Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Microexpresiones (página 1 de 10)

Efectos de la duración de las expresiones faciales en la detección de las microexpresiones. Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Effects of the duration of expressions on the recognition of microexpressions” de Shen X., Wu Q. y Fu X. (2012), en el cual se investigan los efectos de la duración de las expresiones faciales en el reconocimiento de microexpresiones.

Durante la comunicación interpersonal es importante detectar las emociones de los interlocutores. Algunos individuos pueden suprimir la expresión emocional real y mostrar expresiones faciales engañosas. Hay situaciones en las que el individuo lo hace a propósito, pero también hay situaciones sociales que se rigen por normas que requieren enmascarar o inhibir lo que realmente se siente.

Afortunadamente, por más que se intente fingir, hay expresiones faciales que aparecen cuando se intenta encubrir las emociones reales: las microexpresiones faciales. Estas son movimientos faciales sutiles, involuntarios, inconscientes y de muy corta duración. Son indicadores de las seis emociones básicas: alegría, tristeza, ira, sorpresa, asco y miedo. No son fácil de detectar sin entrenamiento y tanto las habilidades como las herramientas para hacerlo son temas de investigación recurrente.

Aparecen especialmente en situaciones de alto riesgo o alta tensión, en las cuales las personas tienen algo que perder o ganar. Según Ekman, una microexpresión es un reflejo de las intenciones reales de los individuos, especialmente de aquellas hostiles. Por eso, son esenciales en la detección del engaño y de personas potencialmente peligrosas (p. ej. terroristas). En cambio, las macroexpresiones faciales son aquellas que aparecen como expresión de una emoción sin que se intente encubrir o fingir nada.

Sobre la duración de las microexpresiones faciales no hay un consenso, pero sí parece que todas las variaciones encontradas en la investigación duran menos de medio segundo. Las micro y macroexpresiones solo difieren en duración. Como ya hemos mencionado, la razón de su aparición también es distinta, pero si no sabemos de antemano que alguien finge o esconde algo, no se pueden diferenciar más que por su duración.

Por lo tanto, se supone que un sujeto que es capaz de identificar una microexpresión, también será capaz de identificar la macroexpresión pertinente, ya que esta es diferente solo en longitud. En cualquier caso, la detección precisa no implica que los sujetos sean capaces de diferenciar si una expresión facial es micro o macro. Es posible que para las personas 1 segundo de alegría sea lo mismo que 3. Cuando se pueden medir, como en este estudio, las microexpresiones tienen una duración tan corta que la duración que marca la diferencia entre sujetos capaces y no capaces de detectarlas supondría el punto de corte que separa las micro de las macroexpresiones faciales.

Además de evaluar los efectos de la duración de las microexpresiones, los autores también comparan dos paradigmas de detección. Una es BART de Ekman y Friesen (1974), en la cual la expresión de cada emoción de las seis básicas se presenta durante tiempos expresados en milisegundos (procesamiento subconsciente). Autores que han analizado BART constatan que es una herramienta fiable y válida, excepto por la validez ecológica: porque provoca post-imágenes, algo que no ocurre en la vida real. Otro paradigma es METT de Ekman (2003), que corrige esos fallos y que se ha desarrollado como herramienta de entrenamiento.

Se llevan a cabo dos experimentos. En el primero, se exponen a 11 sujetos a imágenes de 40, 120, 200 y 300 milisegundos y se utilizan ambos paradigmas. Antes de las pruebas experimentales, se entrena a los sujetos con imágenes de las 6 emociones básicas de 2 segundos de duración. No se procede con el experimento hasta que no se acierta al 100% en la detección de las expresiones faciales.

Los resultados mostraron un aumento en la precisión de detección de las microexpresiones a la par con el aumento de la duración de las imágenes. Este aumento solo se observó hasta 200 ms. Por lo tanto, se establece que 200 ms es un punto crítico para la detección y definición de las microexpresiones.

Ente paradigmas, solo se han observado diferencias significativas en el acierto cuando las imágenes se presentaron durante 40 ms. Las microexpresiones faciales mejor detectadas fueron las de alegría (86,8%). Los sujetos mostraron confusión entre las microexpresiones de ira y asco, miedo y sorpresa, tristeza y asco.

En el segundo experimento, los sujetos practican la detección de microexpresiones de 40 ms de duración. Uno de los objetivos es comprobar las ideas de Ekman, que informó que el entrenamiento con METT mejora la detección en un 10%. Se verifica una vez más el efecto de la duración de las microexpresiones, utilizándose en este caso 8 niveles de duración (20, 40, 80, 120, 160, 200 y 240).

Primero, doce participantes practican el reconocimiento de microexpresiones faciales. En las imágenes se diferencian claramente dos modelos: hombre y mujer. Segundo, se procede con la fase experimental de reconocimiento de microexpresiones, igual que la del experimento 1, excepto por la mayor diversidad de duraciones.

Se observan diferencias en la detección según la duración y el paradigma utilizado hasta 160 ms (excluido este valor). A partir de 200 ms se observa que las medias de acierto en la detección según paradigmas casi se superponen. En este segundo experimento, la emoción mejor detectada es la sorpresa, seguida de la alegría. En cambio, la expresión del miedo se presenta como la más difícil de detectar.

Los efectos de la práctica se analizan en ambos experimentos. Se observa que los sujetos sí mejoran en la detección de microexpresiones con la práctica. Asimismo, no se observan diferencias entre paradigmas en la tendencia de aumento de la precisión por la práctica. Lo más destacable es que se observa que con una cantidad considerable de práctica, los sujetos son capaces de mejorar la detección incluso de microexpresiones con duraciones menores de 40 ms.

Este valor es un límite definido por Ekman. No obstante, en este experimento se observa que la práctica puede beneficiar mucho más de lo que se creía. El efecto de la práctica implica que la percepción de las expresiones faciales humanas es muy rápida y puede ser moldeada por la experiencia.

En términos generales, los paradigmas utilizados muestran resultados diferenciales en la detección en microexpresiones de duraciones muy cortas. Sin práctica, las diferencias entre sujetos se observan en la detección de microexpresiones de menos de 40 ms. En cambio, con práctica, las diferencias se observan en microexpresiones de hasta 160 ms. Aunque las medias de acierto sean mayores en el paradigma BART, varían menos con la duración. En cambio, las medias de acierto de METT presentan más variabilidad. Por ello, los autores consideran que METT es más fiable debido a que muestra más sensibilidad a los cambios en duración.

Como bien sabemos, las microexpresiones se usan en la detección del engaño. No obstante, son objeto de debate y amplias críticas en cuanto a su aplicación real. En cualquier caso, ninguna herramienta, por más útil que parezca, no debe ser utilizada como única vía para detectar el engaño.

Si un sujeto intenta encubrir una emoción, sin una medición de la duración de sus expresiones faciales puede ser imposible detectar si aquello que expresa es una micro o macroexpresión. Aunque la práctica sí mejore la detección de microexpresiones, ¿cómo podría saber un observador que aquello que observa dura menos de 200 ms? Las herramientas diseñadas para ello, cada vez más avanzadas, pueden ser la respuesta.

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¿Sabemos detectar emociones fingidas? Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “When do we see that others misrepresent how they feel? Detecting deception from emotional faces with direct and indirect measures” de Stel M. y van Dijk E. (2018), en el cual se analiza la capacidad de las personas para detectar cuando alguien finge sus emociones, sean positivas o negativas.

Más de una vez expresamos emociones que no reflejan realmente qué sentimos. Disimulamos una sonrisa cuando estamos tristes o cuando alguien nos cae mal. Disimulamos tristeza cuando queremos convencer a alguien que sentimos haber echo algo mal, aunque no lo creemos de verdad.

La expresión emocional consiste, en otras, en mostrar señales no verbales que indican a los demás las emociones que sentimos. Estas señales no verbales son parte de la comunicación no verbal y muchas de ellas son espontáneas y difícil de fingir, especialmente en términos de microexpresiones faciales.

Detectar si las emociones que otros expresan son reales no solo es importante en el contexto de la vida cotidiana, sino también en contextos más profesionales (p. ej. cuando se negocia) o en contextos forenses (p. ej. para detectar mentiras). En este último caso, las evidencias muestran que las personas no son muy buenas en detectar el engaño.

Las posibles razones son la tendencia de las personas a confiar más que desconfiar o las creencias incorrectas y basadas en mitos en cuanto a las señales que indican engaño. Por ejemplo, solemos creer que el que miente debe mostrar signos de nerviosismo, evitar mirar a los ojos, etc. Pero, como ya hemos expuesto en otras publicaciones, muchas señales de engaño son bastante diferentes de las creencias populares. Otros autores consideran que la poca detección del engaño que se consigue en la población normal se debe al hecho de basarse en señales no verbales que predicen muy débilmente el engaño.

En cuanto a la detección de emociones, las evidencias son mixtas, aunque se tiende también hacia una detección muy poco por encima del azar. Curiosamente, parece que de lo que más capaces somos es de detectar la sonrisa Duchenne de la no Duchenne, justo una señal de comunicación no verbal y emocional que se puede fingir más fácilmente que otras.

En los estudios previos sobre la discriminación entre emociones genuinas y no genuinas y detección del engaño se han utilizado muy poco las medidas indirectas. Es decir, se suele preguntar a los sujetos directamente si creen que los sujetos bajo análisis engañan, sea en cuanto a señales de comunicación no verbal, verbal o emocional (medidas directas).

En cambio, en este estudio se utilizan tanto medidas directas como indirectas. Los autores se basan en la hipótesis de que una medida indirecta que requiera a los sujetos elegir qué emoción siente un determinado sujeto podría mostrar un rendimiento más objetivo en cuanto a la capacidad natural de las personas de detectar el engaño.

Se llevan a cabo dos estudios similares. En ambos, los participantes observan unos videos previamente creados, en los cuales una persona le cuenta a otra algo que ha visto, expresando señales emocionales positivas o negativas. Se presentan cuatro tipos de videos: con sujetos que sienten y expresan emociones positivas o negativas y con sujetos que sienten una de estas emociones, pero expresan las opuestas. En el primer estudio, la muestra de videos se compone de 8 y, en el segundo, de 12 videos.

En la medición directa, los participantes evalúan, a través de una escala Likert de 7 puntos, en qué medida creen que los sujetos de los videos dicen la verdad. En el segundo estudio, se añade la misma evaluación, pero sobre la mentira. En la medida indirecta, los participantes deben elegir una emoción de varias, eligiendo a aquella que creen que el sujeto del video realmente siente. En el primer estudio se incluyen ítems relativos a 12 tipos de expresión emocional (tensión, entusiasmo, agrado, preocupación, ira, enfado, confusión, alegría, tristeza, irascibilidad, felicidad, monotonía/melancolía). En el segundo estudio se añaden 6, más relacionadas con el engaño (miedo, asustado, ansiosos, nervioso, culpable, arrepentido o que muestra autocastigo/penitencia).

Dado que la finalidad de haber hecho dos estudios similares es verificar la replicabilidad de los resultados, los autores consiguen este objetivo. En ambos estudios, los participantes detectaron más el engaño cuando los sujetos de los videos expresaban emociones negativas. Estos resultados son consistentes con las evidencias previas sobre la dificultad de detectar el engaño a partir de la expresión de señales no verbales positivos, tales como indicadoras de alegría, satisfacción o entusiasmo.

Una explicación posible de una mejor detección del engaño a partir de emociones negativas (aunque no muy respaldada por las evidencias previas) se daría en términos de estado de ánimo. Por lo general, tanto el estado de ánimo positivo como negativo impacta de una manera particular en el procesamiento de la información y, por lo tanto, en cómo nos expresamos verbal y no verbalmente.

Las personas con un estado de ánimo positivo suelen basarse más en heurísticos. En cambio, las personas con un estado de ánimo más negativo suelen comprometerse en un procesamiento más cauteloso y que conlleva más esfuerzo. Probablemente, de aquí se deriva la idea de que una persona triste reflexiona más y coge mas perspectiva de las cosas, a diferencia de una persona feliz que se enfoca más en las experiencias y menos en el análisis de estas. Es posible que fingir emociones negativas sea mucho más complejo y, por tanto, más fácil detectar cuando se fingen.

Este efecto de las emociones negativas como mejores indicadores de engaño o veracidad se observó solo a través de las medidas indirectas. Cuando se pidió directamente evaluar (medidas directas) si un sujeto observado miente o dice la verdad, no hubo una buena detección independientemente del tipo de emociones expresadas. Una vez más, estos resultados diferenciales en cuanto a medidas directas versus indirectas son consistentes con otros estudios en los cuales las medidas directas de detección del engaño no mostraron un buen rendimiento de los participantes.

Se plantea que las medidas indirectas ofrecen mejor detección del engaño porque en estas se pide explícitamente prestar atención a las emociones. Esto hace que las personas se fijen más en qué sienten y expresan los sujetos de los videos y se facilita detectar discrepancias entre una y otra. También puede ser que los participantes se hayan fijado en señales visuales y afectivas que, posiblemente, difieran entre mentirosos y sinceros.

Como conclusión, la capacidad de distinguir emociones veraces de las simuladas depende tanto de la valencia emocional —negativa vs. positiva—, como del procedimiento de medición —directo vs. indirecto—.

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Diferencias culturales en la comunicación no verbal. Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Reflection of cultural difference of the East and the West in nonverbal communication” de Ming Cai (2019), en el cual se analizan los componentes de la comunicación no verbal y las diferencias que se dan entre las culturas de Este y del Oeste.

El proceso de globalización, del cual somos testigos y partícipes desde hace tiempo, ha dado lugar a interacciones interculturales constantes. En estas interacciones, la comunicación no verbal (CNV) es clave porque la mayoría de los significados generados en los encuentros con otras personas se forman a través de tacto, contacto visual, gestos y expresiones faciales. Se estima que, en general, la comunicación verbal supone un 35% y el resto se corresponde a la CNV. Con o sin la ayuda de las palabras, cualquier armonía o discordancia en el lenguaje no verbal guía la interpretación de atributos y estados de los demás. El conocimiento de las diferencias culturales en la CNV permite captar actitudes y valores subyacentes de las personas y de sus culturas y promueve una liberación del etnocentrismo aislante.

Fundamentos teóricos

La CNV se refiere, entre otras cosas, a acciones que se envían a propósito, se reciben con conciencia y pueden tener una respuesta. Cualquier acción puede ser un acto comunicativo no verbal, excepto el uso de palabras. La variedad de comportamientos no verbales se puede clasificar en cuatro grandes grupos:

1. El comportamiento kinésico, en el que se incluyen los movimientos corporales, las expresiones faciales, gestos de mano y piernas y el contacto visual. Todos ellos se pueden clasificar a través de cinco tipos de gestos: emblemas, ilustradores, patógrafos o expresión de estados afectivos, reguladores y adaptadores.

2. El paralenguaje es un conjunto de sonidos, emitidos consciente o inconscientemente, que siguen al lenguaje oral para incrementar su significado. Entran aquí: el volumen, el tono y la entonación.

3. El lenguaje a través de los objetos, en el cual se incluye la apariencia física, ropa, accesorios, olores y colores. Esta parte del lenguaje no verbal, intencionada o no, afecta a como los demás nos ven y como se reciben los mensajes que emitimos.

4. El lenguaje ambiental se refiere a una CNV expresada a través del uso que hacemos del espacio: orientación, proxémica, territorialidad y disposición de los asientos. También se incluyen la orientación en el tiempo y la expresión a través del diseño arquitectónico y la decoración de las casas, porque reflejan gustos y características.

Características de la CNV

Se destacan cuatro características de la CNV. Esta es universal y siempre presente, aunque haya diferencias culturales en su expresión. Algunas, como sonreír, fruncir el ceño, reírse o llorar tienen significados similares en cualquier sitio. La CNV también es convencional, es decir, está ligada a la cultura y esta influye de manera importante en la expresión e interpretación de las señales no verbales.

Otra característica es la ambigüedad, no podemos estar seguros de que los demás entenderán lo que queremos expresar a través de la CNV. Además, algunos comportamientos no verbales contienen varios significados posibles. Por ejemplo, llorar puede expresar tristeza, alegría, alta emocionalidad u otros. Y, por último, la CNV es contextual, el mismo comportamiento no verbal (p. ej. mirar al suelo) puede diferir en significado según el contexto en el que se da (tristeza o sumisión).

Funciones de la CNV

En la comunicación cara a cara, la CNV es un complemento clave del discurso y desempeña diversas funciones. Una es la de reiterar o repetir la información verbal (p. ej. señalar con el dedo una dirección dicha). Algunas veces sirve para complementar con más información lo que se dice (p. ej.  poner una mano en el foco de dolor para expresar la intensidad). Otras veces sustituye lo verbal (p. ej. saludar solo con la mano). A menudo utilizamos la CNV con el fin de regular el proceso de comunicación (p. ej. afirmar con la cabeza para que el otro siga hablando) y, por último, las señales no verbales pueden indicar significados opuestos a lo que se expresa verbalmente (p.ej. decir que no nos molesta algo con cara de desagrado).

Diferencias culturales en la CNV

La cultura hace referencia a un grupo de personas, cuyos miembros comparten, a través de comportamientos de comunicación, creencias, costumbres, valores, patrones de interacción y antecedentes históricos. La CNV está muy ligada a la cultura y, al igual que esta, es omnipresente, multidimensional e ilimitada. La mayor parte del comportamiento no verbal se aprende después de nacer. Sus funciones, dimensiones y uso adecuado se adquieren en el seno de una cultura.

Las diferencias culturales más destacables se encuentran en la expresión de lenguaje corporal. Se comparan principalmente China y EE. UU., como representantes de las culturas del Este y del Oeste, respectivamente.

La postura presenta diferencias de significado entre ambas culturas. En China, tanto hombres como mujeres se deben levantar cuando se les presenta a alguien. Los alumnos también deben levantarse para dirigirse al profesor. En EE. UU. se permite hablar estando sentado, sea cual sea la relación con el receptor. Además, nos podemos imaginar fácilmente a un hombre que, en su oficina privada, habla por teléfono echándose la silla para atrás y subiendo los pies encima de la mesa. En este contexto, dicha postura puede reflejar relajación, entre otras. En cambio, en China esta postura se consideraría altamente ofensiva.

En cuanto a los gestos, destacan aquellos que solo tienen sentido en la cultura en la que se han desarrollado.  En China, un puño con el dedo meñique extendido significa el último; los dedos índices puestos en las sienes indica pensar. En EE. UU., mover en circulo el dedo índice al lado de la sien expresa que alguien está loco. Frotar los dedos índices señala vergüenza y encogerse de hombros indica un no lo sé.

Las expresiones faciales son especialmente indicadores de emociones y sentimientos. En la cultura del Oeste lo normativo es expresarlas. En cambio, en la cultura del Este se evita tal expresión. En China, por ejemplo, aunque una familia pase por una etapa de sufrimiento, recibirá a sus huéspedes con una buena sonrisa.

El contacto visual es una parte importante de la kinésica. En EE. UU. mirar a los ojos cuando se expresa un mensaje es signo de honestidad y sinceridad. En China, un contacto visual directo puede ser considerado como señal de desprecio, falta de educación o de respeto, entre otras.

En cuanto al tacto, en EE. UU. no es común en conversaciones con amigos o conocidos y en China es un indicador de cuidados. Besar, que también supone el uso del canal háptico, es parte del saludo en las culturas del Oeste. En China el beso solo es propio de las parejas.

La proxémica estudia el uso que hacemos del espacio y de las distancias que mantenemos cuando nos comunicamos. La cultura del Oeste tiene más necesidad de espacio interpersonal, orientada hacia el individualismo y ocurre lo contrario con las culturas del Este. En EE. UU., si una persona toca a otra persona por error, le pedirá disculpas. En un grupo de personas de EE. UU., suele haber más interacción entre aquellas con posiciones enfrentadas. En cambio, en China las personas se relacionan más con los que tienen al lado. Interaccionar con quienes están en una posición opuesta les supone dificultades e incomodidad.

La territorialidad también muestra diferencias a lo largo de las culturas. En el Este, el concepto de territorio es muy débil y compartir o tocar cosas de otros sin permiso es algo natural. En el Oeste, tocar o hacer uso de las cosas de otros sin permiso provoca actitudes más marcadas de territorialidad.

En cuanto al paralenguaje, se destaca el significado del silencio. En el Este se considera oro, una señal de respeto y contemplación. En cambio, en el Oeste, la ausencia de un feedback continuo y la presencia del silencio en una conversación se considera como una falta de respeto y genera incomodidad. En cuanto a los sonidos no verbales, en China el volumen y el tono del habla son muy altos, comparados con los de EE. UU., incluso a una distancia interpersonal pequeña. En cambio, reírse a carcajadas es común entre las personas estadounidenses y, en China, la risa se suele contener.

Por último, y en cuanto a la CNV a través de los objetos, se destaca que las culturas del Este dan mucha importancia a la apariencia física y a la vestimenta. La preocupación principal es la adecuación de estas. En cambio, no dan tanta importancia al olor, habiendo un menor consumo de productos que modifican el olor, como los perfumes. En las culturas del Oeste, la vestimenta es generalmente informal y se le da mayor importancia en las situaciones formales. El olor, en este caso, sí importa significativamente y hay mucho desagrado hacia los olores naturales.

Concluyendo, las diferencias culturales en la CNV se generan especialmente por los rasgos culturales del colectivismo, propios de las culturas del Este, y del individualismo, propios de las culturas del Este. Edward T. Hall, un antropólogo estadounidense, considera a aquellas culturas en las que hay mayor necesidad de un intercambio verbal como culturas de bajo contexto. Estas serían las culturas del Oeste y se hace referencia a una alta necesidad de comunicación verbal para poder expresar significados variados y poco uso del contexto. Las culturas del Este serían de alto contexto, porque el significado varía mucho en función del contexto y se capta sin necesidad de palabras.

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¿Puede una sonrisa falsa aumentar la percepción de confianza de los demás? Club de Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión presentamos un resumen del artículo “A fake smile thwarts cheater detection” de Matia Okubo, Akihiro y Kenta Ishikawa. Un interesante estudio publicado en «Journal of Nonverbal Behavior», en donde explican como las personas discriminan a posibles mentirosos en base a sus expresiones faciales negativas, y como una expresión facial positiva falsa (como una sonrisa falsa) puede influir en la percepción de confianza de los demás y frustrar la posible detección de una mentira. 

La cooperación social es una característica universal de las sociedades humanas porque las interacciones cooperativas mejoran la aptitud para la supervivencia. Sin embargo, esta mejora puede estar en riesgo si hay mentirosos durante las interacciones de cooperación: Los mentirosos pueden explotar a sus compañeros en un intercambio social beneficiándose de ellos sin reciprocidad. La cooperación social a largo plazo sólo tiene éxito si los individuos son capaces de detectar y evitar a los mentirosos en sus interacciones sociales. Aunque existen técnicas científicas que ayudan a detector las mentiras, Cosmides (1989) propuso que los humanos tienen mecanismos cognitivos innatos para detectar a estos mentirosos, basándose especialmente en las expresiones faciales.

Las expresiones faciales de los demás proporcionan información sobre su estado emocional y sus intenciones, que desempeñan un papel importante en la cooperación social. Algunas investigaciones encontraron que las caras de los mentirosos eran juzgadas más agresivas (amenazantes e intimidantes) y atraían la atención de los observadores durante las tareas visuales. Estos resultados sugieren que las expresiones emocionales agresivas como la ira pueden funcionar como una señal facial para la detección de los mentirosos.

Además, una expresión emocional agresiva es un determinante importante de la confianza facial percibida. Oosterhof y Todorov en una investigación en 2008 utilizaron una técnica de transformación en rostros generados por computadora y demostraron que los cambios en la dimensión confiable de los rostros afectaban principalmente a las percepciones de ira y felicidad, pero no a las percepciones de otras expresiones emocionales básicas. Demostraron además que los rostros dignos de desconfianza son percibidos como más enojados que los rostros confiables. Por tanto la capacidad de detectar a los mentirosos (erroneamente o no) por su apariencia puede basarse, al menos parcialmente, en la detección de expresiones emocionales agresivas de los rostros. Si los mentirosos expresan habitualmente niveles más altos de emociones agresivas, la gente debería ser capaz de distinguir de manera fiable a los mentirosos de los cooperadores. Sin embargo, este no es el caso: Aunque la gente es sensible a los mentirosos, la detección de los mentirosos, por supuesto, no es perfecta en situaciones del mundo real. Los autores de este artículo especulan que estas fallas en la detección de mentirosos son atribuibles a la habilidad de los mentirosos para disfrazar las emociones que indicarían su actitud poco cooperativa.

Una expresión facial que puede utilizarse para disfrazar las emociones subyacentes es la sonrisa, que es la señal más importante en la cooperación social, así como una de las expresiones más fáciles de fingir según Ekman. De hecho, en un experimento se usaron caras generadas por ordenador y demostraron que la percepción de la confiabilidad de las caras estaba correlacionada con la intensidad de las expresiones felices. Utilizaron fotografías de candidatos electorales y descubrieron que la intensidad de la sonrisa predijo la confianza percibida.

Estos resultados sugieren que incluso un símil artificial o planteado aumenta la confianza percibida. Sobre la base de estos hallazgos, se formularon las siguientes hipótesis: (1) Debido a que las expresiones faciales agresivas señalan la actitud poco colaboradora del observador, los observadores pueden discriminar con éxito a los mentirosos de los cooperadores detectando niveles más altos de expresiones faciales agresivas entre los mentirosos. Sin embargo, (2) tal detección de mentirosos puede ser frustrada por una sonrisa falsa, que los mentirosos expresarían con mayor intensidad que los cooperadores.

Para probar estas hipótesis, los autores llevaron a cabo una tarea de calificación utilizando fotografías faciales de los mentirosos y cooperadores, que fueron categorizados sobre la base de las puntuaciones en un juego económico. Se pidió a los modelos para las fotografías (es decir, a los mentirosos y cooperadores) que adoptaran tres tipos de expresiones faciales posadas (feliz, neutral y enojado) cuando se tomaron sus fotografías. Debido a que las  hipótesis involucraban la función de una sonrisa falsa (es decir, una expresión de felicidad posada), se usaron expresiones faciales posadas en lugar de expresiones espontáneas. Los participantes evaluaron las fotografías faciales en términos de intensidad emocional (la fuerza de la emoción que se expresa) y confiabilidad. En base a las hipótesis, se predijo que las fotografías de los mentirosos serían calificadas como emocionalmente más expresivas (más felices y más enojadas por rostros felices y enojados, respectivamente) que las de los cooperadores. Como resultado de una exitosa detección de mentirosos basada en expresiones agresivas, las fotografías de los mentirosos serían calificadas como menos confiables que las de los cooperadores para la expresión de enojo. Sin embargo, para la expresión feliz, la desventaja de los mentirosos en la confiabilidad desaparecería debido a una sonrisa falsa, que los mentirosos expresarían con mayor intensidad que los cooperadores para ocultar su actitud social.

Para comprobarlo hicieron un experimento con 68 estudiantes universitarios o de posgrado (33 mujeres y 35 hombres) de la Universidad de Sophia o de la Universidad de Meijigakuin, Tokio, Japón. La mitad de los participantes calificaron las caras enojadas y la otra mitad las caras felices.

Los modelos para las fotografías de los rostros fueron reclutados en la Universidad de Senshu, Kanagawa, Japón, y eran desconocidos para los participantes en las tareas de calificación. Las fotografías de los rostros se seleccionaron a partir de fotografías de 84 modelos masculinos. Había dos expresiones faciales posadas (feliz, enojado) para cada modelo. Se pidió a las modelos que se sentaran frente a la cámara y se les animó a ser tan emocionalmente expresivos como fuera posible para cada emoción.

La tarea de calificación utilizó un total de 108 fotografías. Fueron 96 fotografías definidas por una combinación ortogonal de 2 expresiones faciales (enojado y feliz) y 2 condiciones de cooperación (mentirosos y cooperadores, 24 cada uno). Además, se utilizaron 12 estímulos de relleno con una expresión neutra en la tarea de clasificación. Los modelos para los estímulos de relleno puntuaron alrededor del promedio en la puntuación de engaño (es decir, 6 modelos cada uno por encima y por debajo de la mediana). Se agregaron estímulos de relleno para aumentar la variedad de intensidad de las expresiones faciales, de modo que los participantes pudieran realizar fácilmente la tarea de calificación.

En cada ensayo, se pidió a los participantes que evaluaran una fotografía de un rostro presentado en un monitor LCD en términos de (1) la confiabilidad y (2) la intensidad de la expresión facial de la persona en la fotografía en una escala de 7 puntos (0 no confiable en absoluto – 6 extremadamente confiable, y 0 extremadamente feliz, 6 extremadamente enojado). La fotografía de la cara estaba presente hasta que se hizo la respuesta.

Cada participante completó 60 ensayos ya sea con caras con expresiones felices o expresiones de enojo. Esto se hace para evitar un efecto potencial de arrastre de presentaciones repetidas del mismo modelo con diferentes expresiones faciales: El juicio previo sobre el modelo con una expresión (por ejemplo, enojado) puede afectar el juicio posterior sobre el mismo modelo con la otra expresión facial (por ejemplo, feliz), especialmente con respecto a la confiabilidad.

La intensidad emocional fue relativamente alta en todas las fotografías porque se animó a los modelos a ser lo más expresivos emocionalmente posible cuando se tomaron sus fotografías. Tales fotografías podrían haber tenido un aspecto similar entre los ensayos en cuanto a intensidad emocional porque los participantes observaron sólo un tipo de expresiones planteadas (feliz o enojado). Por lo tanto, se añadieron los estímulos de relleno con expresiones emocionales neutras para aumentar la variedad de intensidad de las expresiones faciales de modo que los participantes pudieran realizar fácilmente la tarea de calificación. Los 60 ensayos consistieron en 48 ensayos de dos condiciones de cooperación (mentirosos versus cooperadores, 24 cada uno) y 12 ensayos de relleno.

Para analizar los resultados, para cada participante, se calcularon las calificaciones medias de intensidad emocional y confiabilidad para las 4 condiciones definidas, una combinación ortogonal de dos condiciones de cooperación (mentirosos y cooperadores) y dos tipos de calificación (intensidad emocional y confiabilidad). Cada puntaje de calificación fue sometido a un análisis de diseño mixto de dos factores de varianza con la expresión facial (feliz vs. enojado) como un factor entre los participantes y la cooperación (mentirosos vs. cooperadores) como un factor dentro de los participantes.

Sobre la intensidad emocional, las fotografías de los mentirosos fueron calificadas como emocionalmente más expresivas que las de los cooperadores. La expresión facial fue significativa con mayor intensidad para la expresión feliz que para la expresión de enojo. No hubo interacción entre la cooperación y la expresión facial, lo que indica que la ventaja de los mentirosos en la intensidad emocional se observó independientemente de las expresiones emocionales.

En cuanto a la confiabilidad, las fotografías de los mentirosos se calificaron de menos fiables que las de los cooperadores. Hubo un efecto principal significativo de la expresión facial, con mayor confiabilidad para la expresión feliz que para la expresión enojada. Estos efectos principales fueron calificados por una interacción significativa entre la cooperatividad y la expresión facial: Para la expresión de enojo, los mentirosos fueron calificados de menos confiables que los cooperadores. La desventaja de estos mentirosos desapareció para las expresiones felices. Además, la confiabilidad de los mentirosos fue calificada como más alta para la expresión feliz que para la expresión enojada. Esta ventaja de la expresión feliz no era significativa para los cooperadores.

A raíz de los resultados del experimento, se concluye que las fotografías de los mentirosos fueron calificadas como más expresivas emocionalmente independientemente de la expresión emocional en el presente estudio. Para la expresión de enojo, este resultado concuerda con los hallazgos previos de que los rostros de los mentirosos fueron juzgados como más agresivos (amenazantes e intimidantes) y atrajeron la atención de los observadores. Además, encontraron que los rostros poco confiables eran percibidos como más enojados que los rostros confiables.

La intensidad emocional de la expresión feliz también fue calificada como más alta para los mentirosos que para los cooperadores. Además, los rostros con expresiones emocionales felices eliminaron la desventaja de los mentirosos en la confiabilidad que se observaba en la expresión de enojo. Estos resultados apoyan la hipótesis de que la detección de mentirosos puede verse frustrada por una sonrisa falsa, que los mentirosos son más capaces de expresar con mayor intensidad que los cooperadores.

De todos modos, es necesario tener en cuenta algo, y es que a diferencia del presente estudio, otros estudios previos encontrados (no resumidos a fecha actual en el Club de Lenguaje No Verbal) han encontrado que los cooperadores, en lugar de los mentirosos, son emocionalmente más expresivos durante las interacciones sociales que los mentirosos. Estos resultados parecen ser inconsistentes con los hallazgos de este estudio. Esta inconsistencia puede atribuirse a las expresiones faciales planteadas utilizadas en el presente estudio. En contraste con el presente estudio, los estudios consultados anteriormente se centraron en las expresiones faciales espontáneas durante situaciones sociales, por lo que esa “espontaneidad” puede ser la responsable de estas diferencias, ya que las emociones espontáneas pueden funcionar como una señal para la cooperación social porque los individuos emocionalmente expresivos son menos capaces de ocultar emociones y, por lo tanto, deben comprometerse a tener intenciones de cooperación y comportarse de manera cooperativa. Dicho de otra manera, los cooperadores con señales emocionales honestas pueden ser menos capaces de fingir sus emociones que los mentirosos, quienes pueden expresar intensidades más altas de emociones falsas con el fin de disfrazar su actitud no cooperativa para que puedan fingir ser cooperativos. Además, mientras que en el presente estudio se utilizaron imágenes fijas, en estudios anteriores consultados se utilizaron vídeos que pueden transmitir información más significativa desde el punto de vista social, como expresiones faciales dinámicas e interacción social continua.

 

 

El comportamiento facial durante las fases de excitación sexual. Club del Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión presentamos un resumen del artículo “Facial behavior while experiencing sexual excitement” de Fernández-Dols, Crivelli y Carrera, en el que estudian el comportamiento facial de 100 sujetos durante las cuatro fases de excitación sexual, analizando dicho comportamiento a través del sistema de codificación FACS (Facial Action Coding System, de Ekman y Friesen).

La excitación sexual involucra no sólo procesos motores y sensoriales, sino también procesos cognitivos y emocionales. Los componentes cognitivos y emocionales de la excitación sexual llevan a una pregunta interesante pero relativamente descuidada: ¿existe una expresión facial de excitación sexual? Por obvias razones éticas y convencionales, esta cuestión ha sido poco estudiada. La sexualidad es un tema potencialmente polémico que no deja indiferente a nadie, provocando reacciones positivas o negativas muy emocionales. Además, el comportamiento sexual espontáneo y cotidiano es una actividad esencialmente privada, por lo que realizer estudios (serios y profesionales) sobre ello resulta especialmente complicado.

Masters y Johnson en 1966 proporcionaron lo que probablemente sigue siendo el estudio observacional más exhaustivo de las expresiones faciales de excitación sexual. Observaron 10.000 «ciclos completos de respuestas sexuales» de 382 mujeres y 312 hombres, y sus hallazgos todavía se consideran una fuente precisa de información. Observaron una fase de intensa excitación sexual previa al orgasmo («fase de meseta») durante la cual se observaron «ceños fruncidos o muecas», «contracción de la musculatura que rodea la boca» y, más tarde en esta fase, apertura de la boca. La apertura de la boca fue más frecuente en el coito, mientras que las mandíbulas cerradas y las fosas nasales acampanadas fueron más frecuentes en la automanipulación.

Una característica curiosa del trabajo de Masters y Johnson es que sus términos de elección sugieren que las expresiones faciales durante la excitación sexual son similares a las expresiones faciales generalmente categorizadas como expresión de dolor. De hecho, Hughes y Nicholson en 2008 señalaron esta similitud y estudiaron el reconocimiento de expresiones de placer sexual y de expresiones de dolor. Los participantes fueron significativamente más hábiles en reconocer expresiones faciales de dolor que expresiones faciales de placer, pero las tasas de reconocimiento de placer sexual fueron todavía muy sustanciales (79.8% para el dolor y 75.3% para el placer). Aun así, ni Masters ni Johnson ni Hughes ni Nicholson hicieron un análisis detallado de las expresiones faciales que estudiaron con ninguno de los modernos sistemas de codificación objetiva. Este aspecto de su investigación nos deja con preguntas sobre su descripción de los movimientos musculares involucrados.

Los autores de este estudio que se resume realizaron un experimento. Para ello, utilizaron un sitio de Internet que muestra vídeos cortos (aprox. 30-360 segundos) de voluntarios que grabaron su propio comportamiento facial mientras realizaban un comportamiento sexual (generalmente masturbación) y luego alcanzaban un orgasmo. El sitio web (que en el momento de escribir este artículo cuenta con 4.399 vídeos) proporciona instrucciones detalladas a aquellos que quieren publicar sus clips, incluyendo instrucciones sobre la posición de la cámara y las luces y, lo más importante, una petición explícita para evitar la exageración o la simulación.

 Los clips incluyen el orgasmo del emisor, así como una parte sustancial de las fases de la meseta de excitación (es decir, el período anterior al orgasmo) y, ocasionalmente, registros cortos de la fase final (es decir, el período de relajación después del orgasmo).

Estos clips son una valiosa fuente de información (profesional) sobre la expresión facial durante el ciclo sexual. Proporcionan una oportunidad (1) para probar la exactitud de la descripción de Masters y Johnson y (2) para obtener una descripción más precisa de las expresiones faciales observadas mediante el uso de un sistema de codificación objetivo estándar.

Para el experimento realizado los autores seleccionaron 00 clips publicados en el sitio por 100 personas diferentes (74 mujeres y 26 hombres). En este experimento se usó la herramienta FACS (Facial Action Coding System) de Ekman y Friesen, que codifica los movimientos musculares basándose en cambios visibles en la superficie facial. Un codificador entrenado en FACS analizó todas las acciones musculares faciales de los remitentes (excluyendo los movimientos de la cabeza porque la mayoría de las cabezas de los remitentes estaban en una superficie horizontal).

La codificación se dividió en cuatro períodos de acuerdo con la división del ciclo sexual de Masters y Johnson:

(1) Emoción base: los 6 segundos al principio del clip en el que el remitente comienza a estar excitado sexualmente.

(2) Meseta: la primera mitad de la secuencia de 12 segundos inmediatamente antes del periodo de Resolución. Este período está marcado por cambios en los sonidos y la respiración que marcaron un orgasmo inminente.

(3) Orgasmo: la segunda mitad de la secuencia de 12 segundos. Este segundo período de seis segundos incluye signos de orgasmo y termina cuando el orgasmo probablemente terminó, como lo indica el hecho de que las caras de los emisores se relajaron y pasaron al cuarto período. La atribución del orgasmo a este período de Meseta se basa en la tensión muscular aparente y los sonidos producidos por el emisor, una estimación que encaja con la estimación de Masters y Johnson de la duración de un orgasmo.

(4) Resolución: el período desde el momento en que el emisor se relaja, mantiene los ojos abiertos y mueve la cabeza para mirar a su alrededor, enfocándose en otras actividades que no sean el sexo (por ejemplo, ajustar la cámara o interactuar con alguien). La duración de este período variaba de un clip a otro.

Los dos períodos más relevantes son las dos mitades de la secuencia de 12 segundos de intensa excitación sexual y orgasmo inmediatamente antes del corto período final de Resolución. Dividimos esta secuencia de 12 segundos en dos mitades para distinguir entre el comportamiento facial en la meseta y cualquier movimiento reflejo potencial durante el orgasmo.

Es necesario indicar que, debido al uso de FACS para analizar los resultados, los mismos son expresados con términos AU (terminología FACS usada para los diferentes movimientos musculares). Expresar los resultados en estas unidades de movimientos musculares, y aún más, explicarlas una a unaa, resultaría complejo y extenso para el presente artículo, por lo que se indicarán únicamente las conclusiones más características de los resultados del análisis. Sin embargo, es importante recordar que el sistema de codificación facial utilizado en el sistema FACS es uno de los sistemas más importantes para el estudio de la expresión facial, y de hecho, es explicado y estudiado en profundidad, desde un punto de vista teórico y práctico, en el Master de Comportamiento No Verbal y Detección de la mentira.

Retomando los resultados, se enumeraron todos los movimientos musculares que ocurrieron en los emisores en cada periodo. Los movimientos musculares encontrados con más frecuencia en los tres primeros períodos fueron los ojos cerrados (AU43), ceño fruncido/cejas bajas (AU4) y caída de la mandíbula (AU26). En el período de excitación inicial encontramos ojos cerrados (AU43), ceño fruncido/fruncimiento de la frente (AU4), caída de la mandíbula (AU26) y movimiento de la esquina del labio (AU12).

En comparación con el período de excitación inicial, los ojos cerrados (AU43), el ceño fruncido (AU4) y la mandíbula caída (AU26) aumentaron en el período de la meseta, durante el cual también hubo, como en el período de excitación inicial, ocurrencias de AU25 (parte de los labios) y AU12 (las esquinas de los labios). Además, en el período de la meseta también hubo ocurrencias de AU42 (ojos achinados), AU6 (elevación de la mejilla), AU10 (elevación del labio superior), AU27 (estiramiento de la boca), y AU29 y AU30 (empuje de la mandíbula hacia los lados). En comparación con el período de la Meseta, el período del orgasmo mostró una disminución significativa en el ceño fruncido, elevación de la mejilla y caída de la mandíbula.

Finalmente, el periodo de Resolución es el tiempo en el que la mayoría de los comportamientos faciales característicos de periodos anteriores se desvanecieron: los remitentes abrieron los ojos, los movimientos fruncidos desaparecieron y la sonrisa (AU12) aumentó significativamente en frecuencia.

Se encontró una diferencia significativa entre hombres y mujeres en la frecuencia de dos unidades de acción relevantes en dos períodos específicos: El AU43 (ojos cerrados) fue más frecuente en las mujeres que en los hombres durante el período de la meseta, mientras que el AU10 (aumento del labio superior) fue más frecuente en los hombres que en las mujeres durante el período de la meseta-orgasmo.

Algunas AU ocurrieron en combinación con otras, y el estudio muestra una extensa tabla en la que se recogen todas las combinaciones encontradas en al menos el 5% de los remitentes en cualquier periodo. El período de excitación de la línea de base incluyó algunas caras neutras y algunas combinaciones de ojos cerrados con labios separados (AU25 y AU43) o mandíbula caída (AU26 y AU43). Durante el periodo de meseta y orgasmo las caras neutrales desaparecieron, pero una de las mismas dos combinaciones (ojos cerrados y mandíbula caída) ocurrió con mayor frecuencia. Las fases de meseta y orgasmo también incluyeron otras combinaciones, principalmente AU4 (ceño fruncido/ceja inferior) con AU4 o AU6 (fruncir el ceño y levantar las mejillas) con los ojos cerrados y los labios separados o con los ojos cerrados y la mandíbula caída. Finalmente, en el período de la Resolución encontramos un aumento significativo de caras neutrales en comparación con las demás fases.

Si bien los resultados del experimento son expresados con gran detalle en el estudio, resulta importante tener en cuenta algunas posibles limitaciones. La primera, el tamaño de la muestra (100 sujetos) resulta pequeña, más aún teniendo en cuenta la importante cantidad de clips disponibles en la página web. Y la posible segunda limitación, relacionada con la primera, la encontramos en la propia naturaleza de estos vídeos. No se trata de participantes de un experimento que siguen una serie de instrucciones, sino de sujetos que voluntariamente se grabaron a sí mismos realizando una experiencia placentera para exhibirla posteriormente en la página web, por lo que es posible que algunos de estos sujetos, al buscar exhibirse a sí mismos disfrutando de una experiencia placentera, puedan haber exagerado o incluso planeado en algún momento sus expresiones faciales.

Aun con estas posibles consideraciones o limitaciones, este experimento muestra que existe diversa actividad facial durante los periodos de excitación sexual, siendo muchos de estos movimientos musculares comunes frecuentemente especialmente en la fase de la meseta y el orgasmo. En cuanto a la hipótesis sobre la similitud entre las expresiones de excitación sexual y las expresiones de dolor, los resultados del estudio confirman las las observaciones de Masters y Johnson y de Hughes y Nicholson sobre la similitud entre la expresión del dolor y la expresión de la excitación sexual. Los movimientos faciales individuales y combinados que se observan son similares a los que se describen como la expresión del dolor, ya que la expresión prototípica del dolor incluyendo cuatro movimientos faciales centrales: ceño fruncido/bajo, (AU4), estrechamiento de la órbita (que incluye levantamiento de mejillas, AU6, o párpados apretados, AU7), levantamiento del labio superior (AU10), y cierre del ojo (AU43). En otros estudios (por ejemplo, en este estudio de Craig, Hyde y Patrick), los investigadores han descrito otros movimientos faciales recurrentes (por ejemplo, tirón de la esquina del labio, caída de la mandíbula…) en el dolor. Todas estas unidades de acción fueron encontradas en las fases de excitación sexual.

Aun así, tanto en el dolor como en la excitación sexual, no todas las personas muestran el mismo patrón facial, pero todas muestran un rango limitado de movimientos. Aunque los resultados de este estudio confirmaron la similitud entre las expresiones de dolor y excitación sexual, Hughes y Nicholson informan que aunque pudiese parecer probable confundir la expresión de uno con la del otro en función de la codificación FACS, los observadores directos pueden distinguirlos con mayor precisión que por casualidad, ya que el contexto influye en el juicio diferencial entre una u otra expresión.

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