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Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Expresión Facial (página 1 de 3)

La atracción social: claves no verbales según el medio de comunicación. Club del Lenguaje no Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Social attraction in video-mediated communicationThe role of nonverbal affiliative behavior” de CroesE. A. J.AntheunisML.Schouten, A. P. Krahmer, E. J. (2018), en el que se estudia cómo lapersonas expresan conductas afiliativas no verbales relevantes para la atracción social en la comunicación mediada por vídeos. 

Las plataformas de comunicación mediada por vídeo permiten a los usuarios comunicarse mediante una combinación de voz, vídeo y texto. Esto significa que se pueden transmitir muchas señales no verbales. A pesar de sus similitudes con la comunicación en persona, cara a cara, destacan dos diferencias fundamentales entre ambas formas. 

Por un lado, la comunicación por vídeo implica que las personas no están directamente en el entorno físico del otro. Por otro lado, tiene menor riqueza de información. La calidad y la velocidad de la señal de vídeo y audio pueden disminuir la transmisión de señales no verbales. Además, los comunicadores generalmente solo son visibles parcialmente, lo que significa que tienen un marco limitado para comunicarse. Consecuentemente, los comunicadores no pueden transmitir todas las señales que están disponibles en persona, como las señales posturales y las señales del contexto social. 

Por lo tanto, puede ser que las señales no verbales se utilicen y perciban de manera diferente. No obstante, la comunicación por vídeo puede tener sus beneficios. La falta de presencia física requiere menos habilidades sociales; así, las personas sienten una mayor sensación de control sobre la interacción y se sienten menos expuestos. 

Esto sugiere que, para algunas personas, la comunicación por vídeo puede ser un entorno más seguro, especialmente en las interacciones iniciales.  

Las señales no verbales tienen varios significados sociales en diferentes contextos y culturasPor tanto, al estudiar la conducta no verbal es importante no centrarse solo en el significado (positivo o negativo) social de las señales únicas, sino en señales múltiples y cómo estas pueden aparecer en las interacciones.  

De manera similar a la participación, se cree que la inmediatez mejora la comunicación directa y la cercanía entre los comunicadores y conduce a resultados positivos. Así las cosas, los autores se plantean tres cuestiones 

¿Cuánto difieren la comunicación por vídeo y en persona con respecto a la expresión de comportamientos afiliativos no verbales? ¿En qué medida los comportamientos afiliativos no verbales dan como resultado la mejora o el deterioro de la atracción social? ¿En qué medida este efecto es más pronunciado, en la comunicación por vídeo o en la comunicación en persona? 

Para darles respuesta, se condujo un experimento con 186 estudiantes de comunicación mayoritariamente, de entre 18 y 32 años. Los estudiantes fueron asignados al azar a una díada de sexo cruzado con un individuo desconocido. Aleatoriamente, se les asignó la forma de comunicación cara a cara o mediante vídeo.  

Se instruyó a los participantes que mantuvieran una conversación con libertad para conocerse y hablar sobre cualquier tema durante un mínimo de 12 minutos. En el caso de los vídeos, los participantes pudieron mirar la pantalla y hacer contacto visual al mismo tiempo sin poder verse a sí mismos. Todas las interacciones fueron grabadas.  

Los gestos y signos visuales analizados fueron asentimientos de cabeza, sonreír, inclinarse hacia adelante, evitar la mirada, tocarse la cara y coincidencia de la postura corporal. Los auditivos fueron la fluidez del discurso o habla, variación del tono de voz y la intensidad y tensión vocal. Después del experimento, los participantes respondieron un cuestionario para medir la atracción social. 

Así pues, los resultados fueron los siguientes. Por un lado, asentir con la cabeza, la fluidez del discurso, inclinarse hacia adelante, la coincidencia de posturas, la tensión vocal y evitar la mirada no eran signos significativos que difirieran entre la comunicación por vídeo y en persona.  

En contraposición, sonreír, las variaciones en el tono de voz, tocarse la cara y la intensidad vocal sí revelaron diferencias basadas en la forma de comunicación. En la comunicación por vídeo, los participantes sonreían de manera más animada y expresaban más intensidad vocal (hablaban más alto)Esto podría indicar que, mediante una mayor expresividad visual y vocal, se trata de compensar la falta de presencia física. Cuando los participantes se comunicaban en persona las variaciones en el tono de voz eran mayores y se tocaban más la cara. Sin embargo, no se pudo determinar el por qué de estas diferencias ni su significado exacto. 

Por otro lado, en lo que respecta a la medición de la atracción social, se observó lo siguiente. El análisis no reveló ningún efecto significativo de los movimientos de cabeza, la sonrisa, inclinarse hacia adelante, coincidencia postural, variación de tono, intensidad vocal, el tacto facial o la tensión vocal en la atracción social.  

Por el contrario, la fluidez del discurso y evitar la mirada sí influíanEn la comunicación en persona, solamente apartar la mirada impactaba en la atracción social, mejorándola. Por su parte, en la comunicación por vídeo solo una mayor fluidez del discurso conducía a una mayor calificación de atracción social por parte de su compañero de interacción. Ninguna de las otras señales influyó significativamente en la atracción social. 

Por lo que, resumidamente, los hallazgos sugieren que cuanto más rápido hablaban las personas y más tiempo desviaban la mirada, más atraídos estaban sus compañeros de interacción hacia ellos. Se cree que el habla más rápida muestra afinidad. Así, los comunicadores que hablan más rápido a menudo parecen más agradables y amigables en comparación con los comunicadores “menos” involucrados. 

Por otro lado, los estudios muestran que los compañeros de interacción generalmente se evalúan de manera más positiva, cuanto más largas y menos frecuentes son sus miradas. La frecuencia y duración de la mirada deben entenderse de forma conjunta para impactar en la atracción social, no separadamente.  

Todo esto sugiere que diferentes señales mejoran la atracción social en diferentes modos de comunicación. Puede ser que la mediación en sí, o la ausencia de presencia física, influya en cómo las personas se expresan en una interacción. También cabe la posibilidad de que, en interacciones inicialeslas señales no verbales tengan un efecto relativamente pequeño en la atracción social en comparación a la comunicación verbal. 

En el futuro, otras investigaciones podrían indagar en las diferencias de sexo en las distintas formas de comunicarse, estudiarse los atributos globales de interacción y no solo de manera individual, o qué significan la duración y frecuencia de distintas señales no verbales en vez de solo de la mirada. 

Del mismo modo, sería interesante para futuras investigaciones analizar si el uso de señales no verbales específicas, como la mirada, son empleadas con más frecuencia por lapersonas como un medio para expresar su atracción hacia su interlocutor en las interacciones iniciales. 

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¿Es posible predecir el éxito de una relación romántica de pareja gracias al comportamiento no verbal? Club del Lenguaje no Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Speech Is Silver, Nonverbal Behavior Is Gold: How Implicit Partner Evaluations Affect Dyadic Interactions in Close Relationships” de Faure, R.; Righetti, F.; Seibel, M. y Hofmann, W. (2018), en el cual se estudia de qué forma el éxito de una relación romántica de pareja parece depender en gran medida de cómo las personas se comportan espontáneamente en su relación, lo que puede estar enraizado en sus evaluaciones implícitas de la pareja y el comportamiento no verbal.

¿Qué determina que una relación romántica de pareja sea exitosa en el largo plazo?

Los últimos hallazgos al respecto revelan que las evaluaciones implícitas de la pareja (es decir, asociaciones afectivas automáticas que involucran a nuestra pareja) tienen un papel crucial en la predicción de cambios en la satisfacción de la relación.

Se sabe muy poco acerca de los procesos relacionales reales (es decir, evaluados objetivamente) y específicos (es decir, espontáneos o deliberativos), que están influenciados por las evaluaciones implícitas de la pareja en entornos de la vida real.

Las evaluaciones implícitas de la pareja se activan automáticamente tan pronto como la pareja se encuentra y sirven como una fuerza impulsora para provocar comportamientos espontáneos (por ejemplo, el lenguaje no verbal), a menos que las personas estén motivadas y puedan controlar más sus respuestas.

Evaluar los sentimientos automáticos y las asociaciones que involucran a la pareja de uno usando medidas indirectas (es decir, medidas implícitas), evitando que las personas monitoreen su respuesta, es más adecuado para detectar afectos espontáneos y experiencias emocionales que ocurren en las parejas o díadas románticas.

En el estudio concreto de los autores, se usaron datos de observación y experiencias de la vida real para investigar si dichas evaluaciones de la pareja predicen su comportamiento no verbal en interacciones diádicas —esto es, de pareja— y si el comportamiento no verbal, en consecuencia, afecta los resultados de la relación. De hecho, el comportamiento interpersonal es un determinante principal del éxito de la relación y, aunque sutiles, las respuestas no verbales cumplen funciones cruciales durante la comunicación romántica.

Así pues, tras analizar los cuestionarios rellenados por los miembros de 129 parejas heterosexuales y 1 pareja homosexual y observar una conversación de cada pareja sobre un tema en el que tuvieran posturas enfrentadas y que, en el largo plazo, tuviera el potencial de influenciar o impactar su bienestar de pareja, se llegaron a las siguientes conclusiones generales.

En primer lugar, se pudo establecer una relación directa entre las evaluaciones implícitas de la pareja y su comportamiento no verbal. Esto es, cuanto más asociaran automáticamente los participantes a su pareja con elementos positivos, más signos no verbales constructivos exhibían al interactuar con la pareja. Lo mismo puede decirse a la hora de buscar una solución juntos, más satisfactoria, en temas de conversación con puntos de vista enfrentados.

Por lo tanto, las evaluaciones implícitas de la pareja se asociaron positivamente con la satisfacción de la relación a largo plazo, manteniéndose o incrementándose gradualmente esa satisfacción. Este efecto parece explicarse en parte por un comportamiento no verbal más constructivo exhibido en la interacción diádica.

Sin embargo, debe puntualizarse que dichas evaluaciones son aplicables a la propia persona que las realiza y no tanto a su pareja (los efectos no perduran mucho en el tiempo para la otra persona, sino más para uno mismo). En cualquier caso, contribuyen al bienestar de la relación al promover señales no verbales más constructivas, aunque también, en menor medida, pueden beneficiar indirectamente a su pareja.

Los comportamientos no verbales y los resultados en la relación de los participantes fueron predichos predominantemente por sus propias evaluaciones implícitas, y no se asociaron de forma consistente con la evaluación implícita de su pareja o el comportamiento no verbal de su pareja.

En contraposición, no existía ninguna relación entre las evaluaciones implícitas y el comportamiento verbal, ni tampoco entre cuestionarios específicos de evaluación de la relación (si estaban satisfechos con la pareja o no) y el comportamiento tanto no verbal como verbal.

El vínculo único entre las evaluaciones implícitas de la pareja y el comportamiento no verbal revela que los resultados de la relación pueden verse afectados por las respuestas conductuales que pueden escaparse del control de los individuos. Tales hallazgos enfatizan la importancia de los procesos automáticos para comprender las fuentes y las consecuencias de la comunicación romántica y para mejorar las interacciones disfuncionales.

Así pues, existe evidencia de que las razones por las que las evaluaciones implícitas de la pareja son capaces de predecir los resultados de la relación a largo plazo pueden descansar en sus influencias sobre los comportamientos automáticos en las interacciones de pareja diarias. Debido a que un aspecto único de las díadas románticas es que las parejas son muy espontáneas entre sí, el comportamiento no verbal se destaca como un proceso interpersonal a través del cual las evaluaciones implícitas de la pareja ejercen su influencia en los resultados de la relación a lo largo del tiempo.

Entonces, ¿cómo es posible esta predicción? ¿En qué se fundamente este proceso?

Además de la contribución del comportamiento no verbal constructivo, ya mencionada, otra posibilidad podría ser que, a corto plazo, los individuos puedan interpretar su relación por las microexpresiones y emociones que exhiben espontáneamente hacia su pareja, que inicialmente se desencadenan por sus evaluaciones implícitas de la pareja. Por ejemplo, si esta evaluación es positiva puede evocar sonrisas hacia la pareja con más frecuencia. Consecuentemente, dichas interacciones de pareja se perciben como más satisfactorias.

Por lo tanto, a largo plazo, las evaluaciones implícitas de la pareja pueden influir en las evaluaciones explícitas por las inferencias que las personas extraen de su comportamiento no verbal hacia su pareja.

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El efecto placebo y nocebo en pacientes médicos. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “A Qualitative Systematic Review of Effects of Provider Characteristics and Nonverbal Behaviour on Pain, and Placebo and Nocebo Effects” de Daniali, H. y Flaten, M. A. (2019), en el cual se estudia cómo el comportamiento no verbal y las características de los médicos influyen en los dolores y el efecto placebo de sus pacientes.

El efecto placebo es una respuesta psicobiológica que se produce, en el ámbito médico, cuando un paciente nota una disminución de su dolor al administrársele medicación inactiva pero cuya información dada al paciente es positiva. En contraposición, el efecto nocebo es el caso opuesto, cuando la información negativa sobre un medicamento reduce sus efectos analgésicos en el paciente.

Así pues, no es raro el uso de la información para alcanzar el efecto placebo de manera conjunta con la medicación real para el tratamiento en cuestión. Sin embargo, existen otros factores sutiles que pueden influir en el resultado del tratamiento. Estos son, entre otros, las características de médico y su comportamiento no verbal con el paciente.

Con el fin de determinar la importancia de dichos factores, los autores analizaron un total de 34 estudios al respecto.

Por un lado, algunos estudios determinaron que el sexo del médico puede influir en el umbral de dolor y su intensidad reportada por los pacientes. Se detectó evidencia de un efecto interactivo: esto es, los médicos inducían menos dolor en sujetos del sexo opuesto. No obstante, no existe ninguna tendencia clara o fiable de un efecto concreto en el dolor o el efecto placebo en base al sexo del médico.

Esta relación entre el sexo del médico y el paciente parece responder, sin embargo, a cuestiones sociales basadas en el rol de género en vez de a factores biológicos. Esto es, la explicación sería que se trata de impresionar al sexo opuesto, si bien también se ha sugerido que, en pacientes femeninas, algunos factores fisiológicos contribuyen al informe de menos dolor frente a médicos varones.

Del mismo modo, el estatus del médico y su confianza, cuanto mayores sean, influyen también en informes de menos dolor, mejores estados físicos y emocionales y valoraciones del dolor más exactas de los pacientes.

Esto es debido a que los pacientes experimentan una presión sanguínea más alta y más estrés que modulan la percepción del dolor. Asimismo, se identificó que la mayor confianza y estatus generan un efecto placebo más alto.

Por otro lado, al estudiar la relación entre el comportamiento no verbal de los médicos y sus efectos en los pacientes, se identificaron aspectos de relevancia. En primer lugar, en comparación a los doctores con un comportamiento no verbal negativo, aquellos que muestran un comportamiento no verbal positivo (sonreír, contacto visual, el tono de voz, la postura…) inducían a una mayor tolerancia al dolor y menos expresiones de dolor. Además, dichos médicos suelen generar valoraciones del dolor más exactas.

En contraposición, los médicos con un comportamiento no verbal negativo (movimientos restringidos, contacto visual mínimo, poco contacto físico con el paciente…) inducía a un menor umbral de dolor del paciente.

Contrariamente, el umbral de dolor será mayor cuando se habla suavemente al paciente y se respeta su espacio personal. Del mismo modo, una actitud más entusiasta o positiva por parte del médico parece repercutir en un menor uso de narcóticos para los pacientes y, en general, un mejor estado físico.

Este tipo de actitud es también aplicable al efecto placebo, el cual se incrementa con una actitud positiva. La comunicación también es importante, pues un estilo más extenso o abierto y cálido, por ejemplo, manteniendo contacto visual y mostrando empatía, influye positivamente en el paciente (menos intensidad del dolor, más alivio de los síntomas y, en general, una mejora global).

Así pues, comparado con un estilo cerrado o neutral de comunicación, el estilo abierto o amigable de comunicación por parte de los médicos inducía a una expectación positiva más fuerte en su tratamiento o mejora (efecto placebo). En el extremo opuesto, el efecto nocebo es inducido con más frecuencia si el médico presenta un comportamiento no verbal negativo o distante (incluida la comunicación) con su paciente, reduciendo en consecuencia el efecto placebo.

¿La explicación?

El dolor es reconocido como un estresor; la mayoría de situaciones dolorosas nos provocan estrés y emociones negativas, las cuales a su vez pueden incrementar la experiencia o sensaciones de dolor.

En este sentido, ofrecer toda la información posible al paciente ayuda a reducir estos niveles de estrés y emociones negativas, permitiéndole adquirir conocimiento acerca de la eficacia de las intervenciones. Esto abarca también el comportamiento no verbal del médico o el interviniente, el cual supone una fuente de información para los pacientes. Por ejemplo, el comportamiento no verbal positivo del médico puede ser interpretado por el paciente como un signo de satisfacción con los resultados de la intervención y viceversa.

Finalmente, para explicar la relación con los efectos placebo y nocebo, se toma una perspectiva similar.

El comportamiento no verbal asume un papel afirmativo o contradictorio de la información verbal, del discurso, por lo que el comportamiento no verbal positivo puede tener un valor añadido al discurso, aumentando el efecto placebo. Si el comportamiento no verbal —negativo— contradice la información verbal, los efectos placebo pueden disminuir o, incluso, no existir. Cabe añadir que las propias expectativas también pueden contribuir a la modulación del estrés y las emociones.

Así pues, es indiscutible que existe una relación entre las características personales de los médicos y, sobretodo, su comportamiento no verbal y los efectos que producen en la percepción del dolor y el efecto placebo y nocebo. Sin embargo, no puede alcanzarse una conclusión generalizada y firme con respecto a cuánta influencia tienen, pues se necesita de más investigación para identificar, entre otras cuestiones, qué comportamientos no verbales específicos tienen un mayor impacto en tales efectos y cuáles son sus mecanismos de funcionamiento.

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Inferencias de los niños sobre sus iguales en base al comportamiento no verbal. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Children use nonverbal cues from an adult to evaluate peers” de Brey, E. y Shutts, K. (2018), en el cual se analiza la manera en que el comportamiento no verbal de los adultos influye en las inferencias que los niños hacen de sus iguales.

¿Cómo forman los niños las impresiones sobre los rasgos y habilidades de sus iguales?

Una de las explicaciones más recurrentes que se ha dado a esta pregunta es que los niños observan el comportamiento de otros niños y, a raíz de ahí, realizan inferencias. Sin embargo, otra fuente de información para los niños es la reacción —en especial de índole no verbal— de las figuras de autoridad, adultos como los padres o los profesores, con otros niños. Así, una mejor comprensión de cómo los niños forman estas impresiones podría sugerir estrategias para mejorar el trato mutuo entre los niños.

Por ejemplo: la inteligencia suele ser un rasgo clave en torno al que los niños forman sus impresiones de otros, tendiendo a confiar más en “niños listos”.

Sin embargo, en diversos estudios se detectó que, a pesar del comportamiento observado en las aulas, donde las chicas solían hacer mejor las tareas que los chicos, muchos de los niños pensaban que los chicos son más listos que las chicas dados los estereotipos de género, los cuales pueden ser transmitidos por las figuras de autoridad (el profesor en este caso, pues se ha comprobado que muchos tienden a favorecer de forma no verbal a aquellos estudiantes que consideran más inteligentes, por ejemplo, sonriéndoles más).

Así pues, los niños usan los comportamientos no verbales de los adultos para guiar sus interacciones, evaluaciones y confianza en otras personas desde una edad temprana, confiando más en aquellos adultos que reciben un comportamiento no verbal positivo de otros adultos. Pero ¿qué hay de las inferencias sobre otros niños?

En el primero de los dos estudios de los autores, 96 niños de entre 5 y 6 años visualizaron un video de una actriz simulando a una profesora junto a las fotografías de dos niños de su edad, desconocidos todos ellos para los participantes, donde solo la cara de la profesora era visible para ellos, estando los alumnos de espaldas. La prueba consistía en simular la lectura de un pasaje breve, utilizando el mismo audio con la voz modificada para los estudiantes, por lo que el rendimiento de la lectura era el mismo.

Asimismo, a los participantes se les pidió que dedujeran qué estudiante del video era más listo, más bueno o más fuerte. En total, visualizaron 5 gestos de sonrisa-neutralidad, 5 de asentimiento-neutralidad, 5 más de contacto físico-neutralidad y otros 5 de neutralidad-negación con la cabeza, alternando siempre diferentes estudiantes en las fotografías.

Los resultados mostraron que, para la categoría de listo y fuerte, solo el contacto físico estimuló respuestas al azar sobre estos atributos de los alumnos, mientras que asentir y sonreír (comportamiento no verbal positivo) provocaron que infiriesen que el alumno al que se dirigían estos gestos era más listo y más fuerte que el otro. Para la categoría de bueno, los participantes seleccionaban al estudiante que recibía cualquier tipo de señal no verbal positiva o que, en su defecto, no recibía el gesto de negación.

Resulta relevante añadir que el estudió reveló a su vez que los participantes tienden a escoger con más frecuencia a aquellos estudiantes que no recibían señales no verbales negativas que, en comparación, seleccionar a aquellos que recibían señales no verbales positivas (concretamente, en los gestos de neutralidad-negación con la cabeza). Asimismo, las inferencias sobre la inteligencia eran más fiables que las de la fuerza, lo que puede sugerir que los niños ven a sus profesores como fuentes de información de mayor confianza con respecto a esta característica, o que asocian la lectura y el colegio con la inteligencia más que con la fuerza física.

En el segundo estudio de los autores, se pidió a 32 participantes de 5 a 6 años que seleccionasen al alumno más listo entre dos, uno de ellos leyendo fluidamente un texto, pero recibiendo menos gestos no verbales positivos, mientras que el otro leía con menor fluidez y, sin embargo, recibía más señales no verbales positivas de la profesora. En adición, se excluyó el gesto de contacto físico y se incluyó una nueva reacción por parte de la profesora: mantener una expresión neutral para ambos alumnos.

Bien, como resultados, se determinó que, en ausencia de señales no verbales, los participantes elegían al lector más ágil como el más listo, mientras que el comportamiento no verbal positivo dirigido al alumno que lee con menos fluidez influye en las respuestas de los participantes, provocando que se le escoja con mayor frecuencia como el más listo de los dos, siendo la fluidez menos percibida o relevante en este caso para los participantes.

Así pues, los hallazgos proporcionan evidencia de que los niños usan los comportamientos no verbales de los profesores, o adultos y figuras de autoridad, para guiar su pensamiento sobre sus compañeros, llegando a ser incluso más relevantes estos comportamientos que el desempeño académico real de los niños. En este contexto, ocasionalmente puede apreciarse que algunos niños experimentan un efecto halo, teniendo una impresión positiva de todas las características o cualidades de los compañeros.

En investigaciones futuras, sería relevante comprobar si este patrón se repite con el comportamiento no verbal de distintos profesores o adultos y se mantiene la misma influencia. Del mismo modo, también sería conveniente explorar estas cuestiones, impresiones e influencias de múltiples formas más: por ejemplo, en un entorno más natural, como las clases verdaderas de los niños y sus compañeros y profesores reales, con los que sí están familiarizados;  ampliando los rangos de edad de los participantes y las diferencias apreciadas en ellos; o cómo el comportamiento no verbal de los profesores puede contribuir a los estereotipos de distintos grupos sociales que los niños se forman.

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¿Podemos predecir el resultado de un penalti gracias al comportamiento no verbal? Club del Lenguaje no Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Nonverbal behavior accompanying challenge and threat states under pressure” de Brimmell J., Parker J.K., Furley P. y Moore L.J. (2018), en el cual se analiza si las situaciones de amenaza o reto predicen el comportamiento no verbal en el deporte, concretamente en los penaltis de fútbol.

En no pocas ocasiones, los deportes de competición como el fútbol pueden depender de un único momento de presión para determinar la victoria o la derrota.

En estos casos, los atletas hacen una evaluación de la situación en la que determinan las exigencias que se les presentan y con qué recursos cuentan ellos para hacerles frente. Por tanto, en función de si identifican la situación estresante como una amenaza o un reto, su respuesta psicofisiológica se verá condicionada. Y esta respuesta, dependiendo de si el atleta percibe una amenaza o un reto, es lo que nos permite a su vez observar respuestas diferentes en el comportamiento no verbal.

En este contexto deportivo, los penaltis de fútbol y la preparación a estos suponen un escenario claro en el que podemos observar estas reacciones no verbales dados los altos niveles de estrés a los que somete individualmente a los futbolistas.

Para determinar las características del comportamiento no verbal de los jugadores, el estudio contó con 42 participantes a los que se midió, por un lado, su información cardiovascular antes y después del penalti; por otro lado, una autoevaluación sobre su opinión con respecto a la prueba, la exigencia de esta y sus recursos personales; y, por último, una observación por terceros de su comportamiento no verbal.

Así pues, se hizo uso de seis índices para medir los resultados, a saber: sumiso-dominante; sin confianza-confiado; nervioso-sereno; no centrado-centrado; amenazado-desafiado; e inexacto-exacto.

Pues bien, a excepción del índice no centrado-centrado, todos los demás pudieron ser determinados por la autoevaluación de los participantes, pero no por las respuestas fisiológicas, determinándose así que los comportamientos positivos con la confianza, la exactitud… Se correspondían con aquellos jugadores que consideraban la prueba como un reto o desafío, quienes estimaban sus capacidades o recursos como superiores a las exigencias del reto. Sin embargo, ¿qué hay del comportamiento no verbal?

Los resultados nos muestran que los participantes que se sintieron desafiados en lugar de amenazados fueron percibidos por su lenguaje no verbal como más dominantes, confiados y serenos, así como con más probabilidades de tirar el penalti correctamente, con exactitud. Este lenguaje no verbal se corresponde con respuestas positivas como mantener una postura erguida, con los hombros echados hacia atrás y la barbilla alta, preparándose con control, con tranquilidad y manteniendo contacto visual directo con su objetivo.

Consecuentemente, los resultados resaltan que las evaluaciones de estrés por parte de los atletas parecen estar relacionadas con el comportamiento no verbal. Además, respaldan investigaciones previas de psicología social e implican que diferentes comportamientos no verbales pueden acompañar el desafío y la amenaza evaluados.
En contraposición, las respuestas fisiológicas de los jugadores demostraron no ser tan relevantes a la hora de predecir el comportamiento no verbal de los participantes o determinar si estos evaluaron la situación como un reto o una amenaza, pues están débilmente relacionadas en el contexto del estrés deportivo en oposición a estudios previos desarrollados en contextos sociales. En estos últimos, la respuesta fisiológica de los participantes si parecía estar más vinculada a su comportamiento no verbal (ej. al sentirse amenazado, el sujeto tiene menos respuestas positivas como la sonrisa y una mayor paralización corporal, como la ausencia de movimientos de manos o cabeza).

Sin embargo, no hay que olvidar que el comportamiento no verbal está relativamente abierto al control consciente de la persona y, en consecuencia, es susceptible de ser forzado a adaptarse a sesgos de deseabilidad social. Por ejemplo, en un discurso, el sujeto puede tratar de compensar su falta de habilidad, evidenciada en un tono de voz bajo, con un lenguaje corporal confiado, aún a pesar de tener una respuesta cardiovascular que se corresponde con el sentimiento de sentirse amenazado ante la situación estresante. En tal sentido, investigaciones futuras podrían tratar de distinguir entre las señales no verbales autónomas, asociadas con los estados de desafío y amenaza, y los intentos deliberados no verbales de enmascarar estos estados.

Así las cosas, la evaluación de cometidos estresantes como amenazas se relaciona con un peor rendimiento deportivo. Para la optimización de dicho rendimiento, los profesionales pueden usar el comportamiento no verbal (junto con las medidas de autoinforme) para identificar a los atletas que evalúan situaciones estresantes como una amenaza (aquellos que parecen más nerviosos, cuyo lenguaje corporal hace que ocupen menos espacio, sin una postura erguida o un patrón de mirada menos estable) e intentar que se beneficien de intervenciones en las que se les anime a ver tal situaciones, en vez de como amenazas, como desafíos.

Sin embargo, la identificación fiable de tales comportamientos no verbales sutiles probablemente será difícil, ya que los pocos estudios de codificación no verbal en el deporte solo se han centrado en comportamientos claramente visibles como el orgullo, la vergüenza o la alta presión. Por lo tanto, la investigación futura debería usar diseños experimentales para ofrecer una comprensión más causal de la relación entre los estados de desafío y amenaza y el comportamiento no verbal. Además, el enfoque en el estrés competitivo podría verse como una limitación, por lo que se podrían examinar también las respuestas psicofisiológicas y no verbales de los atletas al estrés organizacional.

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