Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Autor: Sara Carreño (página 1 de 8)

¿Revelamos aspectos ocultos de nuestra personalidad cuando caminamos? Club de Lenguaje No Verbal.

 

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo Are we revealing hidden aspects of our Personality when we walk?” de Blaskovits y Bennell. En este artículo se habla sobre cómo algunos individuos pueden mostrar vulnerabilidad al andar y de cómo los observadores catalogan a esta persona como más sumisos respecto a los demás y su relación con una posible victimización.

Los rasgos de personalidad los deducimos de los comportamientos, que también sirven para evaluar el estado y la interacción del individuo. A partir de la comunicación no verbal se pueden hacer inferencias del estado de ánimo, la actitud, el rol interpersonal, la personalidad o la gravedad de una patología. Además, la comunicación no verbal inspira la acción en el observador (por ejemplo, acercarse o evitar a una persona).

La investigación indica que las señales de vulnerabilidad son muy importantes a la hora de la selección de una víctima en los delitos interpersonales (asalto, agresión sexual), ya que al ser personas vulnerables aumentan las posibilidades de que el agresor se fije en ellas. Dentro de estos comportamientos parece que destaca el modo de andar, que es un componente clave de la comunicación entre individuos y que los delincuentes lo tienen muy en cuenta.

Para profundizar más en estos conceptos se realizan dos experimentos. El propósito del primero de ellos era comprobar si la asociación entre historial de victimización y la “marcha de la víctima” podían explicarse por la personalidad. El patrón de la “marcha de la víctima” era zancada larga o corta, movimiento cambiante arriba y abajo, marcha gestual (el movimiento solo activa una parte del cuerpo), movimiento unilateral de piernas o brazos (movimiento anti-sincrónico) y movimientos de pies levantados. Se utilizó la visualización cinemática de puntos de luz ya que esta tecnología servía para los propósitos que se buscaba y a la vez evitaba que se tuvieran en cuenta otros factores como puede ser la apariencia o el atractivo. La hipótesis de partida era que las personas que habían sido previamente víctimas mostraran características vulnerables al andar. Además, se consideró que aquellos que presentarán características vulnerables en la marcha tendían una personalidad más sumisa y que los que hubieran sido víctimas de algún delito reportarían tener rasgos sumisos de personalidad.

Para comprobarlo se utilizó a 28 estudiantes, 18 eran mujeres y 10 hombres con edades comprendidas entre los 18 y los 32 años. El 71% eran caucásicos, el 12’9% asiáticos, el 6’5% africanos y 3’2% aborígenes canadienses. El 57’1% de la muestra había sido víctima de un delito violento o sexual. El 42’9% no tenía victimización previa y fue establecido como grupo control. Se le grabó en el laboratorio de captura de movimiento de la Universidad de Carleton. Además del vídeo cada participante completó una encuesta demográfica, el Cuestionario de Historia de Victimización y el IAS-R de personalidad. Dos evaluadores codificaron los movimientos de los sujetos con los vídeos de puntos de luz. No conocían el historial de victimización de la muestra. El código de movimiento se adoptó de Ritchie (2014). El acuerdo entre los jueces fue alto para todas las categorías.

El 53’5% de los participantes tuvieron una puntuación de vulnerabilidad total baja y el 46’4% alta. No hubo diferencias significativas entre hombres y mujeres. Se encontró que el patrón de marcha y el historial de victimización se correlacionaban significativamente. Es decir, las personas que habían sido victimizadas eran significativamente más propensas a exhibir características vulnerables en su modo de andar. A través del test de personalidad se comprobó que aquellas personas con más características vulnerables en su marcha informaban de tener rasgos de personalidad más dominantes. No se encontró ninguna correlación entre el historial de victimización y la personalidad. Aquellas personas que habían sido víctimas de un delito violento o sexual recibieron puntuaciones más altas en la vulnerabilidad de la marcha. Parece que los individuos con un historial de victimización tienen personalidades más dominantes que aquellos que no han sufrido victimización.

En resumen, en este primer experimento se encontró que las personas con un historial de victimización tenían más posibilidades de mostrar señales de marcha vulnerable y que los que presentan características más vulnerables tenían rasgos de una personalidad más dominantes. Sin embargo, no se puede asociar la dominación y el historial de victimización con la vulnerabilidad al andar. Estos dos la predecían, pero de manera individual.

En el segundo experimento se utilizaron los vídeos grabados de los puntos de luz para investigar hasta que punto la marcha es un indicador confiable de vulnerabilidad de la víctima. La hipótesis era que los observadores se pondrían de acuerdo sobre que personas tendría más posibilidades de convertirse en víctima. Para llevarlo a cabo se contó con una muestra de 129 canadienses mayores de 18 años. El 55’3% eran mujeres y el 44’7% hombres, con una edad media de 46 años. El 90’6% eran caucásicos, el 5’5% asiático, el 0’8% africanos, el 0’8% aborígenes. Se les pidió que contestaran un cuestionario online de dos partes, la primera era un cuestionario demográfico y la segunda el Cuestionario de Ranking de Vulnerabilidad de la Víctima que consistía en 28 ítems puntuados del 1 al 10 sobre la vulnerabilidad que mostraba al andar la persona. Había preguntas relativas a la independencia, la explotabilidad o la capacidad del objetivo. También había preguntas relativas a la dominación y a la sumisión percibida. Cada participante visualizaba 14 vídeos de diez segundos de duración y después de cada uno tenían que completar el cuestionario correspondiente.

Los resultados mostraron que si bien los observadores pueden no estar de acuerdo sobre qué caminantes son más vulnerables a la victimización violenta. Los observadores también acordaron una posible tendencia hacía que individuos eran objetivos más fáciles en general y cuales más vulnerables a la victimización sexual. En relación a la personalidad estaba de acuerdo en cuanto a la autoconfianza, pero no en lo relativo a la asertividad, timidez o la agresividad. Los observadores fueron preciso en un 64% para recibir la victimización violenta y en 54% para los sexuales.

Los observadores coincidieron entre sí en cuanto a que caminantes eran más vulnerables a la experiencia de victimización sexual, así como a los que parecían ser “objetivos más fáciles”. Sin embargo, no estuvieron de acuerdo en qué caminantes eran más vulnerables a experimentar una victimización violenta. No queda claro porque ocurre esto, quizás sea porque se manejan gestos diferentes para adivinar la idoneidad para ser víctima de un delito violento que para uno sexual. También puede deberse al tamaño de la muestra y quizás con una mayor sí que se podrán conseguir. Además, alguna de las personas de los vídeos habían sido víctima tanto de delito violento como sexual. Los observadores también estuvieran de acuerdo en que caminante estaban más seguros de sí mismos, pero no en los que eran más asertivos y sumisos. También hay que tener en cuenta que, aunque se intentó que el andar fuera lo más natural posible, puede ser que las personas lo modificaran al sentirse observados por las cámaras.

En conclusión, los individuos que exhibían pasos largos o cortos, un movimiento lateral o diagonal, con cambios hacía arriba y hacía abajo, una marcha gestual, movimientos unilaterales de manos y pies y movimientos con el pie levantado tienden a ser percibidos como lo más vulnerables a experimentar una futura victimización. Las personas que habían sido víctimas en el pasado tenían más posibilidades de exhibir entre características al andar. La sumisión como rasgo de personalidad no se relacionó con la marcha ni con la victimización previa y no puede explicar a relación entre el historial de victimización y que presente señales vulnerables al andar. Sorprendentemente se observaron una asociación significativa entre el dominio y la vulnerabilidad en la marcha. Además, se concluyó que los observadores no pudieron detectar ningún rasgo de personalidad de los caminantes.

Patrones no verbales en niños durante entrevistas de investigación. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Patterns of nonverbal rapport behaviors across time in investigative interviews with children” de Johnston, Brubache, Powell y Fuller. En este artículo evalúan si las conductas no verbales de los niños (expresividad, atención y coordinación) estaban relacionadas con las de los entrevistadores en función de la condición de la propia entrevista.

El objetivo del presente estudio era determinar si los componentes no verbales de los niños cambian a lo largo de la entrevista y si estos cambios pueden explicarse por los cambios en el examinador.

Se utilizó a 123 niños de cuatro escuelas de primaria de una ciudad australiana. La edad media de los niños era de siete años.  El experimento se desarrolló de la siguiente manera: los niños participaban por parejas en un evento científico con Mr. Science. Previamente un asistente de la investigación les informaba de las normas: no podía tocarse entre ellos ni a Mr. Science para evitar el contagio de gérmenes y no podían coger los artículos que estaban debajo de una sábana.  Los niños realizaban actividades educativas sobre la transmisión de los gérmenes y cómo evitarlo mientras Mr. Science proponía a los mismos cometer transgresiones de las reglas que iban subiendo en intensidad: buscar una caja secreta (estaba debajo de la sábana prohibida), jugar con una barra que había dentro de la caja, tomarse de la mano con él o con el otro niño, encender la barra y hacer ruidos con ella y lavarse las manos para eliminar los gérmenes. Todos los niños participaron pasivamente en el quebrantamiento de las normas y al final el asistente de investigación les dijo que no contaran a nadie de la universidad que habían infringido las reglas.

Después de tres o cuatro días fueron entrevistados para que contaran todo lo que recordaban del experimento. Los entrevistadores eran alumnos graduados en psicología y habían sido entrenados en entrevista semiestructurada basada en el Protocolo de Entrevista del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano. El protocolo de entrevista tenía dos partes. La primera fase fue la pre – substantiva donde el entrevistador se presentaba, explicaba las reglas básicas de la misma (entre ellas no mentir) y establecer la relación con el niño. La segunda fase era la substantiva que empezaba con una invitación a que hablará del día del experimento para ir haciendo indicaciones sobre que continuará más sobre el mismo tema y señalar que se centrará en algún detalle concreto.

Se dieron dos condiciones diferentes en cuanto al tipo de entrevista, podía ser de apoyo o neutral. Los niños fueron elegidos para uno u otro tipo de manera pseudoaleatoria, intentando equilibrar sexo y edad en ambas condiciones. En cuando a la condición de apoyo en las conductas verbales desarrolladas durante la misma se les pidió que se dirigieran al niño por su nombre y que proporcionaran un refuerzo positivo por el esfuerzo. En cuanto a las condiciones no verbales tenían que inclinarse hacía delante, mantener el contacto visual apropiado, sonreír y asentir. En la condición neutral se adoptó un enfoque más de tipo empresarial y se les pidió que no realizarán ninguna de las conductas mencionadas en la otra condición. Todas las entrevistas fueron grabadas en video.

Posteriormente se realiza una serie de cortes de 20 segundos de cada entrevista para codificar indicaciones de comportamiento no verbal. Los cortes fueron del comienzo y el final de la fase de construcción del rapport, del punto medio de la explicación de las normas y de los puntos inicial, medio y final de la fase substantiva, ya que se consideran como puntos clave en toda entrevista.

Dos asistentes de investigación que no conocían la finalidad de la misma codificaron el comportamiento no verbal de los videos con el audio silenciado. Se codificaron tres indicaciones de comportamiento de forma independiente: expresividad, atención y coordinación.

La expresividad era el grado en que expresaban la positividad entre sí, caracterizado por sonreír, inclinar la cabeza, inclinarse hacía delante, el afecto y el gesto facial o con la mano como manifestación óptima de la misma. La atención es el grado en que los participantes se enfocan en unos y otros y demuestran el compromiso y el interés interpersonal. El nivel óptimo se muestra a través del contacto visual adecuado, la proximidad y la orientación corporal de los participantes. En cuanto a la coordinación es el nivel de sincronicidad y armonía en los comportamientos no verbales de cada miembro de la diada. El nivel óptimo está representado por un mimetismo postural no consciente, movimientos sincronizados y posturas coordinadas.

Primero se realizaron modelos nulos con intercepciones aleatorias para evaluar la variabilidad de los comportamientos no verbales identificados con la expresividad, la atención y la coordinación infantil. En un segundo paso se modeló la forma de relación entre el tiempo y los comportamientos.  Por último, se ingresaron variables de predictor adicionales (expresiones del entrevistador y componentes del comportamiento verbal del mismo).

Los resultados muestran que no hubo un efecto principal de tiempo en la atención infantil, pero se observó una variación significativa entre individuos entre la relación del tiempo y la atención del niño cuando se permitía que la relación variara. Por tanto, el efecto fijo no significativo para la relación atención – niño no es representativo de todos los individuos en el conjunto de datos. Cuando el entrevistador obtuvo puntuaciones óptimas en los puntos de tiempo para la expresividad y la atención, la atención de los niños se acercó a nivel óptimo. Los niños entrevistados en la condición de apoyo mostraron puntuaciones más bajas en atención que aquellos entrevistados en la condición neutral. Ninguna característica del entrevistador moderó la atención infantil durante la entrevista.

Se observó una relación entre el tiempo y la coordinación infantil, una vez se permitió que la relación variará. Cuando el entrevistador se acercó a niveles óptimos de atención, la coordinación de los niños se acercó a niveles subóptimos en el punto final de la entrevista. Cuando el entrevistador obtuvo puntuaciones más altas que el promedio, las puntuaciones de coordinación infantil disminuye con el tiempo y viceversa.

En lo relativo a la expresividad muestra que los comportamientos del entrevistador modelan la expresividad del niño. Cuando los entrevistadores tenían puntos de expresividad altos los niños tendían a tener puntuaciones más altas en la condición de apoyo. Los niños entrevistados en la condición de apoyo tenían niveles iguales a aquellos de la condición neutral al inicio de la entrevista, pero a lo largo de la misma cambiaba. Esto se debía seguramente al proceso mismo de la entrevista. Cuando los entrevistadores tuvieron puntuaciones más altas para la atención la expresividad de los niños presentó mayores niveles.

En conclusión, se probó que la forma funcional del comportamiento no verbal de los niños a lo largo de la entrevista está representada por una trayectoria de crecimiento lineal. Esto muestra que el comportamiento no verbal de los niños fluctúa de manera variable para cada uno de los correlatos de comportamiento no verbal. Las conductas no verbales del entrevistador y la condición de apoyo de la entrevista explican algunas de estas variables. Además, se descubrió que los comportamientos de apoyo del experimentador explícitamente manipulados redujeron el comportamiento no verbal deseado en los niños, mientras que los más naturales aumentaron el compromiso de los niños. Esto puede significar que cuando los entrevistadores fuerzan los comportamientos no actúan de manera natural y tiene el impacto opuesto al esperado en el niño.

La voz de la autoridad. Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Voice of authority: professionals lower their vocal frequencies when giving expert advice” de Sorokowski, Puts, Johnson, Zolkiewiez, Sorokowska, Kowal, Borkwska, Pisanski. En este artículo nos hablan de cómo las personas modulamos nuestra voz en entornos profesionales y cómo esto afecta a las evaluaciones de los oyentes sobre la competencia y autoridad de los oradores.

Los hombres generalmente tienen un tono de voz más bajo que las mujeres, esto es debido al dimorfismo sexual en la anatomía vocal. Dentro del mismo género, los sujetos más grandes o más dominantes producen frecuencias fundamentales y formantes más bajos en relación a los sujetos más pequeños. Esto produce una asociación entre voces de baja frecuencia y mayor tamaño, fuerza, masculinidad y dominio, además de rasgos psicológicos positivos como la competencia y la inteligencia. Las personas con un tono de voz relativamente bajo en contextos profesionales suelen ser juzgados como más competentes y dominantes. Por tanto, una voz grave parece beneficiar a los hombres en una gran gama de contextos desde el sexual al político o al económico. En cambio, en la mujer puede dar una imagen de más masculinas y poco atractivas.

A pesar de la facilidad que presentan las personas para modificar tanto su frecuencia fundamental como sus formantes pocos estudios han analizado las variaciones intrasujetos y su influencia en los oyentes. Los pocos estudios existentes han sido aplicados al contexto del apareamiento.

El presente estudio se diseñó para comprobar si los hombres y las mujeres modifican sus frecuencias cuando hablan con autoridad sobre un tema de su especialización frente a cuando contestan a cualquier tipo de pregunta. Además, se pretende comprobar si los oyentes juzgan las voces como más competentes y autorizadas cuando hablan del tema especializado a cuando lo hacen del normal y, por último, se pretende describir si esto varía dependiendo del sexo del orador. Para ello se realizaron dos experimentos.

En el primer experimento se utilizó una muestra de 51 participantes (27 hombres y 24 mujeres) con edades comprendidas entre los 30 y los 55. Todos ellos eran profesores universitarios y científicos con el doctorado realizado. Dos asistentes de investigación acudieron a la universidad haciéndose pasar por conductores de un programa de radio. En la condición de control se les pedían indicaciones a los profesores y científicos de cómo llegar a las oficinas de administración. En la condición experimental se les decía que estaban haciendo un programa para jóvenes sobre cómo convertirse en científicos y si valía la pena. Además, durante la charla se le repetía en varias ocasiones “Dr. (apellido) usted es un experto y una autoridad en esta área. Por favor díganos…”.

Las mediciones se realizaron en Praat V.6.0.17. Para cada grabación se midió: la frecuencia fundamental (Fo), tanto mínimo como máxima, la desviación estándar de la frecuencia fundamental, la posición del formante, el espaciamiento del formante y la longitud aparente del tracto vocal. El espaciamiento de los formantes predice efectivamente la longitud del tracto vocal y el tamaño de hombres y mujeres.

Para probar las diferencias en los parámetros de voz entre las condiciones del habla se realizó una prueba MANOVA de medidas repetidas con la condición del habla como una variable dentro del sujeto y del sexo del hablante y el orden de condición como entre variables del sujeto.  Las comparaciones por pares confirmaron valores más altos para todos los parámetros de voz entre las mujeres en comparación con los hombres y la longitud aparente del tracto vocal fue más larga en hombres que en mujeres como era de esperar debido al dimorfismo sexual. En ambos el habla de autoridad tuvo una medida de frecuencia fundamental más baja y una posición de formante más baja también en comparación con la condición de control. Las mujeres, además, bajaron más su tono de voz en la condición experimental que los hombres. Cuando los sujetos participaron por primera vez en la condición de autoridad seguida por la condición control, el rango de frecuencia fundamental fue más bajo que en el orden opuesto. La duración del habla no parecía influir.

Para el segundo experimento se utilizaron 39 sujetos (31 varones y 8 mujeres) con edades comprendidas entre los 20 y los 49 años. Todos eran extranjeros que no entendían el polaco, lengua en la que se llevó a cabo el experimento. Los países de origen de la muestrea era: Bulgaria (1), Canadá (2), Croacia (1), Finlandia (2), Francia (2), Alemania (4), Iraq (1), Italia (4), Corea (1), Luxemburgo (1), España (8), Turquía (1), Reino Unido (4), Estados Unidos (3) e inespecífico (1). Se utilizaron las grabaciones del primer experimento donde se borraron las voces múltiples, los ruidos agudos o las vocalizaciones no verbales. Se extrajeron los primeros cinco segundos de cada grabación para que todas fueran homogéneas. Se les pidió a los participantes que escucharan pares de voces y de cada par que eligieran cual les parecía más competente y autoritaria.

Los modelos lineales mixtos con el sexo del hablante incluido como un factor fijo indicaron que los oyentes eligieron los estímulos de voz de la condición de habla de autoridad como relativamente más competente que los estímulos de habla de control en el 62% de los casos, sin efecto del sexo del orador. Además, en el 57% eligieron como más autoritario la condición experimental que la de control, siendo elegidos más veces en el caso de los hombres que en el de las mujeres.

Por tanto, los resultados de ambos experimentos muestran que ambos sexos bajan el tono de voz en un contexto autoritario, especialmente las mujeres. Además, el experimento de reproducción muestra que los oyentes juzgaron las voces como más autoritarias y competentes cuando estaban hablando de su área de conocimiento. Esto está en línea con la creencia de que las personas modulamos los parámetros no verbales de la voz en contextos sociales para obtener evoluciones positivas.

El hallazgo de que las mujeres bajan más el tono que los hombres en un contexto autoritario puede reflejar factores anatómicos y culturales. El tono de la voz es dos veces más alto en las mujeres que en los hombres, y, por tanto, estas reducirían más su tono para conseguir resultados similares. A la vez las mujeres son más conscientes de los estereotipos vocales y pueden modular varios parámetros de voz para asumir una presentación más masculina en contextos profesionales. A pesar de ello parece que la ventaja obtenida es mayor en los hombres.

Se necesita mucha más investigación para comprender qué parámetros vocales modulan las personas y bajo qué condiciones sociales y de qué manera estas modifican la influencia en el juicio de los oyentes.

 

Apuntar hacía objetivos visibles e invisibles. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Pointing to visible and invisible targets” de Flack, Naylor y Leavens. En este artículo se habla sobre cómo se dan indicaciones con la mano dependiendo de si el lugar al que se señala es visible o no en ese momento.

Los humanos utilizan una gran variedad de gestos deícticos que puede ir desde señalar con los labios, pasando por señalar con el índice o con la mano entera, ya que poseemos una gran cantidad de dispositivos gestuales para adjuntos paralingüísticos al discurso en curso. Para analizar como varían los gestos cuando se dan indicaciones para llegar a un lugar visible o no en ese momento se realizan dos experimentos.

En el primer experimento se reprodujeron dos condiciones, a la vista y fuera de la vista. En la condición a la vista se les preguntaba a los transeúntes cómo llegar a una ubicación local que estaba justo detrás del investigador. En la condición fuera de la vista era lo mismo pero la ubicación quedaba fuera del alcance de la vista en ese momento oculta por otros edificios. Para cada caso se registraron la orientación de la palma y el número de dedos extendidos de la mano con la que se apuntaba. Se reprodujo en tres localizaciones: en un campus universitario del sur de Inglaterra, en una gran ciudad y en una pequeña ciudad inglesas. El segundo experimento era similar, pero grabando el audio y el vídeo de manera oculta para que la observación fuera más natural y pidiendo el consentimiento a posteriori.

Para el primer experimento se utilizaron 605 participantes: 200 participantes en Brighton, 205 en Devries y 200 en el campus. En todos los casos, 100 eran para cada condición, siendo paritaria la división por sexos. Todos los sujetos eran adultos que se encontraban en las proximidades de la ubicación de destino. No hubo criterios de exclusión ni de participación y la composición racial aparentemente era representativa de cada comunidad, aunque no se hizo una recopilación sistemática de la misma. La ubicación del investigador era equidistante del objetivo en ambas condiciones y en ningún caso superó los 200 metros de separación.  Se preguntaba a los transeúntes por el lugar de destino y era el propio investigador quien hacía de interlocutor y observador apuntando en una hoja los gestos realizados.

En un principio se midieron cinco tipos de gestos: índice con la palma hacía abajo (el antebrazo pronaba, palma hacía abajo y dedo índice extendido), índice con la palma en vertical (antebrazo extendido en posición neutra, palma en vertical y dedo extendido), palma con la mano entera hacia arriba (la mano estaba completamente abierta y la palma supina), toda la mano oblicua (la mano estaba abierta en ángulo) y la mano en vertical (la palma de la mano abierta y en posición vertical). La confiabilidad para las cinco categorías fue pobre y se dividió en dos grupos: apuntar con el índice y apuntar con la mano entera.

Los resultados obtenidos fueron: se utilizaron entre uno y tres gestos para señalar, siendo la secuencia más larga en la condición fuera de la vista, la media fue de dos gestos mientras que en la condición a la vista fue de uno. El 97% de los participantes en la condición fuera de vista se acercaban y solo un 6% en la condición de a la vista lo hacían. En la condición fuera de la vista utilizaban puntos subsiguientes para indicar la ruta a seguir. En cuanto al tipo de gesto fueron más los gestos con la mano entera en la condición de fuera de la vista. Señalar con toda la mano se hizo más prominente en los repertorios gestuales de la muestra a medida que aumentaba su aparente necesidad de elaboración. El 27,3% de las personas que mostraron secuencias de dos gestos mostraron dos puntos con el dedo índice evitando usar toda la mano, pero la mayor parte de la gente al hacer dos secuencias de esto al menos en una utilizaban la mano entera (72,7%).

Por tanto, se encontró evidencia de que el contexto influye en la producción de gestos. Los adultos produjeron menos gestos cuando la ubicación del objetivo era visible que cuando no lo era. También, se puede decir que se realizan menos gestos con la mano entera cuando el objetivo es visible. Además, era más posible empezar utilizando solo el dedo y al necesitar más gestos para las indicaciones se incluiría la mano entera.

En el segundo experimento se utilizó el mismo procedimiento salvo que se usaron equipos ocultos para grabar audio y video para así confirmar los resultados obtenido en el primer experimento y ver su relación con el habla.

Se utilizó una muestra de 113 participantes (67 mujeres y 46 hombres) de un campus universitario del sur de Inglaterra, a los cuales se les preguntaba por la biblioteca del mismo. Las edades estaban comprendidas entre los 18 y los 67 años, siendo la edad media de 23 años. No hubo criterios de exclusión y la composición étnica fue representativa de la población universitaria, siendo altamente multinacional.

Se registró el número y el tipo de gesto, así como la mano utilizada para cada interacción. La división de los gestos fue igual que en el primer estudio: señalar con el dedo o señalar con la mano entera. El discurso se clasificó como: descripción de la ruta (“ir por este camino”, “girar a la izquierda”, etc.), puntos específicos de la ubicación (“allá”, “detrás de este edificio”, etc.), puntos de la ruta (“girar a la derecha donde están los chicos”, “ves la plaza”, etc.), una combinación de los anteriores y otros tipos de habla.

Cada participante produjo al menos un gesto manual. Se registró un total de 174 gestos, 35 fueron con la mano entera, 27 con el índice y 12 otros gestos. En los primeros gestos, el 91% fueron con el índice, el 4% con la mano y el 5% otros. En los segundos gestos, el 56% fue con la mano, el 33% con el índice y el 1% otros. En los terceros gestos un 44% fueron con la mano y un 56% con el índice.

Al igual que en el primer estudio la secuencia fue más larga en la condición de fuera de la vista, el 76% de los participantes realizaba un segundo gesto frente al 2% de los de la condición de a la vista. Además, el 29% realizó un tercer gesto en la condición fuera de la vista y nadie lo hizo en la de a la vista. También fue coincidente con el primer estudio que el señalar con el dedo fue más común en la condición a la vista. Además, en los segundos gestos fue más habitual señalar con la mano (44%) que con el dedo (34%).

En cuanto al habla, ocho de los 55 participantes de la condición de a la vista no acompañaron con habla los gestos. Todos los de la condición fuera de la vista hablaron al mismo tiempo que señalaban. Cuando el objetivo era visible no describían la ruta y cuando no lo era no era probable que verbalizaran la ubicación de la biblioteca con el primer gesto y adoptaron una gama más diversa de tácticas verbales en combinación con sus gestos.

En conclusión, en el segundo experimento los resultados fueron concordantes con los del primero siendo más largas las secuencias gestuales cuando la ubicación objetivo no era visible. Señalar con la mano entera era más común en la condición fuera de la vista. Además, se comprobó que cuando el objetivo estaba fuera de la vista se hablaba más que cuando se veía, y que la variedad del habla fue mayor. Aunque no se pudo asociar directamente un tipo de gesto y un tipo de habla.

 

Sincronía y complementariedad en díadas desconocidas en un entorno competitivo. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Nonverbal Synchrony and Complementary in unacquainted same sex dyads: a comparison in a competitive context” de Lozza, Spoerri, Ehlert, Kesselring, Hubmann, Tschacher y La Marca. En este artículo se hace una comparación entre la sincronía no verbal con el concepto de complementariedad en un contexto competitivo.

Las investigaciones sugieren que la sincronía no verbal y la complementariedad van asociadas al mantenimiento de relaciones positivas, pero no ha sido estudiado dentro de un contexto competitivo, en este caso un debate. Las hipótesis que plantea este estudio son tres: la primera, la sincronía no verbal y la complementariedad están presentes en una tarea verbal y competitiva. La segunda, la complementariedad se asocia positivamente con la sincronía no verbal. Por último, se esperaba que la sincronía no verbal y la complementariedad estarán asociadas negativamente con el tiempo necesario para debatir y serían mayores en los individuos que ganan.

Para el presente estudio se utilizó una muestra de 80 participantes (42 mujeres y 38 hombres) con edades comprendidas entre los 18 y los 35 años. Se establecieron como criterios de exclusión el embarazo, la toma regular de medicamentos, la toma de medicinas para enfermedades agudas los siete días previos al experimento, el consumo alto de bebidas alcohólicas, consumo de drogas en los tres últimos meses, el daltonismo y la participación en algún otro estudio sobre estrés. Primeramente, se les contactaba por teléfono para ver si cumplían los criterios establecidos y se les daba información sobre el estudio. Se les contaba que lo que se buscaba era examinar las asociaciones entre capacidades cognitivas, construcciones psicológicas y medidas fisiológicas. Se les pedía que el día anterior a la cita evitaran la actividad física y el alcohol, y el mismo día evitaran el esfuerzo físico, las bebidas con cafeína y las comidas pesadas.

El procedimiento fue el siguiente, cada participante fue asignado a una pareja aleatoria que no conocían previamente. Primero, cada individuo de la díada fue a una habitación con un examinador donde se les realizó la Tarea de estrés por imágenes de Montreal, siendo asignados al azar al grupo control o a la condición de estrés. Esta última consistía en problemas aritméticos de alta dificultad con la amenaza de evaluación social. Una vez acabada la prueba, se les reunía con su pareja y se llevaba a cabo un juego de rol durante 15 minutos. Seis minutos después completaban una versión adaptada de la Prueba de Presión en Frío. Para terminar, se les interrogó sobre el verdadero propósito del experimento.

El juego de rol al que se sometieron trataba de que ambos eran empleados de una compañía telefónica y que su jefe les había asignado un coche y entre ellos tenían que decir quien sería el que usará dicho vehículo. Se les dio argumentos contrarios a cada uno sin que conocieran los del otro. Para aumentar el entorno competitivo se les dijo que estaban muy motivados para conseguir el automóvil ya que eso mejoraría su estado y tendría más comodidades. Una vez explicado, se dejaba a la pareja sola en la sala durante diez minutos para que negociaran y se grababa con una cámara toda la interacción.

Para analizar la sincronía no verbal se utilizó el análisis de la energía de movimiento a través del programa MEA que analiza los píxeles de un área predeterminada, en este caso el cuerpo de cada participante. Los valores más altos indican una mayor cantidad de movimiento de todo el cuerpo. Para evaluar la dominancia y afiliación se utilizó el método de seguimiento de joystick de Sadler, que se usó para calcular las medidas de complementariedad. Se obtuvieron dos medidas por díada mediante la realización de correlaciones cruzadas.

Para evaluar la sincronía no verbal se aplicaron las “pseudointeracciones”. Lo que quiere decir que los valores auténticos de sincronía no verbal pueden compararse con las correlaciones cruzadas que podrían esperarse por casualidad. Se obtuvieron resultados de 1,31 y 1,41 lo que indica que la sincronía no verbal estaba presente por encima del nivel de probabilidad y con un gran tamaño de efecto. Esto indica que la sincronía no verbal depende de las instrucciones de la tarea y es particularmente alta en entornos competitivos.

Se realizó un análisis de regresión para examinar si la complementariedad predecía la sincronía no verbal. Las medidas de complementariedad restringidas al debate se asociaron con la sincronía no verbal restringida al debate, pero solo para la dimensión de afiliación. Esto significa que las díadas que mostraron un comportamiento de afiliación complementaria durante el debate también mostraron una mayor sincronía no verbal.

En relación a la tarea que se les había asignado, siete díadas (17,95%) acordaron compartir el vehículo, 21 díadas (53,85%) acordaron que una de ellos sería el propietario y 11 díadas (28,21%) no llegaron a un acuerdo. Ni la sincronía no verbal, ni las medidas de complementariedad de dominio, ni de afiliación variaron significativamente con respecto al resultado de la tarea. En cambio, la complementariedad de afiliación predecía negativamente la duración del debate, es decir, las parejas con una complementariedad de afiliación mayor debatieron durante menos tiempo. En lo que respecta a la complementariedad de dominancia correlacionó positivamente con el tiempo, por tanto, aquellas parejas con una complementariedad de dominancia mayor tardaron más tiempo en llegar a un acuerdo.

Los resultados mostraron que la complementariedad se asocia positivamente con la sincronía no verbal. En relación a la afiliación hay evidencias de una relación positiva entre la misma y la actividad motora sincronizada. En cuanto a la dominancia no se han obtenido resultados que indiquen que esté relacionada con la sincronía no verbal. Una posible explicación es que la dominancia afecta a la percepción de jerarquía dentro de las díadas, y esto hace que cuando se percibe al compañero como dominante la postura corporal disminuya. Esto provoca que en un miembro de la pareja se aprecien gestos dominantes, mientras que en el otro sean sumisos. Como ya se ha dicho, la afiliación reducía el tiempo de debate. Estos resultados están en línea con la literatura preexistente, donde se dice que las parejas que modifican su comportamiento en base a la afiliación tienen un desempeño de tarea más rápido.

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