Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Entorno (Página 1 de 5)

Interacciones entre clientes e influencias no verbales. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Impact of nonverbal customer-to-customer interactions on customer satisfaction and loyalty intentions” de Lin, H.; Zhang, M. y Gursoy, D. (2020), en el que se examina la relación entre la relación entre las interacciones no verbales entre clientes, las emociones positivas y negativas, la satisfacción del cliente y las intenciones de lealtad.

La interacción de cliente a cliente prevalece y es un fenómeno crítico en muchos entornos de servicio. Se trata de un componente integral de los servicios sociales, jugando un papel fundamental en la producción y entrega de experiencias. Asimismo, se trata de un tema que ha recibido una atención creciente por parte del mundo académico.

Así, la investigación existente sugiere que las experiencias de servicio de las personas pueden verse influenciadas por otros clientes, a través de interacciones verbales con ellos y la observación de sus señales no verbales. Sin embargo, hay una falta de estudios que examinen las interacciones no verbales de un cliente a otro y su impacto en las experiencias de los mismos.

En los encuentros de servicio, aunque los clientes no necesariamente tienen interacciones verbales directas entre sí, es probable que las interacciones no verbales ocurran con más frecuencia, como el contacto visual. Como otros clientes son un componente importante del panorama de servicios, estas señales no verbales pueden desempeñar un papel importante en la evaluación de las experiencias del servicio. Los estudios sostienen, de hecho, que únicamente la presencia de otros clientes puede influir en las experiencias de los clientes focales. Por ello, se requieren más estudios al respecto.

La investigación ha afirmado que las interacciones sociales pueden evocar estados emocionales de los clientes, que luego conducen a sus respuestas cognitivas. Utilizando el marco estímulo-organismo-respuesta como base conceptual, se sugiere que varias dimensiones de las interacciones no verbales entre clientes inducen emociones positivas y negativas de los clientes, que luego determinan su nivel de satisfacción con la experiencia y sus intenciones de lealtad.

Basándose en este marco, el estudio propone que las interacciones no verbales de cliente a cliente (estímulos) pueden desencadenar respuestas emocionales de los clientes (organismo). Luego influyen en la evaluación de los clientes de las experiencias de servicio, es decir, la satisfacción, y sus actitudes hacia el servicio, es decir, intenciones de lealtad (respuesta).

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En el contexto particular analizado, se utilizaron la kinésica, proxémica, paralelenguaje y apariencia física en la exploración de interacciones no verbales entre clientes. La kinésica se refiere a interacciones indirectas entre clientes, a través de movimientos corporales como expresiones faciales, posturas y gestos. La proxémica se refiere al concepto de espacio personal y la distancia adecuada entre clientes. Paralenguaje se refiere a las características no verbales de las comunicaciones, como la intensidad, emociones o el tono de voz y la velocidad del habla. Se centra en cómo se transmite un mensaje verbal, mientras que la interacción verbal se refiere al contenido del mensaje.

La apariencia física se refiere principalmente al atractivo físico y la vestimenta de otros clientes. Dado que los clientes tienen expectativas diferentes de sus interacciones con los empleados comparadas con otros clientes, es probable que sus actitudes sean diferentes. Por lo tanto, estos cuatro tipos de interacciones no verbales de cliente a cliente pueden tener impactos distintos en comparación con las interacciones no verbales entre clientes y empleados.

Así, la teoría de la valoración sugiere que la interacción con un estímulo ambiental dará como resultado una evaluación subjetiva de ese estímulo. Por otro lado, según la teoría del contagio emocional, las emociones de una persona pueden desencadenar las emociones correspondientes de los demás durante las interacciones interpersonales. Este proceso de contagio se puede realizar a través de interacciones no verbales.

Por ende, los autores escogieron el contexto de servicios de restaurantes como escenario de investigación. Para ello, recopilaron los datos para examinar el modelo propuesto a través de una encuesta online. A los encuestados que aprobaron la pregunta de selección se les pidió que respondieran a las preguntas basándose en su experiencia gastronómica más reciente en un restaurante informal. Antes de responder a las declaraciones estructuradas, se les pidió que proporcionaran detalles sobre el restaurante y sus acompañantes. En total, el estudio contó con 583 participantes de EE.UU.

Los resultados mostraron que, entre los cuatro tipos de interacciones no verbales de cliente a cliente, la kinésica y el paralelenguaje tienen una influencia positiva en las emociones positivas de los clientes, pero no en las emociones negativas. En contraposición, la proxémica, el paralelenguaje y la apariencia física tienen una influencia negativa en sus emociones negativas, pero no en las emociones positivas. Estos hallazgos sugieren que los impactos de las interacciones no verbales entre los clientes probablemente sean diferentes de los de las interacciones no verbales entre empleados y clientes.

Dado que las emociones positivas y/o negativas de estos dependen de si reciben las señales no verbales esperadas, las diferencias en los resultados sugieren que es probable que los clientes tengan expectativas de interacción no verbal diferentes para los empleados y otros clientes. Esto sugiere que los clientes tienen mayores expectativas de sus interacciones con los empleados en comparación con sus interacciones con otros clientes.

Los hallazgos sugieren también que la invasión del espacio personal de los clientes focales por parte de otros clientes puede generar emociones negativas; mantener una distancia adecuada, probablemente, no tenga ningún impacto emocional. Los mismo puede decirse de la apariencia física. En consecuencia, los clientes tienden a tener sentimientos negativos cuando otros clientes violan las expectativas de distancia interpersonal y apariencia física.

Los resultados también sugieren que el paralelenguaje ejerce un impacto significativo en las emociones tanto positivas como negativas. Cuando otros clientes hablan de forma articulada con el tono y la velocidad adecuados, los clientes focales experimentan emociones positivas. Sin embargo, cuando son inadecuados durante la comunicación verbal puede resultar en la generación de emociones negativas.

En conjunto, los resultados muestran que las emociones desencadenadas por interacciones no verbales entre clientes ejercen una influencia significativa en la satisfacción y las intenciones de lealtad de los clientes. Específicamente, las emociones positivas afectan positivamente a ambas cosas, mientras que las emociones negativas tienen impactos negativos, de acuerdo con los resultados de investigaciones anteriores.

Futuras investigaciones sobre la materia podrían evaluar el impacto del comportamiento no verbal en contextos diferentes al de la restauración y hostelería, o en contextos culturales distintos, ya que la muestra se basaba enteramente en personas estadounidenses.

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Territorialidad en deportes competitivos. ¿Podemos identificar a quienes juegan en casa? Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Thin Slices of Athletes’ Nonverbal Behavior Give Away Game Location: Testing the Territoriality Hypothesis of the Home Game Advantage” de Furley, P.; Schweizer, G. y Memmert, D. (2018), sobre la territorialidad en deportes competitivos, en el que se investiga si se puede detectar quién juega en casa o fuera en partidos de fútbol por la conducta no verbal de los jugadores, así como si los que juegan en casa exhibían una mayor territorialidad a través de su comportamiento.

La territorialidad puede definirse como la ocupación de un área “por un animal o grupo de animales por medio de la repulsión mediante la defensa abierta o los avisos”.

Algunos autores sostienen que los humanos a veces muestran una respuesta territorial similar a los animales, pudiéndose observar en contextos de deportes competitivos. Por ejemplo, se descubrió que los niveles de testosterona eran mayores antes de partidos de fútbol en casa que fuera de ella. Este mayor nivel de testosterona se asoció con niveles más altos de confianza y niveles más bajos de ansiedad cuando se juega en casa en comparación con fuera.

Por lo tanto, la investigación de los autores abordó la cuestión de si jugar en casa o fuera está asociado con ciertas señales no verbales asociadas con la territorialidad. Concretamente, con demostraciones de dominio, agresión y asertividad.

Para ello, la investigación se basa también en la teoría de “thin slices” o cortes finos. Esta consiste, esencialmente, en observar una breve interacción a partir de la cual sacar conclusiones sobre la actitud y emociones de quienes interactúan.

Así las cosas, los autores llevaron a cabo tres experimentos. En el primero, 80 participantes, sin gran experiencia futbolística, observaron videos escogidos aleatoriamente de los jugadores antes de los partidos. En los videos se evitó mostrar características del estadio y se modificaron algunos de los jerséis de los jugadores. De este modo, se pretendía no dar pistas sobre la localización del partido.

Como resultado, los observadores fueron capaces de distinguir a los futbolistas que jugaban en casa de los que jugaban fuera. Este dato está en consonancia con la hipótesis de la territorialidad. Es decir: parece que los jugadores mostraron algunas señales válidas que estaban asociadas con la localización del juego.

En consonancia con dichos resultados, en el segundo experimento se pidió a los participantes que volvieran a ver los videos. Esta vez, el objetivo era centrarse en el comportamiento no verbal de los jugadores. Los participantes se dividieron en dos grupos de 102 (quienes vieron a los jugadores con los jerséis modificados) y 101 (estos vieron a los jugadores sin los jerséis modificados) personas. Con respecto al comportamiento no verbal, se midieron específicamente las demostraciones aparentes de dominación, agresividad y asertividad de los futbolistas.

Pues bien, los resultados mostraron que, para el grupo con los jerséis modificados, se detectaron principalmente signos de dominación y asertividad, pero no tanto de agresividad, en base a la territorialidad. Con respecto al grupo con los vídeos sin jerséis modificados, los resultados son los mismos, añadiendo efectos significativos en cuanto a la agresividad percibida.

Cabe añadir que, en ambos grupos de participantes, no existieron diferencias significativas en lo referente al género.

Así pues, los resultados de ambos grupos son similares, si bien el efecto de la territorialidad era más pronunciado en el grupo que vio a los jugadores con el jersey original (no modificados). Por consiguiente, el comportamiento no verbal de los jugadores varía según la localización (si juegan en casa o fuera). Así, los que juegan en casa demuestran mayor dominación y asertividad, pareciendo también más agresivos pero de manera menos significativa.

Puede decirse, entonces, que los atletas que juegan en casa se sienten más confiados y amigables que al jugar fuera de casa. Por tanto, parece probable que los resultados se refieran a comunicar no verbalmente la territorialidad y no a otras cuestiones.

Finalmente, el tercer experimento tenía como finalidad comprobar si en partidos de fútbol de aficionados también era posible distinguir esto. Es decir, si los jugadores estaban en casa o fuera, así como los tipos de comportamiento no verbal medidos previamente. En total, 112 personas nuevas sin conocimientos particulares de fútbol visionaron una serie de videos al respecto.

Los resultados reflejaron que, en partidos aficionados o menos profesionales, también se distinguió a quienes jugaban en casa o no. Una vez más, no se apreciaron diferencias de género entre los participantes en los resultados. Asimismo, los jugadores demostraban dominancia, asertividad y agresividad en base a localización del juego, siendo mayor cuando jugaban en casa.

Sin embargo, este comportamiento no verbal también podría estar influenciado por otros factores aparte de la territorialidad. Consecuentemente, se requiere de más investigación al respecto.

En consecuencia, los atletas tanto profesionales como aficionados indicaban una relativa mayor dominancia, asertividad y, posiblemente, aunque en menor medida, agresividad a través de signos no verbales cuando el partido era jugado en su casa. Así, tanto la comunicación de la territorialidad como la dominación pueden considerarse un importante mecanismo de adaptación que promueve el orden social en los grupos y ayuda a evitar una agresión abierta dañina.

El principal hallazgo de la investigación de los autores apoya la hipótesis de la territorialidad en los deportes competitivos. Esta sugiere que los humanos muestran una respuesta protectora natural (evolucionada) en incursiones territoriales.

La ventaja de jugar en casa se basa en una gran cantidad de investigaciones que muestran que los atletas y equipos suelen rendir mejor cuando compiten en casa en comparación con fuera. ¿Por qué esto es así?

Entre todas las explicaciones, una posibilidad es la respuesta territorial, que incluye niveles más altos de testosterona. Esta contribuye a que los atletas incrementen conductas de riesgo y mejoren las tasas metabólicas de los músculos y la habilidad espacial. En adición, el comportamiento no verbal más dominante y confiado puede afectar a oponentes en su propia confianza y expectativas.

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El efecto placebo y nocebo en pacientes médicos. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “A Qualitative Systematic Review of Effects of Provider Characteristics and Nonverbal Behaviour on Pain, and Placebo and Nocebo Effects” de Daniali, H. y Flaten, M. A. (2019), en el cual se estudia cómo el comportamiento no verbal y las características de los médicos influyen en los dolores y el efecto placebo de sus pacientes.

El efecto placebo es una respuesta psicobiológica que se produce, en el ámbito médico, cuando un paciente nota una disminución de su dolor al administrársele medicación inactiva pero cuya información dada al paciente es positiva. En contraposición, el efecto nocebo es el caso opuesto, cuando la información negativa sobre un medicamento reduce sus efectos analgésicos en el paciente.

Así pues, no es raro el uso de la información para alcanzar el efecto placebo de manera conjunta con la medicación real para el tratamiento en cuestión. Sin embargo, existen otros factores sutiles que pueden influir en el resultado del tratamiento. Estos son, entre otros, las características de médico y su comportamiento no verbal con el paciente.

Con el fin de determinar la importancia de dichos factores, los autores analizaron un total de 34 estudios al respecto.

Por un lado, algunos estudios determinaron que el sexo del médico puede influir en el umbral de dolor y su intensidad reportada por los pacientes. Se detectó evidencia de un efecto interactivo: esto es, los médicos inducían menos dolor en sujetos del sexo opuesto. No obstante, no existe ninguna tendencia clara o fiable de un efecto concreto en el dolor o el efecto placebo en base al sexo del médico.

Esta relación entre el sexo del médico y el paciente parece responder, sin embargo, a cuestiones sociales basadas en el rol de género en vez de a factores biológicos. Esto es, la explicación sería que se trata de impresionar al sexo opuesto, si bien también se ha sugerido que, en pacientes femeninas, algunos factores fisiológicos contribuyen al informe de menos dolor frente a médicos varones.

Del mismo modo, el estatus del médico y su confianza, cuanto mayores sean, influyen también en informes de menos dolor, mejores estados físicos y emocionales y valoraciones del dolor más exactas de los pacientes.

Esto es debido a que los pacientes experimentan una presión sanguínea más alta y más estrés que modulan la percepción del dolor. Asimismo, se identificó que la mayor confianza y estatus generan un efecto placebo más alto.

Por otro lado, al estudiar la relación entre el comportamiento no verbal de los médicos y sus efectos en los pacientes, se identificaron aspectos de relevancia. En primer lugar, en comparación a los doctores con un comportamiento no verbal negativo, aquellos que muestran un comportamiento no verbal positivo (sonreír, contacto visual, el tono de voz, la postura…) inducían a una mayor tolerancia al dolor y menos expresiones de dolor. Además, dichos médicos suelen generar valoraciones del dolor más exactas.

En contraposición, los médicos con un comportamiento no verbal negativo (movimientos restringidos, contacto visual mínimo, poco contacto físico con el paciente…) inducía a un menor umbral de dolor del paciente.

Contrariamente, el umbral de dolor será mayor cuando se habla suavemente al paciente y se respeta su espacio personal. Del mismo modo, una actitud más entusiasta o positiva por parte del médico parece repercutir en un menor uso de narcóticos para los pacientes y, en general, un mejor estado físico.

Este tipo de actitud es también aplicable al efecto placebo, el cual se incrementa con una actitud positiva. La comunicación también es importante, pues un estilo más extenso o abierto y cálido, por ejemplo, manteniendo contacto visual y mostrando empatía, influye positivamente en el paciente (menos intensidad del dolor, más alivio de los síntomas y, en general, una mejora global).

Así pues, comparado con un estilo cerrado o neutral de comunicación, el estilo abierto o amigable de comunicación por parte de los médicos inducía a una expectación positiva más fuerte en su tratamiento o mejora (efecto placebo). En el extremo opuesto, el efecto nocebo es inducido con más frecuencia si el médico presenta un comportamiento no verbal negativo o distante (incluida la comunicación) con su paciente, reduciendo en consecuencia el efecto placebo.

¿La explicación?

El dolor es reconocido como un estresor; la mayoría de situaciones dolorosas nos provocan estrés y emociones negativas, las cuales a su vez pueden incrementar la experiencia o sensaciones de dolor.

En este sentido, ofrecer toda la información posible al paciente ayuda a reducir estos niveles de estrés y emociones negativas, permitiéndole adquirir conocimiento acerca de la eficacia de las intervenciones. Esto abarca también el comportamiento no verbal del médico o el interviniente, el cual supone una fuente de información para los pacientes. Por ejemplo, el comportamiento no verbal positivo del médico puede ser interpretado por el paciente como un signo de satisfacción con los resultados de la intervención y viceversa.

Finalmente, para explicar la relación con los efectos placebo y nocebo, se toma una perspectiva similar.

El comportamiento no verbal asume un papel afirmativo o contradictorio de la información verbal, del discurso, por lo que el comportamiento no verbal positivo puede tener un valor añadido al discurso, aumentando el efecto placebo. Si el comportamiento no verbal —negativo— contradice la información verbal, los efectos placebo pueden disminuir o, incluso, no existir. Cabe añadir que las propias expectativas también pueden contribuir a la modulación del estrés y las emociones.

Así pues, es indiscutible que existe una relación entre las características personales de los médicos y, sobretodo, su comportamiento no verbal y los efectos que producen en la percepción del dolor y el efecto placebo y nocebo. Sin embargo, no puede alcanzarse una conclusión generalizada y firme con respecto a cuánta influencia tienen, pues se necesita de más investigación para identificar, entre otras cuestiones, qué comportamientos no verbales específicos tienen un mayor impacto en tales efectos y cuáles son sus mecanismos de funcionamiento.

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Inferencias de los niños sobre sus iguales en base al comportamiento no verbal. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Children use nonverbal cues from an adult to evaluate peers” de Brey, E. y Shutts, K. (2018), en el cual se analiza la manera en que el comportamiento no verbal de los adultos influye en las inferencias que los niños hacen de sus iguales.

¿Cómo forman los niños las impresiones sobre los rasgos y habilidades de sus iguales?

Una de las explicaciones más recurrentes que se ha dado a esta pregunta es que los niños observan el comportamiento de otros niños y, a raíz de ahí, realizan inferencias. Sin embargo, otra fuente de información para los niños es la reacción —en especial de índole no verbal— de las figuras de autoridad, adultos como los padres o los profesores, con otros niños. Así, una mejor comprensión de cómo los niños forman estas impresiones podría sugerir estrategias para mejorar el trato mutuo entre los niños.

Por ejemplo: la inteligencia suele ser un rasgo clave en torno al que los niños forman sus impresiones de otros, tendiendo a confiar más en “niños listos”.

Sin embargo, en diversos estudios se detectó que, a pesar del comportamiento observado en las aulas, donde las chicas solían hacer mejor las tareas que los chicos, muchos de los niños pensaban que los chicos son más listos que las chicas dados los estereotipos de género, los cuales pueden ser transmitidos por las figuras de autoridad (el profesor en este caso, pues se ha comprobado que muchos tienden a favorecer de forma no verbal a aquellos estudiantes que consideran más inteligentes, por ejemplo, sonriéndoles más).

Así pues, los niños usan los comportamientos no verbales de los adultos para guiar sus interacciones, evaluaciones y confianza en otras personas desde una edad temprana, confiando más en aquellos adultos que reciben un comportamiento no verbal positivo de otros adultos. Pero ¿qué hay de las inferencias sobre otros niños?

En el primero de los dos estudios de los autores, 96 niños de entre 5 y 6 años visualizaron un video de una actriz simulando a una profesora junto a las fotografías de dos niños de su edad, desconocidos todos ellos para los participantes, donde solo la cara de la profesora era visible para ellos, estando los alumnos de espaldas. La prueba consistía en simular la lectura de un pasaje breve, utilizando el mismo audio con la voz modificada para los estudiantes, por lo que el rendimiento de la lectura era el mismo.

Asimismo, a los participantes se les pidió que dedujeran qué estudiante del video era más listo, más bueno o más fuerte. En total, visualizaron 5 gestos de sonrisa-neutralidad, 5 de asentimiento-neutralidad, 5 más de contacto físico-neutralidad y otros 5 de neutralidad-negación con la cabeza, alternando siempre diferentes estudiantes en las fotografías.

Los resultados mostraron que, para la categoría de listo y fuerte, solo el contacto físico estimuló respuestas al azar sobre estos atributos de los alumnos, mientras que asentir y sonreír (comportamiento no verbal positivo) provocaron que infiriesen que el alumno al que se dirigían estos gestos era más listo y más fuerte que el otro. Para la categoría de bueno, los participantes seleccionaban al estudiante que recibía cualquier tipo de señal no verbal positiva o que, en su defecto, no recibía el gesto de negación.

Resulta relevante añadir que el estudió reveló a su vez que los participantes tienden a escoger con más frecuencia a aquellos estudiantes que no recibían señales no verbales negativas que, en comparación, seleccionar a aquellos que recibían señales no verbales positivas (concretamente, en los gestos de neutralidad-negación con la cabeza). Asimismo, las inferencias sobre la inteligencia eran más fiables que las de la fuerza, lo que puede sugerir que los niños ven a sus profesores como fuentes de información de mayor confianza con respecto a esta característica, o que asocian la lectura y el colegio con la inteligencia más que con la fuerza física.

En el segundo estudio de los autores, se pidió a 32 participantes de 5 a 6 años que seleccionasen al alumno más listo entre dos, uno de ellos leyendo fluidamente un texto, pero recibiendo menos gestos no verbales positivos, mientras que el otro leía con menor fluidez y, sin embargo, recibía más señales no verbales positivas de la profesora. En adición, se excluyó el gesto de contacto físico y se incluyó una nueva reacción por parte de la profesora: mantener una expresión neutral para ambos alumnos.

Bien, como resultados, se determinó que, en ausencia de señales no verbales, los participantes elegían al lector más ágil como el más listo, mientras que el comportamiento no verbal positivo dirigido al alumno que lee con menos fluidez influye en las respuestas de los participantes, provocando que se le escoja con mayor frecuencia como el más listo de los dos, siendo la fluidez menos percibida o relevante en este caso para los participantes.

Así pues, los hallazgos proporcionan evidencia de que los niños usan los comportamientos no verbales de los profesores, o adultos y figuras de autoridad, para guiar su pensamiento sobre sus compañeros, llegando a ser incluso más relevantes estos comportamientos que el desempeño académico real de los niños. En este contexto, ocasionalmente puede apreciarse que algunos niños experimentan un efecto halo, teniendo una impresión positiva de todas las características o cualidades de los compañeros.

En investigaciones futuras, sería relevante comprobar si este patrón se repite con el comportamiento no verbal de distintos profesores o adultos y se mantiene la misma influencia. Del mismo modo, también sería conveniente explorar estas cuestiones, impresiones e influencias de múltiples formas más: por ejemplo, en un entorno más natural, como las clases verdaderas de los niños y sus compañeros y profesores reales, con los que sí están familiarizados;  ampliando los rangos de edad de los participantes y las diferencias apreciadas en ellos; o cómo el comportamiento no verbal de los profesores puede contribuir a los estereotipos de distintos grupos sociales que los niños se forman.

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¿Podemos predecir el resultado de un penalti gracias al comportamiento no verbal? Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Nonverbal behavior accompanying challenge and threat states under pressure” de Brimmell J., Parker J.K., Furley P. y Moore L.J. (2018), en el cual se analiza si las situaciones de amenaza o reto predicen el comportamiento no verbal en el deporte, concretamente en los penaltis de fútbol.

En no pocas ocasiones, los deportes de competición como el fútbol pueden depender de un único momento de presión para determinar la victoria o la derrota.

En estos casos, los atletas hacen una evaluación de la situación en la que determinan las exigencias que se les presentan y con qué recursos cuentan ellos para hacerles frente. Por tanto, en función de si identifican la situación estresante como una amenaza o un reto, su respuesta psicofisiológica se verá condicionada. Y esta respuesta, dependiendo de si el atleta percibe una amenaza o un reto, es lo que nos permite a su vez observar respuestas diferentes en el comportamiento no verbal.

En este contexto deportivo, los penaltis de fútbol y la preparación a estos suponen un escenario claro en el que podemos observar estas reacciones no verbales dados los altos niveles de estrés a los que somete individualmente a los futbolistas.

Para determinar las características del comportamiento no verbal de los jugadores, el estudio contó con 42 participantes a los que se midió, por un lado, su información cardiovascular antes y después del penalti; por otro lado, una autoevaluación sobre su opinión con respecto a la prueba, la exigencia de esta y sus recursos personales; y, por último, una observación por terceros de su comportamiento no verbal.

Así pues, se hizo uso de seis índices para medir los resultados, a saber: sumiso-dominante; sin confianza-confiado; nervioso-sereno; no centrado-centrado; amenazado-desafiado; e inexacto-exacto.

Pues bien, a excepción del índice no centrado-centrado, todos los demás pudieron ser determinados por la autoevaluación de los participantes, pero no por las respuestas fisiológicas, determinándose así que los comportamientos positivos con la confianza, la exactitud… Se correspondían con aquellos jugadores que consideraban la prueba como un reto o desafío, quienes estimaban sus capacidades o recursos como superiores a las exigencias del reto. Sin embargo, ¿qué hay del comportamiento no verbal?

Los resultados nos muestran que los participantes que se sintieron desafiados en lugar de amenazados fueron percibidos por su lenguaje no verbal como más dominantes, confiados y serenos, así como con más probabilidades de tirar el penalti correctamente, con exactitud. Este lenguaje no verbal se corresponde con respuestas positivas como mantener una postura erguida, con los hombros echados hacia atrás y la barbilla alta, preparándose con control, con tranquilidad y manteniendo contacto visual directo con su objetivo.

Consecuentemente, los resultados resaltan que las evaluaciones de estrés por parte de los atletas parecen estar relacionadas con el comportamiento no verbal. Además, respaldan investigaciones previas de psicología social e implican que diferentes comportamientos no verbales pueden acompañar el desafío y la amenaza evaluados.
En contraposición, las respuestas fisiológicas de los jugadores demostraron no ser tan relevantes a la hora de predecir el comportamiento no verbal de los participantes o determinar si estos evaluaron la situación como un reto o una amenaza, pues están débilmente relacionadas en el contexto del estrés deportivo en oposición a estudios previos desarrollados en contextos sociales. En estos últimos, la respuesta fisiológica de los participantes si parecía estar más vinculada a su comportamiento no verbal (ej. al sentirse amenazado, el sujeto tiene menos respuestas positivas como la sonrisa y una mayor paralización corporal, como la ausencia de movimientos de manos o cabeza).

Sin embargo, no hay que olvidar que el comportamiento no verbal está relativamente abierto al control consciente de la persona y, en consecuencia, es susceptible de ser forzado a adaptarse a sesgos de deseabilidad social. Por ejemplo, en un discurso, el sujeto puede tratar de compensar su falta de habilidad, evidenciada en un tono de voz bajo, con un lenguaje corporal confiado, aún a pesar de tener una respuesta cardiovascular que se corresponde con el sentimiento de sentirse amenazado ante la situación estresante. En tal sentido, investigaciones futuras podrían tratar de distinguir entre las señales no verbales autónomas, asociadas con los estados de desafío y amenaza, y los intentos deliberados no verbales de enmascarar estos estados.

Así las cosas, la evaluación de cometidos estresantes como amenazas se relaciona con un peor rendimiento deportivo. Para la optimización de dicho rendimiento, los profesionales pueden usar el comportamiento no verbal (junto con las medidas de autoinforme) para identificar a los atletas que evalúan situaciones estresantes como una amenaza (aquellos que parecen más nerviosos, cuyo lenguaje corporal hace que ocupen menos espacio, sin una postura erguida o un patrón de mirada menos estable) e intentar que se beneficien de intervenciones en las que se les anime a ver tal situaciones, en vez de como amenazas, como desafíos.

Sin embargo, la identificación fiable de tales comportamientos no verbales sutiles probablemente será difícil, ya que los pocos estudios de codificación no verbal en el deporte solo se han centrado en comportamientos claramente visibles como el orgullo, la vergüenza o la alta presión. Por lo tanto, la investigación futura debería usar diseños experimentales para ofrecer una comprensión más causal de la relación entre los estados de desafío y amenaza y el comportamiento no verbal. Además, el enfoque en el estrés competitivo podría verse como una limitación, por lo que se podrían examinar también las respuestas psicofisiológicas y no verbales de los atletas al estrés organizacional.

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