Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Comunicación social (página 1 de 20)

La voz de la autoridad. Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Voice of authority: professionals lower their vocal frequencies when giving expert advice” de Sorokowski, Puts, Johnson, Zolkiewiez, Sorokowska, Kowal, Borkwska, Pisanski. En este artículo nos hablan de cómo las personas modulamos nuestra voz en entornos profesionales y cómo esto afecta a las evaluaciones de los oyentes sobre la competencia y autoridad de los oradores.

Los hombres generalmente tienen un tono de voz más bajo que las mujeres, esto es debido al dimorfismo sexual en la anatomía vocal. Dentro del mismo género, los sujetos más grandes o más dominantes producen frecuencias fundamentales y formantes más bajos en relación a los sujetos más pequeños. Esto produce una asociación entre voces de baja frecuencia y mayor tamaño, fuerza, masculinidad y dominio, además de rasgos psicológicos positivos como la competencia y la inteligencia. Las personas con un tono de voz relativamente bajo en contextos profesionales suelen ser juzgados como más competentes y dominantes. Por tanto, una voz grave parece beneficiar a los hombres en una gran gama de contextos desde el sexual al político o al económico. En cambio, en la mujer puede dar una imagen de más masculinas y poco atractivas.

A pesar de la facilidad que presentan las personas para modificar tanto su frecuencia fundamental como sus formantes pocos estudios han analizado las variaciones intrasujetos y su influencia en los oyentes. Los pocos estudios existentes han sido aplicados al contexto del apareamiento.

El presente estudio se diseñó para comprobar si los hombres y las mujeres modifican sus frecuencias cuando hablan con autoridad sobre un tema de su especialización frente a cuando contestan a cualquier tipo de pregunta. Además, se pretende comprobar si los oyentes juzgan las voces como más competentes y autorizadas cuando hablan del tema especializado a cuando lo hacen del normal y, por último, se pretende describir si esto varía dependiendo del sexo del orador. Para ello se realizaron dos experimentos.

En el primer experimento se utilizó una muestra de 51 participantes (27 hombres y 24 mujeres) con edades comprendidas entre los 30 y los 55. Todos ellos eran profesores universitarios y científicos con el doctorado realizado. Dos asistentes de investigación acudieron a la universidad haciéndose pasar por conductores de un programa de radio. En la condición de control se les pedían indicaciones a los profesores y científicos de cómo llegar a las oficinas de administración. En la condición experimental se les decía que estaban haciendo un programa para jóvenes sobre cómo convertirse en científicos y si valía la pena. Además, durante la charla se le repetía en varias ocasiones “Dr. (apellido) usted es un experto y una autoridad en esta área. Por favor díganos…”.

Las mediciones se realizaron en Praat V.6.0.17. Para cada grabación se midió: la frecuencia fundamental (Fo), tanto mínimo como máxima, la desviación estándar de la frecuencia fundamental, la posición del formante, el espaciamiento del formante y la longitud aparente del tracto vocal. El espaciamiento de los formantes predice efectivamente la longitud del tracto vocal y el tamaño de hombres y mujeres.

Para probar las diferencias en los parámetros de voz entre las condiciones del habla se realizó una prueba MANOVA de medidas repetidas con la condición del habla como una variable dentro del sujeto y del sexo del hablante y el orden de condición como entre variables del sujeto.  Las comparaciones por pares confirmaron valores más altos para todos los parámetros de voz entre las mujeres en comparación con los hombres y la longitud aparente del tracto vocal fue más larga en hombres que en mujeres como era de esperar debido al dimorfismo sexual. En ambos el habla de autoridad tuvo una medida de frecuencia fundamental más baja y una posición de formante más baja también en comparación con la condición de control. Las mujeres, además, bajaron más su tono de voz en la condición experimental que los hombres. Cuando los sujetos participaron por primera vez en la condición de autoridad seguida por la condición control, el rango de frecuencia fundamental fue más bajo que en el orden opuesto. La duración del habla no parecía influir.

Para el segundo experimento se utilizaron 39 sujetos (31 varones y 8 mujeres) con edades comprendidas entre los 20 y los 49 años. Todos eran extranjeros que no entendían el polaco, lengua en la que se llevó a cabo el experimento. Los países de origen de la muestrea era: Bulgaria (1), Canadá (2), Croacia (1), Finlandia (2), Francia (2), Alemania (4), Iraq (1), Italia (4), Corea (1), Luxemburgo (1), España (8), Turquía (1), Reino Unido (4), Estados Unidos (3) e inespecífico (1). Se utilizaron las grabaciones del primer experimento donde se borraron las voces múltiples, los ruidos agudos o las vocalizaciones no verbales. Se extrajeron los primeros cinco segundos de cada grabación para que todas fueran homogéneas. Se les pidió a los participantes que escucharan pares de voces y de cada par que eligieran cual les parecía más competente y autoritaria.

Los modelos lineales mixtos con el sexo del hablante incluido como un factor fijo indicaron que los oyentes eligieron los estímulos de voz de la condición de habla de autoridad como relativamente más competente que los estímulos de habla de control en el 62% de los casos, sin efecto del sexo del orador. Además, en el 57% eligieron como más autoritario la condición experimental que la de control, siendo elegidos más veces en el caso de los hombres que en el de las mujeres.

Por tanto, los resultados de ambos experimentos muestran que ambos sexos bajan el tono de voz en un contexto autoritario, especialmente las mujeres. Además, el experimento de reproducción muestra que los oyentes juzgaron las voces como más autoritarias y competentes cuando estaban hablando de su área de conocimiento. Esto está en línea con la creencia de que las personas modulamos los parámetros no verbales de la voz en contextos sociales para obtener evoluciones positivas.

El hallazgo de que las mujeres bajan más el tono que los hombres en un contexto autoritario puede reflejar factores anatómicos y culturales. El tono de la voz es dos veces más alto en las mujeres que en los hombres, y, por tanto, estas reducirían más su tono para conseguir resultados similares. A la vez las mujeres son más conscientes de los estereotipos vocales y pueden modular varios parámetros de voz para asumir una presentación más masculina en contextos profesionales. A pesar de ello parece que la ventaja obtenida es mayor en los hombres.

Se necesita mucha más investigación para comprender qué parámetros vocales modulan las personas y bajo qué condiciones sociales y de qué manera estas modifican la influencia en el juicio de los oyentes.

 

Correspondencia entre las respuestas fisiológicas y no verbales: comportamiento no verbal que acompaña el desafío y la amenaza. Club Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del estudio “On the Correspondence Between Physiological and Nonverbal Responses: Nonverbal Behavior Accompanying Challenge and Threat”, de los autores Max Weisbuch, Mark D. Seery, Nalini Ambady y Jim Blascovich, quienes investigan la correspondencia entre las respuestas fisiológicas y las no verbales en las situaciones de desafíos y amenazas.

Se sabe que los marcadores fisiológicos son propensos a estar acompañados por un comportamiento no verbal psicológicamente significativo, y esto ha sido estudiado en el caso de las situaciones estresantes. Investigadores como Darwin y Cannon estuvieron de acuerdo en que las respuestas a las situaciones estresantes (por ejemplo, el terror) se caracterizan por patrones específicos fisiológicos y no verbales (temblor del cuerpo, piel pálida, pelo erizado…).

Aunque esta idea sugiere que la actividad fisiológica y no verbal constituyen una respuesta integrada a las demandas ambientales, hay pocas investigaciones que respalden esta teoría, y estas ausencias de investigaciones pueden deberse a la posibilidad de que las respuestas fisiológicas y no verbales ante situaciones ambientales sean independientes. Por ejemplo, las expresiones no verbales pueden funcionar como respuestas comunicativas que no dependen de la actividad autónoma subyacente. Además, la dificultad de medir respuestas fisiológicas complejas puede explicar la falta de evidencia fisiológica-no verbal.

La investigación realizada en el presente estudio examina el grado en que una situación estresante (desafío o amenaza) provoca la covarianza entre los patrones de actividad no verbal (comportamiento no verbal) y fisiológica (medición de marcadores cardiovasculares).

Los marcadores de desafío y amenaza son relevantes dentro de contextos que requieren respuestas cognitivas para cumplir un objetivo relevante. Ejemplos de tales situaciones de rendimiento motivado incluyen realizar un examen, dar un discurso y causar una buena impresión. Por lo tanto, las situaciones de rendimiento motivado incluyen muchas de esas situaciones que comprendemos como «estresantes». Los estados motivacionales de desafío y amenaza se producen del siguiente modo: El desafío se produce cuando se evalúa que los recursos de afrontamiento (por ejemplo, habilidades, disposiciones, soporte externo) cumplen o superan las demandas de la situación (por ejemplo, esfuerzo requerido, peligro, incertidumbre). La amenaza se produce cuando las demandas de la situación se evalúan como recursos superiores a la superación. Por lo tanto, el desafío y la amenaza pueden entenderse como niveles de «confianza» específica del contexto.  Más de 30 estudios diferentes demostraron que el desafío incluye más confianza en el afrontamiento de tareas y una mayor movilización de energía que la amenaza, factores que deberían mejorar el rendimiento.

En cuanto al comportamiento no verbal estudiado en la investigación, los autores son conscientes de que el comportamiento facial parece ser especialmente susceptible de control consciente, por lo que las respuestas faciales pueden reflejar más la deseabilidad social que la experiencia subjetiva o fisiológica (de hecho, las expresiones faciales positivas a veces pueden ser más probables entre las personas que experimentan un afecto negativo que entre las personas que experimentan un afecto neutral. En este caso, ante una amenaza, quienes experimentan dicha amenaza pueden esforzarse especialmente por crear una expresión facial segura y, por lo tanto, pueden parecer más seguros que los individuos desafiados). En contraste, la voz parece ser menos susceptible al control consciente y puede ser un indicador más verídico de la experiencia psicológica (Ekman y Friesen). Por lo tanto, los canales faciales y vocales pueden diferir con respecto a su relación con los procesos fisiológicos.

En el estudio realizado participaron de forma remunerada 90 mujeres estudiantes de psicología de la Universidad de California. De estas 90 mujeres, 30 fueron seleccionadas para el análisis no verbal sobre

Par la medición fisiológica se usaron dispositivos de medición fisiológica para registrar señales cardíacas, presión arterial y rendimiento cardíaco. Para la medición no verbal se usó un micrófono y cámara de vídeo detrás del cristal tintado situado directamente frente al participante.

Se registró el comportamiento de los participantes a través de las mediciones nombradas, y digitalmente se crearon 2 tipos de packs: Un primer pack de vídeos silenciados en donde se observaba el comportamiento no verbal del participante, enfocándose únicamente la cara, y un segundo pack en donde se eliminó el vídeo y los sonidos de alta frecuencia para que finalmente solo se pudiese percibir la prosodia.

Los participantes completaron el experimento individualmente. Al llegar al laboratorio, un experimentador saludó al participante y la acompañó a una sala de preparación. Se aplicaron los sensores necesarios para el registro fisiológico y se llevó al participante a una sala de control. Allí, se inició un período de descanso de 5 minutos cuando el experimentador abandonó la sala, durante el cual se evaluaron los niveles basales de las respuestas fisiológicas. Después del período de descanso, se informó al participante que un miembro del equipo de investigación entraría ahora en la sala para involucrar al participante en un ejercicio. Una experimentadora desconocida para el participante entró en la sala de grabación, se presentó y se sentó para comenzar una conversación. La conversación duró 3 minutos, durante los cuales se registraron las mediciones fisiológicas. El entrevistador le hizo al participante un conjunto de preguntas predeterminadas sobre sí misma. Las preguntas incluidas generaban sensaciones de desafío o de amenaza dependiendo del participante.

Tras realizar las grabaciones a las participantes, 18 estudiantes de pregrado fueron asignados aleatoriamente para juzgar los clips de video o clips de sonido resultantes, puntuándolos en escalas de 0 a 5 según la confianza y dominio visto u oído en los clips.  Los resultados fueron los siguientes: Autoconfianza facial (a = .81), autoconfianza vocal (a = .59), dominio facial (a = .74) y dominio vocal (a = .56) .

Estudiando las mediciones fisiológicas de las participantes se comprobó que en los casos de sensación de desafío se aumentan las pulsaciones, se dilatan las arterias (disminuye TPR, que es la resistencia vascular), y se produce un mayor flujo sanguíneo. Durante la sensación de amenaza, aumentan las pulsaciones pero disminuye el flujo sanguíneo y la dilatación de arterias es mucho menor.

Se comprobó por tanto que los participantes que exhibieron una amenaza consistente con experimentar una menor confianza, mostraron una confianza vocal menor y una confianza facial mayor. Para los participantes que exhibieron una amenaza, estos resultados son consistentes con el intento de enmascarar una falta subyacente de confianza (indicada por sus respuestas vocales) con un comportamiento no verbal facial relativamente controlable. Por el contrario, el patrón no verbal asociado con el desafío es consistente con la realidad que experimenta una mayor confianza, junto con la falta de preocupación por aparecer con confianza. Las reacciones fisiológicas de los participantes fueron diferentes entre los que sintieron desafío y los que sintieron amenaza. Por tanto, la diferencia entre la confianza vocal y facial que percibían los observadores indicaba un patrón cardiovascular que sólo podría ser observable a través de dispositivos de medición fisiológica.

En términos más generales, estos resultados demuestran que existe covarianza en las respuestas fisiológicas y no verbales, pero que esta covarianza puede observarse mejor con un patrón significativo de actividad fisiológica. Por el contrario, las expresiones faciales a menudo pueden ser engañosas, especialmente en comparación con las expresiones vocales, y pueden estar particularmente sujetas a preocupaciones motivacionales, como la gestión de impresiones. Estas consideraciones resaltan la importancia de utilizar patrones de reactividad fisiológica complejos y validados empíricamente al examinar la relación entre las respuestas fisiológicas y no verbales.

¿Puede una sonrisa falsa aumentar la percepción de confianza de los demás? Club de Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión presentamos un resumen del artículo “A fake smile thwarts cheater detection” de Matia Okubo, Akihiro y Kenta Ishikawa. Un interesante estudio publicado en «Journal of Nonverbal Behavior», en donde explican como las personas discriminan a posibles mentirosos en base a sus expresiones faciales negativas, y como una expresión facial positiva falsa (como una sonrisa falsa) puede influir en la percepción de confianza de los demás y frustrar la posible detección de una mentira. 

La cooperación social es una característica universal de las sociedades humanas porque las interacciones cooperativas mejoran la aptitud para la supervivencia. Sin embargo, esta mejora puede estar en riesgo si hay mentirosos durante las interacciones de cooperación: Los mentirosos pueden explotar a sus compañeros en un intercambio social beneficiándose de ellos sin reciprocidad. La cooperación social a largo plazo sólo tiene éxito si los individuos son capaces de detectar y evitar a los mentirosos en sus interacciones sociales. Aunque existen técnicas científicas que ayudan a detector las mentiras, Cosmides (1989) propuso que los humanos tienen mecanismos cognitivos innatos para detectar a estos mentirosos, basándose especialmente en las expresiones faciales.

Las expresiones faciales de los demás proporcionan información sobre su estado emocional y sus intenciones, que desempeñan un papel importante en la cooperación social. Algunas investigaciones encontraron que las caras de los mentirosos eran juzgadas más agresivas (amenazantes e intimidantes) y atraían la atención de los observadores durante las tareas visuales. Estos resultados sugieren que las expresiones emocionales agresivas como la ira pueden funcionar como una señal facial para la detección de los mentirosos.

Además, una expresión emocional agresiva es un determinante importante de la confianza facial percibida. Oosterhof y Todorov en una investigación en 2008 utilizaron una técnica de transformación en rostros generados por computadora y demostraron que los cambios en la dimensión confiable de los rostros afectaban principalmente a las percepciones de ira y felicidad, pero no a las percepciones de otras expresiones emocionales básicas. Demostraron además que los rostros dignos de desconfianza son percibidos como más enojados que los rostros confiables. Por tanto la capacidad de detectar a los mentirosos (erroneamente o no) por su apariencia puede basarse, al menos parcialmente, en la detección de expresiones emocionales agresivas de los rostros. Si los mentirosos expresan habitualmente niveles más altos de emociones agresivas, la gente debería ser capaz de distinguir de manera fiable a los mentirosos de los cooperadores. Sin embargo, este no es el caso: Aunque la gente es sensible a los mentirosos, la detección de los mentirosos, por supuesto, no es perfecta en situaciones del mundo real. Los autores de este artículo especulan que estas fallas en la detección de mentirosos son atribuibles a la habilidad de los mentirosos para disfrazar las emociones que indicarían su actitud poco cooperativa.

Una expresión facial que puede utilizarse para disfrazar las emociones subyacentes es la sonrisa, que es la señal más importante en la cooperación social, así como una de las expresiones más fáciles de fingir según Ekman. De hecho, en un experimento se usaron caras generadas por ordenador y demostraron que la percepción de la confiabilidad de las caras estaba correlacionada con la intensidad de las expresiones felices. Utilizaron fotografías de candidatos electorales y descubrieron que la intensidad de la sonrisa predijo la confianza percibida.

Estos resultados sugieren que incluso un símil artificial o planteado aumenta la confianza percibida. Sobre la base de estos hallazgos, se formularon las siguientes hipótesis: (1) Debido a que las expresiones faciales agresivas señalan la actitud poco colaboradora del observador, los observadores pueden discriminar con éxito a los mentirosos de los cooperadores detectando niveles más altos de expresiones faciales agresivas entre los mentirosos. Sin embargo, (2) tal detección de mentirosos puede ser frustrada por una sonrisa falsa, que los mentirosos expresarían con mayor intensidad que los cooperadores.

Para probar estas hipótesis, los autores llevaron a cabo una tarea de calificación utilizando fotografías faciales de los mentirosos y cooperadores, que fueron categorizados sobre la base de las puntuaciones en un juego económico. Se pidió a los modelos para las fotografías (es decir, a los mentirosos y cooperadores) que adoptaran tres tipos de expresiones faciales posadas (feliz, neutral y enojado) cuando se tomaron sus fotografías. Debido a que las  hipótesis involucraban la función de una sonrisa falsa (es decir, una expresión de felicidad posada), se usaron expresiones faciales posadas en lugar de expresiones espontáneas. Los participantes evaluaron las fotografías faciales en términos de intensidad emocional (la fuerza de la emoción que se expresa) y confiabilidad. En base a las hipótesis, se predijo que las fotografías de los mentirosos serían calificadas como emocionalmente más expresivas (más felices y más enojadas por rostros felices y enojados, respectivamente) que las de los cooperadores. Como resultado de una exitosa detección de mentirosos basada en expresiones agresivas, las fotografías de los mentirosos serían calificadas como menos confiables que las de los cooperadores para la expresión de enojo. Sin embargo, para la expresión feliz, la desventaja de los mentirosos en la confiabilidad desaparecería debido a una sonrisa falsa, que los mentirosos expresarían con mayor intensidad que los cooperadores para ocultar su actitud social.

Para comprobarlo hicieron un experimento con 68 estudiantes universitarios o de posgrado (33 mujeres y 35 hombres) de la Universidad de Sophia o de la Universidad de Meijigakuin, Tokio, Japón. La mitad de los participantes calificaron las caras enojadas y la otra mitad las caras felices.

Los modelos para las fotografías de los rostros fueron reclutados en la Universidad de Senshu, Kanagawa, Japón, y eran desconocidos para los participantes en las tareas de calificación. Las fotografías de los rostros se seleccionaron a partir de fotografías de 84 modelos masculinos. Había dos expresiones faciales posadas (feliz, enojado) para cada modelo. Se pidió a las modelos que se sentaran frente a la cámara y se les animó a ser tan emocionalmente expresivos como fuera posible para cada emoción.

La tarea de calificación utilizó un total de 108 fotografías. Fueron 96 fotografías definidas por una combinación ortogonal de 2 expresiones faciales (enojado y feliz) y 2 condiciones de cooperación (mentirosos y cooperadores, 24 cada uno). Además, se utilizaron 12 estímulos de relleno con una expresión neutra en la tarea de clasificación. Los modelos para los estímulos de relleno puntuaron alrededor del promedio en la puntuación de engaño (es decir, 6 modelos cada uno por encima y por debajo de la mediana). Se agregaron estímulos de relleno para aumentar la variedad de intensidad de las expresiones faciales, de modo que los participantes pudieran realizar fácilmente la tarea de calificación.

En cada ensayo, se pidió a los participantes que evaluaran una fotografía de un rostro presentado en un monitor LCD en términos de (1) la confiabilidad y (2) la intensidad de la expresión facial de la persona en la fotografía en una escala de 7 puntos (0 no confiable en absoluto – 6 extremadamente confiable, y 0 extremadamente feliz, 6 extremadamente enojado). La fotografía de la cara estaba presente hasta que se hizo la respuesta.

Cada participante completó 60 ensayos ya sea con caras con expresiones felices o expresiones de enojo. Esto se hace para evitar un efecto potencial de arrastre de presentaciones repetidas del mismo modelo con diferentes expresiones faciales: El juicio previo sobre el modelo con una expresión (por ejemplo, enojado) puede afectar el juicio posterior sobre el mismo modelo con la otra expresión facial (por ejemplo, feliz), especialmente con respecto a la confiabilidad.

La intensidad emocional fue relativamente alta en todas las fotografías porque se animó a los modelos a ser lo más expresivos emocionalmente posible cuando se tomaron sus fotografías. Tales fotografías podrían haber tenido un aspecto similar entre los ensayos en cuanto a intensidad emocional porque los participantes observaron sólo un tipo de expresiones planteadas (feliz o enojado). Por lo tanto, se añadieron los estímulos de relleno con expresiones emocionales neutras para aumentar la variedad de intensidad de las expresiones faciales de modo que los participantes pudieran realizar fácilmente la tarea de calificación. Los 60 ensayos consistieron en 48 ensayos de dos condiciones de cooperación (mentirosos versus cooperadores, 24 cada uno) y 12 ensayos de relleno.

Para analizar los resultados, para cada participante, se calcularon las calificaciones medias de intensidad emocional y confiabilidad para las 4 condiciones definidas, una combinación ortogonal de dos condiciones de cooperación (mentirosos y cooperadores) y dos tipos de calificación (intensidad emocional y confiabilidad). Cada puntaje de calificación fue sometido a un análisis de diseño mixto de dos factores de varianza con la expresión facial (feliz vs. enojado) como un factor entre los participantes y la cooperación (mentirosos vs. cooperadores) como un factor dentro de los participantes.

Sobre la intensidad emocional, las fotografías de los mentirosos fueron calificadas como emocionalmente más expresivas que las de los cooperadores. La expresión facial fue significativa con mayor intensidad para la expresión feliz que para la expresión de enojo. No hubo interacción entre la cooperación y la expresión facial, lo que indica que la ventaja de los mentirosos en la intensidad emocional se observó independientemente de las expresiones emocionales.

En cuanto a la confiabilidad, las fotografías de los mentirosos se calificaron de menos fiables que las de los cooperadores. Hubo un efecto principal significativo de la expresión facial, con mayor confiabilidad para la expresión feliz que para la expresión enojada. Estos efectos principales fueron calificados por una interacción significativa entre la cooperatividad y la expresión facial: Para la expresión de enojo, los mentirosos fueron calificados de menos confiables que los cooperadores. La desventaja de estos mentirosos desapareció para las expresiones felices. Además, la confiabilidad de los mentirosos fue calificada como más alta para la expresión feliz que para la expresión enojada. Esta ventaja de la expresión feliz no era significativa para los cooperadores.

A raíz de los resultados del experimento, se concluye que las fotografías de los mentirosos fueron calificadas como más expresivas emocionalmente independientemente de la expresión emocional en el presente estudio. Para la expresión de enojo, este resultado concuerda con los hallazgos previos de que los rostros de los mentirosos fueron juzgados como más agresivos (amenazantes e intimidantes) y atrajeron la atención de los observadores. Además, encontraron que los rostros poco confiables eran percibidos como más enojados que los rostros confiables.

La intensidad emocional de la expresión feliz también fue calificada como más alta para los mentirosos que para los cooperadores. Además, los rostros con expresiones emocionales felices eliminaron la desventaja de los mentirosos en la confiabilidad que se observaba en la expresión de enojo. Estos resultados apoyan la hipótesis de que la detección de mentirosos puede verse frustrada por una sonrisa falsa, que los mentirosos son más capaces de expresar con mayor intensidad que los cooperadores.

De todos modos, es necesario tener en cuenta algo, y es que a diferencia del presente estudio, otros estudios previos encontrados (no resumidos a fecha actual en el Club de Lenguaje No Verbal) han encontrado que los cooperadores, en lugar de los mentirosos, son emocionalmente más expresivos durante las interacciones sociales que los mentirosos. Estos resultados parecen ser inconsistentes con los hallazgos de este estudio. Esta inconsistencia puede atribuirse a las expresiones faciales planteadas utilizadas en el presente estudio. En contraste con el presente estudio, los estudios consultados anteriormente se centraron en las expresiones faciales espontáneas durante situaciones sociales, por lo que esa “espontaneidad” puede ser la responsable de estas diferencias, ya que las emociones espontáneas pueden funcionar como una señal para la cooperación social porque los individuos emocionalmente expresivos son menos capaces de ocultar emociones y, por lo tanto, deben comprometerse a tener intenciones de cooperación y comportarse de manera cooperativa. Dicho de otra manera, los cooperadores con señales emocionales honestas pueden ser menos capaces de fingir sus emociones que los mentirosos, quienes pueden expresar intensidades más altas de emociones falsas con el fin de disfrazar su actitud no cooperativa para que puedan fingir ser cooperativos. Además, mientras que en el presente estudio se utilizaron imágenes fijas, en estudios anteriores consultados se utilizaron vídeos que pueden transmitir información más significativa desde el punto de vista social, como expresiones faciales dinámicas e interacción social continua.

 

 

Comportamiento No Verbal en fotografías naturales versus posadas. Club de Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión presentamos un resumen del artículo «Status, gender, and nonverbal behavior in candid and posed photographs: A study of conversations between university employees» de Judith Hall, Lavonia Smith, Frank Thayer y Jeannette Gordon, en donde explican a través de una investigación las diferencias más significativas en el comportamiento no verbal mostrado en fotos posadas frente al mostrado en fotos naturales, así como la posible diferenciación en estos comportamientos entre hombres y mujeres. 

La observación cotidiana sugiere que las personas que difieren en el estado social se comportan de manera diferente el uno del otro. Existe la idea de que los comportamientos no verbales sutiles son una forma de mostrar y mantener las diferencias de estado. La mayoría de los estudios que han examinado el estado y el comportamiento no verbal han utilizado estudiantes universitarios que interactuaron en roles determinados experimentalmente. En un paradigma, por ejemplo, a los participantes se les asignan sus roles, que pueden ser gerente-empleado, profesor-alumno, o entrevistador –entrevistado, pero muy pocos estudios se han llevado a cabo entre personas en puestos establecidos de forma natural. Aunque los experimentos que usan los roles tienen valor porque mantienen los factores extraños constantes mientras manipulan el estado, tales estudios generan preocupación sobre el impacto de las manipulaciones de estado y la naturaleza de las interacciones sociales que siguen al estar, en cierto modo, haciendo un papel.

En este estudio, los empleados de la universidad tuvieron una conversación con alguien de su departamento o unidad mientras se les tomaban fotografías. Llamamos a estas fotografías «francas» porque, aunque los participantes sabían que estaban siendo fotografiados, las fotografías se tomaron a intervalos no anunciados a medida que avanzaba la conversación. Para cada par de empleados, el asistente de investigación también obtuvo una fotografía «posada» al terminar la conversación después de 4 minutos y pidiéndoles a los participantes que miraran a la cámara para obtener una imagen final. Luego se relacionó el estado relativo autoinformado, el tipo de fotografía (sincera vs. posada) y el sexo con ocho comportamientos no verbales: inclinación hacia arriba, postura erecta, inclinación hacia adelante, sonrisa, cejas levantadas, brazos cruzados, auto tocamiento, y descansando los codos en la pierna o en los muebles.

Al tratar de relacionar el estado con una conducta sincera no verbal, lo ideal sería utilizar una observación discreta para obtener muestras de un comportamiento completamente auténtico. Sin embargo, esto no fue posible por razones éticas y, además, la observación no controlada crea ambigüedades interpretativas (debido a la confusión con las tareas y los entornos). La discusión de la relación de estado con el comportamiento no verbal se ha relacionado estrechamente con la discusión de las diferencias de género en el comportamiento no verbal. Los hombres y las mujeres difieren en el número de comportamientos no verbales, y las magnitudes de estas diferencias rivalizan o superan las de otras diferencias psicológicas de género, así como otros correlatos de las mismas conductas no verbales. La literatura indica que las mujeres sonríen y miran más, se inclinan más (se sientan de una manera menos relajada), se acercan a los demás más y se tocan más, entre otras diferencias. Henley propuso que las diferencias de género en el status subyacen a las diferencias de género no verbales, es decir, los individuos de alto status o dominantes se comportan como los hombres, mientras que las personas de bajo status o sumisas se comportan como lo hacen las mujeres, si bien relativamente pocos estudios han medido tanto el estado como el sexo en el mismo estudio y pocos estudios han podido probar esta hipótesis directamente. En este estudio los autores evalúan los resultados en busca de evidencia de que las diferencias de status podrían subyacer a las diferencias de género no verbales.

El estudio parte de la hipótesis de que las fotografías posadas provocarían una diferencia de género más extrema que las fotografías espontáneas. De esos comportamientos que se examinan, uno de los que más veces se ha examinado en investigaciones bajo diferentes circunstancias es la sonrisa. En los metanálisis se encontró que cuando la observación era más notoria (por ejemplo, la presencia de la cámara era más obvia), la tendencia de los hombres a sonreír menos que las mujeres se volvió más pronunciada . Los estudios de fotografías posadas (es decir, cámaras muy destacadas) han sido previamente virtualmente unánimes en mostrar que las mujeres sonríen más que los hombres bajo tales circunstancias. Pero, ¿qué sucede ante fotografías espontáneas? ¿aparece la misma diferencia?

Para comprobarlo, contaron con 96 profesores y personal de Northeastern University en Boston, MA. La mitad (18 mujeres, 30 hombres) de estos individuos fueron seleccionados al azar de la guía telefónica de la facultad / personal universitario por asistentes de investigación; la mitad restante (28 mujeres, 20 hombres) fueron otros profesores universitarios y personal que fueron reclutados por el primer grupo para servir como socios de interacción. Según la inspección visual de las fotografías, la muestra era blanca, con la excepción de cuatro hombres afroamericanos, dos mujeres afroamericanas y una mujer asiática. En lo sucesivo, los reclutados por los asistentes de investigación se llamarán empleados, y aquellos que a su vez fueron reclutados por los empleados serán llamados socios. En total, había 13 díadas parejas socias-socias, 5 dúo parejas socias-socias, 15 díadas parejas socias-socias, y 15 díadas parejas socias-socias. Las restricciones impuestas durante el reclutamiento fueron que los empleados no podían ser estudiantes, no podían ser conocidos por el asistente de investigación y no podían ser del Departamento de Psicología. Los empleados tenían una edad promedio de 47 años (SD = 10.62, rango = 29-69). Los socios tenían una edad media de 38 años (SD = 13.14, rango = 19-68).

60 estudiantes masculinos y femeninos de pregrado que recibieron crédito parcial en su curso de Introducción a la Psicología hicieron juicios de comportamiento no verbal de las fotografías. No se recopilaron datos sobre la etnia, pero la población de la cual se reclutaron los calificadores es predominantemente blanca y de clase media.

Cuatro asistentes de investigación (1 hombre, 3 mujeres) reclutaron a los empleados por teléfono. A los empleados se les preguntó si estarían interesados ​​en participar en un estudio conducido por un profesor en el Departamento de Psicología. Una vez aceptado, se les dijo a los empleados que serían fotografiados durante una conversación para estudiar la interacción social en una situación de «vida real». Si los empleados estaban dispuestos a participar, se les pidió que contrataran a alguien de su departamento o unidad que no fuera un amigo personal cercano para que participara con ellos. Una vez que los empleados estaban seguros de que tenían un socio interesado en participar, el asistente de investigación programó una cita en la oficina del empleado. Al empleado y a la pareja se les pidió que sostuvieran una conversación de 4 minutos sobre «trabajo y vida en Northeastern»; muchas díadas hablaron sobre temas específicos relacionados con el trabajo. Se les informó que durante esta conversación el asistente de investigación tomaría fotografías en intervalos no anunciados. Cuando el asistente de investigación había tomado cuatro fotografías a intervalos de 40 segundos (en lo sucesivo denominadas fotografías «espontáneas»), pidió a los participantes que miraran la cámara para una fotografía final (fotografía «posada»). El asistente de investigación se abstuvo explícitamente de pedirles a los participantes que sonrieran o que dijeran «queso». En todo momento, se permitió a los asistentes de investigación interactuar de forma natural con los participantes.

Después de que se tomó la última fotografía, se pidió a todos los participantes que completaran un cuestionario en el que calificaron, en una escala de 9 puntos, su estado relativo a la otra persona: «¿Cómo describiría su relación jerárquica (en términos de rango, autoridad, o cadena de mando) a su socio en su oficina, departamento o unidad? » (mucho más bajo que mi compañero / mucho más alto que mi compañero). Los participantes también se les pidió que escriban su título de trabajo. Ejemplos de puestos de trabajo de alto status fueron vicepresidente y profesor; ejemplos de puestos de trabajo de bajo status fueron secretario y asistente de programación. Finalmente, los participantes calificaron el grado en que conocían a la otra persona y su comodidad, disfrute y tensión durante la conversación (en escalas de 9 puntos).

Resultaron 235 fotografías que fueron plasmadas de forma aleatoria en álbumes de fotografías. Las mitades izquierda y derecha de cada fotografía se cubrieron alternativamente con papel opaco, de modo que un evaluador determinado solo podía ver un miembro de la díada. En total, cada participante fue calificado por 5 calificadores por cada elemento de calificación no verbal. Cada evaluador puntuó solo uno de los siguientes para las 235 fotografías (solo la persona de la izquierda o de la derecha): posición de la cabeza hacia abajo / posición de la cabeza hacia arriba; cejas arqueadas / cejas levantadas; postura desplomada / postura rígida; inclinarse hacia atrás / inclinarse hacia adelante; no sonríe / sonríe intensamente (todo en escalas de 9 puntos); o una lista de verificación que enumera (1) los brazos cruzados, (2) tocarse a sí mismo (no incluye las manos apoyadas en el regazo, los brazos cruzados o las manos juntas) y (3) los codos apoyados sobre la mesa, el brazo de la silla o la rodilla. Los evaluadores en la condición de la lista de verificación podían verificar todos los que se aplicaron para cada fotografía. En la puntuación, los elementos de la lista de verificación se convirtieron en variables (presente / ausente).

El análisis se realizó del siguiente modo: En primer lugar, para cada fotografía, las clasificaciones realizadas por los cinco observadores se promediaron para cada comportamiento no verbal. A continuación, para cada participante por cada elemento de comportamiento, se promediaron las calificaciones de las cuatro fotografías tomadas durante la conversación (fotografías espontáneas). Estos se analizaron por separado de la fotografía final, que es la fotografía posada.

Los empleados y socios valoraron su propio estado relativo. Debido a que estuvieron muy de acuerdo con su estado relativo, se creó un conjunto de calificaciones de empleados y socios al promediarlos después de revertir la calificación del socio, de modo que para ambos participantes las calificaciones en el extremo superior de la escala indicaron que el empleado tenía mayor estado que el socio, mientras que las calificaciones en el extremo inferior indicaron que el empleado tenía un estado más bajo que el socio. Esta calificación de status compuesto se usó para identificar quién tenía el status más alto y quién era el miembro del status más bajo de cada díada.

Las relaciones de status, las fotografías naturales / posadas y el género a la conducta no verbal se examinaron en análisis de varianza univariante de modelo mixto de cuatro vías (ANOVA) que tenían dos factores entre pares y dos dentro de las parejas; en estos ANOVA las variables dependientes fueron las conductas no verbales, los factores entre las dos parejas fueron el género de la persona de menor status y el género de la persona de mayor status, y los factores dentro de las parejas fueron el comportamiento de la persona de menor status versus mayor y tipo de fotografía (natural / posada). Las diferencias de género se examinaron adicionalmente utilizando correlaciones entre el género (0: masculino, 1: femenino) y las conductas no verbales.

Los resultados fueron los siguientes:

En cuanto a la inclinación de la cabeza hacia arriba, los miembros de menor status inclinaron la cabeza hacia arriba más que los miembros de mayor status. Hubo también un efecto altamente significativo de fotografías naturales / posadas: Los participantes inclinaron la cabeza más en las fotografías posadas que en las naturales. No hubo otros efectos significativos.

En cuanto a la sonrisa, el status no se relacionó significativamente con la sonrisa. Sin embargo, los participantes sonreían mucho más en las fotografías posadas que en las naturales. Además, para las fotografías naturales, la sonrisa (para los dos participantes combinados) no estaba relacionada con el sexo de la persona de menor status, pero para las fotografías posadas sonriendo (para ambos participantes combinados) fue sustancialmente mayor cuando la persona de menor status era mujer que cuando la persona de menor status era hombre. Lo más llamativo es la cantidad de sonrisas en los casos en las que ambos participantes eran mujeres, en relación con las otras condiciones.

Ni el status ni las fotografías naturales / posadas se relacionaban significativamente con el auto-contacto, aunque cuando la persona de menor status era hombre, la persona de mayor status se tocaba más que la persona de menor status, pero cuando la persona de menor status era mujer no había diferencia. Aparte, en fotografías naturales, los participantes se tocaron un poco más cuando la persona de menor status era mujer que hombre, pero esta diferencia de género se revirtió para las fotografías posadas: los participantes se tocaron más cuando el status inferior era hombre en vez de mujer.

En cuanto a los codos en reposo, la persona de mayor status apoyó los codos en una pierna o en los muebles más que la persona de menor status. Además, cuando la persona de menor status era hombre, la persona de mayor status descansaba más sus codos que la persona de menor status, pero no había mucha diferencia cuando la persona de menor status era mujer.

Sobre las posturas e inclinaciones, ni el estado ni las fotografías naturales / posadas se relacionaron significativamente con estos comportamientos. Tampoco hubo otros efectos significativos en los ANOVA para estos comportamientos.

Sobre las diferencias de género en el comportamiento no verbal de la investigación, hubo algunas diferencias de género significativas. Aunque no fue consistente entre los participantes y las fotografías naturales / posadas, hubo evidencia de que las mujeres se sentaron con una postura más erguida, se inclinaron más hacia adelante, sonrieron más y arquearon las cejas más que los hombres. De todas las diferencias entre las diferencias de género naturales y posadas, la más notable fue la sonrisa: no hubo diferencias sonrientes para las fotografías sinceras, pero en las fotografías posadas las mujeres de menor status sonrieron notablemente más que los hombres de menor status.

En resumen, este estudio encontró evidencia de que varios comportamientos no verbales variaron con el status, las fotografías sinceras versus las posadas, y el sexo. Sin embargo, la evidencia de interacciones entre estos factores sugiere que puede haber una utilidad limitada para generalizar sobre cualquiera de estas variables individualmente en relación con el comportamiento no verbal. Los efectos de status no siempre fueron constantes a través del género, y las diferencias de género no siempre fueron constantes en las fotografías naturales / posadas. Es particularmente interesante que las diferencias de género en la sonrisa parecían ser especialmente sensibles a las demandas situacionales (fotografías naturales frente a las posadas).

El comportamiento no verbal en entornos virtuales (Parte II). Club del Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos la segunda parte del resumen del estudio “Cyber-Flirting: An Examination of Men’s and Women’s Flirting Behaviour Both Offline and on the Internet” de Mónica Whitty, estudio en donde se explican las formas de comunicación online y las diferencias y similitudes entre el comportamiento no verbal tradicional y el que se establece a través de Internet y Redes Sociales.

En la primera parte del artículo resumimos algunas de las características comunes en el coqueteo fuera y dentro de la red según el género del individuo. A continuación se busca respuesta a las siguientes hipótesis:

Hl: El cuerpo (o la descripción del mismo) se usa para coquetear con la misma frecuencia en salas de chat que en situaciones cara a cara.

H2: Las mujeres coquetearán tanto en salas de chat como en situaciones cara a cara con más frecuencia que los hombres al emplear señales no verbales (o sustitutos en línea para estas señales).

H3: Los hombres coquetearán tanto en las salas de chat como en las situaciones cara a cara con más frecuencia que las mujeres al describir su estado socioeconómico y al iniciar el contacto.

Para responder a estas hipótesis, los participantes que habían utilizado salas de chat fueron invitados a participar en el estudio. 5.697 individuos completaron la encuesta, de los cuales 3554 (62%) eran mujeres y 2143 (38%) eran hombres. Aunque es una limitación de la encuesta, para eliminar el sesgo solo se invitó a los heterosexuales a participar. Las edades variaron de 18 a 70 con una media de 23. El 70% de la muestra tenía una educación secundaria, el 14% había completado un diploma o un certificado, 13% un título y 3% calificaciones de postgrado. El 55% de la muestra eran solteros, 29% tenían novio o novia, 11% estaban casados, 4% estaban separados o divorciados, y 1% no respondieron. El 74% en algún momento de sus vidas, formaron una relación romántica con alguien que conocieron fuera de línea, mientras que el 23%, en algún momento de sus vidas, formaron una relación romántica con alguien que conocieron en línea. El 35% se había encontrado con alguien cara a cara a quien se habían encontrado por primera vez en línea. El 59% de la muestra declaró que coqueteaba con más frecuencia fuera de línea, 22% más frecuentemente en línea, 13% lo mismo y 6% no coqueteaba. La muestra consistió en individuos de una variedad de países, con 69% de América y Canadá, 16% de Australia y Nueva Zelanda, 6% del Reino Unido, 2% de Europa, 2% de Asia, 1% de América del Sur, 0.5% de Medio Oriente y 0.2% de África (el resto no indicó su país de residencia).

Se construyó una encuesta que se centró en las formas en que las personas coquetean en situaciones cara a cara y cómo coquetean en las salas de chat. Aunque se pudo haber seleccionado una gran cantidad de conductas de coqueteo para este estudio, dado que los objetivos eran examinar si el cuerpo puede reconstruirse en línea para coquetear y examinar si los hombres y las mujeres coquetean de maneras tradicionalmente definidas, este estudio se enfocó en conductas no verbales y sus sustitutos en línea, descripciones de atractivo y estado socioeconómico, y el inicio del contacto con otro.

A los participantes se les pidió que calificaran en una escala de Likert de 7 puntos (1 = nunca, 7 = todo el tiempo) con qué frecuencia coqueteaban al mostrar comportamientos particulares para indicar atracción por otro. A los participantes se les pidió que consideraran el comportamiento coqueto en situaciones cara a cara y el comportamiento coqueto en las salas de chat. Algunos ejemplos de ítems incluyen: ‘¿Alguna vez te has esforzado por parecer físicamente atractivo para que puedas atraer a otro / a otros?’ y ‘¿Alguna vez utilizas emoticones, como caras sonrientes : ) o un guiño ; ) para indicar a alguien en línea que te sientes atraído por ellos?’ A los participantes se les preguntó si coqueteaban describiendo el ingreso y / o la educación y / o la ocupación; haciendo un esfuerzo por parecer físicamente atractivo; iniciar una conversación con alguien que encontraron atractivo; mostrar gestos no verbales, como sonreír o mirar; y riendo y tocando. A los participantes se les preguntó si coqueteaban en línea al describir el ingreso y / o la educación y / o la ocupación; describiéndose a sí mismos como físicamente atractivos; iniciar contacto con alguien que conocieron en línea; mostrar sustitutos no verbales, como emoticones ( :O ,  ; )  , XD); y usando acrónimos, como LOL (reír a carcajadas, muchas risas).

Los resultados fueron los siguientes:

Para probar la primera hipótesis, se realizaron pruebas pareadas en los ítems que evaluaron el grado en que el cuerpo se representó en el comportamiento de flirteo. La mayoría de los participantes (59%) afirmaron que coqueteaban con más frecuencia fuera de línea, y los datos revelan que las personas que coqueteaban con más frecuencia cara a cara eran más propensas que las que coqueteaban en línea para flirtear en situaciones cara a cara a usar señales no verbales y reír, e iniciar el contacto o la charla. Las comparaciones también mostraron que las personas que coqueteaban con mayor frecuencia en línea enfatizaban el atractivo más que las personas que coqueteaban cara a cara o coqueteaban tanto en línea como fuera de línea. Además, las personas que coqueteaban con más frecuencia en línea eran más propensas que las personas que coqueteaban más frecuentemente cara a cara para destacar su  nivel socioeconómico.

Con los datos obtenidos en las encuestas se investigaron también las diferencias sexuales en el comportamiento de flirteo. Las variables dependientes incluyeron elementos que medían el comportamiento coqueto en línea y fuera de línea.

La Hipótesis 2 fue parcialmente respaldada por los resultados. Las mujeres coqueteaban más que los hombres en situaciones cara a cara, al mostrar señales no verbales, reír, tocar y hacer un esfuerzo con su apariencia. En línea, las mujeres coqueteaban más que los hombres al usar sustitutos de señales no verbales (como emoticones) y risas (como acrónimos como LOL) y describiéndose a sí mismas como físicamente atractivas.

La hipótesis 3 también fue parcialmente respaldada. Los hombres coqueteaban más que las mujeres en situaciones cara a cara enfatizando su estatus socioeconómico. Sin embargo, contrariamente a las expectativas, los hombres no eran más propensos a iniciar contacto fuera de línea. En línea, sin embargo, los hombres eran más propensos que las mujeres a iniciar contacto (iniciando la conversación).

Por tanto, podemos concluir que a pesar de las afirmaciones de algunos investigadores de que Internet es más una reunión de mentes que de cuerpos, este estudio encontró alguna evidencia de que el cuerpo desempeña un papel importante en el coqueteo cibernético en las salas de chat. Los datos sugieren que las personas son más propensas a usar el cuerpo para coquetear fuera de línea. Sin embargo, dado que la mayoría de la muestra declaró que flirteaba más fuera de línea, se requirió un segundo análisis. En este segundo análisis, las personas que afirmaron coquetear más cara a cara se compararon con las personas que afirmaron coquetear más en línea, y con las personas que afirmaron coquetear en línea tanto como lo hicieron fuera de línea. Esto resaltó algunas diferencias significativas. Los resultados sugirieron que aquellos que coquetean más en línea pueden traducir el cuerpo a través de texto, usando, por ejemplo, cinética (en forma de acrónimos, como LOL), ocular (en forma de emoticones, como un guiño), y háptica (a través de descripciones en el texto). De hecho, la representación de las señales no verbales y la risa parece ser una forma popular para las personas para ciber-ligar. Este estudio respalda de alguna manera los argumentos teóricos previos de que el cuerpo puede traducirse con éxito en línea. Sin embargo, es posible que cuanto mejor se manejan en Internet, más capaces de hacerlo.

En general, los hombres y las mujeres coqueteaban en formas distintivamente definidas por el género, tanto en encuentros cara a cara como en salas de chat. Aunque los pequeños tamaños de efecto sugieren que debemos tratar estos resultados con precaución, como se predijo, las mujeres eran más propensas que los hombres a coquetear en línea y fuera de línea empleando señales no verbales, riéndose y enfatizando el atractivo físico.

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