Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Comunicación no verbal (página 1 de 26)

Patrones no verbales en niños durante entrevistas de investigación. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Patterns of nonverbal rapport behaviors across time in investigative interviews with children” de Johnston, Brubache, Powell y Fuller. En este artículo evalúan si las conductas no verbales de los niños (expresividad, atención y coordinación) estaban relacionadas con las de los entrevistadores en función de la condición de la propia entrevista.

El objetivo del presente estudio era determinar si los componentes no verbales de los niños cambian a lo largo de la entrevista y si estos cambios pueden explicarse por los cambios en el examinador.

Se utilizó a 123 niños de cuatro escuelas de primaria de una ciudad australiana. La edad media de los niños era de siete años.  El experimento se desarrolló de la siguiente manera: los niños participaban por parejas en un evento científico con Mr. Science. Previamente un asistente de la investigación les informaba de las normas: no podía tocarse entre ellos ni a Mr. Science para evitar el contagio de gérmenes y no podían coger los artículos que estaban debajo de una sábana.  Los niños realizaban actividades educativas sobre la transmisión de los gérmenes y cómo evitarlo mientras Mr. Science proponía a los mismos cometer transgresiones de las reglas que iban subiendo en intensidad: buscar una caja secreta (estaba debajo de la sábana prohibida), jugar con una barra que había dentro de la caja, tomarse de la mano con él o con el otro niño, encender la barra y hacer ruidos con ella y lavarse las manos para eliminar los gérmenes. Todos los niños participaron pasivamente en el quebrantamiento de las normas y al final el asistente de investigación les dijo que no contaran a nadie de la universidad que habían infringido las reglas.

Después de tres o cuatro días fueron entrevistados para que contaran todo lo que recordaban del experimento. Los entrevistadores eran alumnos graduados en psicología y habían sido entrenados en entrevista semiestructurada basada en el Protocolo de Entrevista del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano. El protocolo de entrevista tenía dos partes. La primera fase fue la pre – substantiva donde el entrevistador se presentaba, explicaba las reglas básicas de la misma (entre ellas no mentir) y establecer la relación con el niño. La segunda fase era la substantiva que empezaba con una invitación a que hablará del día del experimento para ir haciendo indicaciones sobre que continuará más sobre el mismo tema y señalar que se centrará en algún detalle concreto.

Se dieron dos condiciones diferentes en cuanto al tipo de entrevista, podía ser de apoyo o neutral. Los niños fueron elegidos para uno u otro tipo de manera pseudoaleatoria, intentando equilibrar sexo y edad en ambas condiciones. En cuando a la condición de apoyo en las conductas verbales desarrolladas durante la misma se les pidió que se dirigieran al niño por su nombre y que proporcionaran un refuerzo positivo por el esfuerzo. En cuanto a las condiciones no verbales tenían que inclinarse hacía delante, mantener el contacto visual apropiado, sonreír y asentir. En la condición neutral se adoptó un enfoque más de tipo empresarial y se les pidió que no realizarán ninguna de las conductas mencionadas en la otra condición. Todas las entrevistas fueron grabadas en video.

Posteriormente se realiza una serie de cortes de 20 segundos de cada entrevista para codificar indicaciones de comportamiento no verbal. Los cortes fueron del comienzo y el final de la fase de construcción del rapport, del punto medio de la explicación de las normas y de los puntos inicial, medio y final de la fase substantiva, ya que se consideran como puntos clave en toda entrevista.

Dos asistentes de investigación que no conocían la finalidad de la misma codificaron el comportamiento no verbal de los videos con el audio silenciado. Se codificaron tres indicaciones de comportamiento de forma independiente: expresividad, atención y coordinación.

La expresividad era el grado en que expresaban la positividad entre sí, caracterizado por sonreír, inclinar la cabeza, inclinarse hacía delante, el afecto y el gesto facial o con la mano como manifestación óptima de la misma. La atención es el grado en que los participantes se enfocan en unos y otros y demuestran el compromiso y el interés interpersonal. El nivel óptimo se muestra a través del contacto visual adecuado, la proximidad y la orientación corporal de los participantes. En cuanto a la coordinación es el nivel de sincronicidad y armonía en los comportamientos no verbales de cada miembro de la diada. El nivel óptimo está representado por un mimetismo postural no consciente, movimientos sincronizados y posturas coordinadas.

Primero se realizaron modelos nulos con intercepciones aleatorias para evaluar la variabilidad de los comportamientos no verbales identificados con la expresividad, la atención y la coordinación infantil. En un segundo paso se modeló la forma de relación entre el tiempo y los comportamientos.  Por último, se ingresaron variables de predictor adicionales (expresiones del entrevistador y componentes del comportamiento verbal del mismo).

Los resultados muestran que no hubo un efecto principal de tiempo en la atención infantil, pero se observó una variación significativa entre individuos entre la relación del tiempo y la atención del niño cuando se permitía que la relación variara. Por tanto, el efecto fijo no significativo para la relación atención – niño no es representativo de todos los individuos en el conjunto de datos. Cuando el entrevistador obtuvo puntuaciones óptimas en los puntos de tiempo para la expresividad y la atención, la atención de los niños se acercó a nivel óptimo. Los niños entrevistados en la condición de apoyo mostraron puntuaciones más bajas en atención que aquellos entrevistados en la condición neutral. Ninguna característica del entrevistador moderó la atención infantil durante la entrevista.

Se observó una relación entre el tiempo y la coordinación infantil, una vez se permitió que la relación variará. Cuando el entrevistador se acercó a niveles óptimos de atención, la coordinación de los niños se acercó a niveles subóptimos en el punto final de la entrevista. Cuando el entrevistador obtuvo puntuaciones más altas que el promedio, las puntuaciones de coordinación infantil disminuye con el tiempo y viceversa.

En lo relativo a la expresividad muestra que los comportamientos del entrevistador modelan la expresividad del niño. Cuando los entrevistadores tenían puntos de expresividad altos los niños tendían a tener puntuaciones más altas en la condición de apoyo. Los niños entrevistados en la condición de apoyo tenían niveles iguales a aquellos de la condición neutral al inicio de la entrevista, pero a lo largo de la misma cambiaba. Esto se debía seguramente al proceso mismo de la entrevista. Cuando los entrevistadores tuvieron puntuaciones más altas para la atención la expresividad de los niños presentó mayores niveles.

En conclusión, se probó que la forma funcional del comportamiento no verbal de los niños a lo largo de la entrevista está representada por una trayectoria de crecimiento lineal. Esto muestra que el comportamiento no verbal de los niños fluctúa de manera variable para cada uno de los correlatos de comportamiento no verbal. Las conductas no verbales del entrevistador y la condición de apoyo de la entrevista explican algunas de estas variables. Además, se descubrió que los comportamientos de apoyo del experimentador explícitamente manipulados redujeron el comportamiento no verbal deseado en los niños, mientras que los más naturales aumentaron el compromiso de los niños. Esto puede significar que cuando los entrevistadores fuerzan los comportamientos no actúan de manera natural y tiene el impacto opuesto al esperado en el niño.

Apuntar hacía objetivos visibles e invisibles. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Pointing to visible and invisible targets” de Flack, Naylor y Leavens. En este artículo se habla sobre cómo se dan indicaciones con la mano dependiendo de si el lugar al que se señala es visible o no en ese momento.

Los humanos utilizan una gran variedad de gestos deícticos que puede ir desde señalar con los labios, pasando por señalar con el índice o con la mano entera, ya que poseemos una gran cantidad de dispositivos gestuales para adjuntos paralingüísticos al discurso en curso. Para analizar como varían los gestos cuando se dan indicaciones para llegar a un lugar visible o no en ese momento se realizan dos experimentos.

En el primer experimento se reprodujeron dos condiciones, a la vista y fuera de la vista. En la condición a la vista se les preguntaba a los transeúntes cómo llegar a una ubicación local que estaba justo detrás del investigador. En la condición fuera de la vista era lo mismo pero la ubicación quedaba fuera del alcance de la vista en ese momento oculta por otros edificios. Para cada caso se registraron la orientación de la palma y el número de dedos extendidos de la mano con la que se apuntaba. Se reprodujo en tres localizaciones: en un campus universitario del sur de Inglaterra, en una gran ciudad y en una pequeña ciudad inglesas. El segundo experimento era similar, pero grabando el audio y el vídeo de manera oculta para que la observación fuera más natural y pidiendo el consentimiento a posteriori.

Para el primer experimento se utilizaron 605 participantes: 200 participantes en Brighton, 205 en Devries y 200 en el campus. En todos los casos, 100 eran para cada condición, siendo paritaria la división por sexos. Todos los sujetos eran adultos que se encontraban en las proximidades de la ubicación de destino. No hubo criterios de exclusión ni de participación y la composición racial aparentemente era representativa de cada comunidad, aunque no se hizo una recopilación sistemática de la misma. La ubicación del investigador era equidistante del objetivo en ambas condiciones y en ningún caso superó los 200 metros de separación.  Se preguntaba a los transeúntes por el lugar de destino y era el propio investigador quien hacía de interlocutor y observador apuntando en una hoja los gestos realizados.

En un principio se midieron cinco tipos de gestos: índice con la palma hacía abajo (el antebrazo pronaba, palma hacía abajo y dedo índice extendido), índice con la palma en vertical (antebrazo extendido en posición neutra, palma en vertical y dedo extendido), palma con la mano entera hacia arriba (la mano estaba completamente abierta y la palma supina), toda la mano oblicua (la mano estaba abierta en ángulo) y la mano en vertical (la palma de la mano abierta y en posición vertical). La confiabilidad para las cinco categorías fue pobre y se dividió en dos grupos: apuntar con el índice y apuntar con la mano entera.

Los resultados obtenidos fueron: se utilizaron entre uno y tres gestos para señalar, siendo la secuencia más larga en la condición fuera de la vista, la media fue de dos gestos mientras que en la condición a la vista fue de uno. El 97% de los participantes en la condición fuera de vista se acercaban y solo un 6% en la condición de a la vista lo hacían. En la condición fuera de la vista utilizaban puntos subsiguientes para indicar la ruta a seguir. En cuanto al tipo de gesto fueron más los gestos con la mano entera en la condición de fuera de la vista. Señalar con toda la mano se hizo más prominente en los repertorios gestuales de la muestra a medida que aumentaba su aparente necesidad de elaboración. El 27,3% de las personas que mostraron secuencias de dos gestos mostraron dos puntos con el dedo índice evitando usar toda la mano, pero la mayor parte de la gente al hacer dos secuencias de esto al menos en una utilizaban la mano entera (72,7%).

Por tanto, se encontró evidencia de que el contexto influye en la producción de gestos. Los adultos produjeron menos gestos cuando la ubicación del objetivo era visible que cuando no lo era. También, se puede decir que se realizan menos gestos con la mano entera cuando el objetivo es visible. Además, era más posible empezar utilizando solo el dedo y al necesitar más gestos para las indicaciones se incluiría la mano entera.

En el segundo experimento se utilizó el mismo procedimiento salvo que se usaron equipos ocultos para grabar audio y video para así confirmar los resultados obtenido en el primer experimento y ver su relación con el habla.

Se utilizó una muestra de 113 participantes (67 mujeres y 46 hombres) de un campus universitario del sur de Inglaterra, a los cuales se les preguntaba por la biblioteca del mismo. Las edades estaban comprendidas entre los 18 y los 67 años, siendo la edad media de 23 años. No hubo criterios de exclusión y la composición étnica fue representativa de la población universitaria, siendo altamente multinacional.

Se registró el número y el tipo de gesto, así como la mano utilizada para cada interacción. La división de los gestos fue igual que en el primer estudio: señalar con el dedo o señalar con la mano entera. El discurso se clasificó como: descripción de la ruta (“ir por este camino”, “girar a la izquierda”, etc.), puntos específicos de la ubicación (“allá”, “detrás de este edificio”, etc.), puntos de la ruta (“girar a la derecha donde están los chicos”, “ves la plaza”, etc.), una combinación de los anteriores y otros tipos de habla.

Cada participante produjo al menos un gesto manual. Se registró un total de 174 gestos, 35 fueron con la mano entera, 27 con el índice y 12 otros gestos. En los primeros gestos, el 91% fueron con el índice, el 4% con la mano y el 5% otros. En los segundos gestos, el 56% fue con la mano, el 33% con el índice y el 1% otros. En los terceros gestos un 44% fueron con la mano y un 56% con el índice.

Al igual que en el primer estudio la secuencia fue más larga en la condición de fuera de la vista, el 76% de los participantes realizaba un segundo gesto frente al 2% de los de la condición de a la vista. Además, el 29% realizó un tercer gesto en la condición fuera de la vista y nadie lo hizo en la de a la vista. También fue coincidente con el primer estudio que el señalar con el dedo fue más común en la condición a la vista. Además, en los segundos gestos fue más habitual señalar con la mano (44%) que con el dedo (34%).

En cuanto al habla, ocho de los 55 participantes de la condición de a la vista no acompañaron con habla los gestos. Todos los de la condición fuera de la vista hablaron al mismo tiempo que señalaban. Cuando el objetivo era visible no describían la ruta y cuando no lo era no era probable que verbalizaran la ubicación de la biblioteca con el primer gesto y adoptaron una gama más diversa de tácticas verbales en combinación con sus gestos.

En conclusión, en el segundo experimento los resultados fueron concordantes con los del primero siendo más largas las secuencias gestuales cuando la ubicación objetivo no era visible. Señalar con la mano entera era más común en la condición fuera de la vista. Además, se comprobó que cuando el objetivo estaba fuera de la vista se hablaba más que cuando se veía, y que la variedad del habla fue mayor. Aunque no se pudo asociar directamente un tipo de gesto y un tipo de habla.

 

Comunicación gestual en niños con autismo. Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Gestural communication in Children with autism spectrum disorders during mother-child interaction” de Mastrogiuseppe, Capirci, Cuva y Venuti. En este artículo nos hablan de cómo es la comunicación gestual, uno de los aspectos más afectados por el autismo, en los niños durante la interacción con sus madres.

Este estudio se llevó a cabo con un grupo de 20 niños con un trastorno del espectro autista y sus respectivas madres. Se combinó con otros dos grupos, uno formado por 20 niños con Síndrome de Down y sus madres y el otro grupo lo formaban 20 niños con un desarrollo típico y sus progenitoras. La edad mental media en los tres grupos era de 24,16 meses en los tres grupos mientras que la edad real fue diferente entre ellos siendo: de 25 meses en el grupo de desarrollo normal, de 41 meses en el de Síndrome de Down y de 42 en el de autismo.

Los datos fueron recogidos durante una sesión de juego de diez minutos de duración. En ella se pidió a la madre que jugará con su hijo como lo haría si estuviera en casa. Se les proporcionó un conjunto de juguetes estándar donde había: una muñeca, un juego de té, una pelota, dos libros, un teléfono y un trenecito.

Todas las sesiones se grabaron en vídeo y se analizaron posteriormente. Por un lado, se transcribió el audio y, por otro lado, se usó un esquema de codificación específico que permitió el análisis cuantitativo y cualitativo de la producción gestual.

Los gestos fueron clasificados en diferentes categorías. La primera de ellas fue los gestos deícticos, que son aquellos que se refieren a un objeto o cuento que tocan o indican. Su significado solo se puede comprender en base al contexto. Incluyen gestos como: señalar, mostrar, dar o solicitar.

Otra categoría son los gestos ideativos, que están formados por varias subcategorías: gestos representativos – icónicos, gestos convencionales – interactivos y gestos pragmáticos. Los primeros son aquellos que se refieren a un objeto, persona, ubicación o evento a través del movimiento de la mano, el movimiento del cuerpo o la expresión facial. Dentro de estos se incluyen aquellos relacionados con acción realizan por o con el referente, gestos que muestran cualidades o características de un objeto o situación y gesto que representan acciones intransitivas. Los gestos interactivos – convencionales son aquellos que son definidos culturalmente y se usan para regular la interacción, como, por ejemplo, asentir con la cabeza para decir sí. Los gestos pragmáticos son aquellos que sirven para resaltar aspectos de la estructura del discurso y con el contenido del mismo.

Otra categoría son los gestos per se que son aquellos producidos por un estado, pero no están dirigidos a la pareja comunicativa. La siguiente son los gestos corporales instrumentales, estos sirven para usar a la pareja como herramienta para lograr un objetivo. Un ejemplo sería tomar de la mano a la madre y acercarla al objeto deseado.

Una última categoría son los gestos nominales o de acción y son aquellos que se producen con el referente del objeto en la mano. Existen varios tipos: nominal – uno mismo (produce una acción con un objeto referente en la mano), nominal – compañero (realizar la acción con el cuerpo del compañero) y nominal – objeto (produce un gesto de acción sobre un objeto).

Los resultados muestran que la edad cronológica del niño se asoció negativamente con la frecuencia de los gestos totales, de señalar, de mostrar y de dar. No hubo ninguna asociación entre la frecuencia de gestos y la edad de la madre o del desarrollo del niño.

Los resultados también revelaran que los niños con autismo mostraran un número menor de gestos totales que los niños con Síndrome de Down o con un desarrollo típico. Si se analiza cada categoría de gestos se comprobó que, dentro de los gestos deícticos, los relacionados con apuntar fueron mostrados en una proporción significativamente menor en los niños autistas que en los otros dos grupos. Los gestos de solicitud, por el contrario, fueron realizados en mayor medida por los niños con autismo. En lo referente a los gestos de mostrar el porcentaje fue significativamente menor. Y, por último, no se encontraron diferencias para los gestos de dar.

En relación a los gestos ideativos, los niños con autismo produjeron una proporción menor de estos gestos que los otros dos grupos. En cuanto a los gestos nominales, los niños con autismo producían menos gestos de estos tipos que los niños con Síndrome de Down, a su vez estos presentan una mayor cantidad de estos gestos que los niños con desarrollo típico.

En general se puede decir que los niños con autismo producen menos gestos que los niños con Síndrome de Down o con un desarrollo típico, lo que es consistente con la literatura previa, así como los criterios diagnósticos del DSM – V donde el deterioro en el uso de los gestos es uno de ellos.

Los niños con autismo muestran un perfil específico de comportamiento gestual que es diferente de los niños con Síndrome de Down o con desarrollo típico. Tienen impedimentos en el uso de gestos interactivos convencionales, ósea con aquellos que vienen definidos culturalmente. A pesar de no existir literatura previa directamente relacionada, se puede enlazar con los estudios que afirman que los niños con Síndrome de Down producen más gestos convencionales para compensar sus limitaciones lingüísticas.

Por el contrario, los niños con autismo producen una cantidad significativamente mayor de gestos relacionados con solicitar. Sin embargo, muestra impedimentos en la producción de gestos relacionados con mostrar. También eran escasos sus gestos nominales – compañero, que son aquellos en los que el niño realiza una acción sobre el cuerpo de la pareja. Esto está relacionado con deficiencias de compromiso conjunto y de capacidad de atención conjunto que muestran estos niños.

Las correlaciones obtenidas sugieren una relación informal entre las habilidades de interacción lingüística y social y la producción de gestos ideativos y nominales. Estos gestos están estrictamente relacionados con factores cognitivos.

De la Teoría Básica de la Emoción al Teoría de la Ecología del Comportamiento. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Inside – Out: From Basic Emotions Theory to the Behavioral Ecology View” de Crivelli y Fridlund. En este artículo se hace una revisión de la Teoría Básica de la Emoción resaltando sus incoherencias internas y proponiendo una teoría alternativa, la Ecología del Comportamiento.

La Teoría Básica de las Emociones (BET) tiene ya más de 60 años y fue la causante del interés del público en general sobre el estudio del comportamiento facial humano. La existencia de expresiones faciales que sean universales tanto en su producción como en su entendimiento influyeron en la mejora de las técnicas de interrogatorio y detección de engaños de manera global. Sin embargo, esta teoría presenta incoherencias internas y suposiciones viciadas y por ello se presenta la Teoría de la Ecología del Comportamiento (BECV), que describe el comportamiento facial humano basándose en la comunicación animal y la evolución biológica y cultural.

El inicio de los estudios sobre la emoción puede remontarse hasta Aristóteles, así como de la expresión facial de la misma pueden estar en LeBrun en el siglo XVII. Pero no fue hasta “La expresión de las emociones del hombre y los animales” de Charles Darwin donde se asentarían las bases del BET. Darwin reflexionaba sobre que la expresión facial de las emociones eran vestigios de comportamientos ancestrales.

Ya en el siglo XX Allport definió las expresiones como el lenguaje de la cara que tendría cientos de emociones asociadas, categorizándolas en seis: dolor, sorpresa-miedo, ira, disgusto, placer y varias actitudes de tono hedónico neutral. Allport creía que las expresiones se adquirían a través del condicionamiento social temprano. Pero la BET no estuvo de acuerdo ya que para ellos las expresiones faciales de la emoción eran automáticas, sólo se suprimían con gran dificultad, sus significados eran invariantes y no dependían del contexto. Esta idea fue la predominantes hasta finales del siglo, cuando diversos estudios confirmaron la dependencia de las expresiones faciales con el contexto.

La formulación de BET de emociones categóricas, universales y expresiones coincidentes con las mismas se basó en los escritos de Tomkins. Se fundaba en un conjunto de afectos primarios que eran como autómatas autocontenidos, independientes de la cognición, no intencionados y tenían primacía sobre los impulsos. Cada uno de los afectos producía una configuración facial distinguible y reconocible universalmente.

El mayor auge de esta teoría se dio a raíz de la investigación de Ekman sobre el comportamiento facial ya que presentaba mejores pruebas deductivas y era más fácil para utilizar los métodos de laboratorio estándar. Ekman consideró como básicas las emociones que tenían una expresión asociadas a ellas única y reconocida universalmente. Las seis emociones básicas eran: ira, miedo, asco, tristeza, sorpresa, y alegría. La explicación que brindó fue que los humanos compartimos ciertas expresiones faciales de emoción que expresan nuestras emociones específicas debido a nuestra filogenia común y que la cultura actúa como supervisora y podría llegar a modificar alguna expresión prototípica innata. Refiriéndose esto último a la posibilidad de enmascaramiento de alguna emoción debido a las reglas culturales sobre las mismas. Además, diferenciaron entre situaciones donde la persona está sola a otras donde está acompañada. En el primero de los casos las expresiones se mostrarán más libremente, sin la influencia de la cultura, y en el segundo estarán más influenciadas por la parte cultural.

Algunos problemas que presenta dicha teoría son: primeramente, la experiencia emocional o sentimientos, que no han podido ser verificados empíricamente y hay que confiar en el autoinforme de los sujetos. También hay conflicto con el número de emociones básicas, ya que no hay exposición clara de criterios de inclusión o exclusión en la lista de estas.

Otro de los problemas que presenta es el de la mezcla, esta teoría nos dice que las emociones pueden combinarse o derivar una en la otra y que por tanto las expresiones aparezcan también mezcladas. Lo que supone que si una persona presenta dos expresiones combinadas está sintiendo dos emociones combinadas, lo cual es complicado de verificar empíricamente, ya que, si no se puede comprobar una, dos es más difícil. Además, se contaba con el problema de que las expresiones prototípicas rara vez se podían observar de manera plena porque están influidas por la cultura que hace que se maquillen.

Como alternativa encontramos la Teoría de la Ecología del Comportamiento (BECV) que fue presentada en la década de los 90. Es una teoría externalista y funcionalista que permite reconectar el estudio de las exhibiciones faciales humanas con la evidencia de la biología evolutiva y los estudios de comunicación animal. Para esta teoría las expresiones faciales son herramientas flexibles que han ido evolucionando conjuntamente y que permite la modificación del comportamiento de las personas con las que nos relacionamos en beneficio de ambos. La evolución se puede dar por selección natural o cultural.  Las expresiones faciales tienen un significado dentro de la propia interacción social y dependerá de los objetivos y los contextos. Esto viene respaldado por los modelos bayesianos de flexibilidad fenotípica desarrollados por biólogos evolutivos contemporáneos.

Esta teoría plantea que incluso aunque el sujeto este solo en una sala, puede sentir la influencia social, ya sea pensando en otros o al enfrentarse a alguna máquina que hace algo inesperado (no devolver el cambio) o cuando está rezando a Dios. Esto dejará sin validez la diferenciación hecha previamente entre caras libres de cultura o influenciadas por la misma.

El BECV tampoco tiene interés en afirmar que las expresiones faciales sean universales, ni puede afirmar si tiene un origen biológico o cultural, ya que para realizar dicha afirmación habría que hacer un análisis muy minucioso y múltiples experimentos para determinar todas las posibles explicaciones. Su enfoque es funcionalista y está centrado en explicar como usamos las expresiones en nuestro día a día, enfatizando la sensibilidad al contexto del propio comportamiento facial durante la interacción.

La revisión presentada plantea que BET o no se ha dado cuenta de los problemas o contradicciones que presenta y que los nuevos planteamientos sobre nuevas emociones y nuevas formas de visualización de las expresiones no se han analizado con la profundidad suficiente. Al igual que no se ha tenido en cuenta otros puntos de vista diferentes al occidental tanto en su definición de emociones como en la de la expresión facial. A modo de resumen de los principales problemas que presenta son la visión simplista y anticuada de la interacción biología – cultura, un conjunto de dicotomías, reflejadas en la partición neurocultural que ya no es sostenible, un conjunto de cambios en los criterios y conceptos mediante los cuales explican los nuevos hallazgos y una conciencia limitada frente a la importancia de la cultura en la vida.

Marcadores no verbales de la mentira en entrevistas colectivas de niños con sus amigos. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Nonverbal Markers of lying during children’s collective interviewing with friends” de Șen y Küntay. En este artículo se habla los indicadores de mentira en los niños cuando se les entrevistaba por parejas sobre una acción que acababa de ocurrir.

Al realizar una entrevista sobre una secuencia de eventos reales provocados, durante los cuales la transgresión de la norma era potencialmente probable, las mentiras son probablemente más representativas que las que se dan en un contexto menos controlado, ya que no solo se miente por comisión sino también por omisión.

El presente estudio utilizó a 90 parejas de niños del mismo sexo, 47 parejas eran hombres y 43 parejas eran mujeres. Eran alumnos de escuelas preescolares locales y algunos otros reclutados por redes sociales. La edad de los niños oscilaba entre los 48 y los 83 meses. La diferencia media de edad entre los componentes de las parejas era de 5,69 meses.

Para el estudio se utilizó una versión modificada del paradigma de la resistencia a la tentación de Kochansja y Aksan. El investigador 1 llevaba a los niños a una sala donde había tres mesas, en la mesa más alejada se colocaron los juguetes más llamativos. En la pared opuesta había otra mesa con materiales diversos, como un conejo de peluche, un cuaderno y ceras de colores, libros para colorear y rompecabezas. En la mesa del centro había dos sillas para que las usaran los niños. A través de un espejo unidireccional el investigador 2 grababa todas las interacciones.

Cuando entraban en la sala el investigador les sentaba en las sillas y les explicaba las normas de la sala. Les decía que iban a jugar, pero que no podían tocar ni la mesa del fondo ni los juguetes que están encima y alrededor de ella. Por el contrario, podían jugar y tocar todo lo que quisieran de la mesa opuesta. El investigador les hacía repetir las normas a los niños para comprobar que las habían entendido, volviéndoselas a decir si había alguna duda. Después se procedió a una sesión de evaluación individual sobre los correlatos sociocognitivos de la conducta de la mentira con cada niño. A continuación, se les volvía a llevar a la sala, donde les volvían a hacer repetir las normas. Entonces el investigador les decía que tenía que irse a preparar materiales para el siguiente juego a otra sala y les pidió a los niños que clasificaran unos cubiertos de plástico mientras no estaba. Después se iba de la sala y dejaba a los dos niños solos.

Se dividió el experimento en cuatro fases, en la primera de ellas, los niños estaban solos un minuto. En la segunda, después de ese tiempo, entraba otro investigador y se ponía a jugar con los juguetes prohibidos a la vista de los niños y no contestaba a ningún intento de comunicación por parte de los niños. En la fase tres, los niños estaban solos seis minutos. La última fase consistía en una entrevista simultanea a ambos niños. El investigador se sentó en una posición enfrentada a los niños de manera equidistante de ambos y mientras realizaba las preguntas, no mantenía contacto visual con ningún de ellos para que fueran ellos los que iniciasen la conversación como prefiriesen.

Las preguntas fueron las mismas y en el mismo orden para todas las parejas. ¿Qué hicisteis juntos cuando no estuve aquí? Cuando no estaba aquí, ¿tocasteis estos juguetes? ¿Estuvisteis alrededor de su mesa todo el tiempo? Parece que la disposición de los juguetes (prohibidos) ha cambiado, ¿no es así? Si los niños no contestaban se les repetía la pregunta. Al acabar la ronda de preguntas se les permitió jugar con los juguetes prohibidos unos minutos.

Se clasificó a los niños como sinceros o mentirosos según su estado de transgresión de la regla/ obediencia y relación con la verdad o mentira durante la entrevista. Los mentirosos fueron consistentes al responder durante la entrevista; es decir, los niños que mentían mantuvieron sus mentiras y no revelaron ninguna información sobre la violación de las reglas durante la entrevista.

Se excluyeron 28 niños de la clasificación, por no responder ninguna pregunta, por haber confesado o por ser un chivato. La muestra final fue de 152 niños en 79 parejas. Ciento veinticuatro niños fueron sinceros, no tocaron los juguetes y dijeron la verdad en la entrevista. Los mentirosos (28 niños) estaban divididos en dos grupos: el primero de ellos, eran niños que tocaron los juguetes prohibidos y ocultaron la situación mintiendo (18), el segundo grupo fueron los niños que no tocaron los juguetes pero que mintieron para ocultar que su amigo los había tocado.

La conducta no verbal que se analizó fue: la transición del habla, la tasa de expresión y la mirada al amigo, así como, la latencia en la respuesta a las preguntas, la presencia de superposición durante la respuesta, la dirección de la mirada o los gestos realizados mientras respondían. La transición del habla es el tiempo que tarda el niño en realizar cualquier expresión que proporciona una elaboración, corrección o acuerdo inmediatamente a continuación del turno del amigo. La media de las transiciones fue de 21. La tasa de expresión se calculó al dividir el número total de enunciados del niño durante la fase de la entrevista con la duración total de la entrevista. La media fue de 6,34.  La mirada al amigo se produce cuando el niño mira explícitamente a la cara o a los ojos del amigo. La media fue de 1,29. La latencia de respuesta era cuánto tiempo pasaba desde que acaba un turno hasta que comenzaba el siguiente. La media estuvo entre 0,63 a 1,93 segundos. La latencia fue mayor en los mentirosos que en los sinceros, estos tardaban de media dos veces más en comenzar la respuesta ya que necesitaban crear un evento que no había existido. Las superposiciones se producían cuando el niño interrumpía a su compañero mientras hablaba se dieron en el 81% de los casos, hubo una tendencia mayor a superponerse en los sinceros (85%) que en los mentirosos (64%), aunque no es una diferencia estadísticamente significativa. La dirección de la mirada se codificó entre mirar al amigo, al investigador o a lo lejos, siendo lo más común una combinación de ellas. Los niños que decían la verdad miraron poco a sus amigos, solo en un 2% de los casos. Aquellos niños que mentían los miraron en un 22% de las veces.  Por último, en un 62,3% de los casos los niños realizaron gestos frente a un 37,7% donde no realizaron ningún tipo de gestos. Los niños sinceros hicieron más gestos después de la pregunta objetivo que aquellos que mentían.

No hay asociación entre el sexo de los niños y la respuesta. Tampoco hubo diferencias entre los mentirosos y sinceros y la duración de la amistad. Cuando los niños mienten por omisión, es decir, no revelan la transgresión, hablaron sobre otros eventos reales de manera similar a como lo hicieron los niños sinceros, ya que mencionan otros eventos verdaderos al tiempo que omite la violación de la regla impuesta.

En resumen, es posible ocultar información crítica mientras se habla de otros eventos reales. En esta situación, el comportamiento no verbal de los niños que dicen la verdad y los que mienten será bastante similar durante toda la entrevista, solamente surgirán diferencias después de la pregunta objeto. Esto es especialmente destacable en lo relativo a la latencia de respuesta mayor en los mentirosos, en un mayor número de miradas al compañero y un menor número de gestos.

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