Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Mes: marzo 2019

Factores que afectan a la interpretación del comportamiento no verbal en las clases a los alumnos de EFL. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “What factor affect learner’s ability to interpret Nonverbal behaviors in EFL classrooms?” de Kamiya. En este artículo se habla sobre cómo puede afectar la edad, el dominio del inglés y los años que los alumnos llevan estudiando este idioma para comprender con precisión el comportamiento no verbal en una clase de inglés como lengua extranjera.

El comportamiento no verbal es un complemento indispensable para el lenguaje verbal. En las clases, especialmente en las de idiomas extranjeros los profesores utilizan gestos para compensar la falta de comprensión lingüística de los alumnos, pero se ha demostrado que no siempre favorecen la asimilación de lo que el profesor está diciendo. Por ello, este estudio pretende analizar diferentes variables que pueden influir en la comprensión de los alumnos del comportamiento no verbal de sus profesores.

Para realizar el estudio se contó con una muestra de 112 estudiantes japoneses residentes en ese país. La competencia lingüística se midió utilizando el Marco Común Europeo de Referencia, que establece seis niveles. Se hicieron cuatro grupos, por un lado, 32 niños de sexto grado de ocho escuelas públicas que tenían nivel A1, y que ya tenían un año de estudio del inglés dentro de sus horas lectivas. El segundo grupo estaba formado por 18 niños provenientes de escuelas de inversión en lengua inglesa, en este grupo el nivel iba desde el A1 al B1. Por otro lado, había dos grupos de adultos, el primero de ellos eran 30 estudiantes universitarios con bajo nivel de inglés (A1 – A2). El segundo grupo estaba formado por 32 estudiantes universitarios expertos en comunicación internacional que contaban con alto nivel de inglés (B2 – C1).

Para llevar a cabo el estudio se utilizaron videoclips que fueron grabados en cuatro clases diferentes de escuelas primarias japonesas que tuvieran profesores que fueran nativos ingleses. De estos videos se extrajeron 12 videoclips de cada clase, tres de ellos se veía al profesor haciendo gestos mientras preguntaba algo a la clase, en otros tres el profesor no gesticulaba mientras preguntaba. De los seis restantes, tres se veía al profesor gesticular mientras no hacía ninguna pregunta y los otros tres el profesor no gesticulaba mientras no hacía una pregunta. Los videoclips duraban entre cinco y ocho segundos.

El procedimiento del estudio fue una reunión de entre 30 minutos a una hora en las oficinas del entrevistador. Las entrevistas eran individuales y en japonés. Primero rellenaban un cuestionario personal, después practicaban con tres ejemplos, a continuación, veían un videoclip dos veces seguidas sin sonido. Después de visualizarlo tenían que responder si el profesor había hecho una pregunta o no y tenían que dar una explicación de como habían llegado a esa conclusión. El proceso se repetía para los 48 videoclips grabados.

En relación a qué factores predicen la precisión de los juicios de los alumnos se puede decir que tanto los grupos de niños como los de adultos fueron capaces de hacer predicciones por encima de los niveles propios del azar. Los adultos obtuvieron mayores puntuaciones que los niños, siendo por tanto los juicios de los adultos más precisos que los de los niños respecto a los gestos de los profesores, pero esto no pasaba cuando el profesor no hacía gestos. Aunque la diferencia es muy pequeña y no es estadísticamente significativa, deja la edad como un factor débil. El único factor que contribuyó de una manera significativa fue los años de experiencia en el aprendizaje del idioma, aunque hay que tener en cuenta que este factor parece no tener relevancia hasta llevar seis años de estudio.

En lo que respecta a qué comportamientos no verbales les ayudaron a llegar a sus conclusiones se descubrió que cuantos más comentarios realizaron sobre el comportamiento no verbal para los juicios correctos más precisos fueron los mismos y en los casos en los que el juicio era erróneo cuantos más comentarios menos precisos fueron los juicios. Los años de experiencia en el aprendizaje del idioma era clave, ya que aquellos con más experiencia realizaban más comentarios sobre el comportamiento no verbal, especialmente para los juicios correctos.

Todos los comportamientos no verbales observados en el profesor eran adaptadores, deícticos y miradas. Puede ser que el mayor uso de adaptadores se deba a que los profesores usaban muchas cajas y tarjetas debido al hecho de que estaban en clases elementales con niños pequeños. Las miradas estaban presentes en mayor medida cuando el profesor no realizaba ninguna otra clase de gestos, siendo uno de los comportamientos no verbales que más apareció. De los juicios emitidos se extrajeron dos suposiciones de cómo llegaban a las conclusiones: la primera de ellas es que mirar a un estudiante era un signo de que el profesor iba a realizar una pregunta. El segundo elemento que utilizaban era la cronémica.

En resumen, a pesar de que todos juzgaron si era o no una pregunta por encima de los niveles de azar, hay que destacar que los adultos alcanzaron niveles más precisos en sus juicios. Esto es destacable especialmente porque el estímulo presentado era una clase de niños, lo cual a priori parecería más beneficioso para el grupo de niños. Tampoco se puede afirmar que más mayor será mejor ya que entran en juego otras variables como la propia habilidad o los años de aprendizaje que llevaban de esa lengua. Especialmente esta última variable parece que es la más influyente a la hora de realizar juicios correctos, ya que parece ser que la capacidad para interpretar el comportamiento no verbal propio de cada cultura se va a aprendiendo a la vez que el idioma. A esta afirmación hay que sumar el contexto, en este caso tenían experiencia previa en recibir clases de inglés como lengua extranjera, si hubiera sido otro contexto, como estudiar en el extranjero, hubiera tenido que reprogramar su protocolo de decodificación de gestos.

Como implicaciones para mejorar en clase hay que tener en cuenta el papel preponderante que ha jugado la mirada dentro del comportamiento no verbal, el que el profesor mire al alumno ayuda en el aprendizaje de una nueva lengua ya que crea una mayor intimidad entre ambos y favorece una retroalimentación positiva. También debería centrarse en alargar el tiempo de espera a las preguntas, especialmente cuando los alumnos tienen una competencia lingüística más baja. Además, se recomienda enseñar los gestos típicos de la propia cultura o realizar siempre el mismo gesto a la hora de hacer una pregunta.

De la Teoría Básica de la Emoción al Teoría de la Ecología del Comportamiento. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Inside – Out: From Basic Emotions Theory to the Behavioral Ecology View” de Crivelli y Fridlund. En este artículo se hace una revisión de la Teoría Básica de la Emoción resaltando sus incoherencias internas y proponiendo una teoría alternativa, la Ecología del Comportamiento.

La Teoría Básica de las Emociones (BET) tiene ya más de 60 años y fue la causante del interés del público en general sobre el estudio del comportamiento facial humano. La existencia de expresiones faciales que sean universales tanto en su producción como en su entendimiento influyeron en la mejora de las técnicas de interrogatorio y detección de engaños de manera global. Sin embargo, esta teoría presenta incoherencias internas y suposiciones viciadas y por ello se presenta la Teoría de la Ecología del Comportamiento (BECV), que describe el comportamiento facial humano basándose en la comunicación animal y la evolución biológica y cultural.

El inicio de los estudios sobre la emoción puede remontarse hasta Aristóteles, así como de la expresión facial de la misma pueden estar en LeBrun en el siglo XVII. Pero no fue hasta “La expresión de las emociones del hombre y los animales” de Charles Darwin donde se asentarían las bases del BET. Darwin reflexionaba sobre que la expresión facial de las emociones eran vestigios de comportamientos ancestrales.

Ya en el siglo XX Allport definió las expresiones como el lenguaje de la cara que tendría cientos de emociones asociadas, categorizándolas en seis: dolor, sorpresa-miedo, ira, disgusto, placer y varias actitudes de tono hedónico neutral. Allport creía que las expresiones se adquirían a través del condicionamiento social temprano. Pero la BET no estuvo de acuerdo ya que para ellos las expresiones faciales de la emoción eran automáticas, sólo se suprimían con gran dificultad, sus significados eran invariantes y no dependían del contexto. Esta idea fue la predominantes hasta finales del siglo, cuando diversos estudios confirmaron la dependencia de las expresiones faciales con el contexto.

La formulación de BET de emociones categóricas, universales y expresiones coincidentes con las mismas se basó en los escritos de Tomkins. Se fundaba en un conjunto de afectos primarios que eran como autómatas autocontenidos, independientes de la cognición, no intencionados y tenían primacía sobre los impulsos. Cada uno de los afectos producía una configuración facial distinguible y reconocible universalmente.

El mayor auge de esta teoría se dio a raíz de la investigación de Ekman sobre el comportamiento facial ya que presentaba mejores pruebas deductivas y era más fácil para utilizar los métodos de laboratorio estándar. Ekman consideró como básicas las emociones que tenían una expresión asociadas a ellas única y reconocida universalmente. Las seis emociones básicas eran: ira, miedo, asco, tristeza, sorpresa, y alegría. La explicación que brindó fue que los humanos compartimos ciertas expresiones faciales de emoción que expresan nuestras emociones específicas debido a nuestra filogenia común y que la cultura actúa como supervisora y podría llegar a modificar alguna expresión prototípica innata. Refiriéndose esto último a la posibilidad de enmascaramiento de alguna emoción debido a las reglas culturales sobre las mismas. Además, diferenciaron entre situaciones donde la persona está sola a otras donde está acompañada. En el primero de los casos las expresiones se mostrarán más libremente, sin la influencia de la cultura, y en el segundo estarán más influenciadas por la parte cultural.

Algunos problemas que presenta dicha teoría son: primeramente, la experiencia emocional o sentimientos, que no han podido ser verificados empíricamente y hay que confiar en el autoinforme de los sujetos. También hay conflicto con el número de emociones básicas, ya que no hay exposición clara de criterios de inclusión o exclusión en la lista de estas.

Otro de los problemas que presenta es el de la mezcla, esta teoría nos dice que las emociones pueden combinarse o derivar una en la otra y que por tanto las expresiones aparezcan también mezcladas. Lo que supone que si una persona presenta dos expresiones combinadas está sintiendo dos emociones combinadas, lo cual es complicado de verificar empíricamente, ya que, si no se puede comprobar una, dos es más difícil. Además, se contaba con el problema de que las expresiones prototípicas rara vez se podían observar de manera plena porque están influidas por la cultura que hace que se maquillen.

Como alternativa encontramos la Teoría de la Ecología del Comportamiento (BECV) que fue presentada en la década de los 90. Es una teoría externalista y funcionalista que permite reconectar el estudio de las exhibiciones faciales humanas con la evidencia de la biología evolutiva y los estudios de comunicación animal. Para esta teoría las expresiones faciales son herramientas flexibles que han ido evolucionando conjuntamente y que permite la modificación del comportamiento de las personas con las que nos relacionamos en beneficio de ambos. La evolución se puede dar por selección natural o cultural.  Las expresiones faciales tienen un significado dentro de la propia interacción social y dependerá de los objetivos y los contextos. Esto viene respaldado por los modelos bayesianos de flexibilidad fenotípica desarrollados por biólogos evolutivos contemporáneos.

Esta teoría plantea que incluso aunque el sujeto este solo en una sala, puede sentir la influencia social, ya sea pensando en otros o al enfrentarse a alguna máquina que hace algo inesperado (no devolver el cambio) o cuando está rezando a Dios. Esto dejará sin validez la diferenciación hecha previamente entre caras libres de cultura o influenciadas por la misma.

El BECV tampoco tiene interés en afirmar que las expresiones faciales sean universales, ni puede afirmar si tiene un origen biológico o cultural, ya que para realizar dicha afirmación habría que hacer un análisis muy minucioso y múltiples experimentos para determinar todas las posibles explicaciones. Su enfoque es funcionalista y está centrado en explicar como usamos las expresiones en nuestro día a día, enfatizando la sensibilidad al contexto del propio comportamiento facial durante la interacción.

La revisión presentada plantea que BET o no se ha dado cuenta de los problemas o contradicciones que presenta y que los nuevos planteamientos sobre nuevas emociones y nuevas formas de visualización de las expresiones no se han analizado con la profundidad suficiente. Al igual que no se ha tenido en cuenta otros puntos de vista diferentes al occidental tanto en su definición de emociones como en la de la expresión facial. A modo de resumen de los principales problemas que presenta son la visión simplista y anticuada de la interacción biología – cultura, un conjunto de dicotomías, reflejadas en la partición neurocultural que ya no es sostenible, un conjunto de cambios en los criterios y conceptos mediante los cuales explican los nuevos hallazgos y una conciencia limitada frente a la importancia de la cultura en la vida.

Avances en la teoría básica de la emoción. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Emotional expression: Advances in basic emotion theory” de Keltner, Sauter, Tracy y Cowen. En este artículo se revisan los estudios recientes sobre la expresión emocional, analizan los procesos de reconocimiento de emociones y como se percibe la expresión emocional.

La Teoría Básica de las Emociones (BET) postula que las emociones son estados breves y distintos que involucran componentes fisiológicos, subjetivos y expresivos que permiten a los humanos responder de maneras que son típicamente adaptativas en relación con problemas evolutivamente significativos. También nos dice que la expresión de las emociones tiene cinco propiedades: son patrones de comportamiento breve y coherente con experiencias subjetivas distintas, señalan el estado emocional actual, tienen similitud intercultural, tiene precursores evolutivos también presenten en otros mamíferos y coinciden con la respuesta fisiológica relacionada con la emoción.

Los primeros estudios fueron los de Ekman y Friesen en Nueva Guinea donde identificaron la forma de expresión facial de las seis emociones básicas: ira, miedo, felicidad, tristeza, asco y sorpresa. Surgieron varias críticas a esta teoría, por ejemplo, que las emociones no solo se expresan a través de la expresión facial. La más importante es la que se llamó Teoría del comportamiento ecológico en la cual se postula que las expresiones faciales lo que realmente señalan son intenciones sociales o motivos. Estos estudios favorecieron el desarrollo de tres grandes áreas: la naturaleza de la expresión emocional, la percepción emocional y la coordinación de las interacciones entre individuos en base a las expresiones.

En la primera de ellas, la expresión emocional, asumimos que las emociones permiten que las personas respondan de manera adaptativa a las amenazas y a las oportunidades que se presentan en el entorno. Esto es así debido a cambios en la fisiología periférica, patrones de cognición, movimientos del cuerpo y comportamientos expresivos.

Los primeros estudios de esta rama se centraron en descubrir si las personas eran capaces de detectar las emociones básicas en una imagen estática de la cara. Durante 20 años de estudios en el área se ha descubierto que las expresiones emocionales son multimodales, con patrones dinámicos de comportamiento que incluyen no solo la expresión facial sino también vocalizaciones, movimientos corporales, miradas, gestos, tacto e incluso el olor. Por ejemplo, se ha comprobado que las personas son capaces de juzgar la ira, el miedo, la felicidad, la tristeza y la ternura con una precisión del 70% sólo a través de la prosodia siendo más efectivos cuando son miembros de su propia cultura. También se ha comprobado la efectividad de los estallidos vocales para transmitir hasta doce emociones. Además, en lo relativo al tacto se comprobó que se es capaz de transmitir de manera confiable la ira, el disgusto, el miedo, el amor, la gratitud y la simpatía con toques en el brazo.

Hay tres líneas de estudios dentro de este campo que son los que codifican emociones, los que producen emociones y los que reconocen emociones; gracias a ellos se han descubierto hasta 24 emociones diferentes. También hay que añadir que las emociones no solo se expresan de una manera prototípica, sino que cuentan con diferentes variaciones.

La segunda gran área de estudio ha sido la percepción emocional. Primero se empezó por el reconocimiento de la emoción en la expresión facial, donde se han conseguido resultados de un 58% de precisión en la percepción de la emoción. Después se estudió el reconocimiento de la emoción en la voz, diciendo una sola palabra se han conseguido juzgar la emoción de la ira, el miedo, la felicidad, la tristeza y la sensibilidad con una precisión de entorno al 70%. Estos estudios han llevado a preguntarse qué es lo que realmente se transmite por la voz, si son sentimientos, intenciones, acciones probables o propiedades.

Se plantea que lo primero que se hace al ver expresar una emoción a alguien a través de un movimiento postural o táctil, es inferir el patrón de evaluaciones que llevaría a la otra persona a expresar esa emoción, y de ahí ya se sacaría como conclusión la emoción que está sintiendo. Por ejemplo, vemos que alguien pone una expresión facial de sorpresa y lo primero que inferimos es que ha recibido una información novedosa e inesperada y concluimos que lo que siente es sorpresa.

En esta línea, la teoría de la pragmática afectiva dice que las expresiones faciales o posturales expresan cuatro tipos de información: el sentimiento del individuo, lo que sucede en el contexto actual, el curso de acción deseado y la intención y planes acerca de lo que la persona puede hacer.

La percepción de las emociones va más allá de etiquetarlas, es también la forma en que las distintas expresiones emocionales se relacionan entre sí. También hay que atender a cómo afecta el contexto social a la percepción de las emociones, ya que las personas no perciben la cara de manera aislada, sino dentro de un contexto que condiciona sus inferencias.

Por último, la tercera área es la coordinación de las interacciones entre individuos en base a las expresiones. Aquí nos dicen que las expresiones emocionales desencadenan inferencias sistemáticas y respuestas de comportamiento en otros para ello hay que observar no desde la visión individual sino desde la diádica o grupal.

¿Cómo se produce esta coordinación? Hay tres líneas de pensamiento: la primera de ellas es que las expresiones emocionales proporcionan rápidamente información importante y relevante para los preceptores y es una guía útil para su comportamiento posterior, al igual que también señalan la confiabilidad de remitente.  La segunda es que evocan respuestas específicas en los preceptores sociales, ya que hay algunas expresiones emocionales que desencadenan emociones complementarias en los otros. Por último, las expresiones emocionales sirven como incentivos para las acciones de los demás, al recompensar determinadas medidas, por ejemplo, cuando los padres sonríen frente a un comportamiento que consideran como adecuado en sus hijos.

Por tanto, se presupone que en una primera etapa la función adaptativa de la expresión de emociones fue la regulación fisiológica pero que más tarde evolucionó para cumplir con las funciones comunicativas.

Marcadores no verbales de la mentira en entrevistas colectivas de niños con sus amigos. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Nonverbal Markers of lying during children’s collective interviewing with friends” de Șen y Küntay. En este artículo se habla los indicadores de mentira en los niños cuando se les entrevistaba por parejas sobre una acción que acababa de ocurrir.

Al realizar una entrevista sobre una secuencia de eventos reales provocados, durante los cuales la transgresión de la norma era potencialmente probable, las mentiras son probablemente más representativas que las que se dan en un contexto menos controlado, ya que no solo se miente por comisión sino también por omisión.

El presente estudio utilizó a 90 parejas de niños del mismo sexo, 47 parejas eran hombres y 43 parejas eran mujeres. Eran alumnos de escuelas preescolares locales y algunos otros reclutados por redes sociales. La edad de los niños oscilaba entre los 48 y los 83 meses. La diferencia media de edad entre los componentes de las parejas era de 5,69 meses.

Para el estudio se utilizó una versión modificada del paradigma de la resistencia a la tentación de Kochansja y Aksan. El investigador 1 llevaba a los niños a una sala donde había tres mesas, en la mesa más alejada se colocaron los juguetes más llamativos. En la pared opuesta había otra mesa con materiales diversos, como un conejo de peluche, un cuaderno y ceras de colores, libros para colorear y rompecabezas. En la mesa del centro había dos sillas para que las usaran los niños. A través de un espejo unidireccional el investigador 2 grababa todas las interacciones.

Cuando entraban en la sala el investigador les sentaba en las sillas y les explicaba las normas de la sala. Les decía que iban a jugar, pero que no podían tocar ni la mesa del fondo ni los juguetes que están encima y alrededor de ella. Por el contrario, podían jugar y tocar todo lo que quisieran de la mesa opuesta. El investigador les hacía repetir las normas a los niños para comprobar que las habían entendido, volviéndoselas a decir si había alguna duda. Después se procedió a una sesión de evaluación individual sobre los correlatos sociocognitivos de la conducta de la mentira con cada niño. A continuación, se les volvía a llevar a la sala, donde les volvían a hacer repetir las normas. Entonces el investigador les decía que tenía que irse a preparar materiales para el siguiente juego a otra sala y les pidió a los niños que clasificaran unos cubiertos de plástico mientras no estaba. Después se iba de la sala y dejaba a los dos niños solos.

Se dividió el experimento en cuatro fases, en la primera de ellas, los niños estaban solos un minuto. En la segunda, después de ese tiempo, entraba otro investigador y se ponía a jugar con los juguetes prohibidos a la vista de los niños y no contestaba a ningún intento de comunicación por parte de los niños. En la fase tres, los niños estaban solos seis minutos. La última fase consistía en una entrevista simultanea a ambos niños. El investigador se sentó en una posición enfrentada a los niños de manera equidistante de ambos y mientras realizaba las preguntas, no mantenía contacto visual con ningún de ellos para que fueran ellos los que iniciasen la conversación como prefiriesen.

Las preguntas fueron las mismas y en el mismo orden para todas las parejas. ¿Qué hicisteis juntos cuando no estuve aquí? Cuando no estaba aquí, ¿tocasteis estos juguetes? ¿Estuvisteis alrededor de su mesa todo el tiempo? Parece que la disposición de los juguetes (prohibidos) ha cambiado, ¿no es así? Si los niños no contestaban se les repetía la pregunta. Al acabar la ronda de preguntas se les permitió jugar con los juguetes prohibidos unos minutos.

Se clasificó a los niños como sinceros o mentirosos según su estado de transgresión de la regla/ obediencia y relación con la verdad o mentira durante la entrevista. Los mentirosos fueron consistentes al responder durante la entrevista; es decir, los niños que mentían mantuvieron sus mentiras y no revelaron ninguna información sobre la violación de las reglas durante la entrevista.

Se excluyeron 28 niños de la clasificación, por no responder ninguna pregunta, por haber confesado o por ser un chivato. La muestra final fue de 152 niños en 79 parejas. Ciento veinticuatro niños fueron sinceros, no tocaron los juguetes y dijeron la verdad en la entrevista. Los mentirosos (28 niños) estaban divididos en dos grupos: el primero de ellos, eran niños que tocaron los juguetes prohibidos y ocultaron la situación mintiendo (18), el segundo grupo fueron los niños que no tocaron los juguetes pero que mintieron para ocultar que su amigo los había tocado.

La conducta no verbal que se analizó fue: la transición del habla, la tasa de expresión y la mirada al amigo, así como, la latencia en la respuesta a las preguntas, la presencia de superposición durante la respuesta, la dirección de la mirada o los gestos realizados mientras respondían. La transición del habla es el tiempo que tarda el niño en realizar cualquier expresión que proporciona una elaboración, corrección o acuerdo inmediatamente a continuación del turno del amigo. La media de las transiciones fue de 21. La tasa de expresión se calculó al dividir el número total de enunciados del niño durante la fase de la entrevista con la duración total de la entrevista. La media fue de 6,34.  La mirada al amigo se produce cuando el niño mira explícitamente a la cara o a los ojos del amigo. La media fue de 1,29. La latencia de respuesta era cuánto tiempo pasaba desde que acaba un turno hasta que comenzaba el siguiente. La media estuvo entre 0,63 a 1,93 segundos. La latencia fue mayor en los mentirosos que en los sinceros, estos tardaban de media dos veces más en comenzar la respuesta ya que necesitaban crear un evento que no había existido. Las superposiciones se producían cuando el niño interrumpía a su compañero mientras hablaba se dieron en el 81% de los casos, hubo una tendencia mayor a superponerse en los sinceros (85%) que en los mentirosos (64%), aunque no es una diferencia estadísticamente significativa. La dirección de la mirada se codificó entre mirar al amigo, al investigador o a lo lejos, siendo lo más común una combinación de ellas. Los niños que decían la verdad miraron poco a sus amigos, solo en un 2% de los casos. Aquellos niños que mentían los miraron en un 22% de las veces.  Por último, en un 62,3% de los casos los niños realizaron gestos frente a un 37,7% donde no realizaron ningún tipo de gestos. Los niños sinceros hicieron más gestos después de la pregunta objetivo que aquellos que mentían.

No hay asociación entre el sexo de los niños y la respuesta. Tampoco hubo diferencias entre los mentirosos y sinceros y la duración de la amistad. Cuando los niños mienten por omisión, es decir, no revelan la transgresión, hablaron sobre otros eventos reales de manera similar a como lo hicieron los niños sinceros, ya que mencionan otros eventos verdaderos al tiempo que omite la violación de la regla impuesta.

En resumen, es posible ocultar información crítica mientras se habla de otros eventos reales. En esta situación, el comportamiento no verbal de los niños que dicen la verdad y los que mienten será bastante similar durante toda la entrevista, solamente surgirán diferencias después de la pregunta objeto. Esto es especialmente destacable en lo relativo a la latencia de respuesta mayor en los mentirosos, en un mayor número de miradas al compañero y un menor número de gestos.

Formación de impresiones de estudiantes con gafas o audífonos. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Impression Formation of male and Female Millenial Students Wearing Eye Glasses or Hearing Aids” de Kinley, Strübel y Amlani. En este artículo nos hablan de las impresiones que nos generan los hombres y mujeres que utilizan audífonos y gafas.

Las impresiones las formamos muy rápidamente, en milisegundos. Con una breve exposición a una cara somos capaces de hacer inferencias sobre inteligencia, emociones, personalidad, competencia, confianza, simpatía, atractivo… En este estudio se pretende descubrir cuales son las impresiones que se obtienen al observar a hombres y mujeres que utilizan gafas o audífonos.

Basándose en la literatura preexistente concretamente desde la teoría de la personalidad implícita se formulan dos hipótesis, que son: el uso de gafas hará que las personas tengan una impresión más negativa sobre la persona que los utiliza y lo mismo ocurrirá con el uso de audífonos. También se preguntaron si el género del observador afectaría al juicio que realiza de la persona que lleva gafas o audífonos. También se cuestionaron que si el observador lleva gafas tiene una impresión más positiva de una persona con gafas que sin ellas.

Para realizar el estudio se utilizaron dos fotos, una de un modelo femenino y otra de un modelo masculino, y luego se pasaba una lista con adjetivos sobre su impresión basándose en el cuestionario de Kaigler – Evans y Damhorst. En este caso se redujo el número de adjetivos a 25. Cada adjetivo tenía que puntuarse del 1 (en desacuerdo) al 5 (de acuerdo). Se seleccionaron dos estilos de gafas: uno era de color claro y no era el punto de atención de la cara, mientras que el otro era oscuro y llamaba más la atención. También se utilizaron dos estilos de audífonos: uno era muy pequeño y quedaba casi completamente insertado en el oído y el otro era de color carne, más grande y más visible para el observador.  Además, se utilizaron imágenes control en el estudio donde los modelos no llevaban ni gafas ni audífonos. Se utilizaron dos posturas una de frente y otro de lado. No había fondo en las fotografías y la pose de los modelos era informal.

En total participaron en el estudio 569 participantes de los cuales un 72% eran mujeres, un 27% eran hombres y un 0.4% transgénero. Un 43% eran caucásicos, un 23% hispanos, un 16% negros y un 8% asiáticos. Las edades iban entre 17 a los 56, siendo la edad media de 21. El 60% indicó que llevaba gafas y el 0,5% que usaba audífonos.

En relación a la hipótesis de las gafas, concretamente para el modelo masculino cuando usaba las gafas oscuras fue juzgado como más confiable y más negativamente para el resto de aspectos que cuando iba sin gafas. En el caso de las gafas claras se consideró menos confiable y menos jovial que sin gafas. Por tanto, se puede decir que dentro del modelo masculino la hipótesis se confirma para estar a la moda, ser provocativo y atractivo. Para el modelo femenino se consideró que usando gafas era más de confianza y más jovial que sin ellas. Por tanto, la hipótesis 1 se cumple para ir a la moda, ser provocativo y atractivo.

Las impresiones que generó el modelo control a cuando usaban gafas eran diferentes. El tipo de gafas que llevaba también creaban diferentes impresiones. Con gafas el chico parecía más confiable pero menos a la moda, menos provocativo y menos atractivo y la chica con gafas parecía más confiable y más jovial pero menos a la moda, menos provocativa y menos atractiva que sin ellas.

En relación a los audífonos, para el modelo masculino tanto el que llevaba el más discreto como el más aparatoso fue juzgado como más confiable que el que no llevaba ninguno, pero fue juzgado como menos jovial, menos atractivo, menos provocativo y menos a la moda que él que no llevaba ningún audífono. Por tanto, la hipótesis se confirma para casi todos los valores. Para la modelo femenina, puntúo más alto en estar a la moda y provocativa sin llevar audífonos que llevándolos. También puntúo más alto en atractivo el control que cuando llevaba el audífono que se notaba más. Sin embargo, puntúo más alto en jovialidad y confiabilidad cuando llevaba audífonos. También puntúo como más atractiva cuando usaba el audífono que pasaba más desapercibido que cuando no llevaba ninguno. En general se juzgó a la modelo femenina más negativamente cuando llevaba audífonos para los valores de estar a la moda, ser provocativa y ser atractiva.

Las impresiones que generó el modelo control a cuando usaban audífonos eran diferentes. El tipo de audífonos que llevaba también creaban diferentes impresiones. Con audífonos el chico parecía más confiable pero menos a la moda, menos jovial, menos provocativo y menos atractivo y la chica con audífonos parecía más confiable y más jovial pero menos a la moda, menos provocativa y menos atractiva que sin ellos.

En relación a las diferencias respecto al sexo del observador en el caso del modelo masculino con gafas oscuras se encontró que las observadoras mujeres lo puntuaban como más confiable, mientras que los observadores masculinos le puntuaban como más provocativo. Para el modelo con gafas claras no hay diferencias entre sexos de los observadores. En el caso de la modelo femenina con gafas oscuras la puntuaron como más a la moda y más atractiva los hombres, mientras que las mujeres la puntuaron como más provocativa. En el caso de la modelo femenina con gafas claras los hombres la puntuaron como más atractiva y más provocativa.

Siguiendo con las diferencias según el sexo del observador en el caso de los audífonos, los observadores masculinos puntuaron como más provocativo al modelo masculino que llevaba audífonos. Los hombres, también señalaron como más atractiva a la modelo con el audífono que se notaba más, así como más a la moda y más atractiva a la modelo que llevaba el audífono más pequeño que aquella que no llevaba. Coincide con lo que opinaban las observadoras femeninas.

De la muestra, 172 de las 569 personas que contestaron declararon que llevaban gafas. No se detectó ninguna diferencia entre los observadores que llevaban gafas y aquellos que no las llevaban.

Se puede concluir que las impresiones que nos formamos de la gente que tiene alguna enfermedad o discapacidad son diferentes de aquellas personas sanas. Llevar gafas y el tipo de gafas que se lleva, así como llevar audífonos supone que las personas se formen impresiones diferentes sobre nosotros. Los resultados obtenidos coinciden con la literatura preexistente, así como con los estereotipos sociales, donde llevar gafas te hace parecer más inteligente y más confiable pero no más atractivo. En los últimos años el llevar gafas se ha puesto más de moda y las personas creen que quien las lleva son más inteligentes y más competentes en su trabajo, lo que hace que algunas personas las lleven incluso sin prescripción médica. Sin embargo, los audífonos, especialmente los que se notan más, siguen estando relacionados con la discapacidad, aunque parece que los jóvenes aceptan mejor esta condición que las generaciones más mayores.