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Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Detección de mentiras (página 1 de 16)

¿Cómo percibir el engaño en negociaciones? Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Perceived deception in negotiation: Consequences and the mediating role of trust” de Au, A. K. C. y Wong, N. C. Q. (2019), en el que se estudia la percepción del engaño en las negociaciones.

La negociación es común en la vida cotidiana, pudiéndose ver como una forma de resolución conjunta de problemas. Sin embargo, se trata de una situación de cooperación atípica, en la que las partes pretenden alcanzar sus propios objetivos personales.

En tal contexto, encontramos el dilema de la información. Participar en una comunicación abierta y honesta es fundamental para que las partes negociadoras descubran la compatibilidad de sus intereses, pero revelar información sobre los verdaderos intereses de uno puede resultar en explotación por parte de la contraparte de la negociación.

No es de extrañar, entonces, que nos cuestionemos si la otra parte con la que negociamos está siendo honesta con nosotros o, por el contrario, pretende engañarnos.

Si bien el engaño ha sido estudiado en múltiples ocasiones desde la perspectiva de quien lo lleva a cabo, no se puede decir lo mismo de la otra parte. Cabe señalar que, desde el punto de vista del receptor, los mecanismos psicológicos relacionados con el engaño no dependen de su ocurrencia real. Un negociador a menudo se ve atrapado entre juzgar a la contraparte como una persona que dice la verdad o miente, a menudo sin pruebas objetivas.

La medida en que la contraparte de la negociación se perciba como engañosa debería influir en la cognición y conductas del perceptor en el proceso de negociación. La negociación se caracteriza por la incertidumbre informativa con respecto a los motivos y las intenciones entre las partes involucradas. De manera intuitiva, las personas pueden ceñirse a la verdad para encontrar la mejor solución. Pero la incertidumbre crea la oportunidad para que una persona use estratégicamente el engaño.

Por un lado, la negociación puede verse como una situación que genera desconfianza presuntiva o exageradafácilmente. Los roles en una negociación a menudo se definen claramente (por ejemplo, comprador y vendedor), creando un sentido de distinción. Los negociadores tienden a ver que sus acciones son monitoreadas por su contraparte. Además, como decíamos, la ambigüedad sobre las intenciones contribuye a no estar seguros de la propia posición en una negociación. En conjunto, todo esto hace que la cognición paranoica sea relevante para las negociaciones y el posible engaño de la contraparte.

Por otro lado, a la paranoia debemos añadir que, generalmente, las personas no saben detectar adecuadamente el engaño. Son comunes las falsas alarmas o los juicios erróneos sobre el engaño, basándose en la intuición. Las personas se fundamentan en señales verbales o no verbales, pero no asociadas de manera confiable con el engaño real. Como consecuencia, esto puede hacer que algunas personas juzguen mal su verdadera capacidad para detectar el engaño.

De forma global, algunos de los signos no verbales que se asumen como indicativos de engaño son el nerviosismo, la incoherencia, ciertos movimientos corporales y expresiones faciales, inconsistencias en las respuestas verbales… Una señal destaca universalmente: la aversión de la mirada. Curiosamente, algunos estudios demostraron empíricamente que esta última no tiene por qué estar relacionada con el engaño.

Entonces, ¿qué efectos tiene la percepción del engaño en las negociaciones, sea este real o solo percibido?

Para tratar de dar respuesta a estas cuestiones, los autores llevaron a cabo dos estudios. En el primero, participaron 99 estudiantes universitarios. Se les dijo que el estudio trataba de investigar estrategias que las personas suelen utilizar en una negociación.

Primero leyeron los antecedentes de un escenario de negociación y se pusieron en el papel del vendedor. Luego se les asignó al azar ver una de las dos versiones de un video que mostraba parte del proceso de negociación; este era una continuación del escenario que acababan de leer. Después, completaron un cuestionario sobre sus percepciones de la contraparte. Concretamente, en el cuestionario se midió la concesión prevista, medidas relacionadas con la confianza, engaño percibido, disposición a revelar información y satisfacción con la contraparte negociadora

En este estudio, los resultados mostraron lo siguiente. En cuanto al engaño percibido, se manipuló exitosamente mediante la exhibición de señales no verbales que normalmente se consideran signos de engaño. Sobre las medidas de confianza y de negociación, el engaño percibido se relacionó negativamente con las medidas de confianza basadas en la capacidad y la benevolencia.

Una posible explicación es que la habilidad de engañar suele asociarse con ser un negociador competente. En consecuencia, puede que la mayoría de negociadores esperen el engaño, o al menos una falta de honestidad sobre los verdaderos intereses de la contraparte. Es posible que el engaño percibido dé lugar a respuestas negativas en la negociación directamente, sin pasar por la confianza.

Para tratar de completar estos resultados, los autores condujeron un segundo estudio, si bien con las mismas bases que el primero, con algunas modificaciones. Esta vez participaron 227 estudiantes universitarios. Esta vez, en lugar de las dos versiones de los vídeos se les mostró tres versiones. Una con signos no verbales evidentes de engaño, otra con signos sutiles y una tercera neutral, sin signos de ningún tipo.

Así pues, en este segundo estudio se hicieron dos hallazgos principales. En primer lugar, la percepción de engaño ejerció un efecto en forma de mediación secuencial. Esto es: primero se hace un juicio en forma de engaño percibido antes de que se forme confianza en la contraparte. En segundo lugar, las señales sutiles, como una pequeña aversión de la mirada y pausas en el habla, podrían desencadenar un engaño percibido más alto que en la condición neutral. Ejercen el mismo efecto de mediación secuencial, aunque la fuerza del efecto es menor que mostrar señales evidentes.

Por tanto, en líneas generales, los resultados muestran que percibir señales no verbales en la negociación que sugieren engaño desencadena el engaño percibido. Este está relacionado con la percepción de confiabilidad (habilidad, benevolencia e integridad), así como con la confianza en la contraparte. La confianza entonces es clave, ejerciendo un efecto sobre la negociación. Dicho efecto incluye la reducción de la concesión prevista, la voluntad de revelar información y la satisfacción con la contraparte. Todo el mecanismo toma la forma de una mediación secuencial.

El engaño percibido es relevante porque no siempre se espera una comunicación abierta en negociaciones. Independientemente de la presencia de un engaño real, el engaño percibido puede acarrear efectos perjudiciales para la negociación, a través de comportamientos protectores. Esto descarta la posibilidad de que algunos signos puedan simplemente indicar que la contraparte está nerviosa o actúa con cautela. Consecuentemente, juzgar el engaño podría obstaculizar los posibles beneficios que podrían obtenerse mediante la comunicación abierta.

La necesidad de controlar los propios comportamientos no verbales es importante. Actuar de forma sospechosa inintencionadamente puede desencadenar respuestas indeseables de la contraparte. Los hallazgos también recuerdan a los negociadores que sus respuestas se ven afectadas por las señales no verbales que perciben en el proceso de negociación.

Por ende, en lugar de sopesar excesivamente las señales no verbales, sería más valioso para los negociadores confiar en múltiples señales o recopilar más información sobre la contraparte a través de la búsqueda directa de información para emitir un juicio sobre el engaño.

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Coherencia comunicativa: qué dices y cómo lo dices son igual de importantes. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “How verbal-nonverbal consistency shapes the truth” de ten Brinke L. y Wisbuch M. (2020), en el cual se analiza la coherencia entre el lenguaje verbal y no verbal como característica de importancia en el proceso de comprensión de un mensaje y en las evaluaciones de veracidad de dicho mensaje.

Cuando nos comunicamos con otros cara a cara, la comprensión de cada mensaje implica oír y ver. A lo largo de la historia de la humanidad, las personas se han comunicado mayoritariamente en base a esta integración de información multimodal y, por tanto, a través de lo verbal y de lo no verbal.

Actualmente, aunque utilicemos muchas herramientas digitales para comunicarnos, hay cierta preferencia para aquellas que permiten esta integración. Por ejemplo, ver un video es más preferible que escuchar un podcast.

Utilizar mensajes de texto o hablar por teléfono no implican una comunicación a través de varias modalidades sensoriales. No obstante, como ya explicamos en otros artículos de blog, tampoco conllevan una ausencia total de señales que desempeñen el papel de lenguaje no verbal.

En cualquier caso, los autores del estudio antes mencionado proponen que la comunicación en la que se permite escuchar lo verbal y observar lo no verbal da lugar a mayor facilidad de comprensión. Esta facilidad significa que la comprensión de un mensaje es un proceso fluido. La fluidez, a su vez, impactaría en las evaluaciones que se hacen del mensaje, por ejemplo, si es veraz o no.

La fluidez de comprensión tendría un papel mediador entre la coherencia verbal y no verbal de un mensaje y las evaluaciones que el receptor hace de dicho mensaje. Cuando hay incoherencia entre lo verbal y lo no verbal, el mensaje no se entrega de la manera adecuada. Por ello, también es probable que las evaluaciones sean otras que las intenciones comunicativas del mensaje.

Y ¿por qué? La fluidez que experimentamos en nuestra comprensión de un mensaje puede indicarnos varias cosas.  Que lo que el emisor dice nos es familiar, frecuente, perceptible o atractivo. Y más importante aún, que el mensaje es veraz.

Por ejemplo, si hacemos una pregunta moviendo la cabeza de un lado a otro, ello puede ser incoherente en nuestra cultura, mezclando interrogación con negación. El receptor del mensaje puede sentir confusión y no saber responder a ello.

Si decimos tenía muchas ganas de verte con los brazos cruzados y el cuerpo rígido, también es posible que nuestro interlocutor experimente dudas de la veracidad de esa frase. También cabe destacar en este contexto el conocidísimo efecto McGurk.

Puede que la incoherencia entre el lenguaje verbal y el no verbal no afecte siempre a la (percepción de) comprensión per se del mensaje. No obstante, impediría una integración adecuada de dicho mensaje (fluidez) y, por ello, puede afectar en las evaluaciones posteriores. Por tanto, parece lógico considerar que la coherencia comunicativa es una característica importante del comportamiento de comunicación.

Si la coherencia comunicativa influye en si un mensaje nos parece veraz o engañoso, puede que también sea una característica clave a estudiar en el contexto de la detección del engaño. En cambio, en los estudios de detección de la mentira, el objeto de análisis ha sido mayoritariamente el lenguaje verbal y no verbal de manera aislada. ¿Qué pasaría si se estudian de manera conjunta? Vamos a verlo.

En un primer estudio, los participantes deben observar videos en los cuales una persona está contando que alguien en particular le cae bien.  En algunos de estos videos, dicha persona dice la verdad y, en otros, miente.

Los 61 participantes del estudio se dividen en 3 grupos. Un primer grupo evalúa la coherencia comunicativa del emisor. Ello requiere evaluar el grado en el que el comportamiento visible (no verbal) de los emisores es consistente con lo que han dicho (verbal).

Un segundo grupo evalúa la fluidez de comprensión basada en los mensajes en video. Y ello requiere que cada participante informe de la facilidad que ha experimentado para entender cada mensaje. El tercer grupo no observa los videos, sino sus transcripciones. También evalúa la fluidez de comprensión de los mismos mensajes, pero basada en lenguaje escrito.

Los resultados de estas primeras mediciones indican que la coherencia comunicativa sí tiene efectos en la fluidez de comprensión, pero dichos efectos varían de un individuo a individuo.  Es decir, no se trata de un efecto universal. Además, la coherencia comunicativa que percibieron los participantes no fue diferente en función de si en los videos se contaba una verdad o una mentira. Si la coherencia comunicativa sería un indicador de verdad, los participantes deberían percibir fluidez de comprensión solo para aquellos mensajes veraces.

Puede ser que la fluidez de comprensión solo se base en lo verbal.  Es decir, al emitir un mensaje fácil de comprender haría que el lenguaje verbal y no verbal del emisor sean coherentes entre sí. En este caso, la veracidad del mensaje no tendría un efecto diferencial en la coherencia comunicativa. Por tanto, los participantes no detectarían ni coherencia ni fluidez de comprensión de manera diferencial en función de la veracidad de los mensajes.

Si esto es así, deberían haberse observado las mismas asociaciones cuando se trata de mensaje escritos. En cambio, los resultados indican que las evaluaciones de las transcripciones de los videos no muestran las mismas asociaciones. De hecho, se observa que la fluidez de comprensión en video-mensajes ha sido significativamente mayor que en los mensajes transcritos. Por tanto, el lenguaje no verbal sí puede mejorar la comprensión, aunque no siempre.

Todas las relaciones observadas en el primer estudio no son más que asociaciones sin dirección ni causalidad. Por ello, se desarrolla un segundo estudio con 95 participantes, más orientado a las evaluaciones de la veracidad y que busca establecer relaciones causales entre las variables.

En este caso, se manipula la coherencia comunicativa de video-mensajes veraces. La manipulación consiste en hacer que el canal audio se retarde 600 milisegundos con respecto al canal video.  Por tanto, los participantes observan videos alineados verbal y no verbalmente (sin manipulación), así como no alineados. Después de ver cada video, evalúan si el emisor del mensaje dice la verdad o miente.

Se registraron muchas más evaluaciones de veracidad para los videos alineados que para los no alineados. En este caso, la coherencia comunicativa muestra su impacto, porque aquellos videos no manipulados contienen mensajes coherentes verbal y no verbalmente. Por tanto, ya se podría hablar de una relación causal: la coherencia comunicativa causa evaluaciones de veracidad de los mensajes que la contienen.

El posible papel mediador dela fluidez de comprensión no ha sido objeto directo de este segundo estudio, por lo que se desarrolla un análisis a posteriori con 18 nuevos sujetos. Tal como se esperaba, la percepción de fluidez de comprensión ha sido mayor en los videos alineados que en los no alineados.

Por tanto, una persona escucha y ve un mensaje. Percibe coherencia entre el ver y el escuchar o, mejor dicho, entre el qué dice y cómo lo dice del emisor. Esa coherencia facilita la comprensión, por lo menos la persona lo experimenta como tal. Todo ello le hace evaluar que el mensaje del emisor es veraz. En caso contrario, la falta de coherencia llevaría a experimentar una comprensión baja o confusa; por ello, es probable que el receptor evalué el mensaje como falso o que dude de él.

Si cuando al hablar con una persona tenemos la sensación de que nos miente, puede que dicha persona refleje incoherencia entre su lenguaje verbal y no verbal (lo que dificultaría la fluidez de comprensión). En cualquier caso, ello no implica que la coherencia comunicativa sea indicadora de la verdad y que la falta de ella indique mentira. No nos olvidemos que se trata de evaluaciones de veracidad que las personas hacen. Dichas evaluaciones fluctúan según la coherencia que uno percibe y dicha percepción está mediada por la facilidad que se experimenta para comprender un mensaje.

Además, se plantea que el efecto de experimentar fluidez de la comprensión sería el de sesgar positivamente, dando lugar a evaluaciones positivas y a un aumento de la confianza en las evaluaciones generadas. ¿Será por eso por lo que no conseguimos detectar bien las mentiras?

 

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Alexitimia e interpretación del lenguaje no verbal. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos el Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Alexithymic traits predict the speed of classifying non-literal statements using nonverbal cues” de Jakobson L. S. y Pearson P. M. (2020), en el cual se explora la habilidad de las personas con alexitimia en interpretar adecuadamente mensajes verbales y no verbales no literales, tales como sarcásticos, bromas o mentiras piadosas.

La alexitimia es un rasgo de personalidad que implica un estilo de pensamiento lógico y enfocado al exterior, limitaciones en la habilidad de fantasear, así como dificultades para interpretar, describir y regular emociones.

En cuanto a otros aspectos que la describen, hay opiniones mixtas. Algunos investigadores defienden que los individuos con alexitimia también presentan un deterioro (o un desarrollo inadecuado) de la Teoría de la Mente. La Teoría de la Mente (TM) se refiere a la habilidad de hacer inferencias sobre el estado mental y afectivo de otras personas.

Si en la alexitimia habría ese deterioro, por ello habría un impacto en los procesos socio-perceptivos y/o cognitivos. En el primero caso, el deterior se traduciría en, por ejemplo, dificultades para decodificar señales no verbales de otros. En el segundo caso, se trataría de un deterior a nivel lingüístico y de razonamiento.

Algunos estudios mostraron que las personas con alexitimia muestran una respuesta psicológica atípica ante posturas corporales emocionales.  En otros se ha observado un deterioro en la habilidad de detectar, reconocer y etiquetar expresiones faciales rápidas. También se ha visto deterioro en el procesamiento de señales prosódicas y vocalizaciones no verbales como risa o llanto.

A nivel fisiológico, los deterioros que se dan en alexitimia se han asociado a una activación atípica de las vías sensorio-motoras y de los aspectos fisiológicos ligados a la emoción.  Si es así, todo ello puede interferir en la habilidad de simular el estado mental de otra persona.

Para entender fácilmente lo que implica esa simulación, un ejemplo. Cuando un amigo es sarcástico, hay un montón de señales que somos capaces de procesar y entender que lo dicho, verbal y no verbalmente, es sarcasmo o broma.  De no ser así, todo lo que dicen los demás, con palabras y cuerpo, se interpretaría de manera literal. Por otro lado, la TM abarca mucho más, como decíamos, lo afectivo y lo cognitivo. Gracias a ello, podemos captar las emociones ajenas y cambiar nuestra perspectiva por la de otro.

Varios grupos científicos defienden que la alexitimia no implica deterioro en detectar si algo debe ser interpretado de manera literal o no, excepto cuando la detección precisa depende de una inferencia sobre el estado afectivo del otro. Otros grupos científicos han mostrado que las personas con niveles altos de alexitimia no son menos precisos en esa detección, sino más lentas. En este último caso, los hallazgos provienen de estudios sobre la detección del sarcasmo en mensajes escritos.

Por eso, los autores de este estudio plantean algo similar, pero en el lenguaje oral. Consideran que es posible que las personas con alexitimia tarden más en detectar adecuadamente sarcasmo y similar. También plantean que las dificultades se darán especialmente cuando la interpretación del mensaje solo se basa en señales no verbales.

En el estudio participan 70 estudiantes. Todos miran varios videos en las que hay dos personas interactuando. Una pregunta y la otra responde. En algunos videos la respuesta es sincera y en otros no. Las respuestas son: literales positivas (p. ej. un cumplido), literales negativas (p. ej. crítica), mentira piadosa negativa (con sarcasmo, con connotación negativa), mentira piadosa positiva (broma, con connotación positiva).

La mitad de los videos se muestran sin audio, por lo que los participantes pueden interpretar solo el lenguaje no verbal. La otra mitad se muestra con audio, por lo que el lenguaje no verbal se puede poner en contexto.

Los participantes también cubren varios cuestionarios. Uno de ellos evalúa la alexitimia: Escala de Alexitimia de Toronto (TAS-20). Esta escala se compone de tres subescalas que miden: dificultad para identificar emociones (DIE), dificultad para describir emociones (DDE) y estilo de pensamiento orientado hacia lo exterior (EPOE). Se espera que la DIE y la DDE predigan mejor que la EPOE el rendimiento en la tarea experimental, con diferencias según sexo y nivel de IQ verbal.

Acorde a hallazgos previos, se observa que la alexitimia no está asociada a una precisión deteriorada para discernir las intenciones de un hablante. De hecho, al controlar la varianza debida al IQ verbal y al sexo, los autores encontraron que las puntuaciones más altas de DDE predicen una mayor precisión en la condición no verbal.

Una posible explicación para este resultado es el siguiente. En muestras no clínicas (estudiantes), las puntuaciones de DDE y DIE están positivamente relacionadas con dos aspectos de la sensibilidad del procesamiento sensorial: facilidad de activación y tener menores umbrales de sensibilidad sensorial.

Aquellos que obtuvieron puntuaciones altas en DDE pueden haber encontrado atractiva la complejidad de la tarea. Si es así, ya conseguirían cierta activación y se volverían más sensibles en el análisis perceptivo de las señales no verbales. Por lo que cualquier esfuerzo adicional que hayan realizado para procesar la información de los videos puede haber mejorado su rendimiento.

Por supuesto, si en los videos se hubiesen mostrado interacciones mucho más cargadas emocionalmente, estos individuos podrían haber sido más fácilmente abrumados por ello, lo que daría lugar a un desempeño poco preciso.

Más importante aún, se observó que los sujetos con puntuaciones altas en la escala DIE necesitaron más tiempo para determinar el tipo de respuesta que se mostraba en videos de la condición no verbal. Es decir, cuando las personas con dificultad para identificar emociones deben interpretar si un mensaje no verbal es literal o no literal, interpretan correctamente, pero necesitan más tiempo que una persona que no tiene esas dificultades.

Por ejemplo, imaginemos que una persona con alexitimia nos cuenta una experiencia triste para ella. Nosotros, los que escuchamos, respondemos con una sonrisa ligera, no muy marcada, cálida, típicamente mostrada en situaciones de apoyo. Ante esa respuesta no verbal, si la persona con alexitimia la interpreta de manera literal, ¿qué captará?

Según este estudio, podrá entender de que no se trata de una sonrisa como tal, captar la no literalidad, solo que tardará más tiempo. No obstante, si hay mucha carga emocional, puede que no sea capaz de interpretarla adecuadamente.

Aunque se necesitan más estudios, estos resultados tiene utilidad para comprender las dificultades a los que se enfrentan las personas con alexitimia. Dificultades en interacciones sociales, que fácilmente puede quitar calidad de vida.

 

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¿Sabemos detectar emociones fingidas? Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “When do we see that others misrepresent how they feel? Detecting deception from emotional faces with direct and indirect measures” de Stel M. y van Dijk E. (2018), en el cual se analiza la capacidad de las personas para detectar cuando alguien finge sus emociones, sean positivas o negativas.

Más de una vez expresamos emociones que no reflejan realmente qué sentimos. Disimulamos una sonrisa cuando estamos tristes o cuando alguien nos cae mal. Disimulamos tristeza cuando queremos convencer a alguien que sentimos haber echo algo mal, aunque no lo creemos de verdad.

La expresión emocional consiste, en otras, en mostrar señales no verbales que indican a los demás las emociones que sentimos. Estas señales no verbales son parte de la comunicación no verbal y muchas de ellas son espontáneas y difícil de fingir, especialmente en términos de microexpresiones faciales.

Detectar si las emociones que otros expresan son reales no solo es importante en el contexto de la vida cotidiana, sino también en contextos más profesionales (p. ej. cuando se negocia) o en contextos forenses (p. ej. para detectar mentiras). En este último caso, las evidencias muestran que las personas no son muy buenas en detectar el engaño.

Las posibles razones son la tendencia de las personas a confiar más que desconfiar o las creencias incorrectas y basadas en mitos en cuanto a las señales que indican engaño. Por ejemplo, solemos creer que el que miente debe mostrar signos de nerviosismo, evitar mirar a los ojos, etc. Pero, como ya hemos expuesto en otras publicaciones, muchas señales de engaño son bastante diferentes de las creencias populares. Otros autores consideran que la poca detección del engaño que se consigue en la población normal se debe al hecho de basarse en señales no verbales que predicen muy débilmente el engaño.

En cuanto a la detección de emociones, las evidencias son mixtas, aunque se tiende también hacia una detección muy poco por encima del azar. Curiosamente, parece que de lo que más capaces somos es de detectar la sonrisa Duchenne de la no Duchenne, justo una señal de comunicación no verbal y emocional que se puede fingir más fácilmente que otras.

En los estudios previos sobre la discriminación entre emociones genuinas y no genuinas y detección del engaño se han utilizado muy poco las medidas indirectas. Es decir, se suele preguntar a los sujetos directamente si creen que los sujetos bajo análisis engañan, sea en cuanto a señales de comunicación no verbal, verbal o emocional (medidas directas).

En cambio, en este estudio se utilizan tanto medidas directas como indirectas. Los autores se basan en la hipótesis de que una medida indirecta que requiera a los sujetos elegir qué emoción siente un determinado sujeto podría mostrar un rendimiento más objetivo en cuanto a la capacidad natural de las personas de detectar el engaño.

Se llevan a cabo dos estudios similares. En ambos, los participantes observan unos videos previamente creados, en los cuales una persona le cuenta a otra algo que ha visto, expresando señales emocionales positivas o negativas. Se presentan cuatro tipos de videos: con sujetos que sienten y expresan emociones positivas o negativas y con sujetos que sienten una de estas emociones, pero expresan las opuestas. En el primer estudio, la muestra de videos se compone de 8 y, en el segundo, de 12 videos.

En la medición directa, los participantes evalúan, a través de una escala Likert de 7 puntos, en qué medida creen que los sujetos de los videos dicen la verdad. En el segundo estudio, se añade la misma evaluación, pero sobre la mentira. En la medida indirecta, los participantes deben elegir una emoción de varias, eligiendo a aquella que creen que el sujeto del video realmente siente. En el primer estudio se incluyen ítems relativos a 12 tipos de expresión emocional (tensión, entusiasmo, agrado, preocupación, ira, enfado, confusión, alegría, tristeza, irascibilidad, felicidad, monotonía/melancolía). En el segundo estudio se añaden 6, más relacionadas con el engaño (miedo, asustado, ansiosos, nervioso, culpable, arrepentido o que muestra autocastigo/penitencia).

Dado que la finalidad de haber hecho dos estudios similares es verificar la replicabilidad de los resultados, los autores consiguen este objetivo. En ambos estudios, los participantes detectaron más el engaño cuando los sujetos de los videos expresaban emociones negativas. Estos resultados son consistentes con las evidencias previas sobre la dificultad de detectar el engaño a partir de la expresión de señales no verbales positivos, tales como indicadoras de alegría, satisfacción o entusiasmo.

Una explicación posible de una mejor detección del engaño a partir de emociones negativas (aunque no muy respaldada por las evidencias previas) se daría en términos de estado de ánimo. Por lo general, tanto el estado de ánimo positivo como negativo impacta de una manera particular en el procesamiento de la información y, por lo tanto, en cómo nos expresamos verbal y no verbalmente.

Las personas con un estado de ánimo positivo suelen basarse más en heurísticos. En cambio, las personas con un estado de ánimo más negativo suelen comprometerse en un procesamiento más cauteloso y que conlleva más esfuerzo. Probablemente, de aquí se deriva la idea de que una persona triste reflexiona más y coge mas perspectiva de las cosas, a diferencia de una persona feliz que se enfoca más en las experiencias y menos en el análisis de estas. Es posible que fingir emociones negativas sea mucho más complejo y, por tanto, más fácil detectar cuando se fingen.

Este efecto de las emociones negativas como mejores indicadores de engaño o veracidad se observó solo a través de las medidas indirectas. Cuando se pidió directamente evaluar (medidas directas) si un sujeto observado miente o dice la verdad, no hubo una buena detección independientemente del tipo de emociones expresadas. Una vez más, estos resultados diferenciales en cuanto a medidas directas versus indirectas son consistentes con otros estudios en los cuales las medidas directas de detección del engaño no mostraron un buen rendimiento de los participantes.

Se plantea que las medidas indirectas ofrecen mejor detección del engaño porque en estas se pide explícitamente prestar atención a las emociones. Esto hace que las personas se fijen más en qué sienten y expresan los sujetos de los videos y se facilita detectar discrepancias entre una y otra. También puede ser que los participantes se hayan fijado en señales visuales y afectivas que, posiblemente, difieran entre mentirosos y sinceros.

Como conclusión, la capacidad de distinguir emociones veraces de las simuladas depende tanto de la valencia emocional —negativa vs. positiva—, como del procedimiento de medición —directo vs. indirecto—.

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Análisis de la verdad para detectar las mentiras. Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “The anatomy of confession: an examination of verbal and nonverbal cues surrounding a confession” de Dunbar N. E., Bernhold Q. S., Jensen M. L. y Burgoon J. K. (2018), en el cual se analizan las variaciones en el comportamiento no verbal desde antes de confesar hasta después de hacerlo y las estrategias de entrevista utilizadas.

El principal objetivo de los investigadores y entrevistadores de sospechosos es obtener una confesión y detectar si estos mienten. El foco de mira suele ser las declaraciones falsas y las confesiones (veraces) se valoran como anomalías. El análisis de estas últimas solo alcanza una comparación con las declaraciones falsas.

Una confesión suele ignorarse y, en el momento en el cual se detecta una declaración como veraz, se omite de la observación. Esta omisión ocurre a menudo en los estudios experimentales, dado que una confesión ya no cumple la condición de engaño a la cual fue asignada.

Examinar las confesiones es importante principalmente porque algunos hallazgos indican que las personas a menudo utilizan una confesión para destapar mentiras (13,9% de los casos) o en paralelo a otros métodos para dejarlas a descubierto (55% de los casos).

En este estudio, el objetivo principal es observar y entender los cambios en el comportamiento no verbal (CNV) de los entrevistados, atendiendo a las diferencias entre el CNV de antes y después de confesar.

Los cambios en el CNV se analizan a través de cinco indicadores de comunicación: sincronía, dominancia, tensión, amabilidad (agrado) y cooperación (involucramiento). Estos son los cinco más relevantes en el estudio de las confesiones de un total de 12 temas que se utilizan a menudo como lentes heurísticas en el análisis de la comunicación (Burgoon y Hale, 1984; 1987).

La sincronía se refiere a la coordinación de los patrones de comportamiento entre ambas partes en una interacción. En la detección del engaño se tiene en cuenta como posible estrategia del que engaña, pero también son importantes las estrategias de entrevista. Desde la Teoría Interpersonal del Engaño, se postula que el que intenta engañar debe sincronizarse con su interlocutor para mantener una apariencia de compenetración y para procesar adecuadamente información inesperada que recibe de este (p. ej. preguntas inesperadas).

La dominancia es un intento de control y de ganar ventaja en la interacción a través de actos comunicativos (p. ej. dando argumentos más sólidos). La tensión se observa en un comportamiento de comunicación acelerado o inquieto y, a modo general, se ha observado que los que mienten se muestran más tensos que los que dicen la verdad. Por último, ser agradable y cooperar o involucrarse se refieren a comportamientos verbales y no verbales que indican interés en la conversación y una expresión emocional positiva.

En todos estos temas, se desconoce la gradación que pueden presentar los que mienten desde antes hasta después de una confesión. Existen razones para mostrar comportamientos verbales y no verbales de todos estos indicadores tanto antes como después confesar. Por ejemplo, el que miente puede mostrarse más tenso antes de confesar, por los esfuerzos de mantener la calma; y también puede mostrar más signos de tensión después de una confesión, como respuesta de miedo e incertidumbre sobre la gravedad de las consecuencias.

Los autores del estudio también atienden a las estrategias de entrevista más eficaces en obtener una confesión. Las evidencias hasta el momento hablan, por ejemplo, de obtener mayor número de confesiones cuando el entrevistador actúa de manera más amable y es más humano. También se observó lo opuesto: más confesiones cuando hay mayor presión en las entrevistas policiales. Otro elemento importante sería presentar evidencias claras y fuertes sobre las mentiras de los sospechosos e incluso evidencias falsas, dado que pueden incrementar las tasas de confesión si son fuertes.

Otra cuestión para resolver en el estudio es si las estrategias de entrevista se asocian de manera diferencial con el CNV de antes y después de una confesión. Por ejemplo, si el entrevistador detecta más tensión antes de una confesión ¿utilizará estrategias de entrevista diferentes a que si nota otros indicadores no verbales? Y cuando se obtiene una confesión, ¿son esas estrategias utilizadas las que predicen un cierto CNV en el sospechoso? Aunque en la práctica algunos profesionales consideren que el CNV no sea fiable, observándolo de manera holística con el comportamiento verbal puede dar indicios fiables, especialmente en términos de sincronía.

Seis estudiantes previamente entrenados evalúan el CNV y las estrategias de entrevista de 86 videos de entrevista. En estas, cuatro profesionales entrevistaron a 86 sujetos que utilizaron el engaño (se les pidió previamente hacerlo) para ganar en un juego tipo Trivial. Los evaluadores de este estudio analizan un minuto de entrevista de antes y después de la confesión.

En cuanto al CNV, se observó un aumento en los indicadores no verbales de dominancia y amabilidad/agrado después de confesar. En cambio, desde antes hasta después de la confesión, la sincronía entre entrevistado y entrevistador disminuyó significativamente. La disminución de la sincronía puede deberse a que, una vez se confiesa, ya no hay necesidad de seguir aparentando honestidad. Además, cuando se confiesa, las preguntas sobre el engaño rompen la relación sincronizada previamente establecida.

Uno de los entrevistadores de los videos obtuvo muchas más confesiones que los demás. Su éxito pudo deberse al uso recurrente de la difusión de la responsabilidad – el sospechoso solo seguía órdenes de hacer trampa en el juego. También fue más minucioso en formular las preguntas y solicitó respuestas más claras y detalladas. Estas estrategias llevaron a un CNV más involucrado y cooperativo antes de confesar comparado con el uso de una estrategia basada en destacar la presencia de evidencia externa para incriminar al sospechoso.

Cuando los entrevistados confesaron seguidamente a la pregunta ¿has hecho trampa?, mostraron más tensión después de la confesión que los que confesaron espontáneamente. Estos últimos también se mostraron más agradables después de confesar que los que fueron avisados de la existencia de evidencias contra ellos. El aumento de la dominancia antes mencionado pueden deberse a que, una vez confesado el engaño, el sospechoso tiene la necesidad de dominar la interacción para poder dar las explicaciones oportunas sobre su comportamiento de engaño. De hecho, después de ¿has hecho trampa?, la respuesta iba acompañada a menudo de largas justificaciones.

A modo general, las estrategias acusatorias en la entrevista dieron peores resultados. Menos amabilidad y más tensión después de confesar y menos confesiones obtenidas. De hecho, el entrevistador que utilizó la difusión de la responsabilidad consiguió un 70% de 23 confesiones en las que se utilizó esta estrategia.

Cabe destacar que este entrevistador también utilizó significativamente más referencias éticas. No obstante, después de estas referencias, los entrevistados subrayaban la poca cantidad de dinero que se podía ganar en el juego (20$) – algo así como mi ética personal vale más que 20$ -. Esta es la razón probable por la que los sospechosos cargan la responsabilidad de su engaño a los que les mandaron hacerlo y no en el deseo de ganar el premio. Este dato es relevante porque en otros estudios se observó que los criminales que confiesan un crimen se diferencian de los falsos confesores en que suelen echar la culpa a las víctimas o a sus cómplices.

Concluyendo, analizar también las confesiones y los patrones de comportamiento verbal y no verbal que se dan en estos casos es una fuente de información de gran valor. Se consiguen puntos de referencia para la detección del engaño al conocer las diferencias comportamentales desde antes hasta después de una confesión y no solo a través de la comparación entre declaraciones falsas y veraces.

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