Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Macrogestos (página 1 de 18)

Gestos que percibimos a media distancia, normalmente realizados con las manos y en menor medida con el resto del cuerpo

Expresión emocional a través del movimiento corporal. Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Ambiguous bodies: the role of displayed arousal in emotion [mis]perception” de Reynolds R. M., Novotny E., Lee J., Roth D. y Bente G. (2019), en el cual se pretende ampliar el conocimiento sobre los procesos perceptivos que llevan a inferencias emocionales a partir de expresiones no verbales mediante el movimiento corporal.

Detectar las emociones de los demás es algo esencial en las interacciones sociales. Por un lado, sirven de explicación para comportamientos pasados y presentes. Por otro lado, guían nuestras expectativas en cuanto a acciones futuras. Así, inferimos emociones que otros sienten y expresan y esas inferencias (junto a otros factores) moldean nuestras respuestas sociales.

Las inferencias emocionales se basan fuertemente en las señales no verbales. El movimiento corporal expresivo (MCE) es una fuente de señales no verbales muy amplia. Por tanto, captamos señales no verbales del EMC y con ellas (además de otras) hacemos inferencias emocionales. No obstante, es difícil determinar de forma exacta qué aspectos del MCE son más cruciales en estas inferencias.

El papel del MCE en el reconocimiento de emociones está aún en debate. Una de las razones es la poca claridad sobre la relación entre la intensidad y la ambigüedad de las expresiones emocionales. Es difícil considerar que haya expresiones emocionales corporales muy específicas para cada emoción. Si fuera el caso, la inferencia sería más fácil. Pero sí hay indicadores emocionales del MCE, aunque la intensidad y la ambigüedad impactan en la detección de estas.

Similarmente, las expresiones faciales emocionales se consideran por algunos autores como universales. En cambio, cuando se evalúa la capacidad de las personas en detectarlas, esa universalidad puede ponerse en duda hasta cierto punto. A mayor intensidad de las expresiones emocionales, más acierto en la detección y menos ambigüedad. No obstante, las señales no verbales no siempre vienen acompañadas de alta intensidad.

Un aspecto que indica la intensidad emocional es el nivel de activación (arousal) mostrado (o expresado). Por ejemplo, alguien puede detectar que hablamos rápido, nuestra respiración acelerada o movimientos gestuales rápidos. Junto a señales contextuales, como que hemos ganado a la lotería, se puede inferir que estamos felices.

Para entender la función del MCE, es de interés averiguar qué aspectos de este informan sobre el nivel de activación. Y de haber indicadores de movimiento que informar sobre el arousal, ¿qué papel juega la ambigüedad?

Lo que siempre interesa es que los juicios, inferencias y conclusiones que extraemos del comportamiento de los demás sean ciertas. En estos procesos participan sesgos, esquemas perceptivos, habilidades y otros aspectos que difieren entre individuos.

Estas diferencias dan lugar a percepciones diferentes de lo que nos rodea. La ambigüedad también puede deberse a estas diferencias internas entre individuos. Por tanto, si muchas personas no interpretan igual una señal no verbal, puede que esta sea ambigua y no específica, puede ser por diferencias interindividuales o por ambas cosas.

Para capturar señales no verbales integrada en el MCE, los autores del estudio utilizan tecnología de detección de movimientos. Con esta generan animaciones que replican el movimiento humano. Así, 363 sujetos observan videos animados de movimientos corporales de ira o alegría. La observación de animaciones permite eliminar estímulos contextuales, indicadores de personalidad o expresiones faciales que impacten en las inferencias.

Los sujetos son asignados a una de cuatro condiciones. Deben evaluar el nivel de activación que captan de los movimientos corporales (1ª), la valencia emocional (positiva o negativa; 2ª), la emoción específica (enfado o alegría, 3ª) y una combinación de calificaciones simultaneas (4ª).

 Hay varios resultados destacables. Los sujetos mostraron una mejor detección de las expresiones de enfado. Incluso se ha inferido incorrectamente el enfado a partir de simulaciones de MCE de alegría de manera significativa.

A primera vista, los sujetos tienen alta sensibilidad para detectar señales de enfado. No obstante, presentan un sesgo hacia emociones negativas, confundiendo movimientos asociados a la alegría con expresiones de enfado. Por tanto, la habilidad de diferenciar entre alegría y enfado a partir de MCE es muy baja. Lo que predominan son las inferencias sesgadas.

Los sujetos determinaron el arousal principalmente a partir del grado de movimiento mostrado por las animaciones. Es decir, a mayor movimiento, infieren mayor activación. No obstante, percibieron mayor activación en las expresiones de alegría que en las expresiones de enfado.

De manera algo opuesta, la ambigüedad se encontró directamente asociada al nivel de activación. Cuanta más activación se infiere del MCE, mayor dificultad para detectar la emoción expresada o su valencia. Este resultado se observó de manera más pronunciada en el caso de la alegría.

Para entenderlo, podemos pensar en las veces que lloramos de alegría. Hay tanta activación que para descargarla mostramos comportamientos comúnmente asociados a emociones negativas. Aunque en este caso no sea exactamente lo mismo, es entendible que, a mayor activación emocional en el comportamiento, sea más difícil decidir que emoción es la que alguien expresa o cuál es su valencia.

Por tanto, observar mayor arousal expresado a través del MCE lleva a inferencias emocionales generalmente incorrectas. Asimismo, genera más ambigüedad para este proceso de detección emocional. Las expresiones emocionales muy intensas son caóticas y divergentes de los indicadores emociónales comúnmente reconocidos.

Cuando estamos muy activados es posible que la coordinación entre actividad neural y motora falle. Por eso, es probable que las expresiones emocionales se vuelvan y se perciban cómo caóticas y ambiguas. No obstante, aspectos del proceso perceptivo también encajan como explicación.

Por cuestiones de evolución, las personas han desarrollado recursos perceptivos para detectar y responder a amenazas y oportunidades. Una información muy saliente es un alto nivel de movimiento. Y cómo decíamos, mucho movimiento corporal se interpreta como alta activación.

Por tanto, cuando hay mucho movimiento, la atención puede enfocarse predominantemente en el arousal del otro. La finalidad es interpretarlo y detectar las amenazas y oportunidades. Asimismo, se pierden recursos perceptivos que puedan dedicarse a la interpretación de la valencia emocional. Y, por eso, fallamos en la detección.

¿Conclusiones? Simplificando mucho, hay que cuidar cuánto es de pronunciado nuestro movimiento corporal. Y, más allá de eso, regular nuestro nivel de activación. Si estamos muy activados y gesticulamos exageradamente, los demás pueden tener dificultades para captar qué es lo que sentimos.

Asimismo, cuidar nuestras inferencias. Mayor conocimiento ayuda a ello y puede ser crucial en profesiones basadas en atención directa a las personas. En cualquier caso, tenemos la gran suerte de estar rodeados de múltiples factores, como los contextuales, que pueden facilitar inferencias acertadas.

Sería muy interesante que se analice cuáles son los movimientos específicos que indican emoción, valencia o arousal. No obstante, empezar por intentar entender procesos subyacentes permite una mejor selección y manipulación de variables en futuras investigaciones.

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El exceso de confianza: ¿genera beneficios o pérdidas sociales? Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Is overconfidence a social liability? The effect of verbal versus nonverbal expressions of confidence” de Tenney E. R., Meikle N. L., Hunsaker D., Moore D. A. y Anderson C. (2019), en el cual se analiza cuando el exceso de confianza recibe sanciones sociales y cuándo no representa un problema.

Pensemos en las veces que hemos escuchado a alguien contándonos algo con gran confianza en su propio conocimiento o habilidades. Y cómo, posteriormente, lo que nos contó se mostró totalmente erróneo. ¿Empezamos a desconfiar de lo que dice esa persona?

Cuando se dan estas situaciones hasta cierto punto es normal que se reciba algún tipo de sanción social. La persona con exceso de seguridad en lo que dice y que falla puede perder credibilidad. Si no la pierde, es posible que se enfrente a suspicacia y a un mayor escrutinio de lo que cuenta.

Las evidencias sugieren que cuando un individuo expone su exceso de confianza ante otros, solo a veces y no siempre recibe una sanción social. Aun después de expresar un exceso de confianza, no siempre se daña la reputación de los sobreconfiados. Aquellos que expresan exceso de confianza a través del lenguaje no verbal, como la postura o tono de la voz, adquieren mayor estatus e influencia.

En el trabajo, las personas con sobreconfianza muchas veces mantienen su influencia, aunque tengan un largo historial de reclamos inexactos e incorrectos. Incluso podemos encontrar tales ejemplos en la política. Muchos candidatos ganan las elecciones a pesar de exponer un injustificado exceso de confianza.

Las personas pecan frecuentemente de exceso de confianza. La mayoría de las veces, este es atribuible a una seguridad excesiva de saber la verdad. En cualquier caso, la sobreconfianza no siempre se expresa con palabras. Las personas afirman con la cabeza para enfatizar y hablan alto, como si pusiesen en negrita lo que dicen. Hablan con autoridad, dominan la conversación y muestran poca deferencia hacia los demás.

¿Cuándo se castiga el exceso de confianza? ¿Cuándo permanecen los beneficios en reputación a pesar de la sobreconfianza y de los errores derivados de ello? Los autores del estudio proponen que el canal de expresión del exceso de confianza determina si este último se convierte en una ventaja o desventaja. Con canal de expresión se refieren a una expresión mediante comportamiento no verbal o verbal.

Se lleva a cabo una serie de experimentos diferentes. Todos los participantes creen que participarán en un juego con recompensas monetarias. Para ello, deben evaluar posibles colaboradores o asesores que han practicado en ese juego. En cuatro de los experimentos se pide a los participantes que comparen dos colaboradores potenciales (targets). En el quinto se requiere comparar asesores (targets).

En cada experimento, un target es muy confiado en lo que cuenta y el otro es cauto. Hay targets que muestran su exceso de confianza verbalmente (texto escrito). Dicen, por ejemplo, sentir gran confianza en su rendimiento en la práctica y estar muy seguros de haberlo hecho bien.

También hay targets que expresan su exceso de confianza a través del lenguaje no verbal (video). Cuentan información sobre ellos mismos y no sobre la tarea, con una postura corporal abierta y expansiva. Miran al entrevistador y utilizan un tono de voz firme y de autoconfianza.

Los targets cautos cuentan (canal verbal) que no confían en que lo hayan hecho bien y que pueden haber rendido por debajo de la media. A través del lenguaje no verbal, hablan de sí mismos inclinados hacia delante y con las manos delante del cuerpo. Utilizan una voz suave, tímida y miran más al suelo.

Después de visualizar la información de estos candidatos, los sujetos reciben información sobre el rendimiento real de estos. Lo siguiente es la evaluación.

En los primeros dos experimentos se analiza si las consecuencias sociales del exceso de confianza difieren según el canal de comunicación. En los experimentos de 3 a 5 se comprueba la hipótesis de negación plausible que se basa en lo siguiente.

La sobreconfianza verbal sirve de prueba para imponer castigos sociales. En cambio, la sobreconfianza no verbal no es fácil de detectar. Siempre quedaría el beneficio de la duda. Por eso, lo probable es que no se apliquen castigos sociales ni que haya daños en la reputación del sobreconfiado. Este puede negar su exceso de confianza y a falta de pruebas es algo plausible.

Los resultados generales de estos experimentos muestran lo siguiente. Los participantes evaluaron más negativamente a los targets sobreconfiados y los evitaron como colaboradores. Esto supone una sanción y solo ha ocurrido cuando el exceso de confianza se expresó verbalmente. Tal como se esperaba, no hubo sanción alguna a los candidatos que expresaron su exceso de confianza de manera no verbal.

A lo largo de los cinco experimentos se confirmaron los mismos resultados. Además, se observó que negar explícitamente el exceso de confianza se considera plausible solo en la expresión no verbal. En cualquier caso, la expresión de sobreconfianza a través del lenguaje no verbal no siempre se perdona.

En el experimento 4, los participantes creían ver a algunos colaboradores potenciales evaluando productos online y a otros practicando en la tarea. Por un lado, se evalúan targets con sobreconfianza no verbal asociada a la práctica en la tarea principal. Por otro lado, se evalúan targets con sobreconfianza no verbal asociada a una tarea ajena.

Si un posible colaborador muestra señales no verbales de sobreconfianza cuando practica en el juego y su rendimiento es pobre, la negación plausible ya no tiene efecto. Es decir, cuando no quedan dudas de que la sobreconfianza aparece en la tarea principal, el castigo social aparece. Los colaboradores son evaluados más negativamente que los sobreconfiados en tareas ajenas, aunque también tengan rendimientos bajos en el juego.

Aunque tener mucha confianza en uno mismo se considere una característica deseable socialmente, se castiga cuando no quedan dudas de haber confiar demasiado. Parece ser que casi todo depende de la posibilidad de un beneficio de la duda. No castigamos socialmente cuando dudamos de malas actuaciones de los demás. Por otro lado, es curioso que sí aparece un castigo social, aunque la sobreconfianza no sea algo intencional.

Por último, el experimento 5 difiere de los demás en varias cuestiones, pero por razones de espacio, procedemos con las conclusiones generales. En este caso se ha visto que la sanción social es mayor cuando vemos que un profesional confía mucho en sus decisiones y falla. Si el profesional se muestra muy confiado en su comportamiento general y falla, la sanción social es menor.

Preferimos profesionales muy confiados en sus decisiones, hasta que sepamos que han fallado. Cuando nos enteramos del fallo decisional, cambiamos nuestras preferencias a profesionales más cautos.

El exceso de confianza en un rendimiento superior propio se conoce como overplacement, que  significa auto-atribuirnos mayores capacidades de las que tenemos. El exceso de confianza en la precisión o acierto de nuestras decisiones se conoce como overprecision. Como se puede intuir, es atribuir a nuestras decisiones más precisión de la que tienen.

Estos dos conceptos se diferencian claramente en la literatura científica. No obstante, los autores no encontraron patrones diferentes de consecuencias para diferentes tipos de sobreconfianza verbal. En la vida real probablemente no sea tan fácil diferenciarlas. Las diferencias teóricas no representan cómo las personas comunes perciben la confianza, su expresión y su exageración.

Por último, el comportamiento no verbal parece implicar conductas efectivas y de bajo riesgo en las interacciones sociales. Si es así, ¿cómo es que no predominan? Sin duda, una cuestión interesante para reflexionar.

 

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Comportamiento no verbal para reducir el dolor. Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Nonverbal communication as a pain reliever: the impacto of physician supportive nonverbal behavior on experimentally induced pain” de Ruben M. A., Blanch-Hartigan D. y Hall J. A. (2016), en el cual se analiza si hay diferencias en cómo se experimenta el dolor en función del tipo de comportamiento no verbal (apoyo vs. no apoyo) de los profesionales de la salud.

Los beneficios del apoyo social para la salud están muy bien establecidos. Se puede apoyar verbalmente, pero también a través de comportamientos no verbales como inclinarse hacia delante, tener contacto visual, sonriendo, utilizando un tono de voz cálido, asentir con la cabeza y otros gestos. Tanto la salud física como la salud mental muestran un mejor funcionamiento cuando se interacciona con personas que expresan comportamientos no verbales de apoyo.

El dolor es una experiencia multidimensional. Desde el modelo de comunicación social del dolor (Craig K. D., 2009) se considera que las interacciones sociales modulan la experiencia de dolor tanto subjetiva como objetiva. El dolor subjetivo hace referencia a pensamientos, sentimientos y sensaciones de dolor informados por un sujeto. En cambio, el dolor objetivo se define en términos de índices de comportamiento de dolor, dónde se incluyen la tolerancia y las expresiones no verbales del dolor. Estas últimas cumplen una función comunicativa con el fin de conseguir apoyo y protección.

Las evidencias más destacables en este campo son varias. Por ejemplo, los sujetos informan de menos dolor y lo toleran más tiempo cuando están presentes personas de apoyo. También se observaron menos expresiones faciales cuando un sujeto experimenta el dolor y está acompañado que si esta solo.  Una revisión sistemática indicó que las interacciones sociales con significado positivo (p. ej. sostener la mano) tienen un impacto beneficioso en los que sufren de dolor. Estos beneficios se resumirían en reducción de la intensidad del dolor y aumento de la tolerancia del dolor.

La hipótesis de este estudio es que interaccionar con médicos que expresan comportamientos no verbales (CNV) de apoyo disminuirá tanto el dolor objetivo como el subjetivo en la medición posterior a las pruebas y dos semanas más tarde.

En el estudio, 205 participantes pasan por un procedimiento experimental de inducción del dolor. El procedimiento utilizado (procedimiento del torniquete) consiste en restringir el flujo sanguíneo en un brazo durante un minuto. A continuación, los sujetos deben hacer 20 ejercicios de empuñadura con la mitad de sus fuerzas. Cuando paran estos interaccionan con un/a médico/a anteriormente grabado con CNV de apoyo o de no apoyo. Cuando el CNV del médico es de apoyo, el profesional sonríe, mira a los ojos, se inclina hacia delante, afirma con la cabeza y se expresa con un tono de voz cálido. Cuando el CNV del médico es de no apoyo, el profesional mira abajo a menudo, mira poco a los ojos, se inclina hacia atrás, utiliza un tono frio de voz y dobla los brazos hacia el pecho frecuentemente.

La medición subjetiva consiste en una evaluación de los sujetos del dolor percibido (escala Likert de 1 a 9) cada 30 segundos a lo largo de los ejercicios y después de dos semanas del experimento. También se utiliza una escala con palabras descriptivas del dolor. La medición objetiva consiste en registrar cuándo los sujetos informan de que quieren parar los ejercicios (tolerancia del dolor). Además, dos investigadores entrenados evalúan el nivel de estrés/dolor de los participantes en función de las señales no verbales de dolor que estos expresan.

Por último, también se evalúan las percepciones de los participantes hacia los médicos que les han atendido. Las dimensiones a evaluar son: dominancia, calidez, competencia y disposición de informar sobre procedimientos e instrucciones. La satisfacción con el profesional se mide después del experimento y dos semanas más tarde.

El CNV de apoyo de los profesionales dieron lugar a percepciones de los sujetos de mayor calidez, mayor disposición a compartir información y menor nivel de dominancia. También se registró mayor satisfacción con los profesionales que apoyan tanto cuando se experimentó el dolor como dos semanas más tarde (recuerdo del dolor).

En cuanto a las medidas objetivas del dolor, se observó mayor tolerancia al dolor cuando el profesional que atendió a los sujetos utilizó una comunicación no verbal de apoyo. Lo mismo ocurrió con las expresiones no verbales de dolor en cara y cuerpo: se registraron menos cuando se recibió atención basada en comunicación no verbal de apoyo.

Las medidas subjetivas del dolor mostraron interacciones entre la comunicación no verbal de apoyo vs. de no apoyo y el género de los participantes. Las mujeres atendidas por un profesional que apoya informaron de mayor nivel del dolor comparado con una atención de no apoyo. Asimismo, los hombres atendidos por un profesional que apoya informaron de menor nivel del dolor comparado con una atención de no apoyo. Estas diferencias también se observaron en el registro de la memoria de dolor (evaluación dos semanas más tarde).

Para este ultimo resultado se destaca que ser mujer y atendida por un profesional que apoya mediante CNV de apoyo no implica sentir más dolor por el apoyo percibido, sino porque el contexto de apoyo ofrece más confianza y empatía y hace que las mujeres se sientan más cómodas para compartir lo que sienten. No obstante, también cabe destacar que en esta explicación se parte de un estereotipo de género, dónde la mujer expresa y responde más a la empatía y al apoyo de otros. No se trata de que los autores explican los resultados basándose en estereotipos de género, sino que hace referencia a que las mujeres adoptan ese rol estereotipado por la cultura, aprendizaje, etc.

En cuanto a la memoria del dolor, se destaca que recordar menos dolor después de la experiencia médica puede favorecer que los sujetos sientan menos ansiedad hacia futuros procedimientos médicos, así como mejor adherencia a los tratamientos. Todos los resultados del estudio deben interpretarse con especial cautela debido a unas condiciones experimentales que impiden la generalización de los resultados a la vida real. La inducción experimental del dolor puede mostrar diferencias importantes con el dolor inducido por problemas de salud o situaciones de riesgo reales. Además, tal como hemos mencionado, el dolor es una experiencia multidimensional y existen múltiples tipos de dolor tanto a nivel objetivo como subjetivo.

Como conclusión, los comportamientos no verbales de apoyo son prácticas que se enseñan en las escuelas y prácticas médicas como componentes de la atención centrada en el cliente. Aun así, las implicaciones diferenciales de mostrar apoyo no verbal no recibieron tanta atención en los estudios científicos como la importancia que parecen tener.

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Análisis de la verdad para detectar las mentiras. Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “The anatomy of confession: an examination of verbal and nonverbal cues surrounding a confession” de Dunbar N. E., Bernhold Q. S., Jensen M. L. y Burgoon J. K. (2018), en el cual se analizan las variaciones en el comportamiento no verbal desde antes de confesar hasta después de hacerlo y las estrategias de entrevista utilizadas.

El principal objetivo de los investigadores y entrevistadores de sospechosos es obtener una confesión y detectar si estos mienten. El foco de mira suele ser las declaraciones falsas y las confesiones (veraces) se valoran como anomalías. El análisis de estas últimas solo alcanza una comparación con las declaraciones falsas.

Una confesión suele ignorarse y, en el momento en el cual se detecta una declaración como veraz, se omite de la observación. Esta omisión ocurre a menudo en los estudios experimentales, dado que una confesión ya no cumple la condición de engaño a la cual fue asignada.

Examinar las confesiones es importante principalmente porque algunos hallazgos indican que las personas a menudo utilizan una confesión para destapar mentiras (13,9% de los casos) o en paralelo a otros métodos para dejarlas a descubierto (55% de los casos).

En este estudio, el objetivo principal es observar y entender los cambios en el comportamiento no verbal (CNV) de los entrevistados, atendiendo a las diferencias entre el CNV de antes y después de confesar.

Los cambios en el CNV se analizan a través de cinco indicadores de comunicación: sincronía, dominancia, tensión, amabilidad (agrado) y cooperación (involucramiento). Estos son los cinco más relevantes en el estudio de las confesiones de un total de 12 temas que se utilizan a menudo como lentes heurísticas en el análisis de la comunicación (Burgoon y Hale, 1984; 1987).

La sincronía se refiere a la coordinación de los patrones de comportamiento entre ambas partes en una interacción. En la detección del engaño se tiene en cuenta como posible estrategia del que engaña, pero también son importantes las estrategias de entrevista. Desde la Teoría Interpersonal del Engaño, se postula que el que intenta engañar debe sincronizarse con su interlocutor para mantener una apariencia de compenetración y para procesar adecuadamente información inesperada que recibe de este (p. ej. preguntas inesperadas).

La dominancia es un intento de control y de ganar ventaja en la interacción a través de actos comunicativos (p. ej. dando argumentos más sólidos). La tensión se observa en un comportamiento de comunicación acelerado o inquieto y, a modo general, se ha observado que los que mienten se muestran más tensos que los que dicen la verdad. Por último, ser agradable y cooperar o involucrarse se refieren a comportamientos verbales y no verbales que indican interés en la conversación y una expresión emocional positiva.

En todos estos temas, se desconoce la gradación que pueden presentar los que mienten desde antes hasta después de una confesión. Existen razones para mostrar comportamientos verbales y no verbales de todos estos indicadores tanto antes como después confesar. Por ejemplo, el que miente puede mostrarse más tenso antes de confesar, por los esfuerzos de mantener la calma; y también puede mostrar más signos de tensión después de una confesión, como respuesta de miedo e incertidumbre sobre la gravedad de las consecuencias.

Los autores del estudio también atienden a las estrategias de entrevista más eficaces en obtener una confesión. Las evidencias hasta el momento hablan, por ejemplo, de obtener mayor número de confesiones cuando el entrevistador actúa de manera más amable y es más humano. También se observó lo opuesto: más confesiones cuando hay mayor presión en las entrevistas policiales. Otro elemento importante sería presentar evidencias claras y fuertes sobre las mentiras de los sospechosos e incluso evidencias falsas, dado que pueden incrementar las tasas de confesión si son fuertes.

Otra cuestión para resolver en el estudio es si las estrategias de entrevista se asocian de manera diferencial con el CNV de antes y después de una confesión. Por ejemplo, si el entrevistador detecta más tensión antes de una confesión ¿utilizará estrategias de entrevista diferentes a que si nota otros indicadores no verbales? Y cuando se obtiene una confesión, ¿son esas estrategias utilizadas las que predicen un cierto CNV en el sospechoso? Aunque en la práctica algunos profesionales consideren que el CNV no sea fiable, observándolo de manera holística con el comportamiento verbal puede dar indicios fiables, especialmente en términos de sincronía.

Seis estudiantes previamente entrenados evalúan el CNV y las estrategias de entrevista de 86 videos de entrevista. En estas, cuatro profesionales entrevistaron a 86 sujetos que utilizaron el engaño (se les pidió previamente hacerlo) para ganar en un juego tipo Trivial. Los evaluadores de este estudio analizan un minuto de entrevista de antes y después de la confesión.

En cuanto al CNV, se observó un aumento en los indicadores no verbales de dominancia y amabilidad/agrado después de confesar. En cambio, desde antes hasta después de la confesión, la sincronía entre entrevistado y entrevistador disminuyó significativamente. La disminución de la sincronía puede deberse a que, una vez se confiesa, ya no hay necesidad de seguir aparentando honestidad. Además, cuando se confiesa, las preguntas sobre el engaño rompen la relación sincronizada previamente establecida.

Uno de los entrevistadores de los videos obtuvo muchas más confesiones que los demás. Su éxito pudo deberse al uso recurrente de la difusión de la responsabilidad – el sospechoso solo seguía órdenes de hacer trampa en el juego. También fue más minucioso en formular las preguntas y solicitó respuestas más claras y detalladas. Estas estrategias llevaron a un CNV más involucrado y cooperativo antes de confesar comparado con el uso de una estrategia basada en destacar la presencia de evidencia externa para incriminar al sospechoso.

Cuando los entrevistados confesaron seguidamente a la pregunta ¿has hecho trampa?, mostraron más tensión después de la confesión que los que confesaron espontáneamente. Estos últimos también se mostraron más agradables después de confesar que los que fueron avisados de la existencia de evidencias contra ellos. El aumento de la dominancia antes mencionado pueden deberse a que, una vez confesado el engaño, el sospechoso tiene la necesidad de dominar la interacción para poder dar las explicaciones oportunas sobre su comportamiento de engaño. De hecho, después de ¿has hecho trampa?, la respuesta iba acompañada a menudo de largas justificaciones.

A modo general, las estrategias acusatorias en la entrevista dieron peores resultados. Menos amabilidad y más tensión después de confesar y menos confesiones obtenidas. De hecho, el entrevistador que utilizó la difusión de la responsabilidad consiguió un 70% de 23 confesiones en las que se utilizó esta estrategia.

Cabe destacar que este entrevistador también utilizó significativamente más referencias éticas. No obstante, después de estas referencias, los entrevistados subrayaban la poca cantidad de dinero que se podía ganar en el juego (20$) – algo así como mi ética personal vale más que 20$ -. Esta es la razón probable por la que los sospechosos cargan la responsabilidad de su engaño a los que les mandaron hacerlo y no en el deseo de ganar el premio. Este dato es relevante porque en otros estudios se observó que los criminales que confiesan un crimen se diferencian de los falsos confesores en que suelen echar la culpa a las víctimas o a sus cómplices.

Concluyendo, analizar también las confesiones y los patrones de comportamiento verbal y no verbal que se dan en estos casos es una fuente de información de gran valor. Se consiguen puntos de referencia para la detección del engaño al conocer las diferencias comportamentales desde antes hasta después de una confesión y no solo a través de la comparación entre declaraciones falsas y veraces.

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Entrevista Cognitiva: carga cognitiva y su efecto en el comportamiento no verbal. Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “The effect of cognitive load on nonverbal behavior in the cognitive interview” de Frosina p., Logue M., Book A., Huizinga T., Amos S. y Stark S. (2018), en el cual se analiza el efecto de la carga cognitiva como productora de cambios en el comportamiento no verbal (CNV) a la hora de mentir y decir la verdad.

En la detección de la mentira se consideran varias señales no verbales como indicadoras del engaño y/o de la verdad. Sigue habiendo ciertas discrepancias sobre el valor de algunas, como mirar a los ojos o el parpadeo. También hay dudas sobre la causa y el significado de algunos gestos, como los movimientos de manos o el uso de ilustradores. ¿Cuál es la solución?

Los autores del estudio hacen hincapié en la necesidad de tener en cuenta las diferencias individuales en el análisis del CNV. Por esa razón, incluyen en su estudio una variable con posible impacto en la relación entre carga cognitiva y los cambios (o ausencia de ellos) en el CNV: los rasgos psicopáticos. Se espera que los sujetos con rasgos psicopáticos y que mienten muestren señales no verbales distintas a los que también engañan, pero no presentan estos rasgos.

El aumento de la carga cognitiva, una herramienta clave en la entrevista cognitiva, puede exagerar y, por tanto, sacar a la luz las diferencias entre mentirosos y sinceros. La razón es que para mentir hay que utilizar más energía mental para crear y mantener consistencia en una historia que no es real. Si se aumenta la carga cognitiva se quitan recursos para seguir con una mentira de manera eficiente.

Este estudio tiene el objetivo de examinar si los cambios en el CNV durante la entrevista cognitiva son consistentes con 3 posibles causas: aumento de la ansiedad, aumento de la carga cognitiva o ambas. Además, se predice que los rasgos psicopáticos se relacionarán con cambios en la expresión de señales no verbales cuando se introduce carga cognitiva.

El diseño del estudio consiste en dos condiciones: veracidad y falsa coartada. Participan 150 estudiantes asignados de manera aleatoria a cada condición. Ambas condiciones implican jugar Connect Four (Conecta 4/ 4 en Línea) y siempre juegan un participante y un investigador (I1). Mientras juegan, el investigador habla de diversos temas cotidianos. Después de 7 minutos, un segundo investigador (I2) entra en la sala (tiene su escritorio ahí), recoge un libro y se va. Juegan 5 minutos más, después de lo cual el I1 sale a hablar por teléfono. Cuando vuelve, el juego continúa y 3 minutos más tarde I2 vuelve a la sala para recoger su cartera del escritorio. Cuando la abre reclama que le faltan 10$. El I1 le cuenta que el participante ha estado muy poco tiempo solo en la sala. El I2 va a pedir ayuda a un tercer investigador (I3) para dilucidar qué ha pasado. Por último, el participante es interrogado por el I3 y antes de la entrevista se le informa de que recibirá 10$ si consigue convencer al I3 de su inocencia.

Lo anteriormente descrito representa la condición de veracidad. En la condición de falsa coartada ocurre exactamente lo mismo, excepto que a los participantes se les informa de todo lo que va a pasar, se les pide que roben los 10$ y se les instruye en la construcción de una coartada. Si consiguen convencer al I3 de su inocencia, pueden quedarse los 10$.

Como variables dependientes se miden los rasgos psicopáticos (Self-Report Psychopathy Scale: Version III, SRP-III; Williams, Nathanson & Paulhus, 2003) y se registra la frecuencia por minuto de varias señales no verbales: parpadear, gestos repetitivos, movimientos del tronco y la mirada directa (a los ojos). El aumento de la frecuencia de estas señales no verbales se considera como resultado del aumento de la ansiedad. En cambio, la disminución de la frecuencia de estas se considera como resultado del aumento de la carga cognitiva.

Se dan cinco fases en la entrevista cognitiva: línea base, contar la historia cronológicamente, contar la historia en orden inverso, volver a contarla cronológicamente y un reto. Se graban tanto las condiciones experimentales como las entrevistas.

Se encuentra apoyo para cambios provocados por la carga cognitiva. Con el aumento de la carga cognitiva la frecuencia de los gestos repetitivos disminuyó. La frecuencia del parpadeo aumentó a medida que la entrevista progresó, por lo que podría estar relacionado con un aumento de la ansiedad. Los movimientos del tronco no mostraron cambios con el incremento de la carga cognitiva. En los estudios previos se consideró que la frecuencia de la mirada directa debe aumentar con el aumento de la carga cognitiva, pero en este estudio disminuyó significativamente.

Estos resultados en conjunto muestran que los cambios en el CNV se pueden dar tanto por el aumento de la ansiedad como de la carga cognitiva y no es tan fácil predecir esos cambios. También se destacan diferencias en el CNV a lo largo de la entrevista entre los que deben mentir y los que dicen la verdad. Los que mintieron parpadearon cada vez más desde el inicio hasta el final de la entrevista, pero no hay diferencias significativas.

Se observan más cambios en los movimientos del tronco de aquellos que mienten y son significativos en el momento en el cual se debe contar la historia hacia atrás. En esta fase de la entrevista se observa también una disminución importante en la mirada directa en ambos grupos, pero con diferencias. Aquellos que mienten miran más a menudo a los ojos a lo largo de toda la entrevista que los que dicen la verdad. Los cambios más relevantes aparecen en los gestos repetitivos. Los que mienten disminuyen drásticamente el uso de estos gestos y, una vez más, el punto clave de la entrevista es cuando se debe contar la historia hacia atrás. En cambio, los que dicen la verdad mantienen un ritmo relativamente constante en el uso de gestos.

Por lo tanto, la fase de la entrevista cognitiva que requiere contar una historia hacia atrás es clave en observar los cambios en el CNV. Esto lleva directamente al impacto de la carga cognitiva y se debe subrayar que las diferencias observada ocurren en comparación con la línea base. Solo la mirada directa ha mostrado diferencias importantes también entre la fase de contar la historia cronológicamente y hacia atrás.

Por último, y en cuanto a los rasgos psicopáticos, en la fase de línea base de la entrevista cognitiva ninguna señal no verbal se ha mostrado diferente. Además, los cambios en la frecuencia de parpadeo, mirada directa y gestos fueron similares entre sujetos con y sin rasgos psicopáticos a medida que aumentaba la carga cognitiva.

Solo los movimientos del tronco aumentaron en los sujetos con rasgos psicopáticos que mintieron y, especialmente, desde la fase de contar la historia hacia atrás. Se plantea que más movimientos del tronco sirven como distractores para los demás y una ventana abierta que facilita la influencia sobre otros. Los autores consideran este hallazgo suficiente como para considerar que aún queda sobre la mesa la importancia de las diferencias individuales en el CNV (especialmente de los rasgos de personalidad).

Como conclusión, tanto la carga cognitiva como la ansiedad son importante en la tarea de determinar el CNV en el contexto de la interrogación. La mejor manera de detectar las señales no verbales indicadoras de engaño parecer ser la consideración de las diferencias individuales y, por tanto, un buen registro de la línea base del CNV.

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