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Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Comunicación social (página 1 de 24)

La mirada: ¿un comportamiento no verbal del carisma? Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “From self-report to behaviour: mapping charisma onto naturalistic gaze patterns” de Maran T., Moder S., Furtner M., Ravet-Brown T. y Liegl S. (2019), en el cual se analiza la mirada como posible componente no verbal del repertorio de comportamientos que conforman ser carismático.

Persona que posee una presencia vibrante, que despierta en los demás el deseo de identificarse y comprometerse con sus metas, ideas e intenciones. ¿Te suena? Hablamos de las personas carismáticas. Aquellas que, cuando entran en una habitación, envuelven a todos los presentes con su energía y conecta con ellos con facilidad.

El carisma es un atributo personal bidimensional. Tiene una faceta de  influencia y otra de afabilidad. Las personas carismáticas son capaces de moldear a otros hasta cierto punto. Hacen que los otros experimenten una situación cómoda, amable y de confianza. No obstante, de lo que estamos hablando son de los resultados del carisma. Este es un problema encontrado en todas sus conceptualizaciones.

No sabemos que repertorio de comportamientos o señales conductuales conforman el carisma. Por ello, los autores del estudio citado optan por analizar el papel del lenguaje no verbal en la expresión del carisma. Los comportamientos no verbales son clave en la comunicación. Afectan a la recepción de los mensajes y parecen ser reguladores por excelencia del comportamiento ajeno en una interacción cara a cara.

El estudio de los comportamientos no verbales que pueden estar implicados en la expresión del carisma se inicia con uno muy relevante en cualquier interacción: la mirada. La vista en la comunicación tiene 3 funciones principales. Primero, aporta información sobre el estado mental del emisor de un mensaje. Segundo, moldea la percepción del receptor sobre el emisor. Y, tercero, moldea el comportamiento del receptor.

Mirar a los ojos tiene ventajas diferentes dependiendo de si se atiende a funciones del carisma de influencia o afabilidad. En términos de influencia se saca ventaja del mirar a los ojos para promover atribuciones de poder, potencial y dominancia. Mirando a los ojos hace que los seguidores se vuelvan más susceptibles para dejarse guiar. Las personas carismáticas afables provocan con la mirada respuestas como emociones placenteras, sensación de compromiso y deseo de cooperación.

En base a la Teoría de la Señalización, se plantea que mirar a los ojos o a la cara es una manera de señalar a los demás que uno es carismático, que está abierto al intercambio social y al acercamiento. Es decir, si uno mismo cree ser carismático, utilizará este comportamiento no verbal para señalarlo. Además, siendo el carisma un atributo disposicional, se espera que el mayor uso de la mirada a los ojos o a la cara se dé en múltiples situaciones sociales.

En este sentido, se plantean dos hipótesis: cuanto más carismático se percibe un individuo, más a menudo (1) y más tiempo (2) mirará a los ojos de los receptores de sus mensajes. Para verificar estas ideas, en el estudio se utiliza una herramienta de seguimiento ocular.

Los 97 participantes observan un escenario social natural en video: un paseo en un centro comercial lleno de gente. Durante esta observación, se graban sus movimientos oculares. Las miradas que se analizan son las orientadas a las caras de aquellos con los que cada participante se encuentra, hacia sus cuerpos cuando se cruzan de cara/de espaldas y el número total de miradas (TotM). También completan dos cuestionarios: autoevaluación del carisma y factores de personalidad (Big Five).

De importancia para la interpretación de los resultados, la autoevaluación del carisma se lleva a cabo a través de dos escalas. Una escala que mide la influencia, la capacidad de persuadir y guiar a otros de manera eficaz. La segunda mide afabilidad, la capacidad de hacer que los otros se sientan cómodos en la interacción.

Los resultados muestran una conexión clara entre las medidas de influencia carismática y la duración y número de miradas hacia las caras. Es decir, aquellos que se autoevalúan como más carismáticos en términos de influencia, miran más y durante más tiempo a las caras de aquellos con los que se encuentran. También miran más y durante más tiempo hacia los cuerpos con los que se encuentran de frente, pero no de espaldas. Por otro lado, en el caso de la afabilidad carismática, no se observa ninguna relación con las miradas de los participantes.

Algunos factores de personalidad se encuentran asociados tanto al número como a la duración de las miradas. El neuroticismo muestra relaciones inversas. Es decir, a mayor numero y mayor duración de las miradas, menor grado de neuroticismo. Ello se observa en todas las mediciones de las miradas: cara, cuerpo de frente y de espalda y TotM.

En cambio, la extraversión muestra relaciones positivas tanto con el número como con la duración de las miradas hacia la cara y cuerpo frontal. Por otro lado, cuando los sujetos se encuentran con otros de espaldas, a mayor grado de extraversión más miradas, pero no de mayor duración.

Los demás factores de personalidad que forman parte de los Big Five, -apertura a la experiencia, amabilidad y responsabilidad- no muestran relación alguna con el número o duración de las miradas.

¿Conclusiones? La mirada parece ser un comportamiento fuertemente relacionado con el carisma. Específicamente, las relaciones se observan con la dimensión de influencia del carisma, que incluye conductas relativas a la influencia, la presencia y el liderazgo. Los sujetos carismáticos miran más veces y más tiempo a la cara y al cuerpo (en posición frontal).

Que los sujetos carismáticos miren tanto a sus interlocutores es muestra de un compromiso atencional ya antes de una interacción social directa. Este comportamiento no verbal, la mirada, es el primero asociado al carisma y representa un avance en el descubrimiento de qué implica ser carismático, más allá de los resultados que provoca serlo.

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Coherencia comunicativa: qué dices y cómo lo dices son igual de importantes. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “How verbal-nonverbal consistency shapes the truth” de ten Brinke L. y Wisbuch M. (2020), en el cual se analiza la coherencia entre el lenguaje verbal y no verbal como característica de importancia en el proceso de comprensión de un mensaje y en las evaluaciones de veracidad de dicho mensaje.

Cuando nos comunicamos con otros cara a cara, la comprensión de cada mensaje implica oír y ver. A lo largo de la historia de la humanidad, las personas se han comunicado mayoritariamente en base a esta integración de información multimodal y, por tanto, a través de lo verbal y de lo no verbal.

Actualmente, aunque utilicemos muchas herramientas digitales para comunicarnos, hay cierta preferencia para aquellas que permiten esta integración. Por ejemplo, ver un video es más preferible que escuchar un podcast.

Utilizar mensajes de texto o hablar por teléfono no implican una comunicación a través de varias modalidades sensoriales. No obstante, como ya explicamos en otros artículos de blog, tampoco conllevan una ausencia total de señales que desempeñen el papel de lenguaje no verbal.

En cualquier caso, los autores del estudio antes mencionado proponen que la comunicación en la que se permite escuchar lo verbal y observar lo no verbal da lugar a mayor facilidad de comprensión. Esta facilidad significa que la comprensión de un mensaje es un proceso fluido. La fluidez, a su vez, impactaría en las evaluaciones que se hacen del mensaje, por ejemplo, si es veraz o no.

La fluidez de comprensión tendría un papel mediador entre la coherencia verbal y no verbal de un mensaje y las evaluaciones que el receptor hace de dicho mensaje. Cuando hay incoherencia entre lo verbal y lo no verbal, el mensaje no se entrega de la manera adecuada. Por ello, también es probable que las evaluaciones sean otras que las intenciones comunicativas del mensaje.

Y ¿por qué? La fluidez que experimentamos en nuestra comprensión de un mensaje puede indicarnos varias cosas.  Que lo que el emisor dice nos es familiar, frecuente, perceptible o atractivo. Y más importante aún, que el mensaje es veraz.

Por ejemplo, si hacemos una pregunta moviendo la cabeza de un lado a otro, ello puede ser incoherente en nuestra cultura, mezclando interrogación con negación. El receptor del mensaje puede sentir confusión y no saber responder a ello.

Si decimos tenía muchas ganas de verte con los brazos cruzados y el cuerpo rígido, también es posible que nuestro interlocutor experimente dudas de la veracidad de esa frase. También cabe destacar en este contexto el conocidísimo efecto McGurk.

Puede que la incoherencia entre el lenguaje verbal y el no verbal no afecte siempre a la (percepción de) comprensión per se del mensaje. No obstante, impediría una integración adecuada de dicho mensaje (fluidez) y, por ello, puede afectar en las evaluaciones posteriores. Por tanto, parece lógico considerar que la coherencia comunicativa es una característica importante del comportamiento de comunicación.

Si la coherencia comunicativa influye en si un mensaje nos parece veraz o engañoso, puede que también sea una característica clave a estudiar en el contexto de la detección del engaño. En cambio, en los estudios de detección de la mentira, el objeto de análisis ha sido mayoritariamente el lenguaje verbal y no verbal de manera aislada. ¿Qué pasaría si se estudian de manera conjunta? Vamos a verlo.

En un primer estudio, los participantes deben observar videos en los cuales una persona está contando que alguien en particular le cae bien.  En algunos de estos videos, dicha persona dice la verdad y, en otros, miente.

Los 61 participantes del estudio se dividen en 3 grupos. Un primer grupo evalúa la coherencia comunicativa del emisor. Ello requiere evaluar el grado en el que el comportamiento visible (no verbal) de los emisores es consistente con lo que han dicho (verbal).

Un segundo grupo evalúa la fluidez de comprensión basada en los mensajes en video. Y ello requiere que cada participante informe de la facilidad que ha experimentado para entender cada mensaje. El tercer grupo no observa los videos, sino sus transcripciones. También evalúa la fluidez de comprensión de los mismos mensajes, pero basada en lenguaje escrito.

Los resultados de estas primeras mediciones indican que la coherencia comunicativa sí tiene efectos en la fluidez de comprensión, pero dichos efectos varían de un individuo a individuo.  Es decir, no se trata de un efecto universal. Además, la coherencia comunicativa que percibieron los participantes no fue diferente en función de si en los videos se contaba una verdad o una mentira. Si la coherencia comunicativa sería un indicador de verdad, los participantes deberían percibir fluidez de comprensión solo para aquellos mensajes veraces.

Puede ser que la fluidez de comprensión solo se base en lo verbal.  Es decir, al emitir un mensaje fácil de comprender haría que el lenguaje verbal y no verbal del emisor sean coherentes entre sí. En este caso, la veracidad del mensaje no tendría un efecto diferencial en la coherencia comunicativa. Por tanto, los participantes no detectarían ni coherencia ni fluidez de comprensión de manera diferencial en función de la veracidad de los mensajes.

Si esto es así, deberían haberse observado las mismas asociaciones cuando se trata de mensaje escritos. En cambio, los resultados indican que las evaluaciones de las transcripciones de los videos no muestran las mismas asociaciones. De hecho, se observa que la fluidez de comprensión en video-mensajes ha sido significativamente mayor que en los mensajes transcritos. Por tanto, el lenguaje no verbal sí puede mejorar la comprensión, aunque no siempre.

Todas las relaciones observadas en el primer estudio no son más que asociaciones sin dirección ni causalidad. Por ello, se desarrolla un segundo estudio con 95 participantes, más orientado a las evaluaciones de la veracidad y que busca establecer relaciones causales entre las variables.

En este caso, se manipula la coherencia comunicativa de video-mensajes veraces. La manipulación consiste en hacer que el canal audio se retarde 600 milisegundos con respecto al canal video.  Por tanto, los participantes observan videos alineados verbal y no verbalmente (sin manipulación), así como no alineados. Después de ver cada video, evalúan si el emisor del mensaje dice la verdad o miente.

Se registraron muchas más evaluaciones de veracidad para los videos alineados que para los no alineados. En este caso, la coherencia comunicativa muestra su impacto, porque aquellos videos no manipulados contienen mensajes coherentes verbal y no verbalmente. Por tanto, ya se podría hablar de una relación causal: la coherencia comunicativa causa evaluaciones de veracidad de los mensajes que la contienen.

El posible papel mediador dela fluidez de comprensión no ha sido objeto directo de este segundo estudio, por lo que se desarrolla un análisis a posteriori con 18 nuevos sujetos. Tal como se esperaba, la percepción de fluidez de comprensión ha sido mayor en los videos alineados que en los no alineados.

Por tanto, una persona escucha y ve un mensaje. Percibe coherencia entre el ver y el escuchar o, mejor dicho, entre el qué dice y cómo lo dice del emisor. Esa coherencia facilita la comprensión, por lo menos la persona lo experimenta como tal. Todo ello le hace evaluar que el mensaje del emisor es veraz. En caso contrario, la falta de coherencia llevaría a experimentar una comprensión baja o confusa; por ello, es probable que el receptor evalué el mensaje como falso o que dude de él.

Si cuando al hablar con una persona tenemos la sensación de que nos miente, puede que dicha persona refleje incoherencia entre su lenguaje verbal y no verbal (lo que dificultaría la fluidez de comprensión). En cualquier caso, ello no implica que la coherencia comunicativa sea indicadora de la verdad y que la falta de ella indique mentira. No nos olvidemos que se trata de evaluaciones de veracidad que las personas hacen. Dichas evaluaciones fluctúan según la coherencia que uno percibe y dicha percepción está mediada por la facilidad que se experimenta para comprender un mensaje.

Además, se plantea que el efecto de experimentar fluidez de la comprensión sería el de sesgar positivamente, dando lugar a evaluaciones positivas y a un aumento de la confianza en las evaluaciones generadas. ¿Será por eso por lo que no conseguimos detectar bien las mentiras?

 

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El lenguaje no verbal de la culpa. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Are there non-verbal signals of guilt?” de Julie-Daniere E., Whitehouse J., Mielke A., Vrij A., Gustafsson E., Micheletta J. y Waller B. M. (2020), en el cual se presentan una de las últimas investigaciones en comportamiento no verbal y emociones: culpa y señales no verbales asociadas.

La culpa es una emoción compleja con una función social importante: estimular los comportamientos de cooperación. Las personas son altamente cooperativas tanto con conocidos como con desconocidos. La necesidad de cooperación debió de suponer una gran presión en la selección natural por encima de otros comportamientos que consideramos humanos.

La culpa no solo es una experiencia emocional, sino también cognitiva. Aparece cuando alguien siente que ha hecho algo mal y puede empujar a comportamientos prosociales. Se clasifica como una emoción moral, de autoconsciencia, junto al orgullo y la vergüenza, y es una de las emociones más sociales.

Cuando sentimos culpa por haber hecho algo no debido, intentamos compensarlo con comportamientos pro-sociales hacia la persona afectada (u otros). Por otro lado, la culpa va más allá del contexto social. Se ha mostrado la presencia de un efecto llamado efecto Dobby. Ello implica que, cuando el que siente culpa no tiene la oportunidad de compensar a los afectados, se autocastiga. Es decir, el aislamiento social no hace desaparecer la culpa. Si se da, alguna forma de compensación se buscará, aunque sea a través del autocastigo.

En términos verbales, experimentar culpa se muestra a través de las disculpas y el admitir haber hecho algo que no debía hacerse. Los aspectos verbales de la culpa se han estudiado bastante, mostrando, por ejemplo, que los afectados de una mala acción son más indulgentes con el que la comete si este reconoce sus fallos.

Pero, ¿reconocemos la culpa en otros a través de su lenguaje no verbal? ¿O hay otra manera de captar la emoción de culpa cuando esta no es explícita? Las personas a menudo declaran que pueden detectar la sensación de culpabilidad de otros.

En el contexto legal, muchas figuras como jueces o miembros del jurado informan saber cuándo un acusado se siente culpable por el delito que ha cometido. Esas percepciones influyen en las sentencias.

Hasta día de hoy, no se ha encontrado alguna expresión facial típica de la culpa. Sabemos que las emociones básicas/primarias sí tienen asociadas expresiones faciales y se consideran universales. No obstante, la culpa es una emoción secundaria, junto al desprecio, a la vergüenza experimentada por haber hecho algo no debido (shame) y la vergüenza experimentada en situaciones embarazosas (embarassament).

Dado su tardío desarrollo con respecto a las emociones primarias, se postula que sus expresiones sean culturalmente específicas. Además, dada su complejidad, podría expresarse a través de varias señales no verbales y no solo a través de las expresiones faciales.

En esta interesante investigación, los autores desarrollan dos estudios. En el primero, participan 131 sujetos que se asignan a dos grupos: control y experimental. En el grupo control los sujetos deben recordar y escribir un evento en el cual se han sentido orgullosos. En el grupo experimental, deben recordar y escribir un evento en el cual han sentido culpa. Posteriormente, ambos grupos deben guardar el archivo en un pendrive.

El experimentador recoge el pendrive y, después de un tiempo, vuelve. A lo sujetos del grupo experimental se les informa que el pendrive se ha estropeado y todos los datos del grupo se han perdido. Así, la inducción de la culpa ocurre, por un lado, cuando recuerdan un evento personal y, por otro lado, cuando se les informa de la posibilidad de haber hecho un mal uso del pendrive. El grupo control es informado de que todo ha sido guardado correctamente.

Todas las expresiones no verbales se graban a lo largo de todo el proceso, algo que los participantes desconocen. De este estudio se extraen patrones de movimientos faciales asociados a la culpa: fruncir el ceño (AU4), apretar/estirar los labios (AU20) y tocarse el cuello.

Para asegurar que estas señales no verbales también se asociarían a la culpa cuando son observadas por otros, se desarrolla un segundo estudio. En este participan 114 sujetos. Primero, los participantes reciben información contextual del estudio anterior: al sujeto del video se le acaba de informar de que ha dañado información importante del pendrive. Esa misma información se aplica tanto al observar videos con sujetos del grupo control, como con sujetos del grupo experimental.

Segundo, estos participantes actúan como observadores y deben valorar, en una escala de 0 a 100%, la expresión de uno de 5 estados emocionales: incomodo, avergonzado, culpable, sorprendido y otro. Cada observador analiza 20 videos sucesivos, cada uno con una duración de 30 a 90 segundos.

Los observadores evaluaron con mayores porcentajes de culpa aquellos videos que contenían la expresión de ceño fruncido, de tocarse el cuello y ojos muy abiertos. También se han observado relaciones positivas entre el nivel de culpa autoinformado por los sujetos del primer estudio y el grado en el que los observadores del segundo estudio consideraron que dichos individuos se sentían culpables.  Este hallazgo apoya la idea de que la culpa es un fenómeno observable con una potencial función social comunicativa.

La expresión de la culpa podría ser confundida con la expresión de la vergüenza, dado el componente moral de ambas. No obstante, las señales no verbales asociadas a la vergüenza suelen ser: mirar hacia abajo y cambios de la dirección de la mirada, sonrisa controlada, tocarse la cara, así como el rubor. Ninguna de estas señales fue asociada a la culpa en este estudio.

Los movimientos dirigidos hacia uno mismo, tales como tocarse el cuello, se consideran comportamientos irrelevantes a la situación en la que aparecen, pero pueden ganar valor comunicativo a lo largo del tiempo. De hecho, se ha visto que la producción de tales movimientos aumenta en situaciones estresantes y desagradables. Pueden servir como movimientos de protección simbólica, para desviar la atención o como autorreguladores del malestar.

Por ello, tiene sentido que aparezcan en la expresión de la culpa. También es probable que se den más de uno (rascarse, frotarse las manos, etc.) en las diversas situaciones de sentirse culpable con las que nos podemos encontrar.

Aunque se necesiten más estudios, parece que la culpa sí tiene señales no verbales propias. Las que coincidieron entre ambos estudios fueron fruncir el ceño y tocarse el cuello. En un artículo previo, ya contabamos que incluso tenemos una cara de no. Por más que nos esforcemos, parece que no podemos esconder totalmente nuestras emociones. Y si es así, puede ser un buen mensaje de la evolución: ¡Que no las escondamos!

Si quieres saber más sobre el comportamiento no verbal y la gran utilidad de conocerlo para nuestras profesiones y para la vida cotidiana, visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira o nuestro Experto Universitario en Comunicación No Verbal y Personalidad, con becas especiales para los lectores del Club del Lenguaje no Verbal.

Contagio emocional digital. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Digital emotion contagion” de Goldenberg A. y Gross J. J. (2020), en el cual se resumen las investigaciones más importantes en cuanto al contagio emocional en contexto digitales.

El tiempo que pasamos en internet es considerablemente alto. La exposición a diversos medios digitales conlleva la exposición a la expresión emocional de otras personas. Y al igual que ocurre en las interacciones reales, en el contexto digital también nos contagiamos de las emociones de los demás. Ello puede hacer que nos sintamos identificados con otros o que nos convirtamos en similares a otros.

El contagio emocional se define como el proceso a través del cual las emociones de un individuo se hacen cada vez más similares a las emociones de otros individuos por exponerse a ellas. Puede ser un proceso consciente o inconsciente. La única condición necesaria es que ocurre un aumento en la similitud emocional inter-individuos.

En 2014, un estudio demostró que el contagio emocional es posible a través de las redes sociales. En dicho estudio, el contenido al cual fueron expuestas una serie de personas en Facebook se manipuló de tal manera que la exposición sea mayoritariamente a contenido positivos o negativos. Y lo que se ha observado es que, si los usuarios habían estado expuestos a poco contenido positivo, mostraban pocas emociones positivas. Lo mismo ocurrió en cuanto a contenido y emociones negativas.

Ese fue el único estudio publicado que ha manipulado las emociones de los usuarios sin su consentimiento. Y la publicación y difusión de tal estudio ha confirmado en cierto modo la posibilidad de provocar y contagiar emociones a través de lo digital. A mayor difusión del estudio, han emergido más emociones intensas, haciendo que los usuarios expresasen cada vez más su ansiedad e indignación ante la idea de que se manipulen sus emociones sin su consentimiento explícito.

A partir de ese momento, se desarrollaron cada vez más estudios sobre el contagio emocional digital. Y hay diferentes conclusiones. Por ejemplo, el contagio emocional digital ocurre como respuesta a una gran variedad de situaciones. Ocurre tanto en el ámbito público como el privado, es decir, tanto en un contexto de chat con un amigo, como en las publicaciones tipo Facebook.

Aparte de su ocurrencia tan extendida, con decir que contagiarnos de emociones ajenas nos influye es quedarse corto.  El contagio emocional parece tener un papel clave en determinar las emociones y comportamientos de los usuarios. El contagio emocional también es un factor importante del aumento de los movimientos sociales en el contexto digital. Las personas comparten sus emociones vía online de tal manera que no solo afecta a su bienestar, sino también al bienestar de aquellos con los que están conectados.

Cuando se trata de contagio emocional en interacciones reales, hay tres mecanismos que a través de los cuales ocurre este proceso. No se trata de mecanismos mutuamente excluyentes, sino que pueden ocurrir simultáneamente.

Primero, la imitación de comportamientos emocionalmente expresivos como las expresiones faciales, posturas, movimientos oculares, risa, etc. Es decir, la imitación de comportamiento no verbales.

Segundo, la activación de una categoría emocional. La exposición a estímulos que implican expresión emocional actúa como priming para la categoría emocional en la que se incluyen y da lugar a la activación de procesos emocionales específicos de esa categoría. Es diferente de la imitación, porque a través de este mecanismo el contagio puede producirse sin copiar comportamientos. Puede ocurrir simplemente por la exposición a unos estímulos. Por ejemplo, si alguien nos escribe gracias o un piropo, ello puede activar una categoría emocional positiva.

El tercer mecanismo es la evaluación social. Los individuos usan las emociones ajenas como guías de sus evaluaciones emocionales. Ello lleva a experiencias emocionales similares. Por ejemplo, que a muchos les gusten una película puede hacer que nosotros también la evaluemos positivamente.

En el contexto digital lo que cambia principalmente es la presencia de mediación de las compañías (p. ej. de la plataforma que permite la interacción o de la publicidad) entre la expresión emocional de un usuario y la respuesta de otro usuario. Tales compañías tienen el poder de controlar el contenido al cual se exponen los usuarios y cómo estos se responden entre sí. Incluso en aquellas interacciones digitales que ocurren en tiempo real puede haber modificaciones especiales para incidir en el contagio emocional.

Pensemos en un live en Instagram. Por defecto, los comentarios de otros usuarios se visualizan en la pantalla. Puede que ni prestemos atención al usuario principal y que las múltiples respuestas a través de emoticonos relativos a la risa, nos haga sentirnos graciosos, divertidos y alegres. Puede que el usuario que hace el live ni siquiera cuente algo necesariamente gracioso, pero nos contagiamos de otros usuarios que modifican nuestra percepción.

La exposición a las emociones de otros usuarios mantiene a los usuarios expuestos comprometidos con la actividad en la red. El estudio que mencionamos al principio mostró que, a menor exposición emocional, menos contenido producen los usuarios. Por el contrario, si se expone a los usuarios a las emociones de otros, más comprometidos y ocupado en las redes se les mantiene. Y ello es clave en los resultados y beneficios de las compañías de medios digitales.

En cualquier caso, cabe destacar que maximizar las emociones de los usuarios puede que no sea un objetivo directo de estas compañías. Los algoritmos implementados pueden ajustar el contenido en pos de que los usuarios estén activos y si se consigue con más exposición a contenido emocional, se prioriza dicho contenido.

El aumento de la intensidad y frecuencia de las expresiones emocionales no solo se consigue mostrando contenido de mayor carga emocional. También se alcanza creando una estructura de incentivos que motiva a los participantes a expresar sus emociones. En redes sociales se incentiva la competición por atención y se utilizan refuerzos positivos en forma de me gusta y el share. Asimismo, expresar emociones es muy útil para atraer la atención y recibir me gusta. Un me gusta puede funcionar como una señal no verbal de las interacciones reales, por ejemplo, una sonrisa.

El efecto de la expresión emocional positiva tiene mucho mayor impacto que la expresión emocional negativa. Y es lógico por diferentes razones. En general, las personas prefieren sentir y expresar emociones positivas porque sientan mejor y favorecen las interacciones sociales.

Se ha visto que las expresiones emocionales positivas son generalmente percibidas como más apropiadas que las negativas. De hecho, muchos usuarios consideran que las emociones más adecuadas a expresar en redes sociales son la alegría y el orgullo. Las consideradas menos apropiadas son la tristeza y la ira.

Tanto desde las motivaciones de los usuarios como desde las motivaciones de las compañías de plataforma digitales se favorece la expresión emocional positiva y su contagio. No obstante, las expresión y contagio de emociones negativas también tienen su lugar, especialmente en forma de movimientos sociales. Incluso cuando se trata de problemas sociales que no salen a la luz en las noticias, los propios usuarios pueden ofrecer el contenido al cual pueden acceder millones de personas.

El contagio emocional puede alcanzar a esos millones de personas. Por tanto, puede que sea mucho más potente que el contagio emocional de interacciones reales. No obstante, no siempre es así. La exposición a tantos estímulos puede dar lugar a la fatiga y a la habituación.

Por ejemplo, si cuando entramos en Facebook vemos que todos los periódicos digitales, así como muchos de nuestros amigos comparten noticias sobre incendios forestales en diferentes puntos del mundo y varios días seguidos, puede que desconectemos del tema. Por un lado, se trata de emociones negativas y ya vimos que no se priorizan. Por otro lado, puede darse la fatiga o la habituación e ignoraremos esos contenidos. No produciremos contenido, no compartiremos tales publicaciones, etc.

Los autores de esta revisión también describen diferentes formas de medir el contagio emocional digital. Lo más difícil no es provocar el contagio, sino verificar si realmente se da. No obstante, por razones de espacio, lo dejamos para vuestro descubrimiento.

Como conclusión, parece que el componente no verbal de la comunicación no desaparece en el contexto digital. En este caso, la expresión emocional y sus consecuencias. Puede que el contagio emocional digital no se desarrolle con tanta facilidad a partir de la percepción de comportamientos no verbales (p. ej. expresiones faciales) tal como en las interacciones reales. No obstante, ya vimos que hay diferentes mecanismos. Asimismo, vimos en otros artículos que hay diferentes estímulos en la comunicación mediada por tecnología que reemplazan a las señales no verbales típicas.

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Las microexpresiones del cambio conceptual. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Facial micro-expression states as an indicator for conceptual change in students’ understanding of air pressure and boiling points” de Chiu M., Liaw H. L., Yu Y., Chou C. (2019), en el cual se intenta predecir el cambio conceptual en función de las microexpresiones faciales que emergen cuando se experimenta un conflicto conceptual.

El cambio conceptual es un tema bastante estudiado en el campo de la educación. Se plantea que, para conseguir un cambio conceptual, el conflicto conceptual es el único medio que lleva a tal fin. No obstante, existen otras rutas que se activan ante cada concepto con el que nos topamos, pero no llevan al cambio.

Por ejemplo, se nos presenta el concepto de probabilidad y ante las explicaciones pertinentes podemos tener la ilusión de comprenderlo, aunque no lo hayamos hecho realmente. Por lo que, lógicamente, no habrá cambio conceptual. Si no hay conflicto conceptual entre lo que creemos saber y las evidencias relativas al concepto, no habrá cambio.

Hablamos de conflicto conceptual solo cuando tanto el concepto (pre)existente en la mente de un aprendiz, como su significado real son inteligibles para dicho alumno. También es un requisito el hecho de que el aprendiz sea consciente del conflicto activado entre lo que sabe y lo que hay en la realidad.

Para entenderlo, no puede haber conflicto conceptual si sabemos una palabra pero desconocemos su significado por completo. Debe haber una comprensión previa del concepto a analizar, aunque sea errónea. Asimismo, no puede haber conflicto si la explicación objetiva de un concepto supera la capacidad del individuo para entenderlo, como pasaría a menudo con los/as niños/as.

En un escenario educativo de conflicto conceptual, el proceso se inicia con una introducción a un concepto particular. Aquello que se informa sobre dicho concepto no se corresponde con lo que los estudiantes creen o con las predicciones que hacen en función de dicho concepto. Por eso, ocurre un conflicto conceptual. Y, aunque la meta sea el cambio conceptual y el conflicto esté presente, el proceso puede culminar con el cambio o no. Por tanto, el cambio conceptual no es una garantía.

Múltiples factores influyen en los resultados de aprendizaje y uno de los más potentes lo conforman las emociones de los aprendices/alumnos. Las expresiones y microexpresiones faciales son el reflejo de las emociones y representan una de las respuestas más directas e inmediatas que se pueden obtener en el proceso de instrucción.

Hay una serie de cuestiones destacables en cuanto a evidencias previas relativas a emociones y aprendizaje. Muchos estudios han mostrado que las emociones están muy ligadas al aprendizaje. Específicamente, que durante el proceso de aprendizaje haya emociones positivas indica un aprendizaje exitoso probable.

Además, existe una relación significativa entre las microexpresiones faciales de los estudiantes (y los estados emocionales asociados) que ocurren durante un conflicto conceptual y el cambio conceptual.

Aparte de estos hallazgos, se desconoce qué emociones están más ligadas al conflicto conceptual. Por eso, los autores de este estudio analizan las relaciones entre microexpresiones y el conflicto conceptual. Hay muy pocos estudios que relacionan tales variables. Por un lado, se pretende observar si las microexpresiones pueden informar de un conflicto conceptual o no. Por otro lado, se pretende averiguar qué emociones están detrás del conflicto conceptual.

En el estudio participaron 72 estudiantes que conocían el concepto de relación entre la presión del aire y el punto ebullición del agua, pero erróneamente. Por tanto, primero se comprobó el conocimiento previo de los alumnos sobre esta relación.

Después de dicha prueba (pre-test), los alumnos pasaron por una fase de enseñanza basada en la estrategia Predecir-Observar-Explicar-Visualizar-Comparar. En esta fase, se presentó un video con una demostración científica relativa al concepto con el fin de generar un conflicto conceptual. En el video se mostraba un frasco con agua en ebullición, posteriormente sellado y puesto del revés. Encima de dicho frasco se ponía una bolsa de hielo. El video paraba y se pedía a los alumnos predecir qué pasará y justificar sus respuestas.

La siguiente fase consistió en mostrar el resultado en el video. Se les preguntaba qué han observado y se les explicaba las causas del fenómeno científico en relación a sus predicciones previas. La última fase del estudio fue un post-test en relación al concepto antes atendido. Durante todo el proceso, se han registrado las acciones y reacciones faciales de todos los alumnos con FaceReader 4.0. Las microexpresiones se categorizan en función de 7 estados emocionales (incluido neutro), siguiendo el modelo de Ekman.

Con toda la muestra se crearon dos grupos: cambio conceptual (CC) y sin cambio conceptual (NCC). El grupo CC cumplía 3 criterios. Primero, en el pre-test mostraron una comprensión errónea del concepto. Segundo, predijeron mal durante la demonstración científica. Y, tercero, respondieron correctamente a todas las preguntas del post-test. El grupo NCC se formó de alumnos que no cumplían todos los criterios antes mencionados.

Los autores observaron que las microexpresiones faciales que aparecen durante el conflicto conceptual son principalmente las que indican neutralidad, tristeza y sorpresa. Estas emergieron cuando los alumnos visualizaron la demonstración científica antes descrita.

Los resultados se plantean en un árbol de decisión del cual emergen diferentes rutas basadas en la activación de diferentes microexpresiones que predicen el cambio conceptual. Cada ruta tiene unas condiciones en cuanto a la cantidad de microexpresiones requerida por cada tipo de emoción para predecir cambio o no cambio conceptual.

Consideremos que el total de microexpresiones de cada alumno conforma un 100%. Todas las microexpresiones registradas dividen a los sujetos en dos grupos principales: los que mostraron durante el conflicto conceptual microexpresiones de sorpresa en un 72,5% o más y los que no cumplen tal criterio (menos de 72,5%). Para ponerlo más fácil, llamemos al primero grupo sorpresa+ y al segundo sorpresa-.

Las rutas que llevan al cambio conceptual son dos. Primero, sorpresa+ junto a microexpresiones neutrales en un 3% o más (ruta 1). En este caso, hay un 83% de probabilidad de que el cambio conceptual ocurra. Segundo, sorpresa- junto a microexpresiones de tristeza en un 70,5% o más (ruta 3). En este caso, hay un 75% de probabilidad de que los alumnos muestren un cambio conceptual.

También hay dos rutas cuya probabilidad asociada muestra qué combinaciones de microexpresiones y, por tanto, emociones, predicen la ausencia de cambio conceptual. Por un lado, sorpresa+ junto a microexpresiones neutras a menos del 3% (ruta 2). Por otro lado, sorpresa- junto a microexpresiones de tristeza a menos de 70,5% (ruta 4). Las probabilidades de que no haya cambio conceptual son del 67% y 79% respectivamente.

La mayoría de los alumnos se situaron en la ruta 4. Además, se detecta que, al contrario de lo predicho, hay bastantes alumnos en este grupo que sí muestran cambio conceptual. Por eso, los autores construyen otro árbol de decisión dentro de este grupo para así detectar si hay otras microexpresiones que marcan la diferencia.

En consecuencia, se detecta que, si durante el conflicto conceptual aparecen un 28% o más de microexperesiones neutras junto a microexpresiones de asco en un 2,5% o más, será más probable que haya cambio conceptual. Es decir, la presencia de microexpresiones de asco junto a diferentes grados de microexpresiones faciales de sorpresa, tristeza y neutralidad predicen el cambio conceptual.

Las emociones que predominan durante el conflicto conceptual parece que son de valencia negativa. No obstante, la sorpresa puede tener valencia tanto positiva como negativa. Asimismo, si el proceso de aprendizaje se ha visto asociado a emociones positivas, parece que la etapa que corresponde al conflicto conceptual se da en un contexto de afecto negativo. Esta idea es congruente con otros estudios relativos al cambio conceptual. Los alumnos experimentan emociones negativas antes de que consigan comprender el concepto enseñado.

El modelo utilizado en ese estudio y basado en un árbol de decisión tiene una capacidad de discriminación aceptable. Asimismo, el uso de tecnología de reconocimiento de las microexpresiones tiene un alto potencial para predecir el cambio conceptual de los alumnos. Puede que para analizar las microexpresiones de los alumnos con el fin de predecir rendimiento sea algo muy complicado, pero sin duda alguna, ello aportaría datos muy importantes para la investigación y avance en el análisis de microexpresiones.

En cualquier caso, el cambio conceptual nunca está garantizado. Los autores destacan que sus hallazgos sirven como un paso más para comprender cómo las personas aprenden. Y como hemos visto, las emociones están presentes constantemente y no solo impactan en el aprendizaje, sino que podrían predecir sus resultados.

 

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