Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Autor: Andreea Leonte (página 1 de 5)

La voz es un reflejo de nuestras emociones. Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “The primacy of categories in the recognition of 12 emotions in speech prosody across two cultures” de Cowen A. S., Laukka P., Elfenbein H. A., Liu R. y Keltner D. (2019), en el cual se analiza el reconocimiento emocional a través de la voz y el significado compartido entre dos culturas.

El reconocimiento de las emociones es fundamental para las interacciones sociales. Los adultos, a través de cara y voz, muestran brevemente emociones que guían a sus descendientes a través del entorno. Estas muestras breves también son importantes para negociar del status, generar confianza o discernir entre afectos y compromisos. Podríamos enumerar decenas de funciones de las emociones. Y no hay dudas sobre la utilidad de ser capaces de reconocerlas en nosotras mismas y en otras personas.

Por tanto, la expresión y el reconocimiento emocional ocupan un lugar central en la vida social. El reconocimiento humano de las expresiones faciales y vocales emocionales se procesa en regiones específicas del cerebro. Este proceso se preserva de manera similar a lo largo de múltiples culturas. Además, tiene a su homologo evolutivo en múltiples especies de primates y otros mamíferos.

Alrededor de los dos años, una persona ya es capaz de identificar 5 emociones positivas a partir de vocalizaciones emocionales. Las personas llegan a poder expresar unas 15 emociones diferentes a través de la voz. La clave de la expresión vocal emocional parece ser la prosodia.

La prosodia es un componente de gran importancia del comportamiento no verbal. Es un patrón no léxico de melodía, ritmo y timbre que se da en el discurso. Añade a las palabras sensaciones emocionales y actitudes hacia aquello de lo que se habla. Diversos estudios han sugerido que a través de la prosodia se pueden expresar hasta 12 categorías emocionales. Además, también puede añadir al mensaje vocal características afectivas más amplias, tales como la valencia o el arousal.

Por ejemplo, cuando alguien nos saluda con un simple hola, somos capaces de detectar cierta valencia emocional (positiva vs negativa). Aun sin ver la cara del emisor, no nos suena igual un hola corto y rápido que un holaaa.

El estudio pretende responder a diferentes cuestiones en cuanto a la relación entre prosodia y reconocimiento emocional. Una es cómo las variaciones en prosodia sirven de representaciones emocionales. Otra es cuántas emociones diferentes se reconocen a través de la prosodia en la vida diaria. Asimismo, ¿reconocemos emociones discretas, continuas o categorías más amplias de afecto (p. ej. valencia o arousal).

En el estudio participan 2.435 sujetos indios y americanos. Cada uno de ellos analiza al menos 30 muestras de discurso. Para el estudio se utilizan 2.519 muestras de discurso seleccionados del corpus VENEC. Las muestras vocales fueron creadas por 100 actores de 5 culturas angloparlantes. Hay dos frases diferentes, cada una con una expresión emocional distinta: Te voy a decir una cosa y Eso es exactamente lo que pasó.

Una parte de la muestra asignó una de 30 categorías emocionales a cada audio (p. ej. desprecio, miedo o adoración). La otra parte de la muestra de participantes no asignó emociones, sino características afectivas (p. ej. dominancia, certeza, seguridad). Así, para el análisis se obtuvieron más un de un millón de evaluaciones voz-emoción.

El uso de participantes de dos culturas distintas, así como de muestras vocales creadas por actores de diferentes países angloparlantes permite analizar las representaciones emocionales a través de la prosodia a nivel inter-cultural.

Los participantes determinaron que la capacidad de detectar emociones a partir de la prosodia se extiende a 22 emociones diferentes. Cinco de ellas fueron detectadas por más de la mitad de los sujetos: diversión, ira, miedo, deseo y tristeza. Asimismo, otras cinco fueron detectadas por un tercio de los sujetos: adoración, confusión, distrés, dolor y alivio.

Dadas las diferencias culturales, sería lógico que la categorización psicológica de las emociones se construya similarmente entre culturas en base a afectos centrales. Por eso, se esperaba que el reconocimiento emocional compartido culturalmente se observe mejor en escala de afectos, tales como arousal. Por ejemplo, personas de EE. UU. y de India coincidirían más que un audio expresa alta activación y no miedo. No obstante, la detección de categorías emocionales se mostró a ser lo compartido entre culturas y no los afectos.

Así, tanto las emociones básicas (p. ej. ira o miedo), como las categorías más complejas (p. ej. amor romántico) se vieron compartidas entre culturas. Ni siquiera la valencia emocional es tan compartida por encima de las categorías emocionales. Un resultado un tanto curioso, siendo considerada la valencia cómo la base de construcción de nuestro mundo emocional.

Por tanto, parece que los afectos se construyen en base a las categorías emocionales y no al revés. Esto se confirma entre los sujetos americanos e indios también de otra manera. Se observó que el reconocimiento de emociones de la muestra india predecía qué emociones va a reconocer la muestra americana. Y no ocurrió lo mismo con predicciones emoción-afecto, ni con predicciones afecto-afecto.

Las categorías emocionales comparten aspectos semánticos entre sí. Por ejemplo, el temor y el miedo podrían ser similares y distintas a la vez. Comparten significado y, por eso, podrían incluirse (o no) en el mismo patrón de reconocimiento o dimensión emocional. Esto ocurre con todas las emociones.

Detectar 22 emociones a través de la prosodia en realidad se puede resumir en menor número de dimensiones. Dicho de otro modo, las variaciones en prosodia para expresar emociones se basan en esas dimensiones. Estas últimas son en realidad las que se comparten entre culturas. Las que marcan las diferencias culturales en el reconocimiento emocional son algo así como matices de significado.

En el estudio se ha observado un reconocimiento emocional compartido a lo largo de 12 dimensiones de la prosodia emocional. Así, el dolor comparte la misma dimensión con la tristeza. El amor romántico la comparte con el deseo. Las 12 dimensiones detectadas son: adoración, diversión, ira, admiración, confusión, distrés, miedo, desprecio, deseo, interés, tristeza y decepción.

Las categorías emocionales podrían ser discretas o continuas. Hay teorías que postulan que los límites de una emoción son claras. Al contrario de estas ideas, en el estudio se ha observado que la prosodia emocional se distribuye a lo largo de gradientes emocionales. Los limites son más bien difuminados. Por ejemplo, hay gradientes desde la tristeza al distrés o desde el interés hasta la confusión.

Este hallazgo conlleva implicaciones para el estudio de las emociones. Los correlatos fisiológicos y neurales u otros indicadores pueden indicar patrones continuos de expresión y activación y no emociones discretas. Asimismo, cuando dos personas no coinciden en el significado de la prosodia emocional, puede deberse a estos gradientes y no a la falta de un significado compartido.

Los hallazgos del estudio se integran en el concepto de espacio semántico del reconocimiento de las emociones. Este espacio semántico está cargado de significado emocional. Como se ha observado en el estudio, en la prosodia hay un espacio semántico compartido entre culturas. Por lo menos, entre las culturas americana e india.

El espacio semántico tiene tres propiedades y son las estudiadas aquí. Primero, su conceptualización, qué categorías emocionales o escalas de afecto contribuyen al reconocimiento emocional a través de la prosodia. Segundo, su dimensionalidad, cuántas emociones diferentes se detectan en la prosodia. Y, tercero, la distribución de estados, cuál es la naturaleza de los límites entre categorías emocionales.

De manera general, los hallazgos de este estudio encajan en dos interpretaciones generales posibles. Una es que somos capaces de detectar de manera innata las variedades de la prosodia emocional. Otra es que esta capacidad sea adquirida. En ambos casos hay una primacía de las categorías emocionales y sus indicadores por encima de los afectos. En cualquier caso, no podemos hablar de universalidad, dado que el estudio se centra en muestras de EE. UU. e India.

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Expresión emocional a través del movimiento corporal. Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Ambiguous bodies: the role of displayed arousal in emotion [mis]perception” de Reynolds R. M., Novotny E., Lee J., Roth D. y Bente G. (2019), en el cual se pretende ampliar el conocimiento sobre los procesos perceptivos que llevan a inferencias emocionales a partir de expresiones no verbales mediante el movimiento corporal.

Detectar las emociones de los demás es algo esencial en las interacciones sociales. Por un lado, sirven de explicación para comportamientos pasados y presentes. Por otro lado, guían nuestras expectativas en cuanto a acciones futuras. Así, inferimos emociones que otros sienten y expresan y esas inferencias (junto a otros factores) moldean nuestras respuestas sociales.

Las inferencias emocionales se basan fuertemente en las señales no verbales. El movimiento corporal expresivo (MCE) es una fuente de señales no verbales muy amplia. Por tanto, captamos señales no verbales del EMC y con ellas (además de otras) hacemos inferencias emocionales. No obstante, es difícil determinar de forma exacta qué aspectos del MCE son más cruciales en estas inferencias.

El papel del MCE en el reconocimiento de emociones está aún en debate. Una de las razones es la poca claridad sobre la relación entre la intensidad y la ambigüedad de las expresiones emocionales. Es difícil considerar que haya expresiones emocionales corporales muy específicas para cada emoción. Si fuera el caso, la inferencia sería más fácil. Pero sí hay indicadores emocionales del MCE, aunque la intensidad y la ambigüedad impactan en la detección de estas.

Similarmente, las expresiones faciales emocionales se consideran por algunos autores como universales. En cambio, cuando se evalúa la capacidad de las personas en detectarlas, esa universalidad puede ponerse en duda hasta cierto punto. A mayor intensidad de las expresiones emocionales, más acierto en la detección y menos ambigüedad. No obstante, las señales no verbales no siempre vienen acompañadas de alta intensidad.

Un aspecto que indica la intensidad emocional es el nivel de activación (arousal) mostrado (o expresado). Por ejemplo, alguien puede detectar que hablamos rápido, nuestra respiración acelerada o movimientos gestuales rápidos. Junto a señales contextuales, como que hemos ganado a la lotería, se puede inferir que estamos felices.

Para entender la función del MCE, es de interés averiguar qué aspectos de este informan sobre el nivel de activación. Y de haber indicadores de movimiento que informar sobre el arousal, ¿qué papel juega la ambigüedad?

Lo que siempre interesa es que los juicios, inferencias y conclusiones que extraemos del comportamiento de los demás sean ciertas. En estos procesos participan sesgos, esquemas perceptivos, habilidades y otros aspectos que difieren entre individuos.

Estas diferencias dan lugar a percepciones diferentes de lo que nos rodea. La ambigüedad también puede deberse a estas diferencias internas entre individuos. Por tanto, si muchas personas no interpretan igual una señal no verbal, puede que esta sea ambigua y no específica, puede ser por diferencias interindividuales o por ambas cosas.

Para capturar señales no verbales integrada en el MCE, los autores del estudio utilizan tecnología de detección de movimientos. Con esta generan animaciones que replican el movimiento humano. Así, 363 sujetos observan videos animados de movimientos corporales de ira o alegría. La observación de animaciones permite eliminar estímulos contextuales, indicadores de personalidad o expresiones faciales que impacten en las inferencias.

Los sujetos son asignados a una de cuatro condiciones. Deben evaluar el nivel de activación que captan de los movimientos corporales (1ª), la valencia emocional (positiva o negativa; 2ª), la emoción específica (enfado o alegría, 3ª) y una combinación de calificaciones simultaneas (4ª).

 Hay varios resultados destacables. Los sujetos mostraron una mejor detección de las expresiones de enfado. Incluso se ha inferido incorrectamente el enfado a partir de simulaciones de MCE de alegría de manera significativa.

A primera vista, los sujetos tienen alta sensibilidad para detectar señales de enfado. No obstante, presentan un sesgo hacia emociones negativas, confundiendo movimientos asociados a la alegría con expresiones de enfado. Por tanto, la habilidad de diferenciar entre alegría y enfado a partir de MCE es muy baja. Lo que predominan son las inferencias sesgadas.

Los sujetos determinaron el arousal principalmente a partir del grado de movimiento mostrado por las animaciones. Es decir, a mayor movimiento, infieren mayor activación. No obstante, percibieron mayor activación en las expresiones de alegría que en las expresiones de enfado.

De manera algo opuesta, la ambigüedad se encontró directamente asociada al nivel de activación. Cuanta más activación se infiere del MCE, mayor dificultad para detectar la emoción expresada o su valencia. Este resultado se observó de manera más pronunciada en el caso de la alegría.

Para entenderlo, podemos pensar en las veces que lloramos de alegría. Hay tanta activación que para descargarla mostramos comportamientos comúnmente asociados a emociones negativas. Aunque en este caso no sea exactamente lo mismo, es entendible que, a mayor activación emocional en el comportamiento, sea más difícil decidir que emoción es la que alguien expresa o cuál es su valencia.

Por tanto, observar mayor arousal expresado a través del MCE lleva a inferencias emocionales generalmente incorrectas. Asimismo, genera más ambigüedad para este proceso de detección emocional. Las expresiones emocionales muy intensas son caóticas y divergentes de los indicadores emociónales comúnmente reconocidos.

Cuando estamos muy activados es posible que la coordinación entre actividad neural y motora falle. Por eso, es probable que las expresiones emocionales se vuelvan y se perciban cómo caóticas y ambiguas. No obstante, aspectos del proceso perceptivo también encajan como explicación.

Por cuestiones de evolución, las personas han desarrollado recursos perceptivos para detectar y responder a amenazas y oportunidades. Una información muy saliente es un alto nivel de movimiento. Y cómo decíamos, mucho movimiento corporal se interpreta como alta activación.

Por tanto, cuando hay mucho movimiento, la atención puede enfocarse predominantemente en el arousal del otro. La finalidad es interpretarlo y detectar las amenazas y oportunidades. Asimismo, se pierden recursos perceptivos que puedan dedicarse a la interpretación de la valencia emocional. Y, por eso, fallamos en la detección.

¿Conclusiones? Simplificando mucho, hay que cuidar cuánto es de pronunciado nuestro movimiento corporal. Y, más allá de eso, regular nuestro nivel de activación. Si estamos muy activados y gesticulamos exageradamente, los demás pueden tener dificultades para captar qué es lo que sentimos.

Asimismo, cuidar nuestras inferencias. Mayor conocimiento ayuda a ello y puede ser crucial en profesiones basadas en atención directa a las personas. En cualquier caso, tenemos la gran suerte de estar rodeados de múltiples factores, como los contextuales, que pueden facilitar inferencias acertadas.

Sería muy interesante que se analice cuáles son los movimientos específicos que indican emoción, valencia o arousal. No obstante, empezar por intentar entender procesos subyacentes permite una mejor selección y manipulación de variables en futuras investigaciones.

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El exceso de confianza: ¿genera beneficios o pérdidas sociales? Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Is overconfidence a social liability? The effect of verbal versus nonverbal expressions of confidence” de Tenney E. R., Meikle N. L., Hunsaker D., Moore D. A. y Anderson C. (2019), en el cual se analiza cuando el exceso de confianza recibe sanciones sociales y cuándo no representa un problema.

Pensemos en las veces que hemos escuchado a alguien contándonos algo con gran confianza en su propio conocimiento o habilidades. Y cómo, posteriormente, lo que nos contó se mostró totalmente erróneo. ¿Empezamos a desconfiar de lo que dice esa persona?

Cuando se dan estas situaciones hasta cierto punto es normal que se reciba algún tipo de sanción social. La persona con exceso de seguridad en lo que dice y que falla puede perder credibilidad. Si no la pierde, es posible que se enfrente a suspicacia y a un mayor escrutinio de lo que cuenta.

Las evidencias sugieren que cuando un individuo expone su exceso de confianza ante otros, solo a veces y no siempre recibe una sanción social. Aun después de expresar un exceso de confianza, no siempre se daña la reputación de los sobreconfiados. Aquellos que expresan exceso de confianza a través del lenguaje no verbal, como la postura o tono de la voz, adquieren mayor estatus e influencia.

En el trabajo, las personas con sobreconfianza muchas veces mantienen su influencia, aunque tengan un largo historial de reclamos inexactos e incorrectos. Incluso podemos encontrar tales ejemplos en la política. Muchos candidatos ganan las elecciones a pesar de exponer un injustificado exceso de confianza.

Las personas pecan frecuentemente de exceso de confianza. La mayoría de las veces, este es atribuible a una seguridad excesiva de saber la verdad. En cualquier caso, la sobreconfianza no siempre se expresa con palabras. Las personas afirman con la cabeza para enfatizar y hablan alto, como si pusiesen en negrita lo que dicen. Hablan con autoridad, dominan la conversación y muestran poca deferencia hacia los demás.

¿Cuándo se castiga el exceso de confianza? ¿Cuándo permanecen los beneficios en reputación a pesar de la sobreconfianza y de los errores derivados de ello? Los autores del estudio proponen que el canal de expresión del exceso de confianza determina si este último se convierte en una ventaja o desventaja. Con canal de expresión se refieren a una expresión mediante comportamiento no verbal o verbal.

Se lleva a cabo una serie de experimentos diferentes. Todos los participantes creen que participarán en un juego con recompensas monetarias. Para ello, deben evaluar posibles colaboradores o asesores que han practicado en ese juego. En cuatro de los experimentos se pide a los participantes que comparen dos colaboradores potenciales (targets). En el quinto se requiere comparar asesores (targets).

En cada experimento, un target es muy confiado en lo que cuenta y el otro es cauto. Hay targets que muestran su exceso de confianza verbalmente (texto escrito). Dicen, por ejemplo, sentir gran confianza en su rendimiento en la práctica y estar muy seguros de haberlo hecho bien.

También hay targets que expresan su exceso de confianza a través del lenguaje no verbal (video). Cuentan información sobre ellos mismos y no sobre la tarea, con una postura corporal abierta y expansiva. Miran al entrevistador y utilizan un tono de voz firme y de autoconfianza.

Los targets cautos cuentan (canal verbal) que no confían en que lo hayan hecho bien y que pueden haber rendido por debajo de la media. A través del lenguaje no verbal, hablan de sí mismos inclinados hacia delante y con las manos delante del cuerpo. Utilizan una voz suave, tímida y miran más al suelo.

Después de visualizar la información de estos candidatos, los sujetos reciben información sobre el rendimiento real de estos. Lo siguiente es la evaluación.

En los primeros dos experimentos se analiza si las consecuencias sociales del exceso de confianza difieren según el canal de comunicación. En los experimentos de 3 a 5 se comprueba la hipótesis de negación plausible que se basa en lo siguiente.

La sobreconfianza verbal sirve de prueba para imponer castigos sociales. En cambio, la sobreconfianza no verbal no es fácil de detectar. Siempre quedaría el beneficio de la duda. Por eso, lo probable es que no se apliquen castigos sociales ni que haya daños en la reputación del sobreconfiado. Este puede negar su exceso de confianza y a falta de pruebas es algo plausible.

Los resultados generales de estos experimentos muestran lo siguiente. Los participantes evaluaron más negativamente a los targets sobreconfiados y los evitaron como colaboradores. Esto supone una sanción y solo ha ocurrido cuando el exceso de confianza se expresó verbalmente. Tal como se esperaba, no hubo sanción alguna a los candidatos que expresaron su exceso de confianza de manera no verbal.

A lo largo de los cinco experimentos se confirmaron los mismos resultados. Además, se observó que negar explícitamente el exceso de confianza se considera plausible solo en la expresión no verbal. En cualquier caso, la expresión de sobreconfianza a través del lenguaje no verbal no siempre se perdona.

En el experimento 4, los participantes creían ver a algunos colaboradores potenciales evaluando productos online y a otros practicando en la tarea. Por un lado, se evalúan targets con sobreconfianza no verbal asociada a la práctica en la tarea principal. Por otro lado, se evalúan targets con sobreconfianza no verbal asociada a una tarea ajena.

Si un posible colaborador muestra señales no verbales de sobreconfianza cuando practica en el juego y su rendimiento es pobre, la negación plausible ya no tiene efecto. Es decir, cuando no quedan dudas de que la sobreconfianza aparece en la tarea principal, el castigo social aparece. Los colaboradores son evaluados más negativamente que los sobreconfiados en tareas ajenas, aunque también tengan rendimientos bajos en el juego.

Aunque tener mucha confianza en uno mismo se considere una característica deseable socialmente, se castiga cuando no quedan dudas de haber confiar demasiado. Parece ser que casi todo depende de la posibilidad de un beneficio de la duda. No castigamos socialmente cuando dudamos de malas actuaciones de los demás. Por otro lado, es curioso que sí aparece un castigo social, aunque la sobreconfianza no sea algo intencional.

Por último, el experimento 5 difiere de los demás en varias cuestiones, pero por razones de espacio, procedemos con las conclusiones generales. En este caso se ha visto que la sanción social es mayor cuando vemos que un profesional confía mucho en sus decisiones y falla. Si el profesional se muestra muy confiado en su comportamiento general y falla, la sanción social es menor.

Preferimos profesionales muy confiados en sus decisiones, hasta que sepamos que han fallado. Cuando nos enteramos del fallo decisional, cambiamos nuestras preferencias a profesionales más cautos.

El exceso de confianza en un rendimiento superior propio se conoce como overplacement, que  significa auto-atribuirnos mayores capacidades de las que tenemos. El exceso de confianza en la precisión o acierto de nuestras decisiones se conoce como overprecision. Como se puede intuir, es atribuir a nuestras decisiones más precisión de la que tienen.

Estos dos conceptos se diferencian claramente en la literatura científica. No obstante, los autores no encontraron patrones diferentes de consecuencias para diferentes tipos de sobreconfianza verbal. En la vida real probablemente no sea tan fácil diferenciarlas. Las diferencias teóricas no representan cómo las personas comunes perciben la confianza, su expresión y su exageración.

Por último, el comportamiento no verbal parece implicar conductas efectivas y de bajo riesgo en las interacciones sociales. Si es así, ¿cómo es que no predominan? Sin duda, una cuestión interesante para reflexionar.

 

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Comportamiento no verbal en la comunicación virtual. Club de Lenguaje No Verbal

 Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “TTYL:-)… Nonverbal cues and perception personality and homophily in synchronous mediated communication” de Krishnan A. y Hunt D. S. (2019), en el cual se analizan posibles señales no verbales en la comunicación mediada por tecnología y si estas influyen en la percepción sobre la personalidad del otro y sobre la similitud con el otro.

La percepción humana es un aspecto integral de la comunicación humana. Por eso, también tiene alta relevancia en la comunicación mediada por tecnología (CMT). La facilidad que ofrece la interacción con otros a través de dispositivos móviles y la proliferación de las redes sociales han hecho que la CMT sea la norma.

La comunicación en el contexto de la CMT suele darse en ausencia de señales no verbales regulares. Estas son características de la comunicación cara a cara (CCC), como el tono de voz, el lenguaje corporal o la apariencia física. Las señales no verbales se usan para generar atribuciones sobre el otro. También regulan de manera importante la interaccionan social.

Cuando utilizamos mensajería instantánea (MI) ¿captamos algo que cumpla el mismo papel que las señales no verbales? Si la primera conversación con un desconocido ocurre a través de Whatsapp, ¿de dónde sacamos conclusiones sobre esa persona? ¿De lo que escribe, de su foto de perfil o de algo más que eso?

Algunos investigadores implicados en esta temática defienden que sí hay señales no verbales en la CMT. No son iguales que las de la CCC, pero cumplen la misma función. Algunos sustitutos no verbales en la CMT podrían ser la velocidad de respuesta, emoticonos, acrónimos o la alteración de estructura de las frases.

Las inferencias sobre personalidad y otras características son importantes porque las personas quieren reducir la incertidumbre sobre los otros con los que interaccionan. Las señales no verbales son especialmente útiles para la formación de impresiones porque se consideran menos controlables que el lenguaje verbal. No es que seamos desconfiados de lo que otros nos dicen, pero lo verbal siempre está regulado por ciertas normas sociales.

La formación de impresiones sobre los otros es un proceso interpersonal en el cual las personas emplean información disponible para hacer juicios generales sobre la personalidad de los demás. Inferimos rasgos u otras características y es muy importante en la interacción con desconocidos. Ya desde la primera interacción con alguien, creamos una impresión sobre el otro que persiste bastante tiempo y tarda unas cuantas interacciones en renovarse.

En la CMT, las cosas cambian. Las señales no verbales son distintas, pero es impresionante la cantidad de información sobre el otro que extraemos de cualquier elemento. Como decíamos, pueden ser los emoticonos que utilizan, la forma de escribir, etc., pero incluso los seudónimos pueden influir en nuestra percepción.

La similitud con otros también es clave en las interacciones sociales. Las relaciones y la comunicación entre personas dependen mayoritariamente del grado de similitud entre emisor y receptor. Pueden ser similitudes en cuanto a variables demográficas o personales, como creencias o actitudes. El principio de la similitud dicta que la formación de amistad y contacto regular es mayor entre personas similares que no similares.

Por tanto, de un grupo de personas elegiremos interaccionar más con aquellas que percibamos como más similares a nosotros. Esta percepción de similitud está determinada por nuestras observaciones de lo que los otros dicen, pero más aún de cómo lo dicen.

En base a todas estas ideas y preguntas a resolver, los autores llevan a cabo un estudio con 505 participantes. Estos leen transcripciones de una de tres posibles conversaciones entre compañeros de clase que conversan sobre un proyecto. Las conversaciones pueden ser solo texto (grupo control), positivas o negativas.

En la condición positiva se utilizan 10 emoticonos que denotan emociones positivas y ortografía de exageración (p. ej. wooooow!!). En la condición negativa se utilizan 10 emoticonos que denotan emociones negativas, tales como enfado o tristeza y acrónimos que detonan molestia o aburrimiento (p. ej. grrrrr!). Los emoticonos siempre se sitúan al final del texto, dado que es lo más común.

Después de la lectura de la trascripción que toca a cada uno, los participantes evalúan los rasgos de personalidad de los implicados en la conversación. Los rasgos evaluados son los conocidos Big Five: extraversión, neuroticismo, amabilidad, responsabilidad y apertura a la experiencia (y hacia otros). Los sujetos también evalúan la similitud que perciben entre ellos mismos y los sujetos de la conversación. Por último, se pregunta a los sujetos si tienen deseo de interaccionar con esas personas.

Los sujetos de la conversación positiva fueron percibidos como extrovertidos y más amables, en comparación a las demás condiciones. Aquellos más expresivos y más positivos se perciben igual también en una interacción cara a cara. Además, en otras investigaciones se ha observado que los extrovertidos suben más fotos a las redes y perteneces a más grupos de Facebook. El mayor uso de emoticonos positivos en chats de trabajo también provoca una percepción positiva sobre el emisor del mensaje.

Los sujetos de la conversación negativa fueron asociados más al rasgo de neuroticismo, que denota un estado de ánimo más tristón o mayor estrés. En las investigaciones previas el neuroticismo se encontró asociado a un incremento en el uso de la MI y de los emoticonos negativos.

El rasgo de responsabilidad también se ha percibido de forma diferente a lo largo de las condiciones. Los que más responsabilidad aparentaron fueron los sujetos de la condición control. Aunque este rasgo trate de la autodisciplina, organización o atención al detalle, también puede asociarse a una falta de emociones. Probablemente por eso los sujetos de la condición solo texto fueron vistos como más responsables. Además, parece que los sujetos más positivos son percibidos como los menos responsables.

Curiosamente, los sujetos que leyeron transcripciones solo con texto se percibieron más similares a los actores de la conversación que en las demás condiciones. Es probable que los sujetos no se identificaran con ser más positivo o negativo debido a una expresión emocional extrema en los textos de este estudio. Es decir, solo negativa o solo positiva a lo largo de toda la conversación.

La similitud con otros parece mediar solo entre el rasgo de apertura y el deseo de interacciones futuras. Por un lado, si otros nos perciben como abiertos es probable que quieran volver a interaccionar con nosotros. Por otro lado, si las personas que nos perciben como abiertas también se consideran así, más aún desearán volver a interaccionar con nosotros.

Asimismo, de las tres condiciones, los sujetos del grupo control provocaron más deseo de una interacción futura. En cambio, no se observaron diferencias entre sujetos positivos o negativos. Por lo tanto, la similitud que percibimos entre nosotros y otros es importante a la hora de decidir si queremos volver a hablar con ellos o conocerlos en persona.

Parece que en las señales no verbales que pueden emitirse a través de la CMT permiten inferir rasgos de personalidad de aquellos con los que interaccionamos. Además, la formación de impresiones sobre otros también ocurre en este tipo de interacciones. Así que, si la primera vez que interaccionamos con alguien ocurre en un contexto de CMT, recordemos que aquí también importa la primera impresión.

La similitud percibida entre nosotros y los otros es clave para construir relaciones, tanto en la CMT como en la CCC. Puede que algunos de nosotros pensemos que nos gusta interaccionar con gente diversa y diferente de nosotros. ¿Será así o encontramos similitudes con ellos también? Si nos categorizamos como diferentes (entiéndase como atributo), ya tendríamos algo similar.

 

Si quieres saber más sobre la inferencia de características de otras personas a partir del lenguaje no verbal, visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira o nuestro Experto Universitario en Comunicación no verbal y Personalidad, con becas especiales para los lectores del Club del Lenguaje no Verbal.

“Detectar” la orientación sexual: ¿lo hacemos bien? Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “When social perception goes wrong: judging targets’ behavior toward gay versus straight people” de Goh J. X., Ruben M. A. y Hall J. A. (2019), en el cual se analiza cómo inferimos características de personas que no conocemos ni vemos, en base al comportamiento no verbal de otra persona que sí vemos y que interacciona con la primera.

Imaginemos tener la tarea de detectar los rasgos de personalidad de 10 personas a partir de los que vemos y/o escuchamos de ellas durante 2 minutos. Ante esta situación, se pueden dar generalmente tres resultados. Uno es acertar sistemáticamente sus rasgos.

Otra opción es situarnos en el nivel de azar. Es decir, si acertamos no es porque detectemos rasgos, sino que respondemos sin ningún criterio y sin intentar inferir realmente. Por último, podemos errar sistemáticamente. Es decir, percibimos repetidamente rasgos que no tienen esos 10 sujetos y, por tanto, el nivel de acierto estaría por debajo del azar.

En cuanto a la primera opción, en muchos estudios se ha mostrado la capacidad de las personas a detectar acertadamente características de otros en función de las señales no verbales que muestran. Las personas, por lo general, tienen la habilidad de percibir de forma precisa rasgos de personalidad, atributos sociales, estados emocionales, pensamientos y otros.

Se ha observado una percepción acertada incluso ante estímulos degradados, incompletos o de muy corta duración. Un ejemplo es acertar a la hora de evaluar la pertenencia a grupos políticos o religiosos a partir de fotografías que no contienen ninguna señal de esa pertenencia. Detectar expresiones faciales a partir de foto presentadas durante muy poco tiempo también es posible.

No obstante, en algunos temas, como la detección de mentiras, obtener una percepción acertada se hace más difícil. En cualquier caso, aun siendo difícil, las investigaciones previas siguen mostrado un nivel de acierto algo superior al azar.

Claramente, también debe de haber un montón de situaciones en las cuales las personas no aciertan características de los demás. Y estas situaciones son las otros dos posibles resultados que mencionábamos. Es muy difícil conocer más sobre estas situaciones, dado que las actuaciones a nivel de azar y por debajo de él no suelen publicarse.

Por ello, este estudio se enfoca en las percepciones erróneas sistemáticas, detrás de las cuales puede encontrarse el uso de principios de razonamiento o creencias erróneas. Cuando la inferencia social es sistemáticamente errónea, las premisas de las que se parte suelen ser erróneas. Estas premisas erróneas pueden ser creencias, conocimiento, estereotipos o expectativas que sirven de lente para la percepción y para el razonamiento.

Se analiza la capacidad de las personas de inferir la orientación sexual, pero no de la persona que los participantes ven, sino de una tercera persona a la cual se dirige la observada por los sujetos. Se llevan a cabo tres estudios: uno para obtener datos experimentales y los otros dos para comprobar la capacidad de inferencia de los sujetos.

En el primer estudio, 171 participantes heterosexuales son informados de que deben escribir una autobiografía corta que se intercambiará con otra persona (ficticia). Después de ello, los investigadores intercambian las autobiografías de los participantes con las de la persona ficticia. Estas autobiografías falsas podían ser de 4 tipos: hombre o mujer, cuya orientación sexual es hetero u homosexual.

El siguiente paso es que los participantes deben grabarse en video presentándose ante esa persona cuya autobiografía han leído. También se les informan de que tendrán un encuentro con esa persona al final del estudio, pero eso en realidad no ocurre.

Tres investigadoras entrenadas evalúan estos videos sin sonido y determinan si el comportamiento de los sujetos fue más o menos positivo. En este primer estudio, los participantes mostraron un lenguaje no verbal mucho más positivo cuando creían dirigirse a una persona gay (vs. heterosexual). En cambio, no se observaron diferencias en el comportamiento en función del género de la persona ficticia.

Se pueden hacer varias interpretaciones. Una de ellas es que los sujetos expresaron actitudes positivas reales hacia la población homosexual. No obstante, otra opción es que estos comportamientos mostrados puedan ser un disfraz de las actitudes reales.

Los videos del primer estudio sirven de variable independiente para el segundo y tercer estudio. Los sujetos del primer estudio serán, por lo tanto, targets que observarán otros nuevos participantes. Así, en el segundo estudio, participan 77 sujetos heterosexuales. Estos observan 40 videos con sonido, de 15 segundos de duración y con targets de ambos géneros. La tarea de los participantes consistió simplemente en inferir cuál es la orientación sexual de la persona a la cual se dirigen los targets a partir del comportamiento no verbal de estos.

En este segundo estudio, los sujetos infirieron erróneamente de manera sistemática la orientación sexual de la persona ficticia solo cuando observaron targets masculinos. Por lo tanto, es posible que los participantes hicieran inferencias a partir de premisas erróneas. Por ejemplo, que los hombres suelen exhibir comportamientos más negativos hacia los gays y lesbianas y que suelen tener más prejuicios antigay.

Cabe destacar que todos los participantes de los tres estudios eran alumnos de una misma universidad privada situada en una de las ciudades más amigables con el colectivo LGBTIQ+ de EE. UU. Esto es curioso por dos razones. Primero, los sujetos del primer estudio mostraron actitudes más positivas hacia los homosexuales. Segundo, los sujetos del segundo estudio asumieron que estos tendrán actitudes más negativas hacia el mismo colectivo.

¿Los primeros fingieron? ¿Los segundos asumieron prejuicios en los targets como reflejo de sus propios prejuicios? ¿O es distinto evaluar de interaccionar con personas de otra orientación sexual? Los autores apuestan por un mayor peso de los propios prejuicios a la hora de hacer inferencias.

El tercer estudio fue similar al segundo y los resultados fueron idénticos. Por lo tanto, los resultados fueron replicados. Esta investigación muestra la utilidad de tener en cuenta también el porqué de las inferencias erróneas. Analizar los procesos subyacentes de las inferencias solo cuando estas son acertadas puede suponer una forma de limitar conocimiento valioso.

El impacto de los prejuicios sobre personas que no vemos pero que interaccionan con otras que sí vemos se puede tener en cuenta incluso a nivel personal. Con ser conscientes de que las inferencias sociales que hacemos pueden no ser muy fiables, a veces puede bastar.

Lo más destacable en cuanto al tema de la orientación sexual y también de las inferencias sociales en general es que podamos atribuir nuestros propios prejuicios a otros. Los sujetos del segundo estudio fueron capaces de detectar diferencias en el lenguaje no verbal de los targets (más o menos positivo), pero no el significado de las diferencias (más positivo-homosexualidad). Es decir, detectar diferencias comportamentales no asegura una interpretación correcta. Esta última se basa más en prejuicios personales que en inferencias acertadas.

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