Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Expresión Facial (Página 3 de 4)

El efecto placebo y nocebo en pacientes médicos. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “A Qualitative Systematic Review of Effects of Provider Characteristics and Nonverbal Behaviour on Pain, and Placebo and Nocebo Effects” de Daniali, H. y Flaten, M. A. (2019), en el cual se estudia cómo el comportamiento no verbal y las características de los médicos influyen en los dolores y el efecto placebo de sus pacientes.

El efecto placebo es una respuesta psicobiológica que se produce, en el ámbito médico, cuando un paciente nota una disminución de su dolor al administrársele medicación inactiva pero cuya información dada al paciente es positiva. En contraposición, el efecto nocebo es el caso opuesto, cuando la información negativa sobre un medicamento reduce sus efectos analgésicos en el paciente.

Así pues, no es raro el uso de la información para alcanzar el efecto placebo de manera conjunta con la medicación real para el tratamiento en cuestión. Sin embargo, existen otros factores sutiles que pueden influir en el resultado del tratamiento. Estos son, entre otros, las características de médico y su comportamiento no verbal con el paciente.

Con el fin de determinar la importancia de dichos factores, los autores analizaron un total de 34 estudios al respecto.

Por un lado, algunos estudios determinaron que el sexo del médico puede influir en el umbral de dolor y su intensidad reportada por los pacientes. Se detectó evidencia de un efecto interactivo: esto es, los médicos inducían menos dolor en sujetos del sexo opuesto. No obstante, no existe ninguna tendencia clara o fiable de un efecto concreto en el dolor o el efecto placebo en base al sexo del médico.

Esta relación entre el sexo del médico y el paciente parece responder, sin embargo, a cuestiones sociales basadas en el rol de género en vez de a factores biológicos. Esto es, la explicación sería que se trata de impresionar al sexo opuesto, si bien también se ha sugerido que, en pacientes femeninas, algunos factores fisiológicos contribuyen al informe de menos dolor frente a médicos varones.

Del mismo modo, el estatus del médico y su confianza, cuanto mayores sean, influyen también en informes de menos dolor, mejores estados físicos y emocionales y valoraciones del dolor más exactas de los pacientes.

Esto es debido a que los pacientes experimentan una presión sanguínea más alta y más estrés que modulan la percepción del dolor. Asimismo, se identificó que la mayor confianza y estatus generan un efecto placebo más alto.

Por otro lado, al estudiar la relación entre el comportamiento no verbal de los médicos y sus efectos en los pacientes, se identificaron aspectos de relevancia. En primer lugar, en comparación a los doctores con un comportamiento no verbal negativo, aquellos que muestran un comportamiento no verbal positivo (sonreír, contacto visual, el tono de voz, la postura…) inducían a una mayor tolerancia al dolor y menos expresiones de dolor. Además, dichos médicos suelen generar valoraciones del dolor más exactas.

En contraposición, los médicos con un comportamiento no verbal negativo (movimientos restringidos, contacto visual mínimo, poco contacto físico con el paciente…) inducía a un menor umbral de dolor del paciente.

Contrariamente, el umbral de dolor será mayor cuando se habla suavemente al paciente y se respeta su espacio personal. Del mismo modo, una actitud más entusiasta o positiva por parte del médico parece repercutir en un menor uso de narcóticos para los pacientes y, en general, un mejor estado físico.

Este tipo de actitud es también aplicable al efecto placebo, el cual se incrementa con una actitud positiva. La comunicación también es importante, pues un estilo más extenso o abierto y cálido, por ejemplo, manteniendo contacto visual y mostrando empatía, influye positivamente en el paciente (menos intensidad del dolor, más alivio de los síntomas y, en general, una mejora global).

Así pues, comparado con un estilo cerrado o neutral de comunicación, el estilo abierto o amigable de comunicación por parte de los médicos inducía a una expectación positiva más fuerte en su tratamiento o mejora (efecto placebo). En el extremo opuesto, el efecto nocebo es inducido con más frecuencia si el médico presenta un comportamiento no verbal negativo o distante (incluida la comunicación) con su paciente, reduciendo en consecuencia el efecto placebo.

¿La explicación?

El dolor es reconocido como un estresor; la mayoría de situaciones dolorosas nos provocan estrés y emociones negativas, las cuales a su vez pueden incrementar la experiencia o sensaciones de dolor.

En este sentido, ofrecer toda la información posible al paciente ayuda a reducir estos niveles de estrés y emociones negativas, permitiéndole adquirir conocimiento acerca de la eficacia de las intervenciones. Esto abarca también el comportamiento no verbal del médico o el interviniente, el cual supone una fuente de información para los pacientes. Por ejemplo, el comportamiento no verbal positivo del médico puede ser interpretado por el paciente como un signo de satisfacción con los resultados de la intervención y viceversa.

Finalmente, para explicar la relación con los efectos placebo y nocebo, se toma una perspectiva similar.

El comportamiento no verbal asume un papel afirmativo o contradictorio de la información verbal, del discurso, por lo que el comportamiento no verbal positivo puede tener un valor añadido al discurso, aumentando el efecto placebo. Si el comportamiento no verbal —negativo— contradice la información verbal, los efectos placebo pueden disminuir o, incluso, no existir. Cabe añadir que las propias expectativas también pueden contribuir a la modulación del estrés y las emociones.

Así pues, es indiscutible que existe una relación entre las características personales de los médicos y, sobretodo, su comportamiento no verbal y los efectos que producen en la percepción del dolor y el efecto placebo y nocebo. Sin embargo, no puede alcanzarse una conclusión generalizada y firme con respecto a cuánta influencia tienen, pues se necesita de más investigación para identificar, entre otras cuestiones, qué comportamientos no verbales específicos tienen un mayor impacto en tales efectos y cuáles son sus mecanismos de funcionamiento.

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Inferencias de los niños sobre sus iguales en base al comportamiento no verbal. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Children use nonverbal cues from an adult to evaluate peers” de Brey, E. y Shutts, K. (2018), en el cual se analiza la manera en que el comportamiento no verbal de los adultos influye en las inferencias que los niños hacen de sus iguales.

¿Cómo forman los niños las impresiones sobre los rasgos y habilidades de sus iguales?

Una de las explicaciones más recurrentes que se ha dado a esta pregunta es que los niños observan el comportamiento de otros niños y, a raíz de ahí, realizan inferencias. Sin embargo, otra fuente de información para los niños es la reacción —en especial de índole no verbal— de las figuras de autoridad, adultos como los padres o los profesores, con otros niños. Así, una mejor comprensión de cómo los niños forman estas impresiones podría sugerir estrategias para mejorar el trato mutuo entre los niños.

Por ejemplo: la inteligencia suele ser un rasgo clave en torno al que los niños forman sus impresiones de otros, tendiendo a confiar más en “niños listos”.

Sin embargo, en diversos estudios se detectó que, a pesar del comportamiento observado en las aulas, donde las chicas solían hacer mejor las tareas que los chicos, muchos de los niños pensaban que los chicos son más listos que las chicas dados los estereotipos de género, los cuales pueden ser transmitidos por las figuras de autoridad (el profesor en este caso, pues se ha comprobado que muchos tienden a favorecer de forma no verbal a aquellos estudiantes que consideran más inteligentes, por ejemplo, sonriéndoles más).

Así pues, los niños usan los comportamientos no verbales de los adultos para guiar sus interacciones, evaluaciones y confianza en otras personas desde una edad temprana, confiando más en aquellos adultos que reciben un comportamiento no verbal positivo de otros adultos. Pero ¿qué hay de las inferencias sobre otros niños?

En el primero de los dos estudios de los autores, 96 niños de entre 5 y 6 años visualizaron un video de una actriz simulando a una profesora junto a las fotografías de dos niños de su edad, desconocidos todos ellos para los participantes, donde solo la cara de la profesora era visible para ellos, estando los alumnos de espaldas. La prueba consistía en simular la lectura de un pasaje breve, utilizando el mismo audio con la voz modificada para los estudiantes, por lo que el rendimiento de la lectura era el mismo.

Asimismo, a los participantes se les pidió que dedujeran qué estudiante del video era más listo, más bueno o más fuerte. En total, visualizaron 5 gestos de sonrisa-neutralidad, 5 de asentimiento-neutralidad, 5 más de contacto físico-neutralidad y otros 5 de neutralidad-negación con la cabeza, alternando siempre diferentes estudiantes en las fotografías.

Los resultados mostraron que, para la categoría de listo y fuerte, solo el contacto físico estimuló respuestas al azar sobre estos atributos de los alumnos, mientras que asentir y sonreír (comportamiento no verbal positivo) provocaron que infiriesen que el alumno al que se dirigían estos gestos era más listo y más fuerte que el otro. Para la categoría de bueno, los participantes seleccionaban al estudiante que recibía cualquier tipo de señal no verbal positiva o que, en su defecto, no recibía el gesto de negación.

Resulta relevante añadir que el estudió reveló a su vez que los participantes tienden a escoger con más frecuencia a aquellos estudiantes que no recibían señales no verbales negativas que, en comparación, seleccionar a aquellos que recibían señales no verbales positivas (concretamente, en los gestos de neutralidad-negación con la cabeza). Asimismo, las inferencias sobre la inteligencia eran más fiables que las de la fuerza, lo que puede sugerir que los niños ven a sus profesores como fuentes de información de mayor confianza con respecto a esta característica, o que asocian la lectura y el colegio con la inteligencia más que con la fuerza física.

En el segundo estudio de los autores, se pidió a 32 participantes de 5 a 6 años que seleccionasen al alumno más listo entre dos, uno de ellos leyendo fluidamente un texto, pero recibiendo menos gestos no verbales positivos, mientras que el otro leía con menor fluidez y, sin embargo, recibía más señales no verbales positivas de la profesora. En adición, se excluyó el gesto de contacto físico y se incluyó una nueva reacción por parte de la profesora: mantener una expresión neutral para ambos alumnos.

Bien, como resultados, se determinó que, en ausencia de señales no verbales, los participantes elegían al lector más ágil como el más listo, mientras que el comportamiento no verbal positivo dirigido al alumno que lee con menos fluidez influye en las respuestas de los participantes, provocando que se le escoja con mayor frecuencia como el más listo de los dos, siendo la fluidez menos percibida o relevante en este caso para los participantes.

Así pues, los hallazgos proporcionan evidencia de que los niños usan los comportamientos no verbales de los profesores, o adultos y figuras de autoridad, para guiar su pensamiento sobre sus compañeros, llegando a ser incluso más relevantes estos comportamientos que el desempeño académico real de los niños. En este contexto, ocasionalmente puede apreciarse que algunos niños experimentan un efecto halo, teniendo una impresión positiva de todas las características o cualidades de los compañeros.

En investigaciones futuras, sería relevante comprobar si este patrón se repite con el comportamiento no verbal de distintos profesores o adultos y se mantiene la misma influencia. Del mismo modo, también sería conveniente explorar estas cuestiones, impresiones e influencias de múltiples formas más: por ejemplo, en un entorno más natural, como las clases verdaderas de los niños y sus compañeros y profesores reales, con los que sí están familiarizados;  ampliando los rangos de edad de los participantes y las diferencias apreciadas en ellos; o cómo el comportamiento no verbal de los profesores puede contribuir a los estereotipos de distintos grupos sociales que los niños se forman.

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¿Podemos predecir el resultado de un penalti gracias al comportamiento no verbal? Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Nonverbal behavior accompanying challenge and threat states under pressure” de Brimmell J., Parker J.K., Furley P. y Moore L.J. (2018), en el cual se analiza si las situaciones de amenaza o reto predicen el comportamiento no verbal en el deporte, concretamente en los penaltis de fútbol.

En no pocas ocasiones, los deportes de competición como el fútbol pueden depender de un único momento de presión para determinar la victoria o la derrota.

En estos casos, los atletas hacen una evaluación de la situación en la que determinan las exigencias que se les presentan y con qué recursos cuentan ellos para hacerles frente. Por tanto, en función de si identifican la situación estresante como una amenaza o un reto, su respuesta psicofisiológica se verá condicionada. Y esta respuesta, dependiendo de si el atleta percibe una amenaza o un reto, es lo que nos permite a su vez observar respuestas diferentes en el comportamiento no verbal.

En este contexto deportivo, los penaltis de fútbol y la preparación a estos suponen un escenario claro en el que podemos observar estas reacciones no verbales dados los altos niveles de estrés a los que somete individualmente a los futbolistas.

Para determinar las características del comportamiento no verbal de los jugadores, el estudio contó con 42 participantes a los que se midió, por un lado, su información cardiovascular antes y después del penalti; por otro lado, una autoevaluación sobre su opinión con respecto a la prueba, la exigencia de esta y sus recursos personales; y, por último, una observación por terceros de su comportamiento no verbal.

Así pues, se hizo uso de seis índices para medir los resultados, a saber: sumiso-dominante; sin confianza-confiado; nervioso-sereno; no centrado-centrado; amenazado-desafiado; e inexacto-exacto.

Pues bien, a excepción del índice no centrado-centrado, todos los demás pudieron ser determinados por la autoevaluación de los participantes, pero no por las respuestas fisiológicas, determinándose así que los comportamientos positivos con la confianza, la exactitud… Se correspondían con aquellos jugadores que consideraban la prueba como un reto o desafío, quienes estimaban sus capacidades o recursos como superiores a las exigencias del reto. Sin embargo, ¿qué hay del comportamiento no verbal?

Los resultados nos muestran que los participantes que se sintieron desafiados en lugar de amenazados fueron percibidos por su lenguaje no verbal como más dominantes, confiados y serenos, así como con más probabilidades de tirar el penalti correctamente, con exactitud. Este lenguaje no verbal se corresponde con respuestas positivas como mantener una postura erguida, con los hombros echados hacia atrás y la barbilla alta, preparándose con control, con tranquilidad y manteniendo contacto visual directo con su objetivo.

Consecuentemente, los resultados resaltan que las evaluaciones de estrés por parte de los atletas parecen estar relacionadas con el comportamiento no verbal. Además, respaldan investigaciones previas de psicología social e implican que diferentes comportamientos no verbales pueden acompañar el desafío y la amenaza evaluados.
En contraposición, las respuestas fisiológicas de los jugadores demostraron no ser tan relevantes a la hora de predecir el comportamiento no verbal de los participantes o determinar si estos evaluaron la situación como un reto o una amenaza, pues están débilmente relacionadas en el contexto del estrés deportivo en oposición a estudios previos desarrollados en contextos sociales. En estos últimos, la respuesta fisiológica de los participantes si parecía estar más vinculada a su comportamiento no verbal (ej. al sentirse amenazado, el sujeto tiene menos respuestas positivas como la sonrisa y una mayor paralización corporal, como la ausencia de movimientos de manos o cabeza).

Sin embargo, no hay que olvidar que el comportamiento no verbal está relativamente abierto al control consciente de la persona y, en consecuencia, es susceptible de ser forzado a adaptarse a sesgos de deseabilidad social. Por ejemplo, en un discurso, el sujeto puede tratar de compensar su falta de habilidad, evidenciada en un tono de voz bajo, con un lenguaje corporal confiado, aún a pesar de tener una respuesta cardiovascular que se corresponde con el sentimiento de sentirse amenazado ante la situación estresante. En tal sentido, investigaciones futuras podrían tratar de distinguir entre las señales no verbales autónomas, asociadas con los estados de desafío y amenaza, y los intentos deliberados no verbales de enmascarar estos estados.

Así las cosas, la evaluación de cometidos estresantes como amenazas se relaciona con un peor rendimiento deportivo. Para la optimización de dicho rendimiento, los profesionales pueden usar el comportamiento no verbal (junto con las medidas de autoinforme) para identificar a los atletas que evalúan situaciones estresantes como una amenaza (aquellos que parecen más nerviosos, cuyo lenguaje corporal hace que ocupen menos espacio, sin una postura erguida o un patrón de mirada menos estable) e intentar que se beneficien de intervenciones en las que se les anime a ver tal situaciones, en vez de como amenazas, como desafíos.

Sin embargo, la identificación fiable de tales comportamientos no verbales sutiles probablemente será difícil, ya que los pocos estudios de codificación no verbal en el deporte solo se han centrado en comportamientos claramente visibles como el orgullo, la vergüenza o la alta presión. Por lo tanto, la investigación futura debería usar diseños experimentales para ofrecer una comprensión más causal de la relación entre los estados de desafío y amenaza y el comportamiento no verbal. Además, el enfoque en el estrés competitivo podría verse como una limitación, por lo que se podrían examinar también las respuestas psicofisiológicas y no verbales de los atletas al estrés organizacional.

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El lenguaje no verbal de la culpa. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Are there non-verbal signals of guilt?” de Julie-Daniere E., Whitehouse J., Mielke A., Vrij A., Gustafsson E., Micheletta J. y Waller B. M. (2020), en el cual se presentan una de las últimas investigaciones en comportamiento no verbal y emociones: culpa y señales no verbales asociadas.

La culpa es una emoción compleja con una función social importante: estimular los comportamientos de cooperación. Las personas son altamente cooperativas tanto con conocidos como con desconocidos. La necesidad de cooperación debió de suponer una gran presión en la selección natural por encima de otros comportamientos que consideramos humanos.

La culpa no solo es una experiencia emocional, sino también cognitiva. Aparece cuando alguien siente que ha hecho algo mal y puede empujar a comportamientos prosociales. Se clasifica como una emoción moral, de autoconsciencia, junto al orgullo y la vergüenza, y es una de las emociones más sociales.

Cuando sentimos culpa por haber hecho algo no debido, intentamos compensarlo con comportamientos pro-sociales hacia la persona afectada (u otros). Por otro lado, la culpa va más allá del contexto social. Se ha mostrado la presencia de un efecto llamado efecto Dobby. Ello implica que, cuando el que siente culpa no tiene la oportunidad de compensar a los afectados, se autocastiga. Es decir, el aislamiento social no hace desaparecer la culpa. Si se da, alguna forma de compensación se buscará, aunque sea a través del autocastigo.

En términos verbales, experimentar culpa se muestra a través de las disculpas y el admitir haber hecho algo que no debía hacerse. Los aspectos verbales de la culpa se han estudiado bastante, mostrando, por ejemplo, que los afectados de una mala acción son más indulgentes con el que la comete si este reconoce sus fallos.

Pero, ¿reconocemos la culpa en otros a través de su lenguaje no verbal? ¿O hay otra manera de captar la emoción de culpa cuando esta no es explícita? Las personas a menudo declaran que pueden detectar la sensación de culpabilidad de otros.

En el contexto legal, muchas figuras como jueces o miembros del jurado informan saber cuándo un acusado se siente culpable por el delito que ha cometido. Esas percepciones influyen en las sentencias.

Hasta día de hoy, no se ha encontrado alguna expresión facial típica de la culpa. Sabemos que las emociones básicas/primarias sí tienen asociadas expresiones faciales y se consideran universales. No obstante, la culpa es una emoción secundaria, junto al desprecio, a la vergüenza experimentada por haber hecho algo no debido (shame) y la vergüenza experimentada en situaciones embarazosas (embarassament).

Dado su tardío desarrollo con respecto a las emociones primarias, se postula que sus expresiones sean culturalmente específicas. Además, dada su complejidad, podría expresarse a través de varias señales no verbales y no solo a través de las expresiones faciales.

En esta interesante investigación, los autores desarrollan dos estudios. En el primero, participan 131 sujetos que se asignan a dos grupos: control y experimental. En el grupo control los sujetos deben recordar y escribir un evento en el cual se han sentido orgullosos. En el grupo experimental, deben recordar y escribir un evento en el cual han sentido culpa. Posteriormente, ambos grupos deben guardar el archivo en un pendrive.

El experimentador recoge el pendrive y, después de un tiempo, vuelve. A lo sujetos del grupo experimental se les informa que el pendrive se ha estropeado y todos los datos del grupo se han perdido. Así, la inducción de la culpa ocurre, por un lado, cuando recuerdan un evento personal y, por otro lado, cuando se les informa de la posibilidad de haber hecho un mal uso del pendrive. El grupo control es informado de que todo ha sido guardado correctamente.

Todas las expresiones no verbales se graban a lo largo de todo el proceso, algo que los participantes desconocen. De este estudio se extraen patrones de movimientos faciales asociados a la culpa: fruncir el ceño (AU4), apretar/estirar los labios (AU20) y tocarse el cuello.

Para asegurar que estas señales no verbales también se asociarían a la culpa cuando son observadas por otros, se desarrolla un segundo estudio. En este participan 114 sujetos. Primero, los participantes reciben información contextual del estudio anterior: al sujeto del video se le acaba de informar de que ha dañado información importante del pendrive. Esa misma información se aplica tanto al observar videos con sujetos del grupo control, como con sujetos del grupo experimental.

Segundo, estos participantes actúan como observadores y deben valorar, en una escala de 0 a 100%, la expresión de uno de 5 estados emocionales: incomodo, avergonzado, culpable, sorprendido y otro. Cada observador analiza 20 videos sucesivos, cada uno con una duración de 30 a 90 segundos.

Los observadores evaluaron con mayores porcentajes de culpa aquellos videos que contenían la expresión de ceño fruncido, de tocarse el cuello y ojos muy abiertos. También se han observado relaciones positivas entre el nivel de culpa autoinformado por los sujetos del primer estudio y el grado en el que los observadores del segundo estudio consideraron que dichos individuos se sentían culpables.  Este hallazgo apoya la idea de que la culpa es un fenómeno observable con una potencial función social comunicativa.

La expresión de la culpa podría ser confundida con la expresión de la vergüenza, dado el componente moral de ambas. No obstante, las señales no verbales asociadas a la vergüenza suelen ser: mirar hacia abajo y cambios de la dirección de la mirada, sonrisa controlada, tocarse la cara, así como el rubor. Ninguna de estas señales fue asociada a la culpa en este estudio.

Los movimientos dirigidos hacia uno mismo, tales como tocarse el cuello, se consideran comportamientos irrelevantes a la situación en la que aparecen, pero pueden ganar valor comunicativo a lo largo del tiempo. De hecho, se ha visto que la producción de tales movimientos aumenta en situaciones estresantes y desagradables. Pueden servir como movimientos de protección simbólica, para desviar la atención o como autorreguladores del malestar.

Por ello, tiene sentido que aparezcan en la expresión de la culpa. También es probable que se den más de uno (rascarse, frotarse las manos, etc.) en las diversas situaciones de sentirse culpable con las que nos podemos encontrar.

Aunque se necesiten más estudios, parece que la culpa sí tiene señales no verbales propias. Las que coincidieron entre ambos estudios fueron fruncir el ceño y tocarse el cuello. En un artículo previo, ya contabamos que incluso tenemos una cara de no. Por más que nos esforcemos, parece que no podemos esconder totalmente nuestras emociones. Y si es así, puede ser un buen mensaje de la evolución: ¡Que no las escondamos!

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Contagio emocional digital. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Digital emotion contagion” de Goldenberg A. y Gross J. J. (2020), en el cual se resumen las investigaciones más importantes en cuanto al contagio emocional en contexto digitales.

El tiempo que pasamos en internet es considerablemente alto. La exposición a diversos medios digitales conlleva la exposición a la expresión emocional de otras personas. Y al igual que ocurre en las interacciones reales, en el contexto digital también nos contagiamos de las emociones de los demás. Ello puede hacer que nos sintamos identificados con otros o que nos convirtamos en similares a otros.

El contagio emocional se define como el proceso a través del cual las emociones de un individuo se hacen cada vez más similares a las emociones de otros individuos por exponerse a ellas. Puede ser un proceso consciente o inconsciente. La única condición necesaria es que ocurre un aumento en la similitud emocional inter-individuos.

En 2014, un estudio demostró que el contagio emocional es posible a través de las redes sociales. En dicho estudio, el contenido al cual fueron expuestas una serie de personas en Facebook se manipuló de tal manera que la exposición sea mayoritariamente a contenido positivos o negativos. Y lo que se ha observado es que, si los usuarios habían estado expuestos a poco contenido positivo, mostraban pocas emociones positivas. Lo mismo ocurrió en cuanto a contenido y emociones negativas.

Ese fue el único estudio publicado que ha manipulado las emociones de los usuarios sin su consentimiento. Y la publicación y difusión de tal estudio ha confirmado en cierto modo la posibilidad de provocar y contagiar emociones a través de lo digital. A mayor difusión del estudio, han emergido más emociones intensas, haciendo que los usuarios expresasen cada vez más su ansiedad e indignación ante la idea de que se manipulen sus emociones sin su consentimiento explícito.

A partir de ese momento, se desarrollaron cada vez más estudios sobre el contagio emocional digital. Y hay diferentes conclusiones. Por ejemplo, el contagio emocional digital ocurre como respuesta a una gran variedad de situaciones. Ocurre tanto en el ámbito público como el privado, es decir, tanto en un contexto de chat con un amigo, como en las publicaciones tipo Facebook.

Aparte de su ocurrencia tan extendida, con decir que contagiarnos de emociones ajenas nos influye es quedarse corto.  El contagio emocional parece tener un papel clave en determinar las emociones y comportamientos de los usuarios. El contagio emocional también es un factor importante del aumento de los movimientos sociales en el contexto digital. Las personas comparten sus emociones vía online de tal manera que no solo afecta a su bienestar, sino también al bienestar de aquellos con los que están conectados.

Cuando se trata de contagio emocional en interacciones reales, hay tres mecanismos que a través de los cuales ocurre este proceso. No se trata de mecanismos mutuamente excluyentes, sino que pueden ocurrir simultáneamente.

Primero, la imitación de comportamientos emocionalmente expresivos como las expresiones faciales, posturas, movimientos oculares, risa, etc. Es decir, la imitación de comportamiento no verbales.

Segundo, la activación de una categoría emocional. La exposición a estímulos que implican expresión emocional actúa como priming para la categoría emocional en la que se incluyen y da lugar a la activación de procesos emocionales específicos de esa categoría. Es diferente de la imitación, porque a través de este mecanismo el contagio puede producirse sin copiar comportamientos. Puede ocurrir simplemente por la exposición a unos estímulos. Por ejemplo, si alguien nos escribe gracias o un piropo, ello puede activar una categoría emocional positiva.

El tercer mecanismo es la evaluación social. Los individuos usan las emociones ajenas como guías de sus evaluaciones emocionales. Ello lleva a experiencias emocionales similares. Por ejemplo, que a muchos les gusten una película puede hacer que nosotros también la evaluemos positivamente.

En el contexto digital lo que cambia principalmente es la presencia de mediación de las compañías (p. ej. de la plataforma que permite la interacción o de la publicidad) entre la expresión emocional de un usuario y la respuesta de otro usuario. Tales compañías tienen el poder de controlar el contenido al cual se exponen los usuarios y cómo estos se responden entre sí. Incluso en aquellas interacciones digitales que ocurren en tiempo real puede haber modificaciones especiales para incidir en el contagio emocional.

Pensemos en un live en Instagram. Por defecto, los comentarios de otros usuarios se visualizan en la pantalla. Puede que ni prestemos atención al usuario principal y que las múltiples respuestas a través de emoticonos relativos a la risa, nos haga sentirnos graciosos, divertidos y alegres. Puede que el usuario que hace el live ni siquiera cuente algo necesariamente gracioso, pero nos contagiamos de otros usuarios que modifican nuestra percepción.

La exposición a las emociones de otros usuarios mantiene a los usuarios expuestos comprometidos con la actividad en la red. El estudio que mencionamos al principio mostró que, a menor exposición emocional, menos contenido producen los usuarios. Por el contrario, si se expone a los usuarios a las emociones de otros, más comprometidos y ocupado en las redes se les mantiene. Y ello es clave en los resultados y beneficios de las compañías de medios digitales.

En cualquier caso, cabe destacar que maximizar las emociones de los usuarios puede que no sea un objetivo directo de estas compañías. Los algoritmos implementados pueden ajustar el contenido en pos de que los usuarios estén activos y si se consigue con más exposición a contenido emocional, se prioriza dicho contenido.

El aumento de la intensidad y frecuencia de las expresiones emocionales no solo se consigue mostrando contenido de mayor carga emocional. También se alcanza creando una estructura de incentivos que motiva a los participantes a expresar sus emociones. En redes sociales se incentiva la competición por atención y se utilizan refuerzos positivos en forma de me gusta y el share. Asimismo, expresar emociones es muy útil para atraer la atención y recibir me gusta. Un me gusta puede funcionar como una señal no verbal de las interacciones reales, por ejemplo, una sonrisa.

El efecto de la expresión emocional positiva tiene mucho mayor impacto que la expresión emocional negativa. Y es lógico por diferentes razones. En general, las personas prefieren sentir y expresar emociones positivas porque sientan mejor y favorecen las interacciones sociales.

Se ha visto que las expresiones emocionales positivas son generalmente percibidas como más apropiadas que las negativas. De hecho, muchos usuarios consideran que las emociones más adecuadas a expresar en redes sociales son la alegría y el orgullo. Las consideradas menos apropiadas son la tristeza y la ira.

Tanto desde las motivaciones de los usuarios como desde las motivaciones de las compañías de plataforma digitales se favorece la expresión emocional positiva y su contagio. No obstante, las expresión y contagio de emociones negativas también tienen su lugar, especialmente en forma de movimientos sociales. Incluso cuando se trata de problemas sociales que no salen a la luz en las noticias, los propios usuarios pueden ofrecer el contenido al cual pueden acceder millones de personas.

El contagio emocional puede alcanzar a esos millones de personas. Por tanto, puede que sea mucho más potente que el contagio emocional de interacciones reales. No obstante, no siempre es así. La exposición a tantos estímulos puede dar lugar a la fatiga y a la habituación.

Por ejemplo, si cuando entramos en Facebook vemos que todos los periódicos digitales, así como muchos de nuestros amigos comparten noticias sobre incendios forestales en diferentes puntos del mundo y varios días seguidos, puede que desconectemos del tema. Por un lado, se trata de emociones negativas y ya vimos que no se priorizan. Por otro lado, puede darse la fatiga o la habituación e ignoraremos esos contenidos. No produciremos contenido, no compartiremos tales publicaciones, etc.

Los autores de esta revisión también describen diferentes formas de medir el contagio emocional digital. Lo más difícil no es provocar el contagio, sino verificar si realmente se da. No obstante, por razones de espacio, lo dejamos para vuestro descubrimiento.

Como conclusión, parece que el componente no verbal de la comunicación no desaparece en el contexto digital. En este caso, la expresión emocional y sus consecuencias. Puede que el contagio emocional digital no se desarrolle con tanta facilidad a partir de la percepción de comportamientos no verbales (p. ej. expresiones faciales) tal como en las interacciones reales. No obstante, ya vimos que hay diferentes mecanismos. Asimismo, vimos en otros artículos que hay diferentes estímulos en la comunicación mediada por tecnología que reemplazan a las señales no verbales típicas.

Si quieres saber más sobre el comportamiento no verbal y la gran utilidad de conocerlo para nuestras profesiones y para la vida cotidiana, visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira o nuestro Experto Universitario en Comunicación No Verbal y Personalidad, con becas especiales para los lectores del Club del Lenguaje no Verbal.

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