Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Microexpresiones (Página 1 de 13)

Microexpresiones como señales indicativas de engaño. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Microexpressions Differentiate Truths From Lies About Future Malicious Intent” de Matsumoto, D y Hwang, H. C. (2018), en el cual se investigan las microexpresiones y su posible capacidad para diferenciar a los que dicen la verdad de los mentirosos sobre su intención de cometer un acto ilícito en el futuro.

Estudios previos han proporcionado, de forma generalizada, resultados sugiriendo que las microexpresiones no son necesariamente indicativas de engaño y que su rareza limitaba su potencial en este aspecto. Sin embargo, los hallazgos hasta la fecha con respecto a las microexpresiones como posibles indicadores de engaño han sido equívocos. Así, la conceptualización y operacionalización de qué gestos constituyen o no microexpresiones ha influido en tales resultados.

Los autores argumentan que una operacionalización empíricamente justificada del rango de duración del límite superiorpara microexpresiones debería ser ≤0,50s. Dado que afirmaciones anteriores sugerían que las microexpresiones eran signos de emociones ocultas o reprimidas, definirlas con mayor duración puede resultar en la identificación de expresiones que ya no son signos de emociones ocultas o reprimidas.

Sin embargo, no hay ningún estudio previo de producción que haya probado si las microexpresiones ocurren con cualquier duración o si son indicadores de engaño. Dada dicha falta de evidencia, los autores sugieren que la operacionalización de la duración de la microexpresión propuesta es la metodología más limpia para medir las microexpresiones en su estudio exploratorio inicial.

Por tanto, los autores examinaron si ocurrieron microexpresiones ≤0.50s y si estas eran indicadores de veracidad y engaño. La duración se definió como el tiempo total desde el inicio de una expresión a través de su vértice hasta su desplazamiento. Estos análisis permitieron examinar si se produjeron microexpresiones a diferentes velocidades y si permitían diferenciar a los que dicen la verdad de los mentirosos.

Concretamente, el experimento fue un diseño bidireccional con la condición de veracidad (verdades y mentiras) y la etnia (estadounidenses europeos e inmigrantes chinos) como factores. Los individuos participaron en un experimento de crimen simulado, en el cual tenían que mentir o decir la verdad sobre un robo. No obstante, también se tuvieron en cuenta las expresiones producidas por los participantes en una entrevista de selección inicial. Por tanto, se examinó la posibilidad de emplear microexpresiones para diferenciar a los que dicen la verdad de los mentirosos en su intención de cometer un acto malicioso en el futuro.

Los participantes completaron un cuestionario demográfico, el Cuestionario General de Etnicidad, la Escala de Maquiavelismo y la Escala de Autocontrol, además de una lista de verificación de emociones al principio y al final del experimento. Esta lista de verificación incluía 12 palabras de emoción.

Los participantes primero completaron las medidas previas a la sesión, tras lo cual se les dijo que serían asignados al azarpara coger un cheque de 100$ en efectivo, o para mirar, pero no coger, el cheque. Su objetivo era pasar por hasta tres puntos de control / entrevistas, debiendo convencer a todos los oficiales de su honestidad, sinceridad e inocencia.

Los hallazgos proporcionaron el primer apoyo empírico para la noción de que las microexpresiones de entre ≤0,40 y ≤0,50s ocurren con suficiente frecuencia para diferenciar a los que dicen la verdad de los mentirosos. En contraposición, las microexpresiones que ocurrieron ≤0,30s no lo hicieron.

No obstante, han de mencionarse algunas limitaciones. Quizás la más relevante se corresponde con la falta de tamañoadecuado de la muestra. La investigación futura debería utilizar muestras adicionales y más grandes, no solo para replicar los hallazgos principales, sino para probar mejor otros posibles moderadores como el sexo o la etnia. Además, el estudio involucró solo un tipo de mentira (sobre futuras intenciones maliciosas) en un tipo de contexto (entrevista de control de seguridad). Por ende, el potencial de las microexpresiones para diferenciar a los que dicen la verdad y a los mentirosos en otros tipos de mentiras y contextos debe ser examinado en el futuro.

Hasta la fecha, tampoco se han investigado las variables diferenciales individuales que están asociadas con qué emociones serán experimentadas o expresadas por qué individuos. Por otro lado, las expresiones que ocurrieron ≤6.00s también produjeron hallazgos positivos, lo que sugiere que las macroexpresiones también podrían diferenciar a los que dicen la verdad de los mentirosos.

Asimismo, los resultados sugirieron grandes diferencias individuales en los tipos de emociones negativas que experimentaron los participantes; mientras que algunos se enfadaban, otros estaban disgustados y otros asustados o tristes. Pero la diferencia entre las expresiones de emociones negativas de los que dicen la verdad y de los mentirosos puede estar en su ocultación.

Esto es, los mentirosos eran más propensos a ocultar o reprimir sus sentimientos negativos, lo que resultaba en más microexpresiones. Los que decían la verdad, sin embargo, eran menos propensos a hacerlo, lo que resultaba en expresiones de apariencia más normal, con duraciones más largas.

Así, la mayoría de los estudios sobre el engaño hasta la fecha han examinado las mentiras sobre un incidente en el pasado. Por el contrario, los autores analizaron la intención de cometer un acto malicioso en el futuro. En consecuencia, dichos resultados tienen varias implicaciones.

A nivel teórico, sugieren una reconsideración del papel de las expresiones faciales de la emoción en general, y de las microexpresiones en particular, frente a la veracidad y el engaño. Dada la naturaleza transitoria de la emoción y las expresiones emocionales, junto a la naturaleza dinámica de cualquier interacción, las microexpresiones pueden desempeñar un papel diferente como indicadores de estados mentales.

Además, el tipo de mentira y los tipos de preguntas que se hacen y responden, probablemente, moderan la función de las expresiones emocionales, al igual que los comportamientos y la conducta del entrevistador. Todos estos factores deben tenerse en cuenta en un marco más completo en el futuro.

Finalmente, los resultados apuntan a que se puede tanto entrenar a las personas para detectar microexpresiones como desarrollar tecnologías informáticas que pueden identificar mejor el comportamiento no verbal, desempeñando un importante papel en contextos de seguridad. Utilizada de manera cuidadosa y estratégica dentro de un enfoque de seguridad multinivel, la identificación de microexpresiones puede mejorar sustancialmente diversas operaciones en este ámbito seguridad.

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Grupos de conductas no verbales y su fiabilidad para detectar la mentira. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Clusters of Nonverbal Behaviors Differ According to Type of Question and Veracity in Investigative Interviews in a Mock Crime Context” de Matsumoto, D y Hwang, H. C. (2018), en el cual analiza la noción de que examinar grupos de comportamientos no verbales es una forma más fructífera de tomar determinaciones sobre la veracidad y el engaño que los comportamientos únicos y específicos.

Realizar entrevistas de investigación es una parte importante del proceso de justicia penal. Evaluar la veracidad, la credibilidad y detectar el engaño son determinaciones importantes que se toman durante estas entrevistas.

Durante años, los investigadores han examinado el comportamiento no verbal en busca de pistas para tales determinaciones. Estas son acciones dinámicas del rostro, la voz y el cuerpo que comunican mensajes. Los primeros estudios produjeron evidencia preliminar de expresiones faciales, gestos… para diferenciar las verdades de las mentiras. Sin embargo, estudios posteriores produjeron resultados contradictorios o nulos. La mayor parte de la investigación hasta la fecha ha examinado un comportamiento no verbal específico y único. No obstante, algunos han sugerido que grupos de comportamiento no verbal (a veces combinados con palabras), en lugar de conductas únicas, pueden diferenciar de manera fiable las verdades de las mentiras.

La noción de que los grupos son mejores para diferenciar las verdades de las mentiras se basa en una consideración de la complejidad y los grados de conciencia sobre las cogniciones y emociones de uno. Así, los comportamientos no verbales son señales de estas cogniciones y emociones. La mente está repleta de múltiples pensamientos y sentimientos que, a menudo, existen simultáneamente.

Mentir requiere conocimiento de la verdad y el contenido de las propias mentiras. Por tanto, los mentirosos deben mentir sobre sus conocimientos. También tienen pensamientos sobre el hecho de la mentira, recordando dónde y cómo mienten, así como las consecuencias de ser descubierto (o no). En consecuencia, los mentirosos tienen conocimientos adicionalessobre sus mentiras. Dichas cogniciones adicionales dan como resultado emociones adicionales sobre sus mentiras. Y, en cierta medida, mentir requiere falsificar esos sentimientos. Así, los mentirosos deben mentir sobre sus emociones.

Estas características de los estados mentales de los mentirosos sugieren circunstancias muy complejas asociadas a la mentira. Por ende, el examen de cualquier canal por sí solo puede no diferenciar a quienes dicen la verdad de los mentirosos tan bien como los grupos o clusters lo harían. Esto se debe a que los clusters proyectan una red más ampliade fuentes de señales con las que capturar posibles fugas (conscientes o inconscientes) de los diversos estados cognitivos y emocionales.

Otro factor que debería influir en la producción diferencial de comportamiento no verbal entre personas sinceras y mentirosos en las entrevistas de investigación son los tipos de preguntas que se hacen. Los diferentes tipos de preguntas deberían provocar diferentes cogniciones y emociones para los que dicen la verdad y los que mienten, produciendo así diferentes comportamientos no verbales.

Las diferencias individuales aseguran que diferentes personas tengan diferentes reacciones cognitivas y emocionales a estas complejidades. El marco presentado sugiere que los diferentes tipos de cogniciones y emociones, los cuales son reclutados por diferentes tipos de preguntas, deben asociarse con diferentes grupos de comportamiento no verbal. Otro factor que considerar en esta línea de investigación es que la calidad de la entrevista se contamina fácilmente. Los entrevistados pueden no comprenden las preguntas formuladas, o el entrevistador puede impedir o influir negativamente en la entrevista.

En su investigación, los autores categorizaron tres tipos de preguntas y examinaron si las diferencias en los grupos de comportamiento no verbal entre quienes dicen la verdad y los mentirosos son moderadas por estos tipos de preguntas. También controlaron la calidad de las entrevistas codificando la contaminación de la entrevista.

Así, participantes de cuatro grupos étnicos “robaron un cheque” y mintieron al respecto, o no lo hicieron y dijeron la verdad. Después de ser asignados a una condición (robar-mentir o no robar-verdad) cada participante realizó tres entrevistas, dos antes de cometer el delito y una después (la de investigación). Las tres categorías de comportamiento no verbal examinadas fueron expresiones faciales de emociones (seis tipos), gestos (tres tipos) y características vocales(cinco tipos).

Con pocas excepciones, las preguntas abiertas produjeron más comportamiento no verbal que otros tipos de preguntas. Pero cuando se controló la duración de la respuesta, las preguntas directas produjeron la mayor cantidad de comportamiento no verbal, seguidas de las preguntas indicadoras. También los grupos de comportamiento no verbal diferenciaron a los que dicen la verdad de los mentirosos, y los grupos específicos sí fueron moderados por preguntas. El hecho de que las diferencias en la conducta no verbal se produjeran en función de diferentes tipos de preguntas tiene importantes implicaciones para su uso en entrevistas de investigación y en el proceso de justicia penal.

Las preguntas abiertas claramente brindan la capacidad de observar mayor cantidad y rango de comportamiento no verbal en busca de pistas de veracidad o engaño, especialmente cuando se consideran junto con las declaraciones verbales. Pero los análisis también mostraron que otras preguntas, incluso las directas y cerradas que requieren respuestas duales simples, están repletas de cognición y emoción.

Empíricamente, estos hallazgos sugieren el desarrollo de taxonomías de tipos de preguntas en el futuro, así como para la explicación continua de patrones diferenciales de respuestas a esas taxonomías. Ningún comportamiento no verbal diferenciaba las verdades de las mentiras en todas las preguntas.

En las preguntas abiertas, los mentirosos mostraron menos ira y felicidad y más disgusto, miedo y sorpresa. También asintieron menos con la cabeza; el tono de voz era más bajo, con un mayor rango de tono y de intensidad. En las preguntas indicadoras, los mentirosos experimentaron más ira y disgusto facial y menos asentimientos con la cabeza. La mayor ira y disgusto, tono más alto y menos asentimientos con la cabeza probablemente reflejen una mayor emotividadgeneral a tales preguntas en comparación con quienes dicen la verdad, lo cual es indicativo de las preguntas indicadoras.

En la práctica, estos hallazgos sugieren que los investigadores deben ser conscientes de los patrones diferenciales de respuestas no verbales frente a los diferentes tipos de preguntas durante las entrevistas de investigación. Este conocimiento permitiría desarrollar estrategias y técnicas para preparar y ejecutar entrevistas de manera más efectiva. Asimismo, se necesitarían conocimientos operativos y habilidades de observación relacionadas con múltiples canales de conducta.

Los estilos comunicativos de los grupos también produjeron diferencias en la forma en que los participantes se expresaban (por ejemplo, hablando más o menos alto). Sin embargo, esto no necesariamente se asocia con el engaño. Así, las diferencias no verbales también pueden conducir a otros sesgos interesantes en las percepciones, prejuicios y estereotipos de personas y grupos. Esta constituye una importante línea de investigación potencial en el futuro, con importantes ramificaciones para el sistema de justicia penal y los procesos de investigación.

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El parpadeo como indicador no verbal de engaño. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “In the blink of an eye: Quantitative blink dynamics predict deceptive personality traits in forensic interviews” de Gullapalli, A. R.; Anderson, N. E.; Yerramsetty, R.; Harenski, C. L. y Kiehl, K. A. (2021), en el que se analiza la hipótesis de que la detección automatizada del parpadeo y la frecuencia de parpadeo predicen los niveles de engaño en el ámbito forense.

El engaño se define como la transmisión intencional de un mensaje destinado a fomentar creencias o percepciones falsas en el destinatario. A pesar de la prevalencia de varias tácticas para detectar a un mentiroso, su fiabilidad es, en el mejor de los casos, controvertida. La investigación moderna sugiere que los humanos rara vez se desempeñan mejor que el azar cuando se les asigna la tarea de identificar mentiras.

Con la llegada de mejor tecnología, existe un mayor interés en los enfoques automatizados para la detección del engaño. Algunas de estas técnicas se basan teóricamente en observaciones de que mentir, al menos para algunos tipos de mentiras, puede ser más exigente cognitivamente que decir la verdad. Fabricar una mentira plausible con detalles relevantes requiere imaginación, planificación… entre otras estrategias cognitivas. El aumento de la demanda cognitiva de decir una mentira también se ha observado en estudios de resonancia magnética funcional. En estos se asoció con tiempos de respuesta más largos y una mayor actividad cerebral.

Una de las manifestaciones no verbales observables de la carga cognitiva se puede encontrar en los parpadeos. Los parpadeos no ocurren al azar; se ha dicho que se producen después de una alta carga cognitiva. Esto ha llevado a un mayor interés en el uso de la tasa de parpadeo como indicador de engaño, en función de la carga cognitiva en el cerebro.

Varios estudios han encontrado que las tasas de parpadeo disminuyen con un aumento en la carga cognitiva (durante la confabulación) seguido de un aumento compensatorio en los parpadeos inmediatamente después de la mentira, cuando la carga cognitiva ha disminuido. No obstante, otros estudios han propuesto el efecto contrario: la frecuencia de parpadeo aumenta mientras se dice una mentira.

El hecho común observable en todos los estudios es que hay una desviación de la frecuencia de parpadeo durante el proceso de decir una mentira.

El comportamiento deshonesto como la mentira patológica, engaño y manipulación son características clínicas de la psicopatía. Así, los autores investigaron si la frecuencia de parpadeo puede estar relacionada con rasgos de personalidad psicopáticos en un entorno orgánico, donde no se animó a los participantes a participar en conductas engañosas. El conjunto de datos comprendía grabaciones en video de hombres adultos encarcelados, 125 en total. Los voluntarios fueron filmados durante las evaluaciones clínicas basadas en entrevistas, incluido el PCL-R y el SCID-IV. Los datos se registraron a través de una cámara digital enfocada en los entrevistados, quienes estaban sentados y frente a la cámara.

Hay dos metodologías principales para detectar parpadeos: activa y pasiva. Los métodos activos son muy fiables, pero requieren hardware adicional que puede resultar intrusivo, por ejemplo, cámaras e iluminadores de infrarrojos, etc. Las metodologías pasivas generalmente se basan en datos de video adquiridos de una sola cámara. Los avances recientes en el procesamiento de imágenes han llevado al desarrollo de detectores de puntos de referencia faciales que exhiben robustez en la orientación, iluminación y expresiones de la cabeza. Este último método fue el que utilizaron los investigadores.

Los puntos de referencia faciales se detectan localizando primero el rostro en una imagen. Una vez que se identifica esta región de interés, se identifican las estructuras faciales clave. Hay varias implementaciones, pero todas etiquetan las regiones clave de la cara, como la boca, la nariz, la mandíbula, los ojos y las cejas.

Así, los resultados del estudio indicaron que los rasgos psicopáticos interpersonales están asociados con anomalías en el cambio de las tasas de parpadeo durante las entrevistas naturalistas.

Estas dinámicas anormales de frecuencia de parpadeo indican cambios más frecuentes en la frecuencia de parpadeo en bloques de tiempo cortos. Estos cambios en las tasas de parpadeo se han asociado anteriormente con la deshonestidad en las manipulaciones de laboratorio. Estos resultados pueden agregar credibilidad a la fiabilidad de los indicadores no verbales de deshonestidad, específicamente en este caso el parpadeo.

También debe tenerse en cuenta que los cambios en la frecuencia del parpadeo no son indicativos de engaño per se. Más bien puede considerarse indicativo de los cambios en la demanda cognitiva, entre otras influencias fisiológicas y ambientales. Es notable que no se encontró una asociación significativa con la puntuación general de psicopatía.

Los investigadores utilizaron las puntuaciones PCL-R del Factor 1 como una medida de los rasgos engañosos, en lugar del engaño por se. Esto es, más que detectar una mentira concreta en todo momento, la frecuencia de parpadeo puede indicar tendencias o aspectos engañosos sobre el mensaje del interlocutor, o el propio interlocutor, señalando una mentira o mentira parcial.

En los resultados, vemos una relación entre las co-ocurrencias de conteo de parpadeo más alto con las puntuaciones del Factor 1. Esto puede ser indicativo de ráfagas de parpadeo que se han informado previamente como asociadas con el engaño. La mayor incidencia de parpadeos, en este caso, puede ser indicativa de un comportamiento engañoso.

El enfoque de modelado dinámico propuesto también se puede ampliar para trabajar con datos de parpadeo, en los que se conocen casos explícitos de mentir frente a decir la verdad. Una limitación del estudio de los autores es que la muestra actual incluyó solo hombres adultos. Futuros trabajos deberían examinar si estos resultados se generalizan entre géneros y edades (es decir, jóvenes).

Además de los parpadeos, se han identificado otras señales no verbales del engaño, como el aumento de la velocidad del habla, el aumento del número de palabras habladas y los movimientos de la cabeza mientras se está acostado.

Los hallazgos de los autores se suman a un campo emergente de la literatura, el cual investiga el uso de los últimos avances tecnológicos hacia el modelado del comportamiento. Así, el método seguido en esta investigación resulta único para cuantificar la dinámica de parpadeo extraída de un entorno naturalista, en el cual no se pidió a los participantes ni que mintieran ni que dijeran la verdad.

También se ha demostrado que los patrones de parpadeo, en vez de las tasas generales de parpadeo, son indicadores útiles de los niveles de rasgos de engaño.

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Las manifestaciones faciales no verbales y su relación con las diferencias individuales. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Personal Nonverbal Repertoires in facial displays and their relation to individual differences in social and emotional styles” de Ilgen, H.; Israelashvili, J. y Fischer, A. (2021), en el que se estudian las diferencias individuales en las manifestaciones faciales relativamente frecuentes.

Algunas personas levantan constantemente las cejas, otras sonríen continuamente. ¿Pero es esto pura coincidencia o podría reflejar el estilo social y emocional de un individuo en las interacciones?

Algunos trabajos ya han sugerido la posible existencia de diferencias individuales en los micromovimientos faciales. Sin embargo, hasta la fecha, las manifestaciones faciales se han considerado principalmente como estados momentáneos, descritos como lecturas de emociones, señales de intenciones sociales, estados de preparación para la acción o estados motivacionales más generales. Mientras que las reacciones faciales son claramente contingentes a la situación —es decir, respuestas a un evento— también pueden considerarse como disposiciones más estables. Los individuos pueden diferir sistemáticamente en la frecuencia con la que muestran reacciones faciales específicas, en situaciones específicas.

Siguiendo las discusiones en la investigación de la personalidad, la ocurrencia de un comportamiento no verbal en un individuo puede ser relativamente estable en el tiempo. Por lo tanto, mientras que, por ejemplo, todo el mundo puede sonreír más en una boda que en un funeral, algunas personas pueden sonreír más que otras en ambos contextos.

Para profundizar en esta cuestión, los autores investigaron diferentes tipos de medidas de los estilos sociales y emocionales. En primer lugar, midieron dos dimensiones en el dominio interpersonal: extraversión (frente a introversión) y dominio (frente a sumisión). Además, se incluyeron medidas de diferentes estilos en situaciones de conflicto. La finalidad de esto último era distinguir 5 estilos diferentes para afrontar situaciones conflictivas, basados en dos dimensiones: la preocupación por los demás y la preocupación por uno mismo.

Los estilos sociales y emocionales también pueden reflejarse en las diferencias individuales en la regulación de las emociones. Algunos autores distinguen dos tipos de reguladores emocionales: personas que reprimen sus emociones y personas que revaloran el evento emocional.

Esta investigación ha demostrado típicamente que los reevaluadores son más capaces de disminuir la intensidad de sus emociones negativas, en comparación con los supresores. Los supresores todavía experimentan una buena cantidad de emociones negativas, aunque intentan no mostrarlas. Por último, las personas también difieren en lo nerviosas que están por evitar el castigo frente a lo positivas que son para lograr sus objetivos. Así, se han propuesto dos dimensiones de la personalidad: ansiedad e impulsividad.

Hasta la fecha, solo unos pocos estudios han examinado las acciones faciales en relación con las diferencias individuales estables, como el temperamento o el estado de ánimo general. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que en estudios anteriores solo se midieron expresiones planteadas y no espontáneas, enfocándose exclusivamente en las características que los observadores infieren de estas expresiones.

Así, los autores utilizaron en su propio estudio un enfoque novedoso, examinando las acciones faciales espontáneas en relación con las diferencias individuales autoinformadas en los estilos sociales y emocionales. Los participantes fueron 110 hombres y mujeres holandeses, de 20 a 78 años de edad. Cada participante recibió instrucciones sobre el procedimiento, indicando que participarían en sesiones grabadas en vídeo y luego completarían 5 cuestionarios.

Las preguntas por ordenador comenzaron con hechos, pero se volvieron más personales e íntimas durante la sesión, marcando el participante su ritmo de respuesta. Posteriormente, las preguntas con un entrevistador también se centraron en experiencias emocionales específicas (miedo, ira, orgullo). El entrevistador marcó el ritmo de las preguntas y siguió con preguntas sobre las respuestas iniciales del participante.

Los autores encontraron apoyo para el concepto de repertorios personales no verbales: cada individuo mostró una o más acciones faciales con más frecuencia en dos contextos que la media de todas sus acciones faciales. Específicamente, se dentificaron cinco repertorios —sonreír, parpadeo parcial, caída de párpados, tensión y abrir los ojos—, parcialmente consistentes con investigaciones anteriores. Consecuentemente, se examinó la relación de estos con los estilos sociales y emocionales. Cabe señalar que las acciones faciales individuales pueden enviar una señal diferente cuando ocurren en diferentes combinaciones.

El primero, sonreír, el cual también incluía levantar la mejilla y apretar el párpado inferior, entrecerrando los ojos y sugiriendo una sonrisa auténtica e intensa, más que educada. Como era de esperar, sonreír se asoció con un estilo de interacción positivo y extravertido, destinado a afrontar los problemas y encontrar compromisos.

El segundo, el parpadeo parcial, se asoció negativamente con parpadear, levantar el párpado inferior y levantar las cejas internas. Esto sugiere pasividad, puesto que son señales de una mirada activa y alerta. La asociación negativa con la extraversión encaja con esta explicación, sugiriendo una asociación positiva con la supresión de las emociones y la introversión.

El tercero, la caída de párpados, reflejando una baja excitación. Se asoció positivamente con ceder, lo que implica un estilo de interacción sumiso y ansioso basado en el estrés. La pregunta es cómo se pueden distinguir el parpadeo parcial y la caída, ya que ambos representan una postura pasiva. Mientras que el parpadeo parcial parece estar asociado principalmente con no mostrar ningún sentimiento (es decir, una cara de póquer), el otro sugeriría ansiedad y ceder.

El cuarto repertorio, tensión, consistía en fruncir el ceño, tensar los párpados, los labios y levantar las cejas. Los resultados sugirieron que las personas con este repertorio no verbal personal pueden, por un lado, mostrar enfoque y concentración, al tiempo que reprimen sus sentimientos de ansiedad. Finalmente, el quinto repertorio, abrir los ojos, no se asoció con levantar las cejas internas y externas. De hecho, no se encontró relación con los factores autoinformados. Sin embargo, sí se encontró con la reevaluación y negativa con el compromiso.

Resumidamente, todos los participantes mostraron una o más acciones faciales con relativa frecuencia, encontrándose evidencia de estos cinco factores de acciones faciales, denominados repertorios personales no verbales. Tres de ellos están asociados con estilos sociales y emocionales específicos en las interacciones. A saber: la sonrisa se asocia con el compromiso y la extraversión; la caída de párpados con ceder y el parpadeo parcial se correlaciona negativamente con la extraversión.

Las correlaciones con los estilos sociales y emocionales muestran que existe al menos un apoyo inicial para la idea de que las diferencias individuales, en algunas acciones faciales relativamente frecuentes, están relacionadas con estilos específicos de cada persona en las interacciones sociales.

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Señales emocionales: influencia de los teléfonos en los niños. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Mobile Technologies and Their Relationship to Children’s Ability to Read Nonverbal Emotional Cues: A Cross-Temporal Comparison” de Uhls, Y. T.; Broome, J.; Levi, S.; Szczepanski-Beavers, J. y Greenfield, P. (2020), en el que se analiza cómo las tecnologías móviles contribuyen a que los niños reconozcan señales emocionales no verbales.

Desde el año 2007, la posesión de teléfonos móviles ha ido creciendo exponencialmente.

De hecho, creció tanto que, en 2018, se estimó que el 95% de adolescentes y adultos en EE.UU confirmaron tener un smartphone. En los hogares con niños pequeños, también aumentó la posesión de móviles rápidamente. Y, en menos de una década, el panorama del aprendizaje se transformó drásticamente con el uso de tablets y smartphones.

La teoría sociocultural del desarrollo enfatiza el papel de la cultura y la sociedad en el desarrollo social del niño. Con los dispositivos móviles cada vez más presentes en entornos de aprendizaje temprano, se teorizó que los niños podrían perder oportunidades para comprender señales emocionales. Estas se aprenden principalmente a través de la interacción cara a cara, en persona. Por eso se dice que, debido al tiempo mirando pantallas, pierden dichas oportunidades.

Tras décadas de investigación, se encontró que un hito importante del desarrollo infantil saludable es comprender las emociones. Esto se debe a que comprenderlas es fundamental para desarrollar un comportamiento social adaptativo. El conocimiento de las emociones comienza temprano en la vida a través del aprendizaje de señales emocionales no verbales (expresiones faciales, gestos, tono de voz…).

Las expresiones faciales juegan un papel comunicativo especialmente importante en las interacciones sociales, especialmente para bebés y niños. A medida que crecen, los niños aprenden a sintetizar múltiples fuentes de señales emocionales no verbales para su adaptación social. A causa de esta disminución de interacciones en persona, surge la siguiente duda.

¿Es posible que algunos de los “niños modernos”, que utilizan móviles, no hayan aprendido a reconocer igual las emociones mediante señales no verbales?

Para dar respuesta a esta pregunta los autores realizaron un estudio propio al respecto. Diseñaron una comparación temporal entre estudiantes de 2012 y 2017, observando sus puntuaciones en pruebas que miden la comprensión de señales emocionales no verbales.

La muestra se compuso de 54 estudiantes como participantes de 2012, y 56 estudiantes para los participantes de 2017. En total, por tanto, eran 110 participantes. Todos eran alumnos de sexto grado (sexto de primaria), de entre 11 y 13 años de edad. Los participantes comenzaron realizando una encuesta online para medir las actividades tecnológicas diarias que realizaban y sus características demográficas.

Asimismo, se llevó a cabo la medida de percepción social infantil y adolescente. Esta examina la capacidad de los niños para integrar e interpretar con precisión diferentes señales no verbales en un entorno que refleja la vida real. Específicamente, a través de vídeos silenciados y sin señales verbales explícitas, los participantes reciben e interpretan señales emocionales no verbales. Los niños vieron cada uno de los videos en secuencia. Después se les dio hasta 5 minutos para escribir en papel qué emociones mostraban los actores.

Finalmente, se mostraron imágenes en color de 48 rostros, 24 de niños y 24 de adultos. En las fotos expresaban una de las cuatro emociones: felicidad, tristeza, enfado y miedo; en baja y alta intensidad. Cada imagen apareció en la pantalla durante un total de 2 segundos. Para contrarrestar el orden de las imágenes, en un aula los participantes vieron primero los rostros de los adultos. Por otro lado, los participantes de una segunda aula vieron primero a los niños.

Los resultados mostraron que los estudiantes de sexto grado en 2017 se desempeñaron mejor que los estudiantes de sexto grado en 2012. Una característica importante de los tests es que ambos (tanto los vídeos como las imágenes) se basaron en pantallas.

En este contexto, encontramos una posible explicación para estos resultados. Los adolescentes modernos pasan mucho tiempo usando sus dispositivos móviles para comunicarse con sus compañeros mediante fotos, por ejemplo, mediante redes sociales como Instagram. Quizás el tiempo dedicado a tomar y revisar fotografías de sí mismos y de otros contribuye a la capacidad de los participantes para comprender mejor las emociones presentadas mediante fotografías.

A medida que la función de la cámara en los teléfonos se hizo más popular y mejor, las personas no solo comenzaron a sacar más fotografías de otros, sino también de sí mismos. La comunicación mediada es, por tanto, más visual, cuando compartir fotografías se ha vuelto algo habitual. Además, como decíamos, las plataformas de redes sociales más nuevas fomentan la comunicación visual entre pares (es decir, gente de un mismo grupo de edad).

Una teoría es que, si los adolescentes están tomando un número creciente de fotografías, podrían estar prestando más atención a los rostros que de otra manera.

Por otro lado, aunque la comunicación mediante fotografías es muy popular, en comparación la comunicación por vídeoaún se encuentra en sus primeras etapas. Esta limitación se reflejó también en los resultados del estudio. Esto es en tanto que los resultados obtenidos para los vídeos mostrados a los participantes eran menos significativos.

Si bien las preocupaciones sobre los efectos de las redes sociales y la tecnología móvil en el aprendizaje social y emocional son bastantes, a menudo no consideramos que la tecnología está en constante evolución. Como la investigación reflejó, las tecnologías no solo no tienen por qué no afectar negativamente a la percepción de las emociones en los niños. De hecho, pueden contribuir positivamente a esta percepción.

Así, estos avances podrían cambiar los hallazgos de la investigación basada en tecnología más antigua.

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