Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Estrés (Página 1 de 2)

La fatiga de Zoom: implicaciones no verbales. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Nonverbal Overload: A Theoretical Arguent for the Causes of Zoom Fatigue” de Bailenson, J. N. (2021), en el que se investiga la sobrecarga no verbal como una causa potencial de fatiga y cómo varios aspectos de la interfaz actual de Zoom probablemente conducen a consecuencias psicológicas.

En 2020, la pandemia del Covid-19 forzó un aumento drástico del número de reuniones por videoconferencia. Así, la videoconferencia fue una herramienta fundamental que permitió a los colegios y muchas empresas continuar trabajando durante los confinamientos. Zoom, en particular, ayudó a millones de personas al hacer que las videoconferencias fueran gratuitas y fáciles de usar.

Sin embargo, estar en videoconferencia tanto tiempo parece resultar agotador, surgiendo el popular término “Zoom Fatigue”, en español, cansancio o fatiga de Zoom.

Si bien hay docenas de estudios empíricos en psicología y comunicación que examinan el comportamiento durante las videoconferencias, aún no se han realizado estudios rigurosos sobre las consecuencias psicológicas de pasar horas al día en este medio particular.

En Zoom, el comportamiento reservado para las relaciones cercanas —largos períodos mirando directamente a los ojos, cercanía a los rostros de otros…— se ha convertido en la forma de interactuar con conocidos casuales, compañeros de trabajo e, incluso, desconocidos. En estos contextos hay dos componentes: el tamaño de las caras en la pantalla y la cantidad de tiempo que se está viendo frontalmente la cara de otra persona, simulando el contacto visual.

El tamaño de las caras en una pantalla, por supuesto, dependerá del tamaño del monitor del ordenador, lo lejos que nos sentamos de este, la configuración de vista que se elige en Zoom y cuántas caras hay en pantalla. En las cuadrículas de Zoom, las caras son más grandes en el campo de visión de lo que son cara a cara, cuando se tiene en cuenta cómo los grupos se espacian naturalmente en las salas de conferencias físicas.

Incluso cuando los hablantes ven rostros virtuales en lugar de reales, la investigación ha demostrado que ser mirado mientras se habla provoca excitación fisiológica. Pero el diseño de la interfaz de Zoom transmite constantemente rostros a todos, independientemente de quién esté hablando. Desde el punto de vista de la percepción, Zoom transforma eficazmente a los oyentes en hablantes, asfixiando a todos con la mirada.

Comparado con una sala de conferencias real, donde cada persona habla durante aproximadamente la misma cantidad de tiempo, es bastante raro que un oyente mire fijamente a otro. Es aún más raro que esta mirada dirigida al no hablante dure tanto tiempo como la reunión. Entonces, asumiendo que todos los oyentes siempre están mirando al orador en la sala de conferencias, la cantidad de mirada fija en Zoom es ocho veces mayor. Pero el contacto visual directo se usa con moderación.

Incluso en reuniones cara a cara, dos conversadores pasarán una parte sustancial de la interacción evitando mirarse el uno al otro. La mayoría de las personas en la sala no miran al orador y, aparte de las dos conversaciones de la barra lateral, las personas que están cerca una de la otra no se miran a los ojos. Pero con Zoom, todas las personas tienen la vista frontal de todos los demás constantemente. Esto es similar a estar entre una multitud y verse obligado a mirar fijamente a quien está muy cerca, en lugar de mirar hacia abajo o al teléfono.

En la interacción cara a cara, la comunicación no verbal fluye de forma natural, hasta el punto en que rara vez prestamos atención consciente a nuestros propios gestos y otras señales no verbales. Uno de los aspectos notables de los primeros trabajos sobre la sincronía no verbal es cómo el comportamiento no verbal es, a la vez, sencillo y complejo. En Zoom, el comportamiento no verbal sigue siendo complejo, pero los usuarios deben esforzarse más para enviar y recibir señales.

Los usuarios se ven obligados a monitorear conscientemente el comportamiento no verbal y a enviar señales a otros que se generan intencionalmente. Los ejemplos incluyen centrarse en el campo de visión de la cámara, asentir de manera exagerada durante unos segundos más para indicar que está de acuerdo o mirar directamente a la cámara, en lugar de las caras en la pantalla, para intentar hacer contacto visual directo al hablar. Este seguimiento constante de la conducta supone un esfuerzo. Incluso la forma en que vocalizamos en video requiere esfuerzo.

Otra fuente de carga se relaciona con la recepción de señales. En una conversación cara a cara, las personas obtienen un gran significado de los movimientos de la cabeza y los ojos. En Zoom, un usuario puede ver que en su cuadrícula parece que una persona mira a otra. Sin embargo, eso no es lo que realmente sucede, ya que las personas a menudo no tienen las mismas cuadrículas. Los usuarios reciben constantemente señales no verbales que tienen diferentes significados en Zoom. Además, en Zoom, los receptores reciben menos señales de las que suelen recibir en las conversaciones cara a cara.

Finalmente, es importante señalar que, a pesar de los argumentos planteados anteriormente sobre la contribución de Zoom a la carga cognitiva, quienes asisten a las conferencias telefónicas con frecuencia se dan cuenta de que las conversaciones de solo audio sufren a medida que los grupos se hacen más grandes. Futuros trabajos deberían examinar los costes y beneficios psicológicos de la videoconfenrencia en comparación con el audio en grupos más grandes.

Por otra parte, los usuarios de Zoom ven imágenes de sí mismos con una frecuencia y duración mayor de lo que antes hacían. No obstante, se carece de datos sobre los efectos de verse a uno mismo durante muchas horas al día. Es probable que un “espejo” constante en Zoom cause autoevaluación y afecto negativo. Pero cómo esto cambia longitudinalmente, es una cuestión importante en el futuro.

Asimismo, aunque Zoom no impide técnicamente usar gestos durante el discurso, verse obligado a sentarse a la vista de la cámara ciertamente altera y limita el movimiento. Una cuestión que deberíamos evaluar es por qué elegimos un video para tantas llamadas que, anteriormente, no hubieran justificado una reunión cara a cara. Las llamadas telefónicas han impulsado la productividad y la conexión social durante muchas décadas, y solo una minoría de las llamadas requieren mirar el rostro de otra persona para comunicarse con éxito.

Así, por un lado, se han enfatizado las diferencias entre las reuniones de Zoom y las presenciales. Pero si se contaran las similitudes entre los dos, superarían con creces las diferencias. Quizás un factor de la fatiga de Zoom es simplemente que estamos asistiendo a más reuniones de las que haríamos cara a cara. Incluso cuando las reuniones cara a cara vuelvan a ser seguras, es probable que la cultura haya cambiado lo suficiente como para eliminar algunos de los estigmas que se tenían anteriormente contra las reuniones virtuales.

Por otro lado, con ligeros cambios, Zoom tiene el potencial de continuar impulsando la productividad y reducir las emisiones de carbono al reemplazar los desplazamientos diarios. En consecuencia, las videoconferencias serán cada vez más habituales. Esto implicará la necesidad de construir mejores interfaces y el desarrollo de mejores prácticas de uso para los usuarios.

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El impacto de la música en el estrés de cuidadores. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “A Randomized Pilot Study of Rhythm-Based Music with Movement Strategies on Stress and Interaction Behaviors of Infant Caregivers” de Geist, K.; Zoccola, P.; Andary, N.; Geist, E.; Dogbey, G.; Williams, L. A. y Tuttle, B. (2021), en el que se investiga si existe relación entre la música y las hormonas de estrés del cuidador y los comportamientos de interacción positiva.

Las interacciones saludables entre cuidador y bebé son fundamentales para el bienestar cognitivo, social y emocional a largo plazo de un bebé.

Quienes cuidan a sus bebés y crean experiencias de apego seguro al tocar, vocalizar, abrazar, mecer… al infante, brindan experiencias que ayudan a este a crecer y prosperar. Los bebés que no experimentan esto, pueden tener un apego inseguro, tendiendo a tener dificultades con la regulación sensorial y emocional, así como para manejar situaciones emocionales a lo largo de sus vidas.

La literatura existente sobre el impacto que tienen los cuidadores principales, específicamente maternos, que brindan música en vivo, con interacciones de movimiento rítmico con los bebés, respalda la premisa de que los bebés necesitan estas interacciones para su desarrollo. La investigación desde la neurociencia apoya el uso de estrategias rítmicas cuando un cuidador está interactuando con un bebé. Por ejemplo, los beneficios de que el cuidador cante al ritmo de la respiración de un bebé pueden beneficiar la percepción, la calma y la atención tanto del bebé como del cuidador.

Asimismo, es bien sabido que, si una persona se expone repetidamente a situaciones estresantes, puede resultar en una variedad de problemas de salud. El cortisol es una hormona secretada en respuesta a situaciones estresantes. La exposición repetida o prolongada a niveles elevados de cortisol puede afectar negativamente a nuestra salud física y mental.

Las concentraciones más altas de cortisol y sus proporciones son indicativas de una patología de estrés más alta, mientras que las proporciones de cortisol relativamente más bajas son indicativas de resistencia. También existe una creciente evidencia sobre cómo la música impacta positivamente los niveles de cortisol en los niños. El impacto positivo de la música y el movimiento para reducir el estrés en niños y cuidadores se encuentra bien documentado.

Así, los autores realizaron su propio estudio al respecto. Este se correspondió con un ensayo piloto de control aleatorio. El objetivo era observar si la música basada en el ritmo y las estrategias de movimiento influyeron en las medidas de estrés pre y post intervención del cuidador, así como en las conductas de interacción social observados durante el estudio. Se contó con cuidadores y bebés para participar en dos visitas al lugar de investigación. Se asignó al azar a la pareja la condición de control o experimental.

La muestra en este estudio consistió en 13 díadas de lactantes / cuidadores, 6 de control y 7 de intervención. De los cuidadores, 1 era hombre y 12 eran mujeres. Había 5 niñas y 8 niños varones; las edades de los bebés oscilaron entre 6 y 40 semanas (10 meses). La edad de los cuidadores iba desde los 23 a los 50 años.

La sala de sesiones era un espacio abierto con dos áreas, estando una de ellas destinada a que una enfermera tomara los signos vitales del cuidador y del bebé y recolectara una muestra de saliva del cuidador. La otra sección de la habitación estaba decorada como una guardería.

Para la condición de control no había música de fondo, aunque sí ruido ambiente del aire acondicionado. En este supuesto, se pidió a los cuidadores que permanecieran en la habitación con su bebé durante 30 minutos e interactuaran con ellos como lo harían normalmente. La enfermera llegó después de la sesión y tomó medidas de saliva y signos vitales posteriores a la sesión del cuidador.

Para la condición de intervención, los intervencionistas de música y movimiento estuvieron en la sala junto a los participantes. Esta condición incluyó de 5 a 10 minutos para construir una buena relación y preguntarle al cuidador sobre las experiencias musicales del bebé. Los siguientes 15-20 minutos de la sesión se basaron en la música y la intervención de movimiento. El objetivo general era que los intervencionistas demostraran estrategias musicales y de movimiento accesibles para el cuidador y receptivas para el bebé.

Las estrategias musicales que se utilizaron incluyeron un tarareo dirigido a los bebés, canto dirigido a los bebés, toques rítmicos y el uso de movimiento rítmico. Las estrategias de toque rítmico abarcaron desde el uso de este sin palabras ni melodía, hasta combinar el toque con tararear o cantar. Las estrategias de movimiento rítmico incluyeron tararear, cantar y tocar con el objetivo principal de facilitar los patrones de movimiento del desarrollo. Ahora bien, cabe señalar las siguientes limitaciones del estudio.

Primeramente, aunque se reconoce que se trataba de una prueba piloto, se contó con una muestra pequeña, siendo deseable ampliar el estudio a una muestra más grande para obtener una observación más fiable. Otra limitación fue que el diseño observacional de las interacciones era defectuoso, ya que la cantidad de tiempo del que disponía el cuidador para interactuar con el bebé fue distinta para ambos grupos.

Ahora bien, el resultado más impactante de este piloto, aún a pesar de la muestra pequeña, fue la disminución significativa en el cortisol del cuidador antes y después de la intervención en comparación con el control. Si bien la investigación sobre los niveles de cortisol de los cuidadores después de usar música es limitada, estos resultados son consistentes con la disminución de cortisol de los bebés después de haber estado expuestos a experiencias musicales. De media, la proporción de cortisol tendió a disminuir después de la intervención en este grupo, mientras que fue más alto después en el grupo de control. Esta tendencia es significativa y debería explorarse más en futuras investigaciones.

Los hallazgos del piloto sugieren que las intervenciones musicales y movimiento son prometedoras para reducir las hormonas del estrés entre los cuidadores de bebés. Dichos hallazgos son consistentes con observaciones anteriores sobre los beneficios socioemocionales del uso de estas intervenciones para promover relaciones sanas y duraderas entre el cuidador y el bebé.

Estas interacciones en sí mismas podrían transformar la relación socioemocional de la díada cuidador-infante y, quizás, prevenir los efectos negativos a largo plazo relacionados con la falta de experiencias de vinculación y apego prolongadas.

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La higiene bucal y la confianza en uno mismo. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Oral hygiene effects verbal and nonverbal displays of confidence” de Taylor, P.; Banks, F.; Jolley, D.; Ellis, D.; Watson, S.; Weiher, L.; Davidson, B. y Julku, J. (2020), en el que se analiza la influencia de la higiene bucal en el comportamiento no verbal.

La higiene bucal y su manifestación, como el mal aliento, es un aspecto integral de la autoimagen.

Por ejemplo, un estudio encontró que el 75% de los pacientes explicaron su asistencia a una clínica de olores de aliento, no con referencia a su salud, sino porque el mal aliento los había llevado a sentirse inseguros en las relaciones sociales. Otros también han aludido que el mal aliento conduce a una disminución de la confianza, incluida la reducción de autoestima, el aumento de la ansiedad social y la aparición de fobias sociales.

La razón por la que el mal aliento tiene un impacto profundo en la confianza probablemente tenga raíces sociales. La higiene bucal actúa como una de una serie de señales sociales que los humanos utilizan para atender sus relaciones y juicios sociales. Esto, a su vez, se refleja muchas veces en el comportamiento no verbal de las personas.

Esta noción está firmemente arraigada en los relatos evolutivos de la cognición social humana. Un número creciente de estudios ha demostrado que los participantes hacen inferencias adversas sobre un objetivo en función de olores desagradables o inesperados, así como anomalías morfológicas. Tales inferencias parecen ocurrir incluso cuando los perceptores saben que la anomalía es engañosa o que su respuesta refleja un estereotipo inapropiado.

Estos hallazgos sugieren que los olores de una persona pueden afectar a la forma en que los juzgamos y actuamos hacia ellos. No obstante, dicen menos sobre cómo el conocimiento de estos efectos puede moldear el comportamiento personal o cómo el olor moldeará el comportamiento en una interacción en desarrollo. De acuerdo con un estudio previo, el “estigma” del mal aliento llevará a los participantes de una interacción a adaptarse menos al comportamiento de los demás. Así, mostrarán menos imitación verbal y no verbal del comportamiento de los otros que en otras circunstancias.

Así, en el estudio de los autores se contó con 140 participantes, estudiantes de pregrado y posgrado de una universidad de Reino Unido. Se obtuvieron medidas pre-experimentales de cuán conscientes eran los participantes de su presentación a los demás (es decir, autocontrol), su nivel de autoestima y su atractivo. Previamente al experimento, los participantes posaron para una foto estilo pasaporte con una camiseta negra lisa sobre un fondo también liso. Luego completaron las medidas de autoconstrucción, autocontrol y autoestima. Posteriormente, los participantes asistieron al ensayo en grupos de diez.

A su llegada, se les entregó una placa que indicaba una letra y se sentaron separados. Una vez que llegaron todos los participantes, se les explicó que estarían completando una serie de interacciones uno a uno de 3 minutos (es decir, “rondas”), de manera similar a las citas rápidas, con el objetivo de “llegar a conocerse unos a otros”. Se les dijo que necesitarían usar una camiseta negra para estandarizar su apariencia en las interacciones.

Específicamente, los participantes fueron asignados al azar a un grupo de control o experimental. Cada uno de estos contenía cinco participantes con una mezcla de hombres y mujeres. Por otro lado, se les pidió que se abstuvieran de comportamientos rituales matutinos normales, como cepillarse los dientes o tomar un café.

Por su parte, el uso de dos baños se explicó como una forma rápida de colocarse las camisetas. Sin embargo, mientras estaban en el baño, los asignados al azar al baño “experimental” también se lavaron los dientes con pasta de dientes. A estos participantes no se les indicó que no mencionaran el cepillado para no levantar sospechas sobre la manipulación. Por la misma razón, tampoco se les pidió que confirmaran que habían seguido instrucciones previas de no comer determinados alimentos y no cepillarse los dientes esa mañana. En cambio, se usaron un conjunto de comprobacionesposteriores al ensayo para determinar hasta qué punto los participantes adivinaron la manipulación.

Después de la manipulación, se dio a cada uno una insignia sociométrica, una hoja de instrucciones y un paquete de cuestionarios. Las preguntas requerían que los participantes calificaran, en una escala de 8 puntos, el grado en el que se sintieron “nerviosos vs. relajados” y “seguros vs. inseguros“. También se les preguntó por su percepción del grado en el que su pareja se sentía nerviosa o relajada, segura o insegura y, en comparación con ellos, como de iguales o diferentes eran.

Así, a través de medidas verbales y no verbales surgió un patrón predecible en el comportamiento de los participantes después de cepillarse —o no cepillarse— los dientes. En comparación con los que no se cepillaron, los que lo hicieron mostraron menos movimiento corporal y mayor asertividad verbal en sus interacciones con los demás.

Estas diferencias conductuales sugieren que el uso de pasta de dientes llevó a los participantes a comportarse de formas normalmente asociadas con una mayor confianza en sí mismos. De hecho, así lo dijeron los participantes como reflejo de su experiencia subjetiva. La manipulación también tuvo efectos interpersonales significativos, hasta el punto de cambiar la impresión subjetiva de la pareja.

Estos hallazgos ofrecen evidencias tentativas de que la higiene bucal puede influir en el comportamiento a corto plazo. Esto se basa en la evidencia de asociaciones entre la higiene bucal y las percepciones y la confianza en sí misma de una persona. Asimismo, los resultados coinciden con investigaciones relacionadas como, por ejemplo, estudios que muestran una correlación positiva entre confianza subjetiva y el volumen del habla. Si bien esta explicación es prometedora, se necesitan más pruebas antes de establecer firmemente una asociación entre la higiene bucal y la confianza interpersonal.

Un resultado curioso fue el aumento del nerviosismo autoinformado durante las interacciones, independientemente de si los participantes se habían cepillado los dientes o no. Como explicación encontramos posibles limitaciones de la investigación. Es posible, por ejemplo, que algunos participantes no siguieran completamente las instrucciones. O que el cambio de rutina afectara a su comportamiento al aumentar la conciencia de sí mismos, etc. Cada una de estas posibilidades puede actuar para moderar o mediar esta asociación entre higiene bucal y comportamiento.

Asimismo, puede sugerirse que la autoconciencia con respecto al atractivo personal puede moderar los efectos de la higiene. Específicamente, aquellos que han aprendido por experiencia cómo los perciben otros pueden estar menos preocupados por la higiene bucal. Contrariamente, otras personas pueden extender esta preocupación a su estado actual de higiene bucal.

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La voz como indicador no verbal de trauma infantil. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Does Self‐Reported Childhood Trauma Relate to Vocal Acoustic Measures? Preliminary Findings at Trauma Recall” de Monti, E.; D’Andrea, W.; Freed, S.; Kidd, D. C.; Feuer, S.; Carroll, L. M. y Castano, E. (2021), en el que se investiga la relación entre los traumas infantiles y la voz como indicador no verbal del mismo.

La voz es un instrumento fundamental para la comunicación y puede revelar información importante sobre un individuo. Debido a que la voz puede transmitir información muy compleja sobre un individuo, cabe preguntarse si la voz también puede servir como un marcador no verbal del trauma infantil.

El trauma infantil se ha relacionado con una multitud de resultados para los sobrevivientes de abuso y negligencia. La evidencia sugiere que existen vínculos entre el trauma infantil y la conducta no verbal, como la desconexión física o los índices de afecto. La literatura también relaciona el trauma infantil con las diferencias en las expresiones faciales de las emociones al revelar el abuso. Sobre la relación empírica entre trauma y voz, la literatura es escasa. Sin embargo, algunas líneas de investigación y hallazgos de la psicofisiología y medicina de la voz parecen sugerir que podría existir una relación entre ambos.

El aparato vocal está muy relacionado con la fisiología. El trauma se ha relacionado con cambios fisiológicos en este aparato y puede predisponer a un individuo a desarrollar un trastorno de la voz. Sin embargo, el trauma puede tener una relación con el aparato vocal incluso cuando no existe un trastorno de voz específico. En la medicina de la voz, el trauma psicológico se ha relacionado con casos de pacientes con disfunción laríngea y trastornos de la voz “psicógenos”. Estos son trastornos que ocurren en ausencia de patología laríngea y que a menudo van precedidos de un evento traumático.

A menudo, el diagnóstico de estos trastornos se produce cuando se han descartado causas biológicas y el especialista en voz tiene dificultades para encontrar un factor “físico” que afecte la voz. En algunos casos, los pacientes han perdido la voz por completo, inmediatamente después del evento traumático. En otros casos la voz se ha vuelto inusualmente ronca después de dicho evento, lo que hace que la investigación psicológica sea parte del tratamiento.

Así, en el estudio de los autores se exploró la relación entre el trauma infantil autoinformado y las características de la voz. La perturbación de la voz se midió tanto al inicio como después de recordar el trauma. Además, también se incluyó en los modelos la “minimización” o negación del trauma. Esto es debido a que la evidencia sugiere que minimizar o “reprimir” las emociones puede alterar la fisiología de formas que potencialmente podrían afectar la voz.

Los autores se centraron en las medidas de frecuencia fundamental y perturbación en la fonación sostenida (sonido /a/ alargado, no tener un habla continua), para señalar la relación del trauma infantil en características específicas de la voz. De acuerdo con la mayoría de la investigación fisiológica relacionada con el trauma, la relación de este con la voz puede surgir solo, o con mayor fuerza, después de la evocación del trauma. Por ello, las características vocales se evaluaron antes y después de que los participantes respondieran a preguntas sobre el trauma en cuestión.

Se contó con 48 participantes de todos los géneros, mayores de 18 años y que dominaran el inglés. De ellos, 12 no aludieron a antecedentes de trauma, mientras que 36 participantes informaron al menos de una categoría de trauma infantil. La forma en que se publicitó el estudio podría haber tenido un impacto en atraer el interés de los participantes que se preguntan sobre su historia psicológica y cómo se puede comunicar en voz alta.

Así, se utilizó el Childhood Trauma Questionnaire-Short Form (CTQ-SF en inglés). Se trata de una escala de autoinforme de 28 ítems que consta de diferentes subescalas las cuales evalúan la gravedad de la exposición al abuso físico, emocional y sexual, así como la negligencia física y emocional en la niñez y la adolescencia. El CTQ también incluye una subescala de minimización-negación para evaluar la tendencia de los participantes a minimizar su exposición al trauma.

Junto a este se utilizó también el State-Trait Anxiety Inventory (STAI, en inglés) como medida de autoevaluación sobre el rasgo y el estado de ansiedad. Con respecto a la voz, se utilizó un medidor del nivel de sonido estándar (comúnmente utilizado para registrar el sonido y medir las variables del nivel de presión del sonido) para registrarla. Finalmente, los participantes completaron un cuestionario demográfico, así como un cuestionario sobre factores que pudieran afectar a la voz: problemas respiratorios, cirugía vocal, tabaquismo y hábitos de bebida.

A continuación, en una habitación silenciosa, se realizó la primera serie de grabaciones vocales. El análisis de voz se realizó utilizando el software lingWAVES para el análisis profesional de la voz y el habla. Se analizó la voz de cada participante para evaluar la frecuencia fundamental y los datos de perturbación acústica.

Así, los resultados mostraron lo siguiente. El trauma total informado mostró una relación marginalmente significativa con la frecuencia fundamental de la voz al inicio del estudio. Curiosamente, la minimización del trauma infantil predijo significativamente la frecuencia fundamental de la voz al inicio del estudio. Se encontró la misma relación entre el rasgo de ansiedad y frecuencia fundamental.

Es importante destacar que varios de los indicadores de perturbación de la voz tras el recuerdo traumático se relacionaron con el trauma infantil autoinformado. Estos efectos indican que, después de recordar la historia de trauma infantil, la voz puede reflejar la cantidad de exposición al trauma y no solo el “estrés” de recordarlo. En esta muestra, la relación del trauma infantil con el nerviosismo vocal y con la aspereza/irregularidad es fuerte y consistente. Esto sugiere que la reactividad específica al recuerdo del trauma infantil podría tener una relación con variaciones en los patrones vibratorios de las cuerdas vocales.

Dicho esto, ciertamente esta respuesta vocal puede que no se deba exclusivamente al recuerdo del trauma infantil. Asimismo, tampoco es probable que este tipo de respuesta vocal no sea un marcador definitivo de antecedentes de abuso y negligencia en una persona. No obstante, entre otros factores importantes, sí puede sugerirse que el historial de trauma de una persona puede estar relacionado con la voz.

La relación observada entre el trauma infantil, la minimización y la voz aporta evidencia empírica preliminar para apoyar el papel potencial de la voz como un marcador de trauma. Además, estos hallazgos son consistentes con los informes terapéuticos sobre cómo responde la voz a las experiencias traumáticas.

Cabe destacar que este estudio destaca la necesidad de combinar metodologías, sentando las bases para direcciones futuras en el estudio de la relación voz-trauma, un campo poco explorado y que debe investigarse más a fondo.

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La comunicación en tiempos de crisis. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Preparing to face the media in times of crisis: Training spokespersons’ verbal and nonverbal cues” de De Waele, A.; Claeys, A. M. y Opgenhaffen, M. (2019), en el que se analizan las recomendaciones sobre comunicación verbal y no verbal en tiempos de crisis cuando se hace frente a los medios de comunicación.

Cuando una crisis golpea, los portavoces se convierten tanto en el rostro como en la voz de una organización. Entonces, ¿cómo pueden entrenarse estos portavoces para enfrentarse a los medios de comunicación?

Las pautas basadas en pruebas con respecto a la comunicación de crisis son limitadas. No obstante, los académicos de la comunicación de crisis recomiendan que los portavoces se capaciten y preparen para enfrentarse a los medios. De hecho, es una práctica habitual en muchas empresas. Sin embargo, queda la cuestión de qué aspectos se tratan en esta formación y qué recomendaciones se ofrecen, pues los enfoques son muy variados.

En tiempos de crisis, las organizaciones a menudo reaccionan a través de conferencias de prensa, entrevistas por radio o televisión, o videos corporativos. En ellos, un portavoz de la organización se dirige al público. Luego la audiencia forma una opinión sobre la crisis y la organización basándose en lo que dice el portavoz y cómo transmite el mensaje. En este sentido, siempre es más recomendable abordar la crisis rápidamente, en lugar de esperar a que otro lo haga o esta se pase.

La formación en medios se considera fundamental para preparar a un portavoz y una parte importante de la preparación para una crisis. Esta se enfoca en cómo un portavoz debe transmitir un mensaje, tanto verbalmente como no verbalmente. Verbalmente, los libros suelen recomendar ser claros, mostrar empatía, no hacer declaraciones excesivamente tranquilizadoras y reconocer los puntos de incertidumbre cuando sea necesario.

Por otro lado, los signos no verbales en este contexto han empezado a estudiarse recientemente. En concreto, el impacto de los aspectos visuales de la comunicación ha adquirido más protagonismo. Esto incluiría la selección del propio portavoz (su género, apariencia…). Asimismo, sonreír debe evitarse cuando se disculpa y, en su lugar, se ha recomendado transmitir señales de poder como, por ejemplo, el contacto visual. En contraposición, deben evitarse señales engañosas como apartar la mirada o hacer gestos nerviosos.

Con respecto a los aspectos vocales, en los libros reciben poca atención. Algunos estudios indican que deben evitarse alteraciones del habla, pausas, hablar lentamente y un tono de voz agudo para ser percibidos como creíbles y dominantes.

¿Pero qué pautas dan los entrenadores expertos en la materia a los portavoces?

Para dar respuesta a esta cuestión, los autores realizaron 17 entrevistas en profundidad con preparadores belgas de portavoces organizativos y directores ejecutivos. Los preparadores tenían todos experiencia entrenando en comunicación de medios, así como con comunicación en momentos de crisis. 11 de los entrevistados eran hombres, mientras que el resto eran mujeres.

Así pues, los resultados fueron los siguientes. En el ámbito verbal, los preparadores recomiendan tener siempre definidos dos o tres mensajes clave que se quieren transmitir de antemano y ceñirse a ellos. Asimismo, recomiendan la “creación de puentes” como técnica para vincular una pregunta determinada con los mensajes clave que el portavoz quiere transmitir. Otra recomendación que dieron casi todos los formadores de medios es traducir esos mensajes clave en citas breves y claras.

Igualmente, se recomienda a los portavoces que hagan su información vívida, utilizando metáforas o ejemplos para hacer declaraciones abstractas más concretas. Y, en cualquier caso, los mensajes y la comunicación deben ser comprensibles para cualquier persona. Por último, específicamente en contextos de crisis, los formadores destacan unánimemente que es fundamental mostrar empatía y demostrar que una organización está manejando la crisis.

Con respecto a las señales visuales, casi todos enfatizan que es importante prestar atención al fondo como un medio para ejercer control sobre la situación. Esto es debido a que los elementos visuales del fondo pueden poner el mensaje en un contexto diferente (tanto positivo como negativo).

La postura recomendada por los preparadores es una abierta, estable y relajada, al estar frente a la cámara. Sin embargo, las recomendaciones sobre los movimientos de manos están divididas: algunos piensan que enfatizan el mensaje pero otros consideran que distraen. Finalmente, en referencia a la apariencia se recomienda esencialmente no llamar la atención y distraer del mensaje.

Por último, las pausas, énfasis vocal, entonación, velocidad del habla y volumen son signos vocales habitualmente mencionados por los formadores. No obstante, no son muy concretos sobre cómo usarlos. Recomiendan pausas y énfasis vocal para enfatizar ciertas cosas, mientras que la entonación no debe ser demasiado monótona. El volumen debe ser lo suficientemente alto y, junto al acento o dialecto, han de ser inteligibles. La velocidad del habla tampoco debe ser demasiado rápida.

Los preparadores de medios vinculan explícitamente las señales visuales con las percepciones de credibilidad, en referencia a investigaciones sobre el engaño. Cuando se percibe a un hablante como engañoso, su credibilidad es mucho menor.

Con respecto a la importancia relativa de las señales verbales, visuales y vocales en el entrenamiento en los medios, podemos concluir que, en general, se considera que la comunicación no verbal tiene una mayor influencia que la comunicación verbal por parte de los formadores de medios. Sin embargo, los aspectos verbales reciben más atención en la formación en medios que los visuales y vocales.

Esto se refleja en que los consejos son más limitados en referencia a los aspectos no verbales. Otra razón puede ser que los aspectos verbales y no verbales están fuertemente entrelazados. Esto significa que entrenar los aspectos verbales también puede tener un impacto positivo automático en el comportamiento no verbal.

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