Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Expresión Facial (Página 1 de 4)

El parpadeo como indicador no verbal de engaño. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “In the blink of an eye: Quantitative blink dynamics predict deceptive personality traits in forensic interviews” de Gullapalli, A. R.; Anderson, N. E.; Yerramsetty, R.; Harenski, C. L. y Kiehl, K. A. (2021), en el que se analiza la hipótesis de que la detección automatizada del parpadeo y la frecuencia de parpadeo predicen los niveles de engaño en el ámbito forense.

El engaño se define como la transmisión intencional de un mensaje destinado a fomentar creencias o percepciones falsas en el destinatario. A pesar de la prevalencia de varias tácticas para detectar a un mentiroso, su fiabilidad es, en el mejor de los casos, controvertida. La investigación moderna sugiere que los humanos rara vez se desempeñan mejor que el azar cuando se les asigna la tarea de identificar mentiras.

Con la llegada de mejor tecnología, existe un mayor interés en los enfoques automatizados para la detección del engaño. Algunas de estas técnicas se basan teóricamente en observaciones de que mentir, al menos para algunos tipos de mentiras, puede ser más exigente cognitivamente que decir la verdad. Fabricar una mentira plausible con detalles relevantes requiere imaginación, planificación… entre otras estrategias cognitivas. El aumento de la demanda cognitiva de decir una mentira también se ha observado en estudios de resonancia magnética funcional. En estos se asoció con tiempos de respuesta más largos y una mayor actividad cerebral.

Una de las manifestaciones no verbales observables de la carga cognitiva se puede encontrar en los parpadeos. Los parpadeos no ocurren al azar; se ha dicho que se producen después de una alta carga cognitiva. Esto ha llevado a un mayor interés en el uso de la tasa de parpadeo como indicador de engaño, en función de la carga cognitiva en el cerebro.

Varios estudios han encontrado que las tasas de parpadeo disminuyen con un aumento en la carga cognitiva (durante la confabulación) seguido de un aumento compensatorio en los parpadeos inmediatamente después de la mentira, cuando la carga cognitiva ha disminuido. No obstante, otros estudios han propuesto el efecto contrario: la frecuencia de parpadeo aumenta mientras se dice una mentira.

El hecho común observable en todos los estudios es que hay una desviación de la frecuencia de parpadeo durante el proceso de decir una mentira.

El comportamiento deshonesto como la mentira patológica, engaño y manipulación son características clínicas de la psicopatía. Así, los autores investigaron si la frecuencia de parpadeo puede estar relacionada con rasgos de personalidad psicopáticos en un entorno orgánico, donde no se animó a los participantes a participar en conductas engañosas. El conjunto de datos comprendía grabaciones en video de hombres adultos encarcelados, 125 en total. Los voluntarios fueron filmados durante las evaluaciones clínicas basadas en entrevistas, incluido el PCL-R y el SCID-IV. Los datos se registraron a través de una cámara digital enfocada en los entrevistados, quienes estaban sentados y frente a la cámara.

Hay dos metodologías principales para detectar parpadeos: activa y pasiva. Los métodos activos son muy fiables, pero requieren hardware adicional que puede resultar intrusivo, por ejemplo, cámaras e iluminadores de infrarrojos, etc. Las metodologías pasivas generalmente se basan en datos de video adquiridos de una sola cámara. Los avances recientes en el procesamiento de imágenes han llevado al desarrollo de detectores de puntos de referencia faciales que exhiben robustez en la orientación, iluminación y expresiones de la cabeza. Este último método fue el que utilizaron los investigadores.

Los puntos de referencia faciales se detectan localizando primero el rostro en una imagen. Una vez que se identifica esta región de interés, se identifican las estructuras faciales clave. Hay varias implementaciones, pero todas etiquetan las regiones clave de la cara, como la boca, la nariz, la mandíbula, los ojos y las cejas.

Así, los resultados del estudio indicaron que los rasgos psicopáticos interpersonales están asociados con anomalías en el cambio de las tasas de parpadeo durante las entrevistas naturalistas.

Estas dinámicas anormales de frecuencia de parpadeo indican cambios más frecuentes en la frecuencia de parpadeo en bloques de tiempo cortos. Estos cambios en las tasas de parpadeo se han asociado anteriormente con la deshonestidad en las manipulaciones de laboratorio. Estos resultados pueden agregar credibilidad a la fiabilidad de los indicadores no verbales de deshonestidad, específicamente en este caso el parpadeo.

También debe tenerse en cuenta que los cambios en la frecuencia del parpadeo no son indicativos de engaño per se. Más bien puede considerarse indicativo de los cambios en la demanda cognitiva, entre otras influencias fisiológicas y ambientales. Es notable que no se encontró una asociación significativa con la puntuación general de psicopatía.

Los investigadores utilizaron las puntuaciones PCL-R del Factor 1 como una medida de los rasgos engañosos, en lugar del engaño por se. Esto es, más que detectar una mentira concreta en todo momento, la frecuencia de parpadeo puede indicar tendencias o aspectos engañosos sobre el mensaje del interlocutor, o el propio interlocutor, señalando una mentira o mentira parcial.

En los resultados, vemos una relación entre las co-ocurrencias de conteo de parpadeo más alto con las puntuaciones del Factor 1. Esto puede ser indicativo de ráfagas de parpadeo que se han informado previamente como asociadas con el engaño. La mayor incidencia de parpadeos, en este caso, puede ser indicativa de un comportamiento engañoso.

El enfoque de modelado dinámico propuesto también se puede ampliar para trabajar con datos de parpadeo, en los que se conocen casos explícitos de mentir frente a decir la verdad. Una limitación del estudio de los autores es que la muestra actual incluyó solo hombres adultos. Futuros trabajos deberían examinar si estos resultados se generalizan entre géneros y edades (es decir, jóvenes).

Además de los parpadeos, se han identificado otras señales no verbales del engaño, como el aumento de la velocidad del habla, el aumento del número de palabras habladas y los movimientos de la cabeza mientras se está acostado.

Los hallazgos de los autores se suman a un campo emergente de la literatura, el cual investiga el uso de los últimos avances tecnológicos hacia el modelado del comportamiento. Así, el método seguido en esta investigación resulta único para cuantificar la dinámica de parpadeo extraída de un entorno naturalista, en el cual no se pidió a los participantes ni que mintieran ni que dijeran la verdad.

También se ha demostrado que los patrones de parpadeo, en vez de las tasas generales de parpadeo, son indicadores útiles de los niveles de rasgos de engaño.

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Las manifestaciones faciales no verbales y su relación con las diferencias individuales. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Personal Nonverbal Repertoires in facial displays and their relation to individual differences in social and emotional styles” de Ilgen, H.; Israelashvili, J. y Fischer, A. (2021), en el que se estudian las diferencias individuales en las manifestaciones faciales relativamente frecuentes.

Algunas personas levantan constantemente las cejas, otras sonríen continuamente. ¿Pero es esto pura coincidencia o podría reflejar el estilo social y emocional de un individuo en las interacciones?

Algunos trabajos ya han sugerido la posible existencia de diferencias individuales en los micromovimientos faciales. Sin embargo, hasta la fecha, las manifestaciones faciales se han considerado principalmente como estados momentáneos, descritos como lecturas de emociones, señales de intenciones sociales, estados de preparación para la acción o estados motivacionales más generales. Mientras que las reacciones faciales son claramente contingentes a la situación —es decir, respuestas a un evento— también pueden considerarse como disposiciones más estables. Los individuos pueden diferir sistemáticamente en la frecuencia con la que muestran reacciones faciales específicas, en situaciones específicas.

Siguiendo las discusiones en la investigación de la personalidad, la ocurrencia de un comportamiento no verbal en un individuo puede ser relativamente estable en el tiempo. Por lo tanto, mientras que, por ejemplo, todo el mundo puede sonreír más en una boda que en un funeral, algunas personas pueden sonreír más que otras en ambos contextos.

Para profundizar en esta cuestión, los autores investigaron diferentes tipos de medidas de los estilos sociales y emocionales. En primer lugar, midieron dos dimensiones en el dominio interpersonal: extraversión (frente a introversión) y dominio (frente a sumisión). Además, se incluyeron medidas de diferentes estilos en situaciones de conflicto. La finalidad de esto último era distinguir 5 estilos diferentes para afrontar situaciones conflictivas, basados en dos dimensiones: la preocupación por los demás y la preocupación por uno mismo.

Los estilos sociales y emocionales también pueden reflejarse en las diferencias individuales en la regulación de las emociones. Algunos autores distinguen dos tipos de reguladores emocionales: personas que reprimen sus emociones y personas que revaloran el evento emocional.

Esta investigación ha demostrado típicamente que los reevaluadores son más capaces de disminuir la intensidad de sus emociones negativas, en comparación con los supresores. Los supresores todavía experimentan una buena cantidad de emociones negativas, aunque intentan no mostrarlas. Por último, las personas también difieren en lo nerviosas que están por evitar el castigo frente a lo positivas que son para lograr sus objetivos. Así, se han propuesto dos dimensiones de la personalidad: ansiedad e impulsividad.

Hasta la fecha, solo unos pocos estudios han examinado las acciones faciales en relación con las diferencias individuales estables, como el temperamento o el estado de ánimo general. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que en estudios anteriores solo se midieron expresiones planteadas y no espontáneas, enfocándose exclusivamente en las características que los observadores infieren de estas expresiones.

Así, los autores utilizaron en su propio estudio un enfoque novedoso, examinando las acciones faciales espontáneas en relación con las diferencias individuales autoinformadas en los estilos sociales y emocionales. Los participantes fueron 110 hombres y mujeres holandeses, de 20 a 78 años de edad. Cada participante recibió instrucciones sobre el procedimiento, indicando que participarían en sesiones grabadas en vídeo y luego completarían 5 cuestionarios.

Las preguntas por ordenador comenzaron con hechos, pero se volvieron más personales e íntimas durante la sesión, marcando el participante su ritmo de respuesta. Posteriormente, las preguntas con un entrevistador también se centraron en experiencias emocionales específicas (miedo, ira, orgullo). El entrevistador marcó el ritmo de las preguntas y siguió con preguntas sobre las respuestas iniciales del participante.

Los autores encontraron apoyo para el concepto de repertorios personales no verbales: cada individuo mostró una o más acciones faciales con más frecuencia en dos contextos que la media de todas sus acciones faciales. Específicamente, se dentificaron cinco repertorios —sonreír, parpadeo parcial, caída de párpados, tensión y abrir los ojos—, parcialmente consistentes con investigaciones anteriores. Consecuentemente, se examinó la relación de estos con los estilos sociales y emocionales. Cabe señalar que las acciones faciales individuales pueden enviar una señal diferente cuando ocurren en diferentes combinaciones.

El primero, sonreír, el cual también incluía levantar la mejilla y apretar el párpado inferior, entrecerrando los ojos y sugiriendo una sonrisa auténtica e intensa, más que educada. Como era de esperar, sonreír se asoció con un estilo de interacción positivo y extravertido, destinado a afrontar los problemas y encontrar compromisos.

El segundo, el parpadeo parcial, se asoció negativamente con parpadear, levantar el párpado inferior y levantar las cejas internas. Esto sugiere pasividad, puesto que son señales de una mirada activa y alerta. La asociación negativa con la extraversión encaja con esta explicación, sugiriendo una asociación positiva con la supresión de las emociones y la introversión.

El tercero, la caída de párpados, reflejando una baja excitación. Se asoció positivamente con ceder, lo que implica un estilo de interacción sumiso y ansioso basado en el estrés. La pregunta es cómo se pueden distinguir el parpadeo parcial y la caída, ya que ambos representan una postura pasiva. Mientras que el parpadeo parcial parece estar asociado principalmente con no mostrar ningún sentimiento (es decir, una cara de póquer), el otro sugeriría ansiedad y ceder.

El cuarto repertorio, tensión, consistía en fruncir el ceño, tensar los párpados, los labios y levantar las cejas. Los resultados sugirieron que las personas con este repertorio no verbal personal pueden, por un lado, mostrar enfoque y concentración, al tiempo que reprimen sus sentimientos de ansiedad. Finalmente, el quinto repertorio, abrir los ojos, no se asoció con levantar las cejas internas y externas. De hecho, no se encontró relación con los factores autoinformados. Sin embargo, sí se encontró con la reevaluación y negativa con el compromiso.

Resumidamente, todos los participantes mostraron una o más acciones faciales con relativa frecuencia, encontrándose evidencia de estos cinco factores de acciones faciales, denominados repertorios personales no verbales. Tres de ellos están asociados con estilos sociales y emocionales específicos en las interacciones. A saber: la sonrisa se asocia con el compromiso y la extraversión; la caída de párpados con ceder y el parpadeo parcial se correlaciona negativamente con la extraversión.

Las correlaciones con los estilos sociales y emocionales muestran que existe al menos un apoyo inicial para la idea de que las diferencias individuales, en algunas acciones faciales relativamente frecuentes, están relacionadas con estilos específicos de cada persona en las interacciones sociales.

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Las expresiones faciales de seducción. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Identifying a Facial Expression of Flirtation and Its Effect on Men” de Haj-Mohamadi, P.; Gillath, O. y Rosenberg, E. L. (2020), en el que se estudia la habilidad de las mujeres para transmitir efectivamente señales faciales indicativas de coqueteo y entre los hombres para reconocer esta señal.

Como criaturas sexuales, la mayoría de la gente quiere tener una pareja para reproducirse.

Asegurar una pareja sexual a menudo requiere la identificación de una persona adecuada, disponible y dispuesta, y la comunicación del interés en ella. La comunicación efectiva debería facilitar este proceso, mientras que la comunicación ineficaz podría resultar en consecuencias negativas para ambos. Un medio a través del cual las personas pueden transmitir interés en una pareja es la comunicación no verbal.

En particular, se sabe que las expresiones faciales son un indicador de estados internos y desempeñan un papel importante en la comunicación no verbal. Asimismo, se ha sugerido que son una forma eficaz de facilitar los procesos de inicio de relaciones y selección de pareja.

Las conductas de seducción no verbal, como el contacto visual sostenido, las sonrisas, una mirada tímida o tocarse, ya desempeñaban un papel importante en la seducción. No obstante, hasta la fecha pocas investigaciones sistemáticas han examinado las señales faciales no verbales específicas involucradas en la seducción.

Los comportamientos de seducción tienden a ser mostrados por ambas personas involucradas, brindándoles una manera de comunicar su interés mientras. Así posiblemente se evoca a su vez el interés de la pareja potencial. Por lo tanto, una pareja puede comunicar interés coqueteando, lo que puede conducir a una respuesta recíproca. Esto a su vez facilita el inicio de una relación, tanto esporádica como, incluso, más completa.

La seducción es comunicativa pero sutil, dejando abiertas las opciones sobre cómo (o si) proceder. La ambigüedad en el mensaje transmitido es especialmente importante para las mujeres. Según las teorías evolutivas, un conjunto diferente de desafíos motiva a las mujeres a ser más selectivas que los hombres a la hora de elegir una pareja.

Con el fin de analizar cómo las mujeres muestran expresiones faciales de seducción, y cómo los hombres reconocen e interpretan estas, los autores realizaron su propia investigación al respecto, realizando un total de 6 estudios. Se tomaron un total de 482 fotografías de 9 mujeres posando, actrices profesionales o mujeres que, en entrevista preliminar, dijeron haber coqueteado en el pasado. Las imágenes consistían en expresiones faciales felices, neutrales (de control) y de seducción (experimentales), hechas espontáneamente o siguiendo instrucciones. Estas estaban basadas en la anatomía de la acción facial dirigida.

Si los hombres participantes percibían ciertas expresiones faciales como indicativas de coqueteo, se pretendió reducir el grupo de estímulos a menos imágenes calificadas como altamente representativas de una expresión facial seductora. Específicamente, se expuso a los hombres a cada imagen, registrando sus reacciones inmediatas.

En el segundo estudio el objetivo era analizar aún más el conjunto de fotografías para distinguir más las expresiones seductoras de las felices y neutrales, con la menor superposición posible. Para ello, participaron 26 hombres a los que se les presentaron 233 imágenes de expresiones faciales neutrales, felices y coquetas. Para cada imagen, se pidió que imaginaran a la mujer con la expresión mostrada en una fiesta o un bar y calificaran cuánto encaja con la definición de coqueteo proporcionada para el estudio.

El tercer estudio pretendía determinar si los hombres calificarían las expresiones en las imágenes seleccionadas en los estudios previos como seductoras sin que se les pidiera inicialmente. Un objetivo adicional fue verificar que los hombres no calificaran simplemente las imágenes más atractivas de las mujeres como indicativas de seducción. Se les presentaron 31 fotografías de seis mujeres, mostradas al azar.

En el cuarto estudio, se buscó utilizar una metodología diferente para verificar que las imágenes elegidas como representativas de seducción se perciben efectivamente como tal; y determinar la morfología específica de una expresión reconocida como seductora por los hombres. Para lograr estos objetivos, se usaron solo expresiones de seducción, examinando qué expresiones tenían más probabilidades de ser calificadas como tal.

Así, estos cuatro estudios demostraron que una expresión facial de seducción tiene características únicas que la hacen diferente de las de felicidad o neutrales. En el quinto estudio se expuso a los participantes a la expresión facial seductora, midiendo posteriormente la accesibilidad cognitiva para palabras relacionadas con el sexo. Participaron 55 hombres. En el sexto estudio, se esperaba que las expresiones de seducción, en comparación con las felices y neutrales, dieran como resultado una identificación más rápida de palabras relacionadas con el sexo, en comparación con las neutrales o la ausencia de palabras. Los participantes de este último estudio fueron 72 estudiantes universitarios varones.

Así, se logró identificar dos expresiones faciales que los hombres reconocían constantemente como de seducción. Estas exhibían distintas similitudes con expresiones de coquetería observadas previamente, siendo:

  • La cabeza girada hacia un lado.
  • La cabeza ligeramente inclinada hacia abajo.
  • Una leve sonrisa.
  • Los ojos hacia adelante, hacia el objetivo implícito.

También los giros corporales menores. Sin embargo, no está claro si esta diferencia sugiere dos formas o motivaciones para coquetear, o si es un artefacto de la pose.

Las expresiones faciales de coquetería activaron esquemas relacionados con el sexo, como lo demuestra la identificación más rápida de palabras relacionadas con este en comparación con las palabras neutrales (estudios 5 y 6). Estos hallazgos sugieren que las expresiones de seducción en las mujeres transmiten interés y son reconocidas con éxito por los hombres.

Las expresiones faciales coquetas son sutiles y ambiguas; esto permite que las personas comuniquen su interés potencial mientras mantienen un margen de seguridad. Los hombres fueron capaces de reconocer esta sutileza en expresiones seductoras en comparación con expresiones felices o neutrales. En otras palabras, los hombres detectaron las sutiles diferencias entre las expresiones de seducción y alegría y respondieron más rápido a las mujeres que coqueteaban.

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¿Cómo percibir el engaño en negociaciones? Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Perceived deception in negotiation: Consequences and the mediating role of trust” de Au, A. K. C. y Wong, N. C. Q. (2019), en el que se estudia la percepción del engaño en las negociaciones.

La negociación es común en la vida cotidiana, pudiéndose ver como una forma de resolución conjunta de problemas. Sin embargo, se trata de una situación de cooperación atípica, en la que las partes pretenden alcanzar sus propios objetivos personales.

En tal contexto, encontramos el dilema de la información. Participar en una comunicación abierta y honesta es fundamental para que las partes negociadoras descubran la compatibilidad de sus intereses, pero revelar información sobre los verdaderos intereses de uno puede resultar en explotación por parte de la contraparte de la negociación.

No es de extrañar, entonces, que nos cuestionemos si la otra parte con la que negociamos está siendo honesta con nosotros o, por el contrario, pretende engañarnos.

Si bien el engaño ha sido estudiado en múltiples ocasiones desde la perspectiva de quien lo lleva a cabo, no se puede decir lo mismo de la otra parte. Cabe señalar que, desde el punto de vista del receptor, los mecanismos psicológicos relacionados con el engaño no dependen de su ocurrencia real. Un negociador a menudo se ve atrapado entre juzgar a la contraparte como una persona que dice la verdad o miente, a menudo sin pruebas objetivas.

La medida en que la contraparte de la negociación se perciba como engañosa debería influir en la cognición y conductas del perceptor en el proceso de negociación. La negociación se caracteriza por la incertidumbre informativa con respecto a los motivos y las intenciones entre las partes involucradas. De manera intuitiva, las personas pueden ceñirse a la verdad para encontrar la mejor solución. Pero la incertidumbre crea la oportunidad para que una persona use estratégicamente el engaño.

Por un lado, la negociación puede verse como una situación que genera desconfianza presuntiva o exageradafácilmente. Los roles en una negociación a menudo se definen claramente (por ejemplo, comprador y vendedor), creando un sentido de distinción. Los negociadores tienden a ver que sus acciones son monitoreadas por su contraparte. Además, como decíamos, la ambigüedad sobre las intenciones contribuye a no estar seguros de la propia posición en una negociación. En conjunto, todo esto hace que la cognición paranoica sea relevante para las negociaciones y el posible engaño de la contraparte.

Por otro lado, a la paranoia debemos añadir que, generalmente, las personas no saben detectar adecuadamente el engaño. Son comunes las falsas alarmas o los juicios erróneos sobre el engaño, basándose en la intuición. Las personas se fundamentan en señales verbales o no verbales, pero no asociadas de manera confiable con el engaño real. Como consecuencia, esto puede hacer que algunas personas juzguen mal su verdadera capacidad para detectar el engaño.

De forma global, algunos de los signos no verbales que se asumen como indicativos de engaño son el nerviosismo, la incoherencia, ciertos movimientos corporales y expresiones faciales, inconsistencias en las respuestas verbales… Una señal destaca universalmente: la aversión de la mirada. Curiosamente, algunos estudios demostraron empíricamente que esta última no tiene por qué estar relacionada con el engaño.

Entonces, ¿qué efectos tiene la percepción del engaño en las negociaciones, sea este real o solo percibido?

Para tratar de dar respuesta a estas cuestiones, los autores llevaron a cabo dos estudios. En el primero, participaron 99 estudiantes universitarios. Se les dijo que el estudio trataba de investigar estrategias que las personas suelen utilizar en una negociación.

Primero leyeron los antecedentes de un escenario de negociación y se pusieron en el papel del vendedor. Luego se les asignó al azar ver una de las dos versiones de un video que mostraba parte del proceso de negociación; este era una continuación del escenario que acababan de leer. Después, completaron un cuestionario sobre sus percepciones de la contraparte. Concretamente, en el cuestionario se midió la concesión prevista, medidas relacionadas con la confianza, engaño percibido, disposición a revelar información y satisfacción con la contraparte negociadora

En este estudio, los resultados mostraron lo siguiente. En cuanto al engaño percibido, se manipuló exitosamente mediante la exhibición de señales no verbales que normalmente se consideran signos de engaño. Sobre las medidas de confianza y de negociación, el engaño percibido se relacionó negativamente con las medidas de confianza basadas en la capacidad y la benevolencia.

Una posible explicación es que la habilidad de engañar suele asociarse con ser un negociador competente. En consecuencia, puede que la mayoría de negociadores esperen el engaño, o al menos una falta de honestidad sobre los verdaderos intereses de la contraparte. Es posible que el engaño percibido dé lugar a respuestas negativas en la negociación directamente, sin pasar por la confianza.

Para tratar de completar estos resultados, los autores condujeron un segundo estudio, si bien con las mismas bases que el primero, con algunas modificaciones. Esta vez participaron 227 estudiantes universitarios. Esta vez, en lugar de las dos versiones de los vídeos se les mostró tres versiones. Una con signos no verbales evidentes de engaño, otra con signos sutiles y una tercera neutral, sin signos de ningún tipo.

Así pues, en este segundo estudio se hicieron dos hallazgos principales. En primer lugar, la percepción de engaño ejerció un efecto en forma de mediación secuencial. Esto es: primero se hace un juicio en forma de engaño percibido antes de que se forme confianza en la contraparte. En segundo lugar, las señales sutiles, como una pequeña aversión de la mirada y pausas en el habla, podrían desencadenar un engaño percibido más alto que en la condición neutral. Ejercen el mismo efecto de mediación secuencial, aunque la fuerza del efecto es menor que mostrar señales evidentes.

Por tanto, en líneas generales, los resultados muestran que percibir señales no verbales en la negociación que sugieren engaño desencadena el engaño percibido. Este está relacionado con la percepción de confiabilidad (habilidad, benevolencia e integridad), así como con la confianza en la contraparte. La confianza entonces es clave, ejerciendo un efecto sobre la negociación. Dicho efecto incluye la reducción de la concesión prevista, la voluntad de revelar información y la satisfacción con la contraparte. Todo el mecanismo toma la forma de una mediación secuencial.

El engaño percibido es relevante porque no siempre se espera una comunicación abierta en negociaciones. Independientemente de la presencia de un engaño real, el engaño percibido puede acarrear efectos perjudiciales para la negociación, a través de comportamientos protectores. Esto descarta la posibilidad de que algunos signos puedan simplemente indicar que la contraparte está nerviosa o actúa con cautela. Consecuentemente, juzgar el engaño podría obstaculizar los posibles beneficios que podrían obtenerse mediante la comunicación abierta.

La necesidad de controlar los propios comportamientos no verbales es importante. Actuar de forma sospechosa inintencionadamente puede desencadenar respuestas indeseables de la contraparte. Los hallazgos también recuerdan a los negociadores que sus respuestas se ven afectadas por las señales no verbales que perciben en el proceso de negociación.

Por ende, en lugar de sopesar excesivamente las señales no verbales, sería más valioso para los negociadores confiar en múltiples señales o recopilar más información sobre la contraparte a través de la búsqueda directa de información para emitir un juicio sobre el engaño.

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¿Cómo se mide el contacto visual? Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “The Measurement of Eye Contact in Human Interactions: A Scoping Review” de Jongerius, C.; Hessels, R. S.; Romijn, J. A.; Smets, E. M. A. y Hillen, M. A. (2020), en el que se analizan los métodos más utilizados para medir y estudiar el contacto visual como parte de la comunicación no verbal en las interacciones humanas.

El contacto visual es un aspecto fundamental de la comunicación no verbal y la interacción social desde el nacimiento hasta la edad adulta.

Desde la formación de relaciones interpersonales hasta la comunicación entre paciente y doctor, el contacto visual juega un papel fundamental. Por tanto, no es de extrañar que dicho contacto haya sido estudiado en múltiples contextos, como la manipulación y el engaño también. Estos estudios han identificado patrones de la mirada en las interacciones que indican que alguien está hablando, escuchando o invitando a otro a hacerse cargo.

Como se observa, el contacto visual es fundamental para la investigación en diversas disciplinas centradas en comprender la interacción humana. Para ello, se han utilizado una variedad de metodologías y estrategias de medición. Así, se deben elegir métodos válidos y confiables, apropiados para el objetivo de investigación y la población específicos.

La variación en las metodologías para medir el contacto visual complica la agregación o comparación de los resultados de los estudios. Por ello, los autores del artículo tienen como objetivo proporcionar una descripción general de los métodos utilizados para estudiar el contacto visual en todas las disciplinas de investigación.

Más específicamente, cómo se define y evalúa el contacto visual en la literatura empírica para descubrir las técnicas específicas que se han utilizado en la investigación del contacto visual. De manera más general, analizaron la evoluciónde las medidas de contacto visual a lo largo del tiempo, el grupo de edad de los participantes, el campo de estudio y la pregunta de investigación.

Para ello, se seleccionaron un total de 109 estudios, publicados entre 1965 y 2017 y realizados principalmente en EE.UU y Europa. Hubo 80 estudios experimentales, siendo uno de ellos un ensayo controlado aleatorio, y 29 fueron estudios observacionales, de los cuales 8 tenían un diseño longitudinal. Los estudios incluyeron participantes de varios grupos de edad: bebés, niños, adolescentes, adultos y ancianos.

Los estudios incluidos se centraron en seis aspectos. La mayoría de los estudios evaluaron el papel del contacto visual durante las conversaciones. Los estudios del desarrollo se centraron en el papel del contacto visual durante el desarrollo infantil y del bebé sano. Los estudios de psiquiatría evaluaron el papel del contacto visual en los trastornos psiquiátricos de adultos.

Por su parte, los estudios de proximidad examinaron su papel en los comportamientos de acercamiento o distanciamiento. Los estudios en psicopatología del desarrollo se centraron en la relación entre contacto visual y desarrollo de trastornos psiquiátricos en niños. Por último, los estudios de dinámica de grupo investigaron el papel del contacto visual dentro de los grupos.

Asimismo, se encontraron dos enfoques principales para evaluar el contacto visual. Por un lado, el directo: el contacto visual se evalúa mientras ocurre y no es verificable retrospectivamente. Por otro lado, en el indirecto el contacto visual se registra y evalúa después de que ha ocurrido, siendo verificable retrospectivamente. Dentro de estas dos categorías, se pueden distinguir también ocho técnicas específicas para evaluar el contacto visual.

Del mismo modo, se apreciaron amplias variaciones entre los estudios sobre qué se considera contacto visual. En las investigaciones que usaban medidas recíprocas, el contacto visual se definió como las situaciones en que un individuo mira al otro, y viceversa, simultáneamente. En contraposición, las medidas no recíprocas lo ven como situaciones en las que un individuo mira al otro, independientemente del comportamiento y mirada del otro.

Las definiciones también difieren en la ubicación específica a la que se debe dirigir la mirada para definirla como contacto visual. Entre estas ubicaciones, se señalaron los ojos, el rostro o la dirección general del interlocutor. No obstante, otros estudios no concretaron ninguna ubicación.

Así las cosas, la investigación reveló que las diferentes técnicas identificadas para evaluar el contacto visual producen distintos resultados. Consecuentemente, las variadas técnicas ofrecen diversas posibilidades en función de las preguntas o hipótesis planteadas en una investigación, adecuándose más o menos según el caso. Los investigadores deben elegir lo que mejor se adapte a su pregunta, población y tarea de investigación.

Encontramos diversos ejemplos. La estimación o valoración realizada por un participante u observador produce un únicoindicador de la ocurrencia del contacto visual. En contraposición, una hoja de codificación proporciona la estimación de un evaluador del nivel de contacto visual en una escala predefinida. Un temporizador proporciona datos, funcionando como un registrador de eventos, sobre tanto la frecuencia como la duración del nivel de contacto visual.

Las cámaras de video producen los resultados mencionados y, además, sirven para hacer evaluaciones retrospectivas. Por su parte, una cámara con gafas también puede proporcionar una perspectiva móvil. Las técnicas de seguimiento ocular montadas en la cabeza y escritorio evalúan el tiempo y frecuencia de las fijaciones, dentro de un área de interés determinada.

Los resultados muestran, en cualquier caso, que el uso de medidas en las que interviene el evaluador del contacto visual como interlocutor ha disminuido con el tiempo. Ahora bien, la experiencia del contacto visual de las personas puede verse influenciada por muchos factores. La presencia de una tercera persona, la distancia del rostro de las otras personas o la agudeza visual del perceptor son algunos de ellos.

Ahora bien, es cierto que los investigadores suelen operacionalizar el contacto visual como si estuviera vinculado a una ubicación concreta de la mirada. No obstante, esto difiere en cuanto a la experiencia personal. Se sabe que los seres humanos no siempre son capaces de juzgar cuándo se les está mirando a los ojos. Particularmente, las direcciones hacia abajo (hacia la boca) a menudo provocan la experiencia del contacto visual. De ser posible, los estudios futuros deberían combinar medidas basadas en la experiencia personal del contacto visual con técnicas sin la participación del evaluador. El fin es determinar la congruencia, o incongruencia, entre los resultados.

Así pues, queda patente que los estudios que evalúan el contacto visual son heterogéneos, no solo en los métodos de medición, sino también en las poblaciones de estudio y los comportamientos que se estudiaron. Esto impide que los investigadores comparen los hallazgos relacionados con el contacto visual entre los estudios.

Por todo ello, las futuras investigaciones deben definir y poner en práctica con precisión el contacto visual para mejorar la interpretación y la comparación entre los estudios.

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