Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Pointing to visible and invisible targets” de Flack, Naylor y Leavens. En este artículo se habla sobre cómo se dan indicaciones con la mano dependiendo de si el lugar al que se señala es visible o no en ese momento.

Los humanos utilizan una gran variedad de gestos deícticos que puede ir desde señalar con los labios, pasando por señalar con el índice o con la mano entera, ya que poseemos una gran cantidad de dispositivos gestuales para adjuntos paralingüísticos al discurso en curso. Para analizar como varían los gestos cuando se dan indicaciones para llegar a un lugar visible o no en ese momento se realizan dos experimentos.

En el primer experimento se reprodujeron dos condiciones, a la vista y fuera de la vista. En la condición a la vista se les preguntaba a los transeúntes cómo llegar a una ubicación local que estaba justo detrás del investigador. En la condición fuera de la vista era lo mismo pero la ubicación quedaba fuera del alcance de la vista en ese momento oculta por otros edificios. Para cada caso se registraron la orientación de la palma y el número de dedos extendidos de la mano con la que se apuntaba. Se reprodujo en tres localizaciones: en un campus universitario del sur de Inglaterra, en una gran ciudad y en una pequeña ciudad inglesas. El segundo experimento era similar, pero grabando el audio y el vídeo de manera oculta para que la observación fuera más natural y pidiendo el consentimiento a posteriori.

Para el primer experimento se utilizaron 605 participantes: 200 participantes en Brighton, 205 en Devries y 200 en el campus. En todos los casos, 100 eran para cada condición, siendo paritaria la división por sexos. Todos los sujetos eran adultos que se encontraban en las proximidades de la ubicación de destino. No hubo criterios de exclusión ni de participación y la composición racial aparentemente era representativa de cada comunidad, aunque no se hizo una recopilación sistemática de la misma. La ubicación del investigador era equidistante del objetivo en ambas condiciones y en ningún caso superó los 200 metros de separación.  Se preguntaba a los transeúntes por el lugar de destino y era el propio investigador quien hacía de interlocutor y observador apuntando en una hoja los gestos realizados.

En un principio se midieron cinco tipos de gestos: índice con la palma hacía abajo (el antebrazo pronaba, palma hacía abajo y dedo índice extendido), índice con la palma en vertical (antebrazo extendido en posición neutra, palma en vertical y dedo extendido), palma con la mano entera hacia arriba (la mano estaba completamente abierta y la palma supina), toda la mano oblicua (la mano estaba abierta en ángulo) y la mano en vertical (la palma de la mano abierta y en posición vertical). La confiabilidad para las cinco categorías fue pobre y se dividió en dos grupos: apuntar con el índice y apuntar con la mano entera.

Los resultados obtenidos fueron: se utilizaron entre uno y tres gestos para señalar, siendo la secuencia más larga en la condición fuera de la vista, la media fue de dos gestos mientras que en la condición a la vista fue de uno. El 97% de los participantes en la condición fuera de vista se acercaban y solo un 6% en la condición de a la vista lo hacían. En la condición fuera de la vista utilizaban puntos subsiguientes para indicar la ruta a seguir. En cuanto al tipo de gesto fueron más los gestos con la mano entera en la condición de fuera de la vista. Señalar con toda la mano se hizo más prominente en los repertorios gestuales de la muestra a medida que aumentaba su aparente necesidad de elaboración. El 27,3% de las personas que mostraron secuencias de dos gestos mostraron dos puntos con el dedo índice evitando usar toda la mano, pero la mayor parte de la gente al hacer dos secuencias de esto al menos en una utilizaban la mano entera (72,7%).

Por tanto, se encontró evidencia de que el contexto influye en la producción de gestos. Los adultos produjeron menos gestos cuando la ubicación del objetivo era visible que cuando no lo era. También, se puede decir que se realizan menos gestos con la mano entera cuando el objetivo es visible. Además, era más posible empezar utilizando solo el dedo y al necesitar más gestos para las indicaciones se incluiría la mano entera.

En el segundo experimento se utilizó el mismo procedimiento salvo que se usaron equipos ocultos para grabar audio y video para así confirmar los resultados obtenido en el primer experimento y ver su relación con el habla.

Se utilizó una muestra de 113 participantes (67 mujeres y 46 hombres) de un campus universitario del sur de Inglaterra, a los cuales se les preguntaba por la biblioteca del mismo. Las edades estaban comprendidas entre los 18 y los 67 años, siendo la edad media de 23 años. No hubo criterios de exclusión y la composición étnica fue representativa de la población universitaria, siendo altamente multinacional.

Se registró el número y el tipo de gesto, así como la mano utilizada para cada interacción. La división de los gestos fue igual que en el primer estudio: señalar con el dedo o señalar con la mano entera. El discurso se clasificó como: descripción de la ruta (“ir por este camino”, “girar a la izquierda”, etc.), puntos específicos de la ubicación (“allá”, “detrás de este edificio”, etc.), puntos de la ruta (“girar a la derecha donde están los chicos”, “ves la plaza”, etc.), una combinación de los anteriores y otros tipos de habla.

Cada participante produjo al menos un gesto manual. Se registró un total de 174 gestos, 35 fueron con la mano entera, 27 con el índice y 12 otros gestos. En los primeros gestos, el 91% fueron con el índice, el 4% con la mano y el 5% otros. En los segundos gestos, el 56% fue con la mano, el 33% con el índice y el 1% otros. En los terceros gestos un 44% fueron con la mano y un 56% con el índice.

Al igual que en el primer estudio la secuencia fue más larga en la condición de fuera de la vista, el 76% de los participantes realizaba un segundo gesto frente al 2% de los de la condición de a la vista. Además, el 29% realizó un tercer gesto en la condición fuera de la vista y nadie lo hizo en la de a la vista. También fue coincidente con el primer estudio que el señalar con el dedo fue más común en la condición a la vista. Además, en los segundos gestos fue más habitual señalar con la mano (44%) que con el dedo (34%).

En cuanto al habla, ocho de los 55 participantes de la condición de a la vista no acompañaron con habla los gestos. Todos los de la condición fuera de la vista hablaron al mismo tiempo que señalaban. Cuando el objetivo era visible no describían la ruta y cuando no lo era no era probable que verbalizaran la ubicación de la biblioteca con el primer gesto y adoptaron una gama más diversa de tácticas verbales en combinación con sus gestos.

En conclusión, en el segundo experimento los resultados fueron concordantes con los del primero siendo más largas las secuencias gestuales cuando la ubicación objetivo no era visible. Señalar con la mano entera era más común en la condición fuera de la vista. Además, se comprobó que cuando el objetivo estaba fuera de la vista se hablaba más que cuando se veía, y que la variedad del habla fue mayor. Aunque no se pudo asociar directamente un tipo de gesto y un tipo de habla.