Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Comunicación no verbal (Página 2 de 38)

La mímica no verbal y su influencia en la comunicación médica. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Automatic Nonverbal Mimicry Detection and Analysis in Medical Video Consultations” de Wu, K.; Liu, C. y Calvo, R. A. (2020), en el que se estudia cómo la mímica no verbal entre paciente y doctor influye en la calidad de la consulta médica.

La importancia de las buenas habilidades de comunicación en las interacciones interpersonales está ampliamente reconocida. El impacto de las habilidades de comunicación también se ha estudiado en la comunicación médico-paciente. Entre otras cosas, se ha dicho que los médicos con buenas habilidades de comunicación pueden reconocer la enfermedad de los pacientes con mayor precisión y estos están más satisfechos con su atención, logrando mejores resultados de salud.

El mimetismo o mímica no verbal se ha investigado durante décadas y su impacto en la calidad de la comunicación es ampliamente aceptado. Se define como un comportamiento que una persona copia de un interlocutor mientras interactúan.

Muchos estudios también han demostrado la importancia del mimetismo en la comunicación médico-paciente. Por ejemplo, los médicos imitan a los pacientes para establecer una proximidad y empatía durante la interacción. Otro estudio reveló que la imitación conductual de los médicos es uno de los factores que influyen en la confianza del paciente en la terapia.

Así, el mimetismo puede ayudar a desarrollar un sentido de conexión entre las personas, aunque por lo general ocurre inconscientemente. Los interlocutores lo interpretan como un comportamiento amistoso, que ayuda a crear una buena relación y permite ganarse el favor de la persona imitada. Además, se cree ampliamente que el mimetismo está relacionado con la transmisión de empatía. Pero en situaciones de la vida real, esta relación tiene más matices a tener en cuenta, por ejemplo, el género de los interlocutores.

Así pues, los autores realizaron un estudio propio de julio a noviembre de 2017 para investigar la relación entre la mímica no verbal de estudiantes de medicina (130), de una universidad australiana, y su habilidad de comunicación general durante las consultas por vídeo. Se contó con 29 pacientes voluntarios simulados como participantes, además de los estudiantes.

Los 130 estudiantes debían completar una consulta de video con un paciente simulado a través de una plataforma de videoconferencia en línea. Todos los estudiantes estaban matriculados en cursos de formación en habilidades de comunicación médica. Los pacientes simulados fueron entrenados para actuar como pacientes. No obstante, no se les enseñó cómo comportarse, sino que solo se introdujo el proceso de entrevista y cómo evaluar a los estudiantes.

Bien, los pacientes simulados y estudiantes fueron grabados mientras tenían una consulta de video de práctica, y los primeros completaron una encuesta posterior a la consulta para medir el desempeño del estudiante. Después de recopilar los datos, se utilizaron algoritmos informáticos para detectar las características no verbales de los estudiantes y los pacientes simulados. También para identificar el momento en que el estudiante imitó comportamientos no verbales de los pacientes simulados. Por último, se investigó cómo la mímica no verbal de los estudiantes influyó en la calidad de la consulta.

Tras todo este proceso, se detectaron cuatro tipos de comportamiento no verbal tanto de los pacientes simulados como de los estudiantes: sonreír, fruncir el ceño, asentir con la cabeza y sacudir la cabeza.

Seguidamente, se detectó la mímica no verbal de los estudiantes al hacer coincidir sus características no verbales con la de los pacientes simulados. En este caso, se consideró que los estudiantes se comportaban de forma mímica en función de cuando iniciaban y/o terminaban sus interacciones, distinguiendo en total 4 tipos de mímica. Las características de la mímica no verbal incluían el número de ocurrencias, la frecuencia de la acción no verbal y la duración en segundos de los diferentes tipos de mímica.

Los resultados mostraron que, en una conversación, la conducta más común de los estudiantes era sacudir la cabeza, seguido de sonreír y asentir. Por otro lado, el comportamiento más común para los pacientes simulados era asentir y sonreír o fruncir el ceño menos tiempo. De media, los estudiantes imitaron mucho más sonreír y asentir que fruncir el ceño y sacudir la cabeza en cada conversación.

Así, ciertas conductas de mímica no verbal de los estudiantes se correlacionan con los resultados de la evaluación de su comunicación médica. Por ejemplo, la frecuencia de la mímica de fruncir el ceño resultó significativamente positiva en las puntuaciones de su desempeño general. Esto es interesante ya que es menos probable que se imite fruncir el ceño, al asociarse generalmente con ser una expresión negativa.

Por su parte, el modelo de regresión múltiple reveló que la mímica no verbal era un factor predictivo de las habilidades de comunicación del estudiante. Por ende, la cantidad de imitación no verbal puede influir en los resultados de la comunicación. De hecho, resulta curioso que, en el estudio, incluso la mímica de gestos no verbales “negativos” como fruncir el ceño repercutía positivamente sobre la comunicación y la relación médico-paciente. Esto puede deberse a que se considere como un signo de empatía.

Asimismo, en el estudio de los autores no se diseñaron comportamientos controlados. La investigación constató que cuánto se imite el comportamiento no verbal del interlocutor puede influir en el resultado de la comunicación. Además, se observó que la imitación de la conducta no verbal debe usarse, en conjunto, para afectar a las emociones de la contraparte. No obstante, como decíamos, el comportamiento no verbal por sí solo no fue un factor predictivo de las habilidades de comunicación del estudiante. La conducta no verbal no tiene muchos efectos sobre el desempeño comunicativo en la interacción médica.

Finalmente, se encontraron dos estilos de mimetismo por agrupamiento, los cuales podrían ser los mejores indicadores de una buena comunicación. En primer lugar, quienes imitaban los asentimientos (y seguían asintiendo incluso si el paciente simulado se detenía) se consideraron mejores comunicadores. En segundo lugar, el paciente simulado calificaba mejor al estudiante cuando realizaba combinaciones específicas de asentir y sonreír durante la comunicación. Sin embargo, debe mencionarse que imitar con mayor frecuencia la sonrisa de los pacientes no garantiza una calificación más alta o positiva.

En cambio, quienes realizaban más imitaciones de asentir con la cabeza, pero no demasiadas de sonreir, podían lograr mejores puntuaciones de comunicación. Consecuentemente, esta evidencia lleva a varias implicaciones prácticas. Particularmente para aquellos involucrados en la formación de habilidades de comunicación y el diseño de plataformas de aprendizaje.

A modo de conclusión, cabe señalar que un estudiante que imita al paciente sin reconocer o entender la razón por la cual el paciente realizó la conducta probablemente no sería un comunicador eficaz.

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Género y culturas ¿cómo afectan a la comunicación no verbal? Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Culture and Gender in Nonverbal Communication” de Zand, S.; Baradaran, M.; Nafaji, R.; Maleki Mousavi, A. y Golbazi Mahdipour, A. (2020), en el cual se estudia cómo el género de la persona y el contexto cultural afectan a la comunicación no verbal.

Sin la comunicación no es posible el surgimiento y desarrollo de la humanidad. Existe un amplio consenso que considera el lenguaje como la principal diferencia entre los animales y los humanos.

Como es sabido, la comunicación se realiza principalmente de dos formas: verbal y no verbal. La comunicación verbal se produce a través de las palabras, ya sea habladas o escritas. En contraposición, la comunicación no verbal es el proceso de enviar y recibir mensajes por cualquier medio que no sea el lenguaje hablado, como la expresión facial, el tacto, la distancia, los gestos…

De hecho, las investigaciones psicológicas revelan que más del 65% del intercambio de información en interacciones cara a cara se realiza a través de la comunicación no verbal. Los investigadores han argumentado que la transmisión de un mensaje solo es efectiva cuando la comunicación verbal (palabras), el audio (melodía, tono…) y aspectos visuales (gestos y movimientos corporales) están relacionados entre sí.

Así, según esta investigación, los comportamientos no verbales juegan un papel esencial en la comunicación interpersonal. La conducta facial también es de importancia, ya que es importante en la comunicación emocional. Las personas usamos el lenguaje corporal sin darnos cuenta y constantemente experimentamos e interpretamos el lenguaje corporal de los demás.

Por otro lado, también se ha establecido que las diferencias de género en el comportamiento no verbal son relativamente pequeñas, aunque pueden asociarse con resultados significativos. Los hombres y las mujeres son diferentes tanto en la comunicación verbal (la elección de palabras, el estilo de conversación, el contenido del habla, el uso del silencio…) como en la comunicación no verbal. Por ejemplo, las mujeres se acercan más al interactuar que los hombres y permiten que otros se acerquen, etc.

La cultura es otro factor importante en el comportamiento y la comunicación no verbal que hace que estas se diferencien en la forma de practicarse entre países diferentes. Las personas repetimos el comportamiento y la comunicación no verbal individualmente, influenciados por la cultura de la que hemos aprendido. Asimismo, la cultura influye en cómo interpretamos el lenguaje corporal y comportamiento no verbal de otros. Como resultado, aparece la diversidad cultural entre países y sociedades.

Sin embargo, muchas personas no solo carecen de información y conciencia sobre los estilos de comunicación no verbal de su propia cultura, sino que tampoco tienen suficiente conocimiento sobre otras culturas. En consecuencia, las personas a menudo asumen erróneamente que en otras culturas se comunican de la misma forma que ellos; esto se conoce como semejanza de proyección. El resultado es que se producen malentendidos en las interacciones interculturales cuando uno interpreta la comunicación no verbal de otros a la luz de sus normas culturales.

Así, los autores del artículo condujeron su propia investigación para comprobar si existen diferencias de género y si los diferentes antecedentes culturales afectan al conocimiento de las señales no verbales. Para ello, tomaron como referencia las culturas italiana e iraní, comparándolas.

La investigación contó con 720 participantes, 360 estudiantes iranís y 360 estudiantes italianos, todos ellos universitarios. La edad de los participantes osciló entre 18 y 49 años, siendo el 41,1% mujeres y el 58,9% hombres. Los participantes completaron una encuesta y proporcionaron su información demográfica básica (sexo, edad, antecedentes educativos y antecedentes culturales). Finalmente, completaron la prueba de conocimiento de señales no verbales.

Los resultados fueron los siguientes. Las mujeres iraníes obtuvieron puntuaciones más altas en el conocimiento de las señales no verbales. En contraposición, la diferencia de sexo en el grupo italiano no fue significativa. Sí se detectó una diferencia notable en las habilidades de comunicación no verbal entre los estudiantes de Irán e Italia; los estudiantes italianos obtuvieron más puntuación. Por tanto, se confirmó la influencia ejercida por los diferentes orígenes culturales sobre el conocimiento de las señales no verbales.

Específicamente, las mujeres participantes en el grupo iraní mostraron tener más conocimiento sobre las señales no verbales que los hombres, así como más precisión en la decodificación no verbal que los hombres. Existe una diferencia esencial entre los medios de conocimiento de la comunicación no verbal de cada grupo (Irán e Italia). Esto significa que los diferentes antecedentes culturales afectan al conocimiento de las señales no verbales de los individuos.

En las culturas individualistas, uno es más importante que el grupo, mientras que, en las culturas colectivistas, los individuos deben adaptarse entre sí y con el grupo. Cuando la cultura colectivista se vuelve más independiente, los individuos a menudo se involucran en las actividades diarias y se unen, mientras que en las culturas individualistas actúan de manera más independiente.

Por tanto, el individualismo y el colectivismo son dimensiones importantes que ayudan a comprender las diferencias y similitudes culturales en el contexto de la comunicación. En el estudio expuesto, el grupo iraní parece actuar de forma conservadora con respecto a sus emociones.

En futuras investigaciones, podría compararse la comunicación en personas con trastornos mentales e individuos sanos, o investigarse la comunicación no verbal con características de personalidad de los individuos, así como factores de interferencia como el estado económico, social y civil en la comunicación no verbal.

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Sincronía y engaño en interacciones grupales. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Strategic Synchrony and Rhythmic Similarity in Lies About Ingroup Affiliation” de Dunbar, N. E.; Giles, H.; Bernhold, Q.; Adams, A.; Giles, M.; Zamanzadeh, N.; Gangi, K.; Coveleski, S.  y Fujiwara, K. (2019), en el que se estudia cómo los miembros del grupo pueden utilizar estratégicamente la sincronía para aumentar la credibilidad y la simpatía con el fin de pasar desapercibidos cuando mienten.

La mayoría de la gente opera bajo lo que se conoce como el “sesgo de la verdad“. Es decir, la presunción de que otros están diciendo la verdad a menos que tengan motivos para creer lo contrario.

Inferir la verdadera intención de un interlocutor y comunicarse de manera clara y honesta son dos aspectos de lo que llamaríamos una comunicación más “exitosa”. Pero ciertos objetivos interpersonales pueden hacer que sea más probable que alguien emplee el engaño y menos probable que el receptor lo detecte. Por ejemplo, crear una impresión positiva en el otro puede incrementar las posibilidades de mentir durante una conversación (como puede ocurrir en entrevistas de trabajo).

Generalmente, el sesgo de la verdad deja a las personas mal equipadas para detectar el engaño. La teoría interpersonal del engaño y la de la adaptación de la comunicación apuntan a la sincronía como una herramienta básica, quizás sutil, para mentir. La explicación radica en que la comunicación sincronizada se percibe más positivamente que la no sincronizada.

La sincronía es un tipo de adaptación interpersonal en la que los interlocutores alinean o adaptan sus comportamientos de manera interdependiente. Esto es: los individuos coordinan sus comportamientos para que los socios se respondan entre sí. Abarca formas de adaptación interpersonal como el emparejamiento, imitación o reflejar los movimientos del otro, reciprocidad…

Teóricamente, la sincronía lleva a una mayor compenetración, entendida como una comunicación positiva y armoniosa. Dicha compenetración se manifestaría de tres formas: atención mutua, positividad y coordinación interpersonal (sincronía). Al formarse esta compenetración, en tales circunstancias se aumenta la probabilidad de percibir una mentira como algo verdadero.

Por su parte, la participación se refiere al nivel de capacidad de respuesta y compromiso entre los socios de interacción. Así, una alta participación involucraría reciprocidad de miradas, inclinarse hacia delante y gesticular. En contraposición, una baja participación aludiría a corresponder la falta de (o reducido) contacto visual y su actividad reducida o compromiso pasivo. El interlocutor puede adaptarse a la otra persona utilizando ambos tipos de participación según el caso.

En cualquier caso, la sincronía conductual puede ser una estrategia que quienes mienten utilizan para evitar que se detecten sus mentiras.

Para comprobar todas estas teorías, sobretodo la última, los autores condujeron una investigación propia. En ella contaron con 222 participantes, estudiantes universitarios en EE.UU, de distintas etnias y siendo la mayoría mujeres (70%). Se les asignó una pareja aleatoria entre los participantes, siendo uno de ellos el “socio 1” (participación manipulada) o “socio 2” (engaño manipulado). Tras rellenar un cuestionario para medir su identificación con los grupos, posición ética, etc., los participantes realizaron una interacción con el compañero. Después, completaron un segundo test para ver si habían detectado las mentiras, etc.

Específicamente los “socios 1” fueron asignados a tres grupos de participación aleatoriamente: alta, baja o un grupo de control que no recibió indicaciones específicas. Estos socios debían hablar de tres cosas que les gustaran de su universidad para intentar reclutar a nuevos estudiantes, según sus condiciones de participación.

A los “socios 2”, también aleatoriamente, se les asignó la condición de mentiroso o verdadero. A los primeros se les pidió que mintieran como quisieran, siempre y cuando lo que dijeron no representara con precisión sus verdaderos pensamientos / sentimientos. Del mismo modo, solo se les pidió que mintieran con respecto a un tema de conversación específico. Ambos grupos practicaron lo que iban a decir. En total, la interacción duró 7-10 minutos.

Los resultados fueron los siguientes. Los cuestionarios revelaron que las impresiones de compenetración estaban altamente relacionadas con las percepciones de confianza, satisfacción y sincronía. Como era de esperar, la experiencia de que una interacción creó una compenetración también aumentó la percepción de que el interlocutor era confiable y sincero.

Como era de esperar, los interlocutores con alta participación y control calificaron su conversación como más afín que aquellos con baja participación. Sin embargo, contrariamente a lo esperado, los participantes calificaron las interacciones con parejas veraces como más afines que las engañosas. El sesgo de la verdad es claramente evidente: el 84,7% calificó a sus parejas como sinceras. Solo cuatro participantes clasificaron a su pareja como engañosa, acertando únicamente uno de ellos. Esto quiere decir que los socios mentirosos eran indistinguibles de los socios sinceros para los participantes.

Ahora, si bien los “mentirosos” pasaron desapercibidos como tal, encontramos que los socios de interacción experimentaron menos simpatía. Por tanto, existe un coste potencial incluso para las mentiras intragrupales casuales:menor capacidad para crear conversaciones fluidas y agradables con los miembros del grupo. En este contexto, las mentiras hicieron que los socios disfrutaran menos de la interacción, a pesar de que no pudieron identificar las mentiras. En última instancia, esto podría afectar a la inclusión social y otros objetivos comunicativos como la persuasión.

Estos hallazgos también sugieren que las conversaciones casuales, la pertenencia a un grupo y la baja cercanía relacional pueden ser factores que disminuyen la detección del engaño. Dado que el estudio asoció a individuos con identidad compartida (estudiantes de la misma universidad) pero con un significado personal y relacional bajo, es posible que los participantes no hayan estado dispuestos a gastar los recursos cognitivos y el tiempo necesarios para detectar el engaño.

Otra explicación para la baja detección del engaño puede ser que los participantes percibieran alguna anomalía en la conversación, pero no la categorizaron como engaño. En contraposición, podrían haberla atribuido erróneamente a otras características de la persona, como malestar, falta de sociabilidad o agotamiento. En cuanto a las percepciones del comportamiento, los socios calificaron a los mentirosos con menor compenetración y sincronía que los que dicen la verdad.

Finalmente, con respecto a los movimientos, los resultados sugieren que una alta participación condujo a la sincronización y compenetración, y el engaño a una mayor sincronía, pero solo en determinadas circunstancias (en movimientos más rápidos).

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¿Cómo se mide el contacto visual? Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “The Measurement of Eye Contact in Human Interactions: A Scoping Review” de Jongerius, C.; Hessels, R. S.; Romijn, J. A.; Smets, E. M. A. y Hillen, M. A. (2020), en el que se analizan los métodos más utilizados para medir y estudiar el contacto visual como parte de la comunicación no verbal en las interacciones humanas.

El contacto visual es un aspecto fundamental de la comunicación no verbal y la interacción social desde el nacimiento hasta la edad adulta.

Desde la formación de relaciones interpersonales hasta la comunicación entre paciente y doctor, el contacto visual juega un papel fundamental. Por tanto, no es de extrañar que dicho contacto haya sido estudiado en múltiples contextos, como la manipulación y el engaño también. Estos estudios han identificado patrones de la mirada en las interacciones que indican que alguien está hablando, escuchando o invitando a otro a hacerse cargo.

Como se observa, el contacto visual es fundamental para la investigación en diversas disciplinas centradas en comprender la interacción humana. Para ello, se han utilizado una variedad de metodologías y estrategias de medición. Así, se deben elegir métodos válidos y confiables, apropiados para el objetivo de investigación y la población específicos.

La variación en las metodologías para medir el contacto visual complica la agregación o comparación de los resultados de los estudios. Por ello, los autores del artículo tienen como objetivo proporcionar una descripción general de los métodos utilizados para estudiar el contacto visual en todas las disciplinas de investigación.

Más específicamente, cómo se define y evalúa el contacto visual en la literatura empírica para descubrir las técnicas específicas que se han utilizado en la investigación del contacto visual. De manera más general, analizaron la evoluciónde las medidas de contacto visual a lo largo del tiempo, el grupo de edad de los participantes, el campo de estudio y la pregunta de investigación.

Para ello, se seleccionaron un total de 109 estudios, publicados entre 1965 y 2017 y realizados principalmente en EE.UU y Europa. Hubo 80 estudios experimentales, siendo uno de ellos un ensayo controlado aleatorio, y 29 fueron estudios observacionales, de los cuales 8 tenían un diseño longitudinal. Los estudios incluyeron participantes de varios grupos de edad: bebés, niños, adolescentes, adultos y ancianos.

Los estudios incluidos se centraron en seis aspectos. La mayoría de los estudios evaluaron el papel del contacto visual durante las conversaciones. Los estudios del desarrollo se centraron en el papel del contacto visual durante el desarrollo infantil y del bebé sano. Los estudios de psiquiatría evaluaron el papel del contacto visual en los trastornos psiquiátricos de adultos.

Por su parte, los estudios de proximidad examinaron su papel en los comportamientos de acercamiento o distanciamiento. Los estudios en psicopatología del desarrollo se centraron en la relación entre contacto visual y desarrollo de trastornos psiquiátricos en niños. Por último, los estudios de dinámica de grupo investigaron el papel del contacto visual dentro de los grupos.

Asimismo, se encontraron dos enfoques principales para evaluar el contacto visual. Por un lado, el directo: el contacto visual se evalúa mientras ocurre y no es verificable retrospectivamente. Por otro lado, en el indirecto el contacto visual se registra y evalúa después de que ha ocurrido, siendo verificable retrospectivamente. Dentro de estas dos categorías, se pueden distinguir también ocho técnicas específicas para evaluar el contacto visual.

Del mismo modo, se apreciaron amplias variaciones entre los estudios sobre qué se considera contacto visual. En las investigaciones que usaban medidas recíprocas, el contacto visual se definió como las situaciones en que un individuo mira al otro, y viceversa, simultáneamente. En contraposición, las medidas no recíprocas lo ven como situaciones en las que un individuo mira al otro, independientemente del comportamiento y mirada del otro.

Las definiciones también difieren en la ubicación específica a la que se debe dirigir la mirada para definirla como contacto visual. Entre estas ubicaciones, se señalaron los ojos, el rostro o la dirección general del interlocutor. No obstante, otros estudios no concretaron ninguna ubicación.

Así las cosas, la investigación reveló que las diferentes técnicas identificadas para evaluar el contacto visual producen distintos resultados. Consecuentemente, las variadas técnicas ofrecen diversas posibilidades en función de las preguntas o hipótesis planteadas en una investigación, adecuándose más o menos según el caso. Los investigadores deben elegir lo que mejor se adapte a su pregunta, población y tarea de investigación.

Encontramos diversos ejemplos. La estimación o valoración realizada por un participante u observador produce un únicoindicador de la ocurrencia del contacto visual. En contraposición, una hoja de codificación proporciona la estimación de un evaluador del nivel de contacto visual en una escala predefinida. Un temporizador proporciona datos, funcionando como un registrador de eventos, sobre tanto la frecuencia como la duración del nivel de contacto visual.

Las cámaras de video producen los resultados mencionados y, además, sirven para hacer evaluaciones retrospectivas. Por su parte, una cámara con gafas también puede proporcionar una perspectiva móvil. Las técnicas de seguimiento ocular montadas en la cabeza y escritorio evalúan el tiempo y frecuencia de las fijaciones, dentro de un área de interés determinada.

Los resultados muestran, en cualquier caso, que el uso de medidas en las que interviene el evaluador del contacto visual como interlocutor ha disminuido con el tiempo. Ahora bien, la experiencia del contacto visual de las personas puede verse influenciada por muchos factores. La presencia de una tercera persona, la distancia del rostro de las otras personas o la agudeza visual del perceptor son algunos de ellos.

Ahora bien, es cierto que los investigadores suelen operacionalizar el contacto visual como si estuviera vinculado a una ubicación concreta de la mirada. No obstante, esto difiere en cuanto a la experiencia personal. Se sabe que los seres humanos no siempre son capaces de juzgar cuándo se les está mirando a los ojos. Particularmente, las direcciones hacia abajo (hacia la boca) a menudo provocan la experiencia del contacto visual. De ser posible, los estudios futuros deberían combinar medidas basadas en la experiencia personal del contacto visual con técnicas sin la participación del evaluador. El fin es determinar la congruencia, o incongruencia, entre los resultados.

Así pues, queda patente que los estudios que evalúan el contacto visual son heterogéneos, no solo en los métodos de medición, sino también en las poblaciones de estudio y los comportamientos que se estudiaron. Esto impide que los investigadores comparen los hallazgos relacionados con el contacto visual entre los estudios.

Por todo ello, las futuras investigaciones deben definir y poner en práctica con precisión el contacto visual para mejorar la interpretación y la comparación entre los estudios.

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Percepción de la sumisión en los deportes. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “The power motive as a predictor of receptiveness to nonverbal behavior in sport” de Furley, P.; Schweizer, G. y Wegner, M. (2019), en el que se analiza cómo el poder implícito se asocia con la percepción de la sumisión en los deportes, a través del comportamiento no verbal.

El poder ha sido descrito como un impulso motivacional adaptativo central en los seres humanos. Su fundamento consiste en la capacidad de marcar una diferencia. Esto es, afectar a otras personas, alterando su estado, ya sea cognitivamente, físicamente, emocionalmente…

El poder puede percibirse como una cualidad de la persona, que se manifiesta a través de una interacción, o como resultado de dicha interacción. Por ejemplo, el poder puede percibirse, o demostrarse, a través de la dominancia como uno de sus aspectos conductuales. Al igual que con cualquier impulso motivacional adaptativo, los individuos difieren en la intensidad con que lo experimentan.

La necesidad de poder puede definirse como la disposición a sentir placer afectivo por tener un impacto en otros o en el mundo. Una forma en que las personas intentan satisfacer su necesidad de poder es siendo receptivas a las señales no verbales entre otras personas asociadas con la dominación / sumisión. En este sentido, los deportes competitivos presentan un escenario en el que constantemente se exhiben dichas señales no verbales.

Con respecto al motivo de poder implícito, investigaciones iniciales han demostrado que este motivo tiene el potencial de afectar al comportamiento. Por ejemplo, orientando la atención a signos del entorno que faciliten ejercer influencia en otras personas o la inminente influencia de otros sobre uno mismo.

A este respecto, investigaciones previas han demostrado que las diferencias individuales en el poder implícito del observador predijeron su receptividad hacia las señales no verbales relacionadas con el dominio y la sumisión. Así, quienes tienen un alto poder implícito parecen orientar su atención en rostros sumisos y alejarla de los dominantes.

Presumiblemente, este patrón surge porque las expresiones no verbales de dominio y sumisión son importantes para satisfacer la disposición de tener un impacto en los demás y evitar ser controlado por otros. Podría decirse que ser capaz de distinguir fácilmente entre señales no verbales dominantes y sumisas ayudaría a satisfacer este motivo implícito o evitaría frustrarlo. Sin embargo, en un contexto deportivo suele ser más difícil distinguir tales expresiones faciales.

En conjunto, podemos argumentar que los individuos con altos atributos de poder propios (motivo de poder explícito) pueden centrar su atención en las señales de poder asociadas con el éxito, sincronizadas con sus propios atributos, en lugar de las señales de poder asociadas con el fracaso.

Los autores, por tanto, llevaron a cabo una investigación al respecto. El objetivo era comprobar si las diferencias individuales en la necesidad (explícita e implícita) de poder de las personas predicen lo receptivos que son los observadores hacia el comportamiento no verbal asociado con el dominio y la sumisión de los atletas. Siendo más concretos, se pretendía medir si las personas identifican a los atletas que van perdiendo o ganando un partido.

Para ello, participaron 156 estudiantes universitarios de habla alemana con una edad media unos 26 años. Así, el poder implícito se midió a través de las historias imaginativas que los participantes escribieron durante 4 minutos, basándose en seis imágenes ambiguas diferentes. Cada imagen se mostró a los participantes durante 15 segundos. Las historias de los participantes se codificaron según el contenido de su motivo de poder. Este se codificó siempre que las historias incluían una descripción de una persona o grupo que tenía un impacto en otra persona o grupo.

Concretamente, cuando las descripciones hablaban de acciones fuertes o contundentes; control de otros; persuadir o convencer a otros; dar ayuda, consejo o apoyo; impresionar a otros o preocupaciones sobre el propio prestigio; o emociones fuertes como respuesta a otra persona. El motivo de poder explícito, por su parte, se evaluó mediante la escala de dominación; se trata de una autoevaluación con 16 ítems.

Así, en el contexto deportivo se utilizaron vídeos de jugadores profesionales de baloncesto y tenis de mesa. En particular, los vídeos mostraban a los atletas durante los descansos del partido. Asimismo, evitaron mostrar cualquier tipo de señales no verbales obvias asociadas con el orgullo, etc. Había tres categorías diferentes de puntuaciones: muy atrás, puntuación cercana y ventaja alta. La prueba final incluyó un grupo de 20 videos en cada categoría para ambos deportes (200 videoclips en total).

Los resultados del estudio fueron diversos. Por una parte, estos sugirieron que las personas con un elevado motivo de poder implícito son particularmente receptivas. Lo son, o bien a la presencia de señales no verbales relacionadas con la sumisión, o bien a la ausencia de señales de dominación.

Esto se refleja en que los participantes pudieron identificar particularmente a los atletas que estaban muy atrás y no a quienes estaban muy por delante. Al fin y al cabo, se supone que los primeros exhiben más señales no verbales relacionadas con la sumisión.

En el deporte, esto podría aplicarse como una orientación sobre cuándo ejercer más presión sobre el contrario según su comportamiento no verbal, signos de sumisión… Por lo demás, los resultados no respaldaron las especulaciones de que el motivo de poder explícito podría estar asociado con una mayor receptividad de las señales de dominación.

Sin embargo, podría ser una vía fructífera para futuras investigaciones para investigar más a fondo las funciones de orientación atencional de diferentes motivos implícitos y explícitos. Lo mismo puede decirse de cómo estos podrían influir de manera diferente al comportamiento. En cualquier caso, futuras investigaciones deberían profundizar en si estos hallazgos aportan ventajas a los atletas, y -en todo caso- qué ventajas son esas.

Si quieres saber más sobre el comportamiento no verbal y su aplicación en el deporte, visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira o nuestro Experto Universitario en Comunicación No Verbal y Personalidad, con becas especiales para los lectores del Club del Lenguaje no Verbal.

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