Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Expresión Facial

Todos somos mimos: el qué, el cómo y el cuándo de la imitación espontánea. Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “The mimicry amongs us: intra- and inter-personal mechanisms of spontaneous mimicry” de Arnold J. A. y Winkielman P. (2019), en el cual se exploran las evidencias sobre cómo se produce la imitación no verbal espontánea y cómo afecta al procesamiento de información.

En las interacciones sociales hay procesos no verbales que permiten a las personas entenderse, coordinarse entre sí e influir unos en otros. Uno de estos procesos es la imitación (mimicry), un mecanismo que se da tanto de manera intencional como espontánea.

La imitación intencional ocurre cuando una persona replica las acciones de otra de manera deliberada. Este tipo de imitación es un mecanismo de aprendizaje social a través del cual se transmiten normas, rituales, habilidades, tradiciones, valores y similares.

Es clave para llevar a cabo acciones conjuntas. También es crucial en la comunicación social, señalando el deseo de conexión (p.ej. aplaudiendo), la pertenencia a un grupo (p. ej. vestirse igual que otros), afinidades, gustos e incluso burla (p. ej. parodias). Por lo tanto, la aparente simpleza de la imitación da lugar a comportamientos complejos. En estos, se toman en consideración la meta y la utilidad de las acciones inicialmente observadas y posteriormente imitadas.

La imitación espontánea (IE), más rudimentaria, pero no necesariamente más simple, es un fenómeno que no implica consciencia ni voluntad. No proviene de una observación consciente, ni de instrucciones o metas explícitas. Es un fenómeno con raíces filogenéticas, también observado en primates. Ocurre a lo largo de diversas modalidades (p. ej. cara, voz o cuerpo) y en respuesta a diversos estímulos internos o externos (p ej. personas o pensamientos).

Ante un estímulo potencial, las acciones de IE aparecen en un rango temporal entre fracciones de segundo y varios segundos. Por ejemplo, la imitación facial suele aparecer medio segundo más tarde de aquello que la provoca. Varios segundos más tarde suele darse el bostezo o la imitación postural.

En esta investigación, la IE se sitúa en el contexto teórico de la cognición corpórea (embodied cognition). Un concepto que proviene de las llamadas teorías grounded cognition o embodiment (diversas traducciones utilizadas; p. ej. cognición anclada y corporeización).

Tales teorías proponen que el procesamiento de la información de cualquier estimulo tangible (objetos, caras, gestos, etc.) o intangible (p. ej. rasgos de personalidad, conceptos abstractos, emociones, etc.) se basa en recursos perceptivos, somatosensoriales y motores.

Estos recursos tienen implicaciones tanto en un encuentro con un estímulo presente como cuando se piensa en el estímulo (ausente). Como ejemplo del primer caso, si nos sonríen, sonreímos. Los recursos antes mencionados provocan la activación necesaria a nivel cerebral y muscular para imitar esa sonrisa.

Como ejemplo de estímulo ausente, podemos pensar en una mandarina y en sus propiedades y recrear parcialmente la experiencia sensorial (sabor u olor). Esta imitación sensorial supone la activación de recursos periféricos, (p. ej. salivación) y centrales (a nivel cerebral, p ej. el córtex gustativo).

La imitación en ausencia de estímulo se denomina simulación corpórea y no requiere de manifestaciones comportamentales. Se ejecuta en una modalidad cerebral y solo hace falta que su reproducción sea lo suficientemente potente como para que se pueda utilizar en el procesamiento posterior.

Los autores plantean que los recursos que se necesitan para la IE, como la simulación corpórea, dependen de la ambigüedad del estímulo que la provoca. Por lo tanto, el contexto (interno o externo) es el que da las pistas para definir los estímulos y qué recursos entran en juego. En cualquier caso, una vez generadas, las simulaciones podrían influir, asociarse, depender o informar en el procesamiento de la información.

Otro punto clave de las teorías de embodiment es que la IE une las representaciones sensoriomotoras con conceptos de alto nivel (abstractos). En un estudio los participantes evaluaron caras ambiguas como felices o tristes. El registro de la musculatura facial mostró que la evaluación de las caras como felices, activó a menudo los músculos relacionados con la sonrisa. Por lo tanto, la información de alto nivel (i. e. concepto de felicidad) moldeó la respuesta facial espontánea de los sujetos y estos simularon este concepto.

La mera observación de expresiones faciales incrementa la actividad de la corteza somatosensorial del cerebro en el área que representa la cara propia. Como consecuencia, en la cara del observador se generan rápidamente los mismos movimientos faciales de manera espontánea. Además, la imitación facial también se activa ante expresiones faciales presentadas por debajo del umbral de la conciencia.

Por lo tanto, la IE puede ocurrir en base a unas reglas simples de match. No obstante, el contexto social en el cual ocurren las interacciones también influye en los comportamientos de imitación. La imitación espontánea es sensible a señales sociales como el comportamiento prosocial, la pertenencia grupal, el deseo de afiliación, las actitudes, la competición y el nivel de empatía.

La flexibilidad y dependencia al contexto de la imitación facial se ha mostrado en investigaciones sobre el poder. Al observar caras de personas que aparentan alto poder (vs. bajo poder), los participantes fruncieron el ceño rápidamente (< 1 seg) ante expresiones faciales de enfado. No ocurrió lo mismo ante caras que aparentan bajo poder.

Asimismo, los participantes con alto poder (entiéndase el poder como el sentido subjetivo de control y autoridad en una interacción) siguieron con una sonrisa solo ante las caras de enfado y alto poder. Por lo tanto, después de la imitación inicial, apareció una contra-imitación como respuesta de competición. En cambio, los participantes con bajo poder mostraron una sonrisa tanto ante caras de enfado como de alegría de personas aparentemente poderosas.

El efecto de la competición como contexto en la imitación facial también se ha visto en interacciones humano-robot. Por ejemplo, en un estudio, los sujetos mostraron las mismas expresiones faciales que un androide en un juego cooperativo y las opuestas en el juego competitivo.

En otro estudio se comprobó que la simulación de movimiento fue mucho mayor al observar el brazo en movimiento de un androide y de una persona, que al observar un brazo robótico. Estos datos indican un mayor impacto en la IE de la similitud de movimiento, por encima de la similitud física.

En cuanto a las expresiones faciales, la similitud física parece tener más importancia. Cuanto más humanos parecen los androides, más fuerza tiene la imitación espontánea de las expresiones faciales de estos. No obstante, a diferencia de las interacciones humanas, la similitud psicológica y la comodidad emocional no influye en las interacciones con los robots. Los sujetos imitaron las expresiones faciales de los robots incluso si se sintieron incómodos con ellos o si los consideraron siniestros.

Como casos atípicos, se analiza qué ocurre con la imitación en los casos de Trastornos del Espectro Autista (TEA). Los sujetos con TEA pueden mostrar hiper-imitación y a menudo obtienen un buen rendimiento en pruebas de imitación deliberada. No obstante, existen algunas evidencias sobre cierto deterioro de la IE.

Por ejemplo, se ha observado una actividad cerebral asociada al movimiento reducida en casos de TEA al observar movimientos simples de otras personas. Tampoco suelen imitar expresiones faciales con solo verlas, sin instrucción alguna de reconocerlas o reaccionar ante ellas. Además, cuando la imitación facial aparece, suele retrasarse temporalmente.

También existen casos casi opuestos. Por ello, se destaca la posibilidad de que sean la atención a estímulos sociales, la motivación o las habilidades las que tienen mayor influencia en la imitación. Otras explicaciones de una IE diferente en los sujetos con TEA se basan en las diferencias neurobiológicas. Por ejemplo, la desregulación de la oxitocina o de los mecanismos de respuestas ante los refuerzos sociales.

Si la imitación espontánea depende de los refuerzos sociales, se puede pensar que la soledad también puede provocar cambios en la imitación. Las personas buscan interaccionar con personas que les ofrezcan beneficios sociales y que les imiten más. En cambio, una persona con expectativas sociales negativas, que dan lugar a percepciones de soledad y aislamiento social, no necesitaría de la imitación.

En un estudio, se ha observado que sujetos con alta percepción de soledad mostraron una respuesta de imitación muy reducida ante caras sonrientes. No ocurrió lo mismo, sino todo lo contrario, con las caras que expresaban tristeza, miedo o enfado. Respondieron espontánea y correctamente (sonriendo y frunciendo el ceño) ante imágenes muy cargadas emocionalmente. Asimismo, respondieron adecuadamente a nivel de imitación facial deliberada a todas las expresiones faciales. Por lo tanto, la soledad parece estar selectivamente asociada con una capacidad de respuesta reducida para la imitación espontánea de la sonrisa.

A modo de conclusión, la imitación espontánea utiliza y conecta recursos muy variados: perceptivos, conceptuales, motrices y afectivos. Juega un papel clave en el reconocimiento, comprensión y contagio emocional. Quedan pocas dudas de la importancia de la imitación espontanea como uno de los procesos centrales que permiten ahondar un poco más en la cognición social.

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Carteles electorales, emociones y expresión facial.

Introducción.

Es evidente que la mayoría de los votantes actuamos de manera emocional. Votamos por coherencia con las ideas familiares, o todo lo contrario. Votamos porque un determinado candidato nos parece atractivo, o porque se parece a nosotros. Votamos sin haber leído el programa electoral. Aún así votamos convencidos de nuestra decisión.

Lejos de ser un error en la forma de proceder del ser humano, esto es precisamente lo que nos ha hecho llegar hasta aquí. Durante miles de años, el ser humano ha sobrevivido gracias a las decisiones emocionales e instantáneas, que consumen pocos recursos cognitivos y nos permitían seguir adelante sin necesidad de procesar lentamente toda la información que existía a nuestro alrededor. No es de extrañar, por tanto, que hoy en día esa carga genética siga haciendo su trabajo y nuestras decisiones estén plagadas de atajos y mecanismos que las hacen automáticas, incluso cuando elegimos a quien votar.

Y si esta toma de decisiones tiene un alto componente emocional, ¿cómo afectarán las emociones expresadas por los políticos a la hora de a elegir a uno u otro? ¿nos decidiremos por el político con expresión más alegre o por el contrario por aquel que parezca más duro? Sea de una u otra manera, está claro que analizar las expresiones emocionales de nuestros políticos es de gran interés para entender qué quieren transmitirnos y cómo afectan a nuestras decisiones.

En esta línea, el equipo de investigadores de la Fundación Universitaria Behavior & Law, dirigido por el Dr. Rafael López, se planteó realizar una encuesta para conocer la percepción que los votantes tienen acerca de las emociones que transmiten los rostros de lo candidatos a las próximas elecciones. Para ello se utilizó la expresión facial plasmada en las fotografías oficiales de los seis candidatos que más intención de voto acumulaban en las encuestas (a fecha de 1 de noviembre de 2019). Es decir, utilizando las fotografías de los carteles oficiales publicados en las webs y redes sociales de los diferentes partidos, se extrajeron los rostros de Pedro Sánchez, Pablo Casado, Pablo Iglesias, Albert Rivera, Santiago Abascal e Iñigo Errejón. Dado que la investigación se enmarca en la psicología básica de la emoción, se procedió a eliminar toda la información contextual como puede ser el fondo de la imagen, la ropa del candidato (camisa, corbata, etc.) o los textos del cartel.

A través de un formulario web, se presentaron los rostros de los candidatos preguntando a los encuestados que nivel, de 1 a 10, de cada una de las emociones básicas reconocían en ellos. Previamente se preguntaba por el género del encuestado, su edad y su país de residencia. Dado que la encuesta circuló por las redes sociales, y podían participar personas de diferentes países, se procedía también a preguntar si el encuestado conocía al político español. Para finalizar se procedía a preguntar el grado de acuerdo que el encuestado tenía con las ideas de cada candidato, partiendo de que la afinidad con ellos podría influir en el reconocimiento de unas u otras emociones o en la graduación de su intensidad.

En el estudio participaron 643 personas, 473 personas de género femenino y 170 de género masculino. 613 personas indicaron tener la residencia en España y el resto en Alemania, Argentina, Colombia, Finlandia, Guatemala, México, Países Bajos, Portugal, Reino Unido, República Dominicana, Suiza y Venezuela (cuatro encuestados marcaron Catalunya como país de residencia, uno Euskadi, uno Madrid, uno Zaragoza y otro Santiago de Compostela). Todos ellos entre 16 y 75 años.

De cara a los análisis estadísticos descriptivos, la muestra se dividió, por cada candidato, en tres grupos:

  • Los que indican que no le conocen.
  • Los que sí le conocen y son afines a sus ideas (puntuación de entre 7 y 10 en concordancia con sus ideas).
  • Los que sí le conocen y sólo tienen cierta afinidad (puntuación de entre 4 y 6 en concordancia con sus ideas).
  • Los que sí le conocen y no son nada afines (puntuación de entre 0 y 3 en concordancia con sus ideas).

Resultados.

Quieres ver todos los resultados… descarga aquí el documento completo.

Conclusiones.

Una de las conclusiones más evidentes es la clara repercusión que tiene la expresión facial de la fotografía de Errejón sobre la confianza percibida. Con una fotografía que refleja tristeza, miedo y algo de sorpresa, la percepción de confianza que emana esta fotografía se configura como la menor de todos los candidatos.

Otra conclusión a la que podemos llegar es que Abascal levanta pasiones. Sus seguidores, aunque pocos, le dan la mayor puntuación en confianza percibida.

En cuanto a las emociones de ira y desprecio, parece que las que presentan una alta puntuación pueden corresponderse con una alta percepción de confianza.

Todo ello tendría una relación con teorías evolucionistas que dotarían al líder de una imagen seria, dura, reflejo de una persona que se siente superior y que sería capaz de defender al grupo frente a lo avatares del destino. Esta persona en la que confiaríamos, reflejaría en su rostro cierto desprecio, ira y, desde luego, nada de miedo ni tristeza.

Limitaciones de estudio.

El presente estudio pretende ser un análisis exploratorio y descriptivo que de lugar a futuras investigaciones. Nuestro interés ha sido únicamente el acercar la Psicología de la Emoción y el Análisis del Comportamiento no Verbal al gran público recopilando datos de personas encuestadas y presentándolos de una manera seria y rigurosa, para así alejarnos de la interpretación fácil.

Este estudio es el inicio de una investigación científica más profunda que se está realizando en la actualidad, con control de la aleatorización en la presentación de estímulos y una muestra mayor de personas que no conocen a los candidatos.