Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Microexpresiones (Página 1 de 13)

El parpadeo como indicador no verbal de engaño. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “In the blink of an eye: Quantitative blink dynamics predict deceptive personality traits in forensic interviews” de Gullapalli, A. R.; Anderson, N. E.; Yerramsetty, R.; Harenski, C. L. y Kiehl, K. A. (2021), en el que se analiza la hipótesis de que la detección automatizada del parpadeo y la frecuencia de parpadeo predicen los niveles de engaño en el ámbito forense.

El engaño se define como la transmisión intencional de un mensaje destinado a fomentar creencias o percepciones falsas en el destinatario. A pesar de la prevalencia de varias tácticas para detectar a un mentiroso, su fiabilidad es, en el mejor de los casos, controvertida. La investigación moderna sugiere que los humanos rara vez se desempeñan mejor que el azar cuando se les asigna la tarea de identificar mentiras.

Con la llegada de mejor tecnología, existe un mayor interés en los enfoques automatizados para la detección del engaño. Algunas de estas técnicas se basan teóricamente en observaciones de que mentir, al menos para algunos tipos de mentiras, puede ser más exigente cognitivamente que decir la verdad. Fabricar una mentira plausible con detalles relevantes requiere imaginación, planificación… entre otras estrategias cognitivas. El aumento de la demanda cognitiva de decir una mentira también se ha observado en estudios de resonancia magnética funcional. En estos se asoció con tiempos de respuesta más largos y una mayor actividad cerebral.

Una de las manifestaciones no verbales observables de la carga cognitiva se puede encontrar en los parpadeos. Los parpadeos no ocurren al azar; se ha dicho que se producen después de una alta carga cognitiva. Esto ha llevado a un mayor interés en el uso de la tasa de parpadeo como indicador de engaño, en función de la carga cognitiva en el cerebro.

Varios estudios han encontrado que las tasas de parpadeo disminuyen con un aumento en la carga cognitiva (durante la confabulación) seguido de un aumento compensatorio en los parpadeos inmediatamente después de la mentira, cuando la carga cognitiva ha disminuido. No obstante, otros estudios han propuesto el efecto contrario: la frecuencia de parpadeo aumenta mientras se dice una mentira.

El hecho común observable en todos los estudios es que hay una desviación de la frecuencia de parpadeo durante el proceso de decir una mentira.

El comportamiento deshonesto como la mentira patológica, engaño y manipulación son características clínicas de la psicopatía. Así, los autores investigaron si la frecuencia de parpadeo puede estar relacionada con rasgos de personalidad psicopáticos en un entorno orgánico, donde no se animó a los participantes a participar en conductas engañosas. El conjunto de datos comprendía grabaciones en video de hombres adultos encarcelados, 125 en total. Los voluntarios fueron filmados durante las evaluaciones clínicas basadas en entrevistas, incluido el PCL-R y el SCID-IV. Los datos se registraron a través de una cámara digital enfocada en los entrevistados, quienes estaban sentados y frente a la cámara.

Hay dos metodologías principales para detectar parpadeos: activa y pasiva. Los métodos activos son muy fiables, pero requieren hardware adicional que puede resultar intrusivo, por ejemplo, cámaras e iluminadores de infrarrojos, etc. Las metodologías pasivas generalmente se basan en datos de video adquiridos de una sola cámara. Los avances recientes en el procesamiento de imágenes han llevado al desarrollo de detectores de puntos de referencia faciales que exhiben robustez en la orientación, iluminación y expresiones de la cabeza. Este último método fue el que utilizaron los investigadores.

Los puntos de referencia faciales se detectan localizando primero el rostro en una imagen. Una vez que se identifica esta región de interés, se identifican las estructuras faciales clave. Hay varias implementaciones, pero todas etiquetan las regiones clave de la cara, como la boca, la nariz, la mandíbula, los ojos y las cejas.

Así, los resultados del estudio indicaron que los rasgos psicopáticos interpersonales están asociados con anomalías en el cambio de las tasas de parpadeo durante las entrevistas naturalistas.

Estas dinámicas anormales de frecuencia de parpadeo indican cambios más frecuentes en la frecuencia de parpadeo en bloques de tiempo cortos. Estos cambios en las tasas de parpadeo se han asociado anteriormente con la deshonestidad en las manipulaciones de laboratorio. Estos resultados pueden agregar credibilidad a la fiabilidad de los indicadores no verbales de deshonestidad, específicamente en este caso el parpadeo.

También debe tenerse en cuenta que los cambios en la frecuencia del parpadeo no son indicativos de engaño per se. Más bien puede considerarse indicativo de los cambios en la demanda cognitiva, entre otras influencias fisiológicas y ambientales. Es notable que no se encontró una asociación significativa con la puntuación general de psicopatía.

Los investigadores utilizaron las puntuaciones PCL-R del Factor 1 como una medida de los rasgos engañosos, en lugar del engaño por se. Esto es, más que detectar una mentira concreta en todo momento, la frecuencia de parpadeo puede indicar tendencias o aspectos engañosos sobre el mensaje del interlocutor, o el propio interlocutor, señalando una mentira o mentira parcial.

En los resultados, vemos una relación entre las co-ocurrencias de conteo de parpadeo más alto con las puntuaciones del Factor 1. Esto puede ser indicativo de ráfagas de parpadeo que se han informado previamente como asociadas con el engaño. La mayor incidencia de parpadeos, en este caso, puede ser indicativa de un comportamiento engañoso.

El enfoque de modelado dinámico propuesto también se puede ampliar para trabajar con datos de parpadeo, en los que se conocen casos explícitos de mentir frente a decir la verdad. Una limitación del estudio de los autores es que la muestra actual incluyó solo hombres adultos. Futuros trabajos deberían examinar si estos resultados se generalizan entre géneros y edades (es decir, jóvenes).

Además de los parpadeos, se han identificado otras señales no verbales del engaño, como el aumento de la velocidad del habla, el aumento del número de palabras habladas y los movimientos de la cabeza mientras se está acostado.

Los hallazgos de los autores se suman a un campo emergente de la literatura, el cual investiga el uso de los últimos avances tecnológicos hacia el modelado del comportamiento. Así, el método seguido en esta investigación resulta único para cuantificar la dinámica de parpadeo extraída de un entorno naturalista, en el cual no se pidió a los participantes ni que mintieran ni que dijeran la verdad.

También se ha demostrado que los patrones de parpadeo, en vez de las tasas generales de parpadeo, son indicadores útiles de los niveles de rasgos de engaño.

Si quieres saber más sobre el comportamiento no verbal y su relación con la mentira y la detección del engaño, visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira o nuestro Experto Universitario en Comunicación No Verbal y Personalidad, con becas especiales para los lectores del Club del Lenguaje no Verbal.

Las manifestaciones faciales no verbales y su relación con las diferencias individuales. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Personal Nonverbal Repertoires in facial displays and their relation to individual differences in social and emotional styles” de Ilgen, H.; Israelashvili, J. y Fischer, A. (2021), en el que se estudian las diferencias individuales en las manifestaciones faciales relativamente frecuentes.

Algunas personas levantan constantemente las cejas, otras sonríen continuamente. ¿Pero es esto pura coincidencia o podría reflejar el estilo social y emocional de un individuo en las interacciones?

Algunos trabajos ya han sugerido la posible existencia de diferencias individuales en los micromovimientos faciales. Sin embargo, hasta la fecha, las manifestaciones faciales se han considerado principalmente como estados momentáneos, descritos como lecturas de emociones, señales de intenciones sociales, estados de preparación para la acción o estados motivacionales más generales. Mientras que las reacciones faciales son claramente contingentes a la situación —es decir, respuestas a un evento— también pueden considerarse como disposiciones más estables. Los individuos pueden diferir sistemáticamente en la frecuencia con la que muestran reacciones faciales específicas, en situaciones específicas.

Siguiendo las discusiones en la investigación de la personalidad, la ocurrencia de un comportamiento no verbal en un individuo puede ser relativamente estable en el tiempo. Por lo tanto, mientras que, por ejemplo, todo el mundo puede sonreír más en una boda que en un funeral, algunas personas pueden sonreír más que otras en ambos contextos.

Para profundizar en esta cuestión, los autores investigaron diferentes tipos de medidas de los estilos sociales y emocionales. En primer lugar, midieron dos dimensiones en el dominio interpersonal: extraversión (frente a introversión) y dominio (frente a sumisión). Además, se incluyeron medidas de diferentes estilos en situaciones de conflicto. La finalidad de esto último era distinguir 5 estilos diferentes para afrontar situaciones conflictivas, basados en dos dimensiones: la preocupación por los demás y la preocupación por uno mismo.

Los estilos sociales y emocionales también pueden reflejarse en las diferencias individuales en la regulación de las emociones. Algunos autores distinguen dos tipos de reguladores emocionales: personas que reprimen sus emociones y personas que revaloran el evento emocional.

Esta investigación ha demostrado típicamente que los reevaluadores son más capaces de disminuir la intensidad de sus emociones negativas, en comparación con los supresores. Los supresores todavía experimentan una buena cantidad de emociones negativas, aunque intentan no mostrarlas. Por último, las personas también difieren en lo nerviosas que están por evitar el castigo frente a lo positivas que son para lograr sus objetivos. Así, se han propuesto dos dimensiones de la personalidad: ansiedad e impulsividad.

Hasta la fecha, solo unos pocos estudios han examinado las acciones faciales en relación con las diferencias individuales estables, como el temperamento o el estado de ánimo general. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que en estudios anteriores solo se midieron expresiones planteadas y no espontáneas, enfocándose exclusivamente en las características que los observadores infieren de estas expresiones.

Así, los autores utilizaron en su propio estudio un enfoque novedoso, examinando las acciones faciales espontáneas en relación con las diferencias individuales autoinformadas en los estilos sociales y emocionales. Los participantes fueron 110 hombres y mujeres holandeses, de 20 a 78 años de edad. Cada participante recibió instrucciones sobre el procedimiento, indicando que participarían en sesiones grabadas en vídeo y luego completarían 5 cuestionarios.

Las preguntas por ordenador comenzaron con hechos, pero se volvieron más personales e íntimas durante la sesión, marcando el participante su ritmo de respuesta. Posteriormente, las preguntas con un entrevistador también se centraron en experiencias emocionales específicas (miedo, ira, orgullo). El entrevistador marcó el ritmo de las preguntas y siguió con preguntas sobre las respuestas iniciales del participante.

Los autores encontraron apoyo para el concepto de repertorios personales no verbales: cada individuo mostró una o más acciones faciales con más frecuencia en dos contextos que la media de todas sus acciones faciales. Específicamente, se dentificaron cinco repertorios —sonreír, parpadeo parcial, caída de párpados, tensión y abrir los ojos—, parcialmente consistentes con investigaciones anteriores. Consecuentemente, se examinó la relación de estos con los estilos sociales y emocionales. Cabe señalar que las acciones faciales individuales pueden enviar una señal diferente cuando ocurren en diferentes combinaciones.

El primero, sonreír, el cual también incluía levantar la mejilla y apretar el párpado inferior, entrecerrando los ojos y sugiriendo una sonrisa auténtica e intensa, más que educada. Como era de esperar, sonreír se asoció con un estilo de interacción positivo y extravertido, destinado a afrontar los problemas y encontrar compromisos.

El segundo, el parpadeo parcial, se asoció negativamente con parpadear, levantar el párpado inferior y levantar las cejas internas. Esto sugiere pasividad, puesto que son señales de una mirada activa y alerta. La asociación negativa con la extraversión encaja con esta explicación, sugiriendo una asociación positiva con la supresión de las emociones y la introversión.

El tercero, la caída de párpados, reflejando una baja excitación. Se asoció positivamente con ceder, lo que implica un estilo de interacción sumiso y ansioso basado en el estrés. La pregunta es cómo se pueden distinguir el parpadeo parcial y la caída, ya que ambos representan una postura pasiva. Mientras que el parpadeo parcial parece estar asociado principalmente con no mostrar ningún sentimiento (es decir, una cara de póquer), el otro sugeriría ansiedad y ceder.

El cuarto repertorio, tensión, consistía en fruncir el ceño, tensar los párpados, los labios y levantar las cejas. Los resultados sugirieron que las personas con este repertorio no verbal personal pueden, por un lado, mostrar enfoque y concentración, al tiempo que reprimen sus sentimientos de ansiedad. Finalmente, el quinto repertorio, abrir los ojos, no se asoció con levantar las cejas internas y externas. De hecho, no se encontró relación con los factores autoinformados. Sin embargo, sí se encontró con la reevaluación y negativa con el compromiso.

Resumidamente, todos los participantes mostraron una o más acciones faciales con relativa frecuencia, encontrándose evidencia de estos cinco factores de acciones faciales, denominados repertorios personales no verbales. Tres de ellos están asociados con estilos sociales y emocionales específicos en las interacciones. A saber: la sonrisa se asocia con el compromiso y la extraversión; la caída de párpados con ceder y el parpadeo parcial se correlaciona negativamente con la extraversión.

Las correlaciones con los estilos sociales y emocionales muestran que existe al menos un apoyo inicial para la idea de que las diferencias individuales, en algunas acciones faciales relativamente frecuentes, están relacionadas con estilos específicos de cada persona en las interacciones sociales.

Si quieres saber más sobre el comportamiento no verbal y su relación con la la personalidad y las interacciones sociales, visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira o nuestro Experto Universitario en Comunicación No Verbal y Personalidad, con becas especiales para los lectores del Club del Lenguaje no Verbal.

Señales emocionales: influencia de los teléfonos en los niños. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Mobile Technologies and Their Relationship to Children’s Ability to Read Nonverbal Emotional Cues: A Cross-Temporal Comparison” de Uhls, Y. T.; Broome, J.; Levi, S.; Szczepanski-Beavers, J. y Greenfield, P. (2020), en el que se analiza cómo las tecnologías móviles contribuyen a que los niños reconozcan señales emocionales no verbales.

Desde el año 2007, la posesión de teléfonos móviles ha ido creciendo exponencialmente.

De hecho, creció tanto que, en 2018, se estimó que el 95% de adolescentes y adultos en EE.UU confirmaron tener un smartphone. En los hogares con niños pequeños, también aumentó la posesión de móviles rápidamente. Y, en menos de una década, el panorama del aprendizaje se transformó drásticamente con el uso de tablets y smartphones.

La teoría sociocultural del desarrollo enfatiza el papel de la cultura y la sociedad en el desarrollo social del niño. Con los dispositivos móviles cada vez más presentes en entornos de aprendizaje temprano, se teorizó que los niños podrían perder oportunidades para comprender señales emocionales. Estas se aprenden principalmente a través de la interacción cara a cara, en persona. Por eso se dice que, debido al tiempo mirando pantallas, pierden dichas oportunidades.

Tras décadas de investigación, se encontró que un hito importante del desarrollo infantil saludable es comprender las emociones. Esto se debe a que comprenderlas es fundamental para desarrollar un comportamiento social adaptativo. El conocimiento de las emociones comienza temprano en la vida a través del aprendizaje de señales emocionales no verbales (expresiones faciales, gestos, tono de voz…).

Las expresiones faciales juegan un papel comunicativo especialmente importante en las interacciones sociales, especialmente para bebés y niños. A medida que crecen, los niños aprenden a sintetizar múltiples fuentes de señales emocionales no verbales para su adaptación social. A causa de esta disminución de interacciones en persona, surge la siguiente duda.

¿Es posible que algunos de los “niños modernos”, que utilizan móviles, no hayan aprendido a reconocer igual las emociones mediante señales no verbales?

Para dar respuesta a esta pregunta los autores realizaron un estudio propio al respecto. Diseñaron una comparación temporal entre estudiantes de 2012 y 2017, observando sus puntuaciones en pruebas que miden la comprensión de señales emocionales no verbales.

La muestra se compuso de 54 estudiantes como participantes de 2012, y 56 estudiantes para los participantes de 2017. En total, por tanto, eran 110 participantes. Todos eran alumnos de sexto grado (sexto de primaria), de entre 11 y 13 años de edad. Los participantes comenzaron realizando una encuesta online para medir las actividades tecnológicas diarias que realizaban y sus características demográficas.

Asimismo, se llevó a cabo la medida de percepción social infantil y adolescente. Esta examina la capacidad de los niños para integrar e interpretar con precisión diferentes señales no verbales en un entorno que refleja la vida real. Específicamente, a través de vídeos silenciados y sin señales verbales explícitas, los participantes reciben e interpretan señales emocionales no verbales. Los niños vieron cada uno de los videos en secuencia. Después se les dio hasta 5 minutos para escribir en papel qué emociones mostraban los actores.

Finalmente, se mostraron imágenes en color de 48 rostros, 24 de niños y 24 de adultos. En las fotos expresaban una de las cuatro emociones: felicidad, tristeza, enfado y miedo; en baja y alta intensidad. Cada imagen apareció en la pantalla durante un total de 2 segundos. Para contrarrestar el orden de las imágenes, en un aula los participantes vieron primero los rostros de los adultos. Por otro lado, los participantes de una segunda aula vieron primero a los niños.

Los resultados mostraron que los estudiantes de sexto grado en 2017 se desempeñaron mejor que los estudiantes de sexto grado en 2012. Una característica importante de los tests es que ambos (tanto los vídeos como las imágenes) se basaron en pantallas.

En este contexto, encontramos una posible explicación para estos resultados. Los adolescentes modernos pasan mucho tiempo usando sus dispositivos móviles para comunicarse con sus compañeros mediante fotos, por ejemplo, mediante redes sociales como Instagram. Quizás el tiempo dedicado a tomar y revisar fotografías de sí mismos y de otros contribuye a la capacidad de los participantes para comprender mejor las emociones presentadas mediante fotografías.

A medida que la función de la cámara en los teléfonos se hizo más popular y mejor, las personas no solo comenzaron a sacar más fotografías de otros, sino también de sí mismos. La comunicación mediada es, por tanto, más visual, cuando compartir fotografías se ha vuelto algo habitual. Además, como decíamos, las plataformas de redes sociales más nuevas fomentan la comunicación visual entre pares (es decir, gente de un mismo grupo de edad).

Una teoría es que, si los adolescentes están tomando un número creciente de fotografías, podrían estar prestando más atención a los rostros que de otra manera.

Por otro lado, aunque la comunicación mediante fotografías es muy popular, en comparación la comunicación por vídeoaún se encuentra en sus primeras etapas. Esta limitación se reflejó también en los resultados del estudio. Esto es en tanto que los resultados obtenidos para los vídeos mostrados a los participantes eran menos significativos.

Si bien las preocupaciones sobre los efectos de las redes sociales y la tecnología móvil en el aprendizaje social y emocional son bastantes, a menudo no consideramos que la tecnología está en constante evolución. Como la investigación reflejó, las tecnologías no solo no tienen por qué no afectar negativamente a la percepción de las emociones en los niños. De hecho, pueden contribuir positivamente a esta percepción.

Así, estos avances podrían cambiar los hallazgos de la investigación basada en tecnología más antigua.

Si quieres saber más sobre el comportamiento no verbal, la identificación de emociones y su relación con las nuevas tecnologías, visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira o nuestro Experto Universitario en Comunicación No Verbal y Personalidad, con becas especiales para los lectores del Club del Lenguaje no Verbal.

Percepción de la sumisión en los deportes. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “The power motive as a predictor of receptiveness to nonverbal behavior in sport” de Furley, P.; Schweizer, G. y Wegner, M. (2019), en el que se analiza cómo el poder implícito se asocia con la percepción de la sumisión en los deportes, a través del comportamiento no verbal.

El poder ha sido descrito como un impulso motivacional adaptativo central en los seres humanos. Su fundamento consiste en la capacidad de marcar una diferencia. Esto es, afectar a otras personas, alterando su estado, ya sea cognitivamente, físicamente, emocionalmente…

El poder puede percibirse como una cualidad de la persona, que se manifiesta a través de una interacción, o como resultado de dicha interacción. Por ejemplo, el poder puede percibirse, o demostrarse, a través de la dominancia como uno de sus aspectos conductuales. Al igual que con cualquier impulso motivacional adaptativo, los individuos difieren en la intensidad con que lo experimentan.

La necesidad de poder puede definirse como la disposición a sentir placer afectivo por tener un impacto en otros o en el mundo. Una forma en que las personas intentan satisfacer su necesidad de poder es siendo receptivas a las señales no verbales entre otras personas asociadas con la dominación / sumisión. En este sentido, los deportes competitivos presentan un escenario en el que constantemente se exhiben dichas señales no verbales.

Con respecto al motivo de poder implícito, investigaciones iniciales han demostrado que este motivo tiene el potencial de afectar al comportamiento. Por ejemplo, orientando la atención a signos del entorno que faciliten ejercer influencia en otras personas o la inminente influencia de otros sobre uno mismo.

A este respecto, investigaciones previas han demostrado que las diferencias individuales en el poder implícito del observador predijeron su receptividad hacia las señales no verbales relacionadas con el dominio y la sumisión. Así, quienes tienen un alto poder implícito parecen orientar su atención en rostros sumisos y alejarla de los dominantes.

Presumiblemente, este patrón surge porque las expresiones no verbales de dominio y sumisión son importantes para satisfacer la disposición de tener un impacto en los demás y evitar ser controlado por otros. Podría decirse que ser capaz de distinguir fácilmente entre señales no verbales dominantes y sumisas ayudaría a satisfacer este motivo implícito o evitaría frustrarlo. Sin embargo, en un contexto deportivo suele ser más difícil distinguir tales expresiones faciales.

En conjunto, podemos argumentar que los individuos con altos atributos de poder propios (motivo de poder explícito) pueden centrar su atención en las señales de poder asociadas con el éxito, sincronizadas con sus propios atributos, en lugar de las señales de poder asociadas con el fracaso.

Los autores, por tanto, llevaron a cabo una investigación al respecto. El objetivo era comprobar si las diferencias individuales en la necesidad (explícita e implícita) de poder de las personas predicen lo receptivos que son los observadores hacia el comportamiento no verbal asociado con el dominio y la sumisión de los atletas. Siendo más concretos, se pretendía medir si las personas identifican a los atletas que van perdiendo o ganando un partido.

Para ello, participaron 156 estudiantes universitarios de habla alemana con una edad media unos 26 años. Así, el poder implícito se midió a través de las historias imaginativas que los participantes escribieron durante 4 minutos, basándose en seis imágenes ambiguas diferentes. Cada imagen se mostró a los participantes durante 15 segundos. Las historias de los participantes se codificaron según el contenido de su motivo de poder. Este se codificó siempre que las historias incluían una descripción de una persona o grupo que tenía un impacto en otra persona o grupo.

Concretamente, cuando las descripciones hablaban de acciones fuertes o contundentes; control de otros; persuadir o convencer a otros; dar ayuda, consejo o apoyo; impresionar a otros o preocupaciones sobre el propio prestigio; o emociones fuertes como respuesta a otra persona. El motivo de poder explícito, por su parte, se evaluó mediante la escala de dominación; se trata de una autoevaluación con 16 ítems.

Así, en el contexto deportivo se utilizaron vídeos de jugadores profesionales de baloncesto y tenis de mesa. En particular, los vídeos mostraban a los atletas durante los descansos del partido. Asimismo, evitaron mostrar cualquier tipo de señales no verbales obvias asociadas con el orgullo, etc. Había tres categorías diferentes de puntuaciones: muy atrás, puntuación cercana y ventaja alta. La prueba final incluyó un grupo de 20 videos en cada categoría para ambos deportes (200 videoclips en total).

Los resultados del estudio fueron diversos. Por una parte, estos sugirieron que las personas con un elevado motivo de poder implícito son particularmente receptivas. Lo son, o bien a la presencia de señales no verbales relacionadas con la sumisión, o bien a la ausencia de señales de dominación.

Esto se refleja en que los participantes pudieron identificar particularmente a los atletas que estaban muy atrás y no a quienes estaban muy por delante. Al fin y al cabo, se supone que los primeros exhiben más señales no verbales relacionadas con la sumisión.

En el deporte, esto podría aplicarse como una orientación sobre cuándo ejercer más presión sobre el contrario según su comportamiento no verbal, signos de sumisión… Por lo demás, los resultados no respaldaron las especulaciones de que el motivo de poder explícito podría estar asociado con una mayor receptividad de las señales de dominación.

Sin embargo, podría ser una vía fructífera para futuras investigaciones para investigar más a fondo las funciones de orientación atencional de diferentes motivos implícitos y explícitos. Lo mismo puede decirse de cómo estos podrían influir de manera diferente al comportamiento. En cualquier caso, futuras investigaciones deberían profundizar en si estos hallazgos aportan ventajas a los atletas, y -en todo caso- qué ventajas son esas.

Si quieres saber más sobre el comportamiento no verbal y su aplicación en el deporte, visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira o nuestro Experto Universitario en Comunicación No Verbal y Personalidad, con becas especiales para los lectores del Club del Lenguaje no Verbal.

Formación de prejuicios y comportamiento no verbal. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Teachers’ nonverbal behaviors influence children’s stereotypic beliefs” de Brey, E. y Pauker, K. (2019), en el cual se estudia cómo el comportamiento no verbal de los profesores influye en las creencias estereotípicas o prejuicios de los niños.

Los niños comienzan a usar marcadores grupales, como la raza, clase y género, para guiar sus preferencias y expectativas sobre los demás cuando tienen edad de ingreso al colegio.

Por su parte, los adultos pueden demostrar prejuicios hacia individuos de grupos sociales a través de sus comportamientos no verbales, sin llegar a ser explícitos. En este sentido, el colegio es un ámbito en el que los profesores pueden jugar un papel importante sobre sus alumnos. Por ejemplo, los profesores pueden influir en las inferencias que los estudiantes hacen sobre sus compañeros (podéis leer el artículo concreto sobre este tema aquí).

Así pues, numerosos estudios sostienen que los profesores tienden a tener mayores expectativas y preferir a los estudiantes de grupos estereotipados de alto rendimiento. Estas preferencias o expectativas se reflejan en el comportamiento no verbal, siendo este más positivo para el grupo preferido (por ejemplo, sonreír).

Otros estudios muestran que los niños en edad preescolar detectan y adoptan fácilmente prejuicios que los adultos expresan mediante comportamientos no verbales hacia otros adultos. Esto mismo sucede también con otros niños, no solo con adultos, y con respecto a las evaluaciones que los niños hacen de los demás.

Gran parte de la literatura documenta, además, las preferencias y estereotipos de muchos niños, los cuales favorecen a quienes también son miembros del grupo mayoritario. Esto puede originarse por el desarrollo de una conciencia de los prejuicios y estereotipos culturales asociados con su grupo. Otra explicación sería la tendencia de los niños a preferir a miembros de su propio grupo.

Los estudios con niños de grupos estigmatizados, por otra parte, sugieren que los estereotipos de los niños pueden resultar de prejuicios culturales. Así pues, las preferencias de grupo pueden estar guiadas por una combinación de prejuicios culturales y preferencias intragrupales.

Así las cosas, los autores llevaron a cabo una investigación para comprobar si los niños pueden identificar los patrones de comportamiento no verbal de los profesores hacia distintos grupos de alumnos. Asimismo, se pretendía observar si dichos patrones influyen y cuánto en preferencias y creencias estereotipadas de los niños, incluidas las formadas sobre su propio grupo.

Para ello, contaron con 96 niños —multirraciales— participantes, de entre 5 y 8 años residentes en Hawái. Se mostró una imagen de tres grupos de 12 niños, representados con el mismo género de cada participante y varios grupos raciales comunes en Hawái. Los grupos novedosos fueron marcados por los niños usando un color específico de camiseta (naranja, verde o azul). Así, los participantes fueron asignados a uno de estos tres grupos.

Posteriormente, vieron cuatro videos de 17 segundos que presentaban una interacción entre una profesora y dos estudiantes, coincidentes con el sexo del participante. Tanto la profesora como los estudiantes eran desconocidos para los participantes, estando estos últimos de espaldas a la cámara. Asimismo, leyeron cada uno un pasaje breve, si bien el audio real que escucharon los participantes era una única grabación, modificada para simular distintas voces.

Así las cosas, antes del visionado de los vídeos, a los participantes se les asignó aleatoriamente uno de los tres grupos distintos mencionados. A saber: uno que recibió señales no verbales positivas de la profesora, otro que recibió señales negativas y un tercer grupo en el que los participantes no vieron la interacción entre estudiantes y profesora (grupo de control). Finalmente, los participantes rellenaron unos cuestionarios sobre sus preferencias y estereotipos o prejuicios.

Los resultados revelaron lo siguiente. Al considerar con quién les gustaría hacerse amigos, los niños tienden a seleccionar miembros de su propio grupo. Esto ocurría independientemente de si se les asignó a un grupo que recibió conductas positivas o negativas de la profesora. Las preferencias intragrupales fueron más fuertes para los asignados al grupo positivo.

Sin embargo, los estereotipos de los grupos de niños sí se vieron influidos por el comportamiento de la profesora. Esto se reflejó en que los participantes, al margen de sus preferencias y grupo de pertenencia, consideraban a los estudiantes a los que la profesora dirigía un comportamiento no verbal positivo como más listos.

Así, parece que una breve exposición a comportamientos diferenciales de los profesores hacia estudiantes de diferentes grupos puede guiar los estereotipos de los niños sobre los nuevos miembros del grupo. Sin embargo, no se indagó en el por qué de estas elecciones finales por parte de los niños. En el grupo de control, las selecciones de los niños no mostraron pruebas sólidas de basarse en estereotipos o sesgos.

Este estudio muestra, de forma novedosa, que los niños generalizan información de conductas no verbales, a partir de interacciones individuales hacia grupos sociales. No obstante, es comprensible que los niños tengan dificultades para generalizar los prejuicios o estereotipos a los nuevos miembros del grupo. Tal vez esto explique porque los niños, al no tener información sobre su propio grupo (el de control en este caso) no demostraran sesgos o prejuicios de grupo.

En conclusión, la investigación actual ilustró cómo los comportamientos no verbales de los profesores guían los estereotipos de los niños sobre los grupos. Sin embargo, se desconoce cómo dichos comportamientos pueden influir en el rendimiento académico de los niños en el aula. La investigación futura podría examinar este asunto. Igualmente, podrían evaluar la atención de los niños a los comportamientos no verbales de los profesores en aulas reales.

Generalmente, parece que los prejuicios en los comportamientos de profesores pueden ser una fuente de estereotipos de grupo de niños en la escuela primaria temprana. Los resultados encontrados aquí se alinean con estudios previos que muestran que los niños, típicamente, prefieren miembros del propio grupo, incluso cuando ellos mismos son miembros de grupos con estereotipos negativos.

Si quieres saber más sobre el comportamiento no verbal y su relevancia en el ámbito educativo, visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira o nuestro Experto Universitario en Comunicación No Verbal y Personalidad, con becas especiales para los lectores del Club del Lenguaje no Verbal.

« Entradas anteriores