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Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Educación (página 1 de 4)

La inmediatez de los profesores y su importancia. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “EFL Teachers’ Verbal and Nonverbal Immediacy: A Study of its Impact on Students’ Emotional States, Cognitive Learning, and Burnout” de Gholamrezaee, S. y Ghanizadeh, A. (2018), en el que se analiza la influencia de la estimulación no verbal y verbal, concretamente de la inmediatez de los profesores de inglés en sus alumnos.

Una interacción significativa y positiva entre profesor y alumno es algo esencial.

Los investigadores creen que, si bien los alumnos tienen un papel inevitable en el aula, es el profesor quien tiene la responsabilidad principal de establecer y comprender los patrones de comunicación. Así, la interacción en el aula no se limita a la comunicación explícita verbal; abarca también el comportamiento no verbal.

En este contexto, la inmediatez se definió inicialmente como “la estimulación sensorial mutua entre dos personas”. Es la medida en que los comportamientos de comunicación mejoran la cercanía y reducen la distancia física o psicológica entre comunicadores. Como ejemplos de inmediaciones verbales tenemos utilizar el humor o ejemplos personales, llamar a los alumnos por su nombre… Las inmediaciones no verbales serían el contacto visual, la proximidad y la calidez.

Los estudios empíricos relacionados con la inmediatez son multifacéticos y abarcan muchas dimensiones del aprendizaje y la enseñanza eficaces.

La inmediatez del profesor se ha estudiado en diferentes contextos y dominios, y en relación con diversos factores inter-/intraindividuales. Sin embargo, la inmediatez de los profesores de idiomas sigue siendo un territorio bastante inexplorado. Hasta la fecha, solo se han realizado unos pocos estudios al respecto. Además, estos escasos estudios se centraron en una dimensión de la inmediatez: verbal o no verbal.

Así, en el estudio de los autores se tuvieron en cuenta los comportamientos de inmediatez como una variable independiente. Los estados emocionales de los estudiantes (autoestima, autorrealización y tolerancia al estrés), su aprendizaje cognitivo y su agotamiento académico, por otro lado, son variables dependientes que se hipotetizó que estaban influenciadas por la inmediatez del profesor.

Se contó con 206 estudiantes universitarios de inglés como lengua extranjera en Irán como participantes. Se escogió un país en el que inglés no fuera el idioma materno ni usado habitualmente. Las edades de los participantes variaban entre los 19 y los 38 años.

Para medir la inmediatez verbal se utilizó la escala de Gorham, identificando varios ítems. Con respecto a la inmediatez no verbal, se presentaron ejemplos particulares de comportamiento y se preguntó por su frecuencia. Asimismo, se usaron 26 ítems relacionados con los estados emocionales para medir la autoestima, autorrealización y tolerancia al estrés.

Del mismo modo, se midieron tres dimensiones del agotamiento: el agotamiento emocional, cinismo y eficacia académica. Finalmente, para medir el aprendizaje cognitivo se cuestionó a los participantes sobre cuánto habían aprendido en clase y cuánto creían que podrían haber aprendido con un profesor ideal. Todas las cuestiones se hicieron en la lengua materna de los participantes.

Los resultados demostraron que el comportamiento de inmediatez del profesor tuvo un impacto significativo en todas las variables de los estudiantes. El mayor impacto se detectó para la autoestima y la autorrealización. En general, los tres estados emocionales relacionados con los estudiantes estaban alta y positivamente relacionados con ambos tipos de inmediatez (verbal y no verbal).

Así las cosas, el estudio demostró que, por un lado, cuando los estudiantes perciben que su instructor presenta una mayor inmediatez verbal (usa una variedad de ejemplos personales, humor, participa en conversaciones con ellos…) son menos propensos a agotarse emocionalmente. Lo mismo sucede con la inmediatez no verbal (sonreir, acercarse, tener contacto visual…), la cual disminuye el agotamiento emocional y hace que los alumnos se comprometan más emocionalmente en el aula.

De hecho, utilizar una lengua extranjera en clase puede incrementar la importancia de la inmediatez no verbal. Sin esta, los profesores pueden incluso aumentar el agotamiento de los alumnos.

Por otro lado, los estudiantes que percibieron más inmediatez en su profesor mostraron un mayor rendimiento en el aprendizaje cognitivo. Emplear pistas verbales y no verbales en las clases de inglés como lengua extranjera puede ayudar a los profesores a aclarar mejor las lecciones y acercarse emocionalmente a sus estudiantes. Consecuentemente, esto mejora su aprendizaje y rendimiento cognitivo.

Con respecto a los estados emocionales de los alumnos, cuanto mayor sea la inmediatez del profesor, mayor será su autorrealización, control del estrés y autoestima. Esto es, se trata de una relación directa positiva. Además, la tasa de correlación de la inmediatez verbal y no verbal con los factores mencionados fue casi idéntica. La alta inmediatez influye en la autorrealización permitiendo a los estudiantes adquirir mejor los conocimientos, ser creativos y desarrollar sus habilidades.

En lo referente a la tolerancia al estrés, los estudiantes son capaces de afrontar mejor los problemas en clase cuando se sienten emocionalmente cerca de su profesor. Esto es particularmente relevante en las clases de idiomas extranjeros, donde la ansiedad de los estudiantes puede ser mayor.

Finalmente, emplear signos de inmediatez en el aula hace que los estudiantes se sientan lo suficientemente válidos como para estar cerca de su profesor. La autoestima es más positiva de este modo. En consecuencia, así se promueve el sentido de creer en la competencia, el éxito y el valor de uno mismo.

Por tanto, parece que los profesores que emplean signos de inmediatez verbal y no verbal adecuadamente ayudan a sus estudiantes a ser más conscientes de sus habilidades y, en consecuencia, alcanzar su propio potencial.

Consecuentemente, los profesores en general, y especialmente aquellos que enseñen lenguas extranjeras, podrían recibir formación específica mediante cursos de mejora de la inmediatez. Los cursos ofrecen a los profesores una buena oportunidad para obtener más conocimientos sobre la importancia de la comunicación educativa en el aula. Asimismo, ayudan a promover sus comportamientos verbales y no verbales.

Tales cursos podrían promoverse, a su vez, a través de las políticas educativas y las autoridades competentes. Por último, cabe añadir que las propias instituciones de enseñanza (colegios, institutos…) pueden tener en cuenta las habilidades de inmediatez y comunicación de los docentes, con el objetivo de mejorar el rendimiento de las aulas.

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Inferencias de los niños sobre sus iguales en base al comportamiento no verbal. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Children use nonverbal cues from an adult to evaluate peers” de Brey, E. y Shutts, K. (2018), en el cual se analiza la manera en que el comportamiento no verbal de los adultos influye en las inferencias que los niños hacen de sus iguales.

¿Cómo forman los niños las impresiones sobre los rasgos y habilidades de sus iguales?

Una de las explicaciones más recurrentes que se ha dado a esta pregunta es que los niños observan el comportamiento de otros niños y, a raíz de ahí, realizan inferencias. Sin embargo, otra fuente de información para los niños es la reacción —en especial de índole no verbal— de las figuras de autoridad, adultos como los padres o los profesores, con otros niños. Así, una mejor comprensión de cómo los niños forman estas impresiones podría sugerir estrategias para mejorar el trato mutuo entre los niños.

Por ejemplo: la inteligencia suele ser un rasgo clave en torno al que los niños forman sus impresiones de otros, tendiendo a confiar más en “niños listos”.

Sin embargo, en diversos estudios se detectó que, a pesar del comportamiento observado en las aulas, donde las chicas solían hacer mejor las tareas que los chicos, muchos de los niños pensaban que los chicos son más listos que las chicas dados los estereotipos de género, los cuales pueden ser transmitidos por las figuras de autoridad (el profesor en este caso, pues se ha comprobado que muchos tienden a favorecer de forma no verbal a aquellos estudiantes que consideran más inteligentes, por ejemplo, sonriéndoles más).

Así pues, los niños usan los comportamientos no verbales de los adultos para guiar sus interacciones, evaluaciones y confianza en otras personas desde una edad temprana, confiando más en aquellos adultos que reciben un comportamiento no verbal positivo de otros adultos. Pero ¿qué hay de las inferencias sobre otros niños?

En el primero de los dos estudios de los autores, 96 niños de entre 5 y 6 años visualizaron un video de una actriz simulando a una profesora junto a las fotografías de dos niños de su edad, desconocidos todos ellos para los participantes, donde solo la cara de la profesora era visible para ellos, estando los alumnos de espaldas. La prueba consistía en simular la lectura de un pasaje breve, utilizando el mismo audio con la voz modificada para los estudiantes, por lo que el rendimiento de la lectura era el mismo.

Asimismo, a los participantes se les pidió que dedujeran qué estudiante del video era más listo, más bueno o más fuerte. En total, visualizaron 5 gestos de sonrisa-neutralidad, 5 de asentimiento-neutralidad, 5 más de contacto físico-neutralidad y otros 5 de neutralidad-negación con la cabeza, alternando siempre diferentes estudiantes en las fotografías.

Los resultados mostraron que, para la categoría de listo y fuerte, solo el contacto físico estimuló respuestas al azar sobre estos atributos de los alumnos, mientras que asentir y sonreír (comportamiento no verbal positivo) provocaron que infiriesen que el alumno al que se dirigían estos gestos era más listo y más fuerte que el otro. Para la categoría de bueno, los participantes seleccionaban al estudiante que recibía cualquier tipo de señal no verbal positiva o que, en su defecto, no recibía el gesto de negación.

Resulta relevante añadir que el estudió reveló a su vez que los participantes tienden a escoger con más frecuencia a aquellos estudiantes que no recibían señales no verbales negativas que, en comparación, seleccionar a aquellos que recibían señales no verbales positivas (concretamente, en los gestos de neutralidad-negación con la cabeza). Asimismo, las inferencias sobre la inteligencia eran más fiables que las de la fuerza, lo que puede sugerir que los niños ven a sus profesores como fuentes de información de mayor confianza con respecto a esta característica, o que asocian la lectura y el colegio con la inteligencia más que con la fuerza física.

En el segundo estudio de los autores, se pidió a 32 participantes de 5 a 6 años que seleccionasen al alumno más listo entre dos, uno de ellos leyendo fluidamente un texto, pero recibiendo menos gestos no verbales positivos, mientras que el otro leía con menor fluidez y, sin embargo, recibía más señales no verbales positivas de la profesora. En adición, se excluyó el gesto de contacto físico y se incluyó una nueva reacción por parte de la profesora: mantener una expresión neutral para ambos alumnos.

Bien, como resultados, se determinó que, en ausencia de señales no verbales, los participantes elegían al lector más ágil como el más listo, mientras que el comportamiento no verbal positivo dirigido al alumno que lee con menos fluidez influye en las respuestas de los participantes, provocando que se le escoja con mayor frecuencia como el más listo de los dos, siendo la fluidez menos percibida o relevante en este caso para los participantes.

Así pues, los hallazgos proporcionan evidencia de que los niños usan los comportamientos no verbales de los profesores, o adultos y figuras de autoridad, para guiar su pensamiento sobre sus compañeros, llegando a ser incluso más relevantes estos comportamientos que el desempeño académico real de los niños. En este contexto, ocasionalmente puede apreciarse que algunos niños experimentan un efecto halo, teniendo una impresión positiva de todas las características o cualidades de los compañeros.

En investigaciones futuras, sería relevante comprobar si este patrón se repite con el comportamiento no verbal de distintos profesores o adultos y se mantiene la misma influencia. Del mismo modo, también sería conveniente explorar estas cuestiones, impresiones e influencias de múltiples formas más: por ejemplo, en un entorno más natural, como las clases verdaderas de los niños y sus compañeros y profesores reales, con los que sí están familiarizados;  ampliando los rangos de edad de los participantes y las diferencias apreciadas en ellos; o cómo el comportamiento no verbal de los profesores puede contribuir a los estereotipos de distintos grupos sociales que los niños se forman.

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Las microexpresiones del cambio conceptual. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Facial micro-expression states as an indicator for conceptual change in students’ understanding of air pressure and boiling points” de Chiu M., Liaw H. L., Yu Y., Chou C. (2019), en el cual se intenta predecir el cambio conceptual en función de las microexpresiones faciales que emergen cuando se experimenta un conflicto conceptual.

El cambio conceptual es un tema bastante estudiado en el campo de la educación. Se plantea que, para conseguir un cambio conceptual, el conflicto conceptual es el único medio que lleva a tal fin. No obstante, existen otras rutas que se activan ante cada concepto con el que nos topamos, pero no llevan al cambio.

Por ejemplo, se nos presenta el concepto de probabilidad y ante las explicaciones pertinentes podemos tener la ilusión de comprenderlo, aunque no lo hayamos hecho realmente. Por lo que, lógicamente, no habrá cambio conceptual. Si no hay conflicto conceptual entre lo que creemos saber y las evidencias relativas al concepto, no habrá cambio.

Hablamos de conflicto conceptual solo cuando tanto el concepto (pre)existente en la mente de un aprendiz, como su significado real son inteligibles para dicho alumno. También es un requisito el hecho de que el aprendiz sea consciente del conflicto activado entre lo que sabe y lo que hay en la realidad.

Para entenderlo, no puede haber conflicto conceptual si sabemos una palabra pero desconocemos su significado por completo. Debe haber una comprensión previa del concepto a analizar, aunque sea errónea. Asimismo, no puede haber conflicto si la explicación objetiva de un concepto supera la capacidad del individuo para entenderlo, como pasaría a menudo con los/as niños/as.

En un escenario educativo de conflicto conceptual, el proceso se inicia con una introducción a un concepto particular. Aquello que se informa sobre dicho concepto no se corresponde con lo que los estudiantes creen o con las predicciones que hacen en función de dicho concepto. Por eso, ocurre un conflicto conceptual. Y, aunque la meta sea el cambio conceptual y el conflicto esté presente, el proceso puede culminar con el cambio o no. Por tanto, el cambio conceptual no es una garantía.

Múltiples factores influyen en los resultados de aprendizaje y uno de los más potentes lo conforman las emociones de los aprendices/alumnos. Las expresiones y microexpresiones faciales son el reflejo de las emociones y representan una de las respuestas más directas e inmediatas que se pueden obtener en el proceso de instrucción.

Hay una serie de cuestiones destacables en cuanto a evidencias previas relativas a emociones y aprendizaje. Muchos estudios han mostrado que las emociones están muy ligadas al aprendizaje. Específicamente, que durante el proceso de aprendizaje haya emociones positivas indica un aprendizaje exitoso probable.

Además, existe una relación significativa entre las microexpresiones faciales de los estudiantes (y los estados emocionales asociados) que ocurren durante un conflicto conceptual y el cambio conceptual.

Aparte de estos hallazgos, se desconoce qué emociones están más ligadas al conflicto conceptual. Por eso, los autores de este estudio analizan las relaciones entre microexpresiones y el conflicto conceptual. Hay muy pocos estudios que relacionan tales variables. Por un lado, se pretende observar si las microexpresiones pueden informar de un conflicto conceptual o no. Por otro lado, se pretende averiguar qué emociones están detrás del conflicto conceptual.

En el estudio participaron 72 estudiantes que conocían el concepto de relación entre la presión del aire y el punto ebullición del agua, pero erróneamente. Por tanto, primero se comprobó el conocimiento previo de los alumnos sobre esta relación.

Después de dicha prueba (pre-test), los alumnos pasaron por una fase de enseñanza basada en la estrategia Predecir-Observar-Explicar-Visualizar-Comparar. En esta fase, se presentó un video con una demostración científica relativa al concepto con el fin de generar un conflicto conceptual. En el video se mostraba un frasco con agua en ebullición, posteriormente sellado y puesto del revés. Encima de dicho frasco se ponía una bolsa de hielo. El video paraba y se pedía a los alumnos predecir qué pasará y justificar sus respuestas.

La siguiente fase consistió en mostrar el resultado en el video. Se les preguntaba qué han observado y se les explicaba las causas del fenómeno científico en relación a sus predicciones previas. La última fase del estudio fue un post-test en relación al concepto antes atendido. Durante todo el proceso, se han registrado las acciones y reacciones faciales de todos los alumnos con FaceReader 4.0. Las microexpresiones se categorizan en función de 7 estados emocionales (incluido neutro), siguiendo el modelo de Ekman.

Con toda la muestra se crearon dos grupos: cambio conceptual (CC) y sin cambio conceptual (NCC). El grupo CC cumplía 3 criterios. Primero, en el pre-test mostraron una comprensión errónea del concepto. Segundo, predijeron mal durante la demonstración científica. Y, tercero, respondieron correctamente a todas las preguntas del post-test. El grupo NCC se formó de alumnos que no cumplían todos los criterios antes mencionados.

Los autores observaron que las microexpresiones faciales que aparecen durante el conflicto conceptual son principalmente las que indican neutralidad, tristeza y sorpresa. Estas emergieron cuando los alumnos visualizaron la demonstración científica antes descrita.

Los resultados se plantean en un árbol de decisión del cual emergen diferentes rutas basadas en la activación de diferentes microexpresiones que predicen el cambio conceptual. Cada ruta tiene unas condiciones en cuanto a la cantidad de microexpresiones requerida por cada tipo de emoción para predecir cambio o no cambio conceptual.

Consideremos que el total de microexpresiones de cada alumno conforma un 100%. Todas las microexpresiones registradas dividen a los sujetos en dos grupos principales: los que mostraron durante el conflicto conceptual microexpresiones de sorpresa en un 72,5% o más y los que no cumplen tal criterio (menos de 72,5%). Para ponerlo más fácil, llamemos al primero grupo sorpresa+ y al segundo sorpresa-.

Las rutas que llevan al cambio conceptual son dos. Primero, sorpresa+ junto a microexpresiones neutrales en un 3% o más (ruta 1). En este caso, hay un 83% de probabilidad de que el cambio conceptual ocurra. Segundo, sorpresa- junto a microexpresiones de tristeza en un 70,5% o más (ruta 3). En este caso, hay un 75% de probabilidad de que los alumnos muestren un cambio conceptual.

También hay dos rutas cuya probabilidad asociada muestra qué combinaciones de microexpresiones y, por tanto, emociones, predicen la ausencia de cambio conceptual. Por un lado, sorpresa+ junto a microexpresiones neutras a menos del 3% (ruta 2). Por otro lado, sorpresa- junto a microexpresiones de tristeza a menos de 70,5% (ruta 4). Las probabilidades de que no haya cambio conceptual son del 67% y 79% respectivamente.

La mayoría de los alumnos se situaron en la ruta 4. Además, se detecta que, al contrario de lo predicho, hay bastantes alumnos en este grupo que sí muestran cambio conceptual. Por eso, los autores construyen otro árbol de decisión dentro de este grupo para así detectar si hay otras microexpresiones que marcan la diferencia.

En consecuencia, se detecta que, si durante el conflicto conceptual aparecen un 28% o más de microexperesiones neutras junto a microexpresiones de asco en un 2,5% o más, será más probable que haya cambio conceptual. Es decir, la presencia de microexpresiones de asco junto a diferentes grados de microexpresiones faciales de sorpresa, tristeza y neutralidad predicen el cambio conceptual.

Las emociones que predominan durante el conflicto conceptual parece que son de valencia negativa. No obstante, la sorpresa puede tener valencia tanto positiva como negativa. Asimismo, si el proceso de aprendizaje se ha visto asociado a emociones positivas, parece que la etapa que corresponde al conflicto conceptual se da en un contexto de afecto negativo. Esta idea es congruente con otros estudios relativos al cambio conceptual. Los alumnos experimentan emociones negativas antes de que consigan comprender el concepto enseñado.

El modelo utilizado en ese estudio y basado en un árbol de decisión tiene una capacidad de discriminación aceptable. Asimismo, el uso de tecnología de reconocimiento de las microexpresiones tiene un alto potencial para predecir el cambio conceptual de los alumnos. Puede que para analizar las microexpresiones de los alumnos con el fin de predecir rendimiento sea algo muy complicado, pero sin duda alguna, ello aportaría datos muy importantes para la investigación y avance en el análisis de microexpresiones.

En cualquier caso, el cambio conceptual nunca está garantizado. Los autores destacan que sus hallazgos sirven como un paso más para comprender cómo las personas aprenden. Y como hemos visto, las emociones están presentes constantemente y no solo impactan en el aprendizaje, sino que podrían predecir sus resultados.

 

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“Hemisferio izquierdo verbal y hemisferio derecho no verbal”: ¿realidad o fantasía? Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “One is all you need: intrahemispheric processing benefits nonverbal visual recognition” de Macbeth A. y Chiarello c. (2019), en el cual se analiza el procesamiento de información no verbal y el rendimiento en reconocimiento de tal información en función del hemisferio cerebral implicado en estos procesos.

Muchas habilidades cognitivas exhiben algún grado de lateralización cerebral. Muchos habremos escuchado que el hemisferio derecho es el creativo, el emocional e intuitivo, así como no verbal. Asimismo, el hemisferio izquierdo se presenta a menudo como el área cerebral encargado del lenguaje y del razonamiento.

Uno de los procesos que podrían ser lateralizados es la memoria, tanto a la hora de codificar información como de recuperarla. Es decir, si consideramos que el hemisferio izquierdo esté especializado en material verbal, sería lógico esperar que la codificación y recuperación (recuerdo libre o por reconocimiento) de dicho material ocurra mayoritariamente en ese hemisferio.

Las investigaciones previas se enfocaron en la codificación y recuperación por separado y, hasta el momento, no se han analizado estos procesos en conjunto. Por eso, no existe una interpretación clara de si ambos hemisferios pueden encargarse de ambas funciones de manera equivalente o hay algún tipo de lateralización para codificación y recuerdo.

El modelo HERA (Hemispheric Encoding/Retrieval Asymmetry) sugiere que el córtex prefrontal izquierdo está más activo durante la codificación de la memoria episódica. Asimismo, plantea que el córtex prefrontal derecho muestra mayor actividad en la recuperación de los recuerdos episódicos.

Otros estudios mostraron que la codificación es lateralizada en función del tipo de material a codificar. Es decir, cuando se trata de información abstracta, difícil de categorizar, el hemisferio derecho se implica activamente en la codificación. Lo mismo ocurre con información espacial. En cambio, cuando se trata de estímulos verbales o información más concreta (como la numérica), es el hemisferio izquierdo el que se dedica principalmente a la codificación.

Los autores de esta investigación lo que buscan es analizar si existe lateralización, no analizando los procesos de memoria por separado, sino en conjunto. En un primer experimento, 48 estudiantes diestros, sin conocimientos lectoescritores de chino, visualizan caracteres chinos. Estos son presentados o bien en el campo visual derecho, o bien en el izquierdo. Esta presentación en un campo visual u otro determina qué hemisferio procesará más la información.

Alguna vez habremos escuchado que las personas zurdas utilizan más el hemisferio derecho y al revés. Esto sería así porque las vías motoras que conecta miembros y cerebro están cruzadas.  Lo mismo ocurre con los ojos. Todos tenemos vías visuales cruzadas (que se cruzan en el quiasma óptico) que conecta estos con los hemisferios cerebrales. Así, si un estímulo se presenta en el campo visual derecho, el procesamiento de ese estímulo debería llevarse a cabo por áreas visuales del hemisferio izquierdo y al revés.

Después de ver una serie de caracteres chinos (codificación), los participantes debían establecer en la visualización de otra serie cuáles son caracteres nuevos y cuales ya se han visto (recuperación).  A primera vista, parece que los estímulos no verbales codificados en un hemisferio se reconocen más rápido cuando se recuperan a través de los procesos del mismo hemisferio cerebral.

Así, si un estímulo se presenta en el campo visual derecho, se codifica en el hemisferio izquierdo. Si el mismo estimulo se vuelve a presentar en el mismo campo visual, se recupera de la memoria más rápido que si se presenta por segunda vez en el campo visual opuesto.

No obstante, no hubo diferencias significativas entre el rendimiento de los dos hemisferios. Es decir, parece que los procesos de codificación y recuerdo no están tan lateralizados como se pensaba. Tanto el hemisferio derecho como izquierdo son capaces de manipular material no verbal tanto codificándolo como recuperándolo de la memoria. Por tanto, el cerebro parece que puede utilizar funciones de memoria en ambos hemisferios de manera equivalente.

En un segundo experimento, participan 64 estudiantes con las mismas características que los anteriores. Lo que se busca es observar si se encontrará una ventaja intrahemisférica para los estimulo no verbales cuando el número de caracteres retenidos en la memoria hasta que se vuelven a presentar para el recuerdo es menor.

El retraso se mide en número de caracteres chinos presentados entre uno codificado y su nueva presentación para el recuerdo. Esto es así, porque la capacidad de retención en términos de números de elementos retenidos en la memoria es limitada. Sería similar observar diferencias en función de diferentes tiempos entre codificación y recuerdo. No obstante, en este caso, no se controla el tiempo.

Se vuelven a utilizar caracteres chinos y hay diferentes condiciones: 1, 4, 8 y 16 caracteres chino entre codificación y recuerdo. Es decir, si vemos un carácter A,   evaluarémos si lo hemos visto antes después de visualizar 1/4/8/16 caracteres. Todo ello con 4 variaciones en cuanto al campo visual de presentación (p. ej. derecho-codificación/derecho-recuerdo).

Los resultados mostraron varias cosas. Primero, los caracteres codificados en un campo visual se recuerdan mejor (se acierta más) y más rápido cuando se presentan para la recuperación en el mismo campo visual. Estos datos son congruentes con el primer experimento.

Segundo, sí hay un efecto del retraso temporal y del número de caracteres retenidos en el rendimiento. A más caracteres retenidos entre codificación y recuerdo, peor rendimiento. Se observaron diferencias significativas cuando la distancia entre codificación y recuerdo varia de 1 a 4 caracteres y de 8 a 16, pero no de 4 a 8.

Este retraso en número de caracteres entre un proceso de memoria y otro también afecta al tiempo de reacción. No obstante, solo se observaron diferencias cuando se incrementa de 1 a 4 caracteres de retraso. Si los sujetos ven un carácter, seguido de otro y el tercero vuelve a ser el primero, tardan menos en el reconocimiento que si ven un carácter, seguido de 4, siendo el quinto el mismo que el primero.

En otros estudios se ha establecido que para estímulos verbales el hemisferio izquierdo codifica y recuerda mejor. En cambio, este estudio muestra que para los estímulos no verbales no hay tal lateralización. No obstante, si se observa que hay mejor rendimiento y mayor rapidez cuando la información se codifica y se recuerda a nivel intrahemisférico. Si tendríamos que estudiar imágenes presentadas en el campo visual derecho, vamos a reconocerlas mejor y más rápido si se vuelven a presentar en el mismo campo visual.

¿Qué implicaciones tiene esto para el lenguaje no verbal? Por ejemplo, parece que las señales no verbales que otros emiten no las codificamos necesariamente en el hemisferio derecho. Si observamos el comportamiento no verbal de una persona solo a través del campo visual derecho (hemisferio izquierdo), podemos captarlo, interpretarlo y recordarlo igual de bien que si dicha persona se situa en nuestro campo visual izquierdo.

 

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Cuando la izquierda es “derecha”: lateralidad y conceptos abstractos. Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “When left is ‘right’: motor fluency shapes abstract concepts” de Casasanto D. y Chrysikou G. E. (2011), en el cual se analiza el papel de la fluidez motora en la lateralidad y su impacto en la percepción de conceptos abstractos, como “bueno” y “malo”.

A lo largo de muchas culturas, el lado derecho se ha asociado con cosas buenas y justas. En cambio, el lado izquierdo se ha asociado con cosas malas o prohibidas. Se han hecho tales asociaciones en la Biblia y en las leyes islámicas. También en el lenguaje se muestran asociaciones similares. Por ejemplo, en español se considera tener dos pies izquierdos cuando no se sabe bailar muy bien. Ser la mano derecha de alguien denota que una persona es muy útil y/o de confianza. Podríamos dar ejemplos de múltiples culturas e idiomas en la misma línea.

Las personas también asocian ideas positivas y negativas de manera implícita a la derecha e izquierda, respectivamente, pero no siempre en la misma dirección de las convenciones culturales. Por ejemplo, cuando se pide elegir un producto de dos posibles, los sujetos diestros prefieren los productos situados a la derecha y los zurdos los situados en la izquierda. Este patrón también persiste en elecciones verbales y sin el uso de las manos para elegir.

Los menores de 5 años ya evalúan las cosas del entorno en función de su lateralidad. Por ejemplo, un niño diestro considera que un animal situado a su derecha es más listo y simpático que uno situado a su izquierda.

Fuera del laboratorio, encontramos interesantes ejemplos y uno de ellos en política. En las elecciones de EE. UU. de 2004, ambos candidatos eran diestros. Sus discursos fueron considerados como positivos cuando utilizaron gestos con la mano derecha y negativos cuando hubo gestos con la mano izquierda. En las elecciones de 2008, ambos candidatos eran zurdos. En este caso, se ha observado el patrón de asociación inverso entre valencia del discurso y la lateralidad de los gestos.

Estos ejemplos muestran que la asociación entre derecha, izquierda y valencias (positiva vs negativa) no siempre es algo cultural. Se puede hablar de una hipótesis de especificidad corporal. Esta definiría que diferentes cuerpos reaccionan y piensan de forma diferente, pero predecible en función de la lateralidad, incluso para las ideas altamente abstractas.

Una pregunta importante es por qué los diestros y los zurdos asocian valencia positiva a las cosas situadas en su lado dominante (y negativa a las situadas en el lado opuesto). Hay varias posibilidades. Una es que las personas interaccionan de manera más fluida con las cosas que se sitúan en su lado dominante.

Una interacción fluida supone que, por ejemplo, un diestro escribe mejor con la derecha o corta mejor con una tijera que un zurdo. Se habla de una fluidez perceptiva-motriz que influye en las percepciones del entorno y en las evaluaciones que se hace de sus elementos. Por lo tanto, el lado dominante de una persona puede asociarse en su memoria como algo positivo, debido a que la interacción con el mundo a través de esa parte del cuerpo es fluida, sin dificultades.

Otra opción podría ser que haya diferencias neurológicas determinadas genéticamente entre zurdos y diestros. Las diferencias relevantes en este caso serian en cuanto a un mapeo espacial diferente de lo bueno y de lo malo. Los marcadores neurológicos que provocarían ser diestro o zurdo también podrían crear diferencias en el juicio y evaluación del entorno.

En el estudio se investiga si es la experiencia motora (fluidez) la que genera asociaciones entre espacio y valencia emocional de manera independiente a la lateralidad genética. Por lo tanto, se observa si la lateralidad inducida, debido a cambios a corto y largo plazo en la fluidez motora, puede influir en los juicios de valor sobre el espacio.

En un primer experimento, participan 13 sujetos diestros con hemiparesia derecha (5) e izquierda (8), adquirida tras un accidente cerebrovascular unilateral. Si una hemiparesia afecta a la parte dominante del cuerpo, el sujeto podría seguir valorando como bueno a ese lado del espacio, a pesar de perder movilidad en su lado dominante. En este caso, no sería la fluidez motora la que genera asociaciones, sino la lateralidad adquirida por genética.

En cambio, si la hemiparesia afecta a la parte dominante del cuerpo, el sujeto debe aprender a utilizar la otra parte del cuerpo. Con tiempo y práctica, se consigue fluidez motora en ese lado. Si el sujeto cambia sus evaluaciones del espacio acorde con su nuevo lado dominante (lateralidad inducida) entonces sí sería la fluidez motora la que da lugar a asociaciones entre valencia y espacio.

Los sujetos participan en una tarea a la que tienen que responder verbalmente. En el centro de una pantalla observan la cabeza de dibujo animado. A ambos lados de este se encuentran dos cajas. A los sujetos se les cuenta que el dibujo animado adora las cebras y piensa que son buenas. Asimismo, odia a los pandas y piensan que son malos. La pregunta es ¿en qué caja metería el dibujo animado a cada uno de los dos animales?

Doce de los trece participantes respondieron acorde a su fluidez motora posterior a la hemiparesia. Es decir, contestaron acorde a una lateralidad inducida. Los sujetos con hemiparesia derecha consideraron que el animal bueno debe ir en la caja izquierda y el malo en la derecha. Por lo tanto, a pesar de ser genéticamente diestros, la fluidez adquirida con la izquierda generó una percepción positiva del lado izquierdo del espacio.

Asimismo, los sujetos con hemiparesia izquierda consideraron que la cebra debe ir en la caja derecha y el panda en la izquierda. Estos sujetos, siguieron siendo diestros después del accidente cerebrovascular y siguieron con la misma fluidez motora lateral al adquirir la hemiparesia. Por ello, la valencia positiva se asocia al lado derecho del espacio. Solo un sujeto ha mostrado respuestas opuestas a las esperada según la hipótesis de fluidez motora.

En la muestra utilizada hay mucha variabilidad en cuanto a la localización de las lesiones cerebrales. Por ello, no se puede descartar que sean estos cambios los que explican los resultados, más que una fluidez motora independiente de modificaciones neurológicas.

Para verificar estas ideas se lleva a cabo un segundo experimento. Participan 53 sujetos diestros y sanos. Primero, estos llevan a cabo una tarea de fluidez motora, como fase de entrenamiento. En esta, los sujetos deben poner 84 fichas de dominó encima de una mesa, en localizaciones marcadas.

La tarea se debe hacer con ambas manos a la vez y en un tiempo máximo de 12 minutos. Con cada mano solo se pueden poner las fichas en el lado que se corresponde a la mano; derecha-derecha, izquierda-izquierda. Los sujetos deben llevar a cabo la tarea con un guante de esquí puesto en una de las manos y con el otro atada a la muñeca opuesta. La mitad de los sujetos llevan el guante puesto en la derecha y la mitad en la izquierda.

Después de la fase de entrenamiento, se pide cubrir tres cuestionarios cortos para evitar la asociación entre la primera fase y segunda fase del experimento. En la segunda fase, se lleva a cabo la misma tarea que en el primer experimento.

Recordemos que todos los sujetos eran diestros. De los sujetos que tuvieron el guante puesto en la mano izquierda durante el entrenamiento, un 77% optó por meter el animal bueno en la caja derecha. De los sujetos que tuvieron el guante puesto en la mano derecha en la fase inicial, un 63% optó por meter el animal bueno en la caja izquierda.

Generalmente, se puede decir que la tendencia a asignar el animal bueno a la caja situada en el mismo lado que la mano sin guante fue 5 veces mayor que la tendencia a asignarlo a la caja situada en el mismo lado que la mano con guante. Congruente con los resultados del primer experimento, la fluidez motora reforzada o adquirida en la fase de entrenamiento llevó a una evaluación positiva del hemiespacio correspondiente.

Como conclusión, parece que cambiar la forma en la cual las personas utilizan sus manos puede cambiar sus juicios sobre las ideas abstractas de bueno y malo. Los cambios a largo plazo en la fluidez motora pueden invertir las asociaciones implícitas entre valencia emocional y localización en el espacio. No obstante, con estos hallazgos no se descarta el impacto de posibles factores neurobiológicos innatos que contribuyan al mapeo del espacio según lateralidad.

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