaleza actual de la relación con alguien y con otros a su alrededor. Es decir, envían mensajes relacionales al mostrar sin palabras, y a menudo de maneras sutiles, cómo las parejas (de cualquier tipo) definen qué relación tienen entre ellos.

Por ejemplo, sentarse cerca y tocarse entre sí son signos de una relación íntima, especialmente en las primeras etapas de la relación amorosa. En estos casos, las señales no verbales están actuando como reflejos del estado relacional actual. La muestra de ciertos comportamientos (por ejemplo, ese tipo de señales íntimas) funciona también para crear un cierto tipo de relación, es decir, además de enviar mensajes relacionales que se comunican sobre la relación existente entre las personas, las señales no verbales también pueden funcionar para generar un tipo de conexión o consideración diferente. Un ejemplo de esto puede ser los toques breves y apropiados entre dos personas, toques que tienden a aumentar el afecto positivo entre las dos partes. A menudo estas claves no verbales implicadas en crear relaciones tienen su efecto fuera del conocimiento de los interactuantes; sin embargo, hay momentos en el curso de una relación en que las señales no verbales son más notables, y los interactuantes pueden interpretarlas activamente y responder a ellas.

En este artículo se toma en especial consideración aquellas señales no verbales que pueden funcionar como desencadenantes reconocibles para el cambio dentro de las relaciones. Es decir, una o más señales no verbales pueden funcionar para alterar rápida y notablemente algo en una relación, o al menos en la mente de las partes de esa relación.

Los cambios repentinos o notables en las relaciones han sido estudiados principalmente por investigadores interesados ​​en los puntos de inflexión relacionales, aunque por lo general las señales no verbales aún no han sido el centro de atención de estos estudios. Los puntos de inflexión capturan un momento crítico, un evento o incidente que tiene un determinado impacto en la relación, y desencadenan una reinterpretación de lo que la relación significa para los participantes.

Los investigadores que estudian puntos de inflexión en las relaciones se han preocupado principalmente por identificar los tipos de eventos (por ejemplo, un argumento, un cambio en el estado civil, etc) que crean cambios marcados en tipos de relación particulares, como pueden ser relaciones románticas, de amistad, relaciones profesor-alumno, etc. También han tenido interés en los cambios particulares que producen los puntos de inflexión, como los niveles de compromiso, la satisfacción relacional, la autoeficacia, la cercanía, etc. Un estudio de Baxter y Bullis demuestra como en las relaciones románticas dos comportamientos asociados con el primer contacto y el primer contacto sexual fueron eventos importantes en el aumento del compromiso con las relaciones. También encontraron otros puntos de inflexión asociados en cierto grado con el espacio físico, a menudo discutidos como una forma de comunicación no verbal. En particular, sus participantes identificaron la separación física (por ejemplo, vacaciones, viajes al extranjero) y la convivencia como puntos de inflexión relacionales. También encontraron que los aumentos o disminuciones en la distancia geográfica constituyen puntos de inflexión en un rango de tipos relacionales. En su estudio de los puntos de inflexión en las relaciones docentes y estudiantes universitarios, Docan-Morgan y Manusov encontraron que ver a un profesor en un entorno no académico puede ser un punto de inflexión. Por lo tanto, hay evidencia de que diferentes señales no verbales (como tacto, espacio, ambiente y tiempo) tienen el potencial de crear puntos de inflexión para los interactuantes.

Pero toda esta discusión es en gran medida especulativa. Es decir, surge de alguna evidencia indirecta y una conceptualización general de que las señales no verbales son capaces de producir un cambio significativo. Dada la importancia de las señales no verbales para las relaciones y la evidencia de que las señales no verbales pueden ser parte de puntos de inflexión, se justifica una mayor exploración de qué tipos de comportamientos pueden constituir estos factores desencadenantes no verbales, y qué cambios pueden llegar a producir estos comportamientos. Dada la limitada investigación en esta área, la investigación debe comenzar desde cero, evaluar los tipos de señales que pueden desencadenar el cambio en las interacciones cotidianas, descubrir la valencia de esos factores desencadenantes, y discernir qué tipo de cambios pueden producirse a partir de estos factores desencadenantes.

El artículo que se resume en la presente y en la próxima entrada del blog realizan esta investigación desde cero, buscando también saber si los tipos de comportamientos están vinculados al tipo de relación en el que ocurren. El artículo realiza un estudio diseñado para explorar desencadenantes no verbales o puntos de inflexión a medida que ocurren en una amplia gama de relaciones cercanas. En particular, se realizan las siguientes preguntas:

¿Qué conductas no verbales instigan puntos de inflexión en las relaciones? ¿Cómo evalúan los encuestados esos comportamientos? ¿Cuáles son las asociaciones entre la valencia percibida de un punto de inflexión no verbal y otras evaluaciones importantes? ¿ los comportamientos que desencadenan cambios en las relaciones pueden variar en función del tipo de relación que existe? ¿Qué cambios informan las personas debido a estas señales e interpretaciones? ¿Hay ciertas señales más probables de ocurrir con ciertos tipos de cambio?

Para responder a todas estas preguntas se realizó un estudio con 301 estudiantes (211 mujeres y 90 hombres), quienes realizaron una encuesta. Se dijo a los participantes que se realizaría un proyecto de investigación que examina los tipos de comportamientos no verbales que ocurren en relaciones cercanas con otros (por ejemplo, padres, amigos, parejas románticas, compañeros de trabajo), y que recibirían crédito adicional en el curso por su participación. Se les invitó a participar en una encuesta en donde se les preguntaba si podían recordar algún tipo de comportamiento no verbal promulgado por ellos mismos o por otra persona en el que sintiesen que algo cambió entre ellos y esa otra persona. Este punto de inflexión podría ser positivo o negativo. Si el participante era capaz de recordar ese momento, se le pidió que respondiese a 2 preguntas: Cuál fue el comportamiento (o comportamientos) y cuál fue el significado que interpretaron para el comportamiento. Se les solicitó también que describiesen la historia de ese comportamiento y qué cambió el comportamiento producido.

De estos 301 participantes, fueron 255 (183 mujeres, 72 hombres) los que indicaron que fueron capaces de «recordar un momento en el que ellos u otra persona usaron una señal no verbal que cambió algo con otra persona». 40 encuestados  informaron que el comportamiento ocurrió hace menos de una semana (desde que realizaron la encuesta), 52 recuerdan que ocurrió hace más de una semana pero hace menos de un mes, 52 recordaron que ocurrió más de un mes pero menos de seis meses, 30 marcaron que el comportamiento ocurrió más de seis meses pero menos que hace un año, 38 dijeron que sucedió entre uno y dos años atrás, 44 señalaron que fue hace más de dos pero menos de cinco años, y 14 indicaron que el comportamiento tuvo lugar hace más de cinco años.

Los participantes informaron incidentes con 123 mujeres y 132 hombres. La edad promedia de los participantes fue de 21 años. Cuando se les preguntó cómo categorizaron su relación antes del evento, 92 mencionaron que era romántico, 103 identificaron un amigo, 21 hablaron de un miembro de la familia, 25 incluyeron una relación de trabajo, y el resto dijeron que eran conocidos o que no tenían relación con esta persona antes de la señal no verbal.

También calificaron en una escala de 1 (muy negativo) a 5 (muy positivo) cuán positivo o negativo fue el evento para ellos; qué tan positiva o negativamente vieron su relación antes y después del evento; qué tan negativos o positivos se sintieron sobre la otra persona antes y después del evento; y cuán positiva o negativamente se sintieron ellos mismos antes y después del evento. Indicaron cuánto tiempo había pasado desde que ocurrió el evento, qué comportamientos no verbales estaban involucrados en el evento (además de su descripción abierta, podían elegir uno o más de los siguientes: comportamiento visual, expresiones faciales, tacto, gestos con las manos) , voz, espacio físico, uso del tiempo y «otro», con un lugar para ingresar qué otro tipo de señal estaba involucrado). También informaron cuánto tiempo antes del momento actual ocurrió el evento, su relación con la otra persona en el momento de la ocurrencia y en el presente, y otra información demográfica. Los resultados de todas las hipótesis estudiadas podrá consultarlas en el siguiente artículo.

Antiguas entradas