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Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

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La mirada: ¿un comportamiento no verbal del carisma? Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “From self-report to behaviour: mapping charisma onto naturalistic gaze patterns” de Maran T., Moder S., Furtner M., Ravet-Brown T. y Liegl S. (2019), en el cual se analiza la mirada como posible componente no verbal del repertorio de comportamientos que conforman ser carismático.

Persona que posee una presencia vibrante, que despierta en los demás el deseo de identificarse y comprometerse con sus metas, ideas e intenciones. ¿Te suena? Hablamos de las personas carismáticas. Aquellas que, cuando entran en una habitación, envuelven a todos los presentes con su energía y conecta con ellos con facilidad.

El carisma es un atributo personal bidimensional. Tiene una faceta de  influencia y otra de afabilidad. Las personas carismáticas son capaces de moldear a otros hasta cierto punto. Hacen que los otros experimenten una situación cómoda, amable y de confianza. No obstante, de lo que estamos hablando son de los resultados del carisma. Este es un problema encontrado en todas sus conceptualizaciones.

No sabemos que repertorio de comportamientos o señales conductuales conforman el carisma. Por ello, los autores del estudio citado optan por analizar el papel del lenguaje no verbal en la expresión del carisma. Los comportamientos no verbales son clave en la comunicación. Afectan a la recepción de los mensajes y parecen ser reguladores por excelencia del comportamiento ajeno en una interacción cara a cara.

El estudio de los comportamientos no verbales que pueden estar implicados en la expresión del carisma se inicia con uno muy relevante en cualquier interacción: la mirada. La vista en la comunicación tiene 3 funciones principales. Primero, aporta información sobre el estado mental del emisor de un mensaje. Segundo, moldea la percepción del receptor sobre el emisor. Y, tercero, moldea el comportamiento del receptor.

Mirar a los ojos tiene ventajas diferentes dependiendo de si se atiende a funciones del carisma de influencia o afabilidad. En términos de influencia se saca ventaja del mirar a los ojos para promover atribuciones de poder, potencial y dominancia. Mirando a los ojos hace que los seguidores se vuelvan más susceptibles para dejarse guiar. Las personas carismáticas afables provocan con la mirada respuestas como emociones placenteras, sensación de compromiso y deseo de cooperación.

En base a la Teoría de la Señalización, se plantea que mirar a los ojos o a la cara es una manera de señalar a los demás que uno es carismático, que está abierto al intercambio social y al acercamiento. Es decir, si uno mismo cree ser carismático, utilizará este comportamiento no verbal para señalarlo. Además, siendo el carisma un atributo disposicional, se espera que el mayor uso de la mirada a los ojos o a la cara se dé en múltiples situaciones sociales.

En este sentido, se plantean dos hipótesis: cuanto más carismático se percibe un individuo, más a menudo (1) y más tiempo (2) mirará a los ojos de los receptores de sus mensajes. Para verificar estas ideas, en el estudio se utiliza una herramienta de seguimiento ocular.

Los 97 participantes observan un escenario social natural en video: un paseo en un centro comercial lleno de gente. Durante esta observación, se graban sus movimientos oculares. Las miradas que se analizan son las orientadas a las caras de aquellos con los que cada participante se encuentra, hacia sus cuerpos cuando se cruzan de cara/de espaldas y el número total de miradas (TotM). También completan dos cuestionarios: autoevaluación del carisma y factores de personalidad (Big Five).

De importancia para la interpretación de los resultados, la autoevaluación del carisma se lleva a cabo a través de dos escalas. Una escala que mide la influencia, la capacidad de persuadir y guiar a otros de manera eficaz. La segunda mide afabilidad, la capacidad de hacer que los otros se sientan cómodos en la interacción.

Los resultados muestran una conexión clara entre las medidas de influencia carismática y la duración y número de miradas hacia las caras. Es decir, aquellos que se autoevalúan como más carismáticos en términos de influencia, miran más y durante más tiempo a las caras de aquellos con los que se encuentran. También miran más y durante más tiempo hacia los cuerpos con los que se encuentran de frente, pero no de espaldas. Por otro lado, en el caso de la afabilidad carismática, no se observa ninguna relación con las miradas de los participantes.

Algunos factores de personalidad se encuentran asociados tanto al número como a la duración de las miradas. El neuroticismo muestra relaciones inversas. Es decir, a mayor numero y mayor duración de las miradas, menor grado de neuroticismo. Ello se observa en todas las mediciones de las miradas: cara, cuerpo de frente y de espalda y TotM.

En cambio, la extraversión muestra relaciones positivas tanto con el número como con la duración de las miradas hacia la cara y cuerpo frontal. Por otro lado, cuando los sujetos se encuentran con otros de espaldas, a mayor grado de extraversión más miradas, pero no de mayor duración.

Los demás factores de personalidad que forman parte de los Big Five, -apertura a la experiencia, amabilidad y responsabilidad- no muestran relación alguna con el número o duración de las miradas.

¿Conclusiones? La mirada parece ser un comportamiento fuertemente relacionado con el carisma. Específicamente, las relaciones se observan con la dimensión de influencia del carisma, que incluye conductas relativas a la influencia, la presencia y el liderazgo. Los sujetos carismáticos miran más veces y más tiempo a la cara y al cuerpo (en posición frontal).

Que los sujetos carismáticos miren tanto a sus interlocutores es muestra de un compromiso atencional ya antes de una interacción social directa. Este comportamiento no verbal, la mirada, es el primero asociado al carisma y representa un avance en el descubrimiento de qué implica ser carismático, más allá de los resultados que provoca serlo.

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Coherencia comunicativa: qué dices y cómo lo dices son igual de importantes. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “How verbal-nonverbal consistency shapes the truth” de ten Brinke L. y Wisbuch M. (2020), en el cual se analiza la coherencia entre el lenguaje verbal y no verbal como característica de importancia en el proceso de comprensión de un mensaje y en las evaluaciones de veracidad de dicho mensaje.

Cuando nos comunicamos con otros cara a cara, la comprensión de cada mensaje implica oír y ver. A lo largo de la historia de la humanidad, las personas se han comunicado mayoritariamente en base a esta integración de información multimodal y, por tanto, a través de lo verbal y de lo no verbal.

Actualmente, aunque utilicemos muchas herramientas digitales para comunicarnos, hay cierta preferencia para aquellas que permiten esta integración. Por ejemplo, ver un video es más preferible que escuchar un podcast.

Utilizar mensajes de texto o hablar por teléfono no implican una comunicación a través de varias modalidades sensoriales. No obstante, como ya explicamos en otros artículos de blog, tampoco conllevan una ausencia total de señales que desempeñen el papel de lenguaje no verbal.

En cualquier caso, los autores del estudio antes mencionado proponen que la comunicación en la que se permite escuchar lo verbal y observar lo no verbal da lugar a mayor facilidad de comprensión. Esta facilidad significa que la comprensión de un mensaje es un proceso fluido. La fluidez, a su vez, impactaría en las evaluaciones que se hacen del mensaje, por ejemplo, si es veraz o no.

La fluidez de comprensión tendría un papel mediador entre la coherencia verbal y no verbal de un mensaje y las evaluaciones que el receptor hace de dicho mensaje. Cuando hay incoherencia entre lo verbal y lo no verbal, el mensaje no se entrega de la manera adecuada. Por ello, también es probable que las evaluaciones sean otras que las intenciones comunicativas del mensaje.

Y ¿por qué? La fluidez que experimentamos en nuestra comprensión de un mensaje puede indicarnos varias cosas.  Que lo que el emisor dice nos es familiar, frecuente, perceptible o atractivo. Y más importante aún, que el mensaje es veraz.

Por ejemplo, si hacemos una pregunta moviendo la cabeza de un lado a otro, ello puede ser incoherente en nuestra cultura, mezclando interrogación con negación. El receptor del mensaje puede sentir confusión y no saber responder a ello.

Si decimos tenía muchas ganas de verte con los brazos cruzados y el cuerpo rígido, también es posible que nuestro interlocutor experimente dudas de la veracidad de esa frase. También cabe destacar en este contexto el conocidísimo efecto McGurk.

Puede que la incoherencia entre el lenguaje verbal y el no verbal no afecte siempre a la (percepción de) comprensión per se del mensaje. No obstante, impediría una integración adecuada de dicho mensaje (fluidez) y, por ello, puede afectar en las evaluaciones posteriores. Por tanto, parece lógico considerar que la coherencia comunicativa es una característica importante del comportamiento de comunicación.

Si la coherencia comunicativa influye en si un mensaje nos parece veraz o engañoso, puede que también sea una característica clave a estudiar en el contexto de la detección del engaño. En cambio, en los estudios de detección de la mentira, el objeto de análisis ha sido mayoritariamente el lenguaje verbal y no verbal de manera aislada. ¿Qué pasaría si se estudian de manera conjunta? Vamos a verlo.

En un primer estudio, los participantes deben observar videos en los cuales una persona está contando que alguien en particular le cae bien.  En algunos de estos videos, dicha persona dice la verdad y, en otros, miente.

Los 61 participantes del estudio se dividen en 3 grupos. Un primer grupo evalúa la coherencia comunicativa del emisor. Ello requiere evaluar el grado en el que el comportamiento visible (no verbal) de los emisores es consistente con lo que han dicho (verbal).

Un segundo grupo evalúa la fluidez de comprensión basada en los mensajes en video. Y ello requiere que cada participante informe de la facilidad que ha experimentado para entender cada mensaje. El tercer grupo no observa los videos, sino sus transcripciones. También evalúa la fluidez de comprensión de los mismos mensajes, pero basada en lenguaje escrito.

Los resultados de estas primeras mediciones indican que la coherencia comunicativa sí tiene efectos en la fluidez de comprensión, pero dichos efectos varían de un individuo a individuo.  Es decir, no se trata de un efecto universal. Además, la coherencia comunicativa que percibieron los participantes no fue diferente en función de si en los videos se contaba una verdad o una mentira. Si la coherencia comunicativa sería un indicador de verdad, los participantes deberían percibir fluidez de comprensión solo para aquellos mensajes veraces.

Puede ser que la fluidez de comprensión solo se base en lo verbal.  Es decir, al emitir un mensaje fácil de comprender haría que el lenguaje verbal y no verbal del emisor sean coherentes entre sí. En este caso, la veracidad del mensaje no tendría un efecto diferencial en la coherencia comunicativa. Por tanto, los participantes no detectarían ni coherencia ni fluidez de comprensión de manera diferencial en función de la veracidad de los mensajes.

Si esto es así, deberían haberse observado las mismas asociaciones cuando se trata de mensaje escritos. En cambio, los resultados indican que las evaluaciones de las transcripciones de los videos no muestran las mismas asociaciones. De hecho, se observa que la fluidez de comprensión en video-mensajes ha sido significativamente mayor que en los mensajes transcritos. Por tanto, el lenguaje no verbal sí puede mejorar la comprensión, aunque no siempre.

Todas las relaciones observadas en el primer estudio no son más que asociaciones sin dirección ni causalidad. Por ello, se desarrolla un segundo estudio con 95 participantes, más orientado a las evaluaciones de la veracidad y que busca establecer relaciones causales entre las variables.

En este caso, se manipula la coherencia comunicativa de video-mensajes veraces. La manipulación consiste en hacer que el canal audio se retarde 600 milisegundos con respecto al canal video.  Por tanto, los participantes observan videos alineados verbal y no verbalmente (sin manipulación), así como no alineados. Después de ver cada video, evalúan si el emisor del mensaje dice la verdad o miente.

Se registraron muchas más evaluaciones de veracidad para los videos alineados que para los no alineados. En este caso, la coherencia comunicativa muestra su impacto, porque aquellos videos no manipulados contienen mensajes coherentes verbal y no verbalmente. Por tanto, ya se podría hablar de una relación causal: la coherencia comunicativa causa evaluaciones de veracidad de los mensajes que la contienen.

El posible papel mediador dela fluidez de comprensión no ha sido objeto directo de este segundo estudio, por lo que se desarrolla un análisis a posteriori con 18 nuevos sujetos. Tal como se esperaba, la percepción de fluidez de comprensión ha sido mayor en los videos alineados que en los no alineados.

Por tanto, una persona escucha y ve un mensaje. Percibe coherencia entre el ver y el escuchar o, mejor dicho, entre el qué dice y cómo lo dice del emisor. Esa coherencia facilita la comprensión, por lo menos la persona lo experimenta como tal. Todo ello le hace evaluar que el mensaje del emisor es veraz. En caso contrario, la falta de coherencia llevaría a experimentar una comprensión baja o confusa; por ello, es probable que el receptor evalué el mensaje como falso o que dude de él.

Si cuando al hablar con una persona tenemos la sensación de que nos miente, puede que dicha persona refleje incoherencia entre su lenguaje verbal y no verbal (lo que dificultaría la fluidez de comprensión). En cualquier caso, ello no implica que la coherencia comunicativa sea indicadora de la verdad y que la falta de ella indique mentira. No nos olvidemos que se trata de evaluaciones de veracidad que las personas hacen. Dichas evaluaciones fluctúan según la coherencia que uno percibe y dicha percepción está mediada por la facilidad que se experimenta para comprender un mensaje.

Además, se plantea que el efecto de experimentar fluidez de la comprensión sería el de sesgar positivamente, dando lugar a evaluaciones positivas y a un aumento de la confianza en las evaluaciones generadas. ¿Será por eso por lo que no conseguimos detectar bien las mentiras?

 

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Contagio emocional digital. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Digital emotion contagion” de Goldenberg A. y Gross J. J. (2020), en el cual se resumen las investigaciones más importantes en cuanto al contagio emocional en contexto digitales.

El tiempo que pasamos en internet es considerablemente alto. La exposición a diversos medios digitales conlleva la exposición a la expresión emocional de otras personas. Y al igual que ocurre en las interacciones reales, en el contexto digital también nos contagiamos de las emociones de los demás. Ello puede hacer que nos sintamos identificados con otros o que nos convirtamos en similares a otros.

El contagio emocional se define como el proceso a través del cual las emociones de un individuo se hacen cada vez más similares a las emociones de otros individuos por exponerse a ellas. Puede ser un proceso consciente o inconsciente. La única condición necesaria es que ocurre un aumento en la similitud emocional inter-individuos.

En 2014, un estudio demostró que el contagio emocional es posible a través de las redes sociales. En dicho estudio, el contenido al cual fueron expuestas una serie de personas en Facebook se manipuló de tal manera que la exposición sea mayoritariamente a contenido positivos o negativos. Y lo que se ha observado es que, si los usuarios habían estado expuestos a poco contenido positivo, mostraban pocas emociones positivas. Lo mismo ocurrió en cuanto a contenido y emociones negativas.

Ese fue el único estudio publicado que ha manipulado las emociones de los usuarios sin su consentimiento. Y la publicación y difusión de tal estudio ha confirmado en cierto modo la posibilidad de provocar y contagiar emociones a través de lo digital. A mayor difusión del estudio, han emergido más emociones intensas, haciendo que los usuarios expresasen cada vez más su ansiedad e indignación ante la idea de que se manipulen sus emociones sin su consentimiento explícito.

A partir de ese momento, se desarrollaron cada vez más estudios sobre el contagio emocional digital. Y hay diferentes conclusiones. Por ejemplo, el contagio emocional digital ocurre como respuesta a una gran variedad de situaciones. Ocurre tanto en el ámbito público como el privado, es decir, tanto en un contexto de chat con un amigo, como en las publicaciones tipo Facebook.

Aparte de su ocurrencia tan extendida, con decir que contagiarnos de emociones ajenas nos influye es quedarse corto.  El contagio emocional parece tener un papel clave en determinar las emociones y comportamientos de los usuarios. El contagio emocional también es un factor importante del aumento de los movimientos sociales en el contexto digital. Las personas comparten sus emociones vía online de tal manera que no solo afecta a su bienestar, sino también al bienestar de aquellos con los que están conectados.

Cuando se trata de contagio emocional en interacciones reales, hay tres mecanismos que a través de los cuales ocurre este proceso. No se trata de mecanismos mutuamente excluyentes, sino que pueden ocurrir simultáneamente.

Primero, la imitación de comportamientos emocionalmente expresivos como las expresiones faciales, posturas, movimientos oculares, risa, etc. Es decir, la imitación de comportamiento no verbales.

Segundo, la activación de una categoría emocional. La exposición a estímulos que implican expresión emocional actúa como priming para la categoría emocional en la que se incluyen y da lugar a la activación de procesos emocionales específicos de esa categoría. Es diferente de la imitación, porque a través de este mecanismo el contagio puede producirse sin copiar comportamientos. Puede ocurrir simplemente por la exposición a unos estímulos. Por ejemplo, si alguien nos escribe gracias o un piropo, ello puede activar una categoría emocional positiva.

El tercer mecanismo es la evaluación social. Los individuos usan las emociones ajenas como guías de sus evaluaciones emocionales. Ello lleva a experiencias emocionales similares. Por ejemplo, que a muchos les gusten una película puede hacer que nosotros también la evaluemos positivamente.

En el contexto digital lo que cambia principalmente es la presencia de mediación de las compañías (p. ej. de la plataforma que permite la interacción o de la publicidad) entre la expresión emocional de un usuario y la respuesta de otro usuario. Tales compañías tienen el poder de controlar el contenido al cual se exponen los usuarios y cómo estos se responden entre sí. Incluso en aquellas interacciones digitales que ocurren en tiempo real puede haber modificaciones especiales para incidir en el contagio emocional.

Pensemos en un live en Instagram. Por defecto, los comentarios de otros usuarios se visualizan en la pantalla. Puede que ni prestemos atención al usuario principal y que las múltiples respuestas a través de emoticonos relativos a la risa, nos haga sentirnos graciosos, divertidos y alegres. Puede que el usuario que hace el live ni siquiera cuente algo necesariamente gracioso, pero nos contagiamos de otros usuarios que modifican nuestra percepción.

La exposición a las emociones de otros usuarios mantiene a los usuarios expuestos comprometidos con la actividad en la red. El estudio que mencionamos al principio mostró que, a menor exposición emocional, menos contenido producen los usuarios. Por el contrario, si se expone a los usuarios a las emociones de otros, más comprometidos y ocupado en las redes se les mantiene. Y ello es clave en los resultados y beneficios de las compañías de medios digitales.

En cualquier caso, cabe destacar que maximizar las emociones de los usuarios puede que no sea un objetivo directo de estas compañías. Los algoritmos implementados pueden ajustar el contenido en pos de que los usuarios estén activos y si se consigue con más exposición a contenido emocional, se prioriza dicho contenido.

El aumento de la intensidad y frecuencia de las expresiones emocionales no solo se consigue mostrando contenido de mayor carga emocional. También se alcanza creando una estructura de incentivos que motiva a los participantes a expresar sus emociones. En redes sociales se incentiva la competición por atención y se utilizan refuerzos positivos en forma de me gusta y el share. Asimismo, expresar emociones es muy útil para atraer la atención y recibir me gusta. Un me gusta puede funcionar como una señal no verbal de las interacciones reales, por ejemplo, una sonrisa.

El efecto de la expresión emocional positiva tiene mucho mayor impacto que la expresión emocional negativa. Y es lógico por diferentes razones. En general, las personas prefieren sentir y expresar emociones positivas porque sientan mejor y favorecen las interacciones sociales.

Se ha visto que las expresiones emocionales positivas son generalmente percibidas como más apropiadas que las negativas. De hecho, muchos usuarios consideran que las emociones más adecuadas a expresar en redes sociales son la alegría y el orgullo. Las consideradas menos apropiadas son la tristeza y la ira.

Tanto desde las motivaciones de los usuarios como desde las motivaciones de las compañías de plataforma digitales se favorece la expresión emocional positiva y su contagio. No obstante, las expresión y contagio de emociones negativas también tienen su lugar, especialmente en forma de movimientos sociales. Incluso cuando se trata de problemas sociales que no salen a la luz en las noticias, los propios usuarios pueden ofrecer el contenido al cual pueden acceder millones de personas.

El contagio emocional puede alcanzar a esos millones de personas. Por tanto, puede que sea mucho más potente que el contagio emocional de interacciones reales. No obstante, no siempre es así. La exposición a tantos estímulos puede dar lugar a la fatiga y a la habituación.

Por ejemplo, si cuando entramos en Facebook vemos que todos los periódicos digitales, así como muchos de nuestros amigos comparten noticias sobre incendios forestales en diferentes puntos del mundo y varios días seguidos, puede que desconectemos del tema. Por un lado, se trata de emociones negativas y ya vimos que no se priorizan. Por otro lado, puede darse la fatiga o la habituación e ignoraremos esos contenidos. No produciremos contenido, no compartiremos tales publicaciones, etc.

Los autores de esta revisión también describen diferentes formas de medir el contagio emocional digital. Lo más difícil no es provocar el contagio, sino verificar si realmente se da. No obstante, por razones de espacio, lo dejamos para vuestro descubrimiento.

Como conclusión, parece que el componente no verbal de la comunicación no desaparece en el contexto digital. En este caso, la expresión emocional y sus consecuencias. Puede que el contagio emocional digital no se desarrolle con tanta facilidad a partir de la percepción de comportamientos no verbales (p. ej. expresiones faciales) tal como en las interacciones reales. No obstante, ya vimos que hay diferentes mecanismos. Asimismo, vimos en otros artículos que hay diferentes estímulos en la comunicación mediada por tecnología que reemplazan a las señales no verbales típicas.

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Expresión facial de la negación: ¿tenemos una cara de “no”? Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “The not face: a grammaticalization of facial expressions of emotion” de Benitez-Quiroz C. F., Wilbur R. B. y Martinez A. M. (2016), en el cual se indaga en la posible existencia de una expresión facial propia de la negación y su función gramatical en el lenguaje.

La comunicación humana implica lenguaje verbal y no verbal, siendo en el segundo dónde se sitúan las expresiones faciales. Curiosamente, algunas de estas expresiones faciales tienen una función gramatical. Por ejemplo, no es lo mismo decir no lo sé con cara neutra o sonriendo que decirlo con la típica expresión facial de un no lo sé (difícil de describir, pero simúlalo y lo entenderás). Si la respuesta verbal y la expresión facial van a la par, lo interpretamos como una respuesta adecuada o correcta.

Lo que muestran las expresiones faciales son emociones. Y sabemos que hay emociones con valencia positiva y otras con valencia negativa. En términos generales, cuando algo no nos gusta, no nos conviene o no estamos de acuerdo con ese algo, mostramos ira, asco o desprecio. Es decir, las emociones básicas de valencia negativa.

Conceptualmente, esas emociones sirven para expresar un juicio de valor negativo, un juicio moral negativo. Por ejemplo, cuando se violan derechos, normas o algo no encaja con nuestras creencias. Y, por tanto, con la expresión facial de esas emociones comunicamos negación y desacuerdo.

Según el Sistema de Codificación de las Acciones Faciales (FACS) de Ekman, cada emoción se compone de unidades de acción (AUs). Estas AUs son acciones de músculos de la cara, tal como la contracción. Por ejemplo, vemos en la siguiente imagen, de izquierda a derecha, las AUs de ira, asco, desprecio y de la expresión facial compuesta de ira y asco (algo así como cuando estamos disgustados con algo).

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Los autores del estudio plantean la hipótesis de que también tenemos una expresión facial que exprese el juicio moral negativo. Asimismo, defienden que dicha expresión es la que sirve de marcador gramatical de la negación. Por tanto, ¿existe la cara de no?

Para que podamos decir que existe una cara de no, hace falta verificar que se da en varias culturas o idiomas. Si ocurre, se puede plantear la posibilidad de un origen biológico de tal expresión facial. Por eso, los autores analizan en un primer experimento las expresiones faciales de hablantes nativos de inglés, español, chino mandarín y lengua de signos. Se pide a los participantes que emitan facialmente una negación y sin mover la cabeza.

Si quieres, antes de seguir leyendo, grábate unos segundos intentando expresar una negación o desacuerdo solo con la cara y sin mover la cabeza.

En un segundo experimento, los participantes leen una frase, la memorizan y luego la repiten, mientras se graban sus caras. Las frases son muy diversas: afirmaciones, negaciones, interrogaciones afirmativas y negativas. Por ejemplo: Brad cocina pescado a la parrilla; Brad no cocina pescado a la parrilla; ¿Puede John comerse el último trozo de tarta?; ¿Por qué no ha encendido Mary ya la parrilla?.

En la lengua de signos existen marcadores no manuales que tienen una función gramatical. Se utilizan en conjunto con marcadores manuales o sin ellos. En el caso de la negación, el movimiento de la cabeza a los lados es el marcador no manual. ¿Habrá expresiones faciales típicas de la negación también en las personas que utilizan el lenguaje de signos? Para responder a esta pregunta, en el tercer experimento, participantes que utilizan el lenguaje de signos expresan las mismas frases utilizadas en experimento anterior.

En un cuarto experimento se atienden las frecuencias de producción de la expresión facial de negación. La frecuencia de producción de las silabas (incluso en lengua de signos) oscila universalmente entre 3 y 8 Hz. Las células del córtex auditivo humano también oscilan con esta frecuencia. Se cree que es para facilitar la segmentación de las señales de lenguaje y poder distinguirlas de otras señales no lingüísticas. Si la cara de no tiene un uso gramatical y el cerebro la interpreta como un marcador gramatical, entonces su ritmo debería ser similar al observado en el discurso verbal y en la lengua de signos.

Si antes te has grabado poniendo cara de negación, es hora de analizarlo. ¿Se parece con alguna de estas imágenes?

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Los resultados del primer experimento muestran que la cara de no existe. Sería una expresión facial compuesta por AUs que forman parte de la expresión de ira (AU4 y AU7), asco (AU17 y AU 24) y desprecio (AU14). Es decir, de las tres emociones básicas con valencia negativa. El 70% de las veces se da: bajada de la punta/esquina interna de la ceja (AU4), subida de la barbilla (AU17) y una de las AUs de presión entre el labio inferior y superior o ambas (AU14 y 24). Esta presencia a un 70% es comparable con la consistencia observada en el uso de AUs de las expresiones faciales universales de las emociones básicas (>70%). Por otro lado, AU7 solo aparece el 30% de las veces. Es un movimiento de apretar los párpados y se da normalmente en la expresión de la ira.

Los resultados del segundo experimento mostraron la presencia de cara de no 41 veces (2,83%). De todas ellas, 12 se corresponden a las frases negativas. Todas estas se dieron tanto en inglés, como en español y chino mandarín. De las 41, 17 emergieron cuando se indicaba al experimentador que la frase a memorizar fue olvidada. Diez se dieron a posteriori de una reproducción incorrecta de dichas frases. Los dos restantes se dieron en la emisión de afirmaciones. Cabe destacar que la mayoría de las caras de no se dieron en los nativos de inglés americano. Esto es congruente con evidencias que indican un énfasis expresivo mayor en la cultura americana comparada con otras culturas.

El experimento 3, orientado a la lengua de signos, también mostró la presencia de la cara de no en aproximadamente un 15% de las frases de negación.  De todas las veces que aparece, la cara de no se da mayoritariamente en conjunto con el movimiento de la cabeza que indica negación (94,1%). También aparece muchas veces en conjunto con el marcador manual de la negación (62,7%). Por último, la cara de no también se registra como único marcador, pero bastante menos (3,4%).

En cuanto a la frecuencia de producción, se observó que la cara de no encaja una frecuencia theta. La media a lo largo de los tres idiomas hablados fue de 5,68 Hz. Más específicamente, en inglés la frecuencia media fue de 4,33 Hz, en español 5,32 Hz y en chino mandarín 7,49 Hz. En el caso de lengua de signos, la media de la frecuencia de producción de las caras de no fue de 5,48 Hz y, por tanto, con oscilaciones theta.

¿Conclusiones? Las expresiones faciales, además del importantísimo papel en el lenguaje no verbal, también puede tener funciones gramaticales. Podrían ser los precursores de los lenguajes hablados, pero poco se conoce en estos términos. Según este estudio, tenemos una cara de no y esta expresión facial podría darse a lo largo de diversas culturas en conjunto al discurso verbal y como marcador gramatical. Así que no solo vale con decir sí, tu cara puede decir no y tu interlocutor puede que lo note incluso sin saberlo.

 

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Música y creatividad grupal. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Music Valence and genre influence group creativity” de Sarinasadat H., Hattori Y., Miyake Y. y Nozawa T. (2019), en el cual se analiza el impacto de la música en la creatividad grupal, en la sincronización de señales no verbales intra-grupo y en la cooperación.

La música siempre es algo en lo que las personas están dispuestas a invertir tiempo. Tiene múltiples beneficios y aunque no sepamos siempre cuáles son sus efectos exactos, sabemos que nos hace bien. Escuchar música no solo es una actividad placentera.  Facilita la liberación de tensión, la regulación emocional, el afrontamiento de situaciones estresantes y nos motiva.

En algunos estudios se ha observado que tocar música en grupo favorece la cooperación entre los miembros del grupo. También parece que el ritmo de la música compartido por varias personas favorece la sincronización entre ellas. La música hace que neuronas del tronco encefálico se disparen sincrónicamente con el tempo y actividades sincronizadas como la música fomentan la conexión social. Asimismo, una persona que escucha música agradable tiende a confiar más en sí mismo que alguien que ha escuchado música desagradable.

También sabemos que la música favorece la creatividad de un individuo, ¿pero qué efecto tendrá la música en la creatividad de un grupo? La creatividad grupal, definida en términos de técnica para mejorar la creatividad y sus resultados a través de la comunicación, ha sido un tema muy estudiado.

Sus beneficios han sido una cuestión controvertida. Por un lado, la actividad comunicativa del grupo quitaría tiempo al pensar y al crear nuevas ideas. Por otro lado, en un grupo con ideas similares la creatividad podría verse afectada. Es decir, la convergencia del grupo sería opuesta al pensamiento divergente que se necesita para la creatividad.

No obstante, los procesos convergentes son necesarios para poder distinguir nuevas ideas y unificarlas. El grupo debe ser diverso y cada uno de los miembros debe producir nuevas ideas. El pensamiento divergente puede darse mientras haya diversidad. También se necesita de cooperación, por un lado, para ofrecer nuevas ideas y, por otro lado, para unificarlas.

Por tanto, se puede decir que la creatividad grupal se basa en el nivel individual de creatividad y en la tendencia de cooperación de los individuos que componen el grupo. Además de eso, el pensamiento creativo necesita de: la combinación de tantas ideas como sean posibles (fluidez), en tantas categorías que se puedan alcanzar (flexibilidad), generando ideas únicas y novedosas (originalidad).

 Para probar los procesos subyacentes a los efectos de la música en la creatividad grupal, los autores del estudio analizan la sincronía inter-cerebral y la comunicación no verbal (CNV). En el primer caso, se trata del registro de la actividad cerebral de córtex prefrontal medial e izquierdo mediante una técnica llamada Espectroscopia funcional del Infrarrojo Cercano (fNIR). En el segundo caso, la CNV se limita a la coordinación física entre los miembros del equipo y, más específicamente, a la sincronía de movimientos de la cabeza.

Los estudios previos mostraron que la música tiene efectos diferenciales en función de especialmente dos características: valencia (agradable vs desagradable) y género. En este estudio, el género se diferencia en dos categorías. Una con música más reflexiva, eligiéndose para ello música clásica. Otra con música de  ritmo animado, tipo country o pop.

La valencia se obtiene a través de la evaluación de los participantes de 100 canciones en versión instrumental. De esas evaluaciones se consiguen seleccionar y agrupar canciones agradables y desagradables. Otras características que se han tenido en cuenta para la elección de las canciones son la no familiaridad y un tempo moderado, ambos debido a posibles influencias en los resultados.

Los grupos del estudio son en realidad pares de sujetos. Estos observan en una pantalla el nombre de objetos comunes como un huevo o un par de calcetines. Después de la visualización de cada objeto, los participantes dicen en voz alta las ideas que se les ocurren como uso creativo de cada objeto. Las respuestas de cada uno son escuchadas por el compañero que le corresponde.

Mientras, suenan de fondo diversas canciones que en cada sesión experimental y aleatoriamente cumplen con una de 4 combinaciones: agradables/desagradables-reflexivas/animadas. También se da la condición control, en la cual no suena ninguna canción.

Para entender los resultados, destacar que las medidas de creatividad se basan en las tres características antes mencionadas: fluidez, flexibilidad y originalidad. También se tiene en cuenta un índice de convergencia como medida de la cooperación. Para calcular este índice se registran las veces que el grupo coincide en la categoría de ideas creativas y las veces que no coinciden.

Independientemente de las combinaciones de valencia y género de las canciones, parece que la música de fondo facilita la creatividad grupal a diferencia de la ausencia de música. No obstante, lo que facilita específicamente es la fluencia, es decir, mayor cantidad de ideas creativas generadas durante el experimento.

Como la música incide en el estado de ánimo, puede que su presencia haya disminuido el estrés de los participantes y la posibilidad de caer en actitudes negativas o pensamientos evaluativos. Aunque solo se consiguiera un estado de ánimo positivo, con eso basta para explicar una mayor cantidad de ideas creativas que el grupo sin música.

La música, en general, también genera mayor sincronía en la comunicación no verbal. Específicamente, la mayoría de los grupos mostraron mayor sincronía en los movimientos de la cabeza (a nivel intra-grupo) cuando había música de fondo y bastante menos en las sesiones sin música. También se observa una tendencia de mayor impacto de la música con valencia positiva en la comunicación no verbal.

Por otro lado, la sincronía a nivel cerebral no se ha registrado en ninguna de las condiciones. Por tanto, este estudio lo que muestra es que la música no tiene efecto en la sincronía inter-cerebros o bien hay factores que no se han tenido en cuenta y que influyen en los resultados.

Ni la flexibilidad ni el índice de convergencia se han visto afectados por la valencia de las canciones. En cambio, el género mostró un efecto en el índice de convergencia, por tanto, en la cooperación. Las canciones animadas facilitan la cooperación intra-grupal y no solo con respecto a las canciones más reflexivas, sino también en comparación a una tarea sin música de fondo.

La combinación de música evaluada como agradable (valencia positiva) con un ritmo animado mejoró la creatividad del grupo en todos los indicadores de medición, excepto en la flexibilidad. Es decir, escuchar canciones que nos gustan y con un ritmo alegre durante una sesión de creatividad grupal da lugar a mayor número de ideas creativas y más originalidad. También genera más cooperación, tal como hemos mencionado antes.

De hecho, los autores proponen que el impacto de la música agradable y alegre en la creatividad ocurre a través de su influencia en la cooperación, algo congruente con algunos estudios previos. En cualquier caso, se trata de suposiciones, teniendo en cuenta que hasta el momento no hay evidencias previas de la mejora de la creatividad grupal debida a este tipo de música, aunque sí las hay en cuanto a la creatividad individual.

Como conclusión, si nos toca un brainstorming o algo similar, no sería mala idea poner algo de música de fondo. No obstante, parece recomendable que la música sea consensuada, asegurando el agrado de todos y que el género implique ritmos alegres o no tan tranquilos como la música clásica.

Asimismo, el impacto de la música en la sincronía de comportamientos no verbales nos puede dar una idea de lo positivo que puede llegar a ser poner algo de música de fondo en contextos en los que se desea la cooperación. El ejemplo más fácil de una prueba de ello es estar en un grupo bailando. ¿Acaso hay alguien en un grupo así que se niega a cooperar incluso para las cosas más atrevidas?

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