Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Mes: julio 2019

¿Revelamos aspectos ocultos de nuestra personalidad cuando caminamos? Club de Lenguaje No Verbal.

 

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo Are we revealing hidden aspects of our Personality when we walk?” de Blaskovits y Bennell. En este artículo se habla sobre cómo algunos individuos pueden mostrar vulnerabilidad al andar y de cómo los observadores catalogan a esta persona como más sumisos respecto a los demás y su relación con una posible victimización.

Los rasgos de personalidad los deducimos de los comportamientos, que también sirven para evaluar el estado y la interacción del individuo. A partir de la comunicación no verbal se pueden hacer inferencias del estado de ánimo, la actitud, el rol interpersonal, la personalidad o la gravedad de una patología. Además, la comunicación no verbal inspira la acción en el observador (por ejemplo, acercarse o evitar a una persona).

La investigación indica que las señales de vulnerabilidad son muy importantes a la hora de la selección de una víctima en los delitos interpersonales (asalto, agresión sexual), ya que al ser personas vulnerables aumentan las posibilidades de que el agresor se fije en ellas. Dentro de estos comportamientos parece que destaca el modo de andar, que es un componente clave de la comunicación entre individuos y que los delincuentes lo tienen muy en cuenta.

Para profundizar más en estos conceptos se realizan dos experimentos. El propósito del primero de ellos era comprobar si la asociación entre historial de victimización y la “marcha de la víctima” podían explicarse por la personalidad. El patrón de la “marcha de la víctima” era zancada larga o corta, movimiento cambiante arriba y abajo, marcha gestual (el movimiento solo activa una parte del cuerpo), movimiento unilateral de piernas o brazos (movimiento anti-sincrónico) y movimientos de pies levantados. Se utilizó la visualización cinemática de puntos de luz ya que esta tecnología servía para los propósitos que se buscaba y a la vez evitaba que se tuvieran en cuenta otros factores como puede ser la apariencia o el atractivo. La hipótesis de partida era que las personas que habían sido previamente víctimas mostraran características vulnerables al andar. Además, se consideró que aquellos que presentarán características vulnerables en la marcha tendían una personalidad más sumisa y que los que hubieran sido víctimas de algún delito reportarían tener rasgos sumisos de personalidad.

Para comprobarlo se utilizó a 28 estudiantes, 18 eran mujeres y 10 hombres con edades comprendidas entre los 18 y los 32 años. El 71% eran caucásicos, el 12’9% asiáticos, el 6’5% africanos y 3’2% aborígenes canadienses. El 57’1% de la muestra había sido víctima de un delito violento o sexual. El 42’9% no tenía victimización previa y fue establecido como grupo control. Se le grabó en el laboratorio de captura de movimiento de la Universidad de Carleton. Además del vídeo cada participante completó una encuesta demográfica, el Cuestionario de Historia de Victimización y el IAS-R de personalidad. Dos evaluadores codificaron los movimientos de los sujetos con los vídeos de puntos de luz. No conocían el historial de victimización de la muestra. El código de movimiento se adoptó de Ritchie (2014). El acuerdo entre los jueces fue alto para todas las categorías.

El 53’5% de los participantes tuvieron una puntuación de vulnerabilidad total baja y el 46’4% alta. No hubo diferencias significativas entre hombres y mujeres. Se encontró que el patrón de marcha y el historial de victimización se correlacionaban significativamente. Es decir, las personas que habían sido victimizadas eran significativamente más propensas a exhibir características vulnerables en su modo de andar. A través del test de personalidad se comprobó que aquellas personas con más características vulnerables en su marcha informaban de tener rasgos de personalidad más dominantes. No se encontró ninguna correlación entre el historial de victimización y la personalidad. Aquellas personas que habían sido víctimas de un delito violento o sexual recibieron puntuaciones más altas en la vulnerabilidad de la marcha. Parece que los individuos con un historial de victimización tienen personalidades más dominantes que aquellos que no han sufrido victimización.

En resumen, en este primer experimento se encontró que las personas con un historial de victimización tenían más posibilidades de mostrar señales de marcha vulnerable y que los que presentan características más vulnerables tenían rasgos de una personalidad más dominantes. Sin embargo, no se puede asociar la dominación y el historial de victimización con la vulnerabilidad al andar. Estos dos la predecían, pero de manera individual.

En el segundo experimento se utilizaron los vídeos grabados de los puntos de luz para investigar hasta que punto la marcha es un indicador confiable de vulnerabilidad de la víctima. La hipótesis era que los observadores se pondrían de acuerdo sobre que personas tendría más posibilidades de convertirse en víctima. Para llevarlo a cabo se contó con una muestra de 129 canadienses mayores de 18 años. El 55’3% eran mujeres y el 44’7% hombres, con una edad media de 46 años. El 90’6% eran caucásicos, el 5’5% asiático, el 0’8% africanos, el 0’8% aborígenes. Se les pidió que contestaran un cuestionario online de dos partes, la primera era un cuestionario demográfico y la segunda el Cuestionario de Ranking de Vulnerabilidad de la Víctima que consistía en 28 ítems puntuados del 1 al 10 sobre la vulnerabilidad que mostraba al andar la persona. Había preguntas relativas a la independencia, la explotabilidad o la capacidad del objetivo. También había preguntas relativas a la dominación y a la sumisión percibida. Cada participante visualizaba 14 vídeos de diez segundos de duración y después de cada uno tenían que completar el cuestionario correspondiente.

Los resultados mostraron que si bien los observadores pueden no estar de acuerdo sobre qué caminantes son más vulnerables a la victimización violenta. Los observadores también acordaron una posible tendencia hacía que individuos eran objetivos más fáciles en general y cuales más vulnerables a la victimización sexual. En relación a la personalidad estaba de acuerdo en cuanto a la autoconfianza, pero no en lo relativo a la asertividad, timidez o la agresividad. Los observadores fueron preciso en un 64% para recibir la victimización violenta y en 54% para los sexuales.

Los observadores coincidieron entre sí en cuanto a que caminantes eran más vulnerables a la experiencia de victimización sexual, así como a los que parecían ser “objetivos más fáciles”. Sin embargo, no estuvieron de acuerdo en qué caminantes eran más vulnerables a experimentar una victimización violenta. No queda claro porque ocurre esto, quizás sea porque se manejan gestos diferentes para adivinar la idoneidad para ser víctima de un delito violento que para uno sexual. También puede deberse al tamaño de la muestra y quizás con una mayor sí que se podrán conseguir. Además, alguna de las personas de los vídeos habían sido víctima tanto de delito violento como sexual. Los observadores también estuvieran de acuerdo en que caminante estaban más seguros de sí mismos, pero no en los que eran más asertivos y sumisos. También hay que tener en cuenta que, aunque se intentó que el andar fuera lo más natural posible, puede ser que las personas lo modificaran al sentirse observados por las cámaras.

En conclusión, los individuos que exhibían pasos largos o cortos, un movimiento lateral o diagonal, con cambios hacía arriba y hacía abajo, una marcha gestual, movimientos unilaterales de manos y pies y movimientos con el pie levantado tienden a ser percibidos como lo más vulnerables a experimentar una futura victimización. Las personas que habían sido víctimas en el pasado tenían más posibilidades de exhibir entre características al andar. La sumisión como rasgo de personalidad no se relacionó con la marcha ni con la victimización previa y no puede explicar a relación entre el historial de victimización y que presente señales vulnerables al andar. Sorprendentemente se observaron una asociación significativa entre el dominio y la vulnerabilidad en la marcha. Además, se concluyó que los observadores no pudieron detectar ningún rasgo de personalidad de los caminantes.

Patrones no verbales en niños durante entrevistas de investigación. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Patterns of nonverbal rapport behaviors across time in investigative interviews with children” de Johnston, Brubache, Powell y Fuller. En este artículo evalúan si las conductas no verbales de los niños (expresividad, atención y coordinación) estaban relacionadas con las de los entrevistadores en función de la condición de la propia entrevista.

El objetivo del presente estudio era determinar si los componentes no verbales de los niños cambian a lo largo de la entrevista y si estos cambios pueden explicarse por los cambios en el examinador.

Se utilizó a 123 niños de cuatro escuelas de primaria de una ciudad australiana. La edad media de los niños era de siete años.  El experimento se desarrolló de la siguiente manera: los niños participaban por parejas en un evento científico con Mr. Science. Previamente un asistente de la investigación les informaba de las normas: no podía tocarse entre ellos ni a Mr. Science para evitar el contagio de gérmenes y no podían coger los artículos que estaban debajo de una sábana.  Los niños realizaban actividades educativas sobre la transmisión de los gérmenes y cómo evitarlo mientras Mr. Science proponía a los mismos cometer transgresiones de las reglas que iban subiendo en intensidad: buscar una caja secreta (estaba debajo de la sábana prohibida), jugar con una barra que había dentro de la caja, tomarse de la mano con él o con el otro niño, encender la barra y hacer ruidos con ella y lavarse las manos para eliminar los gérmenes. Todos los niños participaron pasivamente en el quebrantamiento de las normas y al final el asistente de investigación les dijo que no contaran a nadie de la universidad que habían infringido las reglas.

Después de tres o cuatro días fueron entrevistados para que contaran todo lo que recordaban del experimento. Los entrevistadores eran alumnos graduados en psicología y habían sido entrenados en entrevista semiestructurada basada en el Protocolo de Entrevista del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano. El protocolo de entrevista tenía dos partes. La primera fase fue la pre – substantiva donde el entrevistador se presentaba, explicaba las reglas básicas de la misma (entre ellas no mentir) y establecer la relación con el niño. La segunda fase era la substantiva que empezaba con una invitación a que hablará del día del experimento para ir haciendo indicaciones sobre que continuará más sobre el mismo tema y señalar que se centrará en algún detalle concreto.

Se dieron dos condiciones diferentes en cuanto al tipo de entrevista, podía ser de apoyo o neutral. Los niños fueron elegidos para uno u otro tipo de manera pseudoaleatoria, intentando equilibrar sexo y edad en ambas condiciones. En cuando a la condición de apoyo en las conductas verbales desarrolladas durante la misma se les pidió que se dirigieran al niño por su nombre y que proporcionaran un refuerzo positivo por el esfuerzo. En cuanto a las condiciones no verbales tenían que inclinarse hacía delante, mantener el contacto visual apropiado, sonreír y asentir. En la condición neutral se adoptó un enfoque más de tipo empresarial y se les pidió que no realizarán ninguna de las conductas mencionadas en la otra condición. Todas las entrevistas fueron grabadas en video.

Posteriormente se realiza una serie de cortes de 20 segundos de cada entrevista para codificar indicaciones de comportamiento no verbal. Los cortes fueron del comienzo y el final de la fase de construcción del rapport, del punto medio de la explicación de las normas y de los puntos inicial, medio y final de la fase substantiva, ya que se consideran como puntos clave en toda entrevista.

Dos asistentes de investigación que no conocían la finalidad de la misma codificaron el comportamiento no verbal de los videos con el audio silenciado. Se codificaron tres indicaciones de comportamiento de forma independiente: expresividad, atención y coordinación.

La expresividad era el grado en que expresaban la positividad entre sí, caracterizado por sonreír, inclinar la cabeza, inclinarse hacía delante, el afecto y el gesto facial o con la mano como manifestación óptima de la misma. La atención es el grado en que los participantes se enfocan en unos y otros y demuestran el compromiso y el interés interpersonal. El nivel óptimo se muestra a través del contacto visual adecuado, la proximidad y la orientación corporal de los participantes. En cuanto a la coordinación es el nivel de sincronicidad y armonía en los comportamientos no verbales de cada miembro de la diada. El nivel óptimo está representado por un mimetismo postural no consciente, movimientos sincronizados y posturas coordinadas.

Primero se realizaron modelos nulos con intercepciones aleatorias para evaluar la variabilidad de los comportamientos no verbales identificados con la expresividad, la atención y la coordinación infantil. En un segundo paso se modeló la forma de relación entre el tiempo y los comportamientos.  Por último, se ingresaron variables de predictor adicionales (expresiones del entrevistador y componentes del comportamiento verbal del mismo).

Los resultados muestran que no hubo un efecto principal de tiempo en la atención infantil, pero se observó una variación significativa entre individuos entre la relación del tiempo y la atención del niño cuando se permitía que la relación variara. Por tanto, el efecto fijo no significativo para la relación atención – niño no es representativo de todos los individuos en el conjunto de datos. Cuando el entrevistador obtuvo puntuaciones óptimas en los puntos de tiempo para la expresividad y la atención, la atención de los niños se acercó a nivel óptimo. Los niños entrevistados en la condición de apoyo mostraron puntuaciones más bajas en atención que aquellos entrevistados en la condición neutral. Ninguna característica del entrevistador moderó la atención infantil durante la entrevista.

Se observó una relación entre el tiempo y la coordinación infantil, una vez se permitió que la relación variará. Cuando el entrevistador se acercó a niveles óptimos de atención, la coordinación de los niños se acercó a niveles subóptimos en el punto final de la entrevista. Cuando el entrevistador obtuvo puntuaciones más altas que el promedio, las puntuaciones de coordinación infantil disminuye con el tiempo y viceversa.

En lo relativo a la expresividad muestra que los comportamientos del entrevistador modelan la expresividad del niño. Cuando los entrevistadores tenían puntos de expresividad altos los niños tendían a tener puntuaciones más altas en la condición de apoyo. Los niños entrevistados en la condición de apoyo tenían niveles iguales a aquellos de la condición neutral al inicio de la entrevista, pero a lo largo de la misma cambiaba. Esto se debía seguramente al proceso mismo de la entrevista. Cuando los entrevistadores tuvieron puntuaciones más altas para la atención la expresividad de los niños presentó mayores niveles.

En conclusión, se probó que la forma funcional del comportamiento no verbal de los niños a lo largo de la entrevista está representada por una trayectoria de crecimiento lineal. Esto muestra que el comportamiento no verbal de los niños fluctúa de manera variable para cada uno de los correlatos de comportamiento no verbal. Las conductas no verbales del entrevistador y la condición de apoyo de la entrevista explican algunas de estas variables. Además, se descubrió que los comportamientos de apoyo del experimentador explícitamente manipulados redujeron el comportamiento no verbal deseado en los niños, mientras que los más naturales aumentaron el compromiso de los niños. Esto puede significar que cuando los entrevistadores fuerzan los comportamientos no actúan de manera natural y tiene el impacto opuesto al esperado en el niño.