Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Mes: abril 2019

Competitividad y estrategias de seducción no verbal en adolescentes de Curazao. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Intrasexual competitiveness and non – verbal seduction strategies to attract males: a study among teenage girls from Curaçao” de Van Brummen y Buunk. En este artículo se hablan de la competitividad intrasexual y las estrategias de seducción no verbal que llevan a cabo los adolescentes de Curazao.

Hay bastantes estudios previos que indican como las mujeres modifican su atuendo (ropa, complementos, peinados o maquillaje) en función de sus intenciones de cortejo. En el presente estudio se añadió una variable más, la ausencia o presencia durante su infancia de la figura paterna y como influía en la competitividad que tenían con el resto de mujeres y en qué estrategias no verbales de seducción ponían en marcha con los hombres.

En Curazao el 40% de la población se cría en hogares donde el padre no está presente. Esta ausencia paterna, en concreto en algunos momentos de la vida, puede llevar aparejado unas determinadas consecuencias para las niñas, entre las que destacan la búsqueda de atención masculina.  Estudios anteriores mencionaban que aquellas niñas que fueron abandonadas antes de los cinco años buscaban una mayor atención por parte de hombres adultos en comparación con aquellas a las que había abandonado a una edad más tardía. También se demostró que aquellas abandonadas de más pequeñas tenían una tendencia mayor a comenzar a tener relaciones sexuales a una edad más temprana y no estaban tan interesadas en casarse y tener descendencia que aquellas que tenían un padre presente o fueron abandonadas a edad más avanzada.

La hipótesis de este estudio es que aquellas niñas que no tengan padre estarán más interesadas en atraer a los hombres a una edad más temprana, en especial para mantener una relación sexual esporádica. Por ello, será más competitivas con el resto de mujeres y pondrán en marcha un mayor número de estrategias no verbales de seducción.

La competitividad intrasexual se medirá con la escala de Buunk y Fisher que evalúa, entre otras cosas: el deseo de derrotar a otra mujer en vez de mejorar su propio rendimiento, el deseo de verse a sí misma mejor que el resto, los sentimientos de envidia y frustración que experimentan cuando otra chica recibe la atención masculina o la envidia que sienten si otra chica tiene un coche o una casa más bonitos.

Para comprobar dicha hipótesis, primeramente, se realizó un estudio piloto en el que varios observadores acudieron a un lugar de ocio donde se reunían los adolescentes después de la jornada lectiva para evaluar sus relaciones. De sus observaciones extrajeron cuarenta comportamientos no verbales relacionados con la seducción.

Después de descubrir estas conductas en el estudio piloto, se pasó a realizar otro donde poder clasificar dichas conductas de seducción no verbal en estrategias de seducción no verbales. Para ello se utilizó una muestra de 105 adolescentes con una edad media de 16 años. Para llevar a cabo el estudio se observó a las chicas y después se les abordó para obtener sus datos sociodemográficos como edad, lugar de nacimiento, nivel educativo y la ausencia/presencia del padre.

Después se analizaron las conductas observadas a través de un análisis factorial. De esos resultados se dividieron las conductas en nueve estrategias diferentes. La primera de ellas estaba formada por los comportamientos de coqueteo directo donde incluyen conductas como: “reaccionar de manera constante al coqueteo de los hombres”, “reírse constantemente”, “presumir de tener un iPhone o una BlackBerry” o “contonear exageradamente las caderas al andar”. La segunda estrategia era la llamada comportamiento del pavo real que contaba con conductas como: “usar lápiz labial” o “uso de joyas brillantes y coloridas”. La tercera estrategia era el comportamiento inquieto y activo que consistía en: “hablar en voz alta”, “reír a carcajadas”, “mirar para ver si la observan”, entre otros. La cuarta estrategia se llamó dulce tentación donde destacaban conductas como: “usar ropa sintética”, “usar tacones altos” o “comer gominolas”. La quinta estrategia se denominó peinados con ondas y maquillaje, donde destaca el uso de peinados con ondas para dar mayor volumen al pelo, el uso de una gran cantidad de maquillaje fácil o el uso excesivo de brillo de labios. La sexta estrategia era el uso de joyas y accesorios donde se analizaba el uso de gafas de sol o de numerosas pulseras. La séptima estrategia era “lollypop” donde se hacía referencia a ir comiendo chupa – chups, pero también, a usar recogedores de pelo con la misma forma. La octava estrategia era la relacionada con el cuidado de las uñas y la novena la relacionada con el uso de ropa sexy. La confiabilidad de todas las estrategias fue buena a excepción de la novena que fue excluida del estudio posterior.

En el estudio dos se examinó la relación entre la presencia/ausencia del padre y la competitividad intrasexual que presentaban, así como el uso de las estrategias de seducción que usaban. Se obtuvo una nueva muestra de 123 chicas con una edad media de 18 años, dividiéndolas en dos grupos: aquellas que habían crecido con un padre (76) y aquellas que fueron abandonadas por el mismo antes de los 14 años (47).

Para desarrollarlo se utilizaron las ocho estrategias establecidas en el estudio uno y se examinó los resultados en función de la ausencia/presencia del padre. También se analizaron las variables de color de piel, figura corporal y tipo de cabello. Además, se utilizaron los datos extraídos de la Escala de Competitividad Intrasexual de Buunk y Fisher.

La ausencia/presencia del padre no mostró diferencias en lo relacionado con nivel educativo, percepción de la seguridad de su vecindario, color de piel, figura corporal o tipo de cabello. Por el contrario, las niñas con padres ausentes mostraron mayores niveles de competitividad intrasexual que aquellas que habían crecido con un padre presente. En esta línea, también estuvieron los resultados relacionados con las estrategias no verbales de seducción. Las niñas ausentes de padre tenían índices más altos que las de padre presentes. Es decir, las niñas ausentes de padre usaban más a menudo peinados con ondas, maquillaje facial, joyas, accesorios, tenían unas uñas más cuidadas, mostraban más coqueteo directo y un comportamiento más activo, inquieto y de pavo real en presencia de chicos que las niñas con un padre presente.

También se obtuvieron correlaciones más altas entre las diferentes estrategias analizadas y una mayor competitividad intrasexual a excepción de la estrategia “lollypop”. Además, se estableció que la competitividad intrasexual funciona como un mediador entre la ausencia de padre y las estrategias de seducción no verbal analizadas.

Por tanto, estos resultados se pueden relacionar con los estudios previos que afirmaban que las niñas con un padre ausente comenzaban a mantener relaciones sexuales a edades más tempranas y estaban menos interesadas en mantener relaciones estables y tener descendencia, ya que este estilo de vida se veía favorecido con el mayor empleo de estrategias de seducción y una mayor competitividad intrasexual, ya que esto serviría para mostrarse más disponibles sexualmente.

Rendimiento del candidato y respuesta observable en la audiencia. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Candidate Performance and Observable Audience Response: Laughter and Applause – Cheering during the first 2016 Clinton – Trump Presidential Debate” de Stewart, Eubanks, Dye, Gong, Bucy, Wicks y Eidelman. En este artículo se analizan las respuestas del público y su influencia sobre la simpatía que tienen a los candidatos.

En este artículo se estudia la Respuesta Observable de la Audiencia (OAR) y la influencia que esta tienen en la evaluación de los candidatos presidenciales durante un debate. Para realizar los estudios se utilizó los métodos de observación propios de la etología humana. El material de estudio es el primer debate de las elecciones generales entre Donald Trump y Hillary Clinton. Este debate tuvo lugar el 26 de septiembre de 2016. Fue moderado por Lester Holt de la NBC News y duró noventa minutos. Algunos de los temas a tratar fueron: el empleo, las relaciones raciales y la posibilidad de ciberataques.  Tuvo 84 millones de espectadores, siendo el debate más visto de la historia de EE.UU.

En el primer estudio se analizó las OAR del público presente en el plató de televisión. Se catalogaron en: risas, aplausos, abucheos y mixtas. También se estudió su duración y fuerza y cual era el candidato que las provocaba.

Primeramente, se analizó que Trump tuvo cinco minutos más par hablar (47 minutos) que Clinton (42 minutos). Trump tuvo 80 turnos de palabra y Clinton 43. Lester Holt, el moderador, utilizó 10 minutos y 91 turnos de habla. El tiempo total de habla fue de 98 minutos y 214 turnos de palabra, lo que hace ver que existió una alta tasa de superposición en las intervenciones durante el debate.

Se encontró 34 OAR durante el debate, que duraron un total de 102,72 segundos, con un promedio de duración de tres segundos cada uno. Se repartieron de la siguiente manera: 21 risas, nueve aplausos, dos abucheos y dos mixtas (aplauso y risa; aplauso y abucheo).

Estos resultados nos indican que en lo relativo al contagio social la risa fue más confiable debido a la ausencia relativa de control sobre ella. Pero lo que distingue el debate es la OAR relativas a la participación voluntaria (aplausos, abucheos y mezcla). El punto diferenciador de este debate estuvo en que no siguió las normas de educación habituales. Trump interrumpió en repetidas ocasiones y usó una retórica que provocaba risas lo cual haría que la audiencia se replanteará su comportamiento colectivo. Esto provocó que los ataques de Clinton a Trump hicieran que sus seguidores tuvieran una respuesta defensiva. También quedó patente la falta de control del moderador sobre la audiencia a través de las risas.

La habilidad para provocar OAR por parte de los candidatos fue similar, pero hay algunas diferencias. Ambos consiguieron cuatro aplausos cada uno de la audiencia. Además, Trump elicitó cinco más a través de sus ataques de risa. También provocó más abucheos.

El segundo estudio se centró en analizar cómo afecta no sólo las reacciones de los candidatos sino también del público presente durante el debate en la audiencia que lo veía a través de la televisión. Para ello se utilizó una muestra de 341 estudiantes universitarios, compuesto por un 64% de mujeres y un 36% de hombres con una edad media de 19 años. El 83% eran caucásicos, el 6% afroamericanos, el 3% asiáticos y un 1% nativos americanos. De ellos el 77% dijo ser votantes registrados. El 50,1% se identificó con el partido republicano, el 27,6% con el partido demócrata y un 22% se declaró independiente. Se les dividió en siete grupos. Cada grupo vería el debate a través de una cadena de televisión diferente (ABC, Fox News, MSNBC/NBC, CNN, NPR, CBS y C-SPAN) en grupos de entre 42 a 57 participantes.

Se utilizó observadores para identificar las risas, los aplausos, los abucheos y las demás reacciones entre la audiencia del debate. Se pudieron identificar 113 OAR única. En este estudio se centraron en analizar solamente aquellas OAR que encajaran con las que también había presentado el público del plató, para analizar las respuestas compartidas a los candidatos y el contagio social de las reacciones.

Claramente se encontró un patrón de acuerdo: se verificaron un total de 321 reacciones correlacionadas con las respuestas del candidato. Un 79,4% fueron risas, solo diez fueron distinguibles como aplausos (8) y abucheos (2).  En base a estos resultados se puede ver que la risa predomina, pero también hay que tener en cuenta que es la OAR más fácil de identificar. Fue habitual que los tres observadores que había en cada sala estuvieran de acuerdo respecto a la risa no siendo igual con el resto de OAR. La percepción por parte de los observadores pudo estar influenciada por factores como la posición en la que se encontraban.

A pesar de lo anteriormente comentado hay una clara evidencia de que la risa estuvo más presente. Se presentó una relación moderadamente fuerte entre el tipo de OAR del público y el de la audiencia. La risa es más automática y estereotipada que el resto de respuestas presentes. Hay que tener en cuenta que esta es más probable en audiencias jóvenes como las que se utilizaron para este estudio. Además, los jóvenes son más propensos a imitar al resto, especialmente si los consideran miembros de su grupo implícito.

Por último, se realizó un tercer estudio en el cual se investigó la influencia que tendría en las OAR si el candidato les gustaba o no a la audiencia. Para ello se obtuvo una muestra de 34 participantes de una comunidad del oeste de Texas. De ellos 14 eran republicanos, 11 independientes y nueve demócratas. El rango de edad fue de los 18 a los 73 años siendo un 54,3% de hombres y un 45,7% mujeres.

Para evaluar al candidato se utilizó la respuesta de los participantes momento a momento (MTM) a través de diales de respuesta. Al ver el debate, los participantes utilizarían su dial para indicar que estaba de acuerdo con “me gusta el candidato que esta hablando” con opciones de respuesta que iban del 0 al 100. Se tuvieron en cuenta las 21 OAR de risas y 9 de aplausos del Estudio 1.

Los resultados muestran que el aplauso del público provocó una respuesta MTM más positiva que la risa, aunque esta diferencia no fue estadísticamente significativa. Esto puede interpretarse como que la risa no está asociada con la evaluación del candidato, a pesar de que el contexto puede ser diferente cuando existe un fuerte sentimiento hacía uno de los candidatos. La respuesta de los independientes no difería significativamente de la de los republicanos o demócratas. Por el contrario, la de estos dos grupos entre ellos sí que fue mayor. Por ejemplo, cuando el público aplaudía a Clinton, los demócratas e independientes tenían más reacciones positivas, mientras que los republicanos tuvieron más negativas. En cambio, cuando los aplausos fueron para Trump no hubo esta diferencia. Las risas independientemente del candidato tampoco provocaron diferencias en las reacciones. Finalmente se concluyó que la afiliación política no tenía relevancia significativa.

En conclusión, se puede decir que existe una relación moderadamente sólida entre las OAR del público del debate y la de las personas que lo veían por televisión. Principalmente, se destacó en esta relación la risa, seguida del aplauso y, por último, las demás reacciones estudiadas. Parece que los aplausos provocados por Trump pudieron ser más importantes que los provocados por Clinton, ya que la simpatía que presentó Trump se vio afectada positivamente por los aplausos generados. También hay que destacar la influencia negativa que tuvo el poco control ejercido por el moderador del debate sobre la audiencia del mismo.

La Teoría Básica de la Emoción en el siglo XXI. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “What basic emotion Theory really says for the twenty First century study of emotion” de Keltner, Tracy, Sauter y Cowen. En este artículo se comentan las críticas recibidas a dicha teoría y los avances que se han producido en los últimos tiempos.

La emoción es un estado breve que surge por la evaluación de eventos interpersonales o intrapersonales. Presenta antecedentes, señalizaciones, fisiología y tendencia de acción y evaluación que demuestran cierta coherencia. Además, se observan de forma relacionada en nuestros parientes primates. Esta ha sido la definición utilizada para la investigación sobre la regulación de emociones, los patrones de emoción en el cerebro, las influencias específicas de la emoción sobre la cognición y las respuestas fisiológicas periféricas relacionadas con las emociones.

La Teoría Básica de la Emoción (BET) proporciona un marco generativo que guía el estudio de diferentes facetas de la emoción. Además, ofrece criterios empíricos abiertos para incursionar en cualquier estado que un ser humano pueda vivir en las diferentes tradiciones culturales.  La BET ha inspirado nuevos enfoques de estudio como el de los primates (por ejemplo: el tacto puede ser una señal de gratitud) o cómo las emociones influyen en el juicio y la toma de decisiones o los nuevos enfoques para estudiar la universalidad de la sensación físicas relacionada con las emociones.

Las experiencias emocionales son complejas, e involucran procesos subconscientes, representaciones de las sensaciones corporales, interpretación del contexto social, asociaciones, memoria y conocimiento semántico. Debido a esta complejidad la técnica utilizada para su estudio ha sido el autoinforme, que obviamente tiene sus limitaciones, pero es la opción más simple ya que hay una ligazón innegable entre las emociones y los sentimientos de las personas. A pesar de las limitaciones que puede tener esto no invalida, como afirman los críticos, el estudio empírico de la emoción a través del mismo, ya que facilita información sobre el estado interno de las personas.

Por otro lado, se ha criticado la taxonomía de las emociones donde se ha llegado a descubrir hasta 20 estados diferentes. Justamente la crítica indica que no se pueden comparar estos estados con las seis emociones básicas descritas por Ekman. Los nuevos descubrimientos son signos inigualables de la idoneidad de la teoría que permite ir generando nuevos conocimientos. En los últimos tiempos, los investigadores de la teoría BET se han centrado especialmente en las funciones sociales de las emociones que parten de dos supuestos básicos. El primero de ellos es que las emociones nos permiten enfrentar los desafíos y oportunidades que definen aquellas relaciones que son críticas para nuestra vida. Ejemplos de ello son: las investigaciones relacionadas con la jerarquía humana y no humana; el análisis teórico de la vergüenza, el orgullo, la culpa y la envidia o el estudio de las emociones que permiten los apegos interpersonales de diferentes tipos. El segundo supuesto es que las emociones cumplen tres funciones importantes dentro de las interacciones sociales: proporcionar información a los demás, sirven de incentivo para el comportamiento social y evocan respuestas específicas en los observadores.

La investigación de la expresión emocional también se ha desarrollado y ha establecido que es posible que cada emoción puede expresarse de varias maneras. Ya Ekman en 1992 adelantó que la ira podría expresarse de 60 formas diferentes. Desde ese momento los diferentes estudios han documentado variantes de risa, orgullo, vergüenza, amor, deseo y contacto táctil relacionado con las más de veinte emociones.

El conocimiento que poseemos sobre los procesos de atribución de significado a la expresión emocional también ha aumentado. Ahora sabemos que estas comunican: el sentimiento actual, lo que esta sucediendo en el contexto presente, las intenciones o tendencias de acción, las reacciones deseadas en otros y las características de la relación social. Cualquier expresión emocional puede comunicar alguna o todas las informaciones ante mencionadas ya que los conceptos emocionales en sí mismos implican secuencias de causa, sensaciones, cursos de acción, reacciones anticipadas y normas culturales.

Las críticas a la BET suelen centrarse solamente en si las personas relacionan las palabras emocionales con las expresiones faciales prototípicas de la emoción, lo que hace que se produzcan varios errores inferenciales. Hay que tener en cuenta que las palabras en sí mismas son intrínsicamente ambiguas y no logran abarcar toda la estructura conceptual en que basan las personas sus experiencias emocionales.

Como ya se ha mencionado la BET plantea que las personas pueden expresar una emoción de diferentes maneras. Incluso ya se ha estudiado la compatibilidad con los múltiples tipos de variabilidad en la respuesta relacionada con las emociones y su significado contextual, conceptual e interactivo para los observadores. También hay estudios que indican que el significado de la expresión facial puede verse modificado por otros canales que se presentan de manera simultánea como puede ser la postura o el gesto.

Se ha criticado mucho la universalidad de las emociones. Es cierto que varias expresiones emocionales no verbales no están respaldadas por pruebas de universalidad intercultural, pero en esos casos los investigadores han concluido que esa expresión concreta no es generalizable a todas las culturas. La BET reconoce que la evidencia de similitud entre culturas puede explicarse por procesos culturales comunes a todo el mundo, que hoy es más probable gracias a la posibilidad de compartir por internet.

En lo referente a sí la expresión está conformada por la propia evolución o se construye culturalmente. Los nuevos métodos empíricos y estadísticos nos ayudan en el avance de la investigación emocional, especialmente en lo relativo a la cultura. Los miembros de una cultura desarrollan dialectos específicos en los que expresan emociones en formas que solamente son reconocidas por los miembros de dicha cultura. Un estudio reciente afirma que el 50% de los comportamientos multimodales específicos de una determinada expresión emocional se comparten entre culturas, dejando otro 50% al dialecto propio de esa cultura específica. Otros estudios afirman que ciertas expresiones vocales emocionales como la risa, son más universales que otras, como la ira. La universalidad de las emociones puede variar dependiendo de la modalidad estudiada.

Percepción del sexo del hablante a través de vocalizaciones volitivas y espontáneas. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Speaker sex perception from spontaneous and volitional nonverbal vocalizations” de Lavan, Domone, Fisher, Kenigzstein, Kerttu y McGettigan. En este artículo se habla sobre cómo a través de dos experimentos analizaron si era posible adivinar el sexo de una persona simplemente escuchando vocalizaciones como la risa o el llanto.

Las personas somos capaces de distinguir el sexo de los hablantes rápidamente, con menos de dos ciclos glóticos. Lo que nos permite realizar esta diferenciación son las características anatómicas diversas que tienen los dos sexos en su laringe y en sus cuerdas vocales. Los hombres tienen las cuerdas vocales más largas y gruesas que las mujeres y unas vías vocales más largas. Estas diferencias hacen que las voces de los dos sexos sean diferentes. En el presente estudio lo que se busca es comprobar si las personas somos capaces de distinguir el sexo del hablante solo con una vocalización emocional y comprobar si afecta a la precisión la naturaleza, espontánea o volitiva, de la misma.

El primer experimento tuvo 44 participantes de los cuales 24 eran mujeres y 20 hombres con una edad media de 21 años. Para la realización del experimento se grabaron en una cámara anecoica risas, llantos y registros vocales de 5 oradores (tres hombres y dos mujeres con edades comprendidas entre los 23 y los 46 años). Para generar la risa les pusieron vídeos divertidos y para el llanto se les pedía que recordasen algún evento triste. También grabaron series vocálicas cortas. Se realizó un estudio piloto para clasificar la risa y el llanto espontáneo y el volitivo. Con los resultados del estudio piloto se escogieron 25 estímulos de cada tipo, cinco por orador.

Los participantes se sentaban frente al ordenador y se les presentaban 75 estímulos a través de unos auriculares. En la pantalla tenían una cruz que después de escuchar cada estímulo se convertía en un mensaje donde debían elegir si era un hombre o una mujer el que había producido el estímulo. Tenían la instrucción de contestar lo más rápido que pudieran, siendo el tiempo máximo para cada uno de 2,5 segundos.

El fin era evaluar si la vocalización emocional con un control volitivo reducido afectaba a la percepción del sexo del hablante. Como resultado se obtuvo que el rendimiento se vio afectado por las vocalizaciones masculinas espontáneas (llanto y risas) frente a las vocales. En el caso de las mujeres no fue tan aparente. El tiempo de reacción también fue superior en las vocalizaciones emocionales masculinas que en las vocales. Esto indica que es más complicado adivinar el sexo de una persona a través de las vocalizaciones espontáneas.

Las dificultades que se presentan con las vocalizaciones espontáneas se producen porque este tipo de vocalización hace que se sobrescriban o sean menos evidentes las propiedades acústicas que ayudan a codificar el sexo del hablante. Investigaciones previas habían demostrado que las medidas de la Frecuencia Fundamental (F0) y las de los formantes son muy relevantes para la identificación de sexo; pero en el caso de la risa y el llanto espontáneo están menos marcadas. Esto llega hasta el punto de que la F0 en la risa o el llanto espontáneo masculino puede llegar a sobrepasar los niveles asociados a las vocalizaciones durante el habla femeninas. Lo que hace que sea más probable decir que una risa o un llanto es femenino cuando en verdad corresponden a un hombre.

El rendimiento de las risas fue menor que el del llanto. Las risas fueron significativamente más altas en la excitación percibida que en los llantos. A pesar de las pequeñas diferencias presentadas la mayoría de vocalizaciones fueron clasificadas correctamente. Se obtuvo un 70% de precisión media, llegando al 100% en algunos casos. Por tanto, se puede concluir que es una medida robusta. Queda por determinar si los cambios en el rendimiento se deben a diferencias en el grado de control volitivo sobre la producción de voz, en el tipo de vocalización o en la percepción de la excitación.

En lo relativo al segundo experimento que realizaron, se utilizó una muestra de 43 participantes, siendo 39 mujeres y cuatro hombres con una edad media de 19 años. El material que se utilizó fueron las risas grabadas para el primer experimento más otras risas que tenían que hacer conscientemente sin provocar en los oradores ningún estado de ánimo concreto, con un total control volitivo. El procedimiento fue similar al primer experimento, cada participante fue expuesto a 75 estímulos, 25 por cada tipo (vocales, risas volitivas, risas espontáneas), en un orden aleatorio.

Los resultados confirmaron que la interacción entre el tipo de vocalización y el sexo de hablante fue significativa. La precisión fue bastante menor para la risa espontánea que para la volitiva y las vocalizaciones para los oradores masculinos. También se obtuvieron puntuaciones diferentes entre las vocalizaciones y las risas volitivas. En relación a los oradores femeninos la predicción con un nivel más alto fue para las risas volitivas, mientras que para las risas espontáneas y para las vocalizaciones se obtuvieron los mismos niveles. Además, se encontró que los tiempos de reacción fueron similares para las vocalizaciones como para las risas volitivas, mientras que para las risas espontáneas fueron un poco más largos para todos los oradores.

Se encontró, también, una relación entre la F0 y la precisión del reconocimiento del sexo del hablante. Los oyentes fueron más propensos a juzgar las vocalizaciones como producidas por una mujer cuando aumentaba la FO siendo más pronunciado en las vocalizaciones de los hombres.

En conclusión, para los oradores masculinos la precisión fue menor para las risas espontáneas que para las volitivas con diferentes grados dependiendo del tipo de vocalización. Estos resultados están en línea con otros estudios recientes. Además, se encontró una relación entre la F0 y la percepción del sexo, las vocalizaciones con una F0 más alta, aunque fueran producidas por hombres se percibían como realizadas por mujeres, en sentido contrario también ocurría aunque en menor medida.