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Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

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Gestos que percibimos a media distancia, normalmente realizados con las manos y en menor medida con el resto del cuerpo

Coherencia comunicativa: qué dices y cómo lo dices son igual de importantes. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “How verbal-nonverbal consistency shapes the truth” de ten Brinke L. y Wisbuch M. (2020), en el cual se analiza la coherencia entre el lenguaje verbal y no verbal como característica de importancia en el proceso de comprensión de un mensaje y en las evaluaciones de veracidad de dicho mensaje.

Cuando nos comunicamos con otros cara a cara, la comprensión de cada mensaje implica oír y ver. A lo largo de la historia de la humanidad, las personas se han comunicado mayoritariamente en base a esta integración de información multimodal y, por tanto, a través de lo verbal y de lo no verbal.

Actualmente, aunque utilicemos muchas herramientas digitales para comunicarnos, hay cierta preferencia para aquellas que permiten esta integración. Por ejemplo, ver un video es más preferible que escuchar un podcast.

Utilizar mensajes de texto o hablar por teléfono no implican una comunicación a través de varias modalidades sensoriales. No obstante, como ya explicamos en otros artículos de blog, tampoco conllevan una ausencia total de señales que desempeñen el papel de lenguaje no verbal.

En cualquier caso, los autores del estudio antes mencionado proponen que la comunicación en la que se permite escuchar lo verbal y observar lo no verbal da lugar a mayor facilidad de comprensión. Esta facilidad significa que la comprensión de un mensaje es un proceso fluido. La fluidez, a su vez, impactaría en las evaluaciones que se hacen del mensaje, por ejemplo, si es veraz o no.

La fluidez de comprensión tendría un papel mediador entre la coherencia verbal y no verbal de un mensaje y las evaluaciones que el receptor hace de dicho mensaje. Cuando hay incoherencia entre lo verbal y lo no verbal, el mensaje no se entrega de la manera adecuada. Por ello, también es probable que las evaluaciones sean otras que las intenciones comunicativas del mensaje.

Y ¿por qué? La fluidez que experimentamos en nuestra comprensión de un mensaje puede indicarnos varias cosas.  Que lo que el emisor dice nos es familiar, frecuente, perceptible o atractivo. Y más importante aún, que el mensaje es veraz.

Por ejemplo, si hacemos una pregunta moviendo la cabeza de un lado a otro, ello puede ser incoherente en nuestra cultura, mezclando interrogación con negación. El receptor del mensaje puede sentir confusión y no saber responder a ello.

Si decimos tenía muchas ganas de verte con los brazos cruzados y el cuerpo rígido, también es posible que nuestro interlocutor experimente dudas de la veracidad de esa frase. También cabe destacar en este contexto el conocidísimo efecto McGurk.

Puede que la incoherencia entre el lenguaje verbal y el no verbal no afecte siempre a la (percepción de) comprensión per se del mensaje. No obstante, impediría una integración adecuada de dicho mensaje (fluidez) y, por ello, puede afectar en las evaluaciones posteriores. Por tanto, parece lógico considerar que la coherencia comunicativa es una característica importante del comportamiento de comunicación.

Si la coherencia comunicativa influye en si un mensaje nos parece veraz o engañoso, puede que también sea una característica clave a estudiar en el contexto de la detección del engaño. En cambio, en los estudios de detección de la mentira, el objeto de análisis ha sido mayoritariamente el lenguaje verbal y no verbal de manera aislada. ¿Qué pasaría si se estudian de manera conjunta? Vamos a verlo.

En un primer estudio, los participantes deben observar videos en los cuales una persona está contando que alguien en particular le cae bien.  En algunos de estos videos, dicha persona dice la verdad y, en otros, miente.

Los 61 participantes del estudio se dividen en 3 grupos. Un primer grupo evalúa la coherencia comunicativa del emisor. Ello requiere evaluar el grado en el que el comportamiento visible (no verbal) de los emisores es consistente con lo que han dicho (verbal).

Un segundo grupo evalúa la fluidez de comprensión basada en los mensajes en video. Y ello requiere que cada participante informe de la facilidad que ha experimentado para entender cada mensaje. El tercer grupo no observa los videos, sino sus transcripciones. También evalúa la fluidez de comprensión de los mismos mensajes, pero basada en lenguaje escrito.

Los resultados de estas primeras mediciones indican que la coherencia comunicativa sí tiene efectos en la fluidez de comprensión, pero dichos efectos varían de un individuo a individuo.  Es decir, no se trata de un efecto universal. Además, la coherencia comunicativa que percibieron los participantes no fue diferente en función de si en los videos se contaba una verdad o una mentira. Si la coherencia comunicativa sería un indicador de verdad, los participantes deberían percibir fluidez de comprensión solo para aquellos mensajes veraces.

Puede ser que la fluidez de comprensión solo se base en lo verbal.  Es decir, al emitir un mensaje fácil de comprender haría que el lenguaje verbal y no verbal del emisor sean coherentes entre sí. En este caso, la veracidad del mensaje no tendría un efecto diferencial en la coherencia comunicativa. Por tanto, los participantes no detectarían ni coherencia ni fluidez de comprensión de manera diferencial en función de la veracidad de los mensajes.

Si esto es así, deberían haberse observado las mismas asociaciones cuando se trata de mensaje escritos. En cambio, los resultados indican que las evaluaciones de las transcripciones de los videos no muestran las mismas asociaciones. De hecho, se observa que la fluidez de comprensión en video-mensajes ha sido significativamente mayor que en los mensajes transcritos. Por tanto, el lenguaje no verbal sí puede mejorar la comprensión, aunque no siempre.

Todas las relaciones observadas en el primer estudio no son más que asociaciones sin dirección ni causalidad. Por ello, se desarrolla un segundo estudio con 95 participantes, más orientado a las evaluaciones de la veracidad y que busca establecer relaciones causales entre las variables.

En este caso, se manipula la coherencia comunicativa de video-mensajes veraces. La manipulación consiste en hacer que el canal audio se retarde 600 milisegundos con respecto al canal video.  Por tanto, los participantes observan videos alineados verbal y no verbalmente (sin manipulación), así como no alineados. Después de ver cada video, evalúan si el emisor del mensaje dice la verdad o miente.

Se registraron muchas más evaluaciones de veracidad para los videos alineados que para los no alineados. En este caso, la coherencia comunicativa muestra su impacto, porque aquellos videos no manipulados contienen mensajes coherentes verbal y no verbalmente. Por tanto, ya se podría hablar de una relación causal: la coherencia comunicativa causa evaluaciones de veracidad de los mensajes que la contienen.

El posible papel mediador dela fluidez de comprensión no ha sido objeto directo de este segundo estudio, por lo que se desarrolla un análisis a posteriori con 18 nuevos sujetos. Tal como se esperaba, la percepción de fluidez de comprensión ha sido mayor en los videos alineados que en los no alineados.

Por tanto, una persona escucha y ve un mensaje. Percibe coherencia entre el ver y el escuchar o, mejor dicho, entre el qué dice y cómo lo dice del emisor. Esa coherencia facilita la comprensión, por lo menos la persona lo experimenta como tal. Todo ello le hace evaluar que el mensaje del emisor es veraz. En caso contrario, la falta de coherencia llevaría a experimentar una comprensión baja o confusa; por ello, es probable que el receptor evalué el mensaje como falso o que dude de él.

Si cuando al hablar con una persona tenemos la sensación de que nos miente, puede que dicha persona refleje incoherencia entre su lenguaje verbal y no verbal (lo que dificultaría la fluidez de comprensión). En cualquier caso, ello no implica que la coherencia comunicativa sea indicadora de la verdad y que la falta de ella indique mentira. No nos olvidemos que se trata de evaluaciones de veracidad que las personas hacen. Dichas evaluaciones fluctúan según la coherencia que uno percibe y dicha percepción está mediada por la facilidad que se experimenta para comprender un mensaje.

Además, se plantea que el efecto de experimentar fluidez de la comprensión sería el de sesgar positivamente, dando lugar a evaluaciones positivas y a un aumento de la confianza en las evaluaciones generadas. ¿Será por eso por lo que no conseguimos detectar bien las mentiras?

 

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Expresión facial de la negación: ¿tenemos una cara de “no”? Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “The not face: a grammaticalization of facial expressions of emotion” de Benitez-Quiroz C. F., Wilbur R. B. y Martinez A. M. (2016), en el cual se indaga en la posible existencia de una expresión facial propia de la negación y su función gramatical en el lenguaje.

La comunicación humana implica lenguaje verbal y no verbal, siendo en el segundo dónde se sitúan las expresiones faciales. Curiosamente, algunas de estas expresiones faciales tienen una función gramatical. Por ejemplo, no es lo mismo decir no lo sé con cara neutra o sonriendo que decirlo con la típica expresión facial de un no lo sé (difícil de describir, pero simúlalo y lo entenderás). Si la respuesta verbal y la expresión facial van a la par, lo interpretamos como una respuesta adecuada o correcta.

Lo que muestran las expresiones faciales son emociones. Y sabemos que hay emociones con valencia positiva y otras con valencia negativa. En términos generales, cuando algo no nos gusta, no nos conviene o no estamos de acuerdo con ese algo, mostramos ira, asco o desprecio. Es decir, las emociones básicas de valencia negativa.

Conceptualmente, esas emociones sirven para expresar un juicio de valor negativo, un juicio moral negativo. Por ejemplo, cuando se violan derechos, normas o algo no encaja con nuestras creencias. Y, por tanto, con la expresión facial de esas emociones comunicamos negación y desacuerdo.

Según el Sistema de Codificación de las Acciones Faciales (FACS) de Ekman, cada emoción se compone de unidades de acción (AUs). Estas AUs son acciones de músculos de la cara, tal como la contracción. Por ejemplo, vemos en la siguiente imagen, de izquierda a derecha, las AUs de ira, asco, desprecio y de la expresión facial compuesta de ira y asco (algo así como cuando estamos disgustados con algo).

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Los autores del estudio plantean la hipótesis de que también tenemos una expresión facial que exprese el juicio moral negativo. Asimismo, defienden que dicha expresión es la que sirve de marcador gramatical de la negación. Por tanto, ¿existe la cara de no?

Para que podamos decir que existe una cara de no, hace falta verificar que se da en varias culturas o idiomas. Si ocurre, se puede plantear la posibilidad de un origen biológico de tal expresión facial. Por eso, los autores analizan en un primer experimento las expresiones faciales de hablantes nativos de inglés, español, chino mandarín y lengua de signos. Se pide a los participantes que emitan facialmente una negación y sin mover la cabeza.

Si quieres, antes de seguir leyendo, grábate unos segundos intentando expresar una negación o desacuerdo solo con la cara y sin mover la cabeza.

En un segundo experimento, los participantes leen una frase, la memorizan y luego la repiten, mientras se graban sus caras. Las frases son muy diversas: afirmaciones, negaciones, interrogaciones afirmativas y negativas. Por ejemplo: Brad cocina pescado a la parrilla; Brad no cocina pescado a la parrilla; ¿Puede John comerse el último trozo de tarta?; ¿Por qué no ha encendido Mary ya la parrilla?.

En la lengua de signos existen marcadores no manuales que tienen una función gramatical. Se utilizan en conjunto con marcadores manuales o sin ellos. En el caso de la negación, el movimiento de la cabeza a los lados es el marcador no manual. ¿Habrá expresiones faciales típicas de la negación también en las personas que utilizan el lenguaje de signos? Para responder a esta pregunta, en el tercer experimento, participantes que utilizan el lenguaje de signos expresan las mismas frases utilizadas en experimento anterior.

En un cuarto experimento se atienden las frecuencias de producción de la expresión facial de negación. La frecuencia de producción de las silabas (incluso en lengua de signos) oscila universalmente entre 3 y 8 Hz. Las células del córtex auditivo humano también oscilan con esta frecuencia. Se cree que es para facilitar la segmentación de las señales de lenguaje y poder distinguirlas de otras señales no lingüísticas. Si la cara de no tiene un uso gramatical y el cerebro la interpreta como un marcador gramatical, entonces su ritmo debería ser similar al observado en el discurso verbal y en la lengua de signos.

Si antes te has grabado poniendo cara de negación, es hora de analizarlo. ¿Se parece con alguna de estas imágenes?

fuente autores 300x70 - Expresión facial de la negación: ¿tenemos una cara de "no"? Club del Lenguaje No Verbal

Los resultados del primer experimento muestran que la cara de no existe. Sería una expresión facial compuesta por AUs que forman parte de la expresión de ira (AU4 y AU7), asco (AU17 y AU 24) y desprecio (AU14). Es decir, de las tres emociones básicas con valencia negativa. El 70% de las veces se da: bajada de la punta/esquina interna de la ceja (AU4), subida de la barbilla (AU17) y una de las AUs de presión entre el labio inferior y superior o ambas (AU14 y 24). Esta presencia a un 70% es comparable con la consistencia observada en el uso de AUs de las expresiones faciales universales de las emociones básicas (>70%). Por otro lado, AU7 solo aparece el 30% de las veces. Es un movimiento de apretar los párpados y se da normalmente en la expresión de la ira.

Los resultados del segundo experimento mostraron la presencia de cara de no 41 veces (2,83%). De todas ellas, 12 se corresponden a las frases negativas. Todas estas se dieron tanto en inglés, como en español y chino mandarín. De las 41, 17 emergieron cuando se indicaba al experimentador que la frase a memorizar fue olvidada. Diez se dieron a posteriori de una reproducción incorrecta de dichas frases. Los dos restantes se dieron en la emisión de afirmaciones. Cabe destacar que la mayoría de las caras de no se dieron en los nativos de inglés americano. Esto es congruente con evidencias que indican un énfasis expresivo mayor en la cultura americana comparada con otras culturas.

El experimento 3, orientado a la lengua de signos, también mostró la presencia de la cara de no en aproximadamente un 15% de las frases de negación.  De todas las veces que aparece, la cara de no se da mayoritariamente en conjunto con el movimiento de la cabeza que indica negación (94,1%). También aparece muchas veces en conjunto con el marcador manual de la negación (62,7%). Por último, la cara de no también se registra como único marcador, pero bastante menos (3,4%).

En cuanto a la frecuencia de producción, se observó que la cara de no encaja una frecuencia theta. La media a lo largo de los tres idiomas hablados fue de 5,68 Hz. Más específicamente, en inglés la frecuencia media fue de 4,33 Hz, en español 5,32 Hz y en chino mandarín 7,49 Hz. En el caso de lengua de signos, la media de la frecuencia de producción de las caras de no fue de 5,48 Hz y, por tanto, con oscilaciones theta.

¿Conclusiones? Las expresiones faciales, además del importantísimo papel en el lenguaje no verbal, también puede tener funciones gramaticales. Podrían ser los precursores de los lenguajes hablados, pero poco se conoce en estos términos. Según este estudio, tenemos una cara de no y esta expresión facial podría darse a lo largo de diversas culturas en conjunto al discurso verbal y como marcador gramatical. Así que no solo vale con decir sí, tu cara puede decir no y tu interlocutor puede que lo note incluso sin saberlo.

 

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Las posturas corporales del poder y estereotipos de género. Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Implicit reactions to women in high power body postures: less wonderful but still weaker” de Bailey A., Lambert R. y LaFrance M. (2020), en el cual se analiza el impacto de los estereotipos de género en la percepción de poder y de las posturas corporales asociadas al poder.

A pesar de que la participación femenina haya aumentado en muchas áreas laborales, sigue habiendo deficiencias en cuanto a la ocupación de puesto de poder. El techo de cristal existe y una razón de su existencia puede deberse a que las personas no perciben a las mujeres como poseedoras de atributos relativos al poder.

El poder se define como el tener control sobre resultados y sobre recursos de valor. Es un concepto cuyos componentes se solapan a lo largo de otros conceptos: liderazgo, alto estatus y dominancia. Y los tres reflejan verticalidad.

De todos los comportamientos que denotan poder, los comportamientos no verbales conforman una ruta plausible a través de la cual las personas pueden transmitir poder sin generar reacciones negativas en otros. Una de las señales no verbales de poder es la postura corporal.

¿Tiene la postura corporal efectos diferentes según el género? Vamos a averiguarlo. El género es un elemento importante que impacta en la formación de impresiones. Es decir, la percepción e impresión que uno se hace de otra persona en los primeros 100 ms de contacto.

Los estereotipos de género incluyen tanto evaluaciones como expectativas relativas al poder. Y si impactan en la formación de impresiones, por más poderosa que se muestre una persona, su género puede ser como una sombra que tapa cualquier otra señal que indica poder y otras características.

Teniendo siempre en la mente el impacto de los estereotipos de género y los roles asociados, se destacan algunas diferencias en cuanto al poder que provienen de investigaciones previas. Las mujeres suelen caer mejor a otras personas, pero los hombres suelen ser percibidos como más poderosos.

A la mujer se le asocia constantemente rasgos como calidez, bondad, cercanía y otras con una valencia afectiva similar. En cambio, a los hombres se les asocian rasgos como la agencialidad y otros de carácter más instrumental. Esto es importante porque los rasgos más instrumentales también están ligados al éxito y a roles de alto poder.

En términos generales, hay múltiples asociaciones similares entre conceptos, roles de género, atributos, etc., que generan dificultades para que las personas sean capaces de asociar rápidamente (como en las primeras impresiones) mujer y poder.

¿Y qué importancia tiene el comportamiento no verbal en todo esto? Investigaciones previas indican que los comportamientos no verbales tienen la capacidad de hacer que se superen los estereotipos de género. Las mujeres y hombres que muestran señales no verbales de poder consiguen reflejar rasgos de poder de manera similar.

Además, se ha visto que las mujeres que expresan alto poder a través de lo verbal suelen ser vistas como menos poderosas que los hombres que han dicho exactamente lo mismo. En cambio, cuando la expresión del poder se concentra en el lenguaje no verbal, se evitan esas reacciones negativas y discriminadas según el género.

El efecto de las posturas corporales en la percepción de poder según el género no queda claro en las investigaciones previas. Por eso, los autores analizan tales efectos a lo largo de tres estudios. Se analizan posturas corporales expansivas o abiertas versus cerradas o contraídas.

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En el estudio 1 se analizaron reacciones afectivas ante imágenes de mujeres y hombres con ambas posturas corporales antes mencionadas. En la imagen observamos las posturas expuestas a los participantes.

Las reacciones afectivas son automáticas. Por otro lado, los estereotipos aun de ser superados a nivel explicito, pueden permanecer a nivel implícito y seguirán impactando en la percepción, impresiones, emociones y expectativas, así como en las conductas posteriores. Por ello, las medidas utilizadas en los tres estudios son implícitas/indirectas.

Dadas estas condiciones, en el primer estudio se utiliza una tarea de priming. Los participantes ven durante corto tiempo una imagen de las anteriores, seguida de 150 ms de pantalla en blanco, 125 ms de un carácter chino y pantalla en gris hasta pulsar una tecla de respuesta.

Ante esta situación, los participantes debían pulsar i si evaluaban el carácter chino como agradable o e si lo evaluaban como desagradable.  Las respuestas, aunque se evalúen los caracteres chinos, reflejan actitudes afectivas ante las imágenes primadas (posturas y género).

En los estudios 2 y 3, se utiliza una tarea de interferencia cognitiva tipo Stroop. Aparecen imágenes como las anteriores una tras otra. Los participantes deben clasificarlas rápidamente como alto versus bajo poder o como sumisión versus dominancia. El tiempo de respuesta mostrará si hay diferencias en función del género en la percepción del poder.

Las posturas corporales abiertas y expansivas suelen expresar poder. No obstante, los resultados de esta investigación indican que expresan poder en mayor o menor medida según el género y ello impacta en las medidas implícitas. Es decir, los participantes no son conscientes de ello y podría haber resultados distintos si se utilizaran medidas directas.

Para entenderlo más fácilmente, supongamos que tenemos que elegir una persona para un puesto directivo. Si nos preguntan si queremos excluir del cribado a las mujeres, muchos de nosotros tendríamos muy claro la discriminación que eso supone.

En cambio, ser conscientes de ello no asegura que en el cribado no estemos descartando a las mujeres. Los estereotipos de género y, en este caso, asociar al hombre con el poder, puede hacer, por ejemplo, que dediquemos menos tiempo a la lectura de CVs de las mujeres y que, en consecuencias, consideremos que no hay una mujer apta para ese puesto en la muestra que analizamos.

De hecho, cuando en este estudio se piden razonamientos explícitos y controlados sobre el poder, el género no muestra ningún efecto. Es decir, no se encontraron diferencias en la percepción de poder según género y posturas corporales.

Los autores han observado que las mujeres con posturas corporales cerradas fueron evaluadas como más agradables que los hombres en la misma postura. En cambio, entre mujeres y hombres con posturas abiertas no se observaron diferencias en dicha evaluación afectiva.

Por lo tanto, las mujeres con posturas abiertas no son percibidas como tan agradables que las mujeres con posturas cerradas. Por lo menos no aparecen diferencias inter-género cuando se trata de posturas abiertas, pero sí las hay con posturas cerradas.

El género parece provocar interferencias en las percepciones implícitas del poder. Por un lado, los participantes tardaron más tiempo en clasificar a las mujeres con posturas abiertas como poderosas. Por otro lado, también tardaron más en clasificar a los hombres con posturas cerradas como poco poderosos. No obstante, cabe destacar que no hay diferencias en las respuestas de los participantes según su género.

Por tanto, parece que a las mujeres con posturas relacionadas con el poder, aunque en última instancia sean percibidas como poderosas, cuesta más situarlas en esa categoría, lo que se puede entender como una percepción de poderosas, pero menos que los hombres. Del mismo modo, cuesta considerar que un hombre con una postura cerrada es igual de poco poderoso que una mujer con la misma postura. Es decir, sumiso, pero no tanto como una mujer.

Lo más importante es, no solo el impacto de los estereotipos en nuestras percepciones, sino también esa permanencia de su influencia a nivel implícito, a pesar de superar un pensamiento consciente basado en estereotipos de género. Sí, nos queda mucho trabajo por hacer.

Por último, el comportamiento no verbal, y en este caso las posturas corporales, no solo nos informan de conceptos tan complejos como el poder, sino que nos puede ayudar a ser conscientes de las limitaciones que tenemos en la formación de impresiones.

Curiosamente, solemos considerar el lenguaje no verbal en términos de información que otros nos trasmiten y especialmente sobre ellos mismos. En cambio, este estudio es un perfecto ejemplo de cómo el lenguaje no verbal de otros y la interpretación que hacemos de él habla también de nosotros mismos.

 

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El efecto de la duración de un apretón de manos. Club del Lenguaje No Verbal

Amigo del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Effects of handshake duration on other nonverbal behavior” de Nagy E., Farkas T., Guy F. y Stafylarakis A. (2019), en el cual se analiza el efecto de la duración de un apretón de manos en las interacciones sociales.

En los libros de etiqueta, el adecuado acto de darse la mano suele ser descrito detalladamente. En cambio, experimentos sobre este comportamiento no verbal (CNV) siguen siendo escasos en número. La mayoría de los CNV encierran un significado compartido y aceptado socialmente. Particularmente, darse la mano refleja confianza interpersonal.

Existen diferentes descripciones sobre las características que debería tener este CNV en pos de transmitir y provocar sensaciones positivas en los interlocutores, así como evitar las negativas. Se ha dicho, por ejemplo, que dar la mano fuertemente transmite una mezcla de dominancia y agresividad. No obstante, incluso si el comportamiento de alguien se percibe globalmente como negativo o poco amistoso, cuando ese alguien da la mano con su interlocutor es percibido más positivamente que en ausencia de este gesto.

Darse la mano tiene consecuencias duraderas. La calidad de esta acción se ha visto asociada a contrataciones después de una entrevista de trabajo. Pequeños toques al interlocutor y, hasta cierto punto, darse la mano, aumentan la disposición de tomar riesgos financieros. Un paciente que cierra la consulta con un apretón de manos refleja su satisfacción con la atención médica.

Algunas características del apretón de manos, como cuánto tiempo debería durar y las consecuencias de violar los patrones esperados, rara vez se han estudiado. En cualquier caso, el análisis de muchos CNV (y otros tipos de comportamientos) muestran una duración adecuada compartida: 2-3 segundos.

Vamos a describir algunos ejemplos. El análisis de 1542 movimientos corporales en 3 culturas distintas mostró que el 93% de estos duran 2-3 segundos. Gestos como despedirse con la mano o el apretón también suelen mostrar patrones rítmicos de 3 segundos de duración. El intervalo de 3 segundos se corresponde con lo que experimentamos como el ahora en la sucesión continua de momentos presentes de nuestra vida. Ya hace mucho, el padre de la psicología científica, Wilhelm Wundt, determinó que si el intervalo temporal entre dos grupos de estímulos es mayor de 5-6 segundos, las personas perciben dichos estímulos como separados.

En la misma línea, el cambio atencional de un estímulo a otro lleva 2-3 segundos. En la percepción visual, se necesitan unos 3 segundos para cambiar la perspectiva cuando se observan estímulos ambiguos. Las unidades de entonación en el discurso suelen durar unos 2 segundos. Frases de 2-3 segundos se pueden identificar como protoconversación con niños/as muy pequeños/as. Y, por último, las frases musicales suelen llevar 2-3 segundos para cantarlas.

Dada la importancia que parece tener esa duración en algunos comportamientos, los autores de este estudio analizan si y cómo reaccionan las personas cuando no se respeta esa duración óptima en el apretón de manos. El experimento tiene lugar en condiciones de entrevista y participan 34 personas. Cada uno de los participantes entran en una sala y se sientan delante de una entrevistadora (E1). La distancia entre sus caras es de aproximadamente 115 centímetros.

 Ocurre una conversación simple y, luego, cada participante completa cuestionarios relativos a ansiedad y empatía. Al finalizar, la E1 da paso una segunda experimentadora (E2), que es la que llevará a cabo la entrevista. La E2 lleva a cabo una entrevista semiestructurada y pregunta sobre aspectos relativos al empleo. Por ejemplo, elecciones sobre la carrera, experiencia laboral, planes de tiempo libre y objetivos a corto y largo plazo.

Existen 3 condiciones en cuanto a la interacción inicial con la E2. Cuando entra en la sala, antes de que empiece la entrevista, la E2 saluda sin dar la mano (grupo control, GC), da la mano con el participante durante 2-3 segundos (grupo del apretón normal, GAN) o da la mano con el participante durante 5-6 segundos (grupo del apretón prolongado, GAP).

A lo largo del experimento también se registran otros comportamientos no verbales de los participantes. Por ejemplo, mirar a los ojos del interlocutor o duración del discurso. Otros son presencia y duración de risa y sonrisas, gestos con las manos y pies y tocarse cara/cuerpo/pelo.

Se obtienen diferentes resultados destacables. Primero, violar la expectativa natural de un apretón de manos de aproximadamente 2 segundos impacta en el CNV de los participantes y provoca diferentes manifestaciones en sus estados de ánimo. Por ejemplo, los participantes del GAP se rieron menos en la entrevista que los del GC y GAN.

Una posible explicación es que se experimenta menos disfrute, cercanía y/o amabilidad cuando el apretón de menos tiene una duración antinaturalmente prolongada. La risa espontánea en situaciones sociales muestra una actitud de relajación. Y es probable que ese apretón de manos prolongado genere tensión.

Por otro lado, e inesperadamente, se registraron menos sonrisas en los participantes del GAN. Una explicación podría ser que la sonrisa es parte del saludo y contacto inicial. Una vez pasado ese momento, el enfoque cambia: más seriedad, escucha, atención al interlocutor, etc. Es decir, tiene mucha relevancia en la fase inicial de socialización, pero cuando esta finaliza, el contexto formal de entrevista da lugar a otros CNVs. En cualquier caso, es importante saber que las sonrisas en entrevistas de trabajo pueden marcar diferencias en la decisión de ser aceptado o rechazado para un puesto.

Segundo, el apretón de manos prolongado fue el único asociado a un aumento de movimientos de las manos. Más específicamente, lo que aumentó fue el tiempo que cada participante dedicó a tocarse una mano con la otra, como agarrándose su propia mano. La condición del GAP también fue en la que se observaron menores duraciones en gestos que implican tocarse el propio cuerpo.

Los gestos de frotarse las manos o agarrarlas entre ellas, así como tocarse el cuerpo son conductas que, en su conjunto, reflejan ansiedad y/o nervosismo (aun así, no olvidarse de interpretar teniendo en cuenta el contexto). Los gestos con las manos también son bastante difíciles de controlar y suelen revelar estados de ánimo. Cuando no se dan, suele interpretarse como muestra de auto-control o inhibición deliberada. Y en condiciones de detección de mentira, su análisis tiene bastante importancia.

Tercero, la duración del CNV relativo a tocarse la cara disminuyó a continuación del apretón de manos de duración normal. En situaciones formales, como las entrevistas de trabajo, se ha visto que nos tocamos menos la cara que en situaciones informales. Por eso, el hecho de que los participantes del GAN se tocaran menos la cara puede indicar que se sintieran como en una situación formal normal, sin tensión destacable.

En cuanto a características de personalidad relativas a ansiedad y empatía, no se encontraron relaciones significativas. Es decir, no se registran relaciones entre ser una persona más o menos ansiosas/empática y el CNV posterior al apretón de manos.

Como conclusión, se plantea que un apretón de manos prolongado (>3’’) impacta negativamente en el CNV posterior de los participantes. Ese impacto negativo se traduce en su conjunto en una mayor incomodidad o malestar emocional. No obstante, los autores son cautos y destacan que, con tan pocos datos, solo pueden especular. A primera vista, parece que la longitud del apretón de manos se traduce en más o menos señales de ansiedad del receptor de dicho apretón.

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Comunicación no verbal en pareja: ¿cómo expresar afecto hacia personas con apego evitativo? Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Effects of verbal and noverbal communication of affection on avoidantly attached partners’ emotions and message receptiveness” de Schrage K. M., Maxwell J. A., Impett e. A., Keltner D. y MacDonald G. (2020), en el cual se analizan los efectos del afecto expresado verbal y no verbalmente en personas con apego evitativo y en contexto de pareja.

Una de las cosas más importantes que nos permiten establecer relaciones afectivas con los demás es el apego. Esta capacidad de vinculación afectiva está presente desde que nacemos.

La teoría del apego (John Bowlby) describe las dinámicas de relación entre los seres humanos a largo plazo. Según diferentes tipos de relaciones niños/as-cuidador/a, las personas desarrollan vínculos basados en diferentes tipos de apego. Se plantea que el tipo de apego desarrollado en la infancia permanece en la vida adulta. Y donde mejor se refleja el apego adulto es en las relaciones de pareja.

Se habla de cuatro tipos de apego: seguro, inseguro-evitativo, inseguro-ambivalente (ansioso) y desorganizado. Cada tipo de apego implica diferentes formas de relacionarse, de reaccionar a conflictos, de expresar emociones, etc.

En este artículo se atiende a la comunicación afectiva de las personas con apego evitativo en el contexto de pareja. Las personas con apego evitativo (PEAs) suelen ser menos receptivas a la intimidad, muestran menos emociones positivas y más emociones negativas.

Importante destacar que se trata de patrones comportamentales bastante inconscientes cuyas bases implican desconfianza, miedo a ser traicionados y engañados. A menudo perciben a las personas cercanas como desconfiables o indiferentes.

Y aunque sean consciente de ellos y quieran cambiar, necesitan la ayuda de otras personas, incluidas sus parejas para hacerlo. Si una PEA tiene pareja y esta está dispuesta a ayudar a la modificación de ese esquema de apego, este estudio pretende dar unas pistas para ello.

Las PEAs a menudo hacen esfuerzos para evitar el desarrollo de la intimidad con otro. A su vez, esta es una de las razones por las cuales suelen experimentar menos resultados positivos del comportamiento afectivo de la pareja. Un te quiero en una no PEA sería correspondido y aumentaría la emocionalidad positiva y el afecto. En cambio, en una PEA no ocurriría lo mismo y podría no tener, aparentemente, ningun efecto positivo.

A nivel comportamental, las PEAs evitan la intimidad exhibiendo menos receptividad ante estimulo sociales positivos. La receptividad se conceptualiza aquí como demonstraciones comportamentales, verbales y no verbales, de aprobación, compromiso y calidez ante estímulos sociales.

Las PEAs ejercen altos niveles de control sobre sus emociones positivas, tal como esconderlas o disimularlas ante sus parejas. Aquellas con mayor grado de apego evitativo se muestran menos sensibles incluso cuando sus parejas hablan de eventos positivos.

En un estudio se pedía el recuerdo de momentos en los cuales la pareja había mostrado un comportamiento amable/bondadoso. Se ha visto que aquellos con mayor apego evitativo recordaban más experiencias negativas de pareja, como amenazas y desconfianza y menos positivas, como felicidad y amor.  En otro estudio se ha observado que, incluso en situaciones emocionalmente cargadas, tal como encuentros después de largos periodos de separación, las PEAs inhibían o disimulaban emociones positivas y mostraban mayor grado de conflicto.

Por lo tanto, la supresión de respuestas comportamentales de las PEAs puede ser problemática por dos razones principales. Primero, fallan en comprometerse con los gestos afectivos de sus parejas y en responder adecuadamente. Segundo, se impiden una experiencia plena donde se incluye experimentar los beneficios emocionales de esas expresiones afectivas. No es que no se esfuercen en alcanzar resultados positivos a nivel comportamental y afectivo en la pareja, sino que tienen mayores dificultades para ello.

Una de las preguntas que siempre quedan sin responder es cómo puede una persona expresar afectividad eficazmente si su pareja es una PEA. Las PEAs, en este contexto, tienen necesidades únicas. Necesitan obtener evidencias claras o más aumentadas de lo normal sobre la confiabilidad de la pareja.

Entre los comportamientos que expresan afectividad tenemos, por un lado, los verbales y, por otro lado, los no verbales. Los verbales serían los primeros en los que pensamos cuando se trata de claridad. Un te quiero, un me gustas son frases sin ambigüedad que, en principio, no dejan lugar a dudas. No obstante, el lenguaje verbal es un comportamiento controlado que también se utiliza para engañar, mentir y manipular para conseguir lo que queremos.

La expresión no verbal, en cambio, implica un alto grado de espontaneidad. Esa sería una gran ventaja porque genera mayor confianza, interpretándose la mayoría de las veces como genuino. Además, permite el envió de mensajes afectivos a través de múltiples canales. Afecto no verbal sería, entre otras, sonreír, inclinación hacia el otro, afirmaciones con la cabeza y/o voz y gestos animados.

Por otro lado, también tiene desventajas. El lenguaje no verbal es más ambiguo. Por ejemplo, una voz y unos gestos animados pueden expresar afecto o alegría. Además, son señales indirectas y no siempre son salientes. Si las PEAs típicamente ignoran las señales de cercanía e intimidad, lo no verbal podrían ser pasado por alto fácilmente.

¿Qué es lo mejor? Los autores del estudio intentan determinar si hay maneras específicas de comunicar afecto que pueden ayudar a las PEAs a cosechar las mismas recompensas que se derivan de la comunicación afectiva, al igual que las personas con apego seguro.

En el estudio participan 324 parejas tanto hetero como homosexuales. Cubren diferentes cuestionarios y escalas que recogen datos demográficos, estilo de apego (evitativo bajo/alto), satisfacción con la pareja y emociones. Las evaluaciones de las emociones se hacen antes y después de una tarea.

La tarea consiste en describir un momento en el que se han sentido muy queridos por sus parejas y como lo han expresado. Ambos miembros de la pareja han sido emisores de ese recuerdo y oyentes. Todas estas conversaciones se han grabado. Posteriormente, se han analizado comportamientos afectivos verbales y no verbales que el emisor del recuerdo muestra en esas conversaciones, así como la receptividad del oyente.

Se observan muchos detalles y matices, pero hay resultados más claros que otros. Hay dos grupos en cuanto al apego evitativo. Personas con altos niveles de apego evitativo (+PEAs) y con bajos niveles de apego evitativo (-PEAs).

El afecto no verbal se ha visto asociado con resultados positivos en general. No obstante, las +PEAs oyentes mostraron beneficios particulares cuando sus parejas mostraron mayor afecto no verbal. Asimismo, se vieron más afectadas negativamente cuando las parejas mostraron un bajo afecto no verbal. Todo ello, en comparación con los efectos del afecto no verbal en las –PEAs.

A altos niveles de afecto no verbal, las +PEAs informaron emociones positivas y receptividad tan altas como las –PEAs. En cambio, a bajos niveles de afecto no verbal, las +PEAs informaron mucho menos emociones positivas que las –PEAs. Por tanto, las personas con altos niveles de apego evitativo son muy sensibles a diferentes niveles de afecto no verbal.

En cuanto a emociones negativas, no se ha observado ningún efecto del o asociación con el afecto no verbal. En cambio, el afecto expresado verbalmente sí ha mostrado tales asociaciones. Lo que se ha observado es que el afecto expresado verbalmente no consigue disminuir o modificar las emociones negativas de las +PEAs.

Por tanto, en este caso, lo verbal no aumenta emociones positivas ni receptividad, ni consigue disminuir las negativas. El efecto del afecto verbal es similar independientemente de si se trata de +PEAs o –PEAs. El afecto no verbal aumenta las emociones positivas tanto cuando hay un alto apego evitativo como cuando no lo hay. No obstante, en +PEAs, su ausencia o poca expresión no permite un aumento de las emociones positivas.

Para entenderlo, un ejemplo. Imaginemos una curva con dos picos que representa un estado de desconfianza (pico alto) mezclado con cariño hacia otra persona (pico bajo). El impacto de la desconfianza es mucho mayor, de ahí que las PEAs eviten la intimidad y la expresión emocional positiva. Si la pareja muestra afecto no verbal, la desconfianza no disminuye, pero el cariño aumenta. Si la pareja no muestra afecto no verbal, los picos permanecen en el mismo estado. Y si la pareja muestra afecto verbal, tampoco hay cambio.

Por tanto, si el afecto no verbal falta, es un problema. Si está presente, es una manera eficaz de generar más receptividad y emocionalidad positiva y, así, paliar el impacto de la emocionalidad negativa.

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