Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Emociones (Página 1 de 40)

La higiene bucal y la confianza en uno mismo. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Oral hygiene effects verbal and nonverbal displays of confidence” de Taylor, P.; Banks, F.; Jolley, D.; Ellis, D.; Watson, S.; Weiher, L.; Davidson, B. y Julku, J. (2020), en el que se analiza la influencia de la higiene bucal en el comportamiento no verbal.

La higiene bucal y su manifestación, como el mal aliento, es un aspecto integral de la autoimagen.

Por ejemplo, un estudio encontró que el 75% de los pacientes explicaron su asistencia a una clínica de olores de aliento, no con referencia a su salud, sino porque el mal aliento los había llevado a sentirse inseguros en las relaciones sociales. Otros también han aludido que el mal aliento conduce a una disminución de la confianza, incluida la reducción de autoestima, el aumento de la ansiedad social y la aparición de fobias sociales.

La razón por la que el mal aliento tiene un impacto profundo en la confianza probablemente tenga raíces sociales. La higiene bucal actúa como una de una serie de señales sociales que los humanos utilizan para atender sus relaciones y juicios sociales. Esto, a su vez, se refleja muchas veces en el comportamiento no verbal de las personas.

Esta noción está firmemente arraigada en los relatos evolutivos de la cognición social humana. Un número creciente de estudios ha demostrado que los participantes hacen inferencias adversas sobre un objetivo en función de olores desagradables o inesperados, así como anomalías morfológicas. Tales inferencias parecen ocurrir incluso cuando los perceptores saben que la anomalía es engañosa o que su respuesta refleja un estereotipo inapropiado.

Estos hallazgos sugieren que los olores de una persona pueden afectar a la forma en que los juzgamos y actuamos hacia ellos. No obstante, dicen menos sobre cómo el conocimiento de estos efectos puede moldear el comportamiento personal o cómo el olor moldeará el comportamiento en una interacción en desarrollo. De acuerdo con un estudio previo, el “estigma” del mal aliento llevará a los participantes de una interacción a adaptarse menos al comportamiento de los demás. Así, mostrarán menos imitación verbal y no verbal del comportamiento de los otros que en otras circunstancias.

Así, en el estudio de los autores se contó con 140 participantes, estudiantes de pregrado y posgrado de una universidad de Reino Unido. Se obtuvieron medidas pre-experimentales de cuán conscientes eran los participantes de su presentación a los demás (es decir, autocontrol), su nivel de autoestima y su atractivo. Previamente al experimento, los participantes posaron para una foto estilo pasaporte con una camiseta negra lisa sobre un fondo también liso. Luego completaron las medidas de autoconstrucción, autocontrol y autoestima. Posteriormente, los participantes asistieron al ensayo en grupos de diez.

A su llegada, se les entregó una placa que indicaba una letra y se sentaron separados. Una vez que llegaron todos los participantes, se les explicó que estarían completando una serie de interacciones uno a uno de 3 minutos (es decir, “rondas”), de manera similar a las citas rápidas, con el objetivo de “llegar a conocerse unos a otros”. Se les dijo que necesitarían usar una camiseta negra para estandarizar su apariencia en las interacciones.

Específicamente, los participantes fueron asignados al azar a un grupo de control o experimental. Cada uno de estos contenía cinco participantes con una mezcla de hombres y mujeres. Por otro lado, se les pidió que se abstuvieran de comportamientos rituales matutinos normales, como cepillarse los dientes o tomar un café.

Por su parte, el uso de dos baños se explicó como una forma rápida de colocarse las camisetas. Sin embargo, mientras estaban en el baño, los asignados al azar al baño “experimental” también se lavaron los dientes con pasta de dientes. A estos participantes no se les indicó que no mencionaran el cepillado para no levantar sospechas sobre la manipulación. Por la misma razón, tampoco se les pidió que confirmaran que habían seguido instrucciones previas de no comer determinados alimentos y no cepillarse los dientes esa mañana. En cambio, se usaron un conjunto de comprobacionesposteriores al ensayo para determinar hasta qué punto los participantes adivinaron la manipulación.

Después de la manipulación, se dio a cada uno una insignia sociométrica, una hoja de instrucciones y un paquete de cuestionarios. Las preguntas requerían que los participantes calificaran, en una escala de 8 puntos, el grado en el que se sintieron “nerviosos vs. relajados” y “seguros vs. inseguros“. También se les preguntó por su percepción del grado en el que su pareja se sentía nerviosa o relajada, segura o insegura y, en comparación con ellos, como de iguales o diferentes eran.

Así, a través de medidas verbales y no verbales surgió un patrón predecible en el comportamiento de los participantes después de cepillarse —o no cepillarse— los dientes. En comparación con los que no se cepillaron, los que lo hicieron mostraron menos movimiento corporal y mayor asertividad verbal en sus interacciones con los demás.

Estas diferencias conductuales sugieren que el uso de pasta de dientes llevó a los participantes a comportarse de formas normalmente asociadas con una mayor confianza en sí mismos. De hecho, así lo dijeron los participantes como reflejo de su experiencia subjetiva. La manipulación también tuvo efectos interpersonales significativos, hasta el punto de cambiar la impresión subjetiva de la pareja.

Estos hallazgos ofrecen evidencias tentativas de que la higiene bucal puede influir en el comportamiento a corto plazo. Esto se basa en la evidencia de asociaciones entre la higiene bucal y las percepciones y la confianza en sí misma de una persona. Asimismo, los resultados coinciden con investigaciones relacionadas como, por ejemplo, estudios que muestran una correlación positiva entre confianza subjetiva y el volumen del habla. Si bien esta explicación es prometedora, se necesitan más pruebas antes de establecer firmemente una asociación entre la higiene bucal y la confianza interpersonal.

Un resultado curioso fue el aumento del nerviosismo autoinformado durante las interacciones, independientemente de si los participantes se habían cepillado los dientes o no. Como explicación encontramos posibles limitaciones de la investigación. Es posible, por ejemplo, que algunos participantes no siguieran completamente las instrucciones. O que el cambio de rutina afectara a su comportamiento al aumentar la conciencia de sí mismos, etc. Cada una de estas posibilidades puede actuar para moderar o mediar esta asociación entre higiene bucal y comportamiento.

Asimismo, puede sugerirse que la autoconciencia con respecto al atractivo personal puede moderar los efectos de la higiene. Específicamente, aquellos que han aprendido por experiencia cómo los perciben otros pueden estar menos preocupados por la higiene bucal. Contrariamente, otras personas pueden extender esta preocupación a su estado actual de higiene bucal.

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La voz como indicador no verbal de trauma infantil. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Does Self‐Reported Childhood Trauma Relate to Vocal Acoustic Measures? Preliminary Findings at Trauma Recall” de Monti, E.; D’Andrea, W.; Freed, S.; Kidd, D. C.; Feuer, S.; Carroll, L. M. y Castano, E. (2021), en el que se investiga la relación entre los traumas infantiles y la voz como indicador no verbal del mismo.

La voz es un instrumento fundamental para la comunicación y puede revelar información importante sobre un individuo. Debido a que la voz puede transmitir información muy compleja sobre un individuo, cabe preguntarse si la voz también puede servir como un marcador no verbal del trauma infantil.

El trauma infantil se ha relacionado con una multitud de resultados para los sobrevivientes de abuso y negligencia. La evidencia sugiere que existen vínculos entre el trauma infantil y la conducta no verbal, como la desconexión física o los índices de afecto. La literatura también relaciona el trauma infantil con las diferencias en las expresiones faciales de las emociones al revelar el abuso. Sobre la relación empírica entre trauma y voz, la literatura es escasa. Sin embargo, algunas líneas de investigación y hallazgos de la psicofisiología y medicina de la voz parecen sugerir que podría existir una relación entre ambos.

El aparato vocal está muy relacionado con la fisiología. El trauma se ha relacionado con cambios fisiológicos en este aparato y puede predisponer a un individuo a desarrollar un trastorno de la voz. Sin embargo, el trauma puede tener una relación con el aparato vocal incluso cuando no existe un trastorno de voz específico. En la medicina de la voz, el trauma psicológico se ha relacionado con casos de pacientes con disfunción laríngea y trastornos de la voz “psicógenos”. Estos son trastornos que ocurren en ausencia de patología laríngea y que a menudo van precedidos de un evento traumático.

A menudo, el diagnóstico de estos trastornos se produce cuando se han descartado causas biológicas y el especialista en voz tiene dificultades para encontrar un factor “físico” que afecte la voz. En algunos casos, los pacientes han perdido la voz por completo, inmediatamente después del evento traumático. En otros casos la voz se ha vuelto inusualmente ronca después de dicho evento, lo que hace que la investigación psicológica sea parte del tratamiento.

Así, en el estudio de los autores se exploró la relación entre el trauma infantil autoinformado y las características de la voz. La perturbación de la voz se midió tanto al inicio como después de recordar el trauma. Además, también se incluyó en los modelos la “minimización” o negación del trauma. Esto es debido a que la evidencia sugiere que minimizar o “reprimir” las emociones puede alterar la fisiología de formas que potencialmente podrían afectar la voz.

Los autores se centraron en las medidas de frecuencia fundamental y perturbación en la fonación sostenida (sonido /a/ alargado, no tener un habla continua), para señalar la relación del trauma infantil en características específicas de la voz. De acuerdo con la mayoría de la investigación fisiológica relacionada con el trauma, la relación de este con la voz puede surgir solo, o con mayor fuerza, después de la evocación del trauma. Por ello, las características vocales se evaluaron antes y después de que los participantes respondieran a preguntas sobre el trauma en cuestión.

Se contó con 48 participantes de todos los géneros, mayores de 18 años y que dominaran el inglés. De ellos, 12 no aludieron a antecedentes de trauma, mientras que 36 participantes informaron al menos de una categoría de trauma infantil. La forma en que se publicitó el estudio podría haber tenido un impacto en atraer el interés de los participantes que se preguntan sobre su historia psicológica y cómo se puede comunicar en voz alta.

Así, se utilizó el Childhood Trauma Questionnaire-Short Form (CTQ-SF en inglés). Se trata de una escala de autoinforme de 28 ítems que consta de diferentes subescalas las cuales evalúan la gravedad de la exposición al abuso físico, emocional y sexual, así como la negligencia física y emocional en la niñez y la adolescencia. El CTQ también incluye una subescala de minimización-negación para evaluar la tendencia de los participantes a minimizar su exposición al trauma.

Junto a este se utilizó también el State-Trait Anxiety Inventory (STAI, en inglés) como medida de autoevaluación sobre el rasgo y el estado de ansiedad. Con respecto a la voz, se utilizó un medidor del nivel de sonido estándar (comúnmente utilizado para registrar el sonido y medir las variables del nivel de presión del sonido) para registrarla. Finalmente, los participantes completaron un cuestionario demográfico, así como un cuestionario sobre factores que pudieran afectar a la voz: problemas respiratorios, cirugía vocal, tabaquismo y hábitos de bebida.

A continuación, en una habitación silenciosa, se realizó la primera serie de grabaciones vocales. El análisis de voz se realizó utilizando el software lingWAVES para el análisis profesional de la voz y el habla. Se analizó la voz de cada participante para evaluar la frecuencia fundamental y los datos de perturbación acústica.

Así, los resultados mostraron lo siguiente. El trauma total informado mostró una relación marginalmente significativa con la frecuencia fundamental de la voz al inicio del estudio. Curiosamente, la minimización del trauma infantil predijo significativamente la frecuencia fundamental de la voz al inicio del estudio. Se encontró la misma relación entre el rasgo de ansiedad y frecuencia fundamental.

Es importante destacar que varios de los indicadores de perturbación de la voz tras el recuerdo traumático se relacionaron con el trauma infantil autoinformado. Estos efectos indican que, después de recordar la historia de trauma infantil, la voz puede reflejar la cantidad de exposición al trauma y no solo el “estrés” de recordarlo. En esta muestra, la relación del trauma infantil con el nerviosismo vocal y con la aspereza/irregularidad es fuerte y consistente. Esto sugiere que la reactividad específica al recuerdo del trauma infantil podría tener una relación con variaciones en los patrones vibratorios de las cuerdas vocales.

Dicho esto, ciertamente esta respuesta vocal puede que no se deba exclusivamente al recuerdo del trauma infantil. Asimismo, tampoco es probable que este tipo de respuesta vocal no sea un marcador definitivo de antecedentes de abuso y negligencia en una persona. No obstante, entre otros factores importantes, sí puede sugerirse que el historial de trauma de una persona puede estar relacionado con la voz.

La relación observada entre el trauma infantil, la minimización y la voz aporta evidencia empírica preliminar para apoyar el papel potencial de la voz como un marcador de trauma. Además, estos hallazgos son consistentes con los informes terapéuticos sobre cómo responde la voz a las experiencias traumáticas.

Cabe destacar que este estudio destaca la necesidad de combinar metodologías, sentando las bases para direcciones futuras en el estudio de la relación voz-trauma, un campo poco explorado y que debe investigarse más a fondo.

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Interacciones entre clientes e influencias no verbales. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Impact of nonverbal customer-to-customer interactions on customer satisfaction and loyalty intentions” de Lin, H.; Zhang, M. y Gursoy, D. (2020), en el que se examina la relación entre la relación entre las interacciones no verbales entre clientes, las emociones positivas y negativas, la satisfacción del cliente y las intenciones de lealtad.

La interacción de cliente a cliente prevalece y es un fenómeno crítico en muchos entornos de servicio. Se trata de un componente integral de los servicios sociales, jugando un papel fundamental en la producción y entrega de experiencias. Asimismo, se trata de un tema que ha recibido una atención creciente por parte del mundo académico.

Así, la investigación existente sugiere que las experiencias de servicio de las personas pueden verse influenciadas por otros clientes, a través de interacciones verbales con ellos y la observación de sus señales no verbales. Sin embargo, hay una falta de estudios que examinen las interacciones no verbales de un cliente a otro y su impacto en las experiencias de los mismos.

En los encuentros de servicio, aunque los clientes no necesariamente tienen interacciones verbales directas entre sí, es probable que las interacciones no verbales ocurran con más frecuencia, como el contacto visual. Como otros clientes son un componente importante del panorama de servicios, estas señales no verbales pueden desempeñar un papel importante en la evaluación de las experiencias del servicio. Los estudios sostienen, de hecho, que únicamente la presencia de otros clientes puede influir en las experiencias de los clientes focales. Por ello, se requieren más estudios al respecto.

La investigación ha afirmado que las interacciones sociales pueden evocar estados emocionales de los clientes, que luego conducen a sus respuestas cognitivas. Utilizando el marco estímulo-organismo-respuesta como base conceptual, se sugiere que varias dimensiones de las interacciones no verbales entre clientes inducen emociones positivas y negativas de los clientes, que luego determinan su nivel de satisfacción con la experiencia y sus intenciones de lealtad.

Basándose en este marco, el estudio propone que las interacciones no verbales de cliente a cliente (estímulos) pueden desencadenar respuestas emocionales de los clientes (organismo). Luego influyen en la evaluación de los clientes de las experiencias de servicio, es decir, la satisfacción, y sus actitudes hacia el servicio, es decir, intenciones de lealtad (respuesta).

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En el contexto particular analizado, se utilizaron la kinésica, proxémica, paralelenguaje y apariencia física en la exploración de interacciones no verbales entre clientes. La kinésica se refiere a interacciones indirectas entre clientes, a través de movimientos corporales como expresiones faciales, posturas y gestos. La proxémica se refiere al concepto de espacio personal y la distancia adecuada entre clientes. Paralenguaje se refiere a las características no verbales de las comunicaciones, como la intensidad, emociones o el tono de voz y la velocidad del habla. Se centra en cómo se transmite un mensaje verbal, mientras que la interacción verbal se refiere al contenido del mensaje.

La apariencia física se refiere principalmente al atractivo físico y la vestimenta de otros clientes. Dado que los clientes tienen expectativas diferentes de sus interacciones con los empleados comparadas con otros clientes, es probable que sus actitudes sean diferentes. Por lo tanto, estos cuatro tipos de interacciones no verbales de cliente a cliente pueden tener impactos distintos en comparación con las interacciones no verbales entre clientes y empleados.

Así, la teoría de la valoración sugiere que la interacción con un estímulo ambiental dará como resultado una evaluación subjetiva de ese estímulo. Por otro lado, según la teoría del contagio emocional, las emociones de una persona pueden desencadenar las emociones correspondientes de los demás durante las interacciones interpersonales. Este proceso de contagio se puede realizar a través de interacciones no verbales.

Por ende, los autores escogieron el contexto de servicios de restaurantes como escenario de investigación. Para ello, recopilaron los datos para examinar el modelo propuesto a través de una encuesta online. A los encuestados que aprobaron la pregunta de selección se les pidió que respondieran a las preguntas basándose en su experiencia gastronómica más reciente en un restaurante informal. Antes de responder a las declaraciones estructuradas, se les pidió que proporcionaran detalles sobre el restaurante y sus acompañantes. En total, el estudio contó con 583 participantes de EE.UU.

Los resultados mostraron que, entre los cuatro tipos de interacciones no verbales de cliente a cliente, la kinésica y el paralelenguaje tienen una influencia positiva en las emociones positivas de los clientes, pero no en las emociones negativas. En contraposición, la proxémica, el paralelenguaje y la apariencia física tienen una influencia negativa en sus emociones negativas, pero no en las emociones positivas. Estos hallazgos sugieren que los impactos de las interacciones no verbales entre los clientes probablemente sean diferentes de los de las interacciones no verbales entre empleados y clientes.

Dado que las emociones positivas y/o negativas de estos dependen de si reciben las señales no verbales esperadas, las diferencias en los resultados sugieren que es probable que los clientes tengan expectativas de interacción no verbal diferentes para los empleados y otros clientes. Esto sugiere que los clientes tienen mayores expectativas de sus interacciones con los empleados en comparación con sus interacciones con otros clientes.

Los hallazgos sugieren también que la invasión del espacio personal de los clientes focales por parte de otros clientes puede generar emociones negativas; mantener una distancia adecuada, probablemente, no tenga ningún impacto emocional. Los mismo puede decirse de la apariencia física. En consecuencia, los clientes tienden a tener sentimientos negativos cuando otros clientes violan las expectativas de distancia interpersonal y apariencia física.

Los resultados también sugieren que el paralelenguaje ejerce un impacto significativo en las emociones tanto positivas como negativas. Cuando otros clientes hablan de forma articulada con el tono y la velocidad adecuados, los clientes focales experimentan emociones positivas. Sin embargo, cuando son inadecuados durante la comunicación verbal puede resultar en la generación de emociones negativas.

En conjunto, los resultados muestran que las emociones desencadenadas por interacciones no verbales entre clientes ejercen una influencia significativa en la satisfacción y las intenciones de lealtad de los clientes. Específicamente, las emociones positivas afectan positivamente a ambas cosas, mientras que las emociones negativas tienen impactos negativos, de acuerdo con los resultados de investigaciones anteriores.

Futuras investigaciones sobre la materia podrían evaluar el impacto del comportamiento no verbal en contextos diferentes al de la restauración y hostelería, o en contextos culturales distintos, ya que la muestra se basaba enteramente en personas estadounidenses.

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La mímica no verbal y su influencia en la comunicación médica. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Automatic Nonverbal Mimicry Detection and Analysis in Medical Video Consultations” de Wu, K.; Liu, C. y Calvo, R. A. (2020), en el que se estudia cómo la mímica no verbal entre paciente y doctor influye en la calidad de la consulta médica.

La importancia de las buenas habilidades de comunicación en las interacciones interpersonales está ampliamente reconocida. El impacto de las habilidades de comunicación también se ha estudiado en la comunicación médico-paciente. Entre otras cosas, se ha dicho que los médicos con buenas habilidades de comunicación pueden reconocer la enfermedad de los pacientes con mayor precisión y estos están más satisfechos con su atención, logrando mejores resultados de salud.

El mimetismo o mímica no verbal se ha investigado durante décadas y su impacto en la calidad de la comunicación es ampliamente aceptado. Se define como un comportamiento que una persona copia de un interlocutor mientras interactúan.

Muchos estudios también han demostrado la importancia del mimetismo en la comunicación médico-paciente. Por ejemplo, los médicos imitan a los pacientes para establecer una proximidad y empatía durante la interacción. Otro estudio reveló que la imitación conductual de los médicos es uno de los factores que influyen en la confianza del paciente en la terapia.

Así, el mimetismo puede ayudar a desarrollar un sentido de conexión entre las personas, aunque por lo general ocurre inconscientemente. Los interlocutores lo interpretan como un comportamiento amistoso, que ayuda a crear una buena relación y permite ganarse el favor de la persona imitada. Además, se cree ampliamente que el mimetismo está relacionado con la transmisión de empatía. Pero en situaciones de la vida real, esta relación tiene más matices a tener en cuenta, por ejemplo, el género de los interlocutores.

Así pues, los autores realizaron un estudio propio de julio a noviembre de 2017 para investigar la relación entre la mímica no verbal de estudiantes de medicina (130), de una universidad australiana, y su habilidad de comunicación general durante las consultas por vídeo. Se contó con 29 pacientes voluntarios simulados como participantes, además de los estudiantes.

Los 130 estudiantes debían completar una consulta de video con un paciente simulado a través de una plataforma de videoconferencia en línea. Todos los estudiantes estaban matriculados en cursos de formación en habilidades de comunicación médica. Los pacientes simulados fueron entrenados para actuar como pacientes. No obstante, no se les enseñó cómo comportarse, sino que solo se introdujo el proceso de entrevista y cómo evaluar a los estudiantes.

Bien, los pacientes simulados y estudiantes fueron grabados mientras tenían una consulta de video de práctica, y los primeros completaron una encuesta posterior a la consulta para medir el desempeño del estudiante. Después de recopilar los datos, se utilizaron algoritmos informáticos para detectar las características no verbales de los estudiantes y los pacientes simulados. También para identificar el momento en que el estudiante imitó comportamientos no verbales de los pacientes simulados. Por último, se investigó cómo la mímica no verbal de los estudiantes influyó en la calidad de la consulta.

Tras todo este proceso, se detectaron cuatro tipos de comportamiento no verbal tanto de los pacientes simulados como de los estudiantes: sonreír, fruncir el ceño, asentir con la cabeza y sacudir la cabeza.

Seguidamente, se detectó la mímica no verbal de los estudiantes al hacer coincidir sus características no verbales con la de los pacientes simulados. En este caso, se consideró que los estudiantes se comportaban de forma mímica en función de cuando iniciaban y/o terminaban sus interacciones, distinguiendo en total 4 tipos de mímica. Las características de la mímica no verbal incluían el número de ocurrencias, la frecuencia de la acción no verbal y la duración en segundos de los diferentes tipos de mímica.

Los resultados mostraron que, en una conversación, la conducta más común de los estudiantes era sacudir la cabeza, seguido de sonreír y asentir. Por otro lado, el comportamiento más común para los pacientes simulados era asentir y sonreír o fruncir el ceño menos tiempo. De media, los estudiantes imitaron mucho más sonreír y asentir que fruncir el ceño y sacudir la cabeza en cada conversación.

Así, ciertas conductas de mímica no verbal de los estudiantes se correlacionan con los resultados de la evaluación de su comunicación médica. Por ejemplo, la frecuencia de la mímica de fruncir el ceño resultó significativamente positiva en las puntuaciones de su desempeño general. Esto es interesante ya que es menos probable que se imite fruncir el ceño, al asociarse generalmente con ser una expresión negativa.

Por su parte, el modelo de regresión múltiple reveló que la mímica no verbal era un factor predictivo de las habilidades de comunicación del estudiante. Por ende, la cantidad de imitación no verbal puede influir en los resultados de la comunicación. De hecho, resulta curioso que, en el estudio, incluso la mímica de gestos no verbales “negativos” como fruncir el ceño repercutía positivamente sobre la comunicación y la relación médico-paciente. Esto puede deberse a que se considere como un signo de empatía.

Asimismo, en el estudio de los autores no se diseñaron comportamientos controlados. La investigación constató que cuánto se imite el comportamiento no verbal del interlocutor puede influir en el resultado de la comunicación. Además, se observó que la imitación de la conducta no verbal debe usarse, en conjunto, para afectar a las emociones de la contraparte. No obstante, como decíamos, el comportamiento no verbal por sí solo no fue un factor predictivo de las habilidades de comunicación del estudiante. La conducta no verbal no tiene muchos efectos sobre el desempeño comunicativo en la interacción médica.

Finalmente, se encontraron dos estilos de mimetismo por agrupamiento, los cuales podrían ser los mejores indicadores de una buena comunicación. En primer lugar, quienes imitaban los asentimientos (y seguían asintiendo incluso si el paciente simulado se detenía) se consideraron mejores comunicadores. En segundo lugar, el paciente simulado calificaba mejor al estudiante cuando realizaba combinaciones específicas de asentir y sonreír durante la comunicación. Sin embargo, debe mencionarse que imitar con mayor frecuencia la sonrisa de los pacientes no garantiza una calificación más alta o positiva.

En cambio, quienes realizaban más imitaciones de asentir con la cabeza, pero no demasiadas de sonreir, podían lograr mejores puntuaciones de comunicación. Consecuentemente, esta evidencia lleva a varias implicaciones prácticas. Particularmente para aquellos involucrados en la formación de habilidades de comunicación y el diseño de plataformas de aprendizaje.

A modo de conclusión, cabe señalar que un estudiante que imita al paciente sin reconocer o entender la razón por la cual el paciente realizó la conducta probablemente no sería un comunicador eficaz.

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Señales emocionales: influencia de los teléfonos en los niños. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Mobile Technologies and Their Relationship to Children’s Ability to Read Nonverbal Emotional Cues: A Cross-Temporal Comparison” de Uhls, Y. T.; Broome, J.; Levi, S.; Szczepanski-Beavers, J. y Greenfield, P. (2020), en el que se analiza cómo las tecnologías móviles contribuyen a que los niños reconozcan señales emocionales no verbales.

Desde el año 2007, la posesión de teléfonos móviles ha ido creciendo exponencialmente.

De hecho, creció tanto que, en 2018, se estimó que el 95% de adolescentes y adultos en EE.UU confirmaron tener un smartphone. En los hogares con niños pequeños, también aumentó la posesión de móviles rápidamente. Y, en menos de una década, el panorama del aprendizaje se transformó drásticamente con el uso de tablets y smartphones.

La teoría sociocultural del desarrollo enfatiza el papel de la cultura y la sociedad en el desarrollo social del niño. Con los dispositivos móviles cada vez más presentes en entornos de aprendizaje temprano, se teorizó que los niños podrían perder oportunidades para comprender señales emocionales. Estas se aprenden principalmente a través de la interacción cara a cara, en persona. Por eso se dice que, debido al tiempo mirando pantallas, pierden dichas oportunidades.

Tras décadas de investigación, se encontró que un hito importante del desarrollo infantil saludable es comprender las emociones. Esto se debe a que comprenderlas es fundamental para desarrollar un comportamiento social adaptativo. El conocimiento de las emociones comienza temprano en la vida a través del aprendizaje de señales emocionales no verbales (expresiones faciales, gestos, tono de voz…).

Las expresiones faciales juegan un papel comunicativo especialmente importante en las interacciones sociales, especialmente para bebés y niños. A medida que crecen, los niños aprenden a sintetizar múltiples fuentes de señales emocionales no verbales para su adaptación social. A causa de esta disminución de interacciones en persona, surge la siguiente duda.

¿Es posible que algunos de los “niños modernos”, que utilizan móviles, no hayan aprendido a reconocer igual las emociones mediante señales no verbales?

Para dar respuesta a esta pregunta los autores realizaron un estudio propio al respecto. Diseñaron una comparación temporal entre estudiantes de 2012 y 2017, observando sus puntuaciones en pruebas que miden la comprensión de señales emocionales no verbales.

La muestra se compuso de 54 estudiantes como participantes de 2012, y 56 estudiantes para los participantes de 2017. En total, por tanto, eran 110 participantes. Todos eran alumnos de sexto grado (sexto de primaria), de entre 11 y 13 años de edad. Los participantes comenzaron realizando una encuesta online para medir las actividades tecnológicas diarias que realizaban y sus características demográficas.

Asimismo, se llevó a cabo la medida de percepción social infantil y adolescente. Esta examina la capacidad de los niños para integrar e interpretar con precisión diferentes señales no verbales en un entorno que refleja la vida real. Específicamente, a través de vídeos silenciados y sin señales verbales explícitas, los participantes reciben e interpretan señales emocionales no verbales. Los niños vieron cada uno de los videos en secuencia. Después se les dio hasta 5 minutos para escribir en papel qué emociones mostraban los actores.

Finalmente, se mostraron imágenes en color de 48 rostros, 24 de niños y 24 de adultos. En las fotos expresaban una de las cuatro emociones: felicidad, tristeza, enfado y miedo; en baja y alta intensidad. Cada imagen apareció en la pantalla durante un total de 2 segundos. Para contrarrestar el orden de las imágenes, en un aula los participantes vieron primero los rostros de los adultos. Por otro lado, los participantes de una segunda aula vieron primero a los niños.

Los resultados mostraron que los estudiantes de sexto grado en 2017 se desempeñaron mejor que los estudiantes de sexto grado en 2012. Una característica importante de los tests es que ambos (tanto los vídeos como las imágenes) se basaron en pantallas.

En este contexto, encontramos una posible explicación para estos resultados. Los adolescentes modernos pasan mucho tiempo usando sus dispositivos móviles para comunicarse con sus compañeros mediante fotos, por ejemplo, mediante redes sociales como Instagram. Quizás el tiempo dedicado a tomar y revisar fotografías de sí mismos y de otros contribuye a la capacidad de los participantes para comprender mejor las emociones presentadas mediante fotografías.

A medida que la función de la cámara en los teléfonos se hizo más popular y mejor, las personas no solo comenzaron a sacar más fotografías de otros, sino también de sí mismos. La comunicación mediada es, por tanto, más visual, cuando compartir fotografías se ha vuelto algo habitual. Además, como decíamos, las plataformas de redes sociales más nuevas fomentan la comunicación visual entre pares (es decir, gente de un mismo grupo de edad).

Una teoría es que, si los adolescentes están tomando un número creciente de fotografías, podrían estar prestando más atención a los rostros que de otra manera.

Por otro lado, aunque la comunicación mediante fotografías es muy popular, en comparación la comunicación por vídeoaún se encuentra en sus primeras etapas. Esta limitación se reflejó también en los resultados del estudio. Esto es en tanto que los resultados obtenidos para los vídeos mostrados a los participantes eran menos significativos.

Si bien las preocupaciones sobre los efectos de las redes sociales y la tecnología móvil en el aprendizaje social y emocional son bastantes, a menudo no consideramos que la tecnología está en constante evolución. Como la investigación reflejó, las tecnologías no solo no tienen por qué no afectar negativamente a la percepción de las emociones en los niños. De hecho, pueden contribuir positivamente a esta percepción.

Así, estos avances podrían cambiar los hallazgos de la investigación basada en tecnología más antigua.

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