Club Lenguaje No Verbal

Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Inferencias de los niños sobre sus iguales en base al comportamiento no verbal. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Children use nonverbal cues from an adult to evaluate peers” de Brey, E. y Shutts, K. (2018), en el cual se analiza la manera en que el comportamiento no verbal de los adultos influye en las inferencias que los niños hacen de sus iguales.

¿Cómo forman los niños las impresiones sobre los rasgos y habilidades de sus iguales?

Una de las explicaciones más recurrentes que se ha dado a esta pregunta es que los niños observan el comportamiento de otros niños y, a raíz de ahí, realizan inferencias. Sin embargo, otra fuente de información para los niños es la reacción —en especial de índole no verbal— de las figuras de autoridad, adultos como los padres o los profesores, con otros niños. Así, una mejor comprensión de cómo los niños forman estas impresiones podría sugerir estrategias para mejorar el trato mutuo entre los niños.

Por ejemplo: la inteligencia suele ser un rasgo clave en torno al que los niños forman sus impresiones de otros, tendiendo a confiar más en “niños listos”.

Sin embargo, en diversos estudios se detectó que, a pesar del comportamiento observado en las aulas, donde las chicas solían hacer mejor las tareas que los chicos, muchos de los niños pensaban que los chicos son más listos que las chicas dados los estereotipos de género, los cuales pueden ser transmitidos por las figuras de autoridad (el profesor en este caso, pues se ha comprobado que muchos tienden a favorecer de forma no verbal a aquellos estudiantes que consideran más inteligentes, por ejemplo, sonriéndoles más).

Así pues, los niños usan los comportamientos no verbales de los adultos para guiar sus interacciones, evaluaciones y confianza en otras personas desde una edad temprana, confiando más en aquellos adultos que reciben un comportamiento no verbal positivo de otros adultos. Pero ¿qué hay de las inferencias sobre otros niños?

En el primero de los dos estudios de los autores, 96 niños de entre 5 y 6 años visualizaron un video de una actriz simulando a una profesora junto a las fotografías de dos niños de su edad, desconocidos todos ellos para los participantes, donde solo la cara de la profesora era visible para ellos, estando los alumnos de espaldas. La prueba consistía en simular la lectura de un pasaje breve, utilizando el mismo audio con la voz modificada para los estudiantes, por lo que el rendimiento de la lectura era el mismo.

Asimismo, a los participantes se les pidió que dedujeran qué estudiante del video era más listo, más bueno o más fuerte. En total, visualizaron 5 gestos de sonrisa-neutralidad, 5 de asentimiento-neutralidad, 5 más de contacto físico-neutralidad y otros 5 de neutralidad-negación con la cabeza, alternando siempre diferentes estudiantes en las fotografías.

Los resultados mostraron que, para la categoría de listo y fuerte, solo el contacto físico estimuló respuestas al azar sobre estos atributos de los alumnos, mientras que asentir y sonreír (comportamiento no verbal positivo) provocaron que infiriesen que el alumno al que se dirigían estos gestos era más listo y más fuerte que el otro. Para la categoría de bueno, los participantes seleccionaban al estudiante que recibía cualquier tipo de señal no verbal positiva o que, en su defecto, no recibía el gesto de negación.

Resulta relevante añadir que el estudió reveló a su vez que los participantes tienden a escoger con más frecuencia a aquellos estudiantes que no recibían señales no verbales negativas que, en comparación, seleccionar a aquellos que recibían señales no verbales positivas (concretamente, en los gestos de neutralidad-negación con la cabeza). Asimismo, las inferencias sobre la inteligencia eran más fiables que las de la fuerza, lo que puede sugerir que los niños ven a sus profesores como fuentes de información de mayor confianza con respecto a esta característica, o que asocian la lectura y el colegio con la inteligencia más que con la fuerza física.

En el segundo estudio de los autores, se pidió a 32 participantes de 5 a 6 años que seleccionasen al alumno más listo entre dos, uno de ellos leyendo fluidamente un texto, pero recibiendo menos gestos no verbales positivos, mientras que el otro leía con menor fluidez y, sin embargo, recibía más señales no verbales positivas de la profesora. En adición, se excluyó el gesto de contacto físico y se incluyó una nueva reacción por parte de la profesora: mantener una expresión neutral para ambos alumnos.

Bien, como resultados, se determinó que, en ausencia de señales no verbales, los participantes elegían al lector más ágil como el más listo, mientras que el comportamiento no verbal positivo dirigido al alumno que lee con menos fluidez influye en las respuestas de los participantes, provocando que se le escoja con mayor frecuencia como el más listo de los dos, siendo la fluidez menos percibida o relevante en este caso para los participantes.

Así pues, los hallazgos proporcionan evidencia de que los niños usan los comportamientos no verbales de los profesores, o adultos y figuras de autoridad, para guiar su pensamiento sobre sus compañeros, llegando a ser incluso más relevantes estos comportamientos que el desempeño académico real de los niños. En este contexto, ocasionalmente puede apreciarse que algunos niños experimentan un efecto halo, teniendo una impresión positiva de todas las características o cualidades de los compañeros.

En investigaciones futuras, sería relevante comprobar si este patrón se repite con el comportamiento no verbal de distintos profesores o adultos y se mantiene la misma influencia. Del mismo modo, también sería conveniente explorar estas cuestiones, impresiones e influencias de múltiples formas más: por ejemplo, en un entorno más natural, como las clases verdaderas de los niños y sus compañeros y profesores reales, con los que sí están familiarizados;  ampliando los rangos de edad de los participantes y las diferencias apreciadas en ellos; o cómo el comportamiento no verbal de los profesores puede contribuir a los estereotipos de distintos grupos sociales que los niños se forman.

Si quieres saber más sobre el comportamiento no verbal y su relevancia en el desarrollo de los niños, visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira o nuestro Experto Universitario en Comunicación No Verbal y Personalidad, con becas especiales para los lectores del Club del Lenguaje no Verbal.

¿Podemos predecir el resultado de un penalti gracias al comportamiento no verbal? Club del Lenguaje no Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Nonverbal behavior accompanying challenge and threat states under pressure” de Brimmell J., Parker J.K., Furley P. y Moore L.J. (2018), en el cual se analiza si las situaciones de amenaza o reto predicen el comportamiento no verbal en el deporte, concretamente en los penaltis de fútbol.

En no pocas ocasiones, los deportes de competición como el fútbol pueden depender de un único momento de presión para determinar la victoria o la derrota.

En estos casos, los atletas hacen una evaluación de la situación en la que determinan las exigencias que se les presentan y con qué recursos cuentan ellos para hacerles frente. Por tanto, en función de si identifican la situación estresante como una amenaza o un reto, su respuesta psicofisiológica se verá condicionada. Y esta respuesta, dependiendo de si el atleta percibe una amenaza o un reto, es lo que nos permite a su vez observar respuestas diferentes en el comportamiento no verbal.

En este contexto deportivo, los penaltis de fútbol y la preparación a estos suponen un escenario claro en el que podemos observar estas reacciones no verbales dados los altos niveles de estrés a los que somete individualmente a los futbolistas.

Para determinar las características del comportamiento no verbal de los jugadores, el estudio contó con 42 participantes a los que se midió, por un lado, su información cardiovascular antes y después del penalti; por otro lado, una autoevaluación sobre su opinión con respecto a la prueba, la exigencia de esta y sus recursos personales; y, por último, una observación por terceros de su comportamiento no verbal.

Así pues, se hizo uso de seis índices para medir los resultados, a saber: sumiso-dominante; sin confianza-confiado; nervioso-sereno; no centrado-centrado; amenazado-desafiado; e inexacto-exacto.

Pues bien, a excepción del índice no centrado-centrado, todos los demás pudieron ser determinados por la autoevaluación de los participantes, pero no por las respuestas fisiológicas, determinándose así que los comportamientos positivos con la confianza, la exactitud… Se correspondían con aquellos jugadores que consideraban la prueba como un reto o desafío, quienes estimaban sus capacidades o recursos como superiores a las exigencias del reto. Sin embargo, ¿qué hay del comportamiento no verbal?

Los resultados nos muestran que los participantes que se sintieron desafiados en lugar de amenazados fueron percibidos por su lenguaje no verbal como más dominantes, confiados y serenos, así como con más probabilidades de tirar el penalti correctamente, con exactitud. Este lenguaje no verbal se corresponde con respuestas positivas como mantener una postura erguida, con los hombros echados hacia atrás y la barbilla alta, preparándose con control, con tranquilidad y manteniendo contacto visual directo con su objetivo.

Consecuentemente, los resultados resaltan que las evaluaciones de estrés por parte de los atletas parecen estar relacionadas con el comportamiento no verbal. Además, respaldan investigaciones previas de psicología social e implican que diferentes comportamientos no verbales pueden acompañar el desafío y la amenaza evaluados.
En contraposición, las respuestas fisiológicas de los jugadores demostraron no ser tan relevantes a la hora de predecir el comportamiento no verbal de los participantes o determinar si estos evaluaron la situación como un reto o una amenaza, pues están débilmente relacionadas en el contexto del estrés deportivo en oposición a estudios previos desarrollados en contextos sociales. En estos últimos, la respuesta fisiológica de los participantes si parecía estar más vinculada a su comportamiento no verbal (ej. al sentirse amenazado, el sujeto tiene menos respuestas positivas como la sonrisa y una mayor paralización corporal, como la ausencia de movimientos de manos o cabeza).

Sin embargo, no hay que olvidar que el comportamiento no verbal está relativamente abierto al control consciente de la persona y, en consecuencia, es susceptible de ser forzado a adaptarse a sesgos de deseabilidad social. Por ejemplo, en un discurso, el sujeto puede tratar de compensar su falta de habilidad, evidenciada en un tono de voz bajo, con un lenguaje corporal confiado, aún a pesar de tener una respuesta cardiovascular que se corresponde con el sentimiento de sentirse amenazado ante la situación estresante. En tal sentido, investigaciones futuras podrían tratar de distinguir entre las señales no verbales autónomas, asociadas con los estados de desafío y amenaza, y los intentos deliberados no verbales de enmascarar estos estados.

Así las cosas, la evaluación de cometidos estresantes como amenazas se relaciona con un peor rendimiento deportivo. Para la optimización de dicho rendimiento, los profesionales pueden usar el comportamiento no verbal (junto con las medidas de autoinforme) para identificar a los atletas que evalúan situaciones estresantes como una amenaza (aquellos que parecen más nerviosos, cuyo lenguaje corporal hace que ocupen menos espacio, sin una postura erguida o un patrón de mirada menos estable) e intentar que se beneficien de intervenciones en las que se les anime a ver tal situaciones, en vez de como amenazas, como desafíos.

Sin embargo, la identificación fiable de tales comportamientos no verbales sutiles probablemente será difícil, ya que los pocos estudios de codificación no verbal en el deporte solo se han centrado en comportamientos claramente visibles como el orgullo, la vergüenza o la alta presión. Por lo tanto, la investigación futura debería usar diseños experimentales para ofrecer una comprensión más causal de la relación entre los estados de desafío y amenaza y el comportamiento no verbal. Además, el enfoque en el estrés competitivo podría verse como una limitación, por lo que se podrían examinar también las respuestas psicofisiológicas y no verbales de los atletas al estrés organizacional.

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La mirada: ¿un comportamiento no verbal del carisma? Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “From self-report to behaviour: mapping charisma onto naturalistic gaze patterns” de Maran T., Moder S., Furtner M., Ravet-Brown T. y Liegl S. (2019), en el cual se analiza la mirada como posible componente no verbal del repertorio de comportamientos que conforman ser carismático.

Persona que posee una presencia vibrante, que despierta en los demás el deseo de identificarse y comprometerse con sus metas, ideas e intenciones. ¿Te suena? Hablamos de las personas carismáticas. Aquellas que, cuando entran en una habitación, envuelven a todos los presentes con su energía y conecta con ellos con facilidad.

El carisma es un atributo personal bidimensional. Tiene una faceta de  influencia y otra de afabilidad. Las personas carismáticas son capaces de moldear a otros hasta cierto punto. Hacen que los otros experimenten una situación cómoda, amable y de confianza. No obstante, de lo que estamos hablando son de los resultados del carisma. Este es un problema encontrado en todas sus conceptualizaciones.

No sabemos que repertorio de comportamientos o señales conductuales conforman el carisma. Por ello, los autores del estudio citado optan por analizar el papel del lenguaje no verbal en la expresión del carisma. Los comportamientos no verbales son clave en la comunicación. Afectan a la recepción de los mensajes y parecen ser reguladores por excelencia del comportamiento ajeno en una interacción cara a cara.

El estudio de los comportamientos no verbales que pueden estar implicados en la expresión del carisma se inicia con uno muy relevante en cualquier interacción: la mirada. La vista en la comunicación tiene 3 funciones principales. Primero, aporta información sobre el estado mental del emisor de un mensaje. Segundo, moldea la percepción del receptor sobre el emisor. Y, tercero, moldea el comportamiento del receptor.

Mirar a los ojos tiene ventajas diferentes dependiendo de si se atiende a funciones del carisma de influencia o afabilidad. En términos de influencia se saca ventaja del mirar a los ojos para promover atribuciones de poder, potencial y dominancia. Mirando a los ojos hace que los seguidores se vuelvan más susceptibles para dejarse guiar. Las personas carismáticas afables provocan con la mirada respuestas como emociones placenteras, sensación de compromiso y deseo de cooperación.

En base a la Teoría de la Señalización, se plantea que mirar a los ojos o a la cara es una manera de señalar a los demás que uno es carismático, que está abierto al intercambio social y al acercamiento. Es decir, si uno mismo cree ser carismático, utilizará este comportamiento no verbal para señalarlo. Además, siendo el carisma un atributo disposicional, se espera que el mayor uso de la mirada a los ojos o a la cara se dé en múltiples situaciones sociales.

En este sentido, se plantean dos hipótesis: cuanto más carismático se percibe un individuo, más a menudo (1) y más tiempo (2) mirará a los ojos de los receptores de sus mensajes. Para verificar estas ideas, en el estudio se utiliza una herramienta de seguimiento ocular.

Los 97 participantes observan un escenario social natural en video: un paseo en un centro comercial lleno de gente. Durante esta observación, se graban sus movimientos oculares. Las miradas que se analizan son las orientadas a las caras de aquellos con los que cada participante se encuentra, hacia sus cuerpos cuando se cruzan de cara/de espaldas y el número total de miradas (TotM). También completan dos cuestionarios: autoevaluación del carisma y factores de personalidad (Big Five).

De importancia para la interpretación de los resultados, la autoevaluación del carisma se lleva a cabo a través de dos escalas. Una escala que mide la influencia, la capacidad de persuadir y guiar a otros de manera eficaz. La segunda mide afabilidad, la capacidad de hacer que los otros se sientan cómodos en la interacción.

Los resultados muestran una conexión clara entre las medidas de influencia carismática y la duración y número de miradas hacia las caras. Es decir, aquellos que se autoevalúan como más carismáticos en términos de influencia, miran más y durante más tiempo a las caras de aquellos con los que se encuentran. También miran más y durante más tiempo hacia los cuerpos con los que se encuentran de frente, pero no de espaldas. Por otro lado, en el caso de la afabilidad carismática, no se observa ninguna relación con las miradas de los participantes.

Algunos factores de personalidad se encuentran asociados tanto al número como a la duración de las miradas. El neuroticismo muestra relaciones inversas. Es decir, a mayor numero y mayor duración de las miradas, menor grado de neuroticismo. Ello se observa en todas las mediciones de las miradas: cara, cuerpo de frente y de espalda y TotM.

En cambio, la extraversión muestra relaciones positivas tanto con el número como con la duración de las miradas hacia la cara y cuerpo frontal. Por otro lado, cuando los sujetos se encuentran con otros de espaldas, a mayor grado de extraversión más miradas, pero no de mayor duración.

Los demás factores de personalidad que forman parte de los Big Five, -apertura a la experiencia, amabilidad y responsabilidad- no muestran relación alguna con el número o duración de las miradas.

¿Conclusiones? La mirada parece ser un comportamiento fuertemente relacionado con el carisma. Específicamente, las relaciones se observan con la dimensión de influencia del carisma, que incluye conductas relativas a la influencia, la presencia y el liderazgo. Los sujetos carismáticos miran más veces y más tiempo a la cara y al cuerpo (en posición frontal).

Que los sujetos carismáticos miren tanto a sus interlocutores es muestra de un compromiso atencional ya antes de una interacción social directa. Este comportamiento no verbal, la mirada, es el primero asociado al carisma y representa un avance en el descubrimiento de qué implica ser carismático, más allá de los resultados que provoca serlo.

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Coherencia comunicativa: qué dices y cómo lo dices son igual de importantes. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “How verbal-nonverbal consistency shapes the truth” de ten Brinke L. y Wisbuch M. (2020), en el cual se analiza la coherencia entre el lenguaje verbal y no verbal como característica de importancia en el proceso de comprensión de un mensaje y en las evaluaciones de veracidad de dicho mensaje.

Cuando nos comunicamos con otros cara a cara, la comprensión de cada mensaje implica oír y ver. A lo largo de la historia de la humanidad, las personas se han comunicado mayoritariamente en base a esta integración de información multimodal y, por tanto, a través de lo verbal y de lo no verbal.

Actualmente, aunque utilicemos muchas herramientas digitales para comunicarnos, hay cierta preferencia para aquellas que permiten esta integración. Por ejemplo, ver un video es más preferible que escuchar un podcast.

Utilizar mensajes de texto o hablar por teléfono no implican una comunicación a través de varias modalidades sensoriales. No obstante, como ya explicamos en otros artículos de blog, tampoco conllevan una ausencia total de señales que desempeñen el papel de lenguaje no verbal.

En cualquier caso, los autores del estudio antes mencionado proponen que la comunicación en la que se permite escuchar lo verbal y observar lo no verbal da lugar a mayor facilidad de comprensión. Esta facilidad significa que la comprensión de un mensaje es un proceso fluido. La fluidez, a su vez, impactaría en las evaluaciones que se hacen del mensaje, por ejemplo, si es veraz o no.

La fluidez de comprensión tendría un papel mediador entre la coherencia verbal y no verbal de un mensaje y las evaluaciones que el receptor hace de dicho mensaje. Cuando hay incoherencia entre lo verbal y lo no verbal, el mensaje no se entrega de la manera adecuada. Por ello, también es probable que las evaluaciones sean otras que las intenciones comunicativas del mensaje.

Y ¿por qué? La fluidez que experimentamos en nuestra comprensión de un mensaje puede indicarnos varias cosas.  Que lo que el emisor dice nos es familiar, frecuente, perceptible o atractivo. Y más importante aún, que el mensaje es veraz.

Por ejemplo, si hacemos una pregunta moviendo la cabeza de un lado a otro, ello puede ser incoherente en nuestra cultura, mezclando interrogación con negación. El receptor del mensaje puede sentir confusión y no saber responder a ello.

Si decimos tenía muchas ganas de verte con los brazos cruzados y el cuerpo rígido, también es posible que nuestro interlocutor experimente dudas de la veracidad de esa frase. También cabe destacar en este contexto el conocidísimo efecto McGurk.

Puede que la incoherencia entre el lenguaje verbal y el no verbal no afecte siempre a la (percepción de) comprensión per se del mensaje. No obstante, impediría una integración adecuada de dicho mensaje (fluidez) y, por ello, puede afectar en las evaluaciones posteriores. Por tanto, parece lógico considerar que la coherencia comunicativa es una característica importante del comportamiento de comunicación.

Si la coherencia comunicativa influye en si un mensaje nos parece veraz o engañoso, puede que también sea una característica clave a estudiar en el contexto de la detección del engaño. En cambio, en los estudios de detección de la mentira, el objeto de análisis ha sido mayoritariamente el lenguaje verbal y no verbal de manera aislada. ¿Qué pasaría si se estudian de manera conjunta? Vamos a verlo.

En un primer estudio, los participantes deben observar videos en los cuales una persona está contando que alguien en particular le cae bien.  En algunos de estos videos, dicha persona dice la verdad y, en otros, miente.

Los 61 participantes del estudio se dividen en 3 grupos. Un primer grupo evalúa la coherencia comunicativa del emisor. Ello requiere evaluar el grado en el que el comportamiento visible (no verbal) de los emisores es consistente con lo que han dicho (verbal).

Un segundo grupo evalúa la fluidez de comprensión basada en los mensajes en video. Y ello requiere que cada participante informe de la facilidad que ha experimentado para entender cada mensaje. El tercer grupo no observa los videos, sino sus transcripciones. También evalúa la fluidez de comprensión de los mismos mensajes, pero basada en lenguaje escrito.

Los resultados de estas primeras mediciones indican que la coherencia comunicativa sí tiene efectos en la fluidez de comprensión, pero dichos efectos varían de un individuo a individuo.  Es decir, no se trata de un efecto universal. Además, la coherencia comunicativa que percibieron los participantes no fue diferente en función de si en los videos se contaba una verdad o una mentira. Si la coherencia comunicativa sería un indicador de verdad, los participantes deberían percibir fluidez de comprensión solo para aquellos mensajes veraces.

Puede ser que la fluidez de comprensión solo se base en lo verbal.  Es decir, al emitir un mensaje fácil de comprender haría que el lenguaje verbal y no verbal del emisor sean coherentes entre sí. En este caso, la veracidad del mensaje no tendría un efecto diferencial en la coherencia comunicativa. Por tanto, los participantes no detectarían ni coherencia ni fluidez de comprensión de manera diferencial en función de la veracidad de los mensajes.

Si esto es así, deberían haberse observado las mismas asociaciones cuando se trata de mensaje escritos. En cambio, los resultados indican que las evaluaciones de las transcripciones de los videos no muestran las mismas asociaciones. De hecho, se observa que la fluidez de comprensión en video-mensajes ha sido significativamente mayor que en los mensajes transcritos. Por tanto, el lenguaje no verbal sí puede mejorar la comprensión, aunque no siempre.

Todas las relaciones observadas en el primer estudio no son más que asociaciones sin dirección ni causalidad. Por ello, se desarrolla un segundo estudio con 95 participantes, más orientado a las evaluaciones de la veracidad y que busca establecer relaciones causales entre las variables.

En este caso, se manipula la coherencia comunicativa de video-mensajes veraces. La manipulación consiste en hacer que el canal audio se retarde 600 milisegundos con respecto al canal video.  Por tanto, los participantes observan videos alineados verbal y no verbalmente (sin manipulación), así como no alineados. Después de ver cada video, evalúan si el emisor del mensaje dice la verdad o miente.

Se registraron muchas más evaluaciones de veracidad para los videos alineados que para los no alineados. En este caso, la coherencia comunicativa muestra su impacto, porque aquellos videos no manipulados contienen mensajes coherentes verbal y no verbalmente. Por tanto, ya se podría hablar de una relación causal: la coherencia comunicativa causa evaluaciones de veracidad de los mensajes que la contienen.

El posible papel mediador dela fluidez de comprensión no ha sido objeto directo de este segundo estudio, por lo que se desarrolla un análisis a posteriori con 18 nuevos sujetos. Tal como se esperaba, la percepción de fluidez de comprensión ha sido mayor en los videos alineados que en los no alineados.

Por tanto, una persona escucha y ve un mensaje. Percibe coherencia entre el ver y el escuchar o, mejor dicho, entre el qué dice y cómo lo dice del emisor. Esa coherencia facilita la comprensión, por lo menos la persona lo experimenta como tal. Todo ello le hace evaluar que el mensaje del emisor es veraz. En caso contrario, la falta de coherencia llevaría a experimentar una comprensión baja o confusa; por ello, es probable que el receptor evalué el mensaje como falso o que dude de él.

Si cuando al hablar con una persona tenemos la sensación de que nos miente, puede que dicha persona refleje incoherencia entre su lenguaje verbal y no verbal (lo que dificultaría la fluidez de comprensión). En cualquier caso, ello no implica que la coherencia comunicativa sea indicadora de la verdad y que la falta de ella indique mentira. No nos olvidemos que se trata de evaluaciones de veracidad que las personas hacen. Dichas evaluaciones fluctúan según la coherencia que uno percibe y dicha percepción está mediada por la facilidad que se experimenta para comprender un mensaje.

Además, se plantea que el efecto de experimentar fluidez de la comprensión sería el de sesgar positivamente, dando lugar a evaluaciones positivas y a un aumento de la confianza en las evaluaciones generadas. ¿Será por eso por lo que no conseguimos detectar bien las mentiras?

 

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El lenguaje no verbal de la culpa. Club del Lenguaje No Verbal

Amigos del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el artículo “Are there non-verbal signals of guilt?” de Julie-Daniere E., Whitehouse J., Mielke A., Vrij A., Gustafsson E., Micheletta J. y Waller B. M. (2020), en el cual se presentan una de las últimas investigaciones en comportamiento no verbal y emociones: culpa y señales no verbales asociadas.

La culpa es una emoción compleja con una función social importante: estimular los comportamientos de cooperación. Las personas son altamente cooperativas tanto con conocidos como con desconocidos. La necesidad de cooperación debió de suponer una gran presión en la selección natural por encima de otros comportamientos que consideramos humanos.

La culpa no solo es una experiencia emocional, sino también cognitiva. Aparece cuando alguien siente que ha hecho algo mal y puede empujar a comportamientos prosociales. Se clasifica como una emoción moral, de autoconsciencia, junto al orgullo y la vergüenza, y es una de las emociones más sociales.

Cuando sentimos culpa por haber hecho algo no debido, intentamos compensarlo con comportamientos pro-sociales hacia la persona afectada (u otros). Por otro lado, la culpa va más allá del contexto social. Se ha mostrado la presencia de un efecto llamado efecto Dobby. Ello implica que, cuando el que siente culpa no tiene la oportunidad de compensar a los afectados, se autocastiga. Es decir, el aislamiento social no hace desaparecer la culpa. Si se da, alguna forma de compensación se buscará, aunque sea a través del autocastigo.

En términos verbales, experimentar culpa se muestra a través de las disculpas y el admitir haber hecho algo que no debía hacerse. Los aspectos verbales de la culpa se han estudiado bastante, mostrando, por ejemplo, que los afectados de una mala acción son más indulgentes con el que la comete si este reconoce sus fallos.

Pero, ¿reconocemos la culpa en otros a través de su lenguaje no verbal? ¿O hay otra manera de captar la emoción de culpa cuando esta no es explícita? Las personas a menudo declaran que pueden detectar la sensación de culpabilidad de otros.

En el contexto legal, muchas figuras como jueces o miembros del jurado informan saber cuándo un acusado se siente culpable por el delito que ha cometido. Esas percepciones influyen en las sentencias.

Hasta día de hoy, no se ha encontrado alguna expresión facial típica de la culpa. Sabemos que las emociones básicas/primarias sí tienen asociadas expresiones faciales y se consideran universales. No obstante, la culpa es una emoción secundaria, junto al desprecio, a la vergüenza experimentada por haber hecho algo no debido (shame) y la vergüenza experimentada en situaciones embarazosas (embarassament).

Dado su tardío desarrollo con respecto a las emociones primarias, se postula que sus expresiones sean culturalmente específicas. Además, dada su complejidad, podría expresarse a través de varias señales no verbales y no solo a través de las expresiones faciales.

En esta interesante investigación, los autores desarrollan dos estudios. En el primero, participan 131 sujetos que se asignan a dos grupos: control y experimental. En el grupo control los sujetos deben recordar y escribir un evento en el cual se han sentido orgullosos. En el grupo experimental, deben recordar y escribir un evento en el cual han sentido culpa. Posteriormente, ambos grupos deben guardar el archivo en un pendrive.

El experimentador recoge el pendrive y, después de un tiempo, vuelve. A lo sujetos del grupo experimental se les informa que el pendrive se ha estropeado y todos los datos del grupo se han perdido. Así, la inducción de la culpa ocurre, por un lado, cuando recuerdan un evento personal y, por otro lado, cuando se les informa de la posibilidad de haber hecho un mal uso del pendrive. El grupo control es informado de que todo ha sido guardado correctamente.

Todas las expresiones no verbales se graban a lo largo de todo el proceso, algo que los participantes desconocen. De este estudio se extraen patrones de movimientos faciales asociados a la culpa: fruncir el ceño (AU4), apretar/estirar los labios (AU20) y tocarse el cuello.

Para asegurar que estas señales no verbales también se asociarían a la culpa cuando son observadas por otros, se desarrolla un segundo estudio. En este participan 114 sujetos. Primero, los participantes reciben información contextual del estudio anterior: al sujeto del video se le acaba de informar de que ha dañado información importante del pendrive. Esa misma información se aplica tanto al observar videos con sujetos del grupo control, como con sujetos del grupo experimental.

Segundo, estos participantes actúan como observadores y deben valorar, en una escala de 0 a 100%, la expresión de uno de 5 estados emocionales: incomodo, avergonzado, culpable, sorprendido y otro. Cada observador analiza 20 videos sucesivos, cada uno con una duración de 30 a 90 segundos.

Los observadores evaluaron con mayores porcentajes de culpa aquellos videos que contenían la expresión de ceño fruncido, de tocarse el cuello y ojos muy abiertos. También se han observado relaciones positivas entre el nivel de culpa autoinformado por los sujetos del primer estudio y el grado en el que los observadores del segundo estudio consideraron que dichos individuos se sentían culpables.  Este hallazgo apoya la idea de que la culpa es un fenómeno observable con una potencial función social comunicativa.

La expresión de la culpa podría ser confundida con la expresión de la vergüenza, dado el componente moral de ambas. No obstante, las señales no verbales asociadas a la vergüenza suelen ser: mirar hacia abajo y cambios de la dirección de la mirada, sonrisa controlada, tocarse la cara, así como el rubor. Ninguna de estas señales fue asociada a la culpa en este estudio.

Los movimientos dirigidos hacia uno mismo, tales como tocarse el cuello, se consideran comportamientos irrelevantes a la situación en la que aparecen, pero pueden ganar valor comunicativo a lo largo del tiempo. De hecho, se ha visto que la producción de tales movimientos aumenta en situaciones estresantes y desagradables. Pueden servir como movimientos de protección simbólica, para desviar la atención o como autorreguladores del malestar.

Por ello, tiene sentido que aparezcan en la expresión de la culpa. También es probable que se den más de uno (rascarse, frotarse las manos, etc.) en las diversas situaciones de sentirse culpable con las que nos podemos encontrar.

Aunque se necesiten más estudios, parece que la culpa sí tiene señales no verbales propias. Las que coincidieron entre ambos estudios fueron fruncir el ceño y tocarse el cuello. En un artículo previo, ya contabamos que incluso tenemos una cara de no. Por más que nos esforcemos, parece que no podemos esconder totalmente nuestras emociones. Y si es así, puede ser un buen mensaje de la evolución: ¡Que no las escondamos!

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