Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Comportamiento cooperativo (Página 1 de 5)

Supervisores: influencias emocionales y no verbales sobre los empleados. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Emotional Experiences in the Workplace: Biological Sex, Supervisor Nonverbal Behaviors, and Subordinate Susceptibility to Emotional Contagion” de Jia, M. y Cheng, J. (2020), en el que se investiga la relación entre los diferentes tipos de conductas no verbales de supervisores o gerentes y la susceptibilidad al contagio y experiencia emocionales de empleados subordinados.

La comunicación en el trabajo y sus respuestas emocionales relacionadas merecen atención académica por varias razones.

Las emociones negativas están asociadas con baja satisfacción laboral, altas tasas de intenciones de rotación o cambio de puesto, bajo desempeño laboral, problemas con la satisfacción del cliente y altos costes para la economía nacional. Entre las causas principales de las emociones negativas en el trabajo, se descubrió que la relación entre el supervisor y el trabajador, más que la tarea en sí, era la fuente más común de sentimientos intensos.

Las emociones positivas en el trabajo, como la energía, el placer y la emoción, están relacionadas con el compromiso laboral de los empleados. El orgullo por el desempeño personal disminuye sustancialmente las intenciones de rotación, pero solo entre los empleados altamente satisfechos en lugar de aquellos que están orgullosos e insatisfechos. Los estudios también han demostrado los efectos de la interacción dinámica de las emociones positivas y negativas afectan a la creatividad de los empleados.

Como medio para comprender las motivaciones conductuales y las demostraciones de poder, las conductas no verbales se han estudiado como mensajes que los trabajadores y los gerentes pueden usar para comunicarse e influirse entre sí. Una extensa literatura se ha centrado en cómo los supervisores han utilizado los comportamientos no verbales para expresar el estatus y el dominio, mientras que estudios más recientes han explorado el efecto positivo de los comportamientos no verbales, como la inmediatez no verbal del supervisor.

En esencia, las personas tendemos a perseguir las cosas que nos hacen sentir positivos y evitar las negativas. Las emociones asociadas con tales gustos o disgustos generalmente se desencadenan por la recepción e interpretación de señales no verbales de los demás. La literatura no verbal en el lugar de trabajo ha revelado constantemente cómo estos comportamientos influyen en el liderazgo exitoso y la percepción de los subordinados sobre sus supervisores. Las señales paralingüísticas, como la variabilidad del tono y el volumen de la voz, también están correlacionadas con el uso individual y la percepción del rango jerárquico.

Asimismo, los académicos han diferenciado los procesos y resultados emocionales. Los procesos emocionales involucran cualquier experiencia emocional derivada de la comunicación con otros, mientras que el resultado emocional podrían ser las respuestas emocionales o evaluaciones de estas experiencias. El estudio de los autores adoptó el concepto de procesos emocionales como la experiencia emocional de los empleados en el trabajo, debido a las dinámicas de poder similares entre instructor-alumno (más estudiadas en el enfoque descrito) y supervisor-subordinado.

Por otro lado, el apoyo emocional ocurre cuando un individuo recibe mensajes de apoyo destinados a ayudarlo a lidiar con el estrés y mejorar el bienestar emocional, generalmente a través de las expresiones de comprensión, seguridad, empatía y preocupación. Debido al estrés y el agotamiento en el lugar de trabajo, se espera que los supervisores sirvan como una fuente de comunicación de apoyo para mejorar la emoción y motivación de los trabajadores. Dado que la comunicación supervisor-subordinado es interactiva, la experiencia emocional de los empleados no está influenciada exclusivamente por los comportamientos de su supervisor. En su lugar, las características individuales también influyen en sus reacciones.

El estudio utiliza, además, la susceptibilidad al contagio emocional como una característica individual que se refiere al grado en que las emociones de una persona se ven afectadas por las personas que la rodean, y el entorno social en general. El contagio emocional puede tener resultados tanto positivos como negativos. Otros investigadores también han señalado el sexo biológico como un factor individual de influencia en la comunicación no verbal y las emociones.

Para comprobar todas estas teorías y la relación de todos los elementos descritos, los autores contaron con un total de 669 participantes, quienes completaron una encuesta online. Se utilizó la Guía de clasificación de puestos del censo para identificar los tipos de ocupación, que se dividió en nueve categorías. El nivel organizacional se midió a lo largo de tres niveles: ejecutivos, gerentes y personal en general. Además, se solicitó el sexo biológico del participante, la edad y la duración del trabajo en la organización actual. En toda la muestra, 213 eran hombres (31,8%), 377 eran mujeres (56,4%) y 79 (11,8%) participantes no dijeron su sexo biológico.

Los resultados revelaron hallazgos importantes sobre cómo la inmediatez no verbal del supervisor, los niveles de contagio emocional de los empleados y su sexo biológico pueden influir en la percepción de su experiencia emocional en el trabajo.

En primer lugar, los resultados indicaron que la inmediatez no verbal de supervisores, en particular el contacto visual, la expresión facial y las posturas, son las principales fuentes para mejorar la percepción de los subordinados del apoyo emocional del supervisor. Un supervisor con comportamientos faciales y corporales positivos haría que los subordinados se sintieran menos tensos y propensos a tener que manipular sus emociones durante sus interacciones. Asimismo, influyen en las emociones de los subordinados. El estudio reveló que el rostro y el cuerpo no son solo herramientas esenciales para comunicar emociones; son formas importantes de influir en la interpretación de los demás de sus experiencias emocionales.

Otra contribución importante es mostrar cómo los comportamientos no verbales específicos del supervisor afectan las experiencias emocionales de los empleados, un área valiosa para investigar para comprender mejor los resultados de la organización. Además, el apoyo organizacional general aumenta sustancialmente el sentido de seguridad psicológica de los empleados y su capacidad para asumir riesgos, así como su compromiso y mejora en el desempeño laboral.

Asimismo, se encontró que la susceptibilidad de los subordinados al contagio emocional se relaciona positivamente con las emociones en el trabajo. Cuando los empleados son vulnerables a otras personas y al entorno social, es más probable que oculten y falsifiquen emociones verdaderas al comunicarse con su supervisor. Esto afectaría al bienestar de los individuos y los resultados organizacionales. Los estudios futuros deberían explorar más a fondo cómo los contextos sociales y la naturaleza específica de una relación determinada pueden tener un impacto en la susceptibilidad individual al contagio emocional, así como a otros procesos emocionales.

Finalmente, con respecto a la influencia del sexo biológico, este estudio demostró que los gestos de las supervisorasjuegan un papel más importante en la mejora de las experiencias emocionales de los subordinados que los supervisores masculinos. Los gestos también podrían ayudar a transmitir mejor el mensaje verbal de los supervisores.

Reconocer la importancia de una expresión no verbal adecuada puede ayudar a los gerentes a desarrollar diversas habilidades no verbales, para mejorar la experiencia emocional de los trabajadores y las relaciones supervisor-subordinado. Esta capacitación también debe ser específica de género, de acuerdo con el estudio de los autores. Además, las organizaciones también deben prestar atención al “clima emocional” general en el trabajo para mantener el funcionamiento óptimo de las organizaciones.

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La sensibilidad no verbal en jóvenes deportistas. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Nonverbal communication of young players in team sports” de Pop, C. L. y Zamfir, M. V. (2020), en el cual se estudian las habilidades o sensibilidad no verbal de jugadores jóvenes de deportes de equipo.

Para un equipo deportivo alcanzar un objetivo depende de la cooperación con los demás hacia un objetivo común. Un equipo deportivo tiene todas las características de un grupo pequeño: interacción, estructura social con normas y reglas, y un propósito común. Para lograr este propósito, la cooperación con los demás es vital.

En tal contexto, el papel del entrenador del equipo radica en alentar a los miembros del equipo a trabajar juntos, enseñar habilidades sociales y fortalecer el espíritu de equipo. Durante un partido en una competición deportiva, el lenguaje específico se corresponde con un código de gestos visuales y auditivos. El éxito muchas veces depende de las relaciones tácticas consolidadas de los compañeros y la sincronización de sus acciones.

En este contexto prevalece la comunicación no verbal, puesto que, durante un partido, salvo en los descansos, normalmente no hay tiempo para hablar. La comunicación no verbal generalmente tiene un significado más emocionalque las palabras aisladamente. Y no solo se da en deportes de equipo. Se ha observado también una prevalencia de la comunicación no verbal en deportes individuales, por ejemplo, con sus entrenadores.

Algunas de las ventajas de la comunicación no verbal son que se trata de un código que es, o suele ser, conocido, puede transmitirse a larga distancia y es posible comprenderlo más rápidamente que la comunicación verbal. Además, al tener una amplia gama de signos y señales, los canales que abordan la comunicación no verbal son, de hecho, los cinco sentidos.

Debido a sus características, la comunicación no verbal a menudo está presente más allá de la cancha o el lugar donde se juega. Los letreros y señales del árbitro tienen un significado para los competidores, entrenadores y la audiencia, independientemente de si estos hablan idiomas distintos. Los colores, números y marcas también tienen importancia en los juegos deportivos.

Por su parte, el estilo de comunicación del entrenador, además del contenido verbal, determinará el clima de trabajo del equipo. Así, un clima abierto inspirará confianza, disfrute y ayudará a los atletas a mantener un buen espíritu de equipo en el entrenamiento y la competencia.

A pesar de todos estos datos, la comunicación no verbal en los deportes continúa sin recibir una gran atención por parte de los investigadores. Así, los autores llevaron a cabo su propio estudio en la materia.

Específicamente, su estudio investigó las habilidades no verbales en jóvenes deportistas de un equipo de baloncesto de cadetes de élite. Se contó con un total de 38 participantes; 20 chicas y 18 chicos de entre 15 y 16 años. Los adolescentes eran miembros de los equipos de cadetes nacionales rumanos con al menos 3 años de experiencia jugando al baloncesto, alcanzando algunos hasta 7 años de experiencia. La prueba que los participantes tuvieron que llevar a cabo fue el perfil de sensibilidad no verbal.

Por tanto, teniendo en cuenta el objetivo de la investigación, se escogió una de las tres formas cortas de la prueba, que consistió en 40 imágenes de rostro y cuerpo sin sonido. Las escenas se visualizaron en una pantalla durante 3 segundos, con 3 segundos de descanso entre imágenes, utilizadas para elegir la respuesta correcta entre dos posibilidades. La hoja de respuestas proporcionaba dos posibles respuestas que reflejaban un estado emocional, y el participante seleccionó la que creía que es la más adecuada. Así, los niveles de competencia o sensibilidad no verbal varían en función de tres rangos de puntuación, pudiendo resultar en una competencia o sensibilidad baja, media o alta.

Los resultados mostraron que las puntuaciones obtenidas por la mayoría de los participantes eran altas. En contraposición, al comparar la puntuación de los participantes según su sexo, se encontró una diferencia significativa entre ambos, siendo más favorable para los adolescentes masculinos.

Asimismo, aquellos que obtuvieron una puntuación más alta en la prueba parecen ser más extravertidos y populares, más alentadores interpersonalmente, menos dogmáticos y más sensibles interpersonalmente, de acuerdo con sus conocidos y supervisores.

Cabe recalcar que los jugadores evaluados eran miembros de los equipos nacionales de cadetes de Rumania, por lo que, presumiblemente, todos los participantes tenían las habilidades adecuadas para el rendimiento deportivo y ser los mejores de su generación. Uno de los pocos estudios que evalúa la sensibilidad no verbal en el rendimiento deportivo competitivo afirma que los jugadores ganadores tienden a obtener puntuaciones más altas en la prueba utilizada en la investigación. En comparación con los jugadores derrotados, los ganadores son más sensibles a las señales no verbales, y sus patrones de comunicación son más homogéneos y confiables.

Por otro lado, una gran cantidad de evidencia sugiere que el lenguaje corporal está tanto bajo un control consciente y deliberado como bajo un control autónomo e inconsciente. En este ámbito, las influencias contextuales, como los partidarios hostiles o la fatiga, podrían desequilibrar las señales no verbales que son controladas conscientemente, haciendo que estas pasen a ser inconscientes.

Aunque existe el estereotipo de que las mujeres se comunican mejor, en el caso de la investigación presentada, los hombres jóvenes parecen leer mejor el lenguaje corporal y ser más sensibles a las señales no verbales, de acuerdo con los resultados.

En cualquier caso, la comunicación no verbal no puede ser ignorada en los contextos deportivos, en tanto que sus componentes mejoran potencialmente la comunicación y la planificación del juego, con el objetivo de construir en el equipo un entorno psicológico y social más saludable.

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Sincronía y engaño en interacciones grupales. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Strategic Synchrony and Rhythmic Similarity in Lies About Ingroup Affiliation” de Dunbar, N. E.; Giles, H.; Bernhold, Q.; Adams, A.; Giles, M.; Zamanzadeh, N.; Gangi, K.; Coveleski, S.  y Fujiwara, K. (2019), en el que se estudia cómo los miembros del grupo pueden utilizar estratégicamente la sincronía para aumentar la credibilidad y la simpatía con el fin de pasar desapercibidos cuando mienten.

La mayoría de la gente opera bajo lo que se conoce como el “sesgo de la verdad“. Es decir, la presunción de que otros están diciendo la verdad a menos que tengan motivos para creer lo contrario.

Inferir la verdadera intención de un interlocutor y comunicarse de manera clara y honesta son dos aspectos de lo que llamaríamos una comunicación más “exitosa”. Pero ciertos objetivos interpersonales pueden hacer que sea más probable que alguien emplee el engaño y menos probable que el receptor lo detecte. Por ejemplo, crear una impresión positiva en el otro puede incrementar las posibilidades de mentir durante una conversación (como puede ocurrir en entrevistas de trabajo).

Generalmente, el sesgo de la verdad deja a las personas mal equipadas para detectar el engaño. La teoría interpersonal del engaño y la de la adaptación de la comunicación apuntan a la sincronía como una herramienta básica, quizás sutil, para mentir. La explicación radica en que la comunicación sincronizada se percibe más positivamente que la no sincronizada.

La sincronía es un tipo de adaptación interpersonal en la que los interlocutores alinean o adaptan sus comportamientos de manera interdependiente. Esto es: los individuos coordinan sus comportamientos para que los socios se respondan entre sí. Abarca formas de adaptación interpersonal como el emparejamiento, imitación o reflejar los movimientos del otro, reciprocidad…

Teóricamente, la sincronía lleva a una mayor compenetración, entendida como una comunicación positiva y armoniosa. Dicha compenetración se manifestaría de tres formas: atención mutua, positividad y coordinación interpersonal (sincronía). Al formarse esta compenetración, en tales circunstancias se aumenta la probabilidad de percibir una mentira como algo verdadero.

Por su parte, la participación se refiere al nivel de capacidad de respuesta y compromiso entre los socios de interacción. Así, una alta participación involucraría reciprocidad de miradas, inclinarse hacia delante y gesticular. En contraposición, una baja participación aludiría a corresponder la falta de (o reducido) contacto visual y su actividad reducida o compromiso pasivo. El interlocutor puede adaptarse a la otra persona utilizando ambos tipos de participación según el caso.

En cualquier caso, la sincronía conductual puede ser una estrategia que quienes mienten utilizan para evitar que se detecten sus mentiras.

Para comprobar todas estas teorías, sobretodo la última, los autores condujeron una investigación propia. En ella contaron con 222 participantes, estudiantes universitarios en EE.UU, de distintas etnias y siendo la mayoría mujeres (70%). Se les asignó una pareja aleatoria entre los participantes, siendo uno de ellos el “socio 1” (participación manipulada) o “socio 2” (engaño manipulado). Tras rellenar un cuestionario para medir su identificación con los grupos, posición ética, etc., los participantes realizaron una interacción con el compañero. Después, completaron un segundo test para ver si habían detectado las mentiras, etc.

Específicamente los “socios 1” fueron asignados a tres grupos de participación aleatoriamente: alta, baja o un grupo de control que no recibió indicaciones específicas. Estos socios debían hablar de tres cosas que les gustaran de su universidad para intentar reclutar a nuevos estudiantes, según sus condiciones de participación.

A los “socios 2”, también aleatoriamente, se les asignó la condición de mentiroso o verdadero. A los primeros se les pidió que mintieran como quisieran, siempre y cuando lo que dijeron no representara con precisión sus verdaderos pensamientos / sentimientos. Del mismo modo, solo se les pidió que mintieran con respecto a un tema de conversación específico. Ambos grupos practicaron lo que iban a decir. En total, la interacción duró 7-10 minutos.

Los resultados fueron los siguientes. Los cuestionarios revelaron que las impresiones de compenetración estaban altamente relacionadas con las percepciones de confianza, satisfacción y sincronía. Como era de esperar, la experiencia de que una interacción creó una compenetración también aumentó la percepción de que el interlocutor era confiable y sincero.

Como era de esperar, los interlocutores con alta participación y control calificaron su conversación como más afín que aquellos con baja participación. Sin embargo, contrariamente a lo esperado, los participantes calificaron las interacciones con parejas veraces como más afines que las engañosas. El sesgo de la verdad es claramente evidente: el 84,7% calificó a sus parejas como sinceras. Solo cuatro participantes clasificaron a su pareja como engañosa, acertando únicamente uno de ellos. Esto quiere decir que los socios mentirosos eran indistinguibles de los socios sinceros para los participantes.

Ahora, si bien los “mentirosos” pasaron desapercibidos como tal, encontramos que los socios de interacción experimentaron menos simpatía. Por tanto, existe un coste potencial incluso para las mentiras intragrupales casuales:menor capacidad para crear conversaciones fluidas y agradables con los miembros del grupo. En este contexto, las mentiras hicieron que los socios disfrutaran menos de la interacción, a pesar de que no pudieron identificar las mentiras. En última instancia, esto podría afectar a la inclusión social y otros objetivos comunicativos como la persuasión.

Estos hallazgos también sugieren que las conversaciones casuales, la pertenencia a un grupo y la baja cercanía relacional pueden ser factores que disminuyen la detección del engaño. Dado que el estudio asoció a individuos con identidad compartida (estudiantes de la misma universidad) pero con un significado personal y relacional bajo, es posible que los participantes no hayan estado dispuestos a gastar los recursos cognitivos y el tiempo necesarios para detectar el engaño.

Otra explicación para la baja detección del engaño puede ser que los participantes percibieran alguna anomalía en la conversación, pero no la categorizaron como engaño. En contraposición, podrían haberla atribuido erróneamente a otras características de la persona, como malestar, falta de sociabilidad o agotamiento. En cuanto a las percepciones del comportamiento, los socios calificaron a los mentirosos con menor compenetración y sincronía que los que dicen la verdad.

Finalmente, con respecto a los movimientos, los resultados sugieren que una alta participación condujo a la sincronización y compenetración, y el engaño a una mayor sincronía, pero solo en determinadas circunstancias (en movimientos más rápidos).

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El lenguaje no verbal de la culpa. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Are there non-verbal signals of guilt?” de Julie-Daniere E., Whitehouse J., Mielke A., Vrij A., Gustafsson E., Micheletta J. y Waller B. M. (2020), en el cual se presentan una de las últimas investigaciones en comportamiento no verbal y emociones: culpa y señales no verbales asociadas.

La culpa es una emoción compleja con una función social importante: estimular los comportamientos de cooperación. Las personas son altamente cooperativas tanto con conocidos como con desconocidos. La necesidad de cooperación debió de suponer una gran presión en la selección natural por encima de otros comportamientos que consideramos humanos.

La culpa no solo es una experiencia emocional, sino también cognitiva. Aparece cuando alguien siente que ha hecho algo mal y puede empujar a comportamientos prosociales. Se clasifica como una emoción moral, de autoconsciencia, junto al orgullo y la vergüenza, y es una de las emociones más sociales.

Cuando sentimos culpa por haber hecho algo no debido, intentamos compensarlo con comportamientos pro-sociales hacia la persona afectada (u otros). Por otro lado, la culpa va más allá del contexto social. Se ha mostrado la presencia de un efecto llamado efecto Dobby. Ello implica que, cuando el que siente culpa no tiene la oportunidad de compensar a los afectados, se autocastiga. Es decir, el aislamiento social no hace desaparecer la culpa. Si se da, alguna forma de compensación se buscará, aunque sea a través del autocastigo.

En términos verbales, experimentar culpa se muestra a través de las disculpas y el admitir haber hecho algo que no debía hacerse. Los aspectos verbales de la culpa se han estudiado bastante, mostrando, por ejemplo, que los afectados de una mala acción son más indulgentes con el que la comete si este reconoce sus fallos.

Pero, ¿reconocemos la culpa en otros a través de su lenguaje no verbal? ¿O hay otra manera de captar la emoción de culpa cuando esta no es explícita? Las personas a menudo declaran que pueden detectar la sensación de culpabilidad de otros.

En el contexto legal, muchas figuras como jueces o miembros del jurado informan saber cuándo un acusado se siente culpable por el delito que ha cometido. Esas percepciones influyen en las sentencias.

Hasta día de hoy, no se ha encontrado alguna expresión facial típica de la culpa. Sabemos que las emociones básicas/primarias sí tienen asociadas expresiones faciales y se consideran universales. No obstante, la culpa es una emoción secundaria, junto al desprecio, a la vergüenza experimentada por haber hecho algo no debido (shame) y la vergüenza experimentada en situaciones embarazosas (embarassament).

Dado su tardío desarrollo con respecto a las emociones primarias, se postula que sus expresiones sean culturalmente específicas. Además, dada su complejidad, podría expresarse a través de varias señales no verbales y no solo a través de las expresiones faciales.

En esta interesante investigación, los autores desarrollan dos estudios. En el primero, participan 131 sujetos que se asignan a dos grupos: control y experimental. En el grupo control los sujetos deben recordar y escribir un evento en el cual se han sentido orgullosos. En el grupo experimental, deben recordar y escribir un evento en el cual han sentido culpa. Posteriormente, ambos grupos deben guardar el archivo en un pendrive.

El experimentador recoge el pendrive y, después de un tiempo, vuelve. A lo sujetos del grupo experimental se les informa que el pendrive se ha estropeado y todos los datos del grupo se han perdido. Así, la inducción de la culpa ocurre, por un lado, cuando recuerdan un evento personal y, por otro lado, cuando se les informa de la posibilidad de haber hecho un mal uso del pendrive. El grupo control es informado de que todo ha sido guardado correctamente.

Todas las expresiones no verbales se graban a lo largo de todo el proceso, algo que los participantes desconocen. De este estudio se extraen patrones de movimientos faciales asociados a la culpa: fruncir el ceño (AU4), apretar/estirar los labios (AU20) y tocarse el cuello.

Para asegurar que estas señales no verbales también se asociarían a la culpa cuando son observadas por otros, se desarrolla un segundo estudio. En este participan 114 sujetos. Primero, los participantes reciben información contextual del estudio anterior: al sujeto del video se le acaba de informar de que ha dañado información importante del pendrive. Esa misma información se aplica tanto al observar videos con sujetos del grupo control, como con sujetos del grupo experimental.

Segundo, estos participantes actúan como observadores y deben valorar, en una escala de 0 a 100%, la expresión de uno de 5 estados emocionales: incomodo, avergonzado, culpable, sorprendido y otro. Cada observador analiza 20 videos sucesivos, cada uno con una duración de 30 a 90 segundos.

Los observadores evaluaron con mayores porcentajes de culpa aquellos videos que contenían la expresión de ceño fruncido, de tocarse el cuello y ojos muy abiertos. También se han observado relaciones positivas entre el nivel de culpa autoinformado por los sujetos del primer estudio y el grado en el que los observadores del segundo estudio consideraron que dichos individuos se sentían culpables.  Este hallazgo apoya la idea de que la culpa es un fenómeno observable con una potencial función social comunicativa.

La expresión de la culpa podría ser confundida con la expresión de la vergüenza, dado el componente moral de ambas. No obstante, las señales no verbales asociadas a la vergüenza suelen ser: mirar hacia abajo y cambios de la dirección de la mirada, sonrisa controlada, tocarse la cara, así como el rubor. Ninguna de estas señales fue asociada a la culpa en este estudio.

Los movimientos dirigidos hacia uno mismo, tales como tocarse el cuello, se consideran comportamientos irrelevantes a la situación en la que aparecen, pero pueden ganar valor comunicativo a lo largo del tiempo. De hecho, se ha visto que la producción de tales movimientos aumenta en situaciones estresantes y desagradables. Pueden servir como movimientos de protección simbólica, para desviar la atención o como autorreguladores del malestar.

Por ello, tiene sentido que aparezcan en la expresión de la culpa. También es probable que se den más de uno (rascarse, frotarse las manos, etc.) en las diversas situaciones de sentirse culpable con las que nos podemos encontrar.

Aunque se necesiten más estudios, parece que la culpa sí tiene señales no verbales propias. Las que coincidieron entre ambos estudios fueron fruncir el ceño y tocarse el cuello. En un artículo previo, ya contabamos que incluso tenemos una cara de no. Por más que nos esforcemos, parece que no podemos esconder totalmente nuestras emociones. Y si es así, puede ser un buen mensaje de la evolución: ¡Que no las escondamos!

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Música y creatividad grupal. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Music Valence and genre influence group creativity” de Sarinasadat H., Hattori Y., Miyake Y. y Nozawa T. (2019), en el cual se analiza el impacto de la música en la creatividad grupal, en la sincronización de señales no verbales intra-grupo y en la cooperación.

La música siempre es algo en lo que las personas están dispuestas a invertir tiempo. Tiene múltiples beneficios y aunque no sepamos siempre cuáles son sus efectos exactos, sabemos que nos hace bien. Escuchar música no solo es una actividad placentera.  Facilita la liberación de tensión, la regulación emocional, el afrontamiento de situaciones estresantes y nos motiva.

En algunos estudios se ha observado que tocar música en grupo favorece la cooperación entre los miembros del grupo. También parece que el ritmo de la música compartido por varias personas favorece la sincronización entre ellas. La música hace que neuronas del tronco encefálico se disparen sincrónicamente con el tempo y actividades sincronizadas como la música fomentan la conexión social. Asimismo, una persona que escucha música agradable tiende a confiar más en sí mismo que alguien que ha escuchado música desagradable.

También sabemos que la música favorece la creatividad de un individuo, ¿pero qué efecto tendrá la música en la creatividad de un grupo? La creatividad grupal, definida en términos de técnica para mejorar la creatividad y sus resultados a través de la comunicación, ha sido un tema muy estudiado.

Sus beneficios han sido una cuestión controvertida. Por un lado, la actividad comunicativa del grupo quitaría tiempo al pensar y al crear nuevas ideas. Por otro lado, en un grupo con ideas similares la creatividad podría verse afectada. Es decir, la convergencia del grupo sería opuesta al pensamiento divergente que se necesita para la creatividad.

No obstante, los procesos convergentes son necesarios para poder distinguir nuevas ideas y unificarlas. El grupo debe ser diverso y cada uno de los miembros debe producir nuevas ideas. El pensamiento divergente puede darse mientras haya diversidad. También se necesita de cooperación, por un lado, para ofrecer nuevas ideas y, por otro lado, para unificarlas.

Por tanto, se puede decir que la creatividad grupal se basa en el nivel individual de creatividad y en la tendencia de cooperación de los individuos que componen el grupo. Además de eso, el pensamiento creativo necesita de: la combinación de tantas ideas como sean posibles (fluidez), en tantas categorías que se puedan alcanzar (flexibilidad), generando ideas únicas y novedosas (originalidad).

 Para probar los procesos subyacentes a los efectos de la música en la creatividad grupal, los autores del estudio analizan la sincronía inter-cerebral y la comunicación no verbal (CNV). En el primer caso, se trata del registro de la actividad cerebral de córtex prefrontal medial e izquierdo mediante una técnica llamada Espectroscopia funcional del Infrarrojo Cercano (fNIR). En el segundo caso, la CNV se limita a la coordinación física entre los miembros del equipo y, más específicamente, a la sincronía de movimientos de la cabeza.

Los estudios previos mostraron que la música tiene efectos diferenciales en función de especialmente dos características: valencia (agradable vs desagradable) y género. En este estudio, el género se diferencia en dos categorías. Una con música más reflexiva, eligiéndose para ello música clásica. Otra con música de  ritmo animado, tipo country o pop.

La valencia se obtiene a través de la evaluación de los participantes de 100 canciones en versión instrumental. De esas evaluaciones se consiguen seleccionar y agrupar canciones agradables y desagradables. Otras características que se han tenido en cuenta para la elección de las canciones son la no familiaridad y un tempo moderado, ambos debido a posibles influencias en los resultados.

Los grupos del estudio son en realidad pares de sujetos. Estos observan en una pantalla el nombre de objetos comunes como un huevo o un par de calcetines. Después de la visualización de cada objeto, los participantes dicen en voz alta las ideas que se les ocurren como uso creativo de cada objeto. Las respuestas de cada uno son escuchadas por el compañero que le corresponde.

Mientras, suenan de fondo diversas canciones que en cada sesión experimental y aleatoriamente cumplen con una de 4 combinaciones: agradables/desagradables-reflexivas/animadas. También se da la condición control, en la cual no suena ninguna canción.

Para entender los resultados, destacar que las medidas de creatividad se basan en las tres características antes mencionadas: fluidez, flexibilidad y originalidad. También se tiene en cuenta un índice de convergencia como medida de la cooperación. Para calcular este índice se registran las veces que el grupo coincide en la categoría de ideas creativas y las veces que no coinciden.

Independientemente de las combinaciones de valencia y género de las canciones, parece que la música de fondo facilita la creatividad grupal a diferencia de la ausencia de música. No obstante, lo que facilita específicamente es la fluencia, es decir, mayor cantidad de ideas creativas generadas durante el experimento.

Como la música incide en el estado de ánimo, puede que su presencia haya disminuido el estrés de los participantes y la posibilidad de caer en actitudes negativas o pensamientos evaluativos. Aunque solo se consiguiera un estado de ánimo positivo, con eso basta para explicar una mayor cantidad de ideas creativas que el grupo sin música.

La música, en general, también genera mayor sincronía en la comunicación no verbal. Específicamente, la mayoría de los grupos mostraron mayor sincronía en los movimientos de la cabeza (a nivel intra-grupo) cuando había música de fondo y bastante menos en las sesiones sin música. También se observa una tendencia de mayor impacto de la música con valencia positiva en la comunicación no verbal.

Por otro lado, la sincronía a nivel cerebral no se ha registrado en ninguna de las condiciones. Por tanto, este estudio lo que muestra es que la música no tiene efecto en la sincronía inter-cerebros o bien hay factores que no se han tenido en cuenta y que influyen en los resultados.

Ni la flexibilidad ni el índice de convergencia se han visto afectados por la valencia de las canciones. En cambio, el género mostró un efecto en el índice de convergencia, por tanto, en la cooperación. Las canciones animadas facilitan la cooperación intra-grupal y no solo con respecto a las canciones más reflexivas, sino también en comparación a una tarea sin música de fondo.

La combinación de música evaluada como agradable (valencia positiva) con un ritmo animado mejoró la creatividad del grupo en todos los indicadores de medición, excepto en la flexibilidad. Es decir, escuchar canciones que nos gustan y con un ritmo alegre durante una sesión de creatividad grupal da lugar a mayor número de ideas creativas y más originalidad. También genera más cooperación, tal como hemos mencionado antes.

De hecho, los autores proponen que el impacto de la música agradable y alegre en la creatividad ocurre a través de su influencia en la cooperación, algo congruente con algunos estudios previos. En cualquier caso, se trata de suposiciones, teniendo en cuenta que hasta el momento no hay evidencias previas de la mejora de la creatividad grupal debida a este tipo de música, aunque sí las hay en cuanto a la creatividad individual.

Como conclusión, si nos toca un brainstorming o algo similar, no sería mala idea poner algo de música de fondo. No obstante, parece recomendable que la música sea consensuada, asegurando el agrado de todos y que el género implique ritmos alegres o no tan tranquilos como la música clásica.

Asimismo, el impacto de la música en la sincronía de comportamientos no verbales nos puede dar una idea de lo positivo que puede llegar a ser poner algo de música de fondo en contextos en los que se desea la cooperación. El ejemplo más fácil de una prueba de ello es estar en un grupo bailando. ¿Acaso hay alguien en un grupo así que se niega a cooperar incluso para las cosas más atrevidas?

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