Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Entorno (Página 2 de 5)

El efecto de la duración de un apretón de manos. Club del Lenguaje No Verbal

Amigo del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Effects of handshake duration on other nonverbal behavior” de Nagy E., Farkas T., Guy F. y Stafylarakis A. (2019), en el cual se analiza el efecto de la duración de un apretón de manos en las interacciones sociales.

En los libros de etiqueta, el adecuado acto de darse la mano suele ser descrito detalladamente. En cambio, experimentos sobre este comportamiento no verbal (CNV) siguen siendo escasos en número. La mayoría de los CNV encierran un significado compartido y aceptado socialmente. Particularmente, darse la mano refleja confianza interpersonal.

Existen diferentes descripciones sobre las características que debería tener este CNV en pos de transmitir y provocar sensaciones positivas en los interlocutores, así como evitar las negativas. Se ha dicho, por ejemplo, que dar la mano fuertemente transmite una mezcla de dominancia y agresividad. No obstante, incluso si el comportamiento de alguien se percibe globalmente como negativo o poco amistoso, cuando ese alguien da la mano con su interlocutor es percibido más positivamente que en ausencia de este gesto.

Darse la mano tiene consecuencias duraderas. La calidad de esta acción se ha visto asociada a contrataciones después de una entrevista de trabajo. Pequeños toques al interlocutor y, hasta cierto punto, darse la mano, aumentan la disposición de tomar riesgos financieros. Un paciente que cierra la consulta con un apretón de manos refleja su satisfacción con la atención médica.

Algunas características del apretón de manos, como cuánto tiempo debería durar y las consecuencias de violar los patrones esperados, rara vez se han estudiado. En cualquier caso, el análisis de muchos CNV (y otros tipos de comportamientos) muestran una duración adecuada compartida: 2-3 segundos.

Vamos a describir algunos ejemplos. El análisis de 1542 movimientos corporales en 3 culturas distintas mostró que el 93% de estos duran 2-3 segundos. Gestos como despedirse con la mano o el apretón también suelen mostrar patrones rítmicos de 3 segundos de duración. El intervalo de 3 segundos se corresponde con lo que experimentamos como el ahora en la sucesión continua de momentos presentes de nuestra vida. Ya hace mucho, el padre de la psicología científica, Wilhelm Wundt, determinó que si el intervalo temporal entre dos grupos de estímulos es mayor de 5-6 segundos, las personas perciben dichos estímulos como separados.

En la misma línea, el cambio atencional de un estímulo a otro lleva 2-3 segundos. En la percepción visual, se necesitan unos 3 segundos para cambiar la perspectiva cuando se observan estímulos ambiguos. Las unidades de entonación en el discurso suelen durar unos 2 segundos. Frases de 2-3 segundos se pueden identificar como protoconversación con niños/as muy pequeños/as. Y, por último, las frases musicales suelen llevar 2-3 segundos para cantarlas.

Dada la importancia que parece tener esa duración en algunos comportamientos, los autores de este estudio analizan si y cómo reaccionan las personas cuando no se respeta esa duración óptima en el apretón de manos. El experimento tiene lugar en condiciones de entrevista y participan 34 personas. Cada uno de los participantes entran en una sala y se sientan delante de una entrevistadora (E1). La distancia entre sus caras es de aproximadamente 115 centímetros.

 Ocurre una conversación simple y, luego, cada participante completa cuestionarios relativos a ansiedad y empatía. Al finalizar, la E1 da paso una segunda experimentadora (E2), que es la que llevará a cabo la entrevista. La E2 lleva a cabo una entrevista semiestructurada y pregunta sobre aspectos relativos al empleo. Por ejemplo, elecciones sobre la carrera, experiencia laboral, planes de tiempo libre y objetivos a corto y largo plazo.

Existen 3 condiciones en cuanto a la interacción inicial con la E2. Cuando entra en la sala, antes de que empiece la entrevista, la E2 saluda sin dar la mano (grupo control, GC), da la mano con el participante durante 2-3 segundos (grupo del apretón normal, GAN) o da la mano con el participante durante 5-6 segundos (grupo del apretón prolongado, GAP).

A lo largo del experimento también se registran otros comportamientos no verbales de los participantes. Por ejemplo, mirar a los ojos del interlocutor o duración del discurso. Otros son presencia y duración de risa y sonrisas, gestos con las manos y pies y tocarse cara/cuerpo/pelo.

Se obtienen diferentes resultados destacables. Primero, violar la expectativa natural de un apretón de manos de aproximadamente 2 segundos impacta en el CNV de los participantes y provoca diferentes manifestaciones en sus estados de ánimo. Por ejemplo, los participantes del GAP se rieron menos en la entrevista que los del GC y GAN.

Una posible explicación es que se experimenta menos disfrute, cercanía y/o amabilidad cuando el apretón de menos tiene una duración antinaturalmente prolongada. La risa espontánea en situaciones sociales muestra una actitud de relajación. Y es probable que ese apretón de manos prolongado genere tensión.

Por otro lado, e inesperadamente, se registraron menos sonrisas en los participantes del GAN. Una explicación podría ser que la sonrisa es parte del saludo y contacto inicial. Una vez pasado ese momento, el enfoque cambia: más seriedad, escucha, atención al interlocutor, etc. Es decir, tiene mucha relevancia en la fase inicial de socialización, pero cuando esta finaliza, el contexto formal de entrevista da lugar a otros CNVs. En cualquier caso, es importante saber que las sonrisas en entrevistas de trabajo pueden marcar diferencias en la decisión de ser aceptado o rechazado para un puesto.

Segundo, el apretón de manos prolongado fue el único asociado a un aumento de movimientos de las manos. Más específicamente, lo que aumentó fue el tiempo que cada participante dedicó a tocarse una mano con la otra, como agarrándose su propia mano. La condición del GAP también fue en la que se observaron menores duraciones en gestos que implican tocarse el propio cuerpo.

Los gestos de frotarse las manos o agarrarlas entre ellas, así como tocarse el cuerpo son conductas que, en su conjunto, reflejan ansiedad y/o nervosismo (aun así, no olvidarse de interpretar teniendo en cuenta el contexto). Los gestos con las manos también son bastante difíciles de controlar y suelen revelar estados de ánimo. Cuando no se dan, suele interpretarse como muestra de auto-control o inhibición deliberada. Y en condiciones de detección de mentira, su análisis tiene bastante importancia.

Tercero, la duración del CNV relativo a tocarse la cara disminuyó a continuación del apretón de manos de duración normal. En situaciones formales, como las entrevistas de trabajo, se ha visto que nos tocamos menos la cara que en situaciones informales. Por eso, el hecho de que los participantes del GAN se tocaran menos la cara puede indicar que se sintieran como en una situación formal normal, sin tensión destacable.

En cuanto a características de personalidad relativas a ansiedad y empatía, no se encontraron relaciones significativas. Es decir, no se registran relaciones entre ser una persona más o menos ansiosas/empática y el CNV posterior al apretón de manos.

Como conclusión, se plantea que un apretón de manos prolongado (>3’’) impacta negativamente en el CNV posterior de los participantes. Ese impacto negativo se traduce en su conjunto en una mayor incomodidad o malestar emocional. No obstante, los autores son cautos y destacan que, con tan pocos datos, solo pueden especular. A primera vista, parece que la longitud del apretón de manos se traduce en más o menos señales de ansiedad del receptor de dicho apretón.

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Cuando la izquierda es “derecha”: lateralidad y conceptos abstractos. Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “When left is ‘right’: motor fluency shapes abstract concepts” de Casasanto D. y Chrysikou G. E. (2011), en el cual se analiza el papel de la fluidez motora en la lateralidad y su impacto en la percepción de conceptos abstractos, como “bueno” y “malo”.

A lo largo de muchas culturas, el lado derecho se ha asociado con cosas buenas y justas. En cambio, el lado izquierdo se ha asociado con cosas malas o prohibidas. Se han hecho tales asociaciones en la Biblia y en las leyes islámicas. También en el lenguaje se muestran asociaciones similares. Por ejemplo, en español se considera tener dos pies izquierdos cuando no se sabe bailar muy bien. Ser la mano derecha de alguien denota que una persona es muy útil y/o de confianza. Podríamos dar ejemplos de múltiples culturas e idiomas en la misma línea.

Las personas también asocian ideas positivas y negativas de manera implícita a la derecha e izquierda, respectivamente, pero no siempre en la misma dirección de las convenciones culturales. Por ejemplo, cuando se pide elegir un producto de dos posibles, los sujetos diestros prefieren los productos situados a la derecha y los zurdos los situados en la izquierda. Este patrón también persiste en elecciones verbales y sin el uso de las manos para elegir.

Los menores de 5 años ya evalúan las cosas del entorno en función de su lateralidad. Por ejemplo, un niño diestro considera que un animal situado a su derecha es más listo y simpático que uno situado a su izquierda.

Fuera del laboratorio, encontramos interesantes ejemplos y uno de ellos en política. En las elecciones de EE. UU. de 2004, ambos candidatos eran diestros. Sus discursos fueron considerados como positivos cuando utilizaron gestos con la mano derecha y negativos cuando hubo gestos con la mano izquierda. En las elecciones de 2008, ambos candidatos eran zurdos. En este caso, se ha observado el patrón de asociación inverso entre valencia del discurso y la lateralidad de los gestos.

Estos ejemplos muestran que la asociación entre derecha, izquierda y valencias (positiva vs negativa) no siempre es algo cultural. Se puede hablar de una hipótesis de especificidad corporal. Esta definiría que diferentes cuerpos reaccionan y piensan de forma diferente, pero predecible en función de la lateralidad, incluso para las ideas altamente abstractas.

Una pregunta importante es por qué los diestros y los zurdos asocian valencia positiva a las cosas situadas en su lado dominante (y negativa a las situadas en el lado opuesto). Hay varias posibilidades. Una es que las personas interaccionan de manera más fluida con las cosas que se sitúan en su lado dominante.

Una interacción fluida supone que, por ejemplo, un diestro escribe mejor con la derecha o corta mejor con una tijera que un zurdo. Se habla de una fluidez perceptiva-motriz que influye en las percepciones del entorno y en las evaluaciones que se hace de sus elementos. Por lo tanto, el lado dominante de una persona puede asociarse en su memoria como algo positivo, debido a que la interacción con el mundo a través de esa parte del cuerpo es fluida, sin dificultades.

Otra opción podría ser que haya diferencias neurológicas determinadas genéticamente entre zurdos y diestros. Las diferencias relevantes en este caso serian en cuanto a un mapeo espacial diferente de lo bueno y de lo malo. Los marcadores neurológicos que provocarían ser diestro o zurdo también podrían crear diferencias en el juicio y evaluación del entorno.

En el estudio se investiga si es la experiencia motora (fluidez) la que genera asociaciones entre espacio y valencia emocional de manera independiente a la lateralidad genética. Por lo tanto, se observa si la lateralidad inducida, debido a cambios a corto y largo plazo en la fluidez motora, puede influir en los juicios de valor sobre el espacio.

En un primer experimento, participan 13 sujetos diestros con hemiparesia derecha (5) e izquierda (8), adquirida tras un accidente cerebrovascular unilateral. Si una hemiparesia afecta a la parte dominante del cuerpo, el sujeto podría seguir valorando como bueno a ese lado del espacio, a pesar de perder movilidad en su lado dominante. En este caso, no sería la fluidez motora la que genera asociaciones, sino la lateralidad adquirida por genética.

En cambio, si la hemiparesia afecta a la parte dominante del cuerpo, el sujeto debe aprender a utilizar la otra parte del cuerpo. Con tiempo y práctica, se consigue fluidez motora en ese lado. Si el sujeto cambia sus evaluaciones del espacio acorde con su nuevo lado dominante (lateralidad inducida) entonces sí sería la fluidez motora la que da lugar a asociaciones entre valencia y espacio.

Los sujetos participan en una tarea a la que tienen que responder verbalmente. En el centro de una pantalla observan la cabeza de dibujo animado. A ambos lados de este se encuentran dos cajas. A los sujetos se les cuenta que el dibujo animado adora las cebras y piensa que son buenas. Asimismo, odia a los pandas y piensan que son malos. La pregunta es ¿en qué caja metería el dibujo animado a cada uno de los dos animales?

Doce de los trece participantes respondieron acorde a su fluidez motora posterior a la hemiparesia. Es decir, contestaron acorde a una lateralidad inducida. Los sujetos con hemiparesia derecha consideraron que el animal bueno debe ir en la caja izquierda y el malo en la derecha. Por lo tanto, a pesar de ser genéticamente diestros, la fluidez adquirida con la izquierda generó una percepción positiva del lado izquierdo del espacio.

Asimismo, los sujetos con hemiparesia izquierda consideraron que la cebra debe ir en la caja derecha y el panda en la izquierda. Estos sujetos, siguieron siendo diestros después del accidente cerebrovascular y siguieron con la misma fluidez motora lateral al adquirir la hemiparesia. Por ello, la valencia positiva se asocia al lado derecho del espacio. Solo un sujeto ha mostrado respuestas opuestas a las esperada según la hipótesis de fluidez motora.

En la muestra utilizada hay mucha variabilidad en cuanto a la localización de las lesiones cerebrales. Por ello, no se puede descartar que sean estos cambios los que explican los resultados, más que una fluidez motora independiente de modificaciones neurológicas.

Para verificar estas ideas se lleva a cabo un segundo experimento. Participan 53 sujetos diestros y sanos. Primero, estos llevan a cabo una tarea de fluidez motora, como fase de entrenamiento. En esta, los sujetos deben poner 84 fichas de dominó encima de una mesa, en localizaciones marcadas.

La tarea se debe hacer con ambas manos a la vez y en un tiempo máximo de 12 minutos. Con cada mano solo se pueden poner las fichas en el lado que se corresponde a la mano; derecha-derecha, izquierda-izquierda. Los sujetos deben llevar a cabo la tarea con un guante de esquí puesto en una de las manos y con el otro atada a la muñeca opuesta. La mitad de los sujetos llevan el guante puesto en la derecha y la mitad en la izquierda.

Después de la fase de entrenamiento, se pide cubrir tres cuestionarios cortos para evitar la asociación entre la primera fase y segunda fase del experimento. En la segunda fase, se lleva a cabo la misma tarea que en el primer experimento.

Recordemos que todos los sujetos eran diestros. De los sujetos que tuvieron el guante puesto en la mano izquierda durante el entrenamiento, un 77% optó por meter el animal bueno en la caja derecha. De los sujetos que tuvieron el guante puesto en la mano derecha en la fase inicial, un 63% optó por meter el animal bueno en la caja izquierda.

Generalmente, se puede decir que la tendencia a asignar el animal bueno a la caja situada en el mismo lado que la mano sin guante fue 5 veces mayor que la tendencia a asignarlo a la caja situada en el mismo lado que la mano con guante. Congruente con los resultados del primer experimento, la fluidez motora reforzada o adquirida en la fase de entrenamiento llevó a una evaluación positiva del hemiespacio correspondiente.

Como conclusión, parece que cambiar la forma en la cual las personas utilizan sus manos puede cambiar sus juicios sobre las ideas abstractas de bueno y malo. Los cambios a largo plazo en la fluidez motora pueden invertir las asociaciones implícitas entre valencia emocional y localización en el espacio. No obstante, con estos hallazgos no se descarta el impacto de posibles factores neurobiológicos innatos que contribuyan al mapeo del espacio según lateralidad.

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La importancia de la inmediatez en el comportamiento no verbal para crear vínculos de confianza. Club del Lenguaje No Verbal

inmediatez - La importancia de la inmediatez en el comportamiento no verbal para crear vínculos de confianza. Club del Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del estudio “Creating Immediacy Using Verbal and Nonverbal Methods” de Debra Dalonges y Jacquelyn Fried, documento en donde se explica la importancia de la inmediatez y de las relaciones positivas a través del comportamiento no verbal para establecer vínculos de confianza entre pacientes y médicos o alumnos y profesores.

La inmediatez se define como el grado de cercanía física o psicológica percibida entre dos personas. Las personas se sienten atraídas por las personas y cosas que les gustan, evalúan positivamente y prefieren, y evitan o se alejan de las cosas que les disgustan, evalúan negativamente o no prefieren.

La inmediatez abarca técnicas de comunicación verbal y no verbal que se pueden aplicar en múltiples entornos. Reducir el estrés y establecer una relación con los clientes requiere integrar la delicadeza de un educador y la compasión de un médico de calidad. Los educadores usan técnicas de inmediatez para educar a sus alumnos; estos mismos métodos se pueden aplicar en un entorno clínico. Al igual que los académicos, los higienistas dentales confían en las habilidades de comunicación verbal y no verbal finamente perfeccionadas para impartir información sobre educación sanitaria para motivar y educar a los pacientes sobre la salud oral y sistémica. Los higienistas dentales, como médicos expertos y conocedores, deben utilizar habilidades de comunicación que generen confianza en los pacientes y que transmitan sus habilidades y conocimientos. Los rasgos deseados asociados con la inmediatez verbal incluyen la autorrevelación, el humor, el tono, la referencia a los rasgos positivos y el discurso de otro con respecto a las similitudes. Las principales señales no verbales asociadas con la inmediatez incluyen la escucha empática, la migración facial (que muestra la expresión), la sonrisa, la orientación de la mirada, la apariencia física y el tacto.

Mediante estrategias de comunicación no verbales y verbales, un higienista dental puede mejorar las interacciones y alentar a los clientes a expresar sus inquietudes. Las señales no verbales pueden ser mucho más importantes que lo que se dice. Estas señales pueden influir en los resultados de los intercambios académicos y clínicos.

De acuerdo con los resultados de la comunicación educativa, los pacientes que ven a los médicos como profesionales cercanos son menos temerosos y generalmente están más satisfechos con la atención médica que reciben. El atractivo interpersonal, el grado en que otros responden positivamente entre sí, se puede mejorar utilizando comportamientos de inmediatez. Los médicos que deseen emplear los comportamientos de la inmediatez deben explorar las técnicas verbales y no verbales y las formas de asegurar su congruencia. Actos simples como mantener el contacto visual cuando se comunican, tocar suavemente el brazo de un paciente para reforzarlo y hablar con un tono suave y no amenazante son algunas de las maneras de lograr la inmediatez. La aplicación consciente y el aprendizaje diligente de estrategias de comunicación tanto verbales como no verbales pueden ayudar a mejorar los resultados de la educación sanitaria.

Una parte de toda comunicación son los comportamientos no verbales. Estas conductas incluyen el estudio de los movimientos corporales al comunicarse, los gestos y expresiones faciales, la proxémica (la naturaleza, grado y efecto de la separación espacial que los individuos mantienen naturalmente), la sensibilidad de la piel, el uso de artefactos, características físicas, movimiento ocular, comportamiento conmovedor y factores ambientales. Las expresiones faciales y los gestos incluyen el contacto corporal, la apariencia física y la dirección de la mirada. Los comportamientos no verbales incluyen las variables paralingüísticas del tono emocional, el tiempo y el acento. Los docentes consideran que los profesores que transmiten mensajes de cuidado verbal en combinación con señales de cuidado no verbal son más creíbles. Algunos investigadores creen que los comportamientos no verbales son más efectivos para comunicar la inmediatez que los comportamientos verbales. Las señales no verbales a menudo son innatas y, a veces, pueden contradecir un mensaje verbal. Quien tiene un conocimiento experto de las conductas no verbales puede transmitir efectivamente un mensaje no verbal controlado.

Al aplicar los principios de inmediatez, se pueden combinar comportamientos de comunicación tanto verbales como no verbales. Ya sea que se discuta el estado de salud de una persona o se educa a los estudiantes, los mensajes se transmiten a través de dos tipos de comunicación: explícita e implícita. Los mensajes explícitos llevan el contenido; la comunicación implícita transmite emociones y sentimientos. Los mensajes explícitos son fundamentalmente verbales, mientras que las comunicaciones implícitas son principalmente no verbales. Del 7% de la comunicación verbal, se descubrió que el 38% pasa por el tono de voz y el 55% por el lenguaje corporal general. Al formar relaciones de inmediatez con los pacientes, los médicos deben considerar todos los actos de comunicación verbal y no verbal.

La inmediatez muestra calidez y mejora las interacciones y las relaciones. Las interacciones con los pacientes son experiencias humanas que crean un vínculo relacional. La comunicación efectiva es un vehículo a través del cual se optimiza la participación de los pacientes. Un estudio correlacional de enfermeras y pacientes reveló que la fortaleza de su vínculo facilitó resultados positivos de la atención y una mayor satisfacción del paciente. Fomentar y fortalecer los vínculos de los higienistas dentales con sus pacientes podría producir resultados similares.

Relatando el principio educativo de la inmediatez, Vélez y Cano estudiaron la asociación entre la motivación del estudiante y la inmediatez del maestro. Su encuesta encontró que para aumentar la motivación del estudiante a través de señales verbales y no verbales se debían de exhibir gestos positivos y alentadores. Las expectativas de éxito se potencian mediante una combinación de comunicación verbal y no verbal constante, positiva y de apoyo.

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La influencia del Comportamiento No Verbal en entornos hospitalarios según la edad del paciente. Club Lenguaje No Verbal

 

 

 

 

 

enfermera hospital - La influencia del Comportamiento No Verbal en entornos hospitalarios según la edad del paciente. Club Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del estudio “A Comparison of Music Therapy Students’ and Professional Music Therapists’ Nonverbal Behavior: A Pilot Study” de los autores Jones, Jennifer D y Cevasco, Andrea M., Se trata de un extenso estudio que trata diferentes temas relativos al comportamiento no verbal y la musicoterapia, por lo que procedemos a resumir un fragmento del estudio en donde se explican las diferentes influencias del comportamiento no verbal según la edad y salud de los pacientes en entornos hospitalarios.

Los investigadores han estudiado el papel de las expresiones faciales en la comunicación y los efectos de las expresiones faciales positivas, y descubrieron que las diferencias físicas en las sonrisas de disfrute, definidas como sonrisas espontáneas, versus las sonrisas forzadas, eran observables e incluso influían en las percepciones de los demás. Aquellos que demostraron sonrisas de disfrute fueron vistos como más positivos y parecían más expresivos, naturales, extrovertidos, sociables, relajados y agradables que cuando mostraron sonrisas no placenteras. Los investigadores encontraron que la sonrisa positiva influyó en la confianza entre extraños; también encontraron que las características faciales afectaron en torno a la cooperación, y también se descubrió que las parejas que tenían juicios positivos sobre la calidad de la relación mostraban expresiones faciales y posturas significativamente más positivas.

También se ha investigado que muchas personas imitaban espontáneamente las expresiones emocionales de aquellos que observaban y, a través de este mimetismo, experimentaron un cierto contagio emocional. La expresión facial está estrechamente relacionada con las emociones de un individuo y la comprensión de los estados emocionales de los demás; sin embargo, la capacidad de decodificar la expresión facial y hacer suposiciones precisas sobre el estado emocional de una persona no es uniforme a lo largo de la vida. El proceso de envejecimiento y ciertas enfermedades afectan la capacidad de una persona para juzgar la expresión facial y otros tipos de comportamiento no verbal.

El proceso de envejecimiento afecta la capacidad de uno para decodificar la información no verbal, en particular el reconocimiento y la expresión de emociones negativas a través de la expresión facial. Los investigadores en psicología social han explicado este déficit en la decodificación de las emociones negativas como un mayor control sobre las emociones negativas con la edad; sin embargo, investigaciones neuropsicológicas indican que el daño a diferentes regiones neuronales afecta el reconocimiento de la emoción.

Los adultos mayores fueron significativamente menos expertos en identificar las emociones de miedo y tristeza, pero identificaron con mayor precisión el disgusto en comparación con los adultos más jóvenes. Se sabe además que la enfermedad de Parkinson afectó significativamente a la identificación de emociones de los sujetos. Los autores concluyeron que las estructuras cerebrales específicas fueron responsables de codificar ciertas emociones y que el envejecimiento y la enfermedad pueden afectar al reconocimiento de emociones específicas. Otros investigadores, sin embargo, encontraron que los participantes mayores, con una edad promedia de 77 años, reestructuraron lo que las personas indicaron para que coincida con el contenido no verbal que se expresó a través de expresiones faciales, lo que indica que los adultos mayores siguen confiando en la información no verbal.

En el estudio de la distancia y el espacio en la interacción humana (la proxemia) la distancia interpersonal puede indicar el estado social relativo de cada persona y determinar el tipo de interacción. Las personas de edad similar interactúan más de cerca, al igual que las personas del mismo estatus social. Los muy mayores y muy jóvenes son la excepción a esta norma; a menudo provocan interacciones a una mayor proximidad. La distancia puede reflejar el nivel de comodidad entre dos personas con distancias mayores observadas entre personas incómodas durante la comunicación.

Las personas con condiciones discapacitantes observables a menudo se encuentran con mayores distancias de interacción. En el transcurso de tres tareas, se encontró que los sujetos que enseñaban una tarea a los compañeros mantenían una mayor distancia interpersonal con el compañero que usaba una silla de ruedas que el compañero sin silla de ruedas. La distancia entre el sujeto y los compañeros fue significativamente mayor durante la primera interacción, aunque la mayor distancia entre el sujeto y el compañero con una silla de ruedas no alcanzó significación en las interacciones posteriores. A medida que el sujeto ganó experiencia, la tendencia a evitar la interacción próxima se redujo.  Una mayor familiaridad con la situación fomentó una interacción más próxima entre el sujeto y el compañero.

Los investigadores a menudo examinan la proximidad de dos personas que participan en la comunicación, así como el impacto del espacio en los grupos de comunicadores. Los adultos mayores experimentaron mayores beneficios de una mayor proximidad durante una tarea de discusión que los adultos en edad universitaria. Los adultos mayores reportaron menos ansiedad cuando se comunican en lugares cerrados y percibieron a sus compañeros de comunicación significativamente más positivamente que sus compañero más jóvenes. Muchos de los adultos mayores en el estudio vivían solos e informaban significativamente más soledad que los estudiantes universitarios. La proximidad más cercana pareció proporcionar un aumento positivo de la excitación que resultó en una mejor comunicación y disfrute. La capacidad de comunicación de los adultos mayores se vio facilitada por una mayor proximidad.

Los investigadores han encontrado que los adultos mayores usan e interpretan los gestos de forma diferente a los adultos más jóvenes. Las mujeres entre las edades de 62 y 80 usaron significativamente menos gestos descriptivos en una tarea de descripción de objetos en comparación con las mujeres más jóvenes (entre 18 y 34 años). Las mujeres mayores tomaron más tiempo para describir los elementos verbalmente que sus compañero más jóvenes.

Además, los adultos mayores fueron significativamente menos hábiles para juzgar las emociones de los movimientos corporales que los adultos más jóvenes. Los adultos mayores en el estudio cometieron más errores decodificando las emociones negativas de los gestos que los positivos. No está claro si las enfermedades relacionadas con la edad, como la enfermedad de Alzheimer, alteran la capacidad de identificar las emociones a partir de señales del cuerpo, por lo tanto, los profesionales deben ser conscientes de que los adultos mayores pueden no usar la información codificada por el movimiento corporal y gestos tan efectivamente como sus compañero más jóvenes.

Sin embargo, ambos grupos hacen juicios sobre su grado de satisfacción con la atención basada en el comportamiento no verbal de los profesionales de la salud. Por tanto, se sabe que la comunicación no verbal fue el principal predictor de la satisfacción del paciente. Esto incluyó pacientes con problemas médicos directos como dolor de pecho, aquellos que  buscan asistencia sobre el VIH, o aquellos con más necesidades psicosociales de depresión o abuso sexual. Los pacientes informaron estar satisfechos con los médicos en función de su comportamiento no verbal en lugar de las preguntas que hicieron o no hicieron los médicos. Los autores sugirieron que los médicos deben atender sus comportamientos no verbales si desean aumentar la satisfacción del paciente a pesar de lo que dicen o de la información que reúnen durante las visitas de los pacientes. También sugirieron que la formación de estudiantes y residentes incluya instrucción formal en habilidades de comunicación no verbal.

Se encontraron resultados similares en estudios de enfermeras practicantes y estudiantes. Se examinó el comportamiento no verbal de las enfermeras y descubrieron que las enfermeras desarrollaron una buena relación con los pacientes ancianos en la enfermería domiciliaria y un hogar para los ancianos a través de la mirada, la cabeza y la sonrisa. En casi todos los encuentros, las enfermeras sonrieron y asintieron con la cabeza, y durante el 58% de las interacciones, las enfermeras se acercaban al paciente, expresando su inmediatez y sus comportamientos de interés.

Sin embargo las estudiantes de enfermería estaban físicamente distantes de los pacientes con delirio en rotaciones de salud mental por dos motivos: miedo a daño físico y sentimientos de inadecuación durante la comunicación. Cuándo y cómo los profesionales de la salud aprenden a utilizar de manera efectiva las conductas no verbales para establecer una relación y comunicarse con los pacientes es digno de una investigación continua.

En los últimos años, los profesionales médicos han tenido un interés especial en investigar los efectos del comportamiento no verbal durante las interacciones con pacientes ancianos. En otra investigación, se estudiaron las calificaciones de los pacientes sobre los comportamientos no verbales comunicativos y específicos de los fisioterapeutas con el funcionamiento físico, cognitivo y psicológico de los pacientes ancianos al ingreso, en el momento del alta y 3 meses después del alta. Encontraron que el comportamiento de distanciamiento de los terapeutas, definido como no sonreír, permanecer sentados y no mirar a los clientes, predijo significativamente una disminución en las actividades cotidianas de los clientes, se asoció con un aumento en la confusión cognitiva de los clientes, se correlacionó positivamente con grado de depresión, y como resultado una disminución del funcionamiento físico.

Los terapeutas que mostraron un afecto positivo dieron como resultado que los pacientes mostraran una disminución en la confusión. Sonriendo se produjo una mejora en la movilidad. Un hallazgo interesante fue que los efectos positivos de fruncir el ceño y asentir con la cabeza por parte de los terapeutas estaban representados por una disminución en la confusión; los encogimientos de los terapeutas se asociaron con una disminución de la movilidad; y la sacudida de la cabeza del terapeuta se asoció con una disminución en la confusión. En general, la expresividad facial resultó en una mejora sustancial en las actividades de la vida diaria y una disminución en la confusión, así como mejoras a corto y largo plazo en el funcionamiento físico y cognitivo. Los autores teorizaron que este fenómeno podría deberse a que la expresividad facial comunica empatía y preocupación por el cliente, lo que resulta en la satisfacción del paciente y mejoras en la salud.

En base a estos resultados, se realizó un segundo estudio para investigar los efectos de tres categorías de afecto facial: la expresividad facial involucraba la combinación de sonreír, fruncir el ceño y asentir con la cabeza; afecto positivo referido a la combinación de sonreír y asentir; y afecto negativo implicó la combinación de mirar hacia otro lado y no sonreír. Los pacientes valoraron la expresividad facial y el afecto positivo más positivamente que el patrón neutral, y el afecto positivo resultó en la mayor satisfacción del paciente. Aquellos terapeutas que exhibieron expresividad facial y afecto positivo fueron percibidos como más cálidos, comprensivos, preocupados y empáticos.

 

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Competencia, moralidad, sociabilidad… ¿Qué aspectos están más vinculados al apoyo laboral entre compañeros?. Club Lenguaje No Verbal

companeros - Competencia, moralidad, sociabilidad... ¿Qué aspectos están más vinculados al apoyo laboral entre compañeros?. Club Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club de Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Initial Impressions Determine Behaviours: Morality Predicts the Willingness to Help Newcomers.”, de los autores Stefano Pagliaro, Marco Brambilla, Simona Sacchi , Manuela D’Angelo y Naomi Ellemers, que analizan qué papel tiene la moralidad en el juicio social y en la evaluación inicial de la otra persona.

Durante las últimas décadas, la psicología social ha abordado las implicaciones sociales de la moralidad en las relaciones interpersonales y los procesos grupales. Esta investigación en concreto ha examinado la relación existente entre el razonamiento moral y el juicio emitido, así como las emociones provocadas por las características morales y por tanto su consecuencia en la formación de impresiones. Se trata de un estudio interesante ya que, como sabemos, los juicios morales son muy importantes en las evaluaciones dentro de los grupos, en las normas grupales y en la formación de impresiones de otros individuos o grupos.

Además de realizar un estudio sobre ello, el presente artículo investiga una hipótesis: ¿la información moral percibida y la respuesta emocional provocada al inicio de la interacción también tiene un impacto en las intenciones conductuales posteriores hacia la otra persona (por ejemplo, voluntad de ayudar y apoyar a un recién llegado en el trabajo)?.

El modo en que las personas forman impresiones de otros individuos y grupos es un tema central en la psicología social, que organiza las impresiones de las personas en dos dimensiones evaluadoras centrales que son la competencia (instrumental) y la calidez (expresiva). La dimensión de calidez abarca los rasgos asociados con la sociabilidad (como ser servicial y amable), así como los rasgos que indican la moralidad (como la honestidad y la confiabilidad). Además, se demostró a través de diferentes grupos, contextos culturales y metodologías de investigación que la moralidad (más que la competencia o la sociabilidad) es la base principal del orgullo y la identificación del grupo. Como resultado, por ejemplo, se descubrió que la moralidad percibida de la organización aumentaba los sentimientos de orgullo de los empleados hacia la organización, y predijo su satisfacción y compromiso laboral.

Conociendo por tanto estas dimensiones y subdimensiones, algunos estudios examinaron el impacto de la información vinculada a la moralidad de desconocidos en comparación con la información vinculada a la sociabilidad y competencia de desconocidos. En una serie de experimentos, los participantes mostraron una tendencia significativa a seleccionar más moralidad que sociabilidad e información de competencia cuando se les pidió que eligieran rasgos que los ayudaran a formarse una impresión de otro desconocido. En un esfuerzo por explicar por qué la gente mira principalmente la moralidad (en vez de competencia y sociabilidad) cuando forma una impresión global de los demás, los investigadores generalmente se refieren a una hipótesis funcionalista que explica que las personas atienden la información moral en las interacciones sociales porque les interesa principalmente comprender si las intenciones conductuales de la otra parte (que puede ser un individuo o un grupo) son beneficiosas o perjudiciales para ellos.

Podría decirse que este juicio debería guiar el comportamiento posterior hacia la otra parte, en términos, por ejemplo, de las tendencias de evitación de aproximación, o de las tendencias de cooperación. La idea de que la información sobre la moralidad de otra persona probablemente provoque respuestas emocionales más fuertes que la información relacionada con la competencia también es sugerida por aquellos trabajos que han argumentado que los juicios morales tienen implicaciones sociales de mayor alcance que los juicios de competencia, causando que las personas sean más vigilantes para los miembros de su grupo que podrían carecer de moralidad en lugar de aquellos que carecen de competencia. Por tanto podemos entender que la moralidad (en lugar de la competencia) es un determinante primario de las reacciones emocionales hacia un objetivo específico, y que provoca respuestas conductuales.

Para corroborar estas ideas, la investigación que presentamos se centra en el impacto de la moralidad (frente a la competencia) sobre la formación de impresiones y las tendencias de comportamiento en un lugar de trabajo real aplicado (una muestra de maestros y empleados escolares evalúan a un recién llegado en su organización y expresan su disposición a participar en actividades relacionadas con el trabajo que ayudarían al recién llegado a adaptarse a la nueva situación). Específicamente, la investigación evaluó las respuestas emocionales iniciales y la disposición a ayudar a la otra persona como indicadores relevantes de estos procesos.

Es decir, el objetivo fue evaluar si las respuestas emocionales iniciales guían el enfoque de comportamiento frente a las tendencias de evitación (en este caso, la disposición a participar en actividades sociales y relacionadas con el trabajo que ayudan al recién llegado a adaptarse a la nueva situación). Se examinó esto en el contexto de los trabajadores que dan la bienvenida a un recién llegado en el trabajo, ya que esto representa una situación en la que los participantes no dependen directamente de las acciones de la otra persona para sus propios resultados. Esto permite ir más allá de las explicaciones de pruebas de investigación anteriores basadas en el intercambio interpersonal y la interdependencia.

En la investigación participaron 79 profesores y empleados voluntarios, con una edad media de 40 años. Al comienzo del experimento, el investigador les dijo a los participantes que estaban participando en un estudio sobre la formación de impresiones. Se les pidió a los participantes que imaginaran que un nuevo director de escuela llegaría a su escuela en el futuro cercano. Los participantes fueron asignados aleatoriamente a una de las cuatro condiciones experimentales: Baja moralidad, alta moralidad, baja competencia o alta competencia. Esto se mostraba según la descripción del gerente (tratando la moralidad en aspectos de honestidad, sinceridad y confiabilidad, y la competencia en aspectos de inteligencia, competencia y habilidad). Según la descripción, cada uno de los participantes debería de indicar el grado en que sentían diferentes rasgos como afecto, hostilidad, odio o sospecha hacia el sujeto.

A continuación, se pidió a los participantes que indicaran sus intenciones de ayudar a que el nuevo gerente se ajustara a la nueva situación participando en actividades (es decir, estaría dispuesto a: “pasar tiempo con el nuevo director escolar para describir el prácticas educativas ”, ” pasar tiempo con el nuevo director de la escuela para mostrar nuestra ciudad ”, ” trabajar junto con el nuevo director de escuela ”, etc.).

Finalmente se preguntó a cada participante que calificaran al nuevo gerente según la percepción de moralidad (“qué tan moral es el nuevo gerente?”) y de competencia (“es competente?”), en escalas del 1 (nada) al 7 (totalmente).

Los resultados mostraron lo siguiente: Los participantes indicaron una respuesta emocional más positiva al nuevo director escolar en la condición de alta moralidad que en la condición de baja moralidad, y calificaron al objetivo de manera más favorable en la condición de alta competencia que en la condición de baja competencia. Aun así, se revela que el efecto de la moralidad era confiablemente mucho más fuerte que el efecto de la competencia. En cuanto al comportamiento, los participantes mostraron más intenciones conductuales positivas en la condición de alta moralidad que en la condición de baja moralidad, pero no hubo resultados claramente diferenciados en los casos de alta y baja competencia.

Esto, por supuesto, no quiere decir que la competencia sea irrelevante, y de hecho también en la competencia de investigación actual afectó las respuestas emocionales iniciales. Sin embargo, los resultados muestran que el efecto de la competencia en estas respuestas iniciales es más débil que el efecto de la moralidad. Además, y posiblemente lo más útil e importante a nivel práctico, la competencia no influye en las tendencias conductuales de las personas para ayudar al otro desconocido, mientras que la moralidad sí lo hace. Estos resultados tienen implicaciones prácticas importantes, especialmente en empresas y organizaciones en los que las personas tratan de dar más visibilidad a su competencia que a su moralidad, ya que estos resultados sugieren que los compañeros de trabajo pueden estar más inclinados a utilizar información relacionada con la moral para establecer relaciones de apoyo y cooperación con otros en el trabajo.

Por lo tanto, estos hallazgos relacionados con el papel de diferentes dimensiones evaluativas en las percepciones sociales y sus consecuencias conductuales podrían ayudar a mejorar estratégicamente la sinergia entre los empleados en el trabajo, lo que puede ser crucial para promover la formación de equipos, la confianza y la cooperación en la empresa.

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