Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Autor: Lydia González (Página 1 de 7)

La higiene bucal y la confianza en uno mismo. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Oral hygiene effects verbal and nonverbal displays of confidence” de Taylor, P.; Banks, F.; Jolley, D.; Ellis, D.; Watson, S.; Weiher, L.; Davidson, B. y Julku, J. (2020), en el que se analiza la influencia de la higiene bucal en el comportamiento no verbal.

La higiene bucal y su manifestación, como el mal aliento, es un aspecto integral de la autoimagen.

Por ejemplo, un estudio encontró que el 75% de los pacientes explicaron su asistencia a una clínica de olores de aliento, no con referencia a su salud, sino porque el mal aliento los había llevado a sentirse inseguros en las relaciones sociales. Otros también han aludido que el mal aliento conduce a una disminución de la confianza, incluida la reducción de autoestima, el aumento de la ansiedad social y la aparición de fobias sociales.

La razón por la que el mal aliento tiene un impacto profundo en la confianza probablemente tenga raíces sociales. La higiene bucal actúa como una de una serie de señales sociales que los humanos utilizan para atender sus relaciones y juicios sociales. Esto, a su vez, se refleja muchas veces en el comportamiento no verbal de las personas.

Esta noción está firmemente arraigada en los relatos evolutivos de la cognición social humana. Un número creciente de estudios ha demostrado que los participantes hacen inferencias adversas sobre un objetivo en función de olores desagradables o inesperados, así como anomalías morfológicas. Tales inferencias parecen ocurrir incluso cuando los perceptores saben que la anomalía es engañosa o que su respuesta refleja un estereotipo inapropiado.

Estos hallazgos sugieren que los olores de una persona pueden afectar a la forma en que los juzgamos y actuamos hacia ellos. No obstante, dicen menos sobre cómo el conocimiento de estos efectos puede moldear el comportamiento personal o cómo el olor moldeará el comportamiento en una interacción en desarrollo. De acuerdo con un estudio previo, el “estigma” del mal aliento llevará a los participantes de una interacción a adaptarse menos al comportamiento de los demás. Así, mostrarán menos imitación verbal y no verbal del comportamiento de los otros que en otras circunstancias.

Así, en el estudio de los autores se contó con 140 participantes, estudiantes de pregrado y posgrado de una universidad de Reino Unido. Se obtuvieron medidas pre-experimentales de cuán conscientes eran los participantes de su presentación a los demás (es decir, autocontrol), su nivel de autoestima y su atractivo. Previamente al experimento, los participantes posaron para una foto estilo pasaporte con una camiseta negra lisa sobre un fondo también liso. Luego completaron las medidas de autoconstrucción, autocontrol y autoestima. Posteriormente, los participantes asistieron al ensayo en grupos de diez.

A su llegada, se les entregó una placa que indicaba una letra y se sentaron separados. Una vez que llegaron todos los participantes, se les explicó que estarían completando una serie de interacciones uno a uno de 3 minutos (es decir, “rondas”), de manera similar a las citas rápidas, con el objetivo de “llegar a conocerse unos a otros”. Se les dijo que necesitarían usar una camiseta negra para estandarizar su apariencia en las interacciones.

Específicamente, los participantes fueron asignados al azar a un grupo de control o experimental. Cada uno de estos contenía cinco participantes con una mezcla de hombres y mujeres. Por otro lado, se les pidió que se abstuvieran de comportamientos rituales matutinos normales, como cepillarse los dientes o tomar un café.

Por su parte, el uso de dos baños se explicó como una forma rápida de colocarse las camisetas. Sin embargo, mientras estaban en el baño, los asignados al azar al baño “experimental” también se lavaron los dientes con pasta de dientes. A estos participantes no se les indicó que no mencionaran el cepillado para no levantar sospechas sobre la manipulación. Por la misma razón, tampoco se les pidió que confirmaran que habían seguido instrucciones previas de no comer determinados alimentos y no cepillarse los dientes esa mañana. En cambio, se usaron un conjunto de comprobacionesposteriores al ensayo para determinar hasta qué punto los participantes adivinaron la manipulación.

Después de la manipulación, se dio a cada uno una insignia sociométrica, una hoja de instrucciones y un paquete de cuestionarios. Las preguntas requerían que los participantes calificaran, en una escala de 8 puntos, el grado en el que se sintieron “nerviosos vs. relajados” y “seguros vs. inseguros“. También se les preguntó por su percepción del grado en el que su pareja se sentía nerviosa o relajada, segura o insegura y, en comparación con ellos, como de iguales o diferentes eran.

Así, a través de medidas verbales y no verbales surgió un patrón predecible en el comportamiento de los participantes después de cepillarse —o no cepillarse— los dientes. En comparación con los que no se cepillaron, los que lo hicieron mostraron menos movimiento corporal y mayor asertividad verbal en sus interacciones con los demás.

Estas diferencias conductuales sugieren que el uso de pasta de dientes llevó a los participantes a comportarse de formas normalmente asociadas con una mayor confianza en sí mismos. De hecho, así lo dijeron los participantes como reflejo de su experiencia subjetiva. La manipulación también tuvo efectos interpersonales significativos, hasta el punto de cambiar la impresión subjetiva de la pareja.

Estos hallazgos ofrecen evidencias tentativas de que la higiene bucal puede influir en el comportamiento a corto plazo. Esto se basa en la evidencia de asociaciones entre la higiene bucal y las percepciones y la confianza en sí misma de una persona. Asimismo, los resultados coinciden con investigaciones relacionadas como, por ejemplo, estudios que muestran una correlación positiva entre confianza subjetiva y el volumen del habla. Si bien esta explicación es prometedora, se necesitan más pruebas antes de establecer firmemente una asociación entre la higiene bucal y la confianza interpersonal.

Un resultado curioso fue el aumento del nerviosismo autoinformado durante las interacciones, independientemente de si los participantes se habían cepillado los dientes o no. Como explicación encontramos posibles limitaciones de la investigación. Es posible, por ejemplo, que algunos participantes no siguieran completamente las instrucciones. O que el cambio de rutina afectara a su comportamiento al aumentar la conciencia de sí mismos, etc. Cada una de estas posibilidades puede actuar para moderar o mediar esta asociación entre higiene bucal y comportamiento.

Asimismo, puede sugerirse que la autoconciencia con respecto al atractivo personal puede moderar los efectos de la higiene. Específicamente, aquellos que han aprendido por experiencia cómo los perciben otros pueden estar menos preocupados por la higiene bucal. Contrariamente, otras personas pueden extender esta preocupación a su estado actual de higiene bucal.

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La voz como indicador no verbal de trauma infantil. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Does Self‐Reported Childhood Trauma Relate to Vocal Acoustic Measures? Preliminary Findings at Trauma Recall” de Monti, E.; D’Andrea, W.; Freed, S.; Kidd, D. C.; Feuer, S.; Carroll, L. M. y Castano, E. (2021), en el que se investiga la relación entre los traumas infantiles y la voz como indicador no verbal del mismo.

La voz es un instrumento fundamental para la comunicación y puede revelar información importante sobre un individuo. Debido a que la voz puede transmitir información muy compleja sobre un individuo, cabe preguntarse si la voz también puede servir como un marcador no verbal del trauma infantil.

El trauma infantil se ha relacionado con una multitud de resultados para los sobrevivientes de abuso y negligencia. La evidencia sugiere que existen vínculos entre el trauma infantil y la conducta no verbal, como la desconexión física o los índices de afecto. La literatura también relaciona el trauma infantil con las diferencias en las expresiones faciales de las emociones al revelar el abuso. Sobre la relación empírica entre trauma y voz, la literatura es escasa. Sin embargo, algunas líneas de investigación y hallazgos de la psicofisiología y medicina de la voz parecen sugerir que podría existir una relación entre ambos.

El aparato vocal está muy relacionado con la fisiología. El trauma se ha relacionado con cambios fisiológicos en este aparato y puede predisponer a un individuo a desarrollar un trastorno de la voz. Sin embargo, el trauma puede tener una relación con el aparato vocal incluso cuando no existe un trastorno de voz específico. En la medicina de la voz, el trauma psicológico se ha relacionado con casos de pacientes con disfunción laríngea y trastornos de la voz “psicógenos”. Estos son trastornos que ocurren en ausencia de patología laríngea y que a menudo van precedidos de un evento traumático.

A menudo, el diagnóstico de estos trastornos se produce cuando se han descartado causas biológicas y el especialista en voz tiene dificultades para encontrar un factor “físico” que afecte la voz. En algunos casos, los pacientes han perdido la voz por completo, inmediatamente después del evento traumático. En otros casos la voz se ha vuelto inusualmente ronca después de dicho evento, lo que hace que la investigación psicológica sea parte del tratamiento.

Así, en el estudio de los autores se exploró la relación entre el trauma infantil autoinformado y las características de la voz. La perturbación de la voz se midió tanto al inicio como después de recordar el trauma. Además, también se incluyó en los modelos la “minimización” o negación del trauma. Esto es debido a que la evidencia sugiere que minimizar o “reprimir” las emociones puede alterar la fisiología de formas que potencialmente podrían afectar la voz.

Los autores se centraron en las medidas de frecuencia fundamental y perturbación en la fonación sostenida (sonido /a/ alargado, no tener un habla continua), para señalar la relación del trauma infantil en características específicas de la voz. De acuerdo con la mayoría de la investigación fisiológica relacionada con el trauma, la relación de este con la voz puede surgir solo, o con mayor fuerza, después de la evocación del trauma. Por ello, las características vocales se evaluaron antes y después de que los participantes respondieran a preguntas sobre el trauma en cuestión.

Se contó con 48 participantes de todos los géneros, mayores de 18 años y que dominaran el inglés. De ellos, 12 no aludieron a antecedentes de trauma, mientras que 36 participantes informaron al menos de una categoría de trauma infantil. La forma en que se publicitó el estudio podría haber tenido un impacto en atraer el interés de los participantes que se preguntan sobre su historia psicológica y cómo se puede comunicar en voz alta.

Así, se utilizó el Childhood Trauma Questionnaire-Short Form (CTQ-SF en inglés). Se trata de una escala de autoinforme de 28 ítems que consta de diferentes subescalas las cuales evalúan la gravedad de la exposición al abuso físico, emocional y sexual, así como la negligencia física y emocional en la niñez y la adolescencia. El CTQ también incluye una subescala de minimización-negación para evaluar la tendencia de los participantes a minimizar su exposición al trauma.

Junto a este se utilizó también el State-Trait Anxiety Inventory (STAI, en inglés) como medida de autoevaluación sobre el rasgo y el estado de ansiedad. Con respecto a la voz, se utilizó un medidor del nivel de sonido estándar (comúnmente utilizado para registrar el sonido y medir las variables del nivel de presión del sonido) para registrarla. Finalmente, los participantes completaron un cuestionario demográfico, así como un cuestionario sobre factores que pudieran afectar a la voz: problemas respiratorios, cirugía vocal, tabaquismo y hábitos de bebida.

A continuación, en una habitación silenciosa, se realizó la primera serie de grabaciones vocales. El análisis de voz se realizó utilizando el software lingWAVES para el análisis profesional de la voz y el habla. Se analizó la voz de cada participante para evaluar la frecuencia fundamental y los datos de perturbación acústica.

Así, los resultados mostraron lo siguiente. El trauma total informado mostró una relación marginalmente significativa con la frecuencia fundamental de la voz al inicio del estudio. Curiosamente, la minimización del trauma infantil predijo significativamente la frecuencia fundamental de la voz al inicio del estudio. Se encontró la misma relación entre el rasgo de ansiedad y frecuencia fundamental.

Es importante destacar que varios de los indicadores de perturbación de la voz tras el recuerdo traumático se relacionaron con el trauma infantil autoinformado. Estos efectos indican que, después de recordar la historia de trauma infantil, la voz puede reflejar la cantidad de exposición al trauma y no solo el “estrés” de recordarlo. En esta muestra, la relación del trauma infantil con el nerviosismo vocal y con la aspereza/irregularidad es fuerte y consistente. Esto sugiere que la reactividad específica al recuerdo del trauma infantil podría tener una relación con variaciones en los patrones vibratorios de las cuerdas vocales.

Dicho esto, ciertamente esta respuesta vocal puede que no se deba exclusivamente al recuerdo del trauma infantil. Asimismo, tampoco es probable que este tipo de respuesta vocal no sea un marcador definitivo de antecedentes de abuso y negligencia en una persona. No obstante, entre otros factores importantes, sí puede sugerirse que el historial de trauma de una persona puede estar relacionado con la voz.

La relación observada entre el trauma infantil, la minimización y la voz aporta evidencia empírica preliminar para apoyar el papel potencial de la voz como un marcador de trauma. Además, estos hallazgos son consistentes con los informes terapéuticos sobre cómo responde la voz a las experiencias traumáticas.

Cabe destacar que este estudio destaca la necesidad de combinar metodologías, sentando las bases para direcciones futuras en el estudio de la relación voz-trauma, un campo poco explorado y que debe investigarse más a fondo.

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Detección del engaño en los tribunales. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “The detection of deception during trials: Ignoring the nonverbal communication of witnesses is not the solution—A response to Vrij and Turgeon (2018)” de Denault, V.; Dunbar, N. E. y Plusquellec, P. (2019), en el cual se argumenta por qué los jurados sí deberían tener en cuenta el comportamiento no verbal de los testigos, informándose asimismo sobre información errónea.

Cuando los testigos testifican durante los juicios, incluso si están bajo juramento, algunos de ellos no dirán la verdad.

En los sistemas legales contradictorios, como los de Canadá y Estados Unidos, si los miembros del jurado o el tribunal no identifican correctamente a los testigos honestos y deshonestos, las consecuencias pueden ser sustanciales. En los juicios penales, la libertad de los acusados o incluso su vida (en países donde todavía existe la pena de muerte) puede depender de la capacidad de detección de mentiras de los jurados. A pesar de estas terribles consecuencias, se ha prestado muy poca atención a la detección del engaño durante los juicios.

Vrij y Turgeon (2018) abordan este tema tan importante. Los autores argumentan que se debe advertir a los miembros del jurado de que no consideren la conducta al tratar de evaluar si los testigos son honestos o deshonestos. Esto es debido a una “evidencia científica abrumadora”. Asimismo, reflexionan sobre dos posibles razones por las que las personas confían excesivamente en las señales no verbales para detectar el engañar. También detallan técnicas para mejorar la precisión de la detección del engaño utilizando señales verbales.

Sin embargo, en la respuesta de los autores a Vrij y Turgeon, se sostiene que, si bien se debe advertir a los miembros del jurado sobre creencias erróneas y conceptos dudosos sobre la comunicación humana, también se les debe advertir de que consideren la conducta como una forma de enriquecer su comprensión general de los testigos y su testimonio verbal.

Si bien el público en general, y también los profesionales de la justicia, tienen creencias erróneas sobre las señales no verbales del engaño, también tienen creencias erróneas sobre los mensajes verbales y vocales. La coherencia de los testimonios y la espontaneidad de los testigos, por ejemplo, se asocian con la veracidad. Sin embargo, no son indicadores confiables de honestidad. Si se aconseja a los miembros del jurado que ignoren las expresiones faciales y los gestos debido a dichas creencias erróneas, ¿no se les debería recomendar que ignoren los testimonios en su conjunto?

El uso de señales vocales y verbales estereotipadas del engaño es un peligro para los jurados, sobretodo considerando que los abogados en contrainterrogatorios pueden atraer a los testigos a estas señales, para que parezcan nerviosos y mentirosos. Además, las valoraciones de los testimonios pueden verse distorsionadas por otras suposiciones incorrectas, como en falsas confesiones.

La comunicación humana es un proceso complejo. La importancia de la comunicación no verbal durante los juicios se extiende mucho más allá de la detección del engaño. Por ejemplo, la aversión a la mirada no es un indicador confiable de engaño. Sin embargo, la mirada sirve para una plétora de otras funciones de regulación, seguimiento y expresión que se han documentado durante décadas. De ahí la importancia de la mirada en las interacciones cara a cara.

Durante los juicios, la responsabilidad principal de los jurados es averiguar los hechos, no determinar quién miente y quién dice la verdad. No siempre hay un testigo mintiendo y un testigo diciendo la verdad. Los testimonios pueden ser diversos y parecer irreconciliables, pero siendo veraces; pueden contar la historia desde sus propias perspectivas.

Tanto Vrij como Turgeon abogan por el uso de técnicas desarrolladas para entrevistas de investigación, utilizadas para provocar señales verbales de engaño. Sin embargo, durante los juicios con jurado, el uso de tales técnicas es muy poco probable. Esto se debe, principalmente, a que los jurados no pueden hacer a los testigos preguntas abiertas y de seguimiento. La naturaleza y el objetivo de las preguntas formuladas por los abogados durante los interrogatorios y contrainterrogatorios son completamente diferentes de las que formula la policía durante las entrevistas de investigación.

Por tanto, no parece que ignorar la comunicación no verbal de los testigos sea la solución, más aún cuando las alternativas sugeridas no sirven durante los juicios. En contraposición, el entrenamiento para mejorar la precisión de los juicios de emoción, intención y personalidad mediante el uso de señales no verbales ofrece resultados notables.

En consecuencia, considerando que la responsabilidad primordial de los jurados no es determinar quién miente y quién dice la verdad, se debe abandonar la idea de que deben ser capaces de esto. Pedirles que ignoren la conducta, como sugieren Vrij y Turgeon, es una tarea imposible y, probablemente, resultará en frustración y confusión por parte de los miembros del jurado.

Vrij y Turgeon reflexionan correctamente sobre las creencias erróneas de que la comunicación no verbal es más reveladora y espontánea que la verbal. Estas son dos posibles razones por las que las personas confían demasiado en las señales no verbales para engañar. Sin embargo, el impacto de tales creencias erróneas puede extenderse mucho más allá de la detección del engaño. Desafortunadamente, otras creencias erróneas también podrían ser perjudiciales. Por ejemplo, aquellas que afirman que los movimientos corporales tienen significados absolutos para saber lo que otros piensan, pero no dicen.

El significado de los comportamientos no verbales puede variar, dependiendo de factores contextuales y culturales, entre otras cosas, y lo mismo se aplica a los mensajes verbales.

Las palabras no tienen el mismo significado todas y cada una de las veces que se pronuncian, lo que respalda aún más la importancia de apreciar adecuadamente la comunicación humana. Por ende, la importancia de la comunicación no verbal durante los juicios se extiende mucho más allá de la detección del engaño.

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Interacciones entre clientes e influencias no verbales. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Impact of nonverbal customer-to-customer interactions on customer satisfaction and loyalty intentions” de Lin, H.; Zhang, M. y Gursoy, D. (2020), en el que se examina la relación entre la relación entre las interacciones no verbales entre clientes, las emociones positivas y negativas, la satisfacción del cliente y las intenciones de lealtad.

La interacción de cliente a cliente prevalece y es un fenómeno crítico en muchos entornos de servicio. Se trata de un componente integral de los servicios sociales, jugando un papel fundamental en la producción y entrega de experiencias. Asimismo, se trata de un tema que ha recibido una atención creciente por parte del mundo académico.

Así, la investigación existente sugiere que las experiencias de servicio de las personas pueden verse influenciadas por otros clientes, a través de interacciones verbales con ellos y la observación de sus señales no verbales. Sin embargo, hay una falta de estudios que examinen las interacciones no verbales de un cliente a otro y su impacto en las experiencias de los mismos.

En los encuentros de servicio, aunque los clientes no necesariamente tienen interacciones verbales directas entre sí, es probable que las interacciones no verbales ocurran con más frecuencia, como el contacto visual. Como otros clientes son un componente importante del panorama de servicios, estas señales no verbales pueden desempeñar un papel importante en la evaluación de las experiencias del servicio. Los estudios sostienen, de hecho, que únicamente la presencia de otros clientes puede influir en las experiencias de los clientes focales. Por ello, se requieren más estudios al respecto.

La investigación ha afirmado que las interacciones sociales pueden evocar estados emocionales de los clientes, que luego conducen a sus respuestas cognitivas. Utilizando el marco estímulo-organismo-respuesta como base conceptual, se sugiere que varias dimensiones de las interacciones no verbales entre clientes inducen emociones positivas y negativas de los clientes, que luego determinan su nivel de satisfacción con la experiencia y sus intenciones de lealtad.

Basándose en este marco, el estudio propone que las interacciones no verbales de cliente a cliente (estímulos) pueden desencadenar respuestas emocionales de los clientes (organismo). Luego influyen en la evaluación de los clientes de las experiencias de servicio, es decir, la satisfacción, y sus actitudes hacia el servicio, es decir, intenciones de lealtad (respuesta).

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En el contexto particular analizado, se utilizaron la kinésica, proxémica, paralelenguaje y apariencia física en la exploración de interacciones no verbales entre clientes. La kinésica se refiere a interacciones indirectas entre clientes, a través de movimientos corporales como expresiones faciales, posturas y gestos. La proxémica se refiere al concepto de espacio personal y la distancia adecuada entre clientes. Paralenguaje se refiere a las características no verbales de las comunicaciones, como la intensidad, emociones o el tono de voz y la velocidad del habla. Se centra en cómo se transmite un mensaje verbal, mientras que la interacción verbal se refiere al contenido del mensaje.

La apariencia física se refiere principalmente al atractivo físico y la vestimenta de otros clientes. Dado que los clientes tienen expectativas diferentes de sus interacciones con los empleados comparadas con otros clientes, es probable que sus actitudes sean diferentes. Por lo tanto, estos cuatro tipos de interacciones no verbales de cliente a cliente pueden tener impactos distintos en comparación con las interacciones no verbales entre clientes y empleados.

Así, la teoría de la valoración sugiere que la interacción con un estímulo ambiental dará como resultado una evaluación subjetiva de ese estímulo. Por otro lado, según la teoría del contagio emocional, las emociones de una persona pueden desencadenar las emociones correspondientes de los demás durante las interacciones interpersonales. Este proceso de contagio se puede realizar a través de interacciones no verbales.

Por ende, los autores escogieron el contexto de servicios de restaurantes como escenario de investigación. Para ello, recopilaron los datos para examinar el modelo propuesto a través de una encuesta online. A los encuestados que aprobaron la pregunta de selección se les pidió que respondieran a las preguntas basándose en su experiencia gastronómica más reciente en un restaurante informal. Antes de responder a las declaraciones estructuradas, se les pidió que proporcionaran detalles sobre el restaurante y sus acompañantes. En total, el estudio contó con 583 participantes de EE.UU.

Los resultados mostraron que, entre los cuatro tipos de interacciones no verbales de cliente a cliente, la kinésica y el paralelenguaje tienen una influencia positiva en las emociones positivas de los clientes, pero no en las emociones negativas. En contraposición, la proxémica, el paralelenguaje y la apariencia física tienen una influencia negativa en sus emociones negativas, pero no en las emociones positivas. Estos hallazgos sugieren que los impactos de las interacciones no verbales entre los clientes probablemente sean diferentes de los de las interacciones no verbales entre empleados y clientes.

Dado que las emociones positivas y/o negativas de estos dependen de si reciben las señales no verbales esperadas, las diferencias en los resultados sugieren que es probable que los clientes tengan expectativas de interacción no verbal diferentes para los empleados y otros clientes. Esto sugiere que los clientes tienen mayores expectativas de sus interacciones con los empleados en comparación con sus interacciones con otros clientes.

Los hallazgos sugieren también que la invasión del espacio personal de los clientes focales por parte de otros clientes puede generar emociones negativas; mantener una distancia adecuada, probablemente, no tenga ningún impacto emocional. Los mismo puede decirse de la apariencia física. En consecuencia, los clientes tienden a tener sentimientos negativos cuando otros clientes violan las expectativas de distancia interpersonal y apariencia física.

Los resultados también sugieren que el paralelenguaje ejerce un impacto significativo en las emociones tanto positivas como negativas. Cuando otros clientes hablan de forma articulada con el tono y la velocidad adecuados, los clientes focales experimentan emociones positivas. Sin embargo, cuando son inadecuados durante la comunicación verbal puede resultar en la generación de emociones negativas.

En conjunto, los resultados muestran que las emociones desencadenadas por interacciones no verbales entre clientes ejercen una influencia significativa en la satisfacción y las intenciones de lealtad de los clientes. Específicamente, las emociones positivas afectan positivamente a ambas cosas, mientras que las emociones negativas tienen impactos negativos, de acuerdo con los resultados de investigaciones anteriores.

Futuras investigaciones sobre la materia podrían evaluar el impacto del comportamiento no verbal en contextos diferentes al de la restauración y hostelería, o en contextos culturales distintos, ya que la muestra se basaba enteramente en personas estadounidenses.

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La detección de mentiras sobre el futuro. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Clusters of nonverbal behavior differentiate truths and lies about future malicious intent in checkpoint screening interviews” de Matsumoto, D. y Hwang, H. C. (2020), en el que se examinan verdades y mentiras sobre la intención de cometer un acto malicioso en el futuro mediante entrevistas breves de control de seguridad.

El comportamiento no verbal asociado con la verdad y el engaño ha sido estudiado durante décadas. Sin embargo, ningún estudio ha examinado si múltiples comportamientos no verbales permiten diferenciar las verdades de las mentiras sobre la intención con respecto a futuros comportamientos maliciosos, o entre múltiples grupos culturales o étnicos.

Los mentirosos mienten sobre sus pensamientos y piensan sobre sus mentiras, al igual que ocurre con sus emociones. Todo esto ocurre mientras intentan manejar las impresiones de sí mismos que le dan a los demás y mantener el control cognitivo y emocional. Se trata, por tanto, de un proceso complejo. Debido a que las personas verbalizan solo una parte de sus contenidos mentales, y a que los diferentes estados mentales se asignan a distintos canales de comportamiento no verbal, la señalización veraz versus engañosa puede ocurrir en múltiples canales y de diferentes maneras.

Emocionalmente, el miedo a ser atrapado –o la culpa, o incluso la emoción por mentir– puede ser delatado por el rostro, el cuerpo o la voz, al igual que el nerviosismo. Cognitivamente, la ofuscación, la fabricación u omisión en las palabras pueden ser traicionadas por la voz y el gesto. Las mentiras sobre las emociones y las sensaciones experimentadas sobre un incidente pueden variar desde la ira o el miedo hasta la vergüenza o la alegría.

Existe, pues, una miríada de posibilidades en cogniciones y emociones combinadas con la complejidad del sistema de conducta no verbal. En consecuencia, el análisis de canales de conducta no verbal individuales será subestimado para diferenciar a los que dicen la verdad de los mentirosos. Así, el análisis de comportamientos no verbales a través de múltiples canales puede ser más útil, como algunos estudios previos han señalado.

Las mentiras sobre el futuro pueden ser diferentes de las mentiras sobre el pasado porque pueden acceder a diferentes dominios de la cognición y la memoria. Examinar las mentiras sobre la intención futura tiene implicaciones prácticas. Su estudio puede informar a los profesionales sobre los indicadores de comportamiento que pueden ocurrir en interacciones breves, con implicaciones para los procedimientos de seguridad en entornos que evalúan futuras intenciones maliciosas.

Así, el estudio de los autores aborda la posibilidad de utilizar múltiples comportamientos no verbales para diferenciar las verdades de las mentiras sobre futuras intenciones maliciosas. La muestra participó en un experimento de crimen simulado sobre un robo futuro. Los riesgos se asociaron con el rendimiento, haciendo que los participantes los percibieran en niveles moderados a altos; también se aseguró que estuvieran emocionados.

Los participantes (226 en total) fueron entrevistados en una entrevista de selección antes de obtener acceso al área donde podría ocurrir un robo. Se llevó a cabo una entrevista de detección inicial en un área inspirada en un puesto de control de seguridad. La entrevista de proyección incluyó siete preguntas breves y duró aproximadamente dos minutos. El contexto era análogo a los entornos de la vida real, en los que las personas con intenciones maliciosas necesitan ocultar sus intenciones.

El comportamiento de los participantes se grabó en video. En total, se extrajeron datos de cuatro canales de conducta no verbal: expresiones faciales de emoción, gestos, movimientos de todo el cuerpo y vocales. Probamos si el comportamiento no verbal diferenciaba o no a los que dicen la verdad de los mentirosos, tanto individualmente como en combinación. Se usaron dos criterios en los análisis univariados para determinar si era posible esta diferenciación o no: la prueba de significación de hipótesis nula y los tamaños del efecto.

El experimento fue un diseño bidireccional que incluía verdades frente a mentiras y cultura o etnia de los participantes (europeo americano, chino, hispano y del Medio Oriente). Después de completar las medidas previas a la sesión, se informó a estos que serían asignados aleatoriamente para robar un cheque de 100 dólares (los mentirosos) o no (los que contaban la verdad). A los participantes se les dijo que, si se les juzgaba como honestos, recibirían dinero adicional y se les permitiría irse temprano, pero si se los juzgaba como mentirosos, no recibirían dinero adicional y tendrían que quedarse más tiempo para completar otros procedimientos. Los participantes calificaron estos riesgos en una escala de 1 (sin consecuencias, aunque sea ligeramente placentero) hasta 10 (consecuencia máxima).

Los hallazgos de este estudio muestran que, a través de los análisis, los mentirosos produjeron más expresiones faciales de miedo y disgusto, encogimiento de hombros, inquietud / acicalamiento, balanceo corporal y postura rígida. Quienes decían la verdad produjeron más expresiones faciales de felicidad y sorpresa, latencias de respuesta más largas, mayor tono. rangos y duraciones más largas y pausas sin completar.

Los comportamientos no verbales a través de múltiples canales superaron el comportamiento no verbal en canales únicos, lo que respalda el argumento de que el comportamiento no verbal representa un sistema de comunicación corporal complejo y completo que transmite múltiples mensajes en múltiples señales a través de múltiples canales.

Por tanto, los resultados sugirien que los procesos cognitivos y emocionales asociados con la verdad y el engaño pueden ser similares, independientemente de si se está hablando y pensando en el pasado o futuro. Ambos implican mentir sobre el pensamiento de uno, pensar que está mintiendo, mentir sobre sus emociones y tener emociones por mentir. Las conductas no verbales producidas pueden, por tanto, ser señales de estos procesos. Esta interpretación es consistente con los estudios de neuroimagen que han demostrado similitudes entre recordar el pasado e imaginar el futuro.

Ni la cultura o etnia ni el género moderaron, a grandes rasgos, los resultados descritos en este caso. Aunque hay una amplia evidencia de diferencias culturales en la producción de comportamiento no verbal (podéis leer más al respecto aquí), la situación expuesta, con preguntas breves, puede haber reducido la posibilidad de que surjan tales diferencias debido al enfoque en reacciones y respuestas rápidas.

Así, investigaciones futuras podrían tratar de identificar patrones de comportamiento no verbal que surjan de manera consistente, y también con muestras más grandes. Aún no existe tal volumen de investigación, por lo que los hallazgos actuales y otros podrían servir como un llamado para que se elaboren más estudios al respecto.

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