Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Macrogestos (página 1 de 16)

Gestos que percibimos a media distancia, normalmente realizados con las manos y en menor medida con el resto del cuerpo

La influencia del Comportamiento No Verbal de los oponentes en los debates. Club Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “The Role of Background Behavior in Televised Debates: Does Displaying Nonverbal Agreement and/or Disagreement Benefit Either Debater?” de los autores John Seiter, Harry Weger y Andrea Jensen Harold, que analizan los efectos del comportamiento no verbal de fondo que muestran los oradores de los debates televisados con el propósito de debilitar al oponente.

Es un hecho que las personas intentan controlar sus conductas comunicativas, especialmente las señales no verbales, para crear las impresiones deseadas de sí mismas, y también de los demás. Estos intentos pueden ser más frecuentes en algunos contextos que en otros. Por ejemplo, en las campañas políticas, los candidatos a vicepresidente pueden gastar más energía promoviendo imágenes favorables de sus compañeros de carrera que de ellos mismos. Al mismo tiempo, los candidatos pueden tratar de retratar a sus oponentes bajo una contexto negativo. Dada la naturaleza altamente competitiva de las campañas políticas, la mayoría de los candidatos entienden lo importante que es aprovechar las oportunidades para gestionar las impresiones de ellos mismos y de los demás. Aunque se puede pensar que se presta más atención a lo que los candidatos dicen durante las campañas que a sus gestos, las oportunidades para gestionar las impresiones no se limitan al mundo de las palabras. Por ejemplo, en los últimos años, las transmisiones de debates políticos han seguido utilizando tecnología como pantallas divididas y subpantallas, proporcionando a los espectadores acceso a señales no verbales que de otro modo no verían (por ejemplo, las señales no verbales del hablante y el oponente en el fondo). Como tal, a los que debaten se les ha brindado la oportunidad de influir en sus audiencias incluso cuando no están hablando. Una forma en que los polemistas televisados ​​podrían verse tentados a participar en tales intentos persuasivos implica expresar el desacuerdo de manera no verbal durante el turno de su oponente al hablar. Dadas las limitaciones de tiempo inherentes a los medios televisados, intentar responder al argumento de un oponente de forma no verbal podría parecer una táctica atractiva cuando las oportunidades de respuestas verbales son limitadas.

Sin embargo, este comportamiento no siempre es agradable para los espectadores. Por ejemplo, los pesados ​​suspiros, las sacudidas de cabeza y las expresiones faciales doloridas del vicepresidente Al Gore durante las respuestas de George W. Bush en la campaña de 2000 dieron como resultado la percepción de que Gore era menos agradable. En la campaña de 2004, las expresiones faciales, muecas y contorsionadas del presidente Bush durante las respuestas del candidato John Kerry redujeron su atractivo para los votantes indecisos.

El desacuerdo no verbal parece disminuir las percepciones de credibilidad, las percepciones de lo apropiado, y las percepciones de simpatía hacia el polemista que expresa desacuerdo. Teniendo en cuenta tales críticas junto con la investigación empírica que apunta a las consecuencias negativas del comportamiento de fondo antagónico (lo explicaremos más adelante), una pregunta importante sigue siendo: ¿cómo podría un candidato obtener una ventaja al mostrar desacuerdo no verbal durante el turno de palabra de un oponente y al mismo tiempo evitar el efecto negativo de dicho comportamiento? El propósito del estudio que resumimos a continuación es examinar la suma de comportamientos no verbales que expresan el acuerdo junto con los signos de desacuerdo no verbal como una táctica para mitigar las posibles consecuencias negativas de expresar únicamente el desacuerdo. Además, este estudio amplía el trabajo existente al explorar si el comportamiento de fondo mostrado por los participantes en el debate afecta las percepciones de la audiencia sobre el resultado del debate.

Hay al menos dos razones por las cuales una combinación de acuerdo y desacuerdo podría ser una táctica efectiva. En primer lugar, en lugar de ser percibido como una acción intencional de frustrar al que habla, un equilibrio entre el acuerdo y el desacuerdo podría simplemente verse como una reacción natural abierta a lo que el hablante está diciendo. Como resultado, el comunicador no verbal podría ser visto como menos antagónico y, a su vez, más creíble y apropiado. En segundo lugar, la investigación sobre conflictos maritales sugiere que la influencia de conductas negativas sobre las percepciones mutuas de los socios y la relación puede reducirse cuando los socios también muestran comportamientos positivos. Uno de esos comportamientos positivos identificados en la investigación conyugal es el acuerdo de comunicación.

Eso si, hay que estudiar si cuando el oponente (que no tiene turno de palabra) realiza comportamientos de estar de acuerdo, la audiencia puede llegar a percibir que el hablante es especialmente creíble y persuasivo. Para analizar todo esto, el estudio toma las siguientes hipótesis:

Hipótesis 1: un polemista será percibido como significativamente (a) menos creíble, y (b) menos apropiado cuando muestre un desacuerdo no verbal moderado o constante durante el discurso de un oponente que cuando muestre una expresión neutral durante el discurso del oponente.

Hipótesis 2: un polemista será percibido como significativamente (a) más creíble, y (b) más apropiado cuando el oponente del hablante muestra un desacuerdo no verbal moderado o constante que cuando el oponente del hablante muestra una expresión neutral.

Cuestión 1: ¿Se considerará que el polemista es más o menos creíble, apropiado y / u objetivo cuando un polemista muestra tanto el acuerdo no verbal como el desacuerdo durante el discurso del oponente en comparación con mostrar solo un desacuerdo no verbal?

Cuestión 2: ¿Se verá al polemista como más o menos creíble, apropiado y / u objetivo cuando un polemista muestra tanto el acuerdo como el desacuerdo durante el discurso del oponente en comparación con mostrar una expresión facial neutral?

Cuestión 3: ¿El comportamiento no verbal de un polemista televisado durante el discurso de un oponente afecta las percepciones de la audiencia acerca de las habilidades de debate de los debatientes?

Cuestión 4: ¿El comportamiento no verbal de un polemista televisado durante el discurso de un oponente afecta las percepciones de la audiencia sobre quién ganó el debate?

Cuestión 5: ¿El comportamiento no verbal de un polemista televisado durante el discurso de un oponente afecta las percepciones de la audiencia de la medida en que se ganó un debate?

Cuestión 6: ¿La percepción de sesgo media la asociación entre el comportamiento no verbal y la credibilidad percibida?

Para resolver todas estas cuestiones, se consiguió la participación de 151 alumnos (72 hombres y 79 mujeres, rango 18-36 años, edad media: 22 años) de cursos universitarios de comunicación. Cada participante recibió 1 crédito por ser voluntario para juzgar un debate televisado y completar un cuestionario después.

Dos estudiantes femeninas (ambas de 21 años), que habían completado un curso de argumentación en el semestre anterior y que eran aproximadamente equivalentes en sus habilidades de debate, se ofrecieron como oponentes en cuatro versiones de un debate grabado en vídeo. Las cuatro versiones contenían la misma toma de introducción de 7 segundos que mostraba a ambos debatientes sentados en lados opuestos de una tribuna. Las cuatro versiones también compartieron las mismas imágenes de ambos debatientes hablando. El primer polemista abogó por una legislación que exija que las estaciones de televisión cumplan con sus responsabilidades educativas con los niños; su oponente argumentó en contra de este plan. Debido a consideraciones prácticas (por ejemplo, queríamos dejar suficiente tiempo para que los participantes vean el debate y completen cuestionarios), cada participante debatió una sola vez. El discurso del orador 1 duró 6 min 47 s. El orador 2 duró 6 min 59 s. Con el fin de proporcionar a la audiencia vistas de ambos debatientes al mismo tiempo, este estudio utilizó subpantallas, mostrando al polemista en un formato de pantalla completa, mientras que el oponente que no hablaba se mostró en subpantallas más pequeñas que aparecían en la esquina inferior izquierda o derecha de la pantalla completa. Cada vez que el Orador 2 aparecía en la pantalla secundaria, no mostraba ninguna reacción no verbal (es decir, mostraba una expresión neutral denominada «cara de piedra»).  En contraste, cada versión del debate difería en el papel que le otorgaba el Orador 1. Una de las versiones no mostró desacuerdo de fondo por su parte, dos mostraron diferentes grados de desacuerdo de fondo, y una mostró una combinación de acuerdo y desacuerdo. Específicamente, las versiones del debate representaban las siguientes cuatro condiciones: (1) subpantallas mostraban que el Orador 1 permanecía impactado durante el discurso de su oponente; (2) subpantallas mostraron al Orador 1 demostrando un nivel moderado de desacuerdo no verbal durante el discurso de su oponente; (3) subpantallas mostraron al Orador 1 demostrando un desacuerdo no verbal casi constante durante el discurso de su oponente; y (4) subpantallas mostraron al Orador 1 demostrando tanto el acuerdo no verbal como el desacuerdo no verbal durante el discurso de su oponente.

El Orador 1 comunicó el desacuerdo con el Orador 2 mediante el uso de comportamientos silenciosos, como sacudir la cabeza de izquierda a derecha, poner los ojos en blanco, sonreír y pronunciar palabras (por ejemplo, «¿Qué?» Y «No»). En la cuarta condición, el Orador 1 expresó su acuerdo con el Orador 2 ya sea por un simple asentimiento con la cabeza o expresando consideración reflexiva usando una expresión facial contemplativa que termina con una mirada hacia arriba seguida de un leve movimiento de cabeza y apretando los labios como diciendo » Ok, estoy de acuerdo con eso «.

En las cuatro condiciones, las subpantallas que muestran al Orador 1 aparecieron cinco veces durante el discurso de su oponente (a aproximadamente 35 s, 1 min 56 s, 2 min 53 s, 5 min 15 s, y 6 min 33 s en el discurso) y duraron un promedio de 36 s.
En condición 2 (desacuerdo moderado), el presentador 1 mostró desacuerdo no verbal (durando unos 6 s) mientras se mostraba en las dos primeras y dos últimas subpantallas apareció durante el discurso de su oponente. Ella permaneció con cara de piedra durante el resto de su aparición en las subpantallas.
En la Condición 3 (desacuerdo constante), el Orador 1 mostró un desacuerdo no verbal en las cinco subpantallas durante casi toda la duración de cada subpantalla.
En la Condición 4 (acuerdo más desacuerdo), el Orador 1 mostró un desacuerdo no verbal (que duró unos 6 s) en la primera y última subpantalla y acuerdo no verbal (que duró unos 6 s) en la segunda y cuarta subpantallas.

Los estudiantes seleccionaron uno de cuatro períodos de tiempo para ver un debate. Cada versión de debate fue asignada aleatoriamente a una de las cuatro sesiones. Los estudiantes, en grupos de aproximadamente 12 a 20, vieron una de las cuatro versiones del debate (cara de piedra = 19 hombres, 17 mujeres y 2 que no informaron el género; desacuerdo moderado = 18 hombres y 22 mujeres; desacuerdo constante = 15 hombres y 25 mujeres, acuerdo más desacuerdo = 18 hombres y 15 mujeres). Cada versión de debate se proyectó en color en una pantalla grande (178 cm2). A los estudiantes solo se les dijo que debían juzgar el debate. Después del debate, completaron un cuestionario que contenía las medidas dependientes, y luego se les agradeció por participar.

Los factores medidos fueron los siguientes:

Credibilidad del orador. La credibilidad de los debatientes se midió utilizando un instrumento cuya escala está compuesta por 15 elementos diferenciales semánticos de 7 puntos que miden cinco dimensiones de credibilidad: Carácter, Sociabilidad, Competencia, Composición y Extroversión. La escala para cada dimensión se calculó sumando los ítems.

Oportunidad. Se utilizó una herramienta capaz de evaluar las percepciones de la audiencia acerca de la idoneidad de los debatientes. La medida incluye cinco ítems semánticos diferenciales de 7 puntos (por ejemplo, el comportamiento del polemista fue apropiado / inapropiado o apropiado / impropio).

Habilidad de debate. Las percepciones de los participantes sobre las habilidades de debate de los oradores se evaluaron con elementos del “Cuestionario de Debates de la Asociación Americana de Medicina Forense” utilizada comúnmente por los jueces en los torneos de debate intercolegial. El cuestionario incluye una serie de ítems con escalas de 5 puntos, cada una de las cuales evalúa Análisis, Razonamiento y Evidencia.

Objetividad. El grado en que un polemista parecía objetivo se evaluó mediante respuestas a dos ítems semánticos diferenciales de 7 puntos (sesgado / imparcial y unilateral / considera otros puntos de vista). Debido a que esta variable es interesante para aplicaciones prácticas, aunque las escalas con solo dos ítems generalmente tienen puntuaciones de confiabilidad más bajas, la variable se mantuvo para el análisis.

Resultado del debate. Finalmente, los participantes informaron sus percepciones sobre el resultado del debate al indicar a quién creían que habían ganado (Orador 1 o 2) y al indicar en una escala de 7 puntos el grado en que acordaron que un debate fue el ganador del debate ( 1 = ganó el primer orador, 7 = ganó el segundo orador).

Los resultados fueron los siguientes:

Las hipótesis 1a y 1b predijeron que mostrar un desacuerdo no verbal de fondo (a diferencia de una expresión neutral, es decir, «con la cara de piedra») llevaría a percepciones menos favorables de la credibilidad y adecuación del Orador 1. Para probar esta hipótesis, los análisis de contraste se calcularon comparando la combinación de calificaciones en las condiciones de desacuerdo moderado y constante con las de la condición de “cara de piedra” enfrentada para cada una de las variables dependientes. Los análisis de contraste indicaron que el Orador 1 recibió valoraciones significativamente más bajas sobre la adecuación y las dimensiones de credibilidad de sociabilidad, competencia y carácter cuando mostraba desacuerdo durante el discurso de su oponente que cuando permanecía con cara de piedra.

Las hipótesis 2a y 2b predijeron que el Orador 2 se percibiría como más creíble y apropiado cuando su oponente mostrara un desacuerdo moderado o constante en comparación con el oponente que permanecía con la cara de piedra. No se encontraron efectos significativos para las percepciones de sociabilidad, compostura, competencia o carácter del Orador 2. Contrario a la predicción inicial, el desacuerdo no verbal mostrado por parte del polemista que no hablaba redujo la percepción del público de la extroversión del Orador 2. Y también, contrariamente a la predicción, el desacuerdo del Orador 1 no aumentó las percepciones de la idoneidad del Portavoz 2.

En cuanto a las cuestiones 1 y 2, preguntan si el acuerdo más la condición de desacuerdo, en comparación con las condiciones de desacuerdo y la condición de piedra, aumentarían o disminuirían las calificaciones de la credibilidad del orador y/o oponente. Para responder la primera pregunta de investigación, los análisis indicaron que mostrar tanto el acuerdo como el desacuerdo no dio lugar a diferencias en las percepciones de la credibilidad para cualquier debate en relación con las condiciones de desacuerdo. Para abordar la segunda pregunta de investigación, se calcularon los contrastes que comparaban el acuerdo más la condición de desacuerdo con la condición de “cara de piedra”. Los resultados indicaron que mostrar acuerdo más desacuerdo se asoció con percepciones de menor sociabilidad, menos carácter y menos adecuación para el Orador 1 en comparación con cuando permaneció con cara de piedra. Para el Orador 2, los resultados indicaron que la muestra de acuerdo de su oponente más desacuerdo, en comparación con el resto de la “cara de piedra”, no afectó las percepciones de su credibilidad. Sin embargo, el análisis de contraste planeado reveló que la conveniencia del Orador 2 se consideró mayor cuando su oponente mostró una mezcla de acuerdo y desacuerdo que cuando su oponente permaneció con cara de piedra.

La tercera pregunta de investigación preguntó si el comportamiento no verbal del Orador 1 estaría asociado con las percepciones de la audiencia acerca de la habilidad del argumento de los debatientes. No hubo diferencias estadísticamente significativas entre las condiciones en los juicios sobre las habilidades de argumentación del Orador 1. Sin embargo, la presentación de acuerdo más desacuerdo del Orador 1 se asoció con un aumento percibido en las habilidades de argumentación de su oponente (es decir, el Orador 2) en relación con cuando el Orador 1 mostró desacuerdo moderado. Las diferencias entre el acuerdo más la condición de desacuerdo, la cara de piedra y las constantes condiciones de desacuerdo se aproximaron, pero no alcanzaron, los niveles de significancia convencionales para las percepciones de la habilidad de debate del Orador 2 (p = .081 y .079 respectivamente)

La cuarta pregunta de investigación pregunta si el comportamiento no verbal mostrado por el Orador 1 estaba relacionado con las percepciones de quién ganó el debate. Las percepciones de quién ganó el debate son independientes de las condiciones experimentales. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que, si bien el valor crítico no alcanzó los niveles convencionales de importancia, el público tuvo 10 veces más probabilidades de juzgar al Orador 2 como el ganador del debate en el comportamiento de acuerdo más desacuerdo, mientras que en las tres condiciones restantes, el Orador 2 tenía solo tres veces más probabilidades de ser juzgado como el ganador del debate.

La quinta pregunta de investigación preguntó si la conducta de fondo del Orador 1 estaba asociada con las percepciones de la audiencia acerca del grado en que el debate fue ganado por cualquiera de los debatientes. El público percibió que el Orador 2 ganó el debate por un margen mayor en la condición de acuerdo y desacuerdo en comparación con el desacuerdo moderado y las condiciones de constante desacuerdo. La condición de la cara de piedra no difirió significativamente de ninguna de las otras condiciones en este análisis.

Para responder a la sexta pregunta de investigación, para probar el efecto del comportamiento no verbal de fondo sobre la credibilidad del hablante, la variación del orador 1 en el comportamiento no verbal de fondo predijo las percepciones de la audiencia sobre su sociabilidad, carácter y adecuación. Las condiciones de desacuerdo moderado y constante se asocian con percepciones de objetividad de la audiencia significativamente más bajas que las condiciones de enfrentamiento y acuerdo más desacuerdo. Sin embargo, las condiciones de cara de piedra y acuerdo más desacuerdo no difieren entre sí. La sociabilidad, el carácter y la idoneidad percibidos están todos asociados positivamente con la objetividad percibida.

Teniendo en cuenta estos resultados concluimos que es desaconsejable expresar demasiados desacuerdos no verbales mientras un oponente tiene la palabra. Los resultados e investigaciones previas indican que una pequeña cantidad de desacuerdos no verbales podría ser aceptable para la mayoría de los miembros de la audiencia, pero el uso frecuente de comportamientos como sacudidas de cabeza, suspiros, y similares empeoran las percepciones de la audiencia sobre la propia credibilidad a lo largo de muchas dimensiones. Peor aún, un desacuerdo no verbal fuerte y frecuente puede aumentar las percepciones de la audiencia sobre algunas dimensiones de la credibilidad del oponente. También encontramos que agregar algunas expresiones de acuerdo no verbales al tiempo que expresaba desacuerdo no parecía crear una ventaja para el polemista que participaba en tales conductas. De hecho, agregar expresiones de acuerdo no verbal parece ser contraproducente y, en algunos casos, empeorar la reacción de la audiencia hacia el polemista.

El impacto del lenguaje no verbal en la enseñanza. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “The impact of the teachers’ non-verbal communication on success in teaching”, de los autores Fatemeh Bambaeeroo y Nasrin Shokrpour, de la Universidad de Shiraz (Irán), que evalúan la influencia positiva del lenguaje no verbal de los profesores en la enseñanza.

La comunicación es un pilar esencial en el desarrollo social, pero es especialmente importante en los profesionales de la enseñanza. Un buen profesor ha de tener la capacidad de comunicarse de forma efectiva con sus estudiantes, de lo contrario, por muy competente que sea en su campo, no logrará enseñar de forma satisfactoria. La comunicación no verbal es a menudo más sutil y eficaz que la comunicación verbal, y puede llegar a transmitir el significado mejor que las propias palabras. Por ejemplo, una sonrisa genuina explicita los sentimientos mejor que cualquier explicación sobre la felicidad. Por tanto, esta conversación silenciosa es de gran importancia en las interacciones cotidianas e influye en nuestros encuentros sociales y profesionales.

De acuerdo con los estudios realizados, la mayor parte de la información se transfiere a través de la compleja combinación de la postura, la prosodia, la proxémica, los gestos y las expresiones faciales. Por otro lado, el efecto de la mayor parte del lenguaje corporal actúa a nivel inconsciente del destinatario, es decir, el destinatario recibe los profundos efectos de la emisión pero sin ser consciente de ello. Por lo tanto, las personas que tienen la capacidad de utilizar estas habilidades tienen el potencial para guiar a otros en una dirección particular para lograr sus objetivos, y precisamente por esta razón la mayoría de las interacciones humanas implican la comunicación no verbal. El lenguaje corporal tiene el poder de transferir las actitudes y sentimientos de las personas a los demás y en muchos casos puede ser incluso más eficaz que los mensajes verbales.

En el campo de la enseñanza, sin duda una de las principales características de los buenos maestros es buena habilidad de comunicación en el aula: La administración del aula y la resolución constructiva de conflictos en ella requieren buenas habilidades de comunicación, siendo fundamentales las habilidades no verbales. Mediante un buen uso del lenguaje no verbal, los profesores pueden desempeñar un papel importante en el éxito de sus estudiantes. A través del uso de un lenguaje no verbal, los maestros llaman la atención de los estudiantes a una mayor comprensión y motivan a los estudiantes e incluso logran conectar con los estudiantes aburridos.

El lenguaje no verbal de los profesores puede ser eficaz si los estudiantes pueden ver al maestro en lugar de que éste esté oculto tras una mesa o de cara a la pizarra dándoles la espalda. El mejor lugar para el profesor en clase está de pie cerca de su mesa y donde todos los estudiantes puedan verlo. No debe poner las manos en los bolsillos, ya que esto limita su movimiento y expresividad. Dejar las manos libres indica la disposición de los maestros para comunicarse con sus estudiantes. No hace falta que se quede estático en su sitio, pero si siempre cambia su lugar físicamente en la clase el foco atencional de los alumnos se reducirá y el proceso de aprendizaje no procederá. Otro punto importante es que el maestro debe mirar a los estudiantes individualmente. De lo contrario, los estudiantes tendrán la impresión de que el profesor les está haciendo caso omiso, por lo que el efecto de mirar al público individualmente es innegable.

La forma correcta de abordar al estudiante es que el maestro no debe apuntar al estudiante con el dedo cuando se le hace una pregunta porque el estudiante puede sentir ansiedad en este caso. No olvidemos que señalar, dentro del lenguaje no verbal, parece una acusación. El mejor método es que el profesor se acerque un poco al estudiante, le mire directamente y le señale con la mano abierta, como una invitación a contestar.

Tras una revisión sobre distintos artículos que evalúan el éxito académico y la motivación para aprender en relación al lenguaje no verbal de los profesores con sus alumnos se encontró una evidente relación positiva entre ambos factores. ¿Y acaso no es obvio? Ni el más motivado de los alumnos soportaría varias horas escuchando a alguien que no le mira a los ojos, que habla desganado y sin pasión, que no le hace partícipe o le haga sentir acusado o intimidado cada vez que participa en clase. Un apropiado lenguaje no verbal es esencial para cualquier comunicación y el aprendizaje es uno de los procesos comunicativos más importantes.

Evidencias de la personalidad y la agresividad en la biomecánica de la marcha. Club del Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Evidence of Big Five and Aggressive Personalities in Gait Biomechanics”, de los autores Liam Satchell, Paul Morris, Chris Mills, Liam O’Reilly, Paul Marshman y Lucy Akehurst, de la Universidad de Portsmouth (Inglaterra), que tratan de demostrar como la personalidad y la agresividad se manifiestan a través de la forma de caminar.

Un completo desconocido en mitad de la calle, no sabemos nada de él. Y sin embargo, unos pasos inseguros parecen decirnos que es tímido. O su forma de andar rápida y vigorosa parece gritar que está enfadado. ¿Expresa nuestro cuerpo realmente cómo somos o cómo nos sentimos? Gran parte de la investigación en lenguaje no verbal se ha centrado en la cara y en los microgestos, incluso en la postura, la posición y hasta el tono de voz. ¿Pero qué pasa con nuestra forma de andar cotidiana? ¿Acaso no sería de interés poder prever las intenciones de una persona sólo viendo su forma de acercarse a nosotros?

Con la intención de arrojar luz sobre ese ámbito, se realizó un análisis exploratorio teniendo como únicas hipótesis que encontraríamos más rotación de la pelvis en mujeres y una mayor rotación del tórax en los hombres además de mayor agresividad. Respecto a la personalidad, no se hicieron hipótesis en firme.

Se reclutaron 29 participantes para el estudio, 16 de los cuales eran hombres con una media de 21 años. Se les pedía que se subieran a una cinta de correr y, tras ponerla en su velocidad de paseo normal, dieran un paseo en ella para familiarizarse. Después se les añadían unos marcadores reflectantes de 12 mm de diámetro en ambos hombros, una en la horquilla esternal (bajo el cuello), en las crestas ilíacas anteriores (cadera); y en la parte de atrás del cuerpo, crestas ilíacas posteriores (zona lumbar) y en la parte alta de la columna, ladeado hacia la derecha. De manera que se tenían puntos de referencia del tórax, de la pelvis y general. Se utilizaron además marcadores adicionales en las piernas y en los pies para identificar los ciclos de la marcha a pie. Primero se les midió durante 10 segundos estando quietos para hacer un modelo de su cuerpo y luego tuvieron que caminar 60 segundos en la cinta. Junto con las cámaras y los software de captura del movimiento se analizaron las formas de caminar de los participantes.

Posteriormente se les pasarabn dos cuestionarios. En primer lugar, el cuestionario de agresión de Buss-Perry que mide cuatro subescalas: la tendencia a la agresión física, a la agresión verbal, la disposición a la ira y la hostilidad hacia los demás. Y, en segundo lugar, hicieron el inventario de personalidad conocido como Big Five, dado que es el más ampliamente aceptado e investigado en diferencias individuales. Los cinco rasgos que mide son: la extraversión, la apertura a la experiencia, la responsabilidad, el neuroticismo y amabilidad.

Se analizaron por separado los resultados de hombres y mujeres, basándose en estudios anteriores. Respecto a la agresión, se encontró que los movimientos por separado del tórax y de la pelvis no indicaban nada, pero era el grado de rotación entre ambos el que reflejaba agresión física, especialmente en mujeres. Es decir, cuando andamos, al mismo tiempo que avanzamos el pie derecho y la cadera derecha, el cuerpo se equilibra avanzando el hombro y el brazo izquierdos, y viceversa. En la gente agresiva, el grado en que se marcan los movimientos es más pronunciado. Donde se encontró correlación para los hombres y la agresividad fue en la velocidad de la marcha: cuanto más veloces, más violentos.

Aunque se esperaba encontrar relación con la extraversión, los resultados no fueron consistentes. Sin embargo, se encontró relevancia en los datos para la amabilidad y la responsabilidad, aunque no saben justificar por qué. Es posible que la personalidad se filtre a la marcha, por ejemplo, adoptando un estilo más confiado de caminar. Pero aún debe investigarse si la marcha afecta a la personalidad o viceversa. Lo que está claro es que, aunque se tenga por un proceso automático, es un reflejo de la psicología individual y aún puede encontrarse mucha información en este ámbito. ¿Podríamos en un futuro preveer los delitos o las agresiones por la forma de caminar de los atacantes?

Posturas previas a la entrevista de trabajo. Club Lenguaje No Verbal.

Four different poses of one woman waiting for interview. Sitting in office on chair.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en ocasión les presentamos un resumen del artículo “Preparatory power posing affects nonverbal presence and job interview performance”, de los autores Amy J.C. Cuddy y Caroline A Wilmuth, de la universidad de Harvard, Andy J. Yap, del INSEAD, y Dana R. Carney, de la University of California, que analiza la relación entre la adopción de posturas y el posterior desempeño de entrevistas de trabajo.

Las investigaciones han indicado que las posturas expansivas y abiertas reflejan en primates y humanos un alto potencial, mientras que aquellas posturas contraídas y cerradas reflejan un potencial bajo. Un ejemplo muy visual podría ser el instante en que un atleta cruza la línea de meta. Espontáneamente, los deportistas adoptan una posición en “V”, con los brazos y el pecho expandidos, en el caso de haber ganado. Sin embargo, aquellos que no lo hacen, dejan caer sus hombros y contraen el pecho. Lo mismo sucedería en el caso de los chimpancés con alto estatus (que inflaman su pecho) frente a los de bajo estatus (que contraen el cuerpo).

En ambos casos, los investigadores señalan que la adopción de posturas expansivas dispara sensaciones de poder, confianza, autoestima, tolerancia al riesgo, buen humor, tolerancia al dolor y reducción de sentimientos de miedo. Se ha demostrado incluso que estas posturas aumentan la segregación de testosterona, hormona asociada a las conductas de dominancia y búsqueda de estatus, reduciendo a su vez el cortisol, hormona asociada al estrés, el bajo estatus social y el desarrollo de conductas de sumisión.

Con estos planteamientos en mente, se plantea una encrucijada: en los momentos previos a una evaluación social estresante (por ejemplo, una entrevista), mucha gente adopta sin ser conscientes posturas no verbales que pueden causar en ellos una sensación de debilidad, muy probablemente debido al miedo ante el evento, al estrés, o a la intención de controlar y no mostrar sus carencias durante el mismo. ¿Cómo afecta, por tanto, la adopción de esta posición (y la sensación que transmite) al desempeño del individuo durante la posterior evaluación? ¿Podría permitir la adopción de una postura de “poder” justo antes de la entrada a la misma influir en el desempeño y los resultados del individuo de manera positiva? Este es el objetivo de la investigación que nos ocupa, la cual analizará la adopción de posturas y sus consecuencias en una entrevista de trabajo, quizá la experiencia de estrés social más comúnmente afrontada.

Postura abierta vs postura cerrada - club lenguaje no verbalPara ello, 61 estudiantes fueron asignados a dos grupos aleatoriamente: algunos dedicados a adoptar posturas abiertas (brazos en jarra y piernas levemente separadas), y otros a adoptar posturas cerradas (brazos cruzados cogiendo la cintura, una pierna cruzando la otra mientras se deja el peso sobre una). Estos estudiantes mantuvieron esta pose durante 5-6 minutos mientras preparaban su discurso para la entrevista de trabajo. Posteriormente, y tras ser grabados, se continuó analizando su discurso mientras adoptaban una postura libre, para finalizar con los participantes rellenando un cuestionario sobre cómo se sentían en lo referente a dominancia, control, poder y liderazgo.

Los investigadores analizaron, mediante un análisis ANOVA, el efecto de la adopción de las dos posibles posturas en el desarrollo de la actividad. Tal y como se hipotetizó por parte de los autores, los observadores consideraron que aquellos que prepararon la entrevista con una postura abierta (de poder) desarrollaron la entrevista de trabajo de una manera significativamente mejor que aquellos que adoptaron una postura cerrada (de debilidad). A su vez, aquellos con una pose más abierta trasladaron, según sus resultados, haber tenido una sensación de confianza significativamente mayor que el otro grupo. Ni el género ni la raza afectaron a las variables.

Este experimento demostró que la postura adoptada en los momentos preparatorios antes de afrontar una evaluación social (por ejemplo, una entrevista de trabajo) influyó en los pensamientos de los evaluadores, así como en sus decisiones. Comparado con aquellos que mantuvieron posturas de debilidad, aquellos que mantuvieron posturas de poder aparentaron mantener mejor la compostura, proyectar más confianza, y realizaron discursos más cautivadores y entusiastas.

Gestos y medios de transmisión en la enseñanza. Club Lenguaje No Verbal.

Gestos y medios de transmision en la enseñanza - club lenguaje no verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en ocasión les presentamos un resumen del artículo “Gesture in Instruction: Evidence from Live and Video Lessons”, de los autores Theodora Koumoutsakis, de la University of Chicago, Ruth Breckinridge Church y Saba Auman-Nolley, de la Northeastern Illinois University, Martha W. Alibali, de la University of Wisconsin-Madison, y Melissa Singer, de la Bridgewater State University, que analiza la influencia de gestos y medio de transmisión en la enseñanza.

Los profesores suelen utilizar gestos durante sus explicaciones, los cuales suelen consistir en movimientos de las manos que acompañan al discurso, como parte de su comunicación para la instrucción. Cuando los investigadores evaluaron si estos gestos influían en el aprendizaje de los estudiantes, encontraron que los resultados aportaban abundante evidencia sobre la influencia de los gestos en la comprensión del discurso. Por tanto, este influencia de los gestos en la comprensión de lo que estaban escuchando determinó, por tanto, que los alumnos veían mejorado su aprendizaje.

Sin embargo, y pese a todo el aporte científico que apuntaba que el aprendizaje mejoraba en presencia de gestos, muy pocas investigaciones se realizaron teniendo en cuenta otros elementos del proceso de transmisión de conocimientos. Estos podrían llegar incluso a afectar al aprendizaje como limitadores, provocando una reducción del aprendizaje incluso aunque se utilizasen gestos. Esta investigación, centrada en la posibilidad de influencia de variables externas al aprendizaje y a su mejora a través de los gestos, decidió introducir una nueva variable para conocer su influencia: la presencialidad o no del profesor durante el aprendizaje. Esto es debido a que el medio utilizado para trasladar información instruccional parece haber sido identificado como una variable importante por ciertos autores como variable de influencia en el aprendizaje. Si los gestos mejoran la transmisión de información, tal y como los datos demuestran, entonces deberían seguir mejorando la transmisión de información incluso aunque el medio sea distinto.

Para poner en práctica esta afirmación, se decidió crear cuatro grupos y compararlos. Los mismos fueron divididos según el medio utilizado para transmitir la información (transmisión presencial contra transmisión grabada) y según la presencia o no de gestos. 63 niños de tercer y cuarto grado (entre 7 y 10 años) fueron seleccionados como parte de la muestra, siendo divididos entre cada equipo de manera totalmente aleatoria. A través de un control muy estricto, los investigadores se aseguraron de que las variables de las clases fueran similares excepto por la condición experimental que cambiaba en cada caso.

Los resultados fueron sorprendentes para los propios investigadores: los gestos mejoraban el aprendizaje de los niños en general, pero al introducir la variable medio, tan solo mejoraban de manera significativa el aprendizaje a través de las clases grabadas. ¿A qué se debió esto? Los investigadores teorizaron que esto podría ser debido a que la introducción de gestos en el vídeo provocaría que los niños prestasen atención a los mismos, estando más atentos al discurso presentado y por tanto focalizándose en el mismo.

Dado el desarrollo que la educación online ha sufrido durante los últimos años (la cual ha aumentado, haciéndose cada vez más y más común), los resultados de esta investigación pueden resultar interesantes para analizar cómo los videos son procesados por las personas que aprenden de los mismos, con el fin de mejorar el impacto de la instrucción. Los investigadores plantearon, por último, que los diseñadores de los cursos no deberían limitarse a grabar a los profesores como “cabezas parlantes”, sino que deberían enseñarles a incorporar gestos a sus discursos.

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