Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Detección de mentiras (Página 3 de 16)

Las claves de la detección del engaño. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Deception and truth detection when analyzing nonverbal and verbal cues” de Vrij A. (2018), una revisión de los hallazgos de los últimos 30 años en la detección de la mentira. El autor, uno de los investigadores más importantes de este área, repasa las evidencias clave y las técnicas más utilizadas.

Detección del engaño a través de lo visible: comportamiento no verbal vs discurso

En el estudio de la detección de la mentira hubo una transferencia progresiva, desde el interés en el comportamiento no verbal (CNV) hacia el comportamiento verbal (CV). Esto se debe a que ha habido muchas investigaciones que han mostrado evidencias débiles sobre la utilidad del análisis del CNV para detectar mentiras, engaño o fraude, al menos tal como se ha venido haciendo hasta ahora. Estas evidencias aparecen bien reflejadas en meta-análisis llevadas a cabo por DePaulo, junto a otros autores (2003; 2006).

El análisis del CNV en la detección de la mentira ha generado algunos hallazgos y desarrollo de herramientas que se utilizan incluso a día de hoy. Un caso es la técnica de Reid o técnica de interrogación de 9 pasos. Desarrollada en los años ’50, se basa en un estilo acusatorio de interrogación. La realidad empírica sobre el tema mostró que este estilo no es útil porque da lugar a menos información y señales de engaño, menor número de confesiones veraces y más confesiones falsas. Los indicadores que se utilizan para la mentira parece que no están relacionados con el engaño y la técnica se basa en observaciones del CNV de sospechosos, es decir, sin saber si son culpables o no.

Otro caso es algo que a muchos seguramente nos suena: Paul Ekman y el concepto de micro-expresiones faciales que indican emociones. Este autor ha tenido mucho éxito y en su libro Telling lies presentó ideas muy innovadoras sobre la detección de la mentira. El problema es que aportó muy poca o ninguna evidencia sobre la relación entre micro-expresiones faciales, emociones y la detección de la mentira.

En uno de los meta-análisis de DePaulo (2016), analizan la habilidad de 25000 observadores para detectar el engaño mediante la observación del CNV y del CV. De media, un 54% de los sujetos detectaron correctamente el engaño, un poco por encima de lo que se conseguiría por azar. Además, se encuentran diferencias entre el análisis del CNV y el análisis del discurso. Cuando lo sujetos solo ven a la persona que deben considerar si engaña o no, aciertan un 52%. En cambio, cuando solo oyen a dicha persona, aciertan un 63%. Los mismos patrones de detección se encuentran cuando oficiales de policía intentan detectar verdades y mentiras en entrevistas policiales reales.

Todos estos datos sobre las diferencias entre analizar el CNV y el discurso para detectar el engaño, no implica que el análisis del CNV se deba descartar, sino al contrario. Será útil cuando se tiene en cuenta junto al CV y también cuando no es posible acceder al discurso.

En el estudio de la detección del engaño, la publicación de la herramienta CBCA (análisis de contenido basado en criterios/ la hipótesis Undeutsch) supuso avance importante. Esta herramienta se compone de 19 criterios que se dan más frecuentemente en las declaraciones verdaderas que en las falsas. Ha sido comprobada en más de 40 estudios, en los cuales 15 criterios han sido apoyados constantemente. Antes de su aparición ya se estudió el CV, pero de manera distinta. Se enfocaban más en la forma de expresión (p. ej. alto uso de auto-referencias, como yo, mio) y no tanto en el contenido, como ocurre en el CBCA. Este se centra en piezas de información y, aparte de la detección de engaño, cumple con otra necesidad clave: recoger tanta información como sea posible.

Para analizar piezas de información también se utiliza la Monitorización de la Realidad (RM), desarrollada por Marcia Johnson (1988; 2006), y sirve para distinguir entre recuerdos basados en experiencias reales y basados en la imaginación. Tiene un fundamento teórico más fuerte y es más fácil de enseñar y usar que el CBCA. No se basa en criterios, sino en información recogida de tipo espacial, perceptual y temporal, que se ha observado que es más probable que aparezcan en las declaraciones veraces. Por estas razones, actualmente se utiliza más la RM que el CBCA, aunque en términos de precisión en la detección de verdades y mentiras, ambas herramientas producen resultados similares.

 Detección de la mentira a través de lo invisible: activación fisiológica vs cognición

En la detección del engaño también se puede trabajar con procesos más internos, más difícil de observar. Lo primero que se tuvo en cuenta es la medición de correlatos fisiológicos, que indiquen una activación del organismo de un sujeto, partiendo de la idea de que aquel que miente se pondrá más nervioso de lo normal. Con este fin se utilizó el polígrafo, hasta el momento en el cual se dieron cuenta que incluso los que dicen la verdad pueden tener una activación fisiológica (arousal) más alta de lo normal porque el contexto de una entrevista puede ser altamente estresante.

El tercer cambio de paradigma en la detección de la mentira llega con técnicas orientadas a la cognición. Empiezan a aparecer diferentes protocolos de entrevista que buscan desencadenar ciertos procesos mentales o estrategias verbales que marcarán la diferencia entre mentira y verdad. Este cambio de paradigma es importante, porque supone un cambio en la detección del engaño, desde la pasividad del observador hacia un papel activo de este, entrevistando directamente a los sospechosos. Se presentan a continuación cuatro enfoques que han mostrado ser más eficaces en esta labor.

El análisis de criterios indicativos de engaño (ACID) es un protocolo de entrevista basado en la entrevista cognitiva, un procedimiento que sirve para obtener más información de los testigos cooperativos a través del uso de herramientas específicas que mejoran la memoria. Las evidencias muestran que los que dicen la verdad ofrecen más información adicional que los que mienten, cuando se aplican técnicas de este tipo.

Existen técnicas de evaluación de credibilidad cognitiva que abarcan 3 elementos importantes: (1) imponer más carga mental, por ejemplo, dar una segunda tarea al sujeto entrevistado mientras se le pone preguntas. A los que mienten les es más difícil implicarse en una segunda tarea y esta puede perjudicar su habilidad de contar historias inventadas. También se intenta (2) animar a los entrevistados a contar más información, enseñándoles un modelo de declaración no relacionado con el tema de la entrevista. Es una historia detallada que servirá de ejemplo para transmitir que cuantos más detalles se cuentan, mejor. Con esta técnica se consigue más información tanto de los que dicen la verdad como de los que mienten, pero aparecen diferencias en cuanto a la calidad (historias más plausibles y complicadas cuando se dice la verdad). Por último, se plantea una mezcla de preguntas esperadas e inesperadas y se observan diferencias en la facilidad de responder. Los que mienten presentan más dificultad para responder a preguntas inesperadas, incluso si se hayan preparado antes para tales situaciones.

El uso de un enfoque de verificabilidad implica pedir a los entrevistados dar más detalles que se puedan verificar. Los que mienten, por un lado, quieren dar muchos detalles para ganar credibilidad, pero, por otro lado, no cuentan demasiados porque puede que los investigadores los verifiquen. En cambio, los que dicen la verdad, cuentan más detalles que se pueden verificar posteriormente.

Como observamos, el mundo de la detección del engaño es muy amplio y cada vez más avances. Tanto el comportamiento no verbal como el discurso son aspectos que aportan mucha información y esta debe ser analizada adecuadamente. Su estudio y el desarrollo de nuevas metodologías, como el metaprotocolo SAVE, desarrollado por el Instituto de Análisis de Conducta Antifraude, ayudan a mejorar la precisión en esta labor de detección de mentiras.

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Creencias de policías y civiles sobre las señales faciales del engaño (II). Club de Lenguaje No Verbal.

interrogatorio - Creencias de policías y civiles sobre las señales faciales del engaño (II). Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana continuamos con el artículo “Policemen’s and Civilian’s Beliefs About Facial Cues of Deception” de Delmas, Elissalde, Rochat, Demarchi, Tijus y Urdapilleta. En este artículo hablan de las creencias que tienen los policías y los civiles sobre las expresiones faciales que se presentan durante un engaño.

¿Has leído ya Creencias de policías y civiles sobre las señales faciales del engaño (I). Club de Lenguaje No Verbal ?

En estudios anteriores tanto civiles como policías coinciden en que la aversión en la mirada es el componente más decisivo para detectar una mentira. Los civiles, además, daban mucha importancia a las expresiones faciales, cosa que parece que no tenía tanta prevalencia entre los policías. A pesar de no darle la misma importancia que los civiles, sus ideas respecto a ellas eran similares, consideraban que durante el engaño estaban presentes fruncir el ceño (AU4), arrugar la nariz (AU9), morderse los labios (AD32), parpadear (AU45), tragar (80) y mirar hacía otro lado.

Los policías tenían muchas creencias irrelevantes sobre el engaño. Se probó que tenían un 24% y un 22% de precisión en sus creencias para señales paraverbales y no verbales. Un experimento con la policía de Texas demostró que sus aciertos no diferían del azar. Algunas creencias que presentan los policías son que durante el engaño está menos presente la elevación del mentón (AU17) que cuando se dice la verdad. Por el contrario, durante el engaño está más presente el movimiento de cabeza y el parpadeo, al igual que la presión en los labios (AU24). Se sonríe menos al engañar que al decir la verdad. Lo que consideraban más presente durante el engaño era tragar (80). Parece ser que la experiencia por sí sola no contribuye a que se mejore la comprensión sobre el comportamiento engañoso.

Los objetivos del presente estudio eran: primero identificar las creencias con respecto a las expresiones asociadas con el engaño y comparar las creencias de los oficiales de policía y los civiles con respecto a las señales faciales de engaño.

Se utilizó una muestra de 106 participantes (63 mujeres y 42 hombres) de los cuales 55 eran civiles con una media de edad de 29 años, y 51 policías con una media de edad de 38 años. En relación a la policía se contactó con 62 oficiales de policía de los cuales 51 aceptaron participar. Todos eran miembros de los servicios judiciales de la OCRVP (Oficina Central para la Represión de la Violencia contra las Personas), el SRPT (Servicio Regional de Policía en el Transporte) y la CSI (Compañía para la Seguridad y la Intervención) de París. Todos eran miembros de la policía judicial con experiencia en interrogatorios, siendo la media de experiencia de 14 años. El 22% admitió haber recibido formación en interrogatorio y recopilación de testimonios.  Los civiles fueron reclutados en la “Cité des Sciencies et de l’Industrie” en París, ninguno informó de haber recibido formación en detección de la mentira o trabajar en investigación judicial.

Se tomaron 54 fotografías de una misma persona representando las señales faciales descritas en el FACS, en total 26 AU, siete AD, 10 posiciones de los ojos y la cabeza, tres movimientos más comunes de las cejas, y una cara neutral. Las caras se mostraron sobre un fondo negro y la distancia de la toma era de dos metros.

La prueba se realizaba en una sala con un ordenador portátil en el que aparecía el siguiente texto: “Imagina que estás hablando con alguien. Esta persona comienza a mentirte. Aparecen algunas expresiones faciales. Para cada foto tienes que decir si, en tu opinión, la expresión, es más, ni más ni menos, o menos presente durante una mentira”. Después iban apareciendo cada una de las imágenes y tenían que ir evaluándola, al final del test tenían que responder a unas preguntas relacionadas con su edad, sexo, profesión…

Se consideran que están más presentes durante el engaño: la elevación de la comisura de los labios (AU12), afinar labios (AU23), apretar labios (AU24), succión de labios (AU28), mandíbula lateral (AD L30), mordisco (AD32), repasar labios (AD37), girar la cabeza hacía la izquierda (51), cabeza hacía arriba (53), cabeza hacía abajo (54), ojos miran hacía la izquierda (61), ojos miran hacía la derecha (62), ojos hacía arriba (63), ojos hacía abajo (64), Hoyuelo (AU L14).

Se consideraron 21 señales ni más ni menos presentes durante el engaño: levantar ceja interior (AU 1), párpados tensos (AU7), levantamiento de labio superior (AU10), depresor de la esquina labio (AU15), depresor labio inferior (AU16), elevador barbilla (AU17), contracción labios (AU18), estiramiento horizontal labios (AU20), apretar cuello (AU21), labios en embudo (AU22), separar labios (AU25), caída de mandíbula (AU26), abrir la boca (AU27), soplar (AD33), hinchar (AD34), chupar (AD35), dilatador fosas nasales (AD38), cabeza hacía atrás (58) y pose neutral. Como menos engañosas se consideraron: Arrugar nariz (AU9), ira (AU4+AU5+AU23), asco (AU9+AU10) y miedo (AU2+AU4+AU5+AU20+AU21).

Hay tres expresiones que muestran diferencias estadísticamente significativas entre policías y civiles: soplar (AD33), cabeza hacía abajo (54) y ojos arriba (63). La AD33 y 54 se consideraron ni más ni menos presentes por los policías y no fueron objeto de creencia por los civiles. La 63 los policías la consideraron como más presente que los civiles. Estas diferencias podrían deberse al azar.

La exactitud de los policías sobre las expresiones faciales asociadas al engaño está un 0’6 por encima del azar. Los agentes tienen numerosas creencias correctas, no asociaron con la mentira: arrugar la nariz (AU9), contracción labios (AU18), separar labios (AU25), caída de mandíbula (AU26), cabeza hacía delante (57), cabeza hacía detrás (58). Consideraron que estaba más presente al mentir y es correcto, apretar los labios (AU24). Por el contrario, tienen la creencia errónea de que está presente pero no es así: levantar mejilla (AU6), elevar comisura de los labios (AU12), cabeza hacía arriba (53), cabeza hacía abajo (54), ojos mirar a la izquierda (61), ojos miran a la derecha (62), ojos arriba (63), ojos abajo (64).

También consideraron como menos presente pero sí que está elevar la barbilla (AU17). Además, no tienen creencias respecto a las siguientes expresiones y en realidad no están relacionadas con el engaño: levantar ceja interior (AU1), levantar labio superior (AU10), levantar ceja exterior (AU2), estiramiento horizontal de labios (AU20), afinar labios (AU23), mordisco (AD32), bajar cejas (AU4), cierre de ojos (AU43), levantar mejilla + elevar comisura labios (AU6+AU12), cabeza girada hacía la izquierda (51), cabeza girada hacía la derecha (52).

Como se ha dicho más arriba solo un 6% de las expresiones mostraban una diferencia estadísticamente significativa entre los policías y los civiles y podrían haber sido producto de la casualidad. Es posible que las creencias sobre el comportamiento durante el engaño tengan una mayor relación con los estereotipos interculturales que con la experiencia profesional. La tasa de precisión de los profesionales es solo de un 39% por tanto no es lo suficientemente alta. Por ello habría que seguir aumentando en el conocimiento científico sobre las expresiones relacionadas con el engaño a la vez que se debería corregir las creencias erróneas que presentan los profesionales de la investigación judicial sobre que expresiones están presentes cuando se miente.

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Creencias de policías y civiles sobre las señales faciales del engaño (I). Club de Lenguaje No Verbal.

persona juzgando a otra - Creencias de policías y civiles sobre las señales faciales del engaño (I). Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Policemen’s and Civilian’s Beliefs About Facial Cues of Deception” de Delmas, Elissalde, Rochat, Demarchi, Tijus y Urdapilleta. En este artículo hablan de las creencias que tienen los policías y los civiles sobre las expresiones faciales que se presentan durante una mentira.

Las personas evaluamos la cara de nuestro interlocutor para descubrir movimientos que puedan ayudarnos a entender si lo que nos está diciendo es verdad o mentira. Un ejemplo de las creencias sería cuanto más aversión en la mirada y parpadeo presente, mayor será la percepción de mentira. Estas creencias que todas las personas presentan provienen tanto del sentido común como de las pseudociencias que transmiten los medios de comunicación y que en la mayoría de los casos carecen del respaldo de la investigación empírica. Las creencias presentadas por las personas, por tanto, no siempre están en línea con lo que la ciencia demuestra. Por ejemplo, las personas consideran que con el lenguaje no verbal es fácil distinguir cuando alguien miente a cuando alguien dice la verdad y la ciencia, por el contrario, considera que esa afirmación no es del todo correcta. El problema viene cuando estás creencias erróneas afectan no solo a las personas normales sino también a los profesionales del ámbito de la justicia, que aplican esas creencias durante sus investigaciones.

Uno de los métodos para estudiar las creencias es el CQM, que a través de un cuestionario escrito analiza las creencias de las personas sobre si determinadas señales son características de los mentirosos. En las últimas décadas ha sido una herramienta muy usada en estudios para comprobar esas creencias.

Se analizaron 22 estudios donde se analizaron 11 expresiones faciales, se descubrió que las creencias estaban organizadas en una heurística general sobre el rostro del mentiroso. A continuación, se muestran los resultados de los estudios analizados.

Las señales faciales que las personas asocian con el engaño son: fruncir el ceño, arrugar la nariz, presionar los labios, morder el labio, parpadear, tragar, mover la cabeza y mirar con aversión. Las personas esperan que los mentirosos muestren el nerviosismo en el rostro, lo cual es coincidente con los estereotipos sobre la mentira. Esto no es así, los mentirosos no tienen por qué mostrar nerviosismo en el rostro mientras que las personas que están diciendo la verdad puede ser que sí que muestren nerviosos por temas ajenos al que están hablando. Esto puede llevar a predecir erróneamente la mentira.

Otra creencia es que habrá mayor presencia de expresiones faciales, pero la ciencia no ha podido establecer una relación directa entre el aumento de expresiones faciales y la mentira, ya que está puede deberse a otras causas, como el nerviosismo y no estar relacionado con estar diciendo una mentira.

Las creencias que tienen las personas se pueden ver influidas por las características del propio mentiroso o por las de la mentira. Se han estudiado cuatro categorías, la población, el tipo de mentira, el comportamiento evaluado y las características de la persona evaluada. El tema más estudiado es la población, las características propias de las personas que juzgan a las demás. Aquí se ha estudiado si hay diferencias entre ser un profesional o no del sistema judicial, ser hombre o mujer, ser padre o no tener hijo, o ser jefe o subordinado y su relación con las creencias sobre las expresiones faciales de los mentirosos. Los resultados arrojados parecen confirmar que no hay grandes diferencias en las creencias teniendo en cuenta las variables antes mencionadas. Por tanto, se acepta que tanto los profesionales como los civiles tienen las mismas creencias sobre que expresiones faciales denotan engaño y cuáles no.

El contexto en el que aparece la mentira y su naturaleza tienen una gran influencia sobre las creencias que posee la gente. Las personas relacionan diferentes intereses con las mentiras según el contexto. Por ejemplo, el mentir sobre un crimen se considera de alto riesgo, sin embargo, mentir sobre una transgresión menor se considera de bajo riesgo. Por tanto, al asociar la mentira con el estrés, se considera que las mentiras de alto riesgo tienen una mayor relación con el estrés y, en consecuencia, con una mayor presencia de expresiones faciales.

Otra creencia es que las personas juzgan más severamente a los demás que a ellos mismos. Consideran que los demás se ponen más nerviosos que ellos mismos al mentir. Por ello, informan de un mayor número de expresiones de nerviosismo y vergüenza en los otros que en ellos cuando mienten.

En cuanto a la relación con las creencias de la mentira y las propias creencias, parece que el usar o no un velo o algo que cubra parte del rostro no tiene una influencia directa. Tampoco se encontraron diferencias en relación con la edad de la persona que mentía. Por tanto, se puede concluir, que en principio las características de la persona no tienen una influencia directa sobre las creencias de los demás en relación a sí están mintiendo o diciendo la verdad.

Estos estudios presentaban tres limitaciones importantes. La primera de ellas era que describir las expresiones faciales solamente a través de palabras hacía que se complicara su comprensión y visualización por parte de los sujetos. La segunda limitación guarda relación con la anterior, es que algunos términos pueden ser ambiguos y generar confusión, por ejemplo, el término sonrisa no especifica que tipo de sonrisa sería, pudiendo ser Duchenne o no, y cada una de estas sonrisas involucran músculos diferentes y estados emocionales distintos. La última limitación habla sobre el número de expresiones faciales analizadas, ya que en los estudios revisados sólo se analizaron 11 expresiones faciales y centrándose especialmente en cuatro de ellas, lo cual deja fuera un gran número de expresiones posibles.

En la siguiente entrada veremos el experimento que se realizó para comprobar las diferentes creencias entre oficiales de policía y civiles.

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La importancia de las señales visuales y vocales de los portavoces en tiempos de crisis. Club de Lenguaje No Verbal.

periodistas rueda de prensa - La importancia de las señales visuales y vocales de los portavoces en tiempos de crisis. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Spokespersons’ Nonverbal Behavioral in Times of Crisis: The Relative Importance of Visual and Vocal Cues” de De Waele, Claeys, Cauberghe y Fannes. En este artículo hablan de la influencia tanto de las señales visuales como de las vocales de engaño de los portavoces de las organizaciones durante una crisis y su repercusión tanto en las actitudes de las personas hacía ella como de las intenciones de compra de sus productos.

Directores ejecutivos, políticos, celebridades y demás figuras públicas son examinadas al detalle en sus intervenciones porque se cree que el significado auténtico de sus mensajes está en las señales no verbales. Un ejemplo de ello sería el abundante análisis que realizó la prensa norteamericana durante la campaña electoral de 2016 de Donald Trump y Hillary Clinton. En situaciones en las que no se confía especialmente en el orador o se cree que puede estar mintiendo se analizará el comportamiento no verbal para dilucidar sobre la credibilidad del compareciente. La crisis en las organizaciones son momentos en los cuales el público no muestra una confianza plena en las mismas, por tanto, sería un tiempo muy relevante para descubrir cómo las señales no verbales pueden influir en la percepción del público.

Aun siendo un tema importante no abunda la investigación centrada en él. La mayor parte de los estudios hablan sobre aspectos verbales durante la comunicación en crisis, especialmente sobre el impacto del contenido de la comunicación. Otra área investigada ha sido los aspectos visuales como la etnicidad, las características faciales, las expresiones visuales de poder y las expresiones emocionales faciales. Sólo un estudio se centró en las señales vocales, concretamente en el tono de voz. Dado que la mayor parte de este tipo de comunicaciones se produce a través de conferencias audiovisuales, vídeos corporativos o entrevistas sería interesante analizar tanto las señales visuales como las vocales.

La psicología social dice que las personas confían más en las señales visuales que en las señales vocales cuando se están formando la opinión sobre otra persona, pero esto dependerá del contexto en el que se produzca. Dado que la credibilidad jugará un papel de suma importancia en la comunicación durante una crisis en las empresas es interesante examinar como este tipo de señales producidas por el portavoz de la misma afectan a las actitudes hacia la empresa como el comportamiento que se tiene hacia la misma.

Las señales no verbales de un hablante tienen una gran importancia para la percepción del oyente, ya que a través de ella puede juzgar la intención que tiene el interlocutor de ser sincero o por el contrario de engañarle. Este tipo de señales no verbales habitualmente han sido divididas en dos clases, señales visuales (gestos con las manos, miradas…) y señales paraverbales o vocales (tono de voz, trastornos en el habla…). Un área muy importante de investigación ha sido en el impacto de las señales visuales en la percepción del poder. Se ha observado que las señales visuales de poder (expresión facial relajada, posición abierta del cuerpo, contacto en la mirada, postura erguida y movimientos corporales expresivos) aumentan la competencia de un portavoz durante una crisis, sin embargo, después de una crisis, las señales visuales impotentes aumentan la sinceridad del portavoz. Por tanto, un aumento en la competencia como en la sinceridad mejoraran la reputación.

Otra línea de investigación ha sido la detección del engaño a través de las señales visuales. Hay dos ramas, unos investigadores se han centrado en las señales reales u objetivas de engaño y, por otro lado, otros investigadores han trabajado sobre que señales nos hacen creer que nos están engañando. En la primera línea, varios metaanálisis han demostrado que hay pocos comportamientos no verbales que indiquen claramente el engaño, llegando a cuestionarse si se podría detectar simplemente con señales no verbales. En relación con la segunda línea, hay señales que independientemente de la veracidad del mensaje nos llevan que lo percibamos como engañoso, como, por ejemplo, la aversión de la mirada, los movimientos del tronco, los cambios de posición, los adaptadores o los movimientos de manos y pies.

Los dos estudios que a continuación se presentan examinan la interacción entre las señales visuales y vocales de los portavoces de las organizaciones durante una crisis. El estudio 1 trata sobre el impacto de las señales visuales del engaño y los trastornos del habla en las actitudes hacia una organización en crisis. El estudio 2 habla sobre el impacto de las señales visuales de engaño y el tono de voz en las intenciones de compra hacia una organización durante una crisis.

Como ya se ha dicho la credibilidad es muy importante en la comunicación, especialmente en aquella que se produce durante una crisis. Por tanto, en el estudio 1 se plantea la hipótesis de que las señales visuales engañosos en la comunicación de crisis resultan en una actitud más negativa hacia la organización que las señales visuales no engañosos porque disminuyen la credibilidad del portavoz. La otra hipótesis planteada es que la alteración en el habla (uso de muletillas, palabras repetidas u oraciones incompletas) en la comunicación durante la crisis tiene como resultado más actitudes negativas hacia la organización que si no están presentes, pero sólo cuando hay señales visuales engañosas.

Se presentaba en papel un escenario de crisis de una empresa ficticia dedicada al comercio online que había tenido un problema con la confidencialidad de los datos de los clientes, ya que habían sido publicados los nombres, direcciones, emails, tarjetas de crédito y contraseñas de los usuarios de su tienda online. No se especificaba quien era el responsable. Después se mostraban tres instantáneas y un audio de la entrevista donde el CEO explicaba que había sido debido a un virus informático muy agresivo y que sus estrictos protocolos de seguridad no habían podido evitarlos. Se mostraba diferentes situaciones experimentales, en una había señales visuales engañosas, en otra no, en otra había alteraciones en el habla y en la otra no. Las señales visuales engañosas eran aversión en la mirada, cambios en la postura y uso de adaptadores (tocarse el brazo y reajustarse la corbata). Las alteraciones del habla eran errores en el habla (palabras u oraciones repetidas, cambios de oración, oraciones incompletas y deslizamientos de los labios) y variaciones en el habla.

Participaron 125 personas (52% mujeres y 48% hombres) con edades comprendidas entre los 18 y los 73 años, la media de edad estaba en 33 años. Se envía por email la situación y luego un link a un vídeo de YouTube donde se presentaban las fotos y el audio de la entrevista, para finalizar tenían que realizar una encuesta.

Se confirmó la importancia de las señales visuales de engaño, ya que las mismas provocaban un mayor número de actitudes negativas hacía la empresa y hacía menos creíble al CEO. Por tanto, es importante que los portavoces se aseguren de mirar a la cámara, al entrevistador o al público, que eviten los cambios de postura y los adaptadores para transmitir una mayor credibilidad. También, se confirmó que las señales vocales dependerán de las visuales. Exclusivamente cuando había señales visuales de engaño, las alteraciones del habla tuvieron también una influencia negativa.

El estudio 2 tiene como hipótesis que las señales visuales engañosas en la comunicación de una crisis dan como resultado intenciones de compra más bajas y que un tono de voz elevado en la comunicación de la crisis también da como resultado las intenciones más bajas de compra debido a la menor credibilidad del portavoz, pero solo cuando haya señales visuales engañosas.

El procedimiento a seguir fue igual que en el estudio 1, en lo relacionado al tono, en una de las condiciones experimentales se elevó (a 123 Hz) y en otra se disminuyó (a 87 Hz). La situación presentada fue la siguiente, el agua embotellada de una empresa dedicada a ello contenía altos niveles de nitratos lo que había llevado a la hospitalización de un niño por cianosis. El CEO explicaba que el problema estaba fuera del control de la empresa. En este caso hubo 126 participantes (54% mujeres y 46% de hombres) con edades entre los 19 y 85 años, con una media de 39 años.

El estudio 2 corrobora los resultados del estudio 1. También demostró que las señales visuales de engaño afectan a la intención de compra. En lo relativo al tono de voz, una voz aguda tiene un impacto negativo en la intención de compra solo sí existen señales visuales de engaño. Por tanto, queda confirmado el impacto de las señales visuales sobre el efecto que puedan tener las señales vocales.

La voz aguda no es una señal engañosa en sí misma porque no disminuye la credibilidad del CEO, pero sí que es negativa en la intención de compra cuando existen señales engañosas. Esto puede ser porque influye de otra manera reduciendo la credibilidad. Además, la voz aguda está relacionada con la falta de poder, nerviosismo, menor atractivo y menor competencia.

Como limitaciones se tiene el uso de fotos en lugar de vídeo que hubiera sido más realista, la mayor prevalencia de las señales visuales sobre las vocales, la no interacción con los elementos verbales del mensaje y que la realización al ser online el audio y el vídeo no se presentaron en un entorno controlado.

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Revisando los efectos del género en la detección del engaño. Club de Lenguaje No Verbal

 

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Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Revisting Perceiver and Target Gender Effects in Deception Detection” de Lloyd, Summers, Hugenberg y McConnell. En este artículo hablan de como el género del preceptor y del objetivo puede influir en la detección del engaño.

La problemática de la detección del engaño ha sido de gran interés para la justicia durante siglos y también ha sido un tema muy investigado. A pesar de todo ello, la detección del engaño es complejo. Se ha comprobado que las personas detectan correctamente en un 54% de los casos, lo que supone un porcentaje muy bajo por encima de lo que sería el azar (50%). El no poder detectar el engaño con corrección tiene graves consecuencias económicas, sociales, emocionales, teniendo implicaciones significativas para el comercio, la justicia penal y las relaciones románticas.

Las investigaciones sobre el tema han intentado mejorar la precisión con la que se detectan los engaños. Una de las características más investigadas ha sido el receptor y el género del objetivo, tema central del presente estudio.

Las investigaciones llevadas a cabo hasta el momento han llegado a tres conclusiones respecto el género y la detección del engaño. La primera es que las mujeres son mejores que los hombres en la detección del engaño. La segunda es que dependiendo de las investigaciones las mujeres o los hombres son mejores mentirosos. La tercera es la combinación del género tanto del objetivo como del perceptor.

Diferentes investigaciones concluyeron que las mujeres son mejores detectando mentiras que los hombres, mostrando un mayor rendimiento en diferentes paradigmas como puede ser detectándolas con desconocidos o con sus parejas sentimentales. Han sido superiores tanto en los juicios explícitos de engaño como en las medidas inconscientes. Esto es consistente con los resultados del género en las tareas de sensibilidad interpersonal en general. Las mujeres son superiores a los hombres en las tareas relacionadas con la percepción de la persona y la sensibilidad interpersonal como son la memoria de las personas, el reconocimiento de las emociones, el conocimiento de señales no verbales y la interpretación de señales verbales y no verbales. Esto puede ser debido a que las mujeres han desarrollado siempre roles sociales dirigidos al cuidado que enfatizan la sensibilidad emocional. Esto podría hacer que aumentase la sensibilidad social a través de la práctica y la creación de estereotipos que afecten de manera diferente al rendimiento de hombres y mujeres.

Se ha comprobado, incluso, que los hombres se desempeñan peor en tareas enmarcadas como femeninas que cuando se enmarcan como masculinas o no se enmarcan. En cambio, en relación con la detección de la mentira no hay estereotipos aparentes sobre que las mujeres sean más sensibles en la detección del engaño. De hecho, si nos fijamos en una de la profesión que más pueden utilizar la detección del engaño, como es la policía, la gran mayoría son hombres. Hay investigaciones que incluso han llegado a la conclusión contraria, que los hombres son mejores detectando mentiras que las mujeres. Los metanálisis no han encontrado evidencias sólidas sobre la mejor precisión en la detección del engaño por alguno de ambos géneros.

En cuanto a la relación del género de la persona que miente, a pesar de haber recibido menos atención, las conclusiones tampoco son definitivas. Unas investigaciones concluyeron que las mujeres eran mejores mintiendo que los hombres ya que tienen más práctica con las emociones y su demostración, y, por tanto, serían capaces de mentir mejor sobre ellas. Mientras que otras investigaciones concluyeron que era más difícil de detectar a los mentirosos masculinos. La teoría que subyace a estas dos conclusiones opuestas es la misma. En este último caso se apuesta a que la causa de que sea más fácil leer a las mujeres es justamente su mayor emocionalidad, lo que hace más fácil que se le escape la emoción real que están sintiendo. Parece ser que hay una mayor evidencia que apuesta porque son mejores mentirosos los hombres, pero no se pueden llegar a conclusiones definitivas firmes.

En la relación con la detección del engaño y la combinación del género del objetivo como del perceptor se concluyó que los preceptores femeninos en comparación con los masculinos eran más precisos en la detección del engaño en blancos masculinos. Por el contrario, los preceptores masculinos fueron más precisos en blancos femeninos. Esto puede explicarse debido a los sesgos y preferencias del género. Confiamos más en las personas de nuestro propio género y puede hacer que nos perdamos pistas sobre el engaño. Pero estudios posteriores no consiguieron comprobar ese efecto.

¿Por qué existen hallazgos tan inconsistentes en esta área? Primero, porque muchos estudios clásicos en este tema tenían conjuntos de estímulos relativamente pequeños, en gran parte debido a la dificultad de crear estímulos de alta calidad en los paradigmas de detección de mentiras. Segundo, muchos estudios que observaron los efectos del género del perceptor tienen bajo poder estadístico. Tercero, algunas inconsistencias de los efectos de género en la detección de mentiras pueden ser metodológicas. Finalmente, los hallazgos del efecto de género también pueden ser ocultados por cuestiones analíticas.

En el presente estudio se analiza el papel del preceptor y el género del objetivo, además se intentan evitar algunos de los problemas que presentaba la literatura prexistente. Para ello se reclutó una gran cantidad de muestra (402 sujetos) y una gran cantidad de vídeos (320) con igualdad de mujeres y de hombres y contando dos verdades y dos mentiras. Los vídeos fueron extraídos de la Base de Datos de Detección del Engaño de la Universidad de Miami, y se normalizaron multitud de variables para que el trabajo contara con más control. Esto permitió usar la Teoría de Detección de Señales (SDT) que ofrece una mayor precisión sobre los mecanismos subyacentes a la detección de mentiras, ayudando a no confundir la capacidad de discriminar entre verdades y mentiras con la tendencia a favorecer una respuesta sobre otra.

Los 402 sujetos (203 hombres y 199 mujeres) vieron cada uno un subconjunto de la muestra de vídeos. Los participantes eran su mayoría blancos (83’5%) y con edades comprendidas entre los 18 y los 78 años. Los vídeos eran muestras de 80 sujetos diferentes (40 hombres y 40 mujeres) diciendo verdades y mentiras sobre sus relaciones personales. Sus edades estaban comprendidas entre los 18 y los 26 años. Los sujetos grababan los videos con las siguientes instrucciones, primero describir a una persona que les gustara, porque les gustaba y que dijeran sus cualidades positivas, después tenían que describir a la misma persona, pero en este caso tenían que mentir y decir porque no les gustaba y sus cualidades negativas.

En el tercer vídeo tenían que describir a una persona que no les gustase decir porque no y sus cualidades negativas y para acabar un cuarto vídeo donde mintieran diciendo porque les gustaba esa misma persona y sus cualidades positivas. Cada participante fue asignado al azar para ver uno de los 20 conjuntos de vídeos diferentes que había, cada conjunto contenía 16 vídeos. Cada conjunto incluyó ocho vídeos de objetivos femeninos (cuatro verdades y cuatro mentiras) y ocho vídeos de objetivos masculinos (cuatro verdades y cuatro mentiras). Cada conjunto de vídeos incluía una verdad negativa, una mentira negativa, una verdad positiva y una mentira positiva, de dos mujeres y de dos hombres.

Después de ver cada vídeo, los participantes respondían a cuatro preguntas que siempre estaban en el mismo orden: ¿Esta persona está diciendo la verdad o una mentira?, ¿cómo de atractiva es esta persona?, ¿qué confiable es esta persona?, y ¿cómo de ansioso te parece está persona? A la primera pregunta tenían que seleccionar verdad o mentira y las otras tres se evaluaron mediante una escala del 1 al 7 donde el 1 era “De ningún modo” y el 7 era “Extremadamente”.

Los resultados del estudio en primera instancia replicaron conclusiones de la literatura preexistente como que los preceptores exhiben habilidades de detección de mentiras un poco mejor que el azar o que muestran un sesgo de verdad general en sus juicios. Como resultados novedosos se puede hablar de que los preceptores revelaron una mayor sensibilidad y precisión para sus juicios sobre objetivos femeninos que para objetivos masculinos. Además, los perceptores juzgaban a los objetivos masculinos como veraces más a menudo que los objetivos femeninos. Sin embargo, no se observó ningún efecto del género del perceptor en la sensibilidad, precisión o sesgo de verdad.

Tampoco se encontró interacción entre el preceptor y el género objetivo en cualquiera de los resultados. Una explicación posible a por qué se juzga como más veraces a los hombres pueden ser los estereotipos. Los hombres son más agresivos físicamente y las mujeres para agredir utilizan más la agresión relacional a través de chismes y cotilleos. Por ello se ven que son más propensos al escepticismo respecto a los objetivos femeninos. Una limitación importante del estudio es que solo se usaron videos con pequeñas mentiras que serían extrapolables a lo que se puede encontrar en nuestro día a día, pero no se podría extrapolar a las grandes mentiras como en la detección de engaño en el ámbito criminal.

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